jueves, 9 de julio de 2020

Adelaida: Animita // Aramea: Solsticio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio del 2020.)

#AguanteChile.

Cuarta estación en su trayectoria discográfica, Animita trae de regreso a Adelaida, el terceto valpeño curtido en forjas inéditas manipulando la Distorsión de niveles dBA potencialmente perniciosos. Compruebo que el ducho alias se sustenta en la misma nómina desde los tiempos en que Natalia Adelina Díaz abandonase el barco: Claudio Manríquez a.k.a. Jurel Sónico (guitarras, voz, synth, pandero), Naty Lane (bajo, voz, coros, teclados) y Gabriel Holzapfel (batería y voz). Curiosamente, el esférico se ha concebido como el “pago” de una “manda” solicitada a/concedida por Émile Dubois -el equivalente a “las ofrendas por los favores recibidos” de los santos, oficiales o no, en el Perú. De ahí la portada, una representación del mármol dispuesto sobre la tumba de Dubois, e incluso el nombre que recibe este Animita.

La placa tiene mucho de lo que Adelaida ha mostrado en entregas anteriores, esta vez en proporciones adelantadas únicamente por “Fantasma”, el estupendo single del 2018. No es gratuito que “Fantasma” haya sido repescado aquí, lo mismo que los 45s de promoción “Ya Siento” y “Perdida”. Otra novedad a subrayar es lo albo que suena el repertorio pese a la recurrente presencia de efectos distorsivos, como si mediante la ascesis zen el trío hubiera atravesado el ruido hacia un estado de quietud y contemplación.

Y es que el conjunto luce maravillosamente controlado, llegado a su propia madurez expresiva tras ocho años de andadura. Sin pisar el acelerador, el post grunge de “Perdida” y de “Efervescencia” dosifica los decibelios, contendiendo con el noise en lugar de cederle las riendas. No es el momento. Éste llega con las fulminantes baquetas de “Kraken”, pero sobre todo con “Mundo”, en donde la guitarra de Manríquez llamea y el bajo de Lane construye escherianos loops acrobáticos. Las variables se acomodan a partir de la majestuosamente psicodélica “Valhalla”, y así se mantendrán hasta “La Manda”: la contundencia de rollos como el grunge y el stoner ven disminuir la adrenalina rítmica y redirigirse sus energías hacia un mayor tremendismo sonoro. Ya sea el shoegazing (la insular “Coral”), el guitarrorismo a lo Sonic Youth (“Fantasma”) o el post hardcore (“No Hay Daño”, junto a Chini.png -o María José Ayarza en plan solista-), las características centrales que han hecho de Adelaida una gran banda figuran ecuánimes en ese tramo.

El acceso hepático de “Ciego Y Sordo” es un cachetazo que te coge con los pantalones abajo. A pesar de que luego Adelaida trata de alivianar esta brusquedad con “Ya Siento”, el sacudón goza de una segunda vida gracias a “Yo Tenía” y su punk a lo Bikini Kill. Por fortuna, para el epílogo de Animita los portuarios escogen una composición drásticamente distinta del resto. La acústica “Estrellas De Mar” es una tonada inusual desde su tranquilidad, amansada por aires de balneario en atardeceres soleados, embebida de sosiego -como alguien ha escrito previamente, la cortina “para los créditos finales de una película”.

Queda claro que Adelaida ha encarado su nuevo trabajo regenerando la tímbrica de jornadas precedentes, inspirándose y a la vez conteniéndose, siendo consciente de/planificando los detalles más insignificantes. En el camino, al menos por ahora, ha dicho adiós el shoegazing, señal de que el filtraje estético se inclina hacia el lado más bullanguero pero también menos elaborado; como abandonando el Paraíso y regresando a la Madre Culebra (sin olvidar lo aprehendido en la técnica). En ese nimbo han decidido los chilenos echar raíces y crecer. Lo mostrado hasta la fecha me invita a seguirles el rastro sin reticencias.



Del mismo árbol que Adelaida, un brote jovencísimo ha dado su primer fruto en mayo. Luego de un lustro de vida y tres temas publicados durante ese período, los santiaguinos de Aramea colgaron en varias plataformas online a su primogénito. Con chapa de connotaciones bíblicas, el grupo está formado por el guitarrista ‘Sonic’ Verdejo, el batero Matías Montecino y el bassman Flavio Zárate. Este último pone además la voz, mientras los demás apuntalan los coros.

Solsticio retrata a un trinomio abroquelado cuando sus integrantes todavía estaban en el colegio. A día de hoy ninguno llega aún a los 21, y continúan exhibiéndose nóveles pese a sus cinco almanaques de trajín. Acorde con esa circunstancia, los ‘triates’ definitivamente no son originales, pero sí auténticos. El combo se muestra en este lance tributario de adalides noventeros que, si bien trabajaban con la Distorsión al tope, la moldeaban de una manera convencional. Son claras las influencias del hype alternativo, del sonido Seattle, del rapcore, e incluso del indie nacido al amparo de esa década. Esto último es más palpable en la cualidad inherente conferida al álbum durante la producción, que esgrime un registro borroso, casi lo fi.

Los 31 minutos y monedas de Solsticio son desbordados por esas energía y vitalidad que se experimentan con vehemencia irreprimible sólo en la primera juventud. Las dos pueden exteriorizarse de forma veloz e impetuosa, como en “Paranoia”, “Avaricia” o “Letargo”; pero las más de las veces cuajan en intensos números de electricidad centelleante y revoluciones a media máquina -“Sofrosina”, “Punzó”, “Disyuntiva”, el efímero “Insomnia”... Asimismo, ambas se enroscan en torno a líricas que brincan del bajón desarmante a la furia explosiva, viceversa y de regreso. Como ejemplo de ello, “Lapidícolo”, que va de “Nervios De Punta/Déjenme Crecer/El Opio Que Siembro En Mis Manos/No Es Lo Mismo Que Yo” a “Y Al Silencio Obedecer/Y Al Silencio Obedecer/Agonía Punzante En Mis Recuerdos/Deja En Mañana Al Anochecer”.

El angst post adolescente no se lleva mal con la fuerte compenetración a nivel instrumental que los capitalinos acreditan. Merece destacarse este rasgo en una agrupación bisoña, que necesita crecer más allá de los efluvios genéricos a Deftones, a Weezer, a Alice In Chains o a Collective Soul; destilados todavía por su música. Idénticamente, merece destacarse la agenda recargada de Aramea en tiempos de emergencia sanitaria: sesiones en streaming, tutoriales, conversatorios vía Zoom...

Solsticio contó con la colaboración de Jurel Sónico (“Punzó”) y Naty Lane (“Lapidíloco”, “Avaricia”, “Letargo”). Para su producción y mezcla en Lagartija Estudio, además de los antedichos participó Pablo Gálvez (Cangrejo).


Hákim de Merv

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