(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 21 de mayo de 2025.)
Me queda sin despejar una gran incógnita a
propósito de R181, nuevo proyecto de Miguel Ángel Elescano, quien hace poco
también se ha estrenado como Un Día En Venus. En relación a este último alias, tengo
claros el dominio y el rango que cubre, haciéndoseme por ende sencillo
asignarle una identidad más o menos delineada. No ocurre otro tanto con R181:
lo mostrado en su primera referencia es, por un lado, demasiado disperso; y por
otro, casi enteramente repasado al amparo de algunos de sus muchos marbetes.
霧 Niebla es un artefacto de
minutaje recortado (17 minutos y monedas), editado por Dorog Records en la
quincena de enero de este año. Consta de cinco canciones, todas ellas producto
de cruzas entre sonoridades como el industrial, el trip hop y sobre todo el
techno; hibridajes realizados usando un enfoque experimental de abrasiva
flexibilidad. O al menos ésa es la intención, manifiesta en las notas de
BandCamp. El detalle es que todos esos códigos, como decía, ya han sido
revisitados por Elescano usando preexistentes noms de guerre. ¿Para qué,
entonces, uno más?
El único de estos lenguajes sónicos que no ha
sido fagocitado anteriormente por el individualista es el mashup. Esta coartada
estilística podría conferirle fisionomía a R181, si no encarnase sólo en “Latin
Kraftwerk (Featuring José José)” y en “Black Star (Featuring Victoria Santa
Cruz)”. Mientras que el primero cuaja en un techno de sabor latinoide, muestreando
a capella la voz del dipsómano número 1 del México cebollón, el segundo se
sirve de la voz de la cantante afroperuana para dar curso a una extraña pieza dub
carente de ritmo mas no de compás, hasta que traspuesto el minuto y cuarenta
segundos muta en un round de tech house.
La pieza epónima también consigna un
“featuring”, el de la habitual nipona Coppé, pero en este caso se trata de una
participación que va más allá del sampleo. “霧 Niebla” luce como un
canal new beat hipervitaminizado o engrosado, aunque finalmente desnudo. Caso
distinto al de “Godzilla En Mi Corazón (D.M.R.)”, armado a partir de
ruidos/texturas/fragmentos que acaecen como implosionando debido a rayos láser,
y en el que recién hacia el epílogo escuchamos el rugido del kaiju más famoso
de la Historia -sólo exportado, sin llegar a ser mashup. “Woman”, por su parte,
califica como un trip hop poco ortodoxo.
¿Entonces? No encuentro una manera fácil de
catalogar el output de R181. Suena a muchas cosas, y esas muchas cosas bien
podrían haberse acreditado a Lima Centro Project, Lutero o incluso a Maria Reiche. Lo justo que tiene de distinto no alcanza para acreditar tal o cual
cariz, por lo que se hace imperioso esperar más lanzamientos y de mayor
extensión, a fin de arriesgar una hipótesis más concreta sobre la constitución
del nuevo rostro de Elescano.
Muchos años después de su debut bautizado Vacío
(‘19), el terceto Lesión regresa con un álbum cientos de yardas más elaborado y
maduro, que desde el nombre anuncia la singular experiencia que envolverá al/a
la oyente durante más de cuarenta minutos. No es nada sencillo imaginar y luego
expresar a través del arte cómo sería el apocalipsis último de la raza humana,
creencias religiosas de por medio o no, pero es bastante más complicado
describir lo que sucedería después -el agua corrompida precipitándose sobre los
restos inertes de la civilización, en medio de una noche interminable, recordando
con cada pluvioso golpe que cualquier esperanza de escape que se abrigue no
pasa de ser sólo otra utopía irrealizable más...
Originarios del recóndito distrito chalaco de
Mi Perú, Alfredo García (bajo), Renato Rosado (guitarra, voz) y Joao Orosco
(batería) habían dado forma en Vacío a un volumen aceptable que no
rebasaba estándares ni promedios ya testeados por grupos similares y/o afines
de la escena local. Lesión edifica su puesta de largo desde la estética
meta-stoner peruana, incidiendo repetidamente en el sludge y en el doom, y ya
más ocasionalmente en el black metal. Sin ser mala o reiterativa, sólo le
distinguía una cierta inclinación por evoluciones instrumentales más largas de
lo acostumbrado -y esto únicamente en apertura (“Vacío”) y cierre (“Hasta Que
Llegue La Muerte”). Quizá a ello se deba que el trío consignase como
influencias el post rock o el shoegazing, aunque es menester enfatizar que no he
encontrado el más mínimo indicio de ninguno de esos géneros.
Pese a habérsele concebido utilizando los
mismos genomas, Más Allá Del Fin es notoriamente distinto de su
antecesor, al que saca enorme ventaja. Sea por la experiencia ganada en esta
media docena de años, sea por estar dotada de un fascinante concepto de fondo
enraizado hasta la médula, la placa trasciende la rabiosa turbiedad de Vacío
sin desentenderse del sludge. Menos del doom o del black. Lesión forja sus nuevos
surcos subrayándoles el carácter instrumental con vocales (casi) imposibles de
descifrar, extendiéndoles más allá de la decena de minutos, apelando a
polifonías de acordes graves para preñarlas de melodías que evidencien
decadencia y desaliento. A despecho de no hallarse Más Allá... exenta de
violencia, ésta no es fragorosa, sino cultivada: aunque presta a abrillantar el
dantesco escenario revelado, obedece las riendas antes que desbocarse.
La rodaja se compone de cinco actos
catalogados así, como si se tratase de una épica obra de dramaturgia entrópica.
Estos actos no son iguales unos a otros. “Acto I: Olokhaustos” acaso sea el
único de ellos en que la fiereza y la brutalidad logran desbordarse, como para
situar a quien se aventure en este fin del mundo en que somos ya un recuerdo, o
estamos a punto de serlo. “Acto II: Abismo De Los Lamentos”, en cambio, tiene
aires muy líricos a tenor de la monstruosa sinfonía stoner pletórica en
imágenes de deterioro y ocaso -tornándose apagado/ahogado su registro tras casi
ocho minutos. “Acto III: El Viejo Daño”, único tema de letra audible, es un
breve suspiro de reposo ante tanta eléctrica mórbidamente distorsionada y tanto
fatigar de un bajo cubierto por engrudo negro -sin declinar su hálito
crepuscular.
Es con “Acto IV: Éxodo” y “Acto V: Más Allá
Del Fin”, sin embargo, que llegamos al clímax de la trama. Las ambientaciones
que evocan recuerdos marchitos, que suscitan alucinaciones horrendas y visiones
tormentosas, que auguran la extinción absoluta de toda vida en el planeta;
alcanzan niveles de acuciosidad encomiables, permitiéndole refulgir en todo su
terrorífico esplendor a esa suerte de oscura energía mística que parece
inspirar a la banda y guiar su viaje (cuando menos en la presente jornada).
Tras de ello, no queda sino el vacío, la ausencia, el dolor, la muerte. Nada.
Pedazo de disco que no se merece menos que verse cristalizado en vinilo. Repite
el plato Renato Rosado en el arte de portada.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 8 de febrero del 2023.)
LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A
RESEÑAR (III)
Que la crisis de forma y contenido que en nuestros
países soporta el (caduco) modelo neoliberal, ha radicalizado las opiniones en
torno suyo a favor y en contra, es una descripción que difícilmente puede
ponerse en entredicho. Con mayor razón en el Perú, donde el encono ha crecido a
pasos agigantados desde principios de la década pasada, permeando todos los
aspectos de la vida cotidiana. Qué mejor prueba de ello que la largada en falso
del álbum póstumo de Varsovia, a fines del ‘20.
En efecto, por esas fechas se hizo pública
una versión de Diseñar Y Destruir que no contaba con el visto bueno de
Fernando Pinzás y Dante Gonzáles, los dos tercios del grupo que mantenían poder
de decisión en todo lo relacionado a éste. Había factores de carácter artístico
que ya no avalaban, por supuesto, pero la razón de fondo se relacionaba al
hecho de que las tomas entonces difundidas habían sido grabadas con el concurso
de Carla Vallenas, segunda frontwoman de Varsovia y fuente constante de
fricciones debido a irreconciliables posturas políticas. A Gonzáles y a Pinzás,
que no son excluyentemente de izquierda, les molestaba sobremanera legar el
testamento de la banda con las vocales de alguien abiertamente fachoderechista
-que, verbigracia, se negaba a seguir cantando “Cardenal En El Infierno” en las
tocadas.
Mediando el retorno de la gritante original
Sheri Corleone (quien vivió una estadía en Países Bajos), casi dos años después
de aparecida la versión apócrifa culmina Varsovia el “rework” de las canciones reunidas
en DYD, escritas entre el ‘15 y el ‘17 -esto es, a renglón seguido del estreno
Recursos Inhumanos (‘14). Ello ha comportado la resurrección temporal del
trío para compromisos promocionales del disco, finalmente colgado en octubre
del ‘22 en el BandCamp de Buh Records -que también se ha encargado de la edición
vinílica. Descontando el affaire de la voz, las modificaciones practicadas son si
bien pequeñas, importantes.
El track list esgrime ahora un orden muy
distinto. Al opus, además, se le han adjudicado ornamentos de sesgo EBM,
industrial y hasta proto-trance; lo que redunda en una galvanización más
intensa, en una musculatura más recia, en un imaginario más oscuro. Considerando
que lo de Varsovia fue siempre synth punk, estas adiciones nimban a Diseñar Y Destruir de una aureola de tirantez levemente angustiosa, catapultando su
retórica a niveles hiperbólicos. Ni siquiera en “Obedecer Sin Cuestionar”, en “Diseñar
Y Destruir” (guitarra de Óscar Reátegui, de Dios Hastío) o en “Hablemos Claramente”
(que samplea un discurso de Juan Velasco Alvarado); donde el synth punk que
guiñaba a Suicide en Recursos... luce más nítido, éste permanece
inmaculado. La filiación electronic body music va en ascenso desde el minuto
cero, con las violentas secuencias martilleantes de Gonzáles y los tumultuosos
sintes incendiarios de Pinzás, terminando por llevar al terceto a las puertas
mismas del género en la despedida con “Torres De Tensión” (que tiene idénticamente
aristas a lo Ibiza). Impávidamente machacón y dantesco, el sonido industrial hinca
el diente en la apocalíptica “Cuerpos Anestesiados”, en la sepulcral “Palabra
Del Demonio”, en la densa y sórdida “Gallinazos”. Corleone ofrece una performance
tortuosa, siniestra y enajenada en estas piezas, correspondiendo así al
esfuerzo de sus cofrades.
Mención aparte merece “Entre Velas Encendidas”.
Cierto, puede reseñarse influenciada por los primeros actos EBM. La lastimera/quejumbrosa
entonación que Sheri reserva para sus líneas le ubican, empero, más próxima a una
tentativa electro-dark -probablemente, lo más cerca que ha estado nunca Varsovia
del dark-gothic.
Esta sordidez, esta opacidad, no son gratuitas.
Cuando escudriñas sus letras y los tópicos que aborda, notas que Diseñar Y
Destruir no sólo es el postrer suspiro de Varsovia. Es asimismo el
exorcismo de toneladas de mala vibra sedimentadas en las generaciones a las que
les tocó vivir, bien en cancha bien en tribuna, la década dura del terrorismo
en el país -los 80s. Una década donde la nación fue constantemente disputada, y
más a menudo desgajada, por las fuerzas armadas y las organizaciones
subversivas; en el marco de la guerra interna de baja intensidad que
(mal)acostumbró a la población civil -tanto urbana como rural- a habitar el
submundo de apagones, atentados y crónica zozobra existencial. Ése que millennials
y centennials ignoran con el mayor de los desparpajos. Lástima que sea éste el
adiós definitivo para Varsovia. La suerte, sin embargo, ya estaba echada en el ’17,
cuando la terna se disolvió de facto. Con Vallenas fuera de órbita, Dante y
Fernando se dedicaron a sus respectivos proyectos de vida, sin perder la
complicidad indispensable para por fin hacer realidad este acetato.
Un EP como el jugado por Hunters Of The Alps para
saltar el año anterior a la arena de las escenas independientes de sabor patrio,
es menos infrecuente de lo que pudiera pensarse. Más extrañas son las coyunturas
que han rodeado a este ni-tan-nuevo alias y determinado el sino que ha discurrido
en su ruteo.
El rostro tras HOTA es el de Mario Giancarlo
Garibaldi, compatriota emigrado a Miami. He leído que el a.k.a. nace
como tándem en el ‘12, acompañado por entonces Garibaldi del también peruano
Jorge Velásquez. Se dice que la dupla tuvo cierto rodaje en tierras septentrionales,
lo que se me hace difícil de creer, toda vez que el extended ha sido presentado
con bombos y platillos como el debut absoluto del hoy unipersonal. La
presentación en sociedad, pues, ha sido diferida durante dos lustros.
Today Mañana EP, deslicé al iniciar
este comentario, es menos insular de lo que sus circunstancias podrían denotar.
Su pathos es idéntico al del genial Parallel Time EP de Blind Dancers,
por citar un caso siempre a la mano. Siendo el músico un migrante, es bastante
predecible que su ópera prima rezume esa nostalgia propia de quien ha vivido
largos años lejos de la querencia/del terruño que le vio nacer. Lo que no
siempre sucede es que esa añorante tribulación sea versificada en viñetas de
pop exquisito, elegante y dinámico.
De “Miedo” a “Moment For Forgiveness”, me muevo en senderos dominados por un
pop nostálgico de estupenda manufactura. Esa morriña se revela utilizando varias
caras. La de los medios tiempos como “Moment...” (que conecta con la esencia de
Peter Green y sus Fleetwood Mac) o “Tormenta” (de imponentes cortinas de
teclados), es una de ellas. Otra es la de melodías de una vitalidad a la usanza
del pop que sobrevivió sin inclinarse hacia el rock alternativo/grunge ni hacia
el shoegazing, hasta que al promediar los 90s Garbage le dio el tiro de gracia,
como “Cul De Sac” (guiñazos a The Ocean Blue) o “Tatuada” (buen trabajo de
secuencias). Y otra más podría ser esa mezcla de estilizada electro-bossa nova y
lounge pop que Garibaldi se saca de la manga para apechugar la relectura de “Costumbres”,
original de Juan Gabriel y popularizada tiempo ha por Rocío Dúrcal.
A pesar de la diversidad de semblantes acreditada
por Hunters Of The Alps, nada en la puesta de corto tiene pierde. Esto se debe
a que el gran elemento unificador del extended es el excelente color de voz de
Mario -la manera en que las vocales logran adaptarse a cada track de Today
Mañana EP me inspira la imagen de un PedroPiedra de raíces peruanas.
Al voltear la quincena de abril del ‘22, se dispuso
online un nuevo esfuerzo discográfico de Ayahuaira, agrupación que practica un
black metal de letras abrumadas de referencias a la cultura y mitología
quechuas provenientes de Huancayo. Esta particularidad le imprime un fortísimo
aire tribal al incontenible aluvión de graves imperceptibles y de eléctricas que
se precipitan raudas hacia riffs iterativos y trémolos apuñalados de reverb y
distorsión, así como al titánico dique de los consabidos blast beats a los que es
tan afecto el subgénero de nórdica procedencia. En consonancia con éste, los
integrantes del juninense comando metalero se esconden tras crípticos seudónimos:
Ochoja (primera guitarra), Sajgra (voz), Chopjas Atipac (bajo) y Mapache
(batería y segunda guitarra).
Qarqaria, no obstante, viene
a ser el cuarto acápite en la carrera de una sociedad que se cristalizó en 1999.
Dicha carrera empezó un año después con el demotape El Poder De La Divinidad,
siguió en el ‘02 con la maqueta El Dominio De La Verdadera Fuerza Suprema,
y esperó por Wanka Bélica hasta fines del ‘11. Se trata, en consecuencia,
de un itinerario de prolongados silencios -que en 23 años de desplazamiento
sólo ha conocido cuatro paraderos.
Como si la falta de periodicidad le pasase
factura al cuarteto, la primera mitad de su nuevo larga duración está reservada
para el respectivo “reacondicionamiento físico”. La breve intro acústica de
ribetes folk de “Lucanamarca Masacre” se desvanece rápidamente ante la
irrupción de la electricidad conducida vía una pesada guitarra que no llega a estar
demasiado tupida. Los efectos tipo metralleta al anochecer del canal se hacen
eco de la barbarie de los hechos ocurridos en la localidad ayacuchana del mismo
nombre (abril del ‘83). Con “Guerrero De Barro”, el black metal pisa más firme,
aunque todavía sin la contundencia exigida. La que sí adquiere mayor
protagonismo es la voz de Sajgra -una voz que ha superado cientos de veces los
límites de enrojecimiento y sangrado, que luce hoy raspante y chillona, de
igual modo que apenas descifrable. En “Qanpeq Taki Onkoy”, los cuatro disminuyen
un poco las revoluciones, mientras que en “Mensajero De La Muerte” la tropa
alternativamente se emputa y se atempera, dosificando tempos y encajando cuñas.
A partir de “Aynis”, el combo wanka asume
control completo de sus capacidades, a la par que incrementa las alusiones al
imaginario quechua-pagano-diabólico en las líricas que dispara. No hay que
olvidar la feroz militancia anticristiana del black metal, que subsecuentemente
abunda en reivindicaciones paganas, cuando no satánicas. Los blast beats a velocidades
lindantes con el hardcore son la norma, pero Ayahuaira gusta de contrastarles empleando
nodos de inflexión para la indesmayable marcha, como sucede en “Ayachaquinan”.
El cenit de Qarqaria llega con la canción homónima, dedicada a la
maligna criatura mitológica que adorna la carátula del CD -y que no es otra que
aquella conocida en el sur altoandino como jarjacha, el demonio del incesto.
Ayahuaira homenajea a uno de sus principales
referentes folklóricos, Los Kjarkas, ensayando una metálica variante de “Vientos
Del Sur”. Razonablemente respetuosa del original, la versión concluye la
travesía propuesta en Qarqaria. Ojalá no tengamos que esperar una década
o más para su sucesor. La edición física en compacto corre por cuenta de la
independiente capitalina Austral Holocaust Productions.
Alejandro Sarmiento estudia composición musical
en la PUCP. Estuvo antes en Marbette y actualmente integra Superyó, alineaciones
ninguna de las cuales había escuchado hasta ahora ni tan siquiera de oídas.
Tampoco el nom de guerre de Gacelasheladas -pero la aparición de su primer
EP, Lo Difícil De No Pensar, le puso de todas maneras bajo el radar.
Como sucede en el caso de los Chinese Park,
Gacelasheladas lleva algún tiempo grabando y subiendo a Internet algunas de sus
composiciones. La primera de ellas se cuelga el 30/03/20, cuando la pandemia
del COVID-19 ya estaba declarada, y se había decretado en el Perú la emergencia
sanitaria (“Ay Sí, Ay Sí, Todo Me Pasa A Mí (Lo Fi Remaster)”). De los cuatro
cortes adelantados, sólo vale la pena mencionar éste y “No Sé Nadar, Pienso
Violeta”. Los restantes, publicados durante el ‘21, suponen coqueteos con el
trap francamente inmamables. En todo caso, ninguno ha sido repescado en el esférico.
Lo Difícil De No Pensar EP, ergo, se compone
de cuatro rounds no editados previamente. Cuatro pistas en las cuales Gacelasheladas
retoma el camino de los dos primeros singles virtuales. Pop con mayúsculas, que
rebota entre varias salientes y camaleónicamente adopta el aspecto de éstas. “Gripe”,
para empezar, es una demostración de lúdico lo fi, hiriente y doloroso. El
contraste con “Surfeando Sin Olas En Italia” o “Copo” es más que palpable, si
bien ambos números han sido cortados según diferentes moldes: pese a su
vitalidad, el primero no es demasiado colorido, sobre todo tras la metamorfosis
hacia el college rock usamericano noventero (concretada antes del minuto y medio).
El segundo, en cambio, es la balada de cierre; y por lejos el asalto más dilatado
del plástico.
El indie pop de “Otoño, Amsterdam Está Sola +
Boxtel”, en tanto, se esfuma conforme la canción se “aflamenca”; antes de
transformarse en lo que podría describirse como bedroom pop aderezado por Fernando
García Escaró (a) Garzo (Metamorphosis, Radiación Selenita, Plug-Plug). A pesar
de las disparidades, el artefacto completo funciona como banda sonora para las clásicas
fogatas de campamento a altas horas de la noche. Aceptable, y suficiente por
ahora. Edita Anti Rudo Records.
Bien distintas unas de otras, de las tres facetas
bajo las que José Rodríguez publica documentos sonoros, sin duda Aloysius Acker
es la que más satisfacciones le ha reportado. Entre EPs, mini-LPs y placas de
largo aliento; esta identidad suya lleva ya ocho títulos a cuestas, algunos más
redondos que otros, algunos más conmovedores que otros. El último de éstos, un
mini-álbum eyectado en primera instancia a través de SuperSpace Records, posee un
nombre lo bastante hermoso como para inscribirle en la maravillosa tradición
del primigenio post rock británico.
Algo de eso tiene, pero Last Seconds Of A Cloud no sólo se alimenta de este detritus. Desarrolla AA aquí prolongaciones
hacia el bliss pop y, en menor medida, el shoegazing. El magma que de esa
conjunción brota es procesado por el autor manejando copiosamente motivos
lánguidos/laxos. De este modo, la impresión general es la de estar ante el
registro más apacible editado a la fecha por la factoría Acker.
En los cuatro tracks de Last Seconds...,
pues, se revuelven y maridan el baggy y su pariente/descendiente más cercano
-el bliss. En “Moonlight Monologue” y en “The Sky Is Still Sleeping”, la
natural aleación se transforma en inmaculado ambient etéreo de estructuras
líquidas. En “A Bird Freezing To Death” y en “Last Seconds Of A Cloud”, se acrisola
además la vertiente inglesa del post rock de los 90s -léase Insides, la
evolución de Main posterior al Motion Pool (1994). Previsiblemente,
estos dos últimos números son los que asimilan grabaciones de campo proporcionadas
por Anamorph Experimental Music, artista vienesa que ya antes había colaborado
con otro unipersonal perucho -el arequipeño La Vie.
Cualquiera de los temas recogidos en LSOAC
atestigua la mirada serena, la actitud contemplativa, el impulso minimal que
presidiese el espíritu del artista durante la creación y grabación de los mismos
-que éstos formasen parte de un único volumen, como afirma Rodríguez en la
sumilla de BandCamp, es meramente incidental. O tal vez mandato del Destino, en
su infinita sabiduría.
Profundamente comprometida con el shoegazing
y el post IDM, es desconcertante encontrar en la plantilla de una independiente
identificada con las “vanguardias sónicas” a un proyecto como Domingo. José
Miranda Espinoza es quien se parapeta tras ese nombre -que es también suyo-, y
lo hace dando pie en bola a un extended de indie pop erigido con pocos recursos
y mucha fibra emocional. Desconcertante, pero también emocionante, porque habla
de una saludable ausencia de prejuicios en quienes dirigen la escudería -y
quizá augure una apertura de Chip Musik hacia este rango de sonidos.
Miranda Espinoza es una persona ya algo mayor,
que compone desde el ‘92 y ambienta desde el ‘01. Esto último está en directa
relación con su perfil laboral: “comunicador audiovisual, diseñador sonoro y
acústico de profesión”, reza la escueta biografía de su cuenta SoundCloud. Es
también padre de dos hijas, que participan respectivamente en voz (Loreto) y
viola (Danitza) en algunas canciones del extended de estreno, y a quienes éste va
dedicado. Una sola mirada a la portada basta para darse cuenta del denominador
común afectivo que enmarca estas cinco composiciones. “Vuelve A Ser Lunes”, “Después
De Que Alguien Ya Cruzó”, “One More Time”, “Con Globos De Color” y la pieza epónima:
cinco lienzos de líricas reflexivas y melancólicas, como espejos donde auscultar
y sobre todo desterrar desengaños, sobrecogimientos, íntimas cobardías. Un puñado
de cantatas que ha necesitado siete años para cobrar definitiva forma,
entre Valpo y Lima.
A través de algunas de sus variantes, el
indie rock que restalló en los 90s y llegó indemne a principios de los 00s es
el factor sónico constante en Tarde Para Regresar EP. Hay algo de lo fi
elemental (“One More Time”), algo del Pavement más huevero y naif (“Tarde Para
Regresar”), algo del pop agridulce de los escoceses Camera Obscura (“Vuelve A
Ser Lunes”), e incluso declaraciones de amor a la superlativa tradición indie
surgida en España durante la última década del siglo XX (“Con Globos De Color”).
Sólo por un momento, esa atmósfera relajada y
slacker cede ante la irrupción de una tonalidad divergente. Ya el scratch con
que empieza y termina “Después De Que Alguien Ya Cruzó” indica un retroceso
mayor, hacia esos 80s en que The Cure abandonó el dark y finiquitó su traspaso
al pop dulce de The Head On The Door. “Después De Que Alguien...”, de
hecho, se parece ligeramente a “The Exploding Boy”, enérgico B-side de la época
THOTD -para ello complotan el acabado rústico del track y su uso extensivo
de una drum machine.
Se nota que la producción del EP ha sido cuidadosa
y esmerada, detalle que no entra en conflicto por fuerza con el aire desprolijo
del registro. Al contrario, lo sostiene y reafirma. Así es la música de
Domingo, que ha anunciado su primer álbum e incluso ha lanzado ya single de
adelanto (“Ha Salido El Sol”).