jueves, 5 de febrero de 2026

Christian Van Lacke: Mogul // Uza.Zetangas: Uza.Zetangas // Ruri: Chinchey // Café De Las Almas: Antihéroes

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de enero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

Incluyendo esta bitácora, poquísimo es lo que se ha escrito en medios peruchos sobre las andanzas de Christian Van Lacke. Verdad que el músico es argentino y no vive/viene aquí sino ocasionalmente.  A  pesar  de ello, sus conexiones con el país son muy fuertes -empezando por su padre, Guillermo, bajista en el mítico estreno homónimo de Tarkus (‘72); y terminando por el propio Christian, fundador de dos excelentes power trios en el Perú, los tremebundos Tlön (‘08-‘12) y el efímero alias Tortuga. Créditos de sobra para que la prensa especializada nacional le tenga de continuo en el radar.

Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.

Al tener en cuenta los backgrounds de algunas de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.

En la spinettiana “Inútil Cementerio”, por ejemplo, las cuerdas se engrosan como en ningún otro surco del esférico; sin desdibujarse su aura de blues minimal. La ingrávida lisergia de pistas como “Crosby”, “Un Color” o “Canción De Mene” luce aquietada merced a acordes folkies en el primer caso -eclipsados ante el arribo de una inesperada percusión santanera- o a visos de outlaw country en el tercero. Cuando más cerca anda de salirse del molde, la guitarra prefiere asentarse y crecer con paciencia antes que desbocarse y cubrir el horizonte. Así sucede en “LP” y en “Cosmovisión”: primos hermanos, cada número toma distinto camino, siendo “LP” un desértico psych blues de intro ragga que se le insinúa al stoner, y “Cosmovisión” un heavy folk que no se resuelve a flirtear con el prog rock.

Dueño del sitial reclamado por el epílogo, “Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la totalidad de su copiosa obra.

No he tenido conocimiento de la discográfica catalana Zona Watusa hasta que recibí noticias de la eyección de un cassette atribuido a la sociedad Uza.Zetangas, a través de dicha plataforma barcelonesa. La luz verde fue concedida hacia la veintena de octubre último, y el aviso llegó a mi inbox recién en la quincena de diciembre, por lo que se me hizo imposible pautear algún comentario para lo que entonces restaba del ‘25. No hay plazo que no se cumpla, ¿felizmente?, y ahora que estamos metidos/as de lleno en el ‘26 es tiempo de destinar a la referida cinta unos cuantos renglones.

Como habrás intuido, esta identidad nace de la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García a.k.a. Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).

Ese diálogo es, por ende, el punto de partida para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities, Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.

Sin embargo, Uza.Zetangas no malgasta el tiempo en recreaciones exactas, ni desperdicia la oportunidad en revivalismos facsimilares. El dúo interpela este período de la música pop contemporánea valiéndose de una estética ambiental que recurre mesuradamente a la iteración, cuando no al drone. El resultado es un puñado de composiciones en el que las eléctricas se desenvuelven interpretando el rol de elemento conductor sin codificación fija, a la usanza del método que ha ejercitado Miguel en su evolución solista. Secundan en modesto segundo plano los osciladores, la especialidad de Carlos, proporcionando consistencia y brillo -lo que le lleva, a veces, a adelantarse a primeras filas (“Crossroads Parte I”, “Finis Terrae”).

Al trasponer el punto medio y apresurarse hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de “Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”, “Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever (la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).

Me acostumbré tanto a la crudeza de Ruri (Demo) EP, que tras el estreno formal de la agrupación en mayo del ‘25 no me queda claro si debo considerar al extended en demodé o no. Razones evidentes para una respuesta afirmativa no faltan: todo el contenido de Ruri (Demo) EP ha sido recuperado para su puesta de largo, reinterpretado/regrabado y adicionado a otras cuatro canciones de manufactura más reciente. La jugada se caía de madura: no habiendo sido registrado el extended en condiciones técnicas idóneas, la oportunidad pintaba para hacerle sujeto de un segundo debut.

Abren Chinchey dos cortes correspondientes al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas. También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más “ordenada”.

Tal es el problema con el que deberán lidiar los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado. Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche, actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros, también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha perdido, si se escucha antes esta placa?

Centrémonos en los tracks nuevos acerca de los cuales no me he extendido. “No De Rutina Amor” le prende velas al rock alternativo de los 90s y al grunge, regurgitando su angustia y su hastío a punta de riffs límbicos y unas letras de sutil cariz cáustico. “No Hay Control” accede a esa senda de cuando en cuando, reservando espacio asimismo para una batería más en plan post punk. Y el telón abajo de “Seguir Eligiendo” rompe del todo con el modern rock, sumergiéndose en una zona franca donde coinciden las riot grrrls y las precursoras del after punk -heroínas unas y otras del supermercado en llamas.

No hay mucho más que alegar a propósito de las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y “La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.

Reaparece Café De Las Almas con un segundo esfuerzo liberado para descarga gratuita desde SoundCloud el 28 de diciembre, fecha en que la región celebra el Día de los Inocentes. Extraño curso de acción. Por qué no esperar unos pocos días más para soltarlo en 2026, o en todo caso anticiparle para no coincidir con esa “celebración”, es interrogante que le corresponde al trío absolver. Muy pocas circunstancias, empero, se me antojan lo suficientemente válidas como para justificar tamaña elección.

En relación al primerísimo Café De Las Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente. No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas (B-612)”. Contados, menos mal.

Es notoria la intención de CDLA de jugársela entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies (“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito En El Agua”).

Entonces, si el pop mainstream de entresiglo no ha sido extirpado del todo, ¿en qué maneras el menú de Antihéroes supera al del predecesor? Muchas de sus piezas funcionan gracias a las efectivas pulsaciones del secuenciador, a la discreta ejecución de una guitarra, a los laboriosos arreglos de teclados. Ya presentes en Café De Las Almas, estas características vienen ahora nimbadas de kilometraje. Acontece con “Aún”, con “Maldad” (aunque el spoken word que le chantan es innecesario), con “Bala Certera”, con “Catedral”. Podrían no haber destacado, como le sucede a “So”, lastrada por el excesivo colorismo que le impone ese pop al que ya le dirigí puyas hace dos párrafos. Felizmente, sólo se ve afectada esta última, además de las ya aludidas “Vuelvo A Estar” y “Antiparaíso” (muy influenciadas por “Somebody” de Depeche Mode, de los pocos canales del repertorio clásico de los ingleses que no me agradan).

Había quedado en debe Café De Las Almas en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.

UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.

Hákim de Merv

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