(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de mayo de 2026.)
Esto es, claro, teniendo en consideración antecedentes como Willay Plancton (‘25) o Ultranatura (‘24). En estos y otros registros, Maribel Tafur daba rienda suelta a una fascinación por el ambient de humores hídricos, plasmada en una mirada más que próxima al medio ambiente y/o la naturaleza. The Art Of Gastronomy señala desde su nombre un interés por el arte culinario que nunca hubiera sospechado ha germinado en el background vital de la limeña. He de admitir que esa inclinación me sorprende mucho: siendo la gastronomía una disciplina consagrada en el campo de las carreras profesionales, su importancia en el Perú ha sido magnificada de modo tan ampuloso que ha acabado por convertirse en hype. ¿O me vas a negar que es un poco/bastante jodido que nuestro país saque pecho asumiendo imagen de tragaldabas ante la comunidad internacional?
Sin embargo, fuera de la denominación y del arte de portada (primer plano de lo que parece ser una fogata rural), la directora de Intune no ha cambiado las herramientas que modelan su vocabulario y su retórica. Es decir, aunque el concepto puede haberse reemplazado, las maneras en que se le aborda no -salvo por un elemento de dosificada presencia, que contrasta a la primera de bastos con la devoción hacia el Agua: el crepitar del Fuego. Sus manifestaciones, empero, son contadas: apenas adornan aquellos temas de The Art... en los que el conductor universal deja sentir su ausencia (“Textural Alchemy”), y tienden espontáneamente al perfil bajo.
Hay algo que se me ha hecho inasible en The Art Of Gastronomy. No sé si sea correcto ponerlo en las siguientes palabras, pero corro el riesgo. El output de Maribel ha sobrepujado los discretos niveles de glucosa que contemplaba anteriormente (las pistas gemelas “Seasonal” y “The Art Of Gastronomy”). Ello ha agudizado las paradojas arquitectónicas que sostienen construcciones como “Moment I” o “Botánica”. Su melancolía ha adquirido connotaciones geórgicas, y su persistente bucolismo ahora se hace dulce de sobrellevar, de modo que en el balance parece haber arribado la artista a un limbo en fase zen. The Art... se ha convertido en un punto focal que es a la vez único y múltiple, al que puedes echar una sola mirada o todas las que quieras hasta cansarte. Probablemente sea ésa la matriz del granulado sortilegio hipnótico de sus 34 etéreos minutos.
Hákim de Merv


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