(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de septiembre de 2026.)
Hacía mucho rato que no volvía a The Durutti Column. Ha sido uno de mis grupos favoritos de toda la vida, y por ende sus placas y canciones más señeras permanecen almacenadas en mis neuronas. Esa suerte de ayuno respecto de la banda integrada por los históricos Bruce Mitchell y Vini Reilly acabó de golpe cuando pude prestar atención a su nueva entrega, primera desde Short Stories For Pauline (‘12). Nueva entrega conceptual, se entiende: no entran en juego, por ende, ni Deux Triangles Deluxe -‘21, versión extendida del EP del ‘82, que adiciona rodaja en directo (Bruselas, 13/8/81)- ni el artefacto de rarezas Lost Songs & Sketches 1980-81 -‘25-.
Por pura casualidad, antes de sentarme a degustar el reentré de TDC le eché un repaso a Cobalt Blue (‘92) del esteta Michael Brook. La comparación no es descabellada: su ambient cinético de texturas ingrávidas y de una infinite guitar levitante atesora vasos comunicantes con ese post punk mayoritariamente instrumental de que se sirvieran Reilly y Mitchell para proponer una vaporosa reflexión sobre el sonido mismo. Debo al azar y a Brook, pues, haberme predispuesto a la escucha de Renascent.
Confieso que la primera vez no pude aguantar mucho tiempo antes de ponerme a moquear. Despega el álbum con “Echoes In The Memories”, y no tarda en aparecer esa peculiar digitación que el viejo y querido Vini ha patentado a través de su delicada y grácil guitarra en muchas jornadas de su gloriosa, gigantesca discografía -que abarca ya casi media centuria de vida. El modo en que el veterano músico pinta medias tardes próximas al crepúsculo conserva aún su técnica de filigrana y sombra, apercibida desde esta introducción que no llega al minuto y medio.
Pero es con “Your Shadow At Morning” que el dique se resquebraja y derrumba. Composición digna de ser incluida en obras memorables como LC (‘81), The Guitar And Other Machines (‘87) o Time Was Gigantic... When We Were Kids (‘98), exponerse a ella es como recibir una bala a la altura del miocardio, y asimismo la prueba fehaciente de la atemporalidad de la magia de The Durutti Column. Lo cual no es moco de pavo, considerando el retiro a que se vio forzado el eximio mancuniano tras sufrir un derrame cerebral moderado que afectó el desempeño de su mano izquierda. Poco antes del suceso se había publicado el doble A Paean To Wilson (‘10), en memoria del legendario Tony Wilson (fallecido el 7/8/07). A consecuencia del desafortunado incidente, Reilly se vio en la imposibilidad de cumplir con obligaciones contractuales, que felizmente pudo honrar con creces gracias a una campaña por Internet a la que su hinchada se plegó de inmediato.
Que recuerde, el tándem inglés nunca ha editado esféricos enteramente instrumentales. Éste no es la excepción, si bien la voz de Vini sólo es audible en “Liars” y en “Scammer”, tema este último de melancolía contemplativa e intimista -el Tiempo pasa factura a sus vocales, de todos modos. Para Renascent, el ex The Nosebleeds se acompaña de la cantautora Caoilfhionn Rose en “Sargasso Sea” y en “Agonistes” (chequear lo que consigna la RAE acerca del polisémico vocablo “agonista”), y de Lucas Elliot en la terminal “All They See Is Fire”. Ergo, son seis los surcos que carecen de voz. Descontando los dos primeros (sobre los que ya he escrito varias líneas), cualquiera de los restantes merece ser destacado por testimoniar el exquisito arte de TDC. “Time Present And Time Past”, por ejemplo, es de un júbilo tan angélico que me hace preguntarme cuán terapéutico habrá sido para el autor septuagenario este retorno. La dupla “Vapour In A Matchbox”-“Your Shadow At Evening” recupera al Durutti más post punk (léase en el sentido original del término, no en el sentido darkie que se le da actualmente), sorprendiendo “Your Shadow At Evening” por el impetuoso despliegue de Bruce Mitchell en el drum set y por su incursión final en percusiones que asoman africanas.
Poco antes de acabar Renascent, se deja oír “For Friends Everywhere”. Su piano, su trompeta asordinada, sus marimbas postreras, no esconden un ADN que desciende sin escalas de “For Belgian Friends”; aparecido inicialmente en Domo Arigato (‘85) y después añadido como bonus track a LC. No tendrían por qué, tampoco. Es la manera del viejo guerrero en que guiña a su período más efervescente, en que agradece a su inmensa legión de fans en todo el mundo, en que declara sin ambages que seguirá ofreciéndonos su incomparable hechizo etéreo hasta que el cuerpo aguante. Tantas veces paladeado, el cromatismo de sus escalas menores melódica y armónica luce como si no hubieran transcurrido catorce años desde Short Stories..., lo mismo que su insular combinación de rock en fase post punk, flamenco (cf. el mediometraje documental Una Guitarra Para Durutti, ‘08), jazz y melodiosos contrapuntos clásicos. Bienvenidos de vuelta, maestros. La lucha continúa.
“There'll never be a final record. It's a bit
like saying that you're old. You're never
old. You're only becoming older,
and you are old when you're dead”.
Vini Reilly.
Hákim de Merv








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