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jueves, 16 de febrero de 2023

Varsovia: Diseñar Y Destruir // Hunters Of The Alps: Today Mañana EP // Ayahuaira: Qarqaria // Gacelasheladas: Lo Difícil De No Pensar EP // Aloysius Acker: Last Seconds Of A Cloud // Domingo: Tarde Para Regresar EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

Que la crisis de forma y contenido que en nuestros países soporta el (caduco) modelo neoliberal, ha radicalizado las opiniones en torno suyo a favor y en contra, es una descripción que difícilmente puede ponerse en entredicho. Con mayor razón en el Perú, donde el encono ha crecido a pasos agigantados desde principios de la década pasada, permeando todos los aspectos de la vida cotidiana. Qué mejor prueba de ello que la largada en falso del álbum póstumo de Varsovia, a fines del ‘20.

En efecto, por esas fechas se hizo pública una versión de Diseñar Y Destruir que no contaba con el visto bueno de Fernando Pinzás y Dante Gonzáles, los dos tercios del grupo que mantenían poder de decisión en todo lo relacionado a éste. Había factores de carácter artístico que ya no avalaban, por supuesto, pero la razón de fondo se relacionaba al hecho de que las tomas entonces difundidas habían sido grabadas con el concurso de Carla Vallenas, segunda frontwoman de Varsovia y fuente constante de fricciones debido a irreconciliables posturas políticas. A Gonzáles y a Pinzás, que no son excluyentemente de izquierda, les molestaba sobremanera legar el testamento de la banda con las vocales de alguien abiertamente fachoderechista -que, verbigracia, se negaba a seguir cantando “Cardenal En El Infierno” en las tocadas.

Mediando el retorno de la gritante original Sheri Corleone (quien vivió una estadía en Países Bajos), casi dos años después de aparecida la versión apócrifa culmina Varsovia el “rework” de las canciones reunidas en DYD, escritas entre el ‘15 y el ‘17 -esto es, a renglón seguido del estreno Recursos Inhumanos (‘14). Ello ha comportado la resurrección temporal del trío para compromisos promocionales del disco, finalmente colgado en octubre del ‘22 en el BandCamp de Buh Records -que también se ha encargado de la edición vinílica. Descontando el affaire de la voz, las modificaciones practicadas son si bien pequeñas, importantes.

El track list esgrime ahora un orden muy distinto. Al opus, además, se le han adjudicado ornamentos de sesgo EBM, industrial y hasta proto-trance; lo que redunda en una galvanización más intensa, en una musculatura más recia, en un imaginario más oscuro. Considerando que lo de Varsovia fue siempre synth punk, estas adiciones nimban a Diseñar Y Destruir de una aureola de tirantez levemente angustiosa, catapultando su retórica a niveles hiperbólicos. Ni siquiera en “Obedecer Sin Cuestionar”, en “Diseñar Y Destruir” (guitarra de Óscar Reátegui, de Dios Hastío) o en “Hablemos Claramente” (que samplea un discurso de Juan Velasco Alvarado); donde el synth punk que guiñaba a Suicide en Recursos... luce más nítido, éste permanece inmaculado. La filiación electronic body music va en ascenso desde el minuto cero, con las violentas secuencias martilleantes de Gonzáles y los tumultuosos sintes incendiarios de Pinzás, terminando por llevar al terceto a las puertas mismas del género en la despedida con “Torres De Tensión” (que tiene idénticamente aristas a lo Ibiza). Impávidamente machacón y dantesco, el sonido industrial hinca el diente en la apocalíptica “Cuerpos Anestesiados”, en la sepulcral “Palabra Del Demonio”, en la densa y sórdida “Gallinazos”. Corleone ofrece una performance tortuosa, siniestra y enajenada en estas piezas, correspondiendo así al esfuerzo de sus cofrades.

Mención aparte merece “Entre Velas Encendidas”. Cierto, puede reseñarse influenciada por los primeros actos EBM. La lastimera/quejumbrosa entonación que Sheri reserva para sus líneas le ubican, empero, más próxima a una tentativa electro-dark -probablemente, lo más cerca que ha estado nunca Varsovia del dark-gothic.

Esta sordidez, esta opacidad, no son gratuitas. Cuando escudriñas sus letras y los tópicos que aborda, notas que Diseñar Y Destruir no sólo es el postrer suspiro de Varsovia. Es asimismo el exorcismo de toneladas de mala vibra sedimentadas en las generaciones a las que les tocó vivir, bien en cancha bien en tribuna, la década dura del terrorismo en el país -los 80s. Una década donde la nación fue constantemente disputada, y más a menudo desgajada, por las fuerzas armadas y las organizaciones subversivas; en el marco de la guerra interna de baja intensidad que (mal)acostumbró a la población civil -tanto urbana como rural- a habitar el submundo de apagones, atentados y crónica zozobra existencial. Ése que millennials y centennials ignoran con el mayor de los desparpajos. Lástima que sea éste el adiós definitivo para Varsovia. La suerte, sin embargo, ya estaba echada en el ’17, cuando la terna se disolvió de facto. Con Vallenas fuera de órbita, Dante y Fernando se dedicaron a sus respectivos proyectos de vida, sin perder la complicidad indispensable para por fin hacer realidad este acetato.

Un EP como el jugado por Hunters Of The Alps para saltar el año anterior a la arena de las escenas independientes de sabor patrio, es menos infrecuente de lo que pudiera pensarse. Más extrañas son las coyunturas que han rodeado a este ni-tan-nuevo alias y determinado el sino que ha discurrido en su ruteo.

El rostro tras HOTA es el de Mario Giancarlo Garibaldi, compatriota emigrado a Miami. He leído que el a.k.a. nace como tándem en el ‘12, acompañado por entonces Garibaldi del también peruano Jorge Velásquez. Se dice que la dupla tuvo cierto rodaje en tierras septentrionales, lo que se me hace difícil de creer, toda vez que el extended ha sido presentado con bombos y platillos como el debut absoluto del hoy unipersonal. La presentación en sociedad, pues, ha sido diferida durante dos lustros.

Today Mañana EP, deslicé al iniciar este comentario, es menos insular de lo que sus circunstancias podrían denotar. Su pathos es idéntico al del genial Parallel Time EP de Blind Dancers, por citar un caso siempre a la mano. Siendo el músico un migrante, es bastante predecible que su ópera prima rezume esa nostalgia propia de quien ha vivido largos años lejos de la querencia/del terruño que le vio nacer. Lo que no siempre sucede es que esa añorante tribulación sea versificada en viñetas de pop exquisito, elegante y dinámico.

De “Miedo” a “Moment For Forgiveness”, me muevo en senderos dominados por un pop nostálgico de estupenda manufactura. Esa morriña se revela utilizando varias caras. La de los medios tiempos como “Moment...” (que conecta con la esencia de Peter Green y sus Fleetwood Mac) o “Tormenta” (de imponentes cortinas de teclados), es una de ellas. Otra es la de melodías de una vitalidad a la usanza del pop que sobrevivió sin inclinarse hacia el rock alternativo/grunge ni hacia el shoegazing, hasta que al promediar los 90s Garbage le dio el tiro de gracia, como “Cul De Sac” (guiñazos a The Ocean Blue) o “Tatuada” (buen trabajo de secuencias). Y otra más podría ser esa mezcla de estilizada electro-bossa nova y lounge pop que Garibaldi se saca de la manga para apechugar la relectura de “Costumbres”, original de Juan Gabriel y popularizada tiempo ha por Rocío Dúrcal.

A pesar de la diversidad de semblantes acreditada por Hunters Of The Alps, nada en la puesta de corto tiene pierde. Esto se debe a que el gran elemento unificador del extended es el excelente color de voz de Mario -la manera en que las vocales logran adaptarse a cada track de Today Mañana EP me inspira la imagen de un PedroPiedra de raíces peruanas.

Al voltear la quincena de abril del ‘22, se dispuso online un nuevo esfuerzo discográfico de Ayahuaira, agrupación que practica un black metal de letras abrumadas de referencias a la cultura y mitología quechuas provenientes de Huancayo. Esta particularidad le imprime un fortísimo aire tribal al incontenible aluvión de graves imperceptibles y de eléctricas que se precipitan raudas hacia riffs iterativos y trémolos apuñalados de reverb y distorsión, así como al titánico dique de los consabidos blast beats a los que es tan afecto el subgénero de nórdica procedencia. En consonancia con éste, los integrantes del juninense comando metalero se esconden tras crípticos seudónimos: Ochoja (primera guitarra), Sajgra (voz), Chopjas Atipac (bajo) y Mapache (batería y segunda guitarra).

Qarqaria, no obstante, viene a ser el cuarto acápite en la carrera de una sociedad que se cristalizó en 1999. Dicha carrera empezó un año después con el demotape El Poder De La Divinidad, siguió en el ‘02 con la maqueta El Dominio De La Verdadera Fuerza Suprema, y esperó por Wanka Bélica hasta fines del ‘11. Se trata, en consecuencia, de un itinerario de prolongados silencios -que en 23 años de desplazamiento sólo ha conocido cuatro paraderos.

Como si la falta de periodicidad le pasase factura al cuarteto, la primera mitad de su nuevo larga duración está reservada para el respectivo “reacondicionamiento físico”. La breve intro acústica de ribetes folk de “Lucanamarca Masacre” se desvanece rápidamente ante la irrupción de la electricidad conducida vía una pesada guitarra que no llega a estar demasiado tupida. Los efectos tipo metralleta al anochecer del canal se hacen eco de la barbarie de los hechos ocurridos en la localidad ayacuchana del mismo nombre (abril del ‘83). Con “Guerrero De Barro”, el black metal pisa más firme, aunque todavía sin la contundencia exigida. La que sí adquiere mayor protagonismo es la voz de Sajgra -una voz que ha superado cientos de veces los límites de enrojecimiento y sangrado, que luce hoy raspante y chillona, de igual modo que apenas descifrable. En “Qanpeq Taki Onkoy”, los cuatro disminuyen un poco las revoluciones, mientras que en “Mensajero De La Muerte” la tropa alternativamente se emputa y se atempera, dosificando tempos y encajando cuñas.

A partir de “Aynis”, el combo wanka asume control completo de sus capacidades, a la par que incrementa las alusiones al imaginario quechua-pagano-diabólico en las líricas que dispara. No hay que olvidar la feroz militancia anticristiana del black metal, que subsecuentemente abunda en reivindicaciones paganas, cuando no satánicas. Los blast beats a velocidades lindantes con el hardcore son la norma, pero Ayahuaira gusta de contrastarles empleando nodos de inflexión para la indesmayable marcha, como sucede en “Ayachaquinan”. El cenit de Qarqaria llega con la canción homónima, dedicada a la maligna criatura mitológica que adorna la carátula del CD -y que no es otra que aquella conocida en el sur altoandino como jarjacha, el demonio del incesto.

Ayahuaira homenajea a uno de sus principales referentes folklóricos, Los Kjarkas, ensayando una metálica variante de “Vientos Del Sur”. Razonablemente respetuosa del original, la versión concluye la travesía propuesta en Qarqaria. Ojalá no tengamos que esperar una década o más para su sucesor. La edición física en compacto corre por cuenta de la independiente capitalina Austral Holocaust Productions.

Alejandro Sarmiento estudia composición musical en la PUCP. Estuvo antes en Marbette y actualmente integra Superyó, alineaciones ninguna de las cuales había escuchado hasta ahora ni tan siquiera de oídas. Tampoco el nom de guerre de Gacelasheladas -pero la aparición de su primer EP, Lo Difícil De No Pensar, le puso de todas maneras bajo el radar.

Como sucede en el caso de los Chinese Park, Gacelasheladas lleva algún tiempo grabando y subiendo a Internet algunas de sus composiciones. La primera de ellas se cuelga el 30/03/20, cuando la pandemia del COVID-19 ya estaba declarada, y se había decretado en el Perú la emergencia sanitaria (“Ay Sí, Ay Sí, Todo Me Pasa A Mí (Lo Fi Remaster)”). De los cuatro cortes adelantados, sólo vale la pena mencionar éste y “No Sé Nadar, Pienso Violeta”. Los restantes, publicados durante el ‘21, suponen coqueteos con el trap francamente inmamables. En todo caso, ninguno ha sido repescado en el esférico.

Lo Difícil De No Pensar EP, ergo, se compone de cuatro rounds no editados previamente. Cuatro pistas en las cuales Gacelasheladas retoma el camino de los dos primeros singles virtuales. Pop con mayúsculas, que rebota entre varias salientes y camaleónicamente adopta el aspecto de éstas. “Gripe”, para empezar, es una demostración de lúdico lo fi, hiriente y doloroso. El contraste con “Surfeando Sin Olas En Italia” o “Copo” es más que palpable, si bien ambos números han sido cortados según diferentes moldes: pese a su vitalidad, el primero no es demasiado colorido, sobre todo tras la metamorfosis hacia el college rock usamericano noventero (concretada antes del minuto y medio). El segundo, en cambio, es la balada de cierre; y por lejos el asalto más dilatado del plástico.

El indie pop de “Otoño, Amsterdam Está Sola + Boxtel”, en tanto, se esfuma conforme la canción se “aflamenca”; antes de transformarse en lo que podría describirse como bedroom pop aderezado por Fernando García Escaró (a) Garzo (Metamorphosis, Radiación Selenita, Plug-Plug). A pesar de las disparidades, el artefacto completo funciona como banda sonora para las clásicas fogatas de campamento a altas horas de la noche. Aceptable, y suficiente por ahora. Edita Anti Rudo Records.

Bien distintas unas de otras, de las tres facetas bajo las que José Rodríguez publica documentos sonoros, sin duda Aloysius Acker es la que más satisfacciones le ha reportado. Entre EPs, mini-LPs y placas de largo aliento; esta identidad suya lleva ya ocho títulos a cuestas, algunos más redondos que otros, algunos más conmovedores que otros. El último de éstos, un mini-álbum eyectado en primera instancia a través de SuperSpace Records, posee un nombre lo bastante hermoso como para inscribirle en la maravillosa tradición del primigenio post rock británico.

Algo de eso tiene, pero Last Seconds Of A Cloud no sólo se alimenta de este detritus. Desarrolla AA aquí prolongaciones hacia el bliss pop y, en menor medida, el shoegazing. El magma que de esa conjunción brota es procesado por el autor manejando copiosamente motivos lánguidos/laxos. De este modo, la impresión general es la de estar ante el registro más apacible editado a la fecha por la factoría Acker.

En los cuatro tracks de Last Seconds..., pues, se revuelven y maridan el baggy y su pariente/descendiente más cercano -el bliss. En “Moonlight Monologue” y en “The Sky Is Still Sleeping”, la natural aleación se transforma en inmaculado ambient etéreo de estructuras líquidas. En “A Bird Freezing To Death” y en “Last Seconds Of A Cloud”, se acrisola además la vertiente inglesa del post rock de los 90s -léase Insides, la evolución de Main posterior al Motion Pool (1994). Previsiblemente, estos dos últimos números son los que asimilan grabaciones de campo proporcionadas por Anamorph Experimental Music, artista vienesa que ya antes había colaborado con otro unipersonal perucho -el arequipeño La Vie.

Cualquiera de los temas recogidos en LSOAC atestigua la mirada serena, la actitud contemplativa, el impulso minimal que presidiese el espíritu del artista durante la creación y grabación de los mismos -que éstos formasen parte de un único volumen, como afirma Rodríguez en la sumilla de BandCamp, es meramente incidental. O tal vez mandato del Destino, en su infinita sabiduría.

Profundamente comprometida con el shoegazing y el post IDM, es desconcertante encontrar en la plantilla de una independiente identificada con las “vanguardias sónicas” a un proyecto como Domingo. José Miranda Espinoza es quien se parapeta tras ese nombre -que es también suyo-, y lo hace dando pie en bola a un extended de indie pop erigido con pocos recursos y mucha fibra emocional. Desconcertante, pero también emocionante, porque habla de una saludable ausencia de prejuicios en quienes dirigen la escudería -y quizá augure una apertura de Chip Musik hacia este rango de sonidos.

Miranda Espinoza es una persona ya algo mayor, que compone desde el ‘92 y ambienta desde el ‘01. Esto último está en directa relación con su perfil laboral: “comunicador audiovisual, diseñador sonoro y acústico de profesión”, reza la escueta biografía de su cuenta SoundCloud. Es también padre de dos hijas, que participan respectivamente en voz (Loreto) y viola (Danitza) en algunas canciones del extended de estreno, y a quienes éste va dedicado. Una sola mirada a la portada basta para darse cuenta del denominador común afectivo que enmarca estas cinco composiciones. “Vuelve A Ser Lunes”, “Después De Que Alguien Ya Cruzó”, “One More Time”, “Con Globos De Color” y la pieza epónima: cinco lienzos de líricas reflexivas y melancólicas, como espejos donde auscultar y sobre todo desterrar desengaños, sobrecogimientos, íntimas cobardías. Un puñado de cantatas que ha necesitado siete años para cobrar definitiva forma, entre Valpo y Lima.

A través de algunas de sus variantes, el indie rock que restalló en los 90s y llegó indemne a principios de los 00s es el factor sónico constante en Tarde Para Regresar EP. Hay algo de lo fi elemental (“One More Time”), algo del Pavement más huevero y naif (“Tarde Para Regresar”), algo del pop agridulce de los escoceses Camera Obscura (“Vuelve A Ser Lunes”), e incluso declaraciones de amor a la superlativa tradición indie surgida en España durante la última década del siglo XX (“Con Globos De Color”).

Sólo por un momento, esa atmósfera relajada y slacker cede ante la irrupción de una tonalidad divergente. Ya el scratch con que empieza y termina “Después De Que Alguien Ya Cruzó” indica un retroceso mayor, hacia esos 80s en que The Cure abandonó el dark y finiquitó su traspaso al pop dulce de The Head On The Door. “Después De Que Alguien...”, de hecho, se parece ligeramente a “The Exploding Boy”, enérgico B-side de la época THOTD -para ello complotan el acabado rústico del track y su uso extensivo de una drum machine.

Se nota que la producción del EP ha sido cuidadosa y esmerada, detalle que no entra en conflicto por fuerza con el aire desprolijo del registro. Al contrario, lo sostiene y reafirma. Así es la música de Domingo, que ha anunciado su primer álbum e incluso ha lanzado ya single de adelanto (“Ha Salido El Sol”).

Hákim de Merv

jueves, 9 de julio de 2020

Adelaida: Animita // Aramea: Solsticio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio del 2020.)

#AguanteChile.

Cuarta estación en su trayectoria discográfica, Animita trae de regreso a Adelaida, el terceto valpeño curtido en forjas inéditas manipulando la Distorsión de niveles dBA potencialmente perniciosos. Compruebo que el ducho alias se sustenta en la misma nómina desde los tiempos en que Natalia Adelina Díaz abandonase el barco: Claudio Manríquez a.k.a. Jurel Sónico (guitarras, voz, synth, pandero), Naty Lane (bajo, voz, coros, teclados) y Gabriel Holzapfel (batería y voz). Curiosamente, el esférico se ha concebido como el “pago” de una “manda” solicitada a/concedida por Émile Dubois -el equivalente a “las ofrendas por los favores recibidos” de los santos, oficiales o no, en el Perú. De ahí la portada, una representación del mármol dispuesto sobre la tumba de Dubois, e incluso el nombre que recibe este Animita.

La placa tiene mucho de lo que Adelaida ha mostrado en entregas anteriores, esta vez en proporciones adelantadas únicamente por “Fantasma”, el estupendo single del 2018. No es gratuito que “Fantasma” haya sido repescado aquí, lo mismo que los 45s de promoción “Ya Siento” y “Perdida”. Otra novedad a subrayar es lo albo que suena el repertorio pese a la recurrente presencia de efectos distorsivos, como si mediante la ascesis zen el trío hubiera atravesado el ruido hacia un estado de quietud y contemplación.

Y es que el conjunto luce maravillosamente controlado, llegado a su propia madurez expresiva tras ocho años de andadura. Sin pisar el acelerador, el post grunge de “Perdida” y de “Efervescencia” dosifica los decibelios, contendiendo con el noise en lugar de cederle las riendas. No es el momento. Éste llega con las fulminantes baquetas de “Kraken”, pero sobre todo con “Mundo”, en donde la guitarra de Manríquez llamea y el bajo de Lane construye escherianos loops acrobáticos. Las variables se acomodan a partir de la majestuosamente psicodélica “Valhalla”, y así se mantendrán hasta “La Manda”: la contundencia de rollos como el grunge y el stoner ven disminuir la adrenalina rítmica y redirigirse sus energías hacia un mayor tremendismo sonoro. Ya sea el shoegazing (la insular “Coral”), el guitarrorismo a lo Sonic Youth (“Fantasma”) o el post hardcore (“No Hay Daño”, junto a Chini.png -o María José Ayarza en plan solista-), las características centrales que han hecho de Adelaida una gran banda figuran ecuánimes en ese tramo.

El acceso hepático de “Ciego Y Sordo” es un cachetazo que te coge con los pantalones abajo. A pesar de que luego Adelaida trata de alivianar esta brusquedad con “Ya Siento”, el sacudón goza de una segunda vida gracias a “Yo Tenía” y su punk a lo Bikini Kill. Por fortuna, para el epílogo de Animita los portuarios escogen una composición drásticamente distinta del resto. La acústica “Estrellas De Mar” es una tonada inusual desde su tranquilidad, amansada por aires de balneario en atardeceres soleados, embebida de sosiego -como alguien ha escrito previamente, la cortina “para los créditos finales de una película”.

Queda claro que Adelaida ha encarado su nuevo trabajo regenerando la tímbrica de jornadas precedentes, inspirándose y a la vez conteniéndose, siendo consciente de/planificando los detalles más insignificantes. En el camino, al menos por ahora, ha dicho adiós el shoegazing, señal de que el filtraje estético se inclina hacia el lado más bullanguero pero también menos elaborado; como abandonando el Paraíso y regresando a la Madre Culebra (sin olvidar lo aprehendido en la técnica). En ese nimbo han decidido los chilenos echar raíces y crecer. Lo mostrado hasta la fecha me invita a seguirles el rastro sin reticencias.



Del mismo árbol que Adelaida, un brote jovencísimo ha dado su primer fruto en mayo. Luego de un lustro de vida y tres temas publicados durante ese período, los santiaguinos de Aramea colgaron en varias plataformas online a su primogénito. Con chapa de connotaciones bíblicas, el grupo está formado por el guitarrista ‘Sonic’ Verdejo, el batero Matías Montecino y el bassman Flavio Zárate. Este último pone además la voz, mientras los demás apuntalan los coros.

Solsticio retrata a un trinomio abroquelado cuando sus integrantes todavía estaban en el colegio. A día de hoy ninguno llega aún a los 21, y continúan exhibiéndose nóveles pese a sus cinco almanaques de trajín. Acorde con esa circunstancia, los ‘triates’ definitivamente no son originales, pero sí auténticos. El combo se muestra en este lance tributario de adalides noventeros que, si bien trabajaban con la Distorsión al tope, la moldeaban de una manera convencional. Son claras las influencias del hype alternativo, del sonido Seattle, del rapcore, e incluso del indie nacido al amparo de esa década. Esto último es más palpable en la cualidad inherente conferida al álbum durante la producción, que esgrime un registro borroso, casi lo fi.

Los 31 minutos y monedas de Solsticio son desbordados por esas energía y vitalidad que se experimentan con vehemencia irreprimible sólo en la primera juventud. Las dos pueden exteriorizarse de forma veloz e impetuosa, como en “Paranoia”, “Avaricia” o “Letargo”; pero las más de las veces cuajan en intensos números de electricidad centelleante y revoluciones a media máquina -“Sofrosina”, “Punzó”, “Disyuntiva”, el efímero “Insomnia”... Asimismo, ambas se enroscan en torno a líricas que brincan del bajón desarmante a la furia explosiva, viceversa y de regreso. Como ejemplo de ello, “Lapidícolo”, que va de “Nervios De Punta/Déjenme Crecer/El Opio Que Siembro En Mis Manos/No Es Lo Mismo Que Yo” a “Y Al Silencio Obedecer/Y Al Silencio Obedecer/Agonía Punzante En Mis Recuerdos/Deja En Mañana Al Anochecer”.

El angst post adolescente no se lleva mal con la fuerte compenetración a nivel instrumental que los capitalinos acreditan. Merece destacarse este rasgo en una agrupación bisoña, que necesita crecer más allá de los efluvios genéricos a Deftones, a Weezer, a Alice In Chains o a Collective Soul; destilados todavía por su música. Idénticamente, merece destacarse la agenda recargada de Aramea en tiempos de emergencia sanitaria: sesiones en streaming, tutoriales, conversatorios vía Zoom...

Solsticio contó con la colaboración de Jurel Sónico (“Punzó”) y Naty Lane (“Lapidíloco”, “Avaricia”, “Letargo”). Para su producción y mezcla en Lagartija Estudio, además de los antedichos participó Pablo Gálvez (Cangrejo).


Hákim de Merv

jueves, 6 de febrero de 2020

Música Sin Tiempo // Doctor Skabio: Naçao Verde EP // Memorias Invernales: Memorias Invernales // Adrián Vacío: Gracias No Estás Solo Naufragio Inconcluso // Panoramas: Una Visión A Los Horizontes De La Nueva Música Limeña

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de enero del 2020.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2019 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

(Repaso dedicado a Dorog Records.)

Sin contabilizar iniciativas aisladas, que por lo demás son cada vez más espaciadas, organizar en la escena independiente peruana una compilación se ha vuelto cosa de esencialmente tres plataformas: el colectivo UnderPop, la label Chip Musik y la escudería Dorog Records. Esta última es también la que más desenrolla su abanico estilístico, pues mientras el frente de Josué Vásquez y compañía apunta en exclusiva al pop de potencial accesible y esmerada calidad técnica, la especialidad de Chip son las variantes del shoegazing y del IDM.

Y es justamente con una compilación, que Dorog Records arrancó su 2019. El instintivo post prog folkie que Cola De Zorro, estupendo trío de la movida valpeña, ha convertido en su marca; rompe los fuegos de Música Sin Tiempo. Así, Dorog nos recuerda que, si bien sus esfuerzos están dirigidos a difundir nuevas bandas nacionales que van emergiendo; desde hace un tiempo viene asimismo aperturándose al resto de Hispanoamérica.

Computable en 70%, una primera parte de la antología se destina a sonidos pop. A algunas personas esto les puede predisponer en contra, pero es el caso que a DR no le interesa que sus apuestas queden restringidas a ghettos de corto alcance. Mientras mayor llegada se tenga, mejor, y el género que más se acomoda a ese objetivo es el pop. Distendido (“Hello Again” de Fabeiro), lo fi (“Ego Te Requiret” de Adrián Vacío), equilibrado entre el trip hop y un registro a lo crooner (“Posibilidades Universales” de Mitad Humana, muy bien facturado), letárgico y algo teatral (“Dicen” de Miquela), vitalista (“Rumbo B” de Pléyade), noventoso (“Oscura Tranquilidad” de Holik), psicotrópico (“Bodhicitta”, nuevo track de La Vie), o tributario de la estética bedroom (“Tan Morado” de ): todos los envoltorios son bienvenidos.

La segunda parte de MST se reserva a grupos y proyectos de rodaje considerable, cada uno en lo suyo -viraje que ya habían anunciado Aloysius Acker y Gelatina Magma (con la inclusión de sus respectivos “Entrepétalos” y “Caminante Nocturno”). Contándoles, llegan a siete los paraderos de este tramo divergente, pero son sólo cuatro los que se suceden consecutivamente: el vaporwave de “Situazione Spiacevole” (27 U H F, samplea el segmento ‘Intriga Familiar’ del film nacional Cuentos Inmorales, 1978), el ingrávido ambient-gaze de “Substancia” (por entonces single de adelanto de Sukha, de Puna, tercer mejor álbum peruano del último calendario), el arisco e insólito IDM de “Space Bass” (DJ Locopro, individualista más identificado con el post house), y “Después De La Tribulación” de Polvos Azules.

Aunque la pista de PA no finaliza el muestrario, he dejado para este párrafo su comentario por tratarse del alias personal de Giancarlo Samamé, factótum de la discográfica. Cuando se disuelve El Paso, el increíble dúo que formase junto a Eduardo Otaiza (Tech Vibes), Samamé empezó a publicar bajo este nombre. Sus dos primeras referencias me deslumbraron (Instrumentales y Acuática), lo que no sucedió con la del 2017. Movimientos fue un cambio drástico respecto del ambient pop de anteriores jornadas. De allí es que el autor ha repescado “Después...”, que ahora sí me engancha -y además me intimida.


A tono con el endemoniadamente caluroso mes en que sale (febrero), Doctor Skabio lanzó ya hace casi un año el esférico Naçao Verde, en la práctica un extended que no consigue acreditar ni diez minutos de duración. No recuerdo otro acto similar dentro de la nómina Dorog, a excepción de Dios La Siembra, que ya no está disponible en su cuenta de BandCamp o de Archive. El unipersonal de Rodrigo Aurelio -identidad civil de DS-, cuyas fuerzas se consagran a la música popular caribeña lo mismo que al rock mestizo (todo junto y revuelto), se convierte de este modo en el lunar de la actual planilla del sello.

Naçao Verde EP se compone de siete pequeñas acometidas donde convergen el ska, el reggae, la fusión latina y el raggamuflin -que el músico, me parece, confunde con el inservible reggaetón. Algunas de estas razzias, como “Oea!”, “Carimbou” y “Post-Barrio”; arrancan saltando de un lado a otro, sin saber muy bien dónde asentarse. Después de unos instantes, se decantan (“Oea!”, en insospechado hardcore/punk/ska) o se sosiegan (“Carimbou”).

Otras maniobras, por el contrario, la tienen clara desde el principio. Sin abstenerse de incorporar fugazmente a los demás sabores, Doctor Skabio homenajea al rock mestizo (“Salaverry’ ”), evoca a Papá Marley (“Lucumi”), o se suelta las rastas con el dancehall (“Melocotón”, “La Cabeza De Los Pies”). El diletantismo que disemina el EP es atractivo, aunque demasiado efímero para mi gusto -me trae a la mente esos view masters de mi infancia, cuya entusiasta novedad se apagaba más bien pronto, debido al limitado número de “discos de diapositivas”.

DS tiene un extended anterior (Lucumi, 2018), que ha sido íntegramente repescado en Naçao Verde EP. Ignoro si por decisión de Aurelio o de Giancarlo...


...lo que cuenta es que trae a colación otra saludable actividad en la que se adiestra Dorog Records: el repackaging.


Memorias Invernales es la segunda vida de Invernal, cuarteto limeño que editase los EPs Invernal (2016) y Universo (2018) antes de clausurar esa primera etapa para pasar a la siguiente. Con nuevo chaplín pero la misma formación -Marco Malpartida, Marcos Atencio, Milagros Quiñones y Gabriel Paredes-, la banda ha consentido en que la disquera capitalina le edite un primer largo autotitulado recopilando todo el contenido de los extendeds e incluyendo material fresco.

No alcanzo a comprender del todo este segundo aliento, empero. Si es que, en realidad, es tal. Invernal practicaba un pop/rock de corte noventero y extracción college. En canciones como “Infinito”, “Solar” y “Antihéroes”; se percibe una filia bastante fuerte por el shoegazing. Tan es así que, si bien en ningún caso el cuarteto se acerca a orillas baggy, hay momentos interesantes, como “Detrás”, “Por La Senda” o las dos partes de “Virialand”; cuyas vibraciones coquetean con el dream sin dejar de ser pop.

De ahí mi extrañeza al escuchar los surcos que el grupo ha firmado ya como Memorias Invernales, que son los cinco primeros. Temas como “La Espera”, “Si Tú No Estás” u “Orquídea” retratan un pop desencantado y de trote cansino, cuyas lecturas de dopamina han experimentado un consistente bajón con respecto al punche entrador exhibido en los días de Invernal. Hay ratos en que ese punche resucita, como cuando “Desafío” experimenta una sobrecarga eléctrica o “Memorias Invernales” súbitamente despierta y sacude la modorra. No es suficiente, así y todo, para que los números de MI queden en azul por sí mismos.

Si lo consiguen, es más que nada debido al repertorio como Invernal. Se agradece el rescate, en este caso impulsado por Samamé.


A fines de noviembre pasado, DR experimentó un irreprimible rush de ediciones físicas, correspondientes tanto a obras antiguas (las de Vrianch, por ejemplo, que merecen un texto aparte) como a nuevas. Entre las primeras, llamó mi atención el repackage dedicado a Adrián Vacío, músico al que acababa de escuchar merced a la compilación cuzqueña de lo fi Qué Bueno Que Ya Nada Es Igual. Consideraba a AV un músico debutante, y la recopilación de la discográfica limeña me demostró lo contrario.

Adrián Chacón empieza a publicar en febrero del 2018, lo que indica que tampoco tiene una carrera tan dilatada, mas sí prolífica. A la fecha, ha editado tres EPs y un larga duración. Todos ellos, además de tres cortes inéditos, han sido dispuestos en la recopilación Gracias No Estás Solo Naufragio Inconcluso (2019). Este repackage permite pasar revista, pues, a la obra completa del cuzqueño -si bien no cronológicamente: primero se sitúan las piezas del Gracias (diciembre del 2018), seguidas por las inéditas “Sombras”, “Mal” y una nueva versión de “Juntos”; luego vienen el No Estás Solo EP (octubre del 2019) y las cuatro estaciones del Naufragio Inconcluso EP (febrero del 2018). Los canales que conformaban el Trisagio EP (noviembre del 2018) han sido reciclados en el LP.

La conclusión es inequívoca. Adrián Vacío pertenece a la estirpe todoterreno de Rü, Peatón, Dormir En Luces, Los Niños Vudú y demás cultores del bedroom pop: compone, ejecuta todos los instrumentos, produce y edita. Su stock de recursos de estilo le ayuda a concebir/plasmar gradaciones con tiznes de darkwave (“Mutatio”), de shoegazing (“Ser”), del pop de baja fidelidad (“Sombras”, “Rock”, “Sssssshhhh”, “Miku”), del vaporwave (“Valhalla”, “Bakemonogatari”) e incluso de la space age batchelor pad music de los fantasistas de los 50s (efímera “Jazzy”).

Las texturas en las composiciones de Vacío pueden resplandecer o devenir en no fi, según precise el género al que Chacón elija acercarse, o también si desea darles un cariz alegrón (la nueva versión de “Juntos”) o enfermo de saudade (“Agosto”). Lo que nunca se ausenta de su output es ese saborcillo de cotidianeidad casera que emana del método propio de la “poética” bedroom (controladores MiDi, el micrófono de un celular, una PC equipada con software básico para hacer música), ese feeling indie, ese amor por el pop que puede tomar mil y una formas.

Chacón anunció la muerte de su alter ego en marzo del 2019, con motivo de un viaje a Argentina por estudios. Habida cuenta de que el No Estás Solo EP se grabó allá, se ve que Adrián no pudo con su genio. Para nuestra suerte.


Cierro estos bytes escribiendo sobre el segundo y último registro colectivo orquestado por el buen Giancarlo para el ejercicio 2019. De todas las compilaciones simples que Dorog Records ha lanzado en sus ¿quince?/¿dieciséis? años de existencia, Panoramas: Una Visión A Los Horizontes De La Nueva Música Limeña debe ser la más elongada, superando la barrera de los 78 minutos. Probablemente también sea la más variopinta, siempre excluyendo dípticos como Dos Más (2008), Música Para Gimnasios (2009) o Música Para La Ruta (2010).

Aparecen figuras añejas del catálogo de la discográfica, como Reo Nerva (“Subterráneo”), Cashiari (“Criatura Sin Control”) o DJ Locopro (su “En El Espacio”, en las coordenadas en que mejor se acomoda, samplea el “Ya Lo Pasado, Pasado” del dipsómano de José José). También acuden a la convocatoria ilustres invitados, como Zetangas (“Mar De Marte”), 27 U H F (versión instrumental de “R▲DIO F▲NT△SM▲”) o Afrosky MF (“Trasher Experimental”). Y, cómo no, se cuela una atractiva porción de debutantes: Les Replicants (“Huamanga Secret (Garden Ov Lights)”), Harry DJ (“Indian”), Última (Despedida) (“Len Strada”), Ino Moxo (“Retinal Circus”)...

Entre todos ellos, y muchos más, se condensa un haz de luz que atraviesa parte del espectro que ofrece el pop de todas las épocas. Está, por ejemplo, el synth pop de El Enano Siniestro (“La Venganza Del Destino”). También el indie rock de Rayo Cósmico (“Susset”), el post punk de Extraño Silencio (“La Distancia”), y el pop electrónico de Vrianch (“Niños Salvajes”).

Neopsicodelia, folk, lounge, cuasi-industrial, lo fi... Mucho por ponderar de este fenomenal artefacto. Más allá de si coincidimos o no en la apreciación de los menús que siempre han ofrecido las abundantes compilaciones preparadas, la encomiable chamba de Giancarlo Samamé merece ser elogiada, en el contexto de un país que casi siempre vive de espaldas a lo que sus verdaderos creadores artísticos tienen para ofrecer.


Hákim de Merv