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jueves, 21 de mayo de 2026

Supertriste: Bloop

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de mayo de 2026.)

Extrañas nuevas desde Iquique. Al despuntar septiembre del ‘25, Supertriste debuta en largo tras tres años de vida artística con un álbum algo complicado de diseccionar. Quizá no haya motivo de mayor asombro para quienes lograron escuchar sus dos singles anteriores, que ya anunciaban lo que después ha confirmado crecidamente el estreno en 33 rpm. Como no fue mi caso -primero degusté este último, luego los sencillos previos-, puedo decir que la banda me sorprendió con los pantalones abajo. De todas formas, ha sido una experiencia singular.

Bautizado haciéndose eco del escalofriante suceso de 1997 relacionado a un lovecraftiano fenómeno acústico submarino que dio lugar a (nunca descartadas) especulaciones fantásticas sobre gigantescas criaturas abisales, Bloop propone una inmersión dirigiéndose hacia el corazón de las tinieblas. ¿Inmersión física o emocional? Un poco de ambas. Lo curioso es que se sirve del shoegazing, género muy identificado con imágenes de fulgor y luminiscencia, para hacerlo. Y si bien la música del grupo asimila además plancton de otras aguas, como las del indie o del noise rock, es la variedad de Slowdive y del primer Auburn Lull la escogida para domeñarse a los designios de la lobreguez.

Lo consigue el quinteto formado por Jorge Peña (batería), Héctor Venegas (guitarra y voz), “El Roco” (bajo), Rodrigo Collao (guitarra) y Johan Castillo (guitarra); amparándose en la Baja Fidelidad. Tomándole como su catalizador por excelencia, Supertriste consigue difuminar el baggy sin disolverle: nada más empezar a sonar “Grisáceo”, la ecuación ruido + melodía queda eclipsada bajo una capa lo fi, lo bastante gruesa para obliterarle y lo suficientemente delgada para apreciarle a través de ecos lejanos. Es como si estuvieras presenciando una avalancha de distorsión en clave pop, ahogada por un registro fosco, que nubla esas fuerza y vehemencia. Esta dialéctica acompañará al combo hasta el final del viaje.

Quizá sobre decirlo, pero mejor pecar de exceso que de omisión. De blackgaze, ni media micra. No distingo en la ascendencia del acto chileno rastros de etiquetas emparentadas con el metal. Si acaso forzando las comparaciones, tal vez sedimentos de rock alternativo, dispersos entre la apertura y “Abisal”. En todo este tramo, repta la bulla desprolija, provenga ésta del noise rock (“Frío”) o del shoegazing (“Evasivo”, “Dejavú”). La osamenta rítmica empuja a Bloop a oscilar entre la potencia y la calma (“Abisal”), escoltada a toda hora por el cristal esmerilado del desaliño intencional.

En la tríada “Algo Siento”-“Nube”-“Descendente”, Supertriste se zambulle en el canon shoegazer adecuando los tiempos y desbastando todo lo que puede las aristas de su sonido. Da forma, así, a un output que podría catalogar como “shoegazing oscuro”; si ese concepto no constituyese en sí mismo una aporía. No lo hago porque, esto aparte, uno de los rasgos más llamativos del plástico es que las vocales se entienden completamente -diferencia crucial respecto del paradigma noventero, donde las voces son por regla general ininteligibles.

Para contentar a propios y extraños, Bloop acaba volviendo al punto de origen con “36”, cierre de un esférico cuando menos peculiar. Merece escuchársele en físico, porque su diseño corresponde al de un tour de force, con casi todos los tracks entrelazados. Dicha edición corre a cargo de la aún novel escudería chilena Espora Discos, mientras que puedes optar por la descarga libre desde el BandCamp del proyecto, y por la descarga paga desde el de la santiaguina Joy Box Records.

Hákim de Merv

jueves, 5 de febrero de 2026

Christian Van Lacke: Mogul // Uza.Zetangas: Uza.Zetangas // Ruri: Chinchey // Café De Las Almas: Antihéroes

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de enero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

Incluyendo esta bitácora, poquísimo es lo que se ha escrito en medios peruchos sobre las andanzas de Christian Van Lacke. Verdad que el músico es argentino y no vive/viene aquí sino ocasionalmente.  A  pesar  de ello, sus conexiones con el país son muy fuertes -empezando por su padre, Guillermo, bajista en el mítico estreno homónimo de Tarkus (‘72); y terminando por el propio Christian, fundador de dos excelentes power trios en el Perú, los tremebundos Tlön (‘08-‘12) y el efímero alias Tortuga. Créditos de sobra para que la prensa especializada nacional le tenga de continuo en el radar.

Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.

Al tener en cuenta los backgrounds de algunas de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.

En la spinettiana “Inútil Cementerio”, por ejemplo, las cuerdas se engrosan como en ningún otro surco del esférico; sin desdibujarse su aura de blues minimal. La ingrávida lisergia de pistas como “Crosby”, “Un Color” o “Canción De Mene” luce aquietada merced a acordes folkies en el primer caso -eclipsados ante el arribo de una inesperada percusión santanera- o a visos de outlaw country en el tercero. Cuando más cerca anda de salirse del molde, la guitarra prefiere asentarse y crecer con paciencia antes que desbocarse y cubrir el horizonte. Así sucede en “LP” y en “Cosmovisión”: primos hermanos, cada número toma distinto camino, siendo “LP” un desértico psych blues de intro ragga que se le insinúa al stoner, y “Cosmovisión” un heavy folk que no se resuelve a flirtear con el prog rock.

Dueño del sitial reclamado por el epílogo, “Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la totalidad de su copiosa obra.

No he tenido conocimiento de la discográfica catalana Zona Watusa hasta que recibí noticias de la eyección de un cassette atribuido a la sociedad Uza.Zetangas, a través de dicha plataforma barcelonesa. La luz verde fue concedida hacia la veintena de octubre último, y el aviso llegó a mi inbox recién en la quincena de diciembre, por lo que se me hizo imposible pautear algún comentario para lo que entonces restaba del ‘25. No hay plazo que no se cumpla, ¿felizmente?, y ahora que estamos metidos/as de lleno en el ‘26 es tiempo de destinar a la referida cinta unos cuantos renglones.

Como habrás intuido, esta identidad nace de la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García a.k.a. Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).

Ese diálogo es, por ende, el punto de partida para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities, Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.

Sin embargo, Uza.Zetangas no malgasta el tiempo en recreaciones exactas, ni desperdicia la oportunidad en revivalismos facsimilares. El dúo interpela este período de la música pop contemporánea valiéndose de una estética ambiental que recurre mesuradamente a la iteración, cuando no al drone. El resultado es un puñado de composiciones en el que las eléctricas se desenvuelven interpretando el rol de elemento conductor sin codificación fija, a la usanza del método que ha ejercitado Miguel en su evolución solista. Secundan en modesto segundo plano los osciladores, la especialidad de Carlos, proporcionando consistencia y brillo -lo que le lleva, a veces, a adelantarse a primeras filas (“Crossroads Parte I”, “Finis Terrae”).

Al trasponer el punto medio y apresurarse hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de “Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”, “Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever (la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).

Me acostumbré tanto a la crudeza de Ruri (Demo) EP, que tras el estreno formal de la agrupación en mayo del ‘25 no me queda claro si debo considerar al extended en demodé o no. Razones evidentes para una respuesta afirmativa no faltan: todo el contenido de Ruri (Demo) EP ha sido recuperado para su puesta de largo, reinterpretado/regrabado y adicionado a otras cuatro canciones de manufactura más reciente. La jugada se caía de madura: no habiendo sido registrado el extended en condiciones técnicas idóneas, la oportunidad pintaba para hacerle sujeto de un segundo debut.

Abren Chinchey dos cortes correspondientes al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas. También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más “ordenada”.

Tal es el problema con el que deberán lidiar los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado. Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche, actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros, también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha perdido, si se escucha antes esta placa?

Centrémonos en los tracks nuevos acerca de los cuales no me he extendido. “No De Rutina Amor” le prende velas al rock alternativo de los 90s y al grunge, regurgitando su angustia y su hastío a punta de riffs límbicos y unas letras de sutil cariz cáustico. “No Hay Control” accede a esa senda de cuando en cuando, reservando espacio asimismo para una batería más en plan post punk. Y el telón abajo de “Seguir Eligiendo” rompe del todo con el modern rock, sumergiéndose en una zona franca donde coinciden las riot grrrls y las precursoras del after punk -heroínas unas y otras del supermercado en llamas.

No hay mucho más que alegar a propósito de las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y “La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.

Reaparece Café De Las Almas con un segundo esfuerzo liberado para descarga gratuita desde SoundCloud el 28 de diciembre, fecha en que la región celebra el Día de los Inocentes. Extraño curso de acción. Por qué no esperar unos pocos días más para soltarlo en 2026, o en todo caso anticiparle para no coincidir con esa “celebración”, es interrogante que le corresponde al trío absolver. Muy pocas circunstancias, empero, se me antojan lo suficientemente válidas como para justificar tamaña elección.

En relación al primerísimo Café De Las Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente. No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas (B-612)”. Contados, menos mal.

Es notoria la intención de CDLA de jugársela entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies (“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito En El Agua”).

Entonces, si el pop mainstream de entresiglo no ha sido extirpado del todo, ¿en qué maneras el menú de Antihéroes supera al del predecesor? Muchas de sus piezas funcionan gracias a las efectivas pulsaciones del secuenciador, a la discreta ejecución de una guitarra, a los laboriosos arreglos de teclados. Ya presentes en Café De Las Almas, estas características vienen ahora nimbadas de kilometraje. Acontece con “Aún”, con “Maldad” (aunque el spoken word que le chantan es innecesario), con “Bala Certera”, con “Catedral”. Podrían no haber destacado, como le sucede a “So”, lastrada por el excesivo colorismo que le impone ese pop al que ya le dirigí puyas hace dos párrafos. Felizmente, sólo se ve afectada esta última, además de las ya aludidas “Vuelvo A Estar” y “Antiparaíso” (muy influenciadas por “Somebody” de Depeche Mode, de los pocos canales del repertorio clásico de los ingleses que no me agradan).

Había quedado en debe Café De Las Almas en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.

UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.

Hákim de Merv

jueves, 31 de julio de 2025

Parasomnia: Cuerpos De Otros EP // A Full Cosmic Sound: El Fénix

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de julio de 2025.)

Un buen día, después de tres años, decidió retornar Parasomnia a la palestra. Convertido nuevamente en trío debido a la salida del bajista Sebastián Gonzáles, quien cumplía función de apoyo en directo, el combo santiaguino ha estrenado nuevo extended hace medio almanaque, mismo que viene a suceder al debut en largo Vigilia. En la práctica, entonces, la agrupación vuelve al formato que grabó el primerísimo Parasomnia EP allá por el ‘20: Francisco Cerda en las baquetas, Franco Reyes en la eléctrica, Mauro Rojas en las vocales y el bajo.

Mediante Vigilia, se adentró el trinomio en las hoscas espesuras del dark rock clásico, balanceándose no pocas veces a la sombra del dark-gothic emergido durante la segunda mitad de los 80s. Lo llevó a cabo, además, ganando peso, agilidad y fuelle; virtudes cuya conjunción le posicionó estéticamente a tiro de piedra de audiencias más extensas que las abroqueladas en torno a nichos darkies (cf. Alcalá Norte). Para Cuerpos De Otros EP, la performance es reeditada, produciendo resultados en la misma frecuencia -e incluso algunos centímetros más adelante.

“Roja Mañana” corre la cortina del extended con renovados ímpetus, desplegando el arsenal del terceto: una ígnea guitarra fantasmal, un drum set bien cuadrado y tenaz, sobre todo un bajo equilibrista. En lo concerniente a este último, se suele decir que cuando mejor lo hace es cuando menos se le nota. Cierto, a menos que hablemos de géneros para los que el mástil de cuatro cuerdas sea arquimédica palanca de apoyo. Tal es la circunstancia: ya consideremos “Gusano” o la densa “Quemar La Realidad”, el bajo del también frontman de Pande-Dios muda en la espina dorsal de las composiciones sitas aquí.

De post punk, entonces, ya nada en la práctica. Apenas un aire al Wire de 154 (‘79) en “Roja Mañana”. El espíritu de Ian Curtis aún se manifiesta en todo su lustre dark (“Quemar...”). Lo mismo puede decirse del Cure siniestro (“Saturno”) o de los olvidados And Also The Trees (“Tal Vez, Alguien”). Franco Reyes resplandece o se apaga según dictamine cada situación, mientras que Francisco Cerda se muestra versátil para los cambios de velocidad de un número a otro. Desde sus respectivas posiciones, ambos ofrecen sendos complementos/contrapuntos a los foscos matices que dispara Mauro.

Siento que las letras no han sido todo lo chambeadas que deberían. En ese sentido, me parece que existe una suerte de involución en relación a Vigilia. Las de Cuerpos De Otros EP se me antojan a media caña, apelando más de la cuenta a la socorrida coartada de la rima. No siempre, es verdad, pero tampoco no nunca.

Nuevo disco de A Full Cosmic Sound, colectivo mapocho que marcha rumbo a sus dos décadas de fundado y cuyas copiosas referencias discográficas se hallan un tanto dispersas/repartidas en la región. De tan vasta cosecha, sólo he podido escuchar La Automatic Flight Control System (‘17) y un live que recupera su presentación en la tercera edición del Festival Integraciones (‘13, realizada en Perú), publicado por SuperSpace Records (label de nuestro músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda). Por desgracia, la mayoría de títulos no se encuentra disponible en Internet.

El Fénix es un lanzamiento peculiar. Consta de un 12’’ que es el álbum propiamente dicho, y de un 7’’ adicional que hace las veces de bonus disc. Aunque hermanadas bajo una misma etiqueta que no pretende ser conceptual, en la medida en que ambas rodajas guardan más diferencias que semejanzas, las trataré cual volúmenes distintos.

Como suele ocurrir cuando se aborda la figura del colectivo, A Full Cosmic Sound es una entidad abierta a diversidad de influencias, pues cada músico que se asocia temporal o permanentemente adiciona nuevos colores o tonos a la paleta comunal. No obstante, es verdad que los colectivos tienden a perfilarse sobre la base de sus influencias más marcadas. En el caso de la tropa chilena, las constantes son el ambient, la psicodelia minimal, la Baja Fidelidad y la electrónica; entre otras de menor ascendiente. De ello ya habían dado pruebas en La Automática... y en el directo aludido.

No es distinto el tramo 12’’ de El Fénix. Dedicada a Eduardo Streeter Silva, músico de AFCS fallecido tempranamente, la placa principal se apertrecha de dos temas kilométricos. Lejos de ser la única característica en que comulgan, “El Fénix” y “El Tío Pantera” pueden abordarse como lienzos en progreso -embebidos en un ambient apacible salpicado de eléctricas que suenan/reverberan con austeridad. A veces la intensidad se eleva, posibilitando la aparición de tenues devaneos psicotrópicos. A veces, también, aparecen atemperadas secuencias que tienden a agilizar el movimiento de estas esculturas sónicas. Flota encima suyo siempre la certeza de crescendos propios del post rock más folkie, que aditan a su registro visos de ensueño -lo que, por fortuna, no las hace forzosamente “ensoñadoras”.

En cuanto al 7’’ extra, “Corto Vuelo, Era Una Trampa” se impulsa desde el ruidismo cacofónico consecuencia de topetazos entre el free jazz y el noise, nunca desmarcados de la dialéctica inherente a la música rock. Curiosamente, “Corto...” cobija una cadencia marcial, a despecho del caos en que nace. En las mismas coordenadas se mueve una pista bautizada “En Vivo En Perú (Extracto)”, brevísima muestra de su accionar sobre el escenario. Por su parte, “El Mensaje De Roger” carece de baterías o secuencias, si bien su naturaleza es igual de rockera que la de sus predecesores inmediatos. Dispares rostros de una misma inteligencia colectiva.

A Full Cosmic Sound son, en esta ocasión, Gonzalo Muñoz, Jorge Boher, Ignacio Rodríguez, los hermanos Iván y Álvaro Daguer, el finado Eduardo Streeter, Mauricio Dodds y Roger Sierra.

Hákim de Merv

viernes, 18 de abril de 2025

Adelaida: Retrovisor // Rafael Cheuquelaf: Tiempo Profundo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de abril de 2025.)

Pasó un tiempo más o menos considerable desde que Animita (‘20) hiciese brillar el nombre de Adelaida, tras la insólita gira que el entonces terceto realizó en países de Extremo Oriente. Tiempo que, es verdad, coincide con la fase más severa de la pandemia -cuatro años, nada menos. No fueron sólo las sanitarias, empero, las únicas circunstancias que intervinieron en este prolongado paréntesis. A la luz de lo exhibido en el subsiguiente Retrovisor (‘24), el grupo de Valpo tuvo que afrontar durante ese par de bienios drásticas transformaciones en su configuración, que repercutirían a la postre -si bien no de manera demasiado traumática- en su discurrir sónico.

En efecto, en algún punto entre el ‘21 y el ‘23, Adelaida dejó de ser un trío y reinventóse como cuarteto. El verbo no es exagerado, ya que no sólo se trató de adicionar un nuevo miembro. De Animita a Retrovisor, el alias prescindió tanto de las baquetas de Gabriel Holzapfel como del bajo y de las vocales de Naty Lane. En reemplazo del primero, cogió el relevo Tomás Pérez, mientras que Anke Steinhöfel sustituyó a la segunda en ambas funciones. El ingreso de Joaquín Roa en el puesto de guitarrista divide con Claudio Manríquez (a) Jurel Sónico, que sobrevive como único miembro original del acto, responsabilidades relativas a los desarrollos estelarizados por la eléctrica.

Desde un principio, Adelaida se decantó por las formas de crear/ejecutar música pop fundadas sobre la Distorsión. Con la solitaria excepción del shoegazing, la mayoría de ellas surgidas sobre suelo americano: el noise rock de Dinosaur Jr. y Sonic Youth, el “hype” del alternative rock, el indie rock de Sebadoh y Shellac, el grunge de Mudhoney y Alice In Chains... El balanceo de todos esos ingredientes le dio al combo su identidad constitutiva, de la que despachase sobrados ejemplos en discos del nivel de Paraíso (‘17) o Madre Culebra (‘15). Esos rumbos se ven magnificados en Retrovisor, al punto de poder catalogársele como la placa que refunda a la banda del ex Lisérgico.

Con los primeros acordes del corte homónimo retumbando en los headphones y disparando las guitarras salva tras salva de duras acometidas rockeras, queda en evidencia el anabolizado ascendiente de ruido y distorsión que presidirá de ahora en más el sino de Adelaida. Uno que, sin renunciar del todo a su herencia baggy (“La Montaña”, “12 Días”, “Mi Ventana”), transitará esencialmente por este lado del Atlántico. “Pólvora” es una excelente muestra de ello. Otras igualmente recomendables son “Espirales”, “Girasoles”, la psicodélica relectura de “Brilla” (original de los argentinos Suárez que venía como hidden track en Hora De No Ver), “Resplandor” y el farrellesco colofón de “Desdén”.

Un par de apuntes más acerca de Retrovisor. Por supuesto, tiene su lunar. A “Frutos De Otoño” se le siente muy inicios de los 90s, cosecha neopsicodélica, rasgo que se acentúa cuando al promediar la canción los valpeños rebajan el tempo y gana ésta un groove típico de esos ácidos días. Claro, la toma primigenia ya venía impregnada de esos aromas. Y es que Retrovisor se concede la libertad de reinterpretar algunos números antiguos de Adelaida, todos ellos provenientes de su ópera prima Monolito (‘14), subrayando ese hálito de “segundo debut” del que hablaba hace un momento. Pasa con “Frutos...”, con “Océano Mundial”, con “12 Días”.

Muy pocas jornadas antes de la última Navidad, se subió a la cuenta BandCamp de la escudería independiente Eolo Producciones el último trabajo solista del músico magallánico Rafael Cheuquelaf. Integrante de Lluvia Ácida, dúo que justamente fundase Eolo en el ‘01 y que ha asumido la tarea de relanzarle hace algunos meses, éste es ya el tercer esfuerzo de largo aliento que el buen Rafael saca adelante -y el cuarto lanzamiento alejado de sus trajines junto a Héctor Aguilar. Sin embargo, para la ocasión no ha marcado el autor mucha distancia respecto del curso que navega actualmente la reconocida mancuerna puntarenense.

En Camino Interior (‘22), Cheuquelaf tomaba el sendero del trip hop enyuntándole a una narrativa conceptual proyectada como siempre sobre el fundamento de su experiencia vital, externa e interna. También se encumbra Tiempo Profundo desde un concepto de fondo, pero las sonoridades que le vertebran se hallan más cerca del urgente dark ambient empuñado por el binomio en Puntarenazo (‘24). Y cuando no ocurre de esta guisa, el esférico remite a los días oscuros y nerviosos de Antiviral (‘20), que LlA compusiera durante el periodo hardcore del COVID-19. Esta última conexión no es gratuita, ya que asimismo se cuela aquí una temática científica de por medio.

Ésta corresponde a un residenciado artístico y de investigación que el chileno cursó vía la Universidad de Magallanes. Consistió éste en exploraciones de la zona más austral del país, con el objeto de estudiar/especular-acerca-de una época de la región magallánica anterior a la llegada del Hombre. De ahí la chapa de “Tiempo Profundo”, frase acuñada bajo esos mismos parámetro por James Hutton, geólogo escocés del siglo XVIII. De ahí, también, muchas de las denominaciones utilizadas para bautizar los surcos que agrupa el plástico: “estromatolitos”, “ictiosauria”, “amonite”, “bloques erráticos”, etc (cada una explicada por Rafael en la sumilla de BandCamp).

Sonidos de enjambres binarios (“Amonite”), perfecta síncopa de precisión clínica (“El Ciclo De Las Rocas”, circa el Tecno de Daniel Melero), inexpugnable densidad vítrea (“Manto De Hielo Patagónico”), gélidos strings digitales (“Estromatolitos”), bronco dark ambient inoculado de chillones órganos eclesiásticos de pelaje sintético (“Bloques Erráticos”). Los climas sonoros en Tiempo Profundo recorren con ritmo sostenido comarcas ambientales pletóricas en incertidumbre y suspenso, apertrechándose de un synth completamente deconstruido -algo así como el lado Z de Chris & Cosey. Si hay momentos de reposo, éstos son devorados con celeridad por evoluciones ominosas, casi carpenterianas.

Inicio y epílogo del álbum sortean este modus operandi con desigual destino. Mientras que la pieza titular es una zarabanda de ruidos binarios generados aparentemente al azar, que acaba desbarrancándose hacia preternaturales abismos lovecraftianos (en sintonía con el sutil guiño de la portada), “Primer Fuego En Karukinka” es un tema solemne, que oscila entre crepuscular y angélico. La flama encendida por los primeros seres humanos habitantes del extremo sur en lo que tras cientos de años sería suelo Selk'nam, ciertamente, marca el final de una era y el inicio de otra. Por eso “Primer Fuego...” muta el cariz al aproximarse a sus cuatro minutos para derivar en un panegírico lleno de emotividad y vitalidad. Laudable.

Hákim de Merv

jueves, 20 de febrero de 2025

Monsters: Lejos De Mi Ciudad // Antibióticos: 100mg // Fukuyama · Fijando El Estallido: En Vivo En Festival Sarcófago // Todo Sigue Igual // Humano De Hiel: Encierro EP / Emboscada EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de febrero de 2025.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2024 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

(Ni tan) inusual el sino que le fuera deparado al primigenio volumen de Monsters. Fundado a mediados del ‘16 en La Oroya, Junín (región centroandina del Perú), el dúo de los hermanos Paulo (voz, arreglos) y Ronald Chávez (segunda voz, producción) le edita en julio del ‘18. Que sea la apertura de una label cuyo catálogo siete años después no rebasa aún los dos dígitos (Dark Sheep Records), acaso explique lo desapercibido que Lejos De Mi Ciudad pasó más allá de su radio inmediato de alcance. Para suerte suya, ello no ha afectado gran cosa el accionar del binomio, que sigue tocando dentro y fuera del terruño.

En septiembre del ‘24, Lejos... se ha favorecido de una nueva edición gracias a Dark Grave, disquera independiente que bordea el centenar de referencias con apenas un bienio más que su par huancaína. De esta forma, se pone a consideración de públicos más jóvenes/nóveles un esférico merecedor de mejor fortuna que la cosechada hace media docena de años, que ilustra parte del amplio espectro de música electrónica cultivada en la movida oroína, y que debiera ubicarse junto a obras de coetáneos/coterráneos como En Los Ojos De Medusa (Ausencia, ‘19) o Irinum (El Origen De La R-Evolución, ‘16).

Lejos De Mi Ciudad viene tapizado con ornamentaciones new wave y EBM. Buena parte de sus programaciones podría etiquetarse como fundada sobre una especie de proto-techno. Su fuente matriz es, sin embargo, el synth pop. No cualquiera: el output de los Chávez tiende a ser más opaco de lo normal y a acelerar el trote, aunque la temperatura glacial típica del synth de los 80s se mantiene inalterable. A despecho de su velocidad, “Misterios De Amor” me suena su largo rato a Visage. Otras muestras de esos sintes de ébano y secuencias de ágil marcialidad son “Tan Cerca De Mí”, “Sueño Oscuro” y la terna final “Muriendo En Tu Ser”-“Latidos De Tu Corazón”-“Lejos De Mi Ciudad”.

Sintomáticamente, la tríada que acabo de subrayar sucede a una precedente, donde Monsters testea esos otros sabores mencionados renglones atrás. “Mafia Y Poder” me recuerda a la electronic body music de Nitzer Ebb. “Monsters” busca reverdecer los laureles del techno industrial de gente como Front Line Assembly. Y “Siempre Estaré Contigo” es casi techno trax al alza. Canales divergentes que encajan en un plástico de sesgo bailable -al modo en que se bailaba en los 80s, obviamente-, que no pierde nunca de vista el norte synth al que ha entregado su alma. Por algo la pileraza “Tu Oportunidad” se levanta sobre ese nervioso synth de gustito agridulce que se manufacturaba en la Unión Americana no bien alborearon los 90s.

Lejos de ser un trabajo impecable, y ya de cara a una próxima jornada, Monsters necesita implementar prontas reformulaciones en dos rubros muy específicos: la voz y las letras. Se nota en qué canciones las vocales están forzadas y en qué otras no. Obviamente, Lejos De Mi Ciudad luce más cuando la voz sale suelta, sin pretender ser lo que no es. Igual se le aprecia en grado sumo cuando las líricas son construidas con empeño, dejando atrás disfuerzos medio cursis. No olvidar, eso sí, que estamos hablando de un episodio editado por primera vez en el ‘18. Hoy, las cosas podrían haber cambiado sustancialmente.

Hace un par de semanas, escribí unas pocas líneas sobre el bluff que supone Super Fuzz, abanderado local del llamado “egg punk”. Ya tenía pensado comentar también 100mg, estreno absoluto de Antibióticos, cuando me enteré por medio del crítico Fernando Pinzás que ambas agrupaciones comparten integrantes. “Mientras no milite en las dos el cantante...”, recuerdo que pensé con no poca aprensión, ya que la actuación ofrecida por el sujeto en cuestión en Super Fuzz EP es tan mala que consigue estigmatizar alineación y extended.

Aparentemente, no es el caso. Coincide el sonido molde de Antibióticos con el del punk, mas no con el del subgénero que practican Ismatic Guru o Snõõper. Como bien señala Pinzás, si 100mg hubiese salido hace 48 años, nadie le habría tenido por otra cosa que hijo de su tiempo. Suena a punk primordial, rasposo, concebido bajo el canon de la explosión ‘77. Y sobre todo, fresco, con el cerebro lleno de ideas por probar y el corazón a mil -lo que no se traduce a la prepo en rebotar gratuita y ridículamente de un rincón al otro, sino en escupir cada asalto con urgencia, vitalidad e inteligencia.

Que 100mg es imperfecto, es una verdad innegable. Si hasta da que pensar que involuntariamente se han micrado mal los instrumentos (cuando probablemente sea al revés). Lo mismo ocurría con los jóvenes turcos de la segunda mitad de los 70s. Es esa imperfección, adviértase, lo que aquellas huestes reivindicaban como única salida posible ante el pro-gre-si-vo acartonamiento en que había caído el pop contemporáneo. Repite la faena Antibióticos en edades muy posteriores, provisto de mucha más libertad que antes. El pistoletazo de salida “Proteínas/Calorías” puede traer a la memoria a multitud de bandas punk clásicas, aunque asimismo a la síncopa de “Ether” de Gang Of Four -no por mucho más de cuarenta segundos. La brevedad es una aliada a la que el acto le saca el jugo. Otro tanto acontece con “Transgénicos”.

La efímera “Transmisión” está armada a punta de sintetizadores, y calza perfectamente con el rock mutante a lo Devo de “Vitamina C”, indicio que profetiza despegue punk hacia destinos quién sabe de qué color. De gravosa marcha rockera, “Prescripción” ve alivianado su tonelaje gracias a la inserción de fuertes dosis de componentes electrónicos -una evolución congénita, como lo demuestra Pete Shelley, que pasó de Buzzcocks a modelar sólida carrera solista en predios synth. “Consumir” despide 100mg remontándose a las raíces punk que Antibióticos busca de continuo reivindicar.

¿Fugacidad? Sí. Pero fuera de esa cualidad común, no hay ninguna otra que permita hablar de egg punk al mencionar a este conjunto. Aún cuando se trata de hacer algo con mal gusto, hay que tener buen gusto. Con mayor razón, si la consigna es divertirse, hay que hacerlo seriamente -para no quedar como un hato de cretinos que se palanganean de su torpeza e incompetencia. Abiertas de par en par las puertas para seguir avanzando, espero lo siguiente de Antibióticos no demore demasiado.

En el prontuario de la música pop peruana, dedos de pies y manos son suficientes para contabilizar álbums grabados en vivo. Normalmente, registros de esas características tienen lugar cuando una agrupación o un/a solista ha alcanzado ciertos niveles de difusión, lo que de paso asegura el considerable impacto que propician sin dejar por esto las cuentas en rojo. Al menos tal es la norma en las principales escenas internacionales, donde a partir de este punto es que sobrevienen otros criterios -el artístico, primero entre ellos.

En un país como el nuestro, donde el pop, el rock y la electrónica han sido sistemáticamente apartados de las grandes audiencias por los culiestrechos intereses de la mass media; esa norma carece de vigencia. Son causales estrictamente artísticas las que suelen determinar la edición de un live, no existiendo en la práctica expectativas de retorno vinculadas a la transmisión/divulgación o a la crematística. Pese a ello, no siempre queda garantizado el valor testimonial -ahí está Tormenta Mental - Live At Woodstaco 2019 (‘22), de El Jefazo, ejemplo de cómo NO encarar la producción de un material en directo.

En el otro extremo se halla Fukuyama, que inauguró octubre último recuperando para la posteridad su performance en la edición del Festival Sarcófago del año pasado, junto a bandas como Titania, Pus y Laura La Sangrienta. Fijando El Estallido... devela desde su denominación la intención del entonces cuarteto: legar a futuro un documento que atestigüe el estado por el que atravesase el combo en aquel momento histórico. Noise rock de orla pesada, sostenido por un soporte rítmico -Gonzalo Santos en batería, Erick Cavero en bajo- que semeja una columna vertebral de titanio, dotado de suficiente versatilidad como para pasar del estruendo arrollador a la calma plácida y viceversa.

El cassette tiene cuatro temas ya conocidos y tres que pueden contarse como nuevos -salvo Fukuyama afirme lo contrario. Entre los primeros, encontramos a “Los Días Son Aterradoramente Calmos”, a “Blíster” (ambos de Los Días Son... EP), a “Tierra Baldía” (del mini-álbum Fukuyama) y a “Intro” (de su debut en corto, Fukuyama EP). Entre los segundos, a “Intro II”, al lovecraftiano -por el nombre- “Lo Que No Tiene Forma Te Protegerá” y a “Acá Morimos Todos”. Salvo este último, en insólita configuración dub-reggae, el íntegro del repertorio interpretado ese 18 de mayo conjura a los sospechosos de siempre cuando se habla de la entidad nucleada por Juan Pablo Villanueva (guitarra, voz): Sebadoh, Sonic Youth, Dinosaur Jr., Fugazi... Guitarrera bulla audioextremista que estalla cíclicamente, sea volando, sea serpenteando.

Señalo un par de detalles. El primero: sintetizador, secuencias y sampleos de Ernesto Bernilla. Su presencia, sólo percibida en segmentos puntuales de Fijando El Estallido..., debería ser más relevante -cuando se le escucha, se aprecia su gran desenvolvimiento. El segundo detalle: la voz de Villanueva. En medio de las tormentas de noise y decibeles que despliega Fukuyama, siempre se le oye gritar más que cantar, lo cual es de agradecer. En “Lo Que No Tiene Forma...” y “Tierra Baldía”, empero, la vocalización suena filtrada/procesada. ¿Será cuestión de mezcla y masterización, a cargo de Vamsick? Afirmativa o no la respuesta a esa interrogante, en esas canciones me queda la sensación de estar oyendo vociferar a Starscream.

Otra placa “31/12”. Primaveras Digitales se autodefine como productora lo fi especializada en bootlegs y mixtapes. Con base de operaciones en Cuzco, la plataforma parece haber iniciado su existencia en diciembre último, o al menos así lo indican tanto Mas(a)Océano de Fiorella16 como la compilación con que ultimase el ‘24, Todo Sigue Igual. Hace ésta trasversal alusión a un panorámico anterior, también lanzado en la Ciudad Imperial por Felino Renegado Records, cuya reedición en cassette PD acaba de financiar: Qué Bueno Que Ya Nada Es Igual (2019).

Las coordenadas estilísticas de Todo Sigue Igual le sitúan un poco a trasmano de Qué Bueno... En general, los proyectos que aquí colaboran -arequipeños, cuzqueños, limeños- llevan a cabo todo el proceso desde espacios físicos privados. De ahí el calificativo de “homemade” a que se acogen. Con todo, no existe una equivalencia completa entre esa etiqueta y la de “bedroom pop”. En Todo... no sólo hay lugar para este último, sino además para el indie rock, para la electrónica, para el pop punk, para el lo fi. Incluso para el noise. Y si bien Qué Bueno... gozaba de cierta variedad, Todo Sigue Igual le sobrepasa en ese rubro concreto.

Al disco lo abre “Nanananaan”, de Violento Amor, único alias que figura dos veces en el menú. Su otra participación es “Meme Chistoso” -me quedo con ella, más redonda en su línea de indie rock que la otra en su perfil de punk elemental. De idéntica laya son “No Me Importa” de Trapo Sucio, que se hace eco del primer Azmereír, y “Brazo Y Letra” de Amaru Loayza (algo formulaico). “Muxos Honguitos” de Nematodos comienza a escarbar en la veta indie a la par que la del pop, aunque no me queda claro si su espíritu es lúdico o simplemente bobo. Sí está más allá de las dudas, en cambio, “Estallar (En Mil Pedazos)” de Teni3nte Laz33r.

En la senda de un pop más elaborado crecen “Hay Un Lugar” de Capitán Milaneso (tributario del noventoso sonido donostiarra) y “Distimia” de DjSexo (instrumental y austero). En la de un rock emotivo y sobrio, “1 7” de Tetraedro, “Larvas” de La Terminal (noise grunge), “Enero” de Sieteonueve (vibrante ascendencia ochentera) y “Catarsis” de Anfótero -la tajada más prominente. En la de un noise que se sirve de la drone music, el postrer “Mas(a)Océano” de Fiorella16, extraído del LP del mismo nombre. De esta guisa, Todo Sigue Igual ayuda a visibilizar grupos y/o individualistas que, en la mayoría de casos, recién están empezando.

Reservo el párrafo final para las excepciones de rigor. Primero, la negativa: “Demente” de Cirugía No Terminada. Con esa chapa, me esperaba algo más ruidoso y/o avant garde, en vez del rapcore desabrido y caricaturesco que finalmente plasma. Segundo, la positiva: “Un Nuevo Día, Otra Vez” de Love & Pop. Interesante cómo el aluvión de noise con que arranca se despeja para transformarse en un número que fluctúa entre el synth deconstruido y un cruce minimal de IDM y jungle.

Humano De Hiel es una de las dos identidades que le conozco a César Aguirre -la otra es El Balcón Rojo, con la que ha ido liberando varias composiciones a través de muestrarios diversos, y cuyos réditos sí tengo más o menos presentes. HDH, por otro lado, es algo nuevo para mí. Lo primero que le audiciono es “Infección Y Meditación”, cedida a Entre Rejas Y Concreto (‘24). Ya allí se exhibía como acto industrial que prefería ruidos de máquinas en lugar de secuenciaciones brotadas de algún ejercicio basado en softwares. Lo que no sabía es que, antes de esa pista, Aguirre ya había gestionado y colgado dos EPs bien a principios del año previo al actual.

Dichos EPs son Encierro y Emboscada, y ostentan el sello de agua de la misma factoría que “Infección Y Meditación”, si bien son bastante más virulentos. En efecto, los EPs son sendas ventanas hacia delirantes realidades postapocalípticas de paisajes dramáticamente sucios. Sórdidas e insanas, las oxidadas sonoridades que pueblan estos artefactos nacen de las mismas visiones de pesadilla que colonizasen los imaginarios de héroes como Foetus, Laibach, Einstürzende Neubauten, Coil o SPK: rebencazos metálicos, laxas texturas hertzianas, maníacas voces rastreras sampleadas una y otra vez, efectos crispantes que se repiten sin fin, invencible prescindencia de percusión sincopada...

Tal vez debido a su tenaz minimalismo, Encierro EP (1/1/24) es la expresión más acabada del esteticismo que enarbola Humano De Hiel. Sirviéndose de chasquidos apenas audibles, tanto “Con-Tacto” como “Radio Esplendor” y “Sólo Importa La Fuerza” descascaran los convencionalismos relacionados a la Música -“armonía”, “orden”, “melodía”- y los que se asientan en el contexto de un “mundo civilizado”. El futuro propuesto por el extended se corresponde con el de ominosas realidades en las que, como profetizaban los Lluvia Ácida hace casi tres décadas, existir es espanto.

Por contraste, Emboscada EP (30/3/24) es más concesivo. También postula nubarrones de escalofriante ruido omnívoro (“Pérdida Sensorial”) y dantescos escenarios de horra abyección casi inimaginable. Sólo que lo hace empleando otros modos. Puede adoptar una apariencia más tribal (“Mi Alma Ya No Habita En Mi Cuerpo”), e incluso condescender a herrumbrosos esbozos de secuencias, que al final no son otra cosa que trallazos al pobre sinte y/o teclado. Puede samplear una voz para procesarla hasta la deformación completa (“No Podrás Escapar”), mientras se hunde en un imposible pozo de oscuridad material, como si estuviera buceando en petróleo. En el crepúsculo, esa voz contrahecha y maligna espetará un “Todo Será Extinto” que resonará en nuestras psiques y las devorará si no se tiene la suficiente fuerza de voluntad.

Llamativo el cuestionamiento que Humano De Hiel realiza de patrones formales, en consonancia con la asimilación plena de los postulados futuristas que miraban entusiastas hacia la nueva gama de sonidos proporcionada por la decimonónica Revolución Industrial. O con la instrumentalización de ruidos punzocortantes con que acuchilla las normalidades que nos rodean. ¿Faltará mucho todavía para el estreno en largo de estos exorcismos dadaístas?

Hákim de Merv 

jueves, 10 de octubre de 2024

Las Olas (Noispop): Perdidxs En El Ruido EP // Hablemos Del Alma: Hypnótica

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de octubre de 2024.)

Muchos años después de publicado su primerísimo Canciones Para Mis Amigxs EP, resucitan los chilenos de Las Olas (Noispop) casi sin proponérselo. Siendo la empresa original una suerte de documentación arqueológica de lo que significasen para el período ‘15-‘16 el hoy sexteto y su hasta hace poco unigénita referencia, el reagrupamiento derivó en una segunda vida, que testimonia el novísimo Perdidxs En El Ruido (editado por Fisura).

Sorprendentemente lanzado por la peruana Gatitx Discos, con el plus de un bonus track no disponible al sur de Tacna (“Todo El Tiempo Está Ahí”), Canciones Para Mis Amigxs es un registro que bordea el cuarto de hora. Cuidadosamente balanceados, sus seis asaltos pintan de cuerpo entero a un combo que idolatra por igual al pop y a la distorsión codificada al abrigo del noise rock. Los australes, sin embargo, no permitían que ambos amores les dirigiesen hacia alguna clasificación más específica, encorsetándoles. Podían guiñar tan pronto a los CDs más ruidosos de Yo La Tengo como al indie de Baja Fidelidad, al punk más aupado como al bubblegum pop -hoy extinto- que en décadas anteriores copase las propagandas mediáticas.

A pesar de doblarle en duración, Perdidxs En El Ruido EP no rebasa el límite de los 30 minutos. Como si lo hiciera por lejos: el esférico honra casi literalmente el título que la banda le ha puesto, ofreciendo resultados muy discretos en relación al estreno. La música de LO(N) se ha decantado visiblemente hacia el indie deudor del lo fi, con timing lo suficientemente potente para sortear la chillona cubierta de ruido deformante. En realidad, este tapizado no es todo lo espeso que debería, sino fácilmente desmontable -de ahí que dijese “chillona” en vez de “chirriante”.

No acontece lo mismo con el pop sencillo y efectivo que sobresalía en Canciones Para... A decir verdad, ese pop se ha vuelto trotón, voluble, antojadizo; cualidades que le emparentan con el denostado tontipop ibérico de entresiglo. Esa ligereza le impide abrirse paso por en medio de una capa de noise tan maleable como la del opus. Otro tanto ocurre con la voz: Camila Falcucci cantaba en la anterior jornada revistiéndose de una naturalidad que hoy está ausente. En Perdidxs..., sus vocales suenan impostadas, llenas de afectación forzada. Me hace pensar en una agudizada variación de la de Alison Shaw -y esto no es, ni por asomo, Cranes.

El rejunte, del que también participan Marina Gris, Luis Venegas, Javier Álvarez, Simón Errázuriz y Franco Perucca; parecía una buena idea en ese momento. Ahora no.

Con harto retraso se me da escuchar lo más reciente in extenso de Hablemos Del Alma. Liberado en mayo del ‘22, Hypnótica es un segundo paso al frente firmemente efectuado. Hacia adelante, si bien no tanto en la dirección que podía suponerse tras la puesta de largo Programática (‘20) -mucho menos girando hacia los lindes new age de su epónimo EP (‘16), que a día de hoy haríamos bien en considerar historia definitivamente pasada.

En su primer álbum propiamente dicho, el proyecto de Ángelo Santa Cruz se alimentó de cualquier ascesis eufónica de los 80s que pregonara genealogía synth o new wave. Ello, apertrechado de un modus operandi que ignoraba por completo conceptos como los de nitidez o fidelidad. Esta contradicción, no obstante, era siempre resuelta otorgando más peso a las construcciones sonoras que a las texturas de que éstas se envolvían; posibilitando que HDA se acerque por igual no sólo al minimal synth o al synthwave, sino también a códigos algo más densos como el darkwave.

Para Hypnótica (Poxi Records), el chileno deja a su mecánica ocupar el lugar de su metafísica. Quiere esto decir que ahora el lo fi obtiene un rol avasalladoramente hegemónico en comparación con la materia prima a maniobrar. Ésta sigue siendo la misma, pero lo que antes era genuina exploración al interior de las músicas electrónicas ochenteras, se ha convertido ahora en pastiche a-lo-lado-B del synth pop. ¿Tiene eso algo de malo? Ni la sombra. Se despunta la homónima obertura del cassette y queda clarísimo que se ha sepultado todo atisbo de aspiraciones ambient que pudiera rastrearse en la obra del sureño, como proclama también “Éxtasis”.

En tal sentido, no es errado postular que Hablemos Del Alma revisita desde las parcelas del nuevo milenio la poética del viejo synth cosecha 80s, en lugar de hacerlo afincándose en el propio contexto de éste. Esa intencionalidad vintage ya existe, por cierto, y responde al nombre de electrocläsh. Santa Cruz no da el salto en ningún momento hacia la etiqueta, aunque en más de una oportunidad flirtea con ella: “Amor Electro”, “Distracción, Veneno... Distorsión”, “Selfy Time Travel”, “Full Reflexiones”. En “Jardín De Noche” y en “Another Intergalactic Cosmic Love Song”, por otro lado, el tratamiento SD es tan evidente que poco le falta para conectar con otro revival del siglo XXI -el vaporwave.

El único pasaje en que siento respirar otra vez al viejo HDA es el del cierre. “Un Sueño En Un Sueño” me hizo pensar en esos Depeche Mode que iban mutando tras la salida de Clarke y la entronización de Gore, sólo que en clave más austera. Suerte de “Leave In Silence” de un universo alternativo, el round no es otra cosa que una alusión medio anacrónica al background inmediatamente anterior de Santa Cruz. No percibo riesgo de que éste vuelva, y sí menudean incertidumbres sobre qué hacer ahora: oscilar entre ambos revivalismos equivale a andar por la cuerda floja, y ésta nunca es lo bastante larga.

Hákim de Merv