jueves, 18 de julio de 2019

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de julio del 2019.)

El bedroom pop en el Perú está viviendo al máximo los días de efervescencia de un nuevo big bang, propulsado por toneladas de newtons que vienen liberando desde el 2018 novísimos seudónimos de músicos realmente jóvenes, y asimismo acicateado por el éxito de nombres como Ducktails y Unknown Mortal Orchestra. Uno de estos proyectos es , unipersonal tras el que se mimetiza un mancebo bastante introvertido de nombre Bruno Cuzcano. Entiendo que ha nacido en el año del Jubileo, de manera que hablamos de un “da-sein” correspondiente a las generaciones aún bisoñas del Tercer Milenio, con el potencial todavía intacto y presto a ser descubierto.


Amante de la Telecaster, pero por ahora aferrado a una Squier 51 modificada, este zagal posee un repertorio salvaguardado a partir del 2012. Qué tanto de ese primer material se ha reciclado en/ha servido de base para su ópera prima, Vetpan (2017), o para aportar en el debut y despedida de su combo anterior Tipor Teselar (Fundamental, confeccionado en el 2016 pero recién hecho público en agosto del 2018); eso sólo puede decirlo él. Lo que sí me siento en condiciones de afirmar es que, tras cuatro volúmenes publicados bajo la sílaba Rü, aquello que ha mantenido el control del gobernalle es esa saludable vocación diletante tan intrínseca al cosmos del bedroom pop. Y es que, siendo una estética perteneciente al siglo XXI, ahíta de nostalgia (no por quimérica menos infrecuente, “¿Cómo es posible que sienta nostalgia por un mundo que no conocí?”, se pregunta Gael García Bernal/Ernesto ‘El Che’ Guevara ante la ciudadela de Macchupicchu -Diarios De Motocicleta, 2003-); la del bedroom pop se define no tanto por un sonido como sí por una manera de encarar, en la teoría y en la práctica, el proceso creativo. No sorprende, entonces, que la “música de dormitorio” acredite la suavidad atmosférica del dream pop, la suficiencia lacónica del lo fi, y hasta el tosco rebverb de la psicodelia; entre otros ingredientes.

La música de Rü es, pues, multiforme. Además del Vetpan, editó durante el 2018 los discos Terodesu (enero) y Vix Parvam Stillam (“susurro” en latín, octubre). Si este último dispusiera de edición vinílica, podría ser calificado como el gran álbum doble y conceptual del bedroom pop peruano. En todos ellos, el muchacho se ha conducido por caminos disímiles: puede sonar a pop sin más, a post punk atiborrado de contundencia (“Encontraste Basura”), a dark ligerito (“Fanta Roja”), incluso y no-pocas-veces a vaporwave (“Para Dormir 1”). Ese escanciar liberador me trae a la memoria la obra de Calvin Johnson, mito del indie usamericano más insobornable y figura decisiva para el surgimiento de la escena de Olympia, protagonista de aventuras -The Halo Benders, Dub Narcotic Sound System, Beat Happening, The Microphones' Singers, The Hive Dwellers- cuya diversidad es como mínimo refrescante.


De otro lado, el método de trabajo de Cuzcano es el comúnmente asociado a presupuestos exánimes, lo que constituye en sí mismo un aliciente para atizar la creatividad: la textura/tersura de sus tracks nunca abandona por completo el sabor de la Baja Fidelidad y todo lo que ésta acarrea. Sea que se acerque al math rock o al dream pop, sus íntimas letras oscilan entre contemplativas y crípticas (como sacadas de un diario privado), su compromiso con la ética “do it yourself” es a prueba de balas, persiste en obsesionarse con el delay y el reverb... De ahí que su modus operandi me remita igualmente a otro tótem tutelar del panteón independiente de la Unión Americana: Daniel Johnston (sin las connotaciones religiosas que hicieron de éste presa de la psicosis paranoide).

Multi-instrumentista, compositor, productor y editor de su propia música; ha construido una identidad que pareciera en perpetua mutación conforme vas asimilando sus títulos. Hay, sin embargo, dos constantes que no sé si el capitalino ha (a)notado -sospecho que sí.

Una de ellas es el funk. No como lenguaje palpable y explícito, sino como ¿pulso?/¿latido?/¿hálito? sobre el que se aúpan muchos cortes que esencialmente son otra cosa (“Más”, “Cidio”, “Súcubo”). A veces, esta presencia fantasma puede llegar a volatilizar los surcos, convirtiéndoles en vivaces hits hiperfestivos de indie pop, como ocurre con “Maaaaal” o “Ruido”. A veces (las menos), este groove incorpóreo degrada sus revoluciones hasta acercarse al soul lo más que se lo puede permitir un alias de bedroom pop (¿“No Sirvo”, scratching artificial incluido, será un guiño a Shy Girls?).


La otra constante de Cuzcano parece ser una debilidad declarada por el modo de cantar/pronunciar de grupos y artistas japoneses, que colma muchas de sus piezas. Notorias sobre todo en las canciones del Vetpan, también en tracks como “El Infierno” aparecen estas inflexiones del limeño que cabalgan entre la vocalización y la fonética niponas.

Lo último lanzado por el individualista apareció en enero de este 2019: Patético (EP). Ignoro el por qué de los paréntesis, dado que es efectivamente un extended -sobrepasa apenas la barrera de los once minutos. En entrevista para el programa El Amplificador, de RadioDialNet.com, ha explicado el tímido músico que le bautizó así porque las melodías allí recogidas le sabían a torpeza y a ridiculez. Sinceramente, más tiene que ver el motivo con las circunstancias en que fuera grabado el EP, glosadas en su BandCamp: “Compuesto, grabado, mezclado y masterizado por mí con audífonos, porque mis papás no se fueron de la casa en toda la semana, salvo por algunas dos horas, en las que aproveché para grabar las voces xddd”. Por lo demás, se trata de cuatro pistas, todas ellas cantadas y premunidas del adverbio “tan”. Con equipamiento exiguo, Rü consigue darle brillo, matizado pop y actitud slacker a medios tempos como “Tan Morado” y “Tan Loco”, al punto de atreverse a sonar por primera vez baladesco. “Tan Vacío” retoma la senda de ese aliento/pálpito funk que siempre le ha acompañado (¿sin advertirlo?), dejando para el cierre con “Tan Huevón” la síntesis lúdica de los principales elementos -distensión y emotividad- que han presidido Patético (EP).

Además de Bruno, en vivo Rü es Ángel Mejía (bajo, también toca en los hoy populares Suerte Campeón), Gerardo Castillo (guitarra) y Sergio Maldonado (batería de Tipor Teselar). En estudio, Rü sigue siendo propiedad exclusiva de Cuzcano, pero éste ya no toca sólo en Rü. A principios del mes pasado, su nuevo grupo se estrenó con el single “El Amor Real”, adelanto de un extended que próximamente será colgado en plataformas digitales. Este grupo, Muñeca Globo, se complementa con Cinthya Miranda (con quien Cuzcano grabase dos canales del Vix Parvam Stillam) y Adrián Aragón (quien proviene de las filas de Almagenta, banda psicodélica que a pesar de su corta existencia ya cuenta con una tetralogía de álbums enteros).

Hákim de Merv

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Una propuesta muy interesante por protéica -y más aún por ser Bruno un crédito nacional joven. La escena independiente tiene futuro.

      Gracias por el comentario.

      Borrar