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jueves, 9 de julio de 2026

Miyagi Pitcher: Geosmina EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio de 2026.)

Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai () (‘22). Lo más prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.

A propósito del género fundado por Macintosh Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles subatómicos, imperceptibles.

Por lo demás, ello responde a la voluntad expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas. Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher. Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.

El proceso de ralentización finaliza con “Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”. Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.

Sí, todo lo paja que quieras. No obstante, sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.

Hákim de Merv

jueves, 10 de octubre de 2024

Las Olas (Noispop): Perdidxs En El Ruido EP // Hablemos Del Alma: Hypnótica

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de octubre de 2024.)

Muchos años después de publicado su primerísimo Canciones Para Mis Amigxs EP, resucitan los chilenos de Las Olas (Noispop) casi sin proponérselo. Siendo la empresa original una suerte de documentación arqueológica de lo que significasen para el período ‘15-‘16 el hoy sexteto y su hasta hace poco unigénita referencia, el reagrupamiento derivó en una segunda vida, que testimonia el novísimo Perdidxs En El Ruido (editado por Fisura).

Sorprendentemente lanzado por la peruana Gatitx Discos, con el plus de un bonus track no disponible al sur de Tacna (“Todo El Tiempo Está Ahí”), Canciones Para Mis Amigxs es un registro que bordea el cuarto de hora. Cuidadosamente balanceados, sus seis asaltos pintan de cuerpo entero a un combo que idolatra por igual al pop y a la distorsión codificada al abrigo del noise rock. Los australes, sin embargo, no permitían que ambos amores les dirigiesen hacia alguna clasificación más específica, encorsetándoles. Podían guiñar tan pronto a los CDs más ruidosos de Yo La Tengo como al indie de Baja Fidelidad, al punk más aupado como al bubblegum pop -hoy extinto- que en décadas anteriores copase las propagandas mediáticas.

A pesar de doblarle en duración, Perdidxs En El Ruido EP no rebasa el límite de los 30 minutos. Como si lo hiciera por lejos: el esférico honra casi literalmente el título que la banda le ha puesto, ofreciendo resultados muy discretos en relación al estreno. La música de LO(N) se ha decantado visiblemente hacia el indie deudor del lo fi, con timing lo suficientemente potente para sortear la chillona cubierta de ruido deformante. En realidad, este tapizado no es todo lo espeso que debería, sino fácilmente desmontable -de ahí que dijese “chillona” en vez de “chirriante”.

No acontece lo mismo con el pop sencillo y efectivo que sobresalía en Canciones Para... A decir verdad, ese pop se ha vuelto trotón, voluble, antojadizo; cualidades que le emparentan con el denostado tontipop ibérico de entresiglo. Esa ligereza le impide abrirse paso por en medio de una capa de noise tan maleable como la del opus. Otro tanto ocurre con la voz: Camila Falcucci cantaba en la anterior jornada revistiéndose de una naturalidad que hoy está ausente. En Perdidxs..., sus vocales suenan impostadas, llenas de afectación forzada. Me hace pensar en una agudizada variación de la de Alison Shaw -y esto no es, ni por asomo, Cranes.

El rejunte, del que también participan Marina Gris, Luis Venegas, Javier Álvarez, Simón Errázuriz y Franco Perucca; parecía una buena idea en ese momento. Ahora no.

Con harto retraso se me da escuchar lo más reciente in extenso de Hablemos Del Alma. Liberado en mayo del ‘22, Hypnótica es un segundo paso al frente firmemente efectuado. Hacia adelante, si bien no tanto en la dirección que podía suponerse tras la puesta de largo Programática (‘20) -mucho menos girando hacia los lindes new age de su epónimo EP (‘16), que a día de hoy haríamos bien en considerar historia definitivamente pasada.

En su primer álbum propiamente dicho, el proyecto de Ángelo Santa Cruz se alimentó de cualquier ascesis eufónica de los 80s que pregonara genealogía synth o new wave. Ello, apertrechado de un modus operandi que ignoraba por completo conceptos como los de nitidez o fidelidad. Esta contradicción, no obstante, era siempre resuelta otorgando más peso a las construcciones sonoras que a las texturas de que éstas se envolvían; posibilitando que HDA se acerque por igual no sólo al minimal synth o al synthwave, sino también a códigos algo más densos como el darkwave.

Para Hypnótica (Poxi Records), el chileno deja a su mecánica ocupar el lugar de su metafísica. Quiere esto decir que ahora el lo fi obtiene un rol avasalladoramente hegemónico en comparación con la materia prima a maniobrar. Ésta sigue siendo la misma, pero lo que antes era genuina exploración al interior de las músicas electrónicas ochenteras, se ha convertido ahora en pastiche a-lo-lado-B del synth pop. ¿Tiene eso algo de malo? Ni la sombra. Se despunta la homónima obertura del cassette y queda clarísimo que se ha sepultado todo atisbo de aspiraciones ambient que pudiera rastrearse en la obra del sureño, como proclama también “Éxtasis”.

En tal sentido, no es errado postular que Hablemos Del Alma revisita desde las parcelas del nuevo milenio la poética del viejo synth cosecha 80s, en lugar de hacerlo afincándose en el propio contexto de éste. Esa intencionalidad vintage ya existe, por cierto, y responde al nombre de electrocläsh. Santa Cruz no da el salto en ningún momento hacia la etiqueta, aunque en más de una oportunidad flirtea con ella: “Amor Electro”, “Distracción, Veneno... Distorsión”, “Selfy Time Travel”, “Full Reflexiones”. En “Jardín De Noche” y en “Another Intergalactic Cosmic Love Song”, por otro lado, el tratamiento SD es tan evidente que poco le falta para conectar con otro revival del siglo XXI -el vaporwave.

El único pasaje en que siento respirar otra vez al viejo HDA es el del cierre. “Un Sueño En Un Sueño” me hizo pensar en esos Depeche Mode que iban mutando tras la salida de Clarke y la entronización de Gore, sólo que en clave más austera. Suerte de “Leave In Silence” de un universo alternativo, el round no es otra cosa que una alusión medio anacrónica al background inmediatamente anterior de Santa Cruz. No percibo riesgo de que éste vuelva, y sí menudean incertidumbres sobre qué hacer ahora: oscilar entre ambos revivalismos equivale a andar por la cuerda floja, y ésta nunca es lo bastante larga.

Hákim de Merv

jueves, 14 de marzo de 2024

Bahía Mansa: Patagonia // Laktik: Astra

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de marzo de 2024.)

Retorna a esta palestra uno de los proyectos más cálidos y queridos que surgiese en los circuitos independientes mapochos afines a la experimentación sonora con posterioridad al cambio de siglo. Me refiero a Bahía Mansa, que tras el breve aperitivo de Atavismos (4/23) confeccionó en esa misma línea el mini-álbum Patagonia, estrenado en la recta final de diciembre pasado.

Una de las características que ha ribeteado los esfuerzos del alias de Iván Aguayo, acaso la más identitaria, es su singular conexión casi devocional con el Agua. A tenor del uso prácticamente exclusivo de instrumentación digital, la música de BM se las ha ingeniado para mantener un alto nivel de cohesión en su tersa duermevela, sin renunciar a lienzos que se dilataban tanto como sus propiedades hipnagógicas. Las cotas de ionización exhibidas en Botánica Del Olvido o Boyas + Monolitos manteníanse bajas a despecho de la emotividad que estas obras transmitían, y su capacidad reactiva era contenida por la líquida densidad de su estética ensoñadora.

Este rasgo distintivo se ve matizado en Patagonia. El sureño asevera que el principal combustible del trip es su interrelación con la Naturaleza en los viajes realizados a la Patagonia chilena, leitmotiv análogo al de Costa Documental (‘22). La fascinación por mares, océanos, ensenadas, glaciares; se sostiene en el mini-LP, sólo que en cantidades más mesuradas. “Aves Imaginarias”, por ejemplo, evoluciona en derredor de un minimal efecto de iterativo goteo tintineante. Algo similar ocurre con “Bocatoma”, donde la lluvia es más perceptible, entre texturas dub y ecos de reminiscencia precolombina.

Por contraste, “Efecto Rayleigh”, “Calafate” y “Muelles” son cifradas manifestaciones de un ambient que tiende a concretarse mejor al vagabundear sin la prisión que comporta la gravedad. En ese sentido, a estos surcos y a sus pares se les siente más próximos a un estado gaseoso que a uno líquido -los blips & clips de “Muelles”, el cardíaco latido de “Efecto...”. Producto de esta conjunción de elementos, la síntesis de Patagonia da vida a una pluviosa electrónica “easy-listening”, tanto por impresión acuosa como por falta de nitidez -lo último me faculta a mencionar la otra gran constante sonora devenida aliada de Bahía Mansa: la Baja Fidelidad.

El título cierra con un díptico que condensa los descubrimientos centrales de la interacción entre las diversas instancias que Aguayo cubiletea. Mientras que “Nodal” invisibiliza la síncopa gracias a atmósferas neblinosas atravesadas por arreglos muy bonitos de teclados/sintetizadores, “Nodal II” controla el géiser de ruido binario convirtiéndole en mullido colchón sobre el que contemplar sedantes paisajes de una irreal sublimidad. Aunque me siga gustando más la fase de Bahía Mansa en que se creaba a imagen y semejanza del H₂O, esta nueva etapa no deja de lucir, por distinta, menos prometedora.

Después de algún tiempo, revisito los bytes de Poxi Records, hogar de actos como Hablemos Del Alma, Estriba, Talismán y Laktik. El aluvión de combos independientes latinoamericanos aparecidos en el último lustro no me ha permitido darme espacio para revisar la nómina de esta interesante label santiaguina, y de a pocos son ya varios los calendarios que llevo sin acopiar noticias suyas.

Las cosas van muy bien para los principales animadores del catálogo, algunos de los cuales serán objeto de comentario más adelante. Por ahora, me limito a escribir sobre Laktik, que se tomó un prudencial sabático entre Isopropyl (‘20) y Magnetismos (‘22), siendo este último registro acreditado al seudónimo inexistente de Prácticas Magnéticas y subido efímeramente durante el año de la Pandemia. También es el cassette en el que Laktik comenzó a metamorfosearse: si antes el rollo del unipersonal de Lucas Soffia se alimentaba principalmente del synth pop, dosificándole hasta llegar a drásticos mínimos históricos, a partir de Magnetismos se patentiza un creciente interés por el ambient pop y por el vaporwave. Ambas variables, además, se llevan de maravillas con el perfil más asociado a la factoría Poxi -otra vez, el lo fi.

Liberado en enero, Astra se concibe dentro de la crisálida que construyera en torno suyo Magnetismos. En cortes como el excelente “Fantasía” (single adelantado a fines de octubre último con “Derrumbe” como lado B), “Cuerpo Sintético” o “Restricción Vehicular”, compruebo que el synth y variantes -synthwave, minimal synth- aún integran parte considerable de la retórica Laktik. Ésta, sin embargo, se halla inequívocamente enfilada hacia el ambient de pedestres espirales y cascadas, hacia el cromatismo glo fi consustancial al vaporwave. “Chant Down Babylon”, “Derrumbes”, “Hypnotizado” y “Techumbres” son elaboradas muestras de ese muzakcore nebuloso, de esa radiación infrarroja típica del género que llegó a la mayoría de edad de la mano de Macintosh Plus.

De otro lado, que en piezas como “Fantasía”, “Restricción Vehicular”, “Galáktica” y “Cuerpo Sintético” haya un mayor énfasis synth no las hace inmunes al influjo del omnipresente vaporwave. La bruma brillosa, el crepúsculo perenne, los ecos fantasmales de otros pasajes de la cinta, los empantanados tremores semiacústicos; acaban por darle homogeneidad a esta jornada -si la memoria no me falla, la primera en que Soffia se decide a coger el micro para ofrecernos las primeras canciones en el repertorio de Laktik, e igualmente las primeras veces en que utiliza sonidos vocálicos no sintagmáticos a guisa de fragmentos insertados en números netamente instrumentales.

Muy relevante experiencia del individualista austral. Parece quebrarle y esparcirle en varias dimensiones más o menos equivalentes entre sí, pero reunificarle también al hacerle vibrar a una misma intensidad, a un mismo toque de diana, en un mismo espacio.

Hákim de Merv

jueves, 23 de noviembre de 2023

Sajjra: Serpent Is Present // Miyagi Pitcher: Isolde EP // Rito Verdugo: Kamikaze Boom

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de noviembre de 2023.)

Todavía sigo cavilando si tengo a la mano las palabras justas para redactar algo acerca del más reciente parto de Sajjra. Subráyese “justas”: Serpent Is Present es tan distinto a lo que ha venido publicando Christian Galarreta premunido de ese alias, que son muchas más las dudas que los convencimientos. De hecho, creo que el único de éstos se vincula precisamente a la enérgica transición que comporta Serpent... respecto de su background.

La semilla del nuevo plástico fue sembrada antes de la emergencia sanitaria del COVID-19. Como es sabido en la comunidad avant garde nacional, el ex DiosMeHaViolado tiene un copioso cedulario de grabaciones inéditas e inacabadas, algunas de las cuales han pasado a integrar SIP luego de muchas jornadas de exhaustivo trabajo de mezcla a orillas del mar Egeo en Turquía. Por cierto, el bellísimo arte gráfico nace de una fotografía tomada al peruano bajo aguas anatolias por su pareja, la artista rusa Margarita Milova.

¿Qué escribir, entonces, sobre lo más reciente del individualista rimense? Rompe fuegos “Suena Como Azul Radiante (Oración Del Mediodía)” y en una los cambios empiezan a percibirse. Los silencios calculadamente intempestivos -si bien acaecen cada cuarenta segundos, igual resultan sorpresivos- se intercalan con elongados sets de 3/4 acordes solemnes, otorgando a la pista rasgos procesionales, hierofánticos, elefantiásicos. Extrañamente, la minimal huella psíquica que se imprime en los tímpanos no entra en conflicto con los estímulos que le han generado. El cortocircuito mental, eso sí, no se hace esperar. ¿Califica esto como ambient? ¿Puede ser el ambient a la vez litúrgico y sci fi? ¿No sería mejor hablar de un post pop etéreoangélico, alimentado directamente por el chispeante fervor que mana del subsuelo terrestre? ¿Su infinito final, de aisladas notas vibrafotónicas cual campanazos de diverso tono y cariz perdidos en el firmamento, alcanza a coronar esa suerte de renacimiento ritual?

Parapetada tras ciclicidades rebosante de drones en comandita abierta con el factor dub, “Beso Fin Y Descenso” no aclara el panorama. Cierto que la voz alcanza a hacerse inteligible -dejando apreciar versos de mítica inspiración altoandina como “Y En Mis Alas De Hielo/Acaricio Espejos De Mi Compenetración/Beso Fin Y Descenso/Sin Recuerdos Y Sin Piel”-, pero los trallazos contenidos de la drum machine inclinan a formular la hipótesis de un erosionado lado X del intelligent techno, desracionalizado y excluyentemente intuitivo. Descomponiéndose lentamente en sus códigos elementales, la pieza va tornándose incorpórea hasta verse reducida a una pendular onda eléctrica de retroalimentación sonora. Así repta hasta convertirse en la siguiente parada del trip, suscitando interrogantes equivalentes a los de su predecesora.

Lleno de incertidumbre, llego al tercer y último round de la placa, cuyo título pone de relieve la virtual equivalencia entre los dos sustantivos escogidos para el nombre de ésta. “Serpent” y “present” se escriben usando exactamente las mismas letras, lo que les hace anagramas uno del otro. Pese a los indicios que apuntan a las mismas raíces de que nacen las varias músicas de nuestros Andes, evidentes desde los tres minutos y veinte segundos, cuando bruscamente asume un rol solar-ceremonial; “Srpnt S Prsnt...” es el que más se condice con la obra precedente de Sajjra. Cornos transgalácticos/transdimensionales, mesmerizantes progresiones de resonancias vernáculo-noisicas, cuerdas de sibilantes efectos ambientales, soberbios estallidos de materia roja hecha sonido con que abrir portales hacia cualquier dirección a través del tiempo y de las vastedades sidéreas -arriba, abajo, adelante, atrás, izquierda, derecha; o las seis dimensiones del espacio indostánico. Sedante futurismo andino trasmutado y reelaborado, que hacia el epílogo se transfigura cada vez más y más abstractamente.

Así, pues, ¿qué clase de vuelo comporta Serpent Is Present? Planteando una utopía que probablemente acabe convirtiéndose en ucronía más temprano que tarde, ¿no tiene nada que comunicar a nosotros/as, habitantes de este hoy? Sospecho que su electromagnético mensaje estético todavía permanecerá algún tiempo indescifrable. Algo, no obstante, revela su naturaleza críptica. La Serpiente es el animal que identifica tanto al uku pacha o “mundo subterráneo” en la cosmovisión inca, como a la resistencia artística global más militante en estos deplorables días de consumismo oligofrénico y hipterismo arty -el underground, esa “vieja confiable”. Sea uno u otro el sentido que escojas, proclamar no sólo su supervivencia sino además su completa vigencia, constituye una auténtica declaración de principios para quienes vivimos en permanente disidencia.

Acostumbrado a esperar a que me saque de cuadro cada dos por tres, hace algunas semanas escribía a propósito de Gala EP, de Miyagi Pitcher: “...no es la primera vez que me queda la sensación de que el individualista oroíno tienta volver por sus primigenios fueros. Como tantos otros en el pasado, en este caso lo logra, pero vaya uno/a a saber si será ésa la nueva dirección del siguiente capítulo”. Puesto ya con antelación el parche, paso en consecuencia a comentar el nuevo extended del unipersonal de Chip Musik.

Como sucedía con Gala, Isolde EP se anuncia a modo de antesala para el nuevo largo a acreditar a esta identidad de Alexander Fabián, que responde a la bonita denominación de Petricor. A diferencia de su antecesor, sin embargo, Isolde tiene poco o nada que le posicione rumbo hacia el vaporwave. La obertura “Masquin” se materializa gracias a un evocador ambient inmaculado, que sugiere paisajes inundados de luz y de ese murmullo característico que delata la existencia de rutas de agua corriendo apenas centímetros bajo la superficie. “Cuaderno De Bitácora LO1993” subraya las ramificaciones ruidistas de ese mismo ambient, incrustándole a tal efecto jirones de un bliss pop en plena metamorfosis hacia el harsh noise, incitando así un enésimo vuelco del sonido Pitcher -esta vez hacia los tiempos del inaprensible Ikigai () (‘22).

Dotado de una carcasa que aglomera imaginarios de ciencia-ficción, el subsiguiente “Primer Verdor” se aviene al papel de punto medio entre “Masquin” y “Cuaderno De...”, tomando del primero la “líquida” concepción ambient y del segundo una cierta ausencia de nitidez -dejando en claro, como insinuaba este último, que el principal carburante del viaje es el dreampunk de 2814, Gates Of Siam y similares. Cuando Isolde EP empieza a despedirse con “Fuera Del Tiempo Y El Espacio”, en coordenadas totalmente “tecnológicas”, ya es notoria la filiación del acto al aludido microgénero, que usualmente -y aquí caes en la cuenta de que de lo mismo padece todo el menú- prescinde del menor vestigio de programación y/o secuenciación.

El dreampunk es, ergo, la nueva influencia hegemónica en el universo Pitcher. Al menos de momento. Ello supone una nueva circunvolución respecto de andanzas anteriores, pero nada garantiza que Fabián siga ese camino por mucho tiempo. Tampoco, que suceda lo contrario. Después de todo, está visto que el cambio es la única constante de esta historia. Cualquier duda sobre el devenir de MP, así, deberá aguardar hasta la aparición del nuevo larga duración para ser confirmada o desmentida. Colgado para la consabida descarga gratuita, el EP incluye cuatro hermosas postales correspondientes a cada tema y la opción de bajársele en formatos .mp3 y .wav, a criterio del/de la escucha.

Mandando al tacho una pausa de cinco años en lo tocante a LPs -el Post-Primatus EP apareció el 14/6/20 en modalidad free download, durante la temporada dura de la pandemia-, Rito Verdugo cuelga en BandCamp al sucesor de Cosmos (‘18), su estruendoso debut. A diferencia de éste, grabado en directo en el mítico y hoy desaparecido Hensley Bar de Monterrico, el nuevo volumen se ha concebido en los estudios de Quarter Note y ha pasado meticulosamente por las fases de mezcla y masterización -como lo demuestra la descomunal fuerza/energía que de su repertorio emana.

No es sólo eso, empero. La propuesta del cuarteto, cuya alineación sigue siendo la misma, ha madurado mucho desde las épocas de Cosmos. Si antes podía hablarse de una psicodelia garagera que había conseguido asimilar sin despeinarse punzocortantes riffeos metálicos, hoy es más apropiado alegar un heavy psych erizado de filosas espadas aceradas, cuyas empuñaduras se han labrado en lonsdaleíta. Esto es, un lisérgico output stoner al que poco le falta para acceder a la categoría sludge. Y lo más interesante es que el ensanchamiento de tal reciedumbre no ha implicado aumentar el tonelaje del soporte rítmico que comparten Carlos Del Castillo (bajo) y Luis Rodríguez Chávez (batería) -lucen éstos igual de ligeros, aunque mucho más aplastantes que en sus primeros tiempos como miembros de la misma unidad táctica.

De facto, si bien los niveles de brutalidad aural exhibidos por Kamikaze Boom no son uniformes, únicamente en la primera mitad de “Ritual Por La Eternidad” descienden del rojo. El pie no le da tregua al acelerador (“Ataque Shimpu”), mientras la performance instrumental de Rito Verdugo se desarrolla exponencialmente, deteniéndose antes de cruzar los límites del abigarramiento y de la profusión (“Vagabundo”, “Viento Divino”). La membruda bataca de Rodríguez asoma sumergida en methadrine, imparable (“Kamikaze Boom”, “Apocalyptus” y su coda nintendistoide), seguida fielmente por el reptante bajo stoneado de Del Castillo (“El Despertar”, “Aplastando A Las Ratas”).

También hay que resaltar lo mucho que ha crecido Rodrigo Chávez Garcés en su rol de cantante. Acreditado en KB como compositor de todos los tracks, sus vocales han adquirido mayores presencia y relieve, cualitativamente hablando. No ha sucedido lo propio con las guitarras de la banda, que empuñan tanto él como Álvaro Gonzales, hoy dosificadas -si bien para nada opacadas, e incluso protagonizando algunos semi-solos vistosos a la par que jugueteando con arabescos. Magnífico esfuerzo a ponderar en el segundo año consecutivo que el stoner patrio se toma de descanso sabático.

Hákim de Merv

viernes, 4 de agosto de 2023

Miyagi Pitcher: Gala EP // Kinder: Desastres Naturales Para Niños

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de julio del 2023.)

A manera de antesala para lo que será su nuevo larga duración, sexto desde que en el ‘15 diese sus primeros pasos con el notable Blonde, Miyagi Pitcher pone a consideración del público un breviario de remezclas nombrado Gala EP. Como su denominación indica, se trata de una más-bien-reducida selección de material sometido a reinterpretación digital, con el agregado de dos números a modo de adelanto de cara al próximo estreno.

Indicando de antemano una mirada furtiva antes que un cierto repaso a la obra del proyecto, tres son los remixes de Gala EP. De esa terna de relecturas, dos proceden de originales de Ikigai () (‘22), en tanto la tercera extrae su materia prima de Okuraseru (‘17); rodaja con que MP acentuó la diversificación sonora que ya había empezado Nymph EP (también ‘17). Los tracks del ‘22 han sido remezclados por Siam Liam: “Gala (ねこ)” e “Ikigai (生きがい)”. En ambos casos, el tratamiento es bastante similar: acaso “Ikigai...” no disponga de la opacidad nublada/sobresaturada que da la bienvenida al escucha en “Gala...” y que luego declina, pero sí comparte el trastoque de cadencias basado en una selección de loopeados muestreos de su modelo matriz (como también le sucede a “Gala...”).

A cargo de un tal Atoq, al que no he escuchado previamente, la remezcla de “Midori Iro” despega ahogada por el amperaje extremo de un molesto zumbido. Tras casi dos minutos de anabolizado proto harsh noise y de descuadrantes silencios intempestivos, el cielorraso se despeja un poco y empiezan a oírse rastros del original. Como éste, el remix prescinde tanto de los bpms como de cualquier otra tentativa de secuencia o programación.

Resulta interesante repasar varias veces la dupla de cortes nuevos que incluye Gala EP. Ambos parecen comportar un retorno a los días en que Miyagi Pitcher blasonaba de una pureza vaporwave, que encandilaba ante la casi nula presencia de otros compañeros de trinchera sobre suelo patrio. Y digo “parecen” porque no es la primera vez que me queda la sensación de que el individualista oroíno tienta volver por sus primigenios fueros. Como tantos otros en el pasado, en este caso lo logra, pero vaya uno/a a saber si será ésa la nueva dirección del siguiente capítulo. Por el momento, basta para ilusionarse: mientras el mallsoft de “Wabi-Sabi” nos regresa a las épocas de Blonde y de Honey (’16), con la calidez pastel y el glo-fi de sus teclados, el muzakcore de “Komorebi” subraya jornadas más recientes del unipersonal en que se ha buscado restituir al vaporwave al lugar preponderante que ostentaba en la retórica Pitcher -ambient pop afín a la glosolalia y a la psicodelia, preñado de alusiones directas al específico pasado ochentero en que se recrea el también llamado VHS pop.

Exceptuando la realineación oleada y sacramentada por un reciente tour europeo, nunca me he sentado a averiguar si es que los miembros de Kinder han sido los mismos desde que la banda irrumpiese en la escena indie -allá por el ’05- hasta la segunda mitad de los 10s. Dos son los escenarios posibles: o hubo un recambio de piezas al interior de la agrupación (cuán extenso, también sería motivo de investigación), o se decidieron a practicar un giro bastante radical en sus aspiraciones artísticas (entre 180 y 270 grados). Si fue lo primero o lo segundo, lo cierto es que un Kinder es el que debuta con el escuetamente bautizado Mini EP (Internerds Recors) y otro el que se reinventa en su lanzamiento epónimo del ‘10 (Automatic Entertainment). Es este último el que ha rubricado artefactos tan recomendables como Archipiélago EP (‘12) o Migraciones (‘16).

Lo nuevo de su cosecha, Desastres Naturales Para Niños es el mejor álbum de Kinder a la fecha. Y no precisamente porque se haya implementado otro golpe de timón en la travesía. El sonido es, en esencia, el mismo validado por el precedente Migraciones -uno que jamás se priva del groove hegemónico en los jammings, que pese a ello mantiene control íntegro de cada uno de sus aspectos, que a través de ese delicado balance no sólo se ensambla y cohesiona de maravillas, sino que además ejerce el ilusionismo de la unicidad estilística realizando malabares con los códigos abrazados durante por lo menos trece años.

¿No hay novedades, entonces? Sí, y éstas son cruciales. La más sutil es la asimilación inteligente y consecuente ósmosis de formas depuradas tanto del indie rock como del post rock del nuevo milenio y del math rock. Aunque la velocidad del math, que ya poco o nada se sincroniza con la del drum’n’bass, sea la que dictamine el brioso paso durante casi todo el esférico; ésta no opaca la filia indie marca 90s que domina muchas de las atmósferas elaboradas por guitarras y teclados en Kinder. Es, de hecho, esta conjunción la que permite el símil con el post rock que traspuso el Año del Jubileo: además de acreditar unos envidiables acierto y timing instrumentales, el indie matematizado de “Las Colinas”, el paisajismo metamórfico de “Porque Eso Es Lo Que Somos”, la poliédrica “Tomorrow I’ll Radiate” (acompañándose de La Cueva Del Oso) o la apagada pesadumbre de “Incendios” (el ancla del plástico) son indubitables lecciones del quinteto a este respecto.

La otra novedad, la más evidente, se relaciona con el acabado. No es la electrónica una ilustre desconocida para los limeños, pero en Desastres Naturales... adquiere mayor relevancia que la dispensada en jornadas anteriores del combo. De arranque nomás con “Dream Master”, ese fulgor electro en clave de viejo y arcádico 8BIT se convierte en justo contrapunto al soporte rítmico de Kinder, transformando aquello que toca en puestas de un ludismo fantástico. Aquí se puede mencionar sin ligereza a prácticamente todo el menú: “Magnolias”, “Primeras Horas” (su segunda colaboración con Cristina Valentina), la canción epónima (cuyo bajo ponedor se roba los flashes), el segundo inicio que supone “Winnie Looper”...

Dejándose de prejuicios fofos y de ansiedades momentáneas, me pregunto qué pensarían al audicionar este opus quienes fueron a la hasta-ahora-única presentación de The Cure en Lima y se desvivieron tratando de apurar a los Kinder para que terminasen su set. Si tuviesen dos dedos de frente, se les debería caer la cara de vergüenza. Notorio candidato a disco del ejercicio ‘23, el que han alumbrado Nicolas Gjivanovic, Esteban Rodríguez, Mariano La Torre, Luis Alonso Altamirano y Francisco Borges -los dos últimos, batería y bajo respectivamente, nuevos integrantes de la familia. Ello explica por qué la sección rítmica del alias asoma rejuvenecida y decisiva en este extraordinario esfuerzo.

Hákim de Merv

jueves, 22 de diciembre de 2022

Nuevas Formas De Hacer Política // Rifle: Repossessed // Miyagi Pitcher: Ikigai (生​き​が​い)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de diciembre del 2022.)

Desde hace varios meses, la periodicidad editorial de Dorog Records ha experimentado altibajos, debido a circunstancias ajenas a la voluntad de su gestor; Giancarlo Samamé. Por suerte, la situación está revirtiéndose. La demostración más reciente de ello recibió el V.º B.º al promediar octubre, cuando se puso a consideración para descarga gratuita una nueva compilación que ilustra las delicias de la nómina de la disquera y de combos/artistas cercanos a su órbita.

(El título es muy sugerente, no así el rollo detrás. Somos innatos animales políticos, y por ende tenemos libertad para elaborar y expresar un juicio ad hoc sobre tal o cual incidencia. Pese a ello, mi opinión es que no debieran mezclarse de facto el arte y la política, a menos que se trate de cuestionar estructuras antes que a protagonistas coyunturales. Pero, bueno, por suerte vivimos en un país libre y democrático... aún.)

Nuevas Formas De Hacer Política retoma esa saludable costumbre de Samamé de armar panorámicos gigantescos, equivalentes a dos CDs físicos, que había sido algo arrumada tras una seguidilla de compis que no rebasaban el límite de los 80 minutos. De este modo, Nuevas Formas... se pone a la altura de Música Para La Ruta, Música Para Gimnasios, Dos Más y otras referencias del sello que sobresalían por su pantagruélica extensión. Como tal, me tomo la libertad de escindirle para postular un análisis tanto más ordenado.

El primer tramo del título va desde “Toda Tu Fuerza”, a cargo de Lábil, hasta el pop frugal que Pía Legonz despacha gracias a su “Infravuelo”. Tal vez no sea una división arbitraria la que he propuesto, después de todo, ya que las once canciones de esta mitad revolotean entre el pop/rock próximo a oídos pedestres -“Espacio Tiempo (Nada Nos Sorprende)” de Trazar Diamantes, “Refugio” de Teleférico- y el indie más accesible -“El Amante Del Disparo” de Fútbol En La Escuela, “Impertinencias” de La Muda-. Que esta sección irradie pop a toda hora, no la hace menos, ya que esa etiqueta no es intrínsecamente peyorativa: canciones bonitas, bien hechas, con potencial capacidad para entrar en la FM, tarareables. No todas, eso sí, están cortadas por la misma tijera. Las hay que suenan a rock/pop en vez de pop/rock, como “Lárgate” de Señorita Auri y “Sábana Gris” de Marmotasdebemorir. Las hay también de tonalidades contrastantes, como el lo fi de Ino Moxo y su versión en vivo de “Dunas”, o el dark pop a lo Danza Rota de Rawa y “Nubes Atravesadas”. Y no podía faltar la que, sin abandonar el formato preponderante, se da maña para colar estupendos efectos marcianos de teclado -“Arcoiris” de Lagartijacarlo.

El segundo tramo de NFDHP arranca con “Háblame” de Claudia Maúrtua y fenece a la par del ‘díptico’ con “Evv”, musculoso ejercicio IDM casi subsónico de El Otro Infinito. No está desterrado en este segmento el pop terso de fácil asimilación, pero es la heterogeneidad la que manda. Dicha versatilidad se manifiesta de distintas formas tras la participación de Maúrtua, muy lejos del nü metal que esgrimía su ex banda Ni Voz Ni Voto: destellante electropop de la mano de Ausangate Child (“On The Edge”) y Blupluk (“You Make Me Feel”), dark replicante inspirado en Xymox por cuenta de Synethz (exquisita “Night Body”) y de Neutro 1 (“Pulse 250 Hz” expele un tufillo al “Tonight” de los neerlandeses), excelente tech-house acerado a cargo de DJ Locopro (“Mil Años (Sin Ti)”), curioso trip pop bajo en serotonina firmado por Walter Cobos (“Triste Robot”), y hasta tontipop en “Por Petit Thouars”, original de Pestaña y remezclado para la ocasión -‘Antes Había Pelícanos Remix’- por Vrianch.

Dorog Records se acerca a su vigésimo aniversario en óptimas condiciones, recuperando el paso y refrendando su consabido hábito de presentar nuevas camadas de proyectos en clave pop -tomando de refilón la posta del ¿desaparecido? colectivo UnderPop. Bien por ello.

De acuerdo a lo que he leído a vuelo de pájaro, Rifle presume de ser un power trio bastante más antiguo que Kurandera, banda con la que comparte integrantes -César Araujo y Alejandro Suni-Álvarez. A diferencia del cuarteto, que debutó en largo hace dos años con escasa fortuna, Rifle ha hecho lo propio recién en septiembre pasado. El nombre escogido para el estreno es Repossessed, y en poco tiempo ya ha cosechado más repercusión que el primer paso del otro conjunto.

Tomando posiciones en plazas fuertes del stoner, de las que absorbe su naturaleza bestial, la sociedad que completa Magno Mendoza hila siete temas sumergidos en una densidad descarnada, heredera del heavy psych de Black Sabbath y del hard blues de Robert Plant y collera. Los siete minutos finales del rebautizado por aclamación popular Led Zeppelin IV (“When The Leeve Breaks”) son, de hecho, materia prima para más de un género -como lo fuera “Amen Brother” de los Winstons para el drum’n’bass o “Funky Drummer” para el primer hip hop-. De ello ha tomado nota Rifle, que cuando escoge menguar revoluciones controla su energía amansándola a través de las baquetas, canalizándola gracias a dosificados pulsos emitidos sin tregua por el bajo, exorcizándola a cuentagotas por medio de la eléctrica. “Spirit Rise”, “Seven Thousand Demons” y la esforzada “Madness” observan esa profilaxis.

En contraposición, cuando coge la lanza y empuja a galope tendido hacia adelante, el terceto se hace eco del dinamismo y de la contundencia metálicos que QOTSA o Monster Magnet establecieron como rasgos identitarios del stoner en los albores del Tiempo. El groove circular del soporte rítmico es lo que más luce, dejando a la reverberante lead guitar la misión de encender la pradera en esos momentos en que más se necesita de una poca de luz. Esta prominencia de la rítmica libera espacios que a veces copan, mediante influencia subliminal, el doom (“Fiend”) o un sludge fuzzeado (“Sonic Rage”).

¿Cosas por mejorar? Cómo no. A las vocales les falta al menos media tonelada de fuerza y/o vehemencia, lo que esté más a tiro. Sería bueno, además, que la terna comience a soltar los frenos: las pistas de Repossessed no están mal, pero prácticamente nunca van más allá de los convencionalismos stoner -apenas si hay uno que otro chispazo de materia roja. Les toca izar velas y hacerse al riesgo en futuros movimientos, como lo han hecho en sus respectivas carreras Ancestro o El Jefazo. Finalmente, un punto en común con Kurandera: muchachos, prodúzcanse mejor. A pesar de la a veces agobiante turbiedad/viscosidad que epata, el stoner brilla no sólo por su pericia técnica, sino además por la impecabilidad de su registro.

Se tomó lo suyo Miyagi Pitcher para publicar nuevo LP. En efecto, tres años han pasado desde Abraxas, álbum que ponía orden en casa y paridad en cuanto a la multiplicidad de sonoridades a las que Alexander Fabián había dado luz verde usando esta chapa; en principio reservada para delirios vaporwave. Tras haberle escuchado muchas veces, puedo decir que en Ikigai () el individualista ha intentado o bien retornar a la esencia de su origen, o bien detenerse en un estadio en que pueda incorporar la brumosa tesitura al ralentí que desciende del witch house/del seapunk a un ambient pop electrónico que evoca por igual a Chicago y a Detroit. Si es lo primero, falla en esa tentativa. Si lo segundo, consigue pegarle de lleno al gordo.

En muchos de los episodios del disco, la síntesis opiácea que conocemos como vaporwave va aparejada a una estética electrónica melodiosa y nostálgica. El enyunte complementa, no subsume uno al otro. Ese estado de cosas se evidencia desde que “Supairaru (スパイラル)” inicia el viaje: el track se mueve envuelto en el radiante lo fi que es marca registrada del vaporwave, sin ser devorado por éste. En igualdad de condiciones se hallan otros ejemplos de semejante simbiosis, como “Shin No Tomodachi (しんのともだち)” y su quimérico sampleo SD de una voz femenina, “Gala (ねこ)”, “Minarai (見習い)”, “Sanmyaku (山脈)” o el crepuscular surco homónimo.

Otras pistas, como “Sen'nin (仙人)” o la mastodóntica “Sango (サンゴ)”, podrían haberse adscrito a la tipología desmenuzada en el párrafo anterior; de no ser por el cargamento de parsimonia con que pesadamente se desplazan. Lo curioso es que ese extra no alcanza a convertirlas completamente al credo vaporwave. Hay algo incómodo en la cinemática de sus ambientaciones que se niega a ser codificado. Sumadas a las consignadas líneas arriba, estas piezas dejan al subgénero nacido en Internet a inicios de los 10s en libertad de acción para respirar a través de canales que no comparten mucho entre sí, salvo los inidentificables sampleos ochentosos de rigor. Claramente inspirados por la estética de los últimos Cocteau Twins, rounds como “Daiyamondoai (ダイヤモンドアイ)” o “Hasai Sa Remashita (破砕 れました)” tienen ciertamente poco que ver con la hiper-laxa “Akiraka Ni Suru (を明らかにする)”, las ágiles “2 Tsuki 12-Nichi (2 12)” y “Koi No Koyan ( コヤン)”, o la insular “OM (おm)”. El uso extensivo del sampling en todos ellos es lo único que permite al hálito vaporwave hermanarles.

Quizá sea justamente “OM (おm)” el tema clave para entender a cabalidad una jornada tan inasible como ésta. Más allá de cualquier duda posible, la cepa es vaporwave. Por oposición, su nostalgia no es dulzona, sino acongojante. Con cada segundo que avanza, sientes ese espíritu de tristeza impersonal que vaga en los films del Wong Kar-Wai pre-Hollywood, y emergen variables pertenecientes a microgéneros como el dreampunk y el chillgaze. La conjunción termina erosionando la osamenta vaporwave, poniéndola a merced de otras más robustas cuando echas una mirada en derredor del largo.

Que Ikigai (生きがい) sea tan difícil de taxonomizar, por supuesto, no impide su disfrute. Poco más de una hora para sumergirte despierto/a en sueños surrealistas de ciencia-ficción, amor y soledad; escuchando el insistente rumor de fondo de una lluvia que en realidad nunca estuvo allí.

Hákim de Merv

miércoles, 24 de febrero de 2021

Sergio Zevallos · Atem: Piezas Para Acciones E Instalaciones (1999​-​2019) // Sacre-X: Paraísos Artificiales // Hypernaut: Ozymandias // La Agonía De Desear Existir: Blind Them With Kindness // 27 U H F: Rare Tracks/The Last Love Letter/Holograms

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de febrero del 2021.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2020 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Sergio Zevallos (59) se define como nómada de múltiples actividades artísticas. En otras palabras, un polímata. Llegó a Alemania en 1989 gracias a Chaclacayo, colectivo de performativa visceralidad que cofundase siete almanaques antes junto al también peruano Raúl Avellaneda y al tudesco Helmut Psotta. Chaclacayo se extinguió en 1994, estando aún en territorio europeo, afincándose Zevallos un año después en Berlín (donde vive hasta ahora).

En octubre último, Buh Records curó una concisa selección de las composiciones sonoras de Zevallos, quien nunca estudió música pero siempre se sintió atraído por ella. Prueba del punto al que llegase esa seducción es la declaración del artista mismo al respecto (“esa necesidad de ritmo volvió a infiltrar lo visual”), reproducida en la consabida sumilla de BandCamp. Todo lo que alguna vez haya realizado en ese campo artístico -ejecución de instrumentos, escritura de arreglos, edición de sonido- se halla por ende asociado a una formación autodidacta muy emocional, justificándose su corpus entero en función de aquello para lo que fuese creado. Esto es: acompañar/musicalizar/potenciar performances que examinaban los contrapuntos entre la vida humana puertas adentro y su gemela pública, que interrogaban las relaciones de poder y autoritarismo, o que especulaban sobre el cuerpo, el comportamiento y el deseo.

Atem: Piezas Para Acciones E Instalaciones (1999-2019) está integrada por seis episodios, correspondientes todos a intervenciones efectuadas durante el lapso de su estancia germana, mas no todas dentro de esas fronteras. El equivalente a un hipotético lado A está consagrado a Alemania, donde se grabaron entre 1999 y 2002 “Cello”, “Fragmentos” y el surco titular. El equivalente a un hipotético lado B ilustra, por el contrario, la música de sus presentaciones sobre suelo patrio -“CHTP N°3” y las dos partes de “Callejón Oscuro”, entre el 2013 y el 2019.

La producción sonora de Zevallos se funda en la técnica de la fragmentación y el desmontaje. Extractados de grabaciones de campo realizadas por el propio autor, tanto ruidos como sonidos vocales son reensamblados prescindiendo ineluctablemente de sus contextos de origen. Retazos, jirones y partículas dan lugar a loopeos modulados que se trasgreden y superponen unos a/contra otros (el ejemplo palmario es “Callejón Oscuro Pt. 1”). Se erigen de esta manera soundtracks imaginarios que subvierten/invalidan las nociones inherentes a lo que entendemos por “música”, rindiéndose finalmente a la atonalidad. Como dijese de John Cage el chileno Gustavo Celedón, “hacer música fuera de la música”.

“La honestidad ante todo”, escribí hace no mucho en estos bytes. Pues eso.

Cuando me agencié un ejemplar, habré escuchado unas cuatro o cinco veces La Muda EP (2013), del joven músico Carlos Andrés Ortega. Aunque estaba notoriamente adscrito a la tradición de cruda ruptura que emprendiese Crisálida Sónica al promediar la segunda mitad de los 90s, el extended era más un croquis que un boceto o que una maqueta. No me gustó, lo cual demuestra que no todo aquello que ice estandarte de vanguardia tiene forzosamente que ser bueno -otra muestra: el epónimo EP de Fluorescente Solar.

Siete años después, Ortega se encuentra radicando en Berlín. Establecido allí desde hace algún tiempo, el peruano ha publicado Paraísos Artificiales, estreno de su nueva identidad: Sacre-X. Desde la estructura semi-conceptual que postula, el esférico dista muchísimo de aquel primer amago. Paraísos... saluda y se despide con sendos segmentos de cuatro episodios arracimados entre sí, cual tour de force. Circundando su punto medio, asaltos en cantidad de tres, en los que más de manifiesto se pone la gradual transición de lo analógico a lo digital que empieza sutilmente desde “Mar” y que embandera la montaña con “Ctrl - Z”.

En efecto, mientras que la apertura “Uno” parecía afilar todas las salientes propias de la experimentación sonora más radical, “Mar” las suaviza y difumina; transfigurándose constantemente entre el noise, el ambient y el pop. La voz de Carlos Andrés suena opaca pero segura, muy distinta a lo exhibido en el EP. Conforme avanza, y pese a que el registro puede saltar de hipnótico (“Cielo” y sus “campanas tubulares” sobre la mitad) a zumbante (“0 1 0”), Paraísos Artificiales se transforma en un banco de alba neblina limeña que lentamente se vitrifica.

Repescada del extended y convenientemente reconfigurada, “La Muda” es la piedra de toque con que la recargada atmósfera de Paraísos... empieza a lucir menos rarificada, más próxima a realidades de ciencia-ficción entrevistas en discos, libros, films, sueños... El laxo proto synth tribal de “Desierto” va hermanado con el ritualismo futurista de la especular “Espejos”, atemperado éste cuanto más se acerca a su remate -un díptico entrelazado, sin pausa, con que ingresar al postrer sector de la jornada.

En éste se hace más patente que nunca esa (por analogía) fluida sensibilidad indietrónica que discurre en muchos pasajes de PA. Sensibilidad que permea sin determinar el derrotero de estas euritmias. Verbigracia el remanso angélico de “Dormir”, no exento de esquirlas de áspero ruido. Tampoco “Pornografía”, nombre espontáneamente concedido por la extracción de los sampleos que le alimentan -si bien al principio asoma update viral del industrial de SPK circa Information Overload Unit (1981), no demora en adherirse a un meloso ambient de cuatro dimensiones-. Y menos la epilogal “Ctrl - Z”, poliédrico resumen y cierre de un plástico que podría haber firmado un Uwe Zahn mainstream de ética a prueba de bazookazos.

La preventa de la edición física de Discos Astromelia tendrá lugar el 5 de marzo. Aplausos.

Curiosa entente, Hypernaut. Más que en otras que podrían considerarse correligionarias suyas, clasificables como stoner/space/psychedelic garage, hay además en este quinteto una fuerte influencia grunge. Quiero decir, no es que Hypernaut sea epígono sucedáneo de la asonada Seattle, sino que ésta tiene considerables peso e importancia en la constitución del sonido. Lo suyo es, pues, un punto medio entre el escuadrón de grupos -grupazos- stoner que hoy habitan la escena nacional y las unidades a la usanza de Rhor, seminal banda perucha de post grunge.

Lo que está fuera de discusión, en todo caso, es que Hypernaut tiene la mira puesta en los 70s más heavy y en los 90s grunge/stoner. La fuerza y la contundencia de esos estruendosos referentes quedan evidenciadas en “Bad Hombres” y “Panic Attack”, genéricos pero no por ello menos furiosos cortes con que abre el debut Ozymandias. Es éste, cuya denominación le ha sido dada por un célebre poema del decimonónico literato inglés Percy Bisshe Shelley, el fruto de largas sesiones de creación y ensayo sobre todo en el curso del año pandémico -circunstancia que ayudó a adelantar su salida para diciembre.

Podría deslizar que hay tramos de Ozymandias que suenan mejor. Ello presupone otros que, por contraste, suenan peor. En realidad, este estreno no tiene desperdicio: incluso en sus momentos digamos más convencionales, como “Worlogog”, “Atomic Breath” o “Multiverse... Battleworld”; Hypernaut acredita un vigor y una solidez admirables. Esas canciones rugen montadas sobre compactos riffs de guitarras versadas en las tradiciones de Eddie Glass, Buzz Osborne y Jerry Cantrell; riffs bajo los cuales se agita una cumplidora base rítmica.

Si así andan las cosas en sus pasajes más tranquilos, ya te puedes imaginar la constante tormenta eléctrica de números como “(This Is Where I) Draw The Line”, “Cynicism Is Self-Harm” o el tema homónimo; en los cuales los pistones de la maquinaria que impele al combo intercalan patrones no siempre equivalentes, sin rastro de subsecuentes asincronía o pérdida de timing. Virtudes que les han hecho a Martín Cardich (primera guitarra), Gary Saavedra (batería), Juan Diego Stein (segunda guitarra), Miguel Ángel Yugra (bajo) y Santiago Echecopar (voz); receptores de frases como “Se siente como cuando escuchábamos por primera vez todos esos álbumes de los 90s de Sub Pop”, que figura en su BandCamp oficial. Merecidos elogios para una agrupación a la que autenticidad le sobra por todos lados.

Conocí a Carlos Palacios Hidalgo a través de su desaparecido fanzine Entes Anómicos, allá por el 2000/2001. Llevaba adelante, como ahora, una labor encomiable: escribir sobre bandas de las que mayormente no se escribía ni dos líneas, sean nacionales o extranjeras, y editarlas como mínimo por la vía artesanal. Acaso estas ediciones eran insuficientes en cuanto a tiraje, pero no hay que olvidar la precariedad que todavía imperaba en la escena inca a comienzos del nuevo milenio -entonces todo sumaba.

Fundado en 1996, el fanzine ya no existe. Lanzada en 1999 con el mismo nombre, la escudería aún sigue en pie de lucha, premunida de casi las mismas armas con que antes contaba a discreción: capacidad virtual de edición (ésta no), alcance internacional, un catálogo tan robusto como variopinto -de imaginario hardcore punk al momento de su concepción, ya para el cambio de siglo EA rotaba material de todo tipo. Ergo, si la discográfica se halla en camino de cumplir 22 abriles, su único responsable cumple en este 2021 un cuarto de siglo dedicado a esta quijotesca chamba.

Atrincherado en Frankfurt desde hace varios años, CPH debuta como músico/no músico en agosto del 2014 con el 7’’ Noises. Adjudicado a La Agonía De Desear Existir, aunque no es éste su único alias, será el elegido para el presente comentario. El proyecto lleva ya 16 títulos publicados, singles y EPs en su mayoría, bautizados por terceros desde un principio como fricleknoise -que tiene la acepción sajona de “ruido reciclado”. En esencia un término peyorativo, autoasumido es casi siempre sinónimo instantáneo de buen gusto. Ésta no es la excepción.

La Agonía De Desear Existir es la ruta de escape para música netamente percusiva (“C”), sea ésta de ascendencia abstracta/concreta, electroacústica o digital. Como fortificado por una metodología zen, en su seno Palacios desarrolla una especie de bricolage sonoro entre aleatorio y errático, del que Blind Them With Kindness es su más reciente manifestación. Breves telares compuestos por materia prima sónica de diversa laya -desde las idiófonas kalimbas de “D” hasta los ¿sampleos? de “B”-, cuyo rango de complejidad puede ir de la sencillez que brota de una cajita de música (“Out”, donde repite plato el instrumento africano) a construcciones comparativamente más elaboradas (“D”), pasando del registro desnudo (la seca percusión de “C”) al más arropado (los flirteos electrónicos de “G” y “E”). Poco más puede decirse de experiencias tan minimalistas como efímeras, salvo que induce ésta a relajar nuestras células más ignotas al tiempo de crispar las hematíes nuestro flujo sanguíneo.

Próximamente, ------, el otro seudónimo del buen Carlos.

Mira, pues, Berlín por partida doble y Frankfurt, extrapolados al circuito independiente peruano. Ojalá Kamila Lunae haga pronto buen tercio desde Múnich.

En el mismo sentido que lo fue para Vrianch, el 2020 parece haber sido un gran año para 27 U H F. De marzo a julio, el unipersonal de Marco Luján estuvo coheteadazo soltando un álbum tras otro. Verdad que en algunos casos se trataba de reencauchadas según tal o cual ocasión. Ésas, sin embargo, son las excepciones.

En marzo hace su entrada Rare Tracks, compilación doble de 100 minutos y 27 paradas, inéditas casi en su totalidad. Sin haber cumplido esta colección de rarezas dos meses de aparecida, simultáneamente Luján re-empaca el Lust EP (2018), ahora presentado como “Extended Edition” (pasó de ocho a diez pistas); y edita The Last Love Letter, artefacto ultimado con piezas que ya habían sido publicadas. Tanto Lust (Extended Edition) como The Last Love Letter fueron orquestados a petición del sello ucraniano Naughty Night Records, especializado en vaporwave y similares, que ha reeditado una parte de la discografía de nuestro connacional.

Con quince días de diferencia, en julio se cuelgan dos nuevas rodajas. La primera fue la novísima Holograms. ¿La segunda? Un 50/50 con el acto dominicano S.a.x., intitulado On The Road. Por desgracia, el split no ha sido colgado íntegro en el BandCamp de 27 U H F, lo que veda su análisis.

Me enfoco, pues, tanto en el Rare Tracks como en el The Last Love Letter y el Holograms. Del primero, quedó ya dicho que se trata de una recopilación de material que permanecía inédito casi al 100%. Es revelador que la hegemonía de estos rare tracks recaiga en las cepas vaporwave del muzakcore y sobre todo del mallsoft. Hay de todo un poco, claro, pero la balanza está lo bastante inclinada hacia estos subgéneros como para ser indiciaria de posibles direcciones que en lo sucesivo pasarán a tener rol más preponderante: “$OLO ACΣPTAMO$ 𝙑𝙄𝙎𝘼”, “$MUC-03”, “C://Camino Real (Mix 2)”, “S̴̨̪͚̫̥̿͒̎̇ͅͅA̸̘̞̝̲̟͘͘͝B̶̡͚̲͇̄́̽̽̉A̷̬͇̥̖̜͓͒̔̒D̵̬̹̙͋̾̀̉̎͗͠O̴̢̻̺̝͔̯̩̰͖͖̿̏́̓̓̈͠͠”, “29 5 30”, “VHS POEM # 1” (el “# 2” figura en el listado del Lust EP), “Listen To Me”, siguen nombres...

Por lo demás, no hay que esforzarse mucho para sustentar la condición que de “inédito” tiene la inmensa mayoría de estos canales. Su acabado es muy rudimentario, bien porque hablamos de demos, bien porque deficiencias técnicas en su grabación las condenaron a estar arrumadas en un rincón. En buen cristiano, el audio es demasiado pobre como para hacer por ellas algo más que abroquelarlas en torno al rótulo de “rare tracks”.

Para The Last Love Letter, la metafísica del pitch que se cierne surrealista sobre la estética del mall gringo se convierte en la principal herramienta dinamizadora. Su huella no es constante, pero deja poco margen a temas digresores como “Your Face” y “Expectativas”, future funk con que rendirse a esa sugestión del loop que no se cansaba de alabar Daniel Lopatin (Chuck Person). Ciertamente, TLLL es un trabajo donde reinan la fantasmagoría de la insatisfacción frente al mundo que nos ha tocado vivir, la GLOriFIcación de un muzak imaginado para sonorizar mil y una ucronías, el colorismo kitsch suscitado de manipular desde nuestra modernidad aparatos y gadgets más cotizados mientras más viejos sean. Propias del material nuevo -“EVR?”, “Meridiano”, el número titular-, estas características se extienden tanto a los rescates (cf. “RDIO FNTSM (Instrumental Version)” del Caribbean Dreams EP, “LUxXxURY” del Spectrum, “1991” del Fantasma EP) como a las revisiones (“𝓲 𝓻𝒆𝓶𝒆𝓶𝓫𝒆𝓻 𝔂𝓸𝓾 (𝓇𝑒𝓋𝒾𝓈𝒾𝓉𝑒𝒹)” o “NTIK (Extended Reissue)”).

El problema es que, en Holograms, la novedad ha menguado. No se debe esto a un agotamiento de la emotividad retromaníaca a que apelan las visiones psicodélico-minimalistas despachadas aquí por 27 U H F. Se debe a que las sedantes melodías intervenidas para crear relajantes pa(i)sajes de ambient ornamental tienden a ser autoreferenciales de la obra de Luján en conjunto. El individualista parece haberse instalado en una sola línea, y nada tiene eso de malo, como sí el repetir la técnica/el procedimiento casi mecánicamente. Resultado: una cadena de eslabones bastante parecidos, salvo excepciones como el tímidamente hipnagógico “感傷的な女性”. Loops desacelerados que sirven de base para líneas borrachas de sintetizadores (“高利貸し Hipermercado”) y ritmos cansinos (“Larco Ave.”) por igual. Composiciones narcotizantes de futuros abortados (“𝙤𝙧𝙖𝙣𝙜𝙚 𝙨𝙠𝙮”), de un no-lugar (“雨の日”). Todo bien confeccionado, para qué. Se deja extrañar, sin embargo, una variedad que antes era la norma en 27 U H F.

Hákim de Merv