(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 17 de junio de 2026.)
Me ha tocado reorientar las antenas por un
momento -nunca mejor dichas esas tres últimas palabras- hacia la IV Región de
Chile, gracias al dateo del experimentado músico Michel Leroy (Thanatoloop,
Fiesta De Holobiontes). En Coquimbo, el hombre fuerte de Templo Sagital ha
cofundado junto a Richi (Midriasis Paralítica, Desangrar) y a Sata (Gorgonizer,
Monkief) el comando Oramorph. Inscrito en la ya venerable tradición ruidosa y
apocalíptica del grindcore y derivados, el trío debuta tras dos años de trajín a
fines de agosto del ‘25, mediante un registro epónimo que se distingue por
entroncar insólitamente con otro género en principio poco o nada afín al
extremismo grind -el sludge.
El extraño cruce atenúa justamente uno de los
puntos fuertes de la batahola propiciada por gente como Discharge o Carcass: la
(¿no?-)percusión. A medio camino entre el EP y el mini-álbum, este esfuerzo no
siempre recurre al blast beat patentado por Napalm Death o Repulsion. Como
ejemplo, la apertura “Sobreviviendo”, cuyos aullidos agudos y entonación
gutural se adhieren sin remilgos al radicalismo vociferante del grind, pero cuyas
baquetas obedecen el dictamen de los lentos riffs iterativos del sludge, una variante
algo más ligera del doom metal. La impresión que reditúa equivale a visionar
una versión gore en slow motion de las salvajadas inmisericordes del Punisher que interpreta Jon Bernthal.
Esa suerte de dicotomía florece en los poco
más de veinte minutos que demora Oramorph, haciéndole oscilar a veces de
una pista a otra, con mucha mayor frecuencia alentando y revirtiendo
metamorfosis en un mismo surco. Sucede en “Genocidio Global”, en “Hospital De
La Salvación”, en “Alfombra De Parásitos” -nótese en éstos y otros de sus pares
la fidelidad a la costumbre arraigada en huestes grindcore de construir
sintagmas utilizando vocablos asociados al habla médica-. A accesos de
velocidad maníaca (Sata), siguen ritmos empantanados en tóxica suciedad y
tensión opresiva, y viceversa. A agresivos embistes de unas guitarras saturadas
de distorsión (Richi), suceden otros abrasivos que se arrastran intentando
penetrar la densidad reinante, y en reversa.
El único desempeño más o menos uniforme es el
que concierne a las voces. Michel, y en menor medida sus conmilitones, parece
vomitar fárragos vocales más que cantar, sea en urraqueña clave grind, en desafiante
clave hardcore punk (“Nada Cambiará”), en vesánica clave sludge (“Terminal De
La Putrefacción”, “Respirando Sombras”). Airadamente emocionales,
vejatoriamente purulentas, las voces de Leroy y compañía nunca cambian lo
bastante como para subdividir su performance. Si bien podría añadir aquí como
otra constante ese sonido crispado que parece consecuencia de frotar vidrio
contra vidrio en algunos de los tracks, como prólogo o epílogo, éste es más una
variable.
No apto para oídos sin curtir ni para espíritus
laxos. Ni éste, ni ningún otro armagedón sónico. Se anuncia edición física en
formato digipack, no a través de Templo Sagital, sino de la usamericana Throne Of Lies.
Merced a los buenos oficios en labor difusora
del compa Rafael Cheuquelaf (Lluvia Ácida, Eolo Producciones), supe de Avenave
en noviembre pasado, cuando estuve de viaje por la hermosa ciudad de Punta
Arenas. Acababa de ser editado vía Halim Music -la otra gran escudería
independiente de la urbe magallánica- el homónimo estreno en largo de este dúo (Río
Seco EP se lanza cuatro años antes, en marzo del ‘22), y un ejemplar ya
estaba predestinado a llegar a mis manos, asegurándose por ende su ingreso a la Meloteca de Babel. Fue este último un trámite más difícil de resolver.
Muchas escuchas después, Avenave sigue
siendo un enigma que no obsesiona, sino que seduce e invita al puro deleite
mental/sensorial. “Japonave”, verbigracia, rompe fuegos empleando una secuencia
pedal de notas electrónicas digna de la Berlin school, que tras medio minuto de
solitario andar casará la irrupción de un brioso soporte rítmico. Sumándose una
eléctrica que dibuja patrones cíclicos para luego emprender vuelo libre, ese matrimonio
crea una atmósfera a caballo entre el post rock y el post pop: del primero toma
prestada su vocación trasgresora, sin renunciar a un diseño sonoro que el/la
oyente sienta cercano, rasgo que recicla del segundo.
Evidente guiño al mítico guitarrista de Pink
Floyd, la dupla que conforman “Gilmour I”-“Gilmour II” se mueve apisonando
bases distintas. De hecho, el binomio es más un monomio partido en dos. Con una
larga introducción en que sólo audicionamos cantos de aves, sordos ecos de distantes
tormentas y una guitarra minimal (“Gilmour I”), esta última despega
trasladándonos en un trip que juguetea con el canon del rock desértico sin incidir
en sus lugares comunes -son éstos reemplazados por dulces tonalidades cannábicas.
Y la subsiguiente “Disco Funji” vira bruscamente hacia parajes en los que el
tándem se regocija recreando la plasticidad de Stereolab circa Dots And Loops (‘97), no su laboriosidad, mucho menos su sonido (más en consonancia
con el que relajadamente jazzea Tortoise).
Baste lo expuesto hasta aquí para concluir
que la mancuerna Avenave prefiere caminar en libertad, sorteando etiquetas bajo
las que encajar y clichés con los que cumplir. Al margen de lo atinado/desatinado
de las precisiones y/o apreciaciones estilísticas, Javiera Alarcón (ex Lilits) y
René Gómez (Heropass, Diógenes) escogen manar antes que fluir, esculpiendo
texturas de química voluble con que engalanar esos soundscapes de ensueño que
atravesamos de su mano. Avenave abraza despreocupadamente la
espacialidad. No le molesta pisar un poco el acelerador para zafarse del perfil
ambiental del post rock en “Nighthawk”, evocando de paso la ductibilidad de los
Gus Gus del inmenso Polydistortion (‘97). Se distiende en “Baño De
Bosque” recreando desde coordenadas ácidas el feeling etno-prog de unos Jade
Warrior o unos Embryo. Y se aúpa a un curioso híbrido de psicodelia old school
y de dub para encarar la clausura de la jornada con la generosa “Almar”, que me
sigue sonando todavía a los Dif Juz de una dimensión paralela.
Adictivo primer álbum de Avenave. Cierto, el
volumen apenas excede los 31 minutos, pero su periplo lo repites incesante sin que
la familiaridad te reporte cansancio alguno. Provenientes de diversas latitudes
y épocas, discos de menor minutaje pueden eventualmente impregnarte de tedio,
de modo que méritos -meritazos- no le faltan a la sociedad formada por Alarcón
(bongó, maracas, pandero, palo de agua, principalmente batería) y Gómez (Moog,
mellotrón, sintetizadores, principalmente guitarras). Un esforzadísimo drum set
polirrítmico que siempre se porta a la altura, y una guitarra volátil que apela
a la mesura como la más señera de sus virtudes.
(Republicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 3 de junio de 2026)
Nunca me he animado a escribir algo más o
menos largo sobre Kraftwerk. Dado el sitial de honor que ostenta en el devenir
histórico de la música pop contemporánea, sin contar el hecho de tenerle yo por
la mejor banda de todos los tiempos, siento un poco raro no haber acometido la
empresa hasta ahora. Y quién sabe cuánto tiempo más pasará antes de apurar ese
paso. Ésta no es, por ende, la ocasión pospuesta...
Sin embargo, alguna vez se me ocurrió
elaborar una serie de posteos sobre el celebérrimo y querido grupo, hace casi
trece años. No ensayé entonces una aproximación cronológica, y por ende lineal.
Relatos pormenorizados sobre el sino que han enfrentado los teutones durante su
más de medio siglo de existencia pueden encontrarse en Internet a pastos. Más
interesante me pareció acercarme a diferentes aspectos de su obra, así como a
los efectos que sus logros concluyentes provocaron en la cultura popular de ésa
y de posteriores épocas, recurriendo a los vocablos “interfase” (para los
primeros) y “addenda” (para los segundos). Similar explicación fue provista
aquella vez.
Acorde con ese espíritu,
recopilo/reescribo/reestructuro en un único artículo dichos posteos, fechados
entre el 15 y el 22 de septiembre de 2013. Será éste, ergo, un texto con muchas
citas; utilizadas tanto en las reflexiones originales como provenientes del
feedback que éstas suscitaron entre la lectoría que me dispensa atención. Busco
de esta manera darle a los párrafos un mínimo nivel de narrativa coral -confío
en que este propósito pueda finalmente verificarse. Si no, quién sabe, al
tiempo.
PRELUDIO
Siempre será inagotable materia de discusión
sentarse a elegir al mejor grupo de música pop de la Historia -no sólo porque
existe un buen número de aspirantes legítimamente reconocidos por el corpus de “votantes”,
sino porque cada uno/a de estos/as últimos/as tiene ya de antemano elegido a su
preferido. ¿Qué tan provechosa o deslucida puede ser semejante disquisición? Dependiendo
de los/as “votantes”, quizá nos ganemos con sabrosos debates que enriquezcan
nuestros puntos de vista y nos amplíen el panorama. O quizá tengamos que
soplarnos aburridos ditirambos y tediosas estrategias dialécticas que no conducirán
a nada en limpio.
Así las cosas, definiendo “música pop” como
toda corriente sonora que germina en el seno popular -léase lejos de estratos
académicos-, y sabiendo de antemano que seleccionar un solo candidato implica
renunciar a muchos otros que con justicia pueden reclamar ese título; dejo en
claro que, después de resistirme a elegir un único nombre por lustros, en 2010
le entregué mi alma, mi corazón y mi entendimiento a los padres del electropop:
Kraftwerk. Esto es, pues, una suerte de pequeño tributo a los siempre vigentes
y dilectos Hombres-Máquina -sin los cuales ningún discurso electrónico hubiera
logrado desarrollarse, ni el planeta electro llegado a ser lo que actualmente
es.
Qué mejor modo de empezar, por ende, que visitando
la prehistoria de Kraftwerk. Ralf Hütter y Florian Schneider se conocieron a
fines de los 60s en la Academia De Artes de Remschield. Una vez egresados,
volvieron a encontrarse en un curso de música improvisacional de su natal
Düsseldorf (existe una leyenda urbana que afirma fueron testigos de una
performance de Karlheinz Stockhausen bajo los efectos de algún psicotrópico
non-sancto). Con la adición de Klaus Dinger, se bautizan como Organisation,
rótulo bajo el que registran el debut y despedida Tone Float (RCA
Victor, 1970). “Música concreta psicodélica” es una descripción no del todo
desacertada de lo expuesto en ese solitario álbum, que les enyunta al kraut
rock -movimiento de excluyente ascendencia germana/la respuesta alemana a la
psicodelia anglosajona: Amon Düül, Faust, Can, Guru Guru, Popol Vuh, Tangerine
Dream, Harmonia, Neu!...
(Justamente el nacimiento de Neu! se produce
al dejar Dinger la banda y asociarse para tal efecto con Michael Rother,
desarmando de paso Organisation. Pero Hütter y Schneider ya tenían claro el
camino a seguir.)
Una muestra de lo expuesto en Tone Float,
música para una “danza tribal” del cuaternario bruscamente extrapolada a la
sala de una casa moderna, parafraseando a la compa Carolina Rosales: “Milk Rock”.
INTERFASE 1
Autobahn (1974) es, desde
muchos puntos de vista, un momento decisivo en la trayectoria de Kraftwerk. El
cuarto esfuerzo de los compatriotas de Feuerbach fue, en efecto, el primero
dotado de un concepto sólido que unifica sonido, composición, imagen y mensaje.
Fue asimismo su primer éxito masivo gracias al tema titular de 22 minutos
-reducidos a tres para su empaque en formato single. Fue también el último
producido por Conny Plank, figura insoslayable del universo kraut rock, y el
último que sólo se grabó en alemán: a partir del siguiente paso, Radioactivity
(EMI, 1975), se adoptaría la política de lanzar un mismo trabajo en su idioma
natal y en otros de la zona europea. De igual modo, fue la última obra de los de
Dusseldorf publicada por Philips.
Autobahn fue, finalmente, el
último disco de Kraftwerk en donde podemos rastrear resabios del kraut y del
consabido ritmo “motorik” que patentase Dinger ("Mitternacht",
"Kometenmelodie 2", "Morgenspaziergang"): las presentaciones
que apuntalan la salida del LP son las oportunidades postreras en que la banda
interpreta piezas de sus tres primeros episodios -entre ellas, la recordada “Ruckzuck”.
Josep María Soler es un activista catalán con
conocimientos mayúsculos sobre música electrónica de ésos y de precedentes/subsecuentes
tiempos, que dirige al menos tres bitácoras documentadas magistralmente. Gracias
a su desinteresado aporte, he podido escuchar algunos bootlegs en vivo
correspondientes a esos días -contribución valiosa, puesto que la única
referencia live oficial de Kraftwerk es Minimum-Maximum (EMI, 2005), y
estos artefactos no-oficiales nos permiten apreciar la performance del grupo
antes convertirse en el ente creador del electropop. En otras palabras, escuchar
a Kraftwerk cuando sus integrantes todavía se hallaban inmersos en los predios
de una electroacústica exploratoria y altamente intuitiva (el feeling de estos
registros es de hecho más orgánico que maquinal).
Pues bien, a través del pirata Live In
Leverkusen ‘74, que recupera un concierto del 22 de abril de ese año,
podemos disfrutar de tomas en directo de “Tanzmusik”, de “Mitternacht”, de “Autobahn”
(en una hiperbólica versión de más de 41 minutos), de postales embrionarias de
la extraordinaria “Showroom Dummies”, y por supuesto de “Ruckzuck” -muy ruteada
por Kraftwerk en aquellos años, y de la que reciclarían la estructura del
crescendo inicial para la magnífica “Trans-Europe Express” (incluida en el
portentoso disco epónimo, 1977, junto a “Showroom...” y otras gemas). Richard
H. Kirk, miembro fundador de los esenciales Cabaret Voltaire (trío puntal de la
primera oleada industrial y amigos íntimos de Joy Division), perpetrador post
IDM escondido tras el alias de Sandoz (chequear su sorprendente Digital Lifeforms, 1993), cultor techno-dance asociado a los semi-anónimos The
Technocrats; remezcló con estos últimos -y sin permiso- “Ruckzuck” en 1991.
Comparto primero la versión original y luego
la de The Technocrats.
PRIMERA ADDENDA
Acaso sea en exceso polémico afirmar que
Kraftwerk ha estado presente en el nacimiento de cada idioma electrónico del
que se tiene noticia, desde que ellos mismos crearon el electropop hasta el día
de hoy. Quizás sí, quizás no...
Pero sí es cierto que no existe ningún grupo
o artista electro, ni uno solo, que no haya escuchado a Kraftwerk, ni que les
reconozca como la madre del cordero -y agregaré que jamás he sabido de alguno
que les odie. Prueba irrebatible de ello es la inmensa cantidad de sampleos que
provienen de sus discos, ya sea en clave trip hop, EBM, synth pop o drum’n’bass.
Para muestra un botón -precisamente, el del
drum’n’bass. Si bien los entendidos no se han puesto de acuerdo sobre su
origen, y se señala por igual a avezados “junglistas de pro” como Fabio y
Grooverider, todos coinciden en afirmar que el primero en codificar el nuevo
lenguaje en formato físico -es decir, en testimoniarlo a través de registros, a
diferencia de los DJs, que sólo le insuflaban vida en sus sesiones- fue el dúo
Shut Up And Dance (que a veces también editaba con el alias de Rum & Black).
El tándem Carlton Hyman-Philip Johnson lanza en 1990 el 12’’ “Fuck The Legal
Stations”, cuyo lado B “I'm Not In Love” se arma sobre un sample del tema “The
Man∙Machine” (extraído del esférico homónimo, 1978).
INTERFASE 2
“¿Y ‘Kristallo’?”, se estarán preguntando los/as
fans. “¿Por qué no ha sido subrayada entre las composiciones a destacar de la
primera etapa de Kraftwerk?”.
Ralf Hütter y Florian Schneider han sido
durante todo este tiempo muy celosos de todo aquello asociado a Kraftwerk, lo
que se ha traducido en un implacable, férreo control sobre su obra como banda.
Entre muchas de las implicaciones que esta (ejem) estrecha “vigilancia”
conlleva, sobre algunas de las cuales volveré más adelante, destaca la de no
haber permitido durante muchísimo tiempo la reedición en CD ni del disco de
Organisation, ni de sus primeros trabajos como Kraftwerk -a saber: Kraftwerk
(1970), Kraftwerk 2 (1972) y Ralf & Florian (1973).
Por suerte, han existido ediciones digitales
piratas que ayudaron a los/as fans a completar la colección (las más antiguas
están fechadas en 1994 -hay quien afirma haber visto ejemplares japoneses con
insospechados bonus tracks, a mí no me consta-). Pero la tácita prohibición ha
sido luengos años respetada por todos los seguidores de Kraftwerk y los
descendientes de su legado. Tan es así, que recién en 1997 se incluyó la
relectura de un surco de esos primeros capítulos, “Ruckzuck”, en Trancewerk Express Vol. II: A Tribute To Kraftwerk (el primer volumen data del ‘95).
Por este motivo, resulta bastante
discutible/sospechoso el lanzamiento en Italia del título A Short Introduction To Kraftwerk (Stampa Alternativa/Nuovi Equilibri, 2000). No
por el libro, en simpática aunque algo enumerativa edición bilingüe (inglés e
italiano), sino por el CD anexo: siete temas supuestamente remezclados por
Kraftwerk, entre los que figura “Kristallo” (extraído del citado Ralf &
Florian). Lo más probable es que la autoría de estas “remezclas inéditas”
le sea acreditada a bandas caletas que prefirieron rendir anónimo tributo a sus
mentores. Tampoco tendría nada de malo, si los resultados no fueran tan misios:
siete tomas alternas muy poco inspiradas, en 35 minutos, son insuficientes para
ilustrar al neófito sobre el devenir de un grupo de la talla inconmensurable de
Kraftwerk -amén de que los cortes no han sido bien escogidos, ni es lo más
sensato empacarlos en formato “remix”.
A continuación, un bonito video-homenaje de “Kristallo”.
Sí. Máquinas Musicales Electrónicas empañándose de emoción ad infinitum.
SEGUNDA ADDENDA
Como bien enfatiza otro capo barcelonés, Half
Nelson, “La importancia de una banda puede medirse en diversos ámbitos que
quedarían reducidos a tres: repercusión popular, prestigio crítico y respeto
por parte de otros artistas. En esas tres escalas, los de Düsseldorf están
encaramados en lo más alto, pero la impronta de Kraftwerk no se limita al
ámbito del reconocimiento estrictamente musical (...). Todo ello convierte a
Kraftwerk en un grupo-concepto que ha dejado su huella en multitud de estratos
culturales a lo largo y ancho del mundo civilizado (...)”.
Al asombro y al estupor siguen naturalmente
el análisis y el procesamiento. Después de un imparable rush discográfico a
fines de los 70s y principios de los 80s, que consolidó la revolución
tecnológica al interior de la pop culture, Kraftwerk comenzó a ser asimilado
por su propia progenie. Con anterioridad he citado el ‘unauthorized remix’ de “Ruckzuck”
que hicieron The Technocrats y también el sampler de Shut Up And Dance. De
hecho, hay ejemplos más cercanos.
Uno de ellos es el alucinante “Planet Rock”
(1982), de Afrika Bambaataa al alimón con Soulsonic Force (“disculpando la
expresión, pero qué mierda más marciana”, exclamaría Lance Taylor a.k.a.
Bam la primera vez que escuchó a los Robots). Construido sobre la base de los
kraftwerkianos “Trans-Europe Express” y “Numbers”, el single editado por Tommy
Boy se cuenta entre las primeras muestras de cómo influyó la pionera banda tudesca
en el surgimiento del hip hop -movimiento nacido en la pobreza que capitalizó
al máximo los recursos a la mano para convertirse con el tiempo en la “CNN de
la Norteamérica negra” (Chuck D. dixit). Y es que nadie puede dudar del papel
que jugó Kraftwerk en la consolidación de esta en principio interesante
subcultura urbana -pero si quieren una confirmación definitiva, basta con
chequear el film Breakin' (1984). Entiendo que es la única película
donde se ha usado música del grupo: al son del 45 rpm “Tour De France” (1983),
uno de los protagonistas ensaya una rutina de breakdance, el baile asociado a
la expresión sonora del hip hop.
Otro ejemplo es la new wave. En entrevista
concedida a Rock De Lux en septiembre del año pasado, Daniel Miller, el
histórico hombre fuerte de Mute Records -patria discográfica de Depeche Mode,
Yazoo, Nitzer Ebb, Cabaret Voltaire y Renegade Soundwave, entre muchos otros
más-, declaró: “La gente de mi generación estuvo muy influenciada por ellos.
Depeche Mode, The Human League, cualquier grupo de esa época mamó su música. Y
las generaciones siguientes entraron en contacto con la electrónica a través de
nosotros. Espero que estas reediciones hagan que la gente entienda que
Kraftwerk fue nuestra máxima inspiración”. Creo que a este respecto no queda
más que decir...
...excepto que el grupo que más rápido
alcanzó a Kraftwerk, New Order, le dedica en su disco de 2005, Waiting For
The Sirens' Call (Warner), el surco “Krafty”. Un grande homenajeando a otro
grande.
INTERFASE 3
El gesto agradecido de un fan como tú o como
yo.
Tim Zawada, de Chicago (USA), ha elaborado –“sin
loops, sin efectos”- un mix que ha bautizado con el nombre de Kraftwerked: A
Mix By Tim Zawada (Kraftwerk Tribute Mega Mix). Fechado en 2011, este homenaje
está dispuesto a la usanza de un DJ-set: una sola pista de audio en la que se
entretejen 36 cortes de Kraftwerk, cubriendo sus discos desde el lejano Autobahn
(1974) hasta el reentré Tour De France Soundtracks (EMI, 2003) -es
decir, respetando el silencio que el grupo ha guardado en relación a sus tres
primeros trabajos.
Algunas observaciones al respecto:
1) El mix se ha creado para su escucha
personal y para compartirlo con otros/as fans de la banda -no hay, pues, interés
comercial en esto.
2) Esta “antología” responde exclusivamente a
los gustos de Zawada. No pretende, por tanto, ser una compilación que ilustre
exhaustivamente la carrera de Kraftwerk.
3) Se puede descargar el archivo mp3 desde el
SoundCloud del usuario. El link hacia allá aparece en la información del video
de YouTube.
4) Contra lo que pregona el título del video,
son treinta y seis canciones (no cuarenta).
5) No estoy seguro sobre si “The Telephone
Call” se ha añadido al mix sin efectos: la toma no es la misma que la incluida
en Electric Cafe (EMI, 1986), aunque podría tratarse de una versión
repescada de alguna de sus ediciones como single.
Dicho esto, no puedo sino recomendar entusiasta
este breviario de la andadura de mi best band ever.
TERCERA ADDENDA
Aunque no hay estadísticas que lo sustenten,
es razonable suponer que la mayoría de grupos pop que han aparecido sobre la
faz de la Tierra alguna vez ha versioneado a The Beatles -bien a título de
ensayo, bien a modo de coda en sus conciertos, bien aventurando en el estudio
de grabación lecturas distintas de los clásicos y no tan clásicos de los Cuatro
de Liverpool. Para muestra dos botones, muy diferentes entre sí, que me vienen
inmediatamente a la cabeza: Damon And Naomi con “While My Guitar Gently Weeps” y
Siouxsie And The Banshees con “Helter Skelter” y “Dear Prudence”. Si existe,
esa estadística imposible la ganan largamente los Fab Four.
Pero en lo tocante a tributos editados, sea
de manera individual o colectiva; aún cuando no estoy seguro al 100%, creo que
ese cuadro de referencias cambia traumáticamente en detrimento de los
británicos. Salvo The Cure, que ha rebasado los 15 homenajes, no sé de otro
grupo que pueda igualar en este aspecto a Kraftwerk, que ya franqueó la barrera
de los 20 tributos. Como en el caso de los liderados por Robert Smith, en este
terreno encontramos placas de toda índole dedicadas a los Replicantes de
Düsseldorf.
Individualmente, los hay en clave
acústica-orquestal, como Possessed (Mute, 1992) de The Balanescu Quartet
(ensamble del violinista rumano Alexander Balanescu) y Die Roboter Rubato
(Mille Plateaux, 1997) de Terre Thaemlitz (pianista transexual de origen
germano). Los hay asimismo de proyectos fantasmas claramente forjados en la
fragua de Kraftwerk, como Boing Boom Tschak (A Tribute To Kraftwerk,
1994) y Basskraft (A Bass Tribute To Kraftwerk, 1998). Finalmente,
existen también grupos que les guiñan con enorme devoción, como los franceses
de Marc Et Claude (A Tribute To Kraftwerk 12'', 1998), y con genial
sentido de la ironía, como Señor Coconut Y Su Conjunto (El Baile Alemán,
2000). Esto, sin contar aquellas versiones o remixes que decenas de grupos
-Ride, Snakefinger, Niños Del Brasil, Big Black, siguen nombres...- han
insertado en determinados capítulos de sus respectivas discografías.
Colectivamente, la cosa es igual de generosa:
están los Trans Slovenia Express, 1 (1994) y 2 (2005), con
actos de Eslovenia, zona geográfica y sonoramente lindante con el músculo
centroeuropeo de la E(lectronic)B(ody)M(usic). Están además los ya mencionados Trancewerk
Express, así como los homenajes ruso (Elektronenklänge Aus Dem
Radioland: A Tribute To Kraftwerk, 2000), japonés (Musique Non Stop: A
Tribute To Kraftwerk, 1998) y brasilero (Kraftworld: Brazilian Tribute
To Kraftwerk, 2007). Para terminar, los hay en todos los tonos del espectro
digital: simplemente electrónico (el doble Krafty Move: An Electronic Tribute To Kraftwerk, 1997), techno (Technicolour: A Techno Tribute To Kraftwerk, 2000), mashup (el magnífico doble Bootwerk: A Bastard Pop
Tribute To Kraftwerk, 2007) e incluso 8-BIT (8-BIT Operators: The Music Of Kraftwerk Performed On Vintage 8-BIT Video Game Systems, 2007). Diversas
formas de encarar la gigantesca influencia de los indiscutibles padres del electropop.
Te dejo un fetiche que me he guardado bajo la
manga: Cybotron, alias de nada menos que mister Juan Atkins (precursor del
sonido Detroit), reensamblando “Numbers” y “Home Computer” en su clásico “Clear”,
del debut cibotrónico Enter (Fantasy, 1983). "Clear", por
cierto, es citado por los Autechre en las notas interiores de la seminal
recopilación Artificial Intelligence (Warp, 1992) como el tema que les
cambió la vida y los impulsó a hacer música.
INTERFASE 4
Alegando ignorancia de antemano, no conozco
otra canción que haya sido versioneada y grabada tantas veces en la historia de
la música pop como “The Model”.
Paradigma del synth pop, quintaescencia de la
perfección más sublime a la que puede aspirar cualquier formato sonoro
melódico, Kraftwerk concibió esta gema de tres minutos y pico en la cima de sus
posibilidades expresivas: son los tiempos del maravilloso The Man∙Machine
(EMI, 1978), y Hutter-Schneider-Bartos-Flur ganan nuevas cumbres en el delicado
y refulgente balance entre exploración electrónica y emotividad/empatía pop.
Evocadoramente pegadiza (así la califica Nelson), sé de al menos veinte
versiones -¡veinte!- de esta inolvidable composición, entre editadas y
celebrados registros “live”, que nada tienen que ver con las dispuestas en los
discos-tributo. Ahora, contando estas últimas versiones, no me atrevo ya a
aventurar una cifra...
...pero sí nombres: Ride, Niños Del Maíz, Big
Black, Sopor Æternus, Clotta+DJ Dero, Snakefinger, Niños Del Brasil, The Divine
Comedy, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados, The Cardigans, David
Byrne... “The Model” es una obra de arte tan perfecta, que incluso la relectura
mashup de Krazy Ben que la asocia a un mamarracho como “The Way I Are” del
mierdoso Timbaland suena a hossana en las alturas.
Sin más preámbulo, pues, la que es para mí la
mejor canción pop de la historia -sólo que, como diría el querido Ramón
Valdez/Don Ramón, en “versión totonaca”. ¡Si incluso un feroz militante como el
maestro Steve Albini, líder de Big Black, que ha producido a Nirvana y a Pixies,
y que no perdía oportunidad para hablar pestes del sampling y del mashup; se
rindió ante la Magia infinita de los genios de Düsseldorf!
CUARTA ADDENDA
Tras un lustro en completo mutis, en 1991
llega a las tiendas The Mix (Electrola), artefacto de remezclas de Kraftwerk
acometidas por el propio grupo. El plástico marca el definitivo ingreso de los
alemanes a la era digital: como se sabe, piezas del calibre de “Autobahn”, “The
Robots”, “Musique Non Stop” y “Radioactivity”; fueron registradas utilizando
sistemas analógicos. Para la ocasión, se reproducen los sonidos directamente en
código binario, y se samplean aquellos que no pueden ser ya duplicados. Además,
el cuarteto transforma sus cuarteles de Kling Klang en un estudio modular con
el propósito de transponerlo a las giras sin mayores dificultades.
The Mix fue el último
esfuerzo de Kraftwerk con su formación clásica y más duradera: poco antes de su
salida, abandonan el barco Wolfgang Flur y Karl Bartos, miembros desde los días
del Radioactivity. Se anunció un The Mix 2 y hasta un nuevo disco
antes de que muriera el siglo XX, y jamás se llegó a nada concreto. Es recién
con el single Expo 2000 (EMI Electrola, 1999) que Kraftwerk rompe un
silencio de ocho años, pero ésa ya es otra historia.
De entre los contados méritos de The Mix,
consigno aquí la que considero la versión definitiva de "Computer
Love", track originalmente pauteado en Computer World (EMI, 1981), el
capítulo discográfico que cierra su etapa más feliz.
INTERFASE 5
Nadie en su sano juicio -bueno, en realidad
sí existen, pero no tengo ganas de buscar bronca con esos cavernícolas- puede
discutir que el nazismo fue un terrible accidente de ruta en la hasta entonces
más o menos inmaculada historia de Alemania. Después de la abdicación del
Kaiser Guillermo II, el país entró en un fantástico período conocido
históricamente como la República de Weimar (1919-1933). Durante esos años, se
consolidaron movimientos culturales extremadamente creativos e innovadores: no
en vano se estudia aún hoy con entusiasmo el expresionismo alemán, tanto en
pintura como en literatura y en cine (Lang, Murnau, Wiene, Pabst); así como las
corrientes de la nueva objetividad, el realismo con crítica social y el
dadaísmo alemán. Esto, sin contar con el surgimiento de la Bauhaus, escuela de
artesanía, diseño, arte y arquitectura fundada en 1919 por Walter Gropius.
En la medida en que los 30s “no existieron”
en Alemania, Kraftwerk se propuso tomar la posta, regresando al punto exacto en
que esas extraordinarias jornadas cesaron de existir. Pero, por ese camino, el
grupo fue todavía más allá, llegando a proponer una impensada utopía: la de
convertirse a sí mismo en crisol de tradiciones continentales para la
consecución de una cultura pan-europea como nadie había soñado nunca.
No son pocas, en ese sentido, las referencias
de las que Kraftwerk hace uso. “Europe Endless” abre, con la emoción de quien
descubre un mundo nuevo y mejor, su álbum Trans-Europe Express, que por
otra parte toma su nombre del tren homónimo que recorría/¿unificaba? las
principales capitales del Viejo Mundo. Trans- Europe Express, por
cierto, cierra con “Franz Schubert” (aquí no hay más que decir, ¿no?) pegada a “Endless
Endless”.
Otro de sus aciertos definitivos, The Man∙Machine
guiña en “The Robots” al dramaturgo checo Karel Čapek y a su obra Rossum's
Universal Robots (1921), en la que por primera vez se usa el término “robotnik”.
De igual forma, la portada de The Man∙Machine cita al constructivista
ruso El Lissitksy (referente debidamente acreditado en las liner notes del
disco). Y “Metropolis” rinde pleitesía a la obra mayor de Fritz Lang, el film
de ciencia ficción Metropolis -considerado por la UNESCO, junto a Los Olvidados de Luis Buñuel, Patrimonio Artístico de la Humanidad y Memoria
Del Mundo.
QUINTA ADDENDA
Existen grupos con la habilidad de dotar a
sus creaciones sonoras de una rara cualidad “cinéfila” -bandas cuyos discos y
temas encajan naturalmente con las imágenes mostradas a través del celuloide.
No hablo, obviamente, de Angelo Badalamenti o de John Barry, grandes maestros
del difícil arte de componer bandas sonoras; sino de proyectos pop que la
chuntan “sin querer queriendo” -porque incluso a veces no hay en ellos la más
mínima intencionalidad.
Alguna vez me animé a ver Metropolis
de Fritz Lang (1927) escuchando al hilo Trans-Europe Express y The Man∙Machine de Kraftwerk, seguido del “liquid noise” de Incunabula
(WaxTrax, 1993) de Autechre. El resultado fue alucinante, y acaso no del todo
gratuito (pero sobre el particular regresaré otro día). Luego fue el turno de
enyuntar Computer World y Futurama: aquí la cosa no quedó tan
bonita, pero logré reconducirla sustituyendo originales por covers. De ahí que
la siguiente vez puse en la bandeja el 8BIT Operators: The Music Of
Kraftwerk Performed On Vintage 8BIT Video Game Systems. El saldo fue mucho
más positivo.
INTERFASE 6
No cualquiera tiene la habilidad de concebir
de la nada todo un universo que aún hoy permanece en explosiva expansión.
Kraftwerk es el incuestionable demiurgo creador del planeta electro no sólo por
su inmenso talento creativo -cuya influencia puede rastrearse en decenas de
niveles culturales en el mundo de hoy. Lo es también porque prácticamente
inventó las herramientas de las que se valió para semejante hazaña.
En la revista Dancedelux, el crítico
Félix Suárez cita declaraciones de Chuck D., de Public Enemy, consignadas en su
libro Fight The Power. El compositor y rapper, quien se encontró con los
Kraftwerk en el live de Sellafield de 1992, afirma que “el desarrollo y la
patente de software y equipos para la producción musical” reporta al núcleo
histórico Ralf-Florian no pocos beneficios pecuniarios.
Y es que desde el inicio de su carrera,
Kraftwerk sólo podía darle correlato a su meticulosidad proverbial, a su rigor “científico”,
a su sistemático método compositivo; trabajando con tecnología de punta. En
permanente diálogo hi-tech con los fabricantes de instrumentos electrónicos, el
grupo mismo fue testeando prototipos que se amoldaran a sus necesidades
sonoras, sugiriendo nuevas direcciones y abriendo nuevos caminos en el
desarrollo de software y hardware ad hoc -al punto de ser responsable directo
de la introducción de las nuevas tecnologías en la cultura pop.
Desde el Tour De France Soundtracks
(2003), “Aéro Dynamik”.
SEXTA ADDENDA
Uwe Schmidt es alemán de nacimiento, pero
latinazo de corazón. Al mando de Señor Coconut Y Su Conjunto, publicó hace
trece calendarios un disco tributo a Kraftwerk en clave de merengue, cumbia,
proto-tex mex y hasta cha-cha-chá. Con seguridad, El Baile Alemán
(Multicolor, 2000) debe ser el homenaje más bizarro dedicado a los Robots de
Düsseldorf. Lleno de voluptuosidad tropical, este ensamble sabrosón repasa con
imbatible swing los clásicos de Kraftwerk -fácil era el click perfecto para que
mi abuela le entrara a los germanos.
A continuación, la calenturienta relectura de
“Tour De France”.
EPÍLOGO
“Ellos son, y su status ha sido
amenazado varias veces, mi grupo favorito de todos los tiempos. Ellos también
hicieron, y su status ha sido amenazado incluso más veces aún, mi disco
preferido, Computer World. Nunca hay escasez de personas que se
apresuran a hacer cola para decir cuán ‘importantes’ fueron para el desarrollo
de todo lo que conocemos hoy, si ellos fueron pioneros, o si inventaron el
techno. Pero para mí lo que es fascinante es su música, eterna, ingeniosa; esa
música que nadie ha conseguido ni replicar ni mejorar. Son únicos. Kraftwerk es
donde las máquinas se empañan de emoción”. (Glen Johnson, Piano Magic)
Me pasa, cada vez que pongo en la bandeja un
álbum de Kraftwerk, que me estremezco hasta la médula. Me pasa, también, que me
asalta la jubilosa emoción de estar oyendo un mundo nuevo -a pesar de haber
escuchado cada disco suyo cientos de veces. Sospecho que es lo mismo que
sienten los fans militantes de otros grupos o artistas: algo así como ser
testigos una y otra vez del big-bang, y no cansarse jamás.
Los Kraftwerk tampoco parecen muy exhaustos.
Tras 56 años de carrera, Ralf Hütter, único miembro original sobreviviente
-Florian Schneider se retiró en 2010 tras una bronca tan tumultuosa como
lamentable con su partner de toda la vida, y falleció en 2020-; se sigue
presentando en directo utilizando con asiduidad la tecnología 3D. Reconforta saber
que la banda alemana sigue en forma, muy atenta a lo que ocurre alrededor suyo,
en perpetua consonancia con los últimos adelantos tecnológicos. Verlos
ofreciendo un espectáculo tal, aquí en mi tierra, con mis camaradas; sería
acceder al nirvana digital al que aspira todo amante de la música electrónica. El
Perú se ha integrado al circuito de conciertos con actos de auténtico renombre
mundial hace rato, pero sigue sin hacérsenos el milagrito. No interesa ya si ¿el
siguiente disco? es regularón, nomás. ¿Cómo ponerse “exquisitos” con nuestro
grupo fetiche, si “nosotros se lo debemos todo y ellos no nos deben nada”
(Tarwater)?
Comparto aquí el merecido testimonio
documental a los eternos Robots de Düsseldorf, publicado en 2008 con el rotundo
título de Kraftwerk And The Electronic Revolution. Para quien todavía
abrigue siquiera resquicios de duda, sólo tengo cinco palabras...
KRAFTWERK!!!! DUSSËLDORF MUSIK ARBEITER,
SCHEISSE!!!!
PD: La pieza que faltaba en la discografía
del que muchísimos consideramos el mejor grupo de todos los tiempos. Lanzado
simultáneamente en los formatos de CD y DVD, con una edición de lujo que
enyunta ambos soportes y emula en el empaque a una VAIO, el disco-concierto
oficial de Kraftwerk, Minimum-Maximum (EMI, 2005). No hay más que decir.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 27 de mayo de 2026.)
Vuelvo a hablar en particular de Ives Ancieta Rojas después de muchísimo tiempo -ocho años, nada menos. (¿)Clausurada(?) su
etapa como Invisible Ambiente, el buen Ives reorientó baterías hacia la
electrónica post rave con incidencia en el ambient sinuosamente “étnico” de
Sandoz y sobre todo de The Future Sound Of London, en EP acreditado como Ivo aún
disponible para libre descarga desde los bytes de la azteca Bifronte Records (Formas
Hipnóticas). De allí en más, sólo ha tenido apariciones esporádicas; como en
los dos volúmenes (‘20 y ‘22) de Underground Junín, curados por el
colectivo Arte Sonoro, en los que ya se presentaba usando el a.k.a. de
Ivo Macross.
Ahora bajo el marbete de Macross Remix debuta
por tercera vez con otro EP, El Big Bang Del Universo. Más cerca del
mini-álbum, este título refrenda las coordenadas que trashuma Ancieta Rojas
tras su alejamiento de Chip Musik (hoy culminado), además de traer algunas
novedades respecto de la anterior entrega; aunque bien vistas no lo son tanto.
Me explico: ese futurismo orgánico que impulsaba el vuelo de Formas
Hipnóticas EP era menos una aproximación al rollo techno tribal de los
hermanos Cobain que una reelaboración del output sci-fi del que hace gala el bleep
techno de los 90s, y en menor medida la IDM. Sobre esa senda avanza Macross
Remix, postulando una cosmicidad abarrotada de alerones místicos no
siempre convincentes.
Desde la apertura epónima, el individualista
oroíno factura composiciones bleep de heterodoxo pelaje IDM/post IDM, próximas tanto
a la dialéctica del beat de un Speedy J como a la marcial abstracción
algorítmica de unos B12. En “En Tu Presencia” y en “Evay”, las secuenciaciones
han sido diluidas hasta descomponerse o casi, cediendo el testigo a espacios
abiertos surcados por sintetizadas tonalidades breves y chillonas, a líneas de bajo
tetradimensionales, a un pathos binario más permisivo en lo tocante a la
quietud contemplativa. Recién traspuestos los cuatro minutos de “Evay”, resurge
tímidamente una programación de tiempos moderados, que calza con esas voces
gregorianas que se dejan oír nada más iniciado el corte, aparentemente (re)sampleadas
del primer disco de Enigma (¿”Mea Culpa”?).
Aprovecho la alusión al olvidado proyecto
rumano-alemán para introducir la espinosa cuestión en torno al pensamiento religioso
que desprende el EP. En “El Big Bang Del Universo” escucho un fragmento
sampleado que dice “El hecho de que no comprenda todo de Dios, no hace que Dios
no exista”. La lógica más elemental me permite derribar sin esfuerzo esta
falacia, que presupone adrede el hecho mismo de la existencia de una inteligencia
divina. Ocurre otro tanto con “En Tu Presencia”, que repesca la performance de
quien parece ser un cantante “carismático”. Cuando menos desde hace tres siglos,
en el Arte la racionalidad teísta no suele llevarse bien con la científica o la
filosófica, salvo que la obra se asuma exactamente como lo que es (Dune),
en lugar de pretender transformarse en panfleto. El extended se ajusta más a
las características del segundo caso que a las del primero -de ahí mi
incomodidad.
“Genesis Remix” y “Viaje Interestelar”
completan el menú del extended. Padeciendo ambos el mismo laxo sideralismo
antes descrito, la recurrente pista vocal femenina del primero -versión
remozada del track cedido a Underground Junín Vol. 2- tiene un efecto
desencorsetador similar al que produce su par en “Halcyon + On + On” (Orbital),
rayos láser incluidos. El segundo flirtea fugazmente antes del minuto con el
drum’n’bass, sin que trascienda a mayores, inclinándose por una exhibición de
ese post IDM del que Ives ha echado mano continuamente. Iteración hipnótica y
minimalismo futurista con que redondear un tercer estreno artísticamente
llamativo, pero de convicciones espirituales que me han sabido insolventes.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 20 de mayo de 2026.)
Que la hija de Maryna Pastor y de Jorge Tafur
anda en llamas desde hace algún tiempo, es afirmación demostrada no sólo por la
generosa frecuencia con que vienen apareciendo nuevos trabajos suyos (uno en el
‘24, dos en el ‘25), sino también por la encomiable calidad de la música
liberada bajo esos recientes títulos. Para que no se pierda esta saludable
costumbre, a los pergaminos antes aludidos se les suma uno correspondiente al disco
estrenado por la joven compositora el pasado 10 de abril -y cuyos arte y concepto
han resultado ser más o menos desconcertantes.
Esto es, claro, teniendo en consideración
antecedentes como Willay Plancton (‘25) o Ultranatura (‘24). En
estos y otros registros, Maribel Tafur daba rienda suelta a una fascinación por
el ambient de humores hídricos, plasmada en una mirada más que próxima al medio
ambiente y/o la naturaleza. The Art Of Gastronomy señala desde su nombre
un interés por el arte culinario que nunca hubiera sospechado ha germinado en
el background vital de la limeña. He de admitir que esa inclinación me
sorprende mucho: siendo la gastronomía una disciplina consagrada en el campo de
las carreras profesionales, su importancia en el Perú ha sido magnificada de modo
tan ampuloso que ha acabado por convertirse en hype. ¿O me vas a negar que es
un poco/bastante jodido que nuestro país saque pecho asumiendo imagen de
tragaldabas ante la comunidad internacional?
Sin embargo, fuera de la denominación y del
arte de portada (primer plano de lo que parece ser una fogata rural), la directora de Intune no ha cambiado las herramientas que modelan su vocabulario y su
retórica. Es decir, aunque el concepto puede haberse reemplazado, las maneras
en que se le aborda no -salvo por un elemento de dosificada presencia, que
contrasta a la primera de bastos con la devoción hacia el Agua: el crepitar del
Fuego. Sus manifestaciones, empero, son contadas: apenas adornan aquellos temas
de The Art... en los que el conductor universal deja sentir su ausencia
(“Textural Alchemy”), y tienden espontáneamente al perfil bajo.
Este estado de la cuestión me hace reflexionar
sobre si la autora ha decidido prescindir de los efectos acuosos otrora
omnipresentes, atendiendo más a la pregonada experiencia gastronómica que a esa
mitigadamente circunstancial recurrencia al Fuego. Dichos efectos no escasean,
por supuesto, si bien se concretan en menores número y grado que antaño. En
“Arrival” y en “Origin And Transformation”, respectivamente apertura y clausura
del volumen, el Agua se halla tan presente como los incontables trinos de aves
canoras. Por lo demás, la música de Tafur Pastor sigue cobijándose bajo
interminables trazos ambientales salpicados de sonidos cooptados de la
cotidianeidad, elongaciones timbrales extrapoladas de géneros afines al ambient
como el bliss pop, brochazos texturales imbuidos de coloraciones invernales
(“Líquidos”).
Hay algo que se me ha hecho inasible en The Art Of Gastronomy. No sé si sea correcto ponerlo en las siguientes
palabras, pero corro el riesgo. El output de Maribel ha sobrepujado los
discretos niveles de glucosa que contemplaba anteriormente (las pistas gemelas
“Seasonal” y “The Art Of Gastronomy”). Ello ha agudizado las paradojas
arquitectónicas que sostienen construcciones como “Moment I” o “Botánica”. Su
melancolía ha adquirido connotaciones geórgicas, y su persistente bucolismo
ahora se hace dulce de sobrellevar, de modo que en el balance parece haber
arribado la artista a un limbo en fase zen. The Art... se ha convertido
en un punto focal que es a la vez único y múltiple, al que puedes echar una
sola mirada o todas las que quieras hasta cansarte. Probablemente sea ésa la
matriz del granulado sortilegio hipnótico de sus 34 etéreos minutos.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 13 de mayo de 2026.)
Extrañas nuevas desde Iquique. Al despuntar
septiembre del ‘25, Supertriste debuta en largo tras tres años de vida
artística con un álbum algo complicado de diseccionar. Quizá no haya motivo de
mayor asombro para quienes lograron escuchar sus dos singles anteriores, que ya
anunciaban lo que después ha confirmado crecidamente el estreno en 33 rpm. Como
no fue mi caso -primero degusté este último, luego los sencillos previos-,
puedo decir que la banda me sorprendió con los pantalones abajo. De todas
formas, ha sido una experiencia singular.
Bautizado haciéndose eco del escalofriante
suceso de 1997 relacionado a un lovecraftiano fenómeno acústico submarino que
dio lugar a (nunca descartadas) especulaciones fantásticas sobre gigantescas
criaturas abisales, Bloop propone una inmersión dirigiéndose hacia el
corazón de las tinieblas. ¿Inmersión física o emocional? Un poco de ambas. Lo
curioso es que se sirve del shoegazing, género muy identificado con imágenes de
fulgor y luminiscencia, para hacerlo. Y si bien la música del grupo asimila además
plancton de otras aguas, como las del indie o del noise rock, es la variedad de
Slowdive y del primer Auburn Lull la escogida para domeñarse a los designios de
la lobreguez.
Lo consigue el quinteto formado por Jorge
Peña (batería), Héctor Venegas (guitarra y voz), “El Roco” (bajo), Rodrigo
Collao (guitarra) y Johan Castillo (guitarra); amparándose en la Baja
Fidelidad. Tomándole como su catalizador por excelencia, Supertriste consigue difuminar
el baggy sin disolverle: nada más empezar a sonar “Grisáceo”, la ecuación ruido
+ melodía queda eclipsada bajo una capa lo fi, lo bastante gruesa para
obliterarle y lo suficientemente delgada para apreciarle a través de ecos
lejanos. Es como si estuvieras presenciando una avalancha de distorsión en
clave pop, ahogada por un registro fosco, que nubla esas fuerza y vehemencia.
Esta dialéctica acompañará al combo hasta el final del viaje.
Quizá sobre decirlo, pero mejor pecar de
exceso que de omisión. De blackgaze, ni media micra. No distingo en la
ascendencia del acto chileno rastros de etiquetas emparentadas con el metal. Si
acaso forzando las comparaciones, tal vez sedimentos de rock alternativo,
dispersos entre la apertura y “Abisal”. En todo este tramo, repta la bulla
desprolija, provenga ésta del noise rock (“Frío”) o del shoegazing (“Evasivo”,
“Dejavú”). La osamenta rítmica empuja a Bloop a oscilar entre la
potencia y la calma (“Abisal”), escoltada a toda hora por el cristal esmerilado
del desaliño intencional.
En la tríada “Algo
Siento”-“Nube”-“Descendente”, Supertriste se zambulle en el canon shoegazer adecuando
los tiempos y desbastando todo lo que puede las aristas de su sonido. Da forma,
así, a un output que podría catalogar como “shoegazing oscuro”; si ese concepto
no constituyese en sí mismo una aporía. No lo hago porque, esto aparte, uno de
los rasgos más llamativos del plástico es que las vocales se entienden
completamente -diferencia crucial respecto del paradigma noventero, donde las
voces son por regla general ininteligibles.
Para contentar a propios y extraños, Bloop
acaba volviendo al punto de origen con “36”, cierre de un esférico cuando menos
peculiar. Merece escuchársele en físico, porque su diseño corresponde al de un
tour de force, con casi todos los tracks entrelazados. Dicha edición corre a
cargo de la aún novel escudería chilena Espora Discos, mientras que puedes optar
por la descarga libre desde el BandCamp del proyecto, y por la descarga paga
desde el de la santiaguina Joy Box Records.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 29 de abril de 2026.)
Con harta antelación tuve acceso a este nuevo
muestrario planificado por Unexplained Sounds, que pasa a formar implícita
parte de esa serie de otros tantos documentos dedicados a difundir exponentes
avant garde de drone music, composición electroacústica y música concreta de
factura contemporánea -procedentes de diversas regiones y países del globo.
Enfocado en artistas portugueses/as, el lanzamiento oficial del recién
estrenado título ha tenido lugar en la quincena de abril, e incluye trece
contribuciones a pista por cabeza encapsuladas en poco más de 63 minutos.
En mayor o menor medida, Anthology Of Electroacoustic Music From Portugal participa de algunas características
comunes a pares suyos como Anthology Of Experimental Music From Australia
(‘25) o Anthology Of Exploratory Music From India (‘21): implacable
economía de medios expresivos, tramados de posología espectral que invocan
imaginarios entrópicos, intensa capacitación en el dominio de la espacialidad
electrónica, exploraciones conceptuales fundadas en formas de notación que
deben ser cualquier cosa menos convencionales... La diferencia respecto de esas
compilaciones viene prefigurada en el presente caso por la palabra
“electroacústica”.
Mucho más que en el de la composición académica
experimental contemporánea o en el de las “vanguardias” pop de improvisación
abierta, es en los feudos de la electroacústica donde los sonidos son
intervenidos desde su creación misma, recurriéndose tanto a instrumentación
heterodoxa como a grabaciones de campo y a sonoridades sintéticas, pasando por
modulaciones o alteraciones digitales de tono, textura, velocidad y tiempo. Si
agregas una draconiana ausencia de percusión o programación (la ascendente
progresión étnica de “Reanima Electrica” de HHY & The Macumbas es la única
excepción a la regla), ...From Portugal da en el clavo ilustrando ese
paradigma de la música electroacústica para el que cualquier ruido es material
sonoro.
Puede decirse aún más. Las cíclicas
vibraciones atonales in crescendo de “Circunscrita”, a cargo de David Maranha,
dejan en claro que para la electroacústica la melodía es una necesidad
suntuaria (y, por ende, prescindible). Valgan verdades, esa aserción es
apuntalada por el grueso del repertorio del disco: los latidos nictálopes en
diminuendo de “Acto IV” de BVHZ, la geórgica flauta de otras épocas que parece
arribar a espacios físicos y tiempos futuros desvencijados en “Vesper” de
NIN-FAE, el andar lo fi rugoso e invariable de Vitor Joaquim y su zumbante
“Forgotten Voices”, las envolventes atmósferas fantasmales que Haarvöl acompaña
de misteriosos tañidos de campana en “Intersticial Topographies Of Quietude”,
el borroso onirismo minimalista de Margarida Garcia y “Cinza, Agulha E Lápis”...
Estos y otros ejemplos proporcionados por Anthology
Of Electroacoustic Music From Portugal -el abejorreo glitcheado de “30xN-LRJ1”
por @c, el aura sobrenaturalmente oscura de João Alegria y “Vertigem”, las
subsónicas vocalizaciones tribales de Reixelo en “Arte Nativa Portugueza - Parte
IV”-, confirman además una obsesión por el Sonido con especial énfasis en las
categorías de densidad, de color, de modelación. Inmersiva invitación la que
extiende este registro, simultáneamente austero y excitante, a degustar los
frutos apreciables en los márgenes del avant pop lusitano hoy.