jueves, 7 de octubre de 2021

Lluvia Ácida: El Camino De La Memoria / Antiviral / La Isla De Los Pájaros Sombra / Archipiélago Coloane

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de septiembre del 2021.)

#AguanteChile.

Tal cual ha sucedido con todos/as (miente quien diga que no), la vida en tiempos de pandemia impuso severas alteraciones a la hoja de ruta de Lluvia Ácida. Meses antes del arribo del COVID-19 a Sudamérica, el tándem que integran Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf había colgado para libre descarga la banda sonora del mediometraje El Camino De La Memoria, y se hallaba presto a soltar su nuevo disco conceptual -adjetivo este último que desde hace ocho años no es nada gratuito al hablar de ellos. La emergencia sanitaria mundial se trajo abajo ese estreno, postergándole dos años, a la vez que generó colaboraciones online invirtiendo el cronograma de lanzamientos que LlA tenía esbozado. A (casi) todas ellas intento pasar revista en el presente texto.

Comienzo con El Camino De La Memoria (septiembre del 2019). En modalidad mini-LP, se trata de la música con que la dupla participase en el homónimo documental (2014) realizado por Rafael Cheuquelaf, que presumo debe ser su debut formal tras la cámara. La película acompaña el peregrinaje efectuado por los deudos que dejó la dictadura militar en la región de Magallanes, agrupados en la asociación Hijos Y Nietos Por La Memoria (constituida durante la primera mitad de ese mismo calendario). En calvinista blanco y negro, la cinta expone los lugares que utilizase la administración pinochetista y la milicia para detener/torturar/interrogar   a   quienes   consideraban   sospechosos/as de confabularse   contra   el  tiránico  régimen -locaciones algunas de las cuales ya no existen como tales. La cámara no registra miedo, rencor, hesitación, dolor; sino memoria, ésa que a los/as peruanos/as nos falta para evitar repetir errores del pasado, ésa que debería mantenernos vigilantes ante la menor fractura del orden democrático, ésa que también exalta jornadas heroicas -la del Puntarenazo, por ejemplo.

Consonante con la mirada del mediometraje, Lluvia Ácida crea cuatro piezas insufladas de atmósferas exclusivamente tonales. Incluso “El Camino De La Memoria 3”, cuyo gordo redoble de bajo sintetizado parece adquirir ribetes de leitmotiv, pero que sólo contrasta/potencia a los demás sonidos alrededor suyo -el único momento del soundtrack comparable a lo hecho por Boards Of Canada en el maravilloso Geogaddi (2002). La sencillez a que se apela en modo alguno desmerece la elaboración de estos paisajes sonoros decorativos, que tan pronto recrean una fría tarde ventosa del riguroso invierno puntarenense (“El Camino De La Memoria 1”) como una mañanera resolana primaveral en Puerto Williams (“El Camino De La Memoria 2”), y aún una veraniega noche estrellada en compañía amical a orillas del océano (“El Camino De La Memoria 4”). Euritmias que predisponen a la tranquilidad, al sosiego acaso alcanzado por aquellas personas que abrazan la historia de las comunidades a que pertenecen, sin dejarse afectar por sus páginas más negras -hete ahí el efecto sanador, desestresante, conciliador que tantas veces se ha señalado posee la Música.

Muy distintos son el temple y la sustancia de Antiviral (abril del 2020). Con la crisis del COVID-19 ya instalada en nuestra cotidianeidad tercermundista y el nuevo álbum en suspenso indefinido, vocablos como “cuarentena”, “contagio” y “mascarilla” se hicieron de uso común en cuestión de semanas. Paralelamente, los gestores magallánicos concibieron este título llevando a cabo el consabido brainstorming intercambiando avances a través de Internet y puliendo nociones e imaginarios mediante el hilo telefónico. Probablemente el primer material sonoro de la Historia en editarse declarada la pandemia, Antiviral hace las veces de crónica distópica tanto como de tedeum a las víctimas mortales arrebatadas por la enfermedad, y asimismo de agradecida memorabilia al personal médico que se bate en la primera línea de defensa que tenemos los pueblos de la Tierra contra el terrible virus. Es en sí mismo, además, un testimonio de adaptación y supervivencia.

Con estética mutante que tiene de downtempo, de lóbrego synth pop y hasta de dark ambient; la placa guarda ciertas similitudes -¿conscientes? ¿involuntarias?- con el trabajo de Cliff Martínez. Es este músico estadounidense un soundtracker competentísimo, de amplia trayectoria, que ha forjado estrecha relación con su compatriota el cineasta Steven Soderbergh. En OSTs como los de Traffic (2000) y The Underneath (1995), pero sobre todo los de Solaris (2002) y la premonitoria Contagion (2011), Martínez ha ofrecido exquisitas muestras de su talento para la música electrónica de propagación instantánea y tintes intoxicantes -cf. “Is That What Everybody Wants”, “They're Calling My Flight” o “First Sleep”, tremebundos híbridos de intelligent techno y sci-fi a una voz dramáticos y tensionales. Esos exactos rasgos son los que aparecen in crescendo en la apertura “COVID-19”, mientras escuchamos la explicación y recomendaciones que una especialista argentina expone acerca del SARS-CoV-2.

Partiendo de una experiencia real y concreta, Antiviral es todavía más dramático. Los capítulos del primer segmento son dominados por estructuras rítmicas muy marcadas, si bien éstas no necesariamente les acompañan de cabo a rabo. “Contagio”, verbigracia: comienza emponzoñado, y casi de inmediato es invadido por un golpe sobrio de trip hop, que luego declina frente a una dinámica secuencia de lo que parece ser el bajo pre-seteado de algún sinte. En similar situación se hallan la nerviosidad IDM de “Cuarentena”, el insistente downtempo de “Pandemia” y el ambient en combustión de “Confinamiento” (cuyo embrión de síncopa es obliterado por las pesarosas líneas de teclado).

En el segundo tramo, la mayor presencia de números abordados por un dark ambient anubarrado, zumbante, de escasa/nula visibilidad; es notoria. Que no es lo mismo que decir excluyente. “Animales Que Regresan” (toda una advertencia para la Humanidad hecha sonido), la minimal no-percusión de “Necropolítica”, la tensa opacidad de “Respirador Artificial” (g-e-n-i-a-l el detalle de samplear los borborigmos de la computadora de Alien, 1979); subrayan el lado denso, de turbio vaho, que exuda Antiviral. El contrapunto a la severa gravedad de esas suites es aportado en esta segunda mitad por el vigoroso ejercicio proto-industrial de “Primera Línea Sanitaria” y la cadencia maníaca de “Postpandemia”, cierre del opus que sin embargo la deja picando: esta plaga, con la que aún conviviremos años, debe tomarse como apercibimiento y exhortación. Apercibimiento de lo que puede llegarnos en el futuro si no enmendamos el rumbo como forma de vida dominante del planeta. Exhortación a modificar nuestro modus vivendi hasta alcanzar el equilibrio con el medio ambiente que toda especie animal busca de manera innata.

En 1578, el corsario inglés Francis Drake descubrió una ínsula entre el Cabo De Hornos y la Antártida, a la que bautizó “Elizabeth” homenajeando a la reina de Inglaterra. Perdióse su bitácora con la descripción de la isla, a la cual nunca más se volvió a encontrar, lo que ha llevado a suponer que ésta desapareció tragada por las profundidades oceánicas debido a la actividad sísmica. La extraña historia inspiró al escritor magallánico Óscar Barrientos Bradasic el cuento que la directora Tiziana Panizza adaptó en el corto ficcional La Isla De Los Pájaros Sombra, estrenado en el 2017 con música de Lluvia Ácida. Como sucediese con El Camino De La Memoria (5), la banda sonora correspondiente al film de Panizza se subió al BandCamp del grupo para free download años después (3).

De 16 minutos de extensión, la película fue hecha con la técnica de las fantasmagóricas sombras chinescas (shadowplay), derivada de la milenaria tradición oriental del Teatro de Sombras. Su utilización sobre el ecran es tan añosa como Die Abenteuer Des Prinzen Achmed (1926), el largo animado más antiguo que se conserva (dirigido por la alemana Lotte Reiniger). La Isla... está acreditada como creación colectiva de Panizza, Paula Sáenz, Niles Atallah y Francina Carbonell; habiéndose encargado Cristóbal León del proceso de animación.

De nuevo en formato mini-LP, la dupla Aguilar-Cheuquelaf compone ex profeso para el cortometraje seis de los siete surcos dispuestos en el esférico. El séptimo es repescado de Insula In Albis, su plástico del 2013: “Biomarina”. Huelga decir que con buen tino, pues las rugosidades que imitan/deforman el alucinado gorjeo de las aves empatan perfectamente con el hálito de inquietante fábula que trashuma el film -y que se extiende a toda la música incluida. Esas mismas texturas enrarecidas y surrealistas de “Biomarina”, por ejemplo, son reeditadas en “El Lugar Sin Nombre” y en “La Tempestad” -aunque en esta última se perciben más cercanas al rollo dark ambient.

No faltan, por supuesto, los canales en que el dueto se exhibe menos luctuoso. Estando la historia de La Isla... inserta en el marco de la expedición de Drake, no podía prescindirse de cierto guiño a la intrepidez, como el que proporciona el lance epónimo. Igualmente, Lluvia Ácida se aleja -no mucho- de las sombras a través de otras viñetas comparativamente más convencionales, como el synth cosecha 80s a lo Ciencia Sur (2017) de “Golden Hind” (nombre con que el corsario bautizó a su buque insignia), los tintineantes fuegos de San Elmo en “Carta Náutica” o esa distendida coda epigónica que es “Trazado De Rumbo”. No obstante algo distanciadas de los colores predominantes en el relato, es justo remarcar que la (falta de) iluminación de estas postales sónicas participa de la atmósfera entre onírica y surreal de tan singular narración.

Por cierto, La Isla De Los Pájaros Sombra es el tercer soundtrack firmado por LlA, tras Arte Y Shamanismo Paleoindio (2011) y el ya comentado El Camino De La Memoria.

Luego de dos años de espera, el 5 de agosto de este 2021 vio la luz por fin el opus que Rafael y Héctor habían planificado para el 2019. Previsiblemente, son muchas las circunstancias que hacen de Archipiélago Coloane el primer trabajo que rompe los moldes usados por la dupla en los últimos tiempos para encausar sus publicaciones. La más evidente: el eje temático ha dejado de ser Magallanes y las vastas proximidades antárticas. En efecto, el mentado archipiélago no es un espacio geográfico, sino uno metafórico -vertebrado por algunas de las obras del escritor chilote Francisco Coloane Cárdenas (1910-2002), ganador del Premio de la Sociedad de Escritores (1957) y del Premio Nacional de Literatura (1964). Libros como El Guanaco Blanco, Cabo De Hornos o El Camino De La Ballena, y cuentos como “El Témpano de Kanasaka” o “Perros, Caballos, Hombres”; bautizan las esculturas sonoras que Lluvia Ácida ha cincelado para la nueva rodaja.

Derivado del anterior, el segundo cambio que salta a la vista es la ausencia de correlato visual. Insula In Albis, Zonas De Silencio (2015) y Ciencia Sur fueron discos y también películas -en todos los casos, cada pareja abordaba el mismo tópico. Al estar enfocado Archipiélago Coloane en la producción literaria del fallecido escritor, prescinde de su respectiva contraparte visual, si bien Cheuquelaf afirma que sólo temporalmente. Un ensayo del mexicano Jaime Valdivieso -La Épica Del Mar En La Obra De Francisco Coloane, 2002- señala la fuerte relación que existió entre el autor y el océano, algo que se evidencia en el telón arriba “Cabo De Hornos”, donde se lo escuchamos decir al propio literato (en entrevista concedida al programa Off The Record, el mismo año de su deceso).

El tercer rasgo que distingue a Archipiélago... de sus predecesores inmediatos es la fórmula de producción física. Se trata del primer largo de LlA que aparece planchado en poliacetato de vinilo. No sólo calza que ni soñado en AC, de ocho pistas y cerca de dos tercios de hora, con una media de 4 minutos y medio (a la usanza de la mayoría de LPs de antaño). También es el soporte que mejor se acomoda a su eufónica narrativa -llena de referencias tan cercanas a la experiencia vital del binomio puntarenense como las propias vivencias de Coloane, oriundo del archipiélago de Chiloé, circundado por brazos de mar y donde aún hoy sus habitantes residen en palafitos.

Archipiélago Coloane está imbuido de esa electrónica de sesgo naturalista que tan bien ha sabido modelar Lluvia Ácida durante su andadura discográfica en el presente siglo. El arrullo de las olas y el vocerío de las gaviotas hacia el término de “Cabo De Hornos” sintoniza con ese downtempo reducido a su mínima expresión que los sureños han ido refinando desde Hotel Kosmos (2004). De hecho, casi todos los tracks se adhieren a ese código rítmico, algunas veces tanto más acelerado -“Perros, Caballos, Hombres”, sublimes strings de tesitura celestial- que otras -“El Guanaco Blanco”, donde el mismo efecto string abrillanta esa cualidad épica aludida anteriormente, o “Cinco Marineros Y Un Ataúd Verde”-.

Desaparece así cualquier atisbo de conflicto entre la médula percusiva y el ornato cuasi biológico con que los australes arropan este puñado de melodías. Los tumbos de agua que te dan la bienvenida en “Golfo De Penas” no entran en conflicto con el pulsante synth que domina el número, del mismo modo en que los vientos magallánicos no hacen sino destacar la majestuosidad de “Los Conquistadores De La Antártica”, trip hop instrumental en el más amplio sentido de la etiqueta. O la tranquilidad del mar abierto que no se ve tocada por la digitación ominosa del hardware análogo en “El Témpano De Kanasaka”, la pieza más corta de la entrega. Cabe aquí acreditar tanto en “Los Conquistadores...” como en “El Templo...”  a Paula Barouh, la airada performer de Descargo Y Maleficio, que se porta con sendas vocalizaciones preverbales.

Repiques galácticos, palpitantes oscilaciones, timing en sintonía con el que observa siempre Madre Natura... Sería necio negar esto último. El énfasis en la literatura de Coloane recae sobre la presencia del Hombre en un ecosistema tan duro, incluso hostil, para la existencia humana. Énfasis que secundan Héctor y Rafael, pues mientras más al sur de Chile uno/a se adentra, más evidente se hace la degradación progresiva que el ecosistema viene soportando desde hace décadas. En tal sentido, el potencial artístico-didáctico de un registro como el de Archipiélago Coloane es innegable.

Con ilustraciones, diseño gráfico y prólogo a cargo respectivamente de Iñaki Muñoz, Mika Martini y Óscar Barrientos (sí, el de La Isla De Los Pájaros Sombra); Archipiélago Coloane se encuentra por ahora sólo disponible en vinilo. Para los próximos meses se ha planeado la venta de CDs y el upload en las plataformas oficiales del grupo.

PD: Queda en el tintero el single virtual “Kenčenák” (“latido del corazón” en el idioma de la etnia kawésqar), fondo sonoro del corto documental de Vanessa Álvarez estrenado en julio. Pese a la política que sostengo en torno a los 45s online, pude haberme dado un tiempo para reseñarlo en el marco de esta revisión. Para otra vez será.

Hákim de Merv

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