(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de octubre de 2026.)
Bien leídas, esas analogías subrayan a priori que el peninsular iba a dar dura pelea antes de dejarse etiquetar fácilmente. De hecho, a partir de 1981 Bianchi ensaya aproximaciones más frontales al ruido que muchos años después terminaría de evolucionar en lo que se conoce como dark ambient. A tal efecto, el concepto de lo que entendemos por “industrial” es asumido abrazando el leitmotiv de una degradación tecnológica inexorable. Máquinas deterioradas hasta un punto sin retorno, desposeídas de toda funcionalidad práctica -pero poseídas ahora por la repetitividad obsesiva, la densa saturación de frecuencias, la inestabilidad de interferencias chirriantes, la distorsión que vaporiza los contornos de toda huella instrumental identitaria...
Como sucede con otros alias similares -sin ir demasiado lejos, el de sus paisanos de Capricorni Pneumatici-, Bianchi renuncia rápidamente a la melodía, a la estructura, a la armonía. La aciaga tensión de sus composiciones, la casi psicopática personalidad que dirige sus incursiones tempraneras, el fisicalismo con que su direccionalidad siniestra nimba al Sonido; le permiten esculpir en el Tiempo entornos acústicos inmersivos y desorientadores para el/la oyente promedio. El efecto mesmerizante de no distinguir qué asoma en los primeros planos y qué ocupa el fondo, el agotamiento que suscita el peso de las frecuencias graves, la incómoda sensación de un “tiempo suspendido” a resultas de álbums que de cambiar tan lentamente parece que se desenvolvieran inertes; son características que recorren la obra del europeo, legadas a terroristas de la talla de los suecos In Slaughter Natives o Raison D'être, o de la del británico Lustmord.
Dos tracks intitulados, que en realidad tienen las trazas de haber sido uno solo, cortado usando fade-out y fade-in debido a las limitaciones físicas de los soportes de época -bien cassette, bien vinilo. Más de una hora de ruido post industrial que ya empieza a metamorfosearse en dark ambient, cuando éste ni siquiera pensaba ser concebido. Las más de las veces fagocitados por él, los agudos atraviesan el maremágnum sonoro del solista cual latigazos de pavor, mientras los mórbidos desarrollos mutantes del deshumanizante flujo/reflujo de texturas infectadas/corroídas/contaminantes profetizan un futuro más que apocalíptico.
Durante muchos de sus descarrilados y desvencijados tramos, el disco me ha recordado al film argentino Me Encontrarás En Lo Profundo Del Abismo (‘22). Prácticamente nula visibilidad, en medio de una noche interminable y lluviosa. La oscuridad se vuelve agresiva, envolvente, acojonante, pánica. Es como atravesar una dimensión paralela repleta de óxido, moho y humo negro; constantemente acechado/a por formas de vida que es preferible no contemplar. En parte me recordó a Symphony For A Genocide (‘81), en parte al monolítico Carcinosi (‘83), en parte al opresivo Endometrio (‘82), en parte al horrísono Mectpyo Bakterium (‘81). Una infame, ruin experiencia escarapelante, en grados extremos de sórdida entropía.
Hákim de Merv













