(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de enero de 2026.)
LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)
Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.
Al tener en cuenta los backgrounds de algunas de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.
Dueño del sitial reclamado por el epílogo, “Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la totalidad de su copiosa obra.
Como habrás intuido, esta identidad nace de la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García a.k.a. Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).
Ese diálogo es, por ende, el punto de partida para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities, Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.
Al trasponer el punto medio y apresurarse hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de “Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”, “Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever (la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).
Abren Chinchey dos cortes correspondientes al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas. También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más “ordenada”.
Tal es el problema con el que deberán lidiar los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado. Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche, actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros, también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha perdido, si se escucha antes esta placa?
No hay mucho más que alegar a propósito de las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y “La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.
En relación al primerísimo Café De Las Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente. No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas (B-612)”. Contados, menos mal.
Es notoria la intención de CDLA de jugársela entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies (“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito En El Agua”).
Había quedado en debe Café De Las Almas en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.
UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de
lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el
dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer
el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.
Hákim de Merv





























