jueves, 26 de marzo de 2026

China María Soundsystem: China María Soundsystem EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 18 de marzo de 2026.)

Interesante combinación la que supone China María Soundsystem. Es un trío de nuevas sangres, formado por Rodrigo Ruiz, Jorge Giraldo y Pablo Portocarrero. Si la portada de su epónimo extended debut es indiciaria, el grupo proviene del limeño distrito de Jesús María, teniendo por cuartel la legendaria Residencial San Felipe (una ciudad dentro de la ciudad, para quienes no la conocen). Y si lo de “Soundsystem” apunta a una declaración de principios, que lo hace, no queda sino saludar el advenimiento de una nueva célula peruana enamorada de las músicas forjadas en las comarcas que vieron nacer a Bob Marley, a Lee “Scratch” Perry y a King Tubby -Jamaica.

Definir el estilo de ChMS es menos sencillo de lo que parece. La cepa es reggae en su vertiente roots, lo suficientemente plástica como para desenvolverse a paso firme hasta que en el horizonte destaque la silueta del dancehall, ese subgénero del cual el insoportable reggaetón es descendiente abortado. Es decir, el terceto nunca pisa el acelerador a fondo. Sus canciones, por otro lado, cobran espectral tridimensionalidad al ser en la práctica reconstruidas durante la etapa de mezcla; reconstrucción que en sí misma comporta un tercer elemento identitario: el dub. Los bajos ganan en profundidad y en reiteración, y las baquetas digitales potencian el groove rasta al punto de transformarlo en stepper cadenciosamente demoledor.

Suma el empleo a mansalva del reverb y del delay para encender o sofocar la guitarra, así como la constante recurrencia al toasting, y ya cuentas con un boceto general de lo que expone aquí China María Soundsystem. Roots reggae que puede ¿multiplicar?/¿subdividir? los jabs percusivos sin saltar más allá de los 4/4, creando una temporal ilusión dancehall perceptible con claridad sólo en “Jermandub”. Para el resto de pistas, bastan las subsónicas ondas vibratorias que afectan piel y materia gris, los latidos metronómicos del drum set virtual a que se sincronizan los del miocardio, el fader que invisibiliza o subraya durante secciones enteras tal o cual instrumento: “Mañanero”, “Pura Vida”, la combativa “Contaminación Visual”.

Me hubiera gustado que el mástil de cuatro cuerdas que empuña/setea Giraldo retumbara por mucho más tiempo, lo mismo que los reverberantes beats que a veces Ruiz somete a filtros de agudos. Ésa es mi única queja: el extended resulta brevísimo para el feeling apolíneo y dionisíaco a partes iguales, delicioso y tremendamente expansivo, que el trinomio maneja con fluidez y que invita al movimiento instantáneo. Habrá que esperar con paciencia la puesta de largo. Publica este conciso manifiesto Cosmic Llamas, la pujante discográfica cumbiambera, dubidélica y de electrónica mestiza que Álvaro Ernesto (a) Tribilín Sound ha montado en su exilio californiano.

Hákim de Merv

jueves, 19 de marzo de 2026

Maquinaria Mecánica: Orden De Acero

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de marzo de 2026.)

Salvo referencias demasiado caletas que estén burlando el radar, 2026 se estrena en lo tocante a álbums peruanos gracias a Orden De Acero, segundo capítulo de Maquinaria Mecánica y clausura de un hiato que hace algunas semanas superó la barrera de los tres años. Para más inri, el largo ya se ha fogueado en vivo nada más aparecer, dada la proximidad de su lanzamiento con el festival International EBM Day Perú (a propósito de la celebración del Día Internacional de la EBM, 24/2).

¿Qué ha cambiado respecto de Somos Máquina (‘22/‘23)? Pocas cosas, a decir verdad. El dúo sigue siendo el mismo -Hitam Laga (Schmerz, Monöchrome) en secuencias de distópico futurismo y en voz aniquiladora, Henry Robles madreando tempos de los bpms y arreglos, además de literalmente meter letra. A priori, esta continuidad garantiza coherencia con la línea temática que se apreciaba en el debut. Compruebo satisfactoriamente que incluso se ha profundizado más en tal sentido.

En muchos tramos del disco, el tándem se hace eco de las sistemáticas políticas de abuso que los grupos de poder ejercen sobre las sociedades humanas, valiéndose  de  las  pantallas  que  han  sido  y  hoy  siguen  siendo  sus equivalentes  institucionalizados -iglesia, estado, milicia. Se apunta, pues, hacia el verdadero enemigo (“Esclavitud Mecanizada”, “Clase Obrera”). Curiosamente, ello no obtiene consistencia a través de una lírica más compleja, sino de una más convulsa y airada. De hecho, y obviamente salvando las distancias, a ratos me parecía estar escuchando a unos Aviador Dro bastante más cabreados y en fase bermellón (cf. petardos tipo “La Arenga De Los Sindicatos Futuristas” o “Camarada Bakunin”).

¿Y en lo tocante a la música? Allí sí tengo unos cuantos reparos. No con el estilo, desde luego. El new beat es un género tan respetable como casi todos los que conozco al interior de la música pop contemporánea. Es incluso saludable que haya vuelto a reverdecer después de muchos años de sequía. Encuentro fascinante -y no estoy solo en ello- echar una mirada a ese mañana postapocalíptico repleto de hollín, herrumbre y cráneos por doquier que augura/¿promete? la electronic body music. Idéntico entusiasmo me suscitó la tríada de arranque en Orden De Acero: el inmisericorde hálito denunciatorio de “Automatik”, la frenética marcialidad de “Camaradas”, la rabiosa desnudez de las basslines que campea en “Clase Obrera”.

El problema radica en que, entre “Esclavitud Mecanizada” y “Máquina Y Control”, la jornada ingresa a un limbo: los tiempos se pasteurizan, las secuenciaciones se asemejan, el espíritu pasa de ser zarandeado a acostumbrarse a una rítmica que decrece en contundencia. No hablo de tedio. No podría, ya que el verbo y la actitud confrontacional de Maquinaria Mecánica combustionan constantemente (“Lima Arde, Lima Tiembla/Disparar Fue La Respuesta/Lima Arde, Lima Tiembla/El Estado Mata Y Niega”, sentencia Hitam en “Lima Arde”, recordando la sangrienta represión de Boluarte). Hablo de cierto apego a un patrón, apego que no sería dañino si se agarrase de un par de temas. Es el caso que, al sacar cuentas, se adueña de cinco al hilo. Puede tratarse, cómo no, de un yerro en el trackeo: observo que Robles y Laga eligieron un orden alfabético, antes que otro más meditado.

De cualquier modo, una canción como “Intifada” se merecía un marco sonoro algo más enérgico y categórico, acorde a la indignación transformada en furia que causa el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino -y que continua cosechando apoyo de parte de casi todos los pueblos de la Tierra. El mismo marco sonoro del que gozan las postreras “Orden De Acero” y “Residuos Industriales (Manifiesto De La Carne Y El Acero)”. EBM de vieja escuela con opción múltiple al sampleo, renovada y vigorosa, que pulveriza cuatro décadas al evocar sus días de esplendor de la mano del Die Krupps no “guitarrero”, de The Cassandra Complex, de Borghesia o de The Neon Judgement. Permite que tu cuerpo (re)aprenda.

Hákim de Merv

jueves, 12 de marzo de 2026

Asunción: Levitaciones // Lluvia Ácida: Convergencia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de marzo de 2026.)

Ha transcurrido ya un tiempo considerable desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega. Ésta se ha revelado en diciembre pasado.

Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient, de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino: el bliss pop.

En retrospectiva, es curioso que no se le hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana- por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante, contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas atmósferas etéreas.

El bliss pop toma las riendas nada más empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable) programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.

Existen otras diferencias, más fáciles de distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.

Faltando menos de cinco días para la última nochebuena, vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30 años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro quinquenios.

Habida cuenta de la vasta andadura que la dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha, sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación (‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio (‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como “Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas; cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido libre, según entiendo.

Conviven en Convergencia diversidad de estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan “Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop, Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.

Las posibilidades no se agotan allí. Los Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de “Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...

Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que sean muchos años más.

Hákim de Merv