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miércoles, 23 de septiembre de 2026

The Durutti Column: Renascent

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de septiembre de 2026.)

Hacía mucho rato que no volvía a The Durutti Column. Ha sido uno de mis grupos favoritos de toda la vida, y por ende sus placas y canciones más señeras permanecen almacenadas en mis neuronas. Esa suerte de ayuno respecto de la banda integrada por los históricos Bruce Mitchell y Vini Reilly acabó de golpe cuando pude prestar atención a su nueva entrega, primera desde Short Stories For Pauline (‘12). Nueva entrega conceptual, se entiende: no entran en juego, por ende, ni Deux Triangles Deluxe -‘21, versión extendida del EP del ‘82, que adiciona rodaja en directo (Bruselas, 13/8/81)- ni el artefacto de rarezas Lost Songs & Sketches 1980-81 -‘25-.

Por pura casualidad, antes de sentarme a degustar el reentré de TDC le eché un repaso a Cobalt Blue (‘92) del esteta Michael Brook. La comparación no es descabellada: su ambient cinético de texturas ingrávidas y de una infinite guitar levitante atesora vasos comunicantes con ese post punk mayoritariamente instrumental de que se sirvieran Reilly y Mitchell para proponer una vaporosa reflexión sobre el sonido mismo. Debo al azar y a Brook, pues, haberme predispuesto a la escucha de Renascent.

Confieso que la primera vez no pude aguantar mucho tiempo antes de ponerme a moquear. Despega el álbum con “Echoes In The Memories”, y no tarda en aparecer esa peculiar digitación que el viejo y querido Vini ha patentado a través de su delicada y grácil guitarra en muchas jornadas de su gloriosa, gigantesca discografía -que abarca ya casi media centuria de vida. El modo en que el veterano músico pinta medias tardes próximas al crepúsculo conserva aún su técnica de filigrana y sombra, apercibida desde esta introducción que no llega al minuto y medio.

Pero es con “Your Shadow At Morning” que el dique se resquebraja y derrumba. Composición digna de ser incluida en obras memorables como LC (‘81), The Guitar And Other Machines (‘87) o Time Was Gigantic... When We Were Kids (‘98), exponerse a ella es como recibir una bala a la altura del miocardio, y asimismo la prueba fehaciente de la atemporalidad de la magia de The Durutti Column. Lo cual no es moco de pavo, considerando el retiro a que se vio forzado el eximio mancuniano tras sufrir un derrame cerebral moderado que afectó el desempeño de su mano izquierda. Poco antes del suceso se había publicado el doble A Paean To Wilson (‘10), en memoria del legendario Tony Wilson (fallecido el 7/8/07). A consecuencia del desafortunado incidente, Reilly se vio en la imposibilidad de cumplir con obligaciones contractuales, que felizmente pudo honrar con creces gracias a una campaña por Internet a la que su hinchada se plegó de inmediato.

Renascent es, entonces, doblemente trascendente. Empuja al dilecto dúo de Manchester fuera de sus cuarteles de invierno, y lo hace rubricando la vigencia de sus principales virtudes. “Your Shadow At Morning” se sumerge en un hermoso mar de saudade, alimentado por seis cuerdas que articulan atmósferas y espacios en acordes parciales que jamás han necesitado del concurso de media púa. Ese mismo conjunto de cuerdas que tampoco se ha avenido nunca a trabajar siguiendo secuencias de cuatro u ocho compases, sino su propia e inherente lógica intuitiva. Faltaba más.

Que recuerde, el tándem inglés nunca ha editado esféricos enteramente instrumentales. Éste no es la excepción, si bien la voz de Vini sólo es audible en “Liars” y en “Scammer”, tema este último de melancolía contemplativa e intimista -el Tiempo pasa factura a sus vocales, de todos modos. Para Renascent, el ex The Nosebleeds se acompaña de la cantautora Caoilfhionn Rose en “Sargasso Sea” y en “Agonistes” (chequear lo que consigna la RAE acerca del polisémico vocablo “agonista”), y de Lucas Elliot en la terminal “All They See Is Fire”. Ergo, son seis los surcos que carecen de voz. Descontando los dos primeros (sobre los que ya he escrito varias líneas), cualquiera de los restantes merece ser destacado por testimoniar el exquisito arte de TDC. “Time Present And Time Past”, por ejemplo, es de un júbilo tan angélico que me hace preguntarme cuán terapéutico habrá sido para el autor septuagenario este retorno. La dupla “Vapour In A Matchbox”-“Your Shadow At Evening” recupera al Durutti más post punk (léase en el sentido original del término, no en el sentido darkie que se le da actualmente), sorprendiendo “Your Shadow At Evening” por el impetuoso despliegue de Bruce Mitchell en el drum set y por su incursión final en percusiones que asoman africanas.

Poco antes de acabar Renascent, se deja oír “For Friends Everywhere”. Su piano, su trompeta asordinada, sus marimbas postreras, no esconden un ADN que desciende sin escalas de “For Belgian Friends”; aparecido inicialmente en Domo Arigato (‘85) y después añadido como bonus track a LC. No tendrían por qué, tampoco. Es la manera del viejo guerrero en que guiña a su período más efervescente, en que agradece a su inmensa legión de fans en todo el mundo, en que declara sin ambages que seguirá ofreciéndonos su incomparable hechizo etéreo hasta que el cuerpo aguante. Tantas veces paladeado, el cromatismo de sus escalas menores melódica y armónica luce como si no hubieran transcurrido catorce años desde Short Stories..., lo mismo que su insular combinación de rock en fase post punk, flamenco (cf. el mediometraje documental Una Guitarra Para Durutti, ‘08), jazz y melodiosos contrapuntos clásicos. Bienvenidos de vuelta, maestros. La lucha continúa.


“There'll never be a final record. It's a bit

like saying that you're old. You're never

old. You're only becoming older,

and you are old when you're dead”.

Vini Reilly.


Hákim de Merv

 

jueves, 19 de febrero de 2026

MIDI Time: Alone EP // Fe Baca: Gestos Remotos // Miguel Ángel Vidal: El Incendio // Lento Rodríguez: Simón Salguero EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de febrero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

Génesis y primeros pasos de MIDI Time se hallan directamente vinculados a Miguel Ángel Elescano y a la discográfica independiente Dorog Records. Bajo el desactivado nom de guerre de DJ Locopro, el limeño liberó el 26 de junio del ‘20 un 45 rpm virtual acogiendo las piezas “70 Days” y “Melancolía”, a través de su propio BandCamp. Lo curioso es que cinco días antes y desde el BandCamp de Dorog, Elescano ya despachaba para descarga gratuita las mismas tomas, con el orden cambiado y empaquetadas tras el marbete MIDI Time. Poco después (septiembre), “Melancolía” era cedida al panorámico Premoniciones (misma escudería).

MIDI Time es un dueto. El otro integrante aparece debidamente acreditado desde ese auroral lanzamiento: Víctor Chang a.k.a. Vrianch. Para “Melancolía” se invitó al vocalista Rob Avatar (del desaparecido alias electrónico Avatar), quien nunca pasó a formar parte estable del proyecto. Así, pues, la mancuerna permaneció ajena a la publicación de nuevo material por espacio de un lustro. Convertido en algo casi anecdótico el synth pop de irrigación techno que sus dos únicas pistas difundidas permitían apreciar, la dupla reaparece en el ‘25 con otra referencia de minutaje recortado, supongo que por el tiempo y esfuerzos que dedican a sus respectivos quehaceres.

En el extended, el binomio no se afana mucho por/no ha tenido mayor oportunidad para ensanchar dominio y rango mostrados hace media década atrás. “And The Earth Was Empty” posee secuencia y florituras que me hacen pensar en el trance de los 90s, sólo que sin el extra del hipnotismo rave ni el del exótico imaginario hindú. Empero, le alcanza para abrazar el puro hedonismo discotequero, mientras el zumbido que corre soterrado vibra cual máquina emisora de partículas atómicas en ebullición.

La conversión de registro que conlleva “Digital Car” es cuando menos desconcertante. Si bien la imagen de una suerte de synth experimental que recicla el patrón rítmico del trip hop es aceptable, no agota las posibilidades timbrales aupadas por el contraste. La melodía puede acusar cierta saturación, por ejemplo, debido al ruido binario scratcheado con que el tándem pausadamente le decora. Y “Alone” es otro corte de mangas con que desplazar coordenadas hacia un vacilante maridaje de house y techno, vacilante en cuanto a mixtura, no en cuanto a la firmeza de su pulso. Su medio ambiente es el mismo de “And The Earth...”: dancefloors sobre los que se mueve gracias a la marcha infatigable de un bajo artificial, al sonido de extrañas sirenas en diminuendo, sin preocuparse por esa sección de minimal ambient abstracto que emerge al promediar los dos minutos y medio.

Complicado escoger un tema que represente tanto a Alone EP como a la fecunda versatilidad de Chang (Dr. Crack) y Elescano (Lima Centro Project, Lutero, Un Día En Venus, Teiza Raizi, Maria Reiche).

Pese a servir el vocablo “consolidación”, “evolución” es uno que se acomoda mejor para ilustrar lo que Gestos Remotos le ha reportado a María Fe Baca en relación a su primerísimo Todo Está En Tus Pies (‘23). Actualmente con 27 febreros a cuestas, la también traductora ya había concretado estadías en la Unión Americana, Berlín y Buenos Aires antes de su debut en largo; lugares donde se fogueó al calor del jazz, del canto elegíaco, del afrobeat (¡¡¡!!!) y de las artes escénicas. Noviembre último fue el mes escogido para el reentré, que le/nos ha significado tremendo y satisfactorio paso hacia adelante.

Todo Está... era la consecución lógica de una mezcla entre formas delicadas que la electrónica burilaba vía sintes y programaciones, el jazz arrellanado en vecindades soul, y el lirismo de unas vocales preciosas/resplandecientes. Para Gestos Remotos, la aleación entra en modo centrífuga y lo que surge es el aplomado magma uniforme en que se han fundido esos componentes otrora más o menos discernibles. La apariencia de pop barroco que los medios han subrayado proviene de allí en parte. En parte, también del uso de efectos de sonido como los que proveen las gotas o el trueno, y de algunos instrumentos poco convencionales en estas lides -timbales, piano, acaso güiros.

El output de GR rara vez se revela solemne, como en “Tabú”. Ídem la saturación, que por momentos padece “Círculo”, discordando con la limpidez habitual de la rodaja. La norma dicta que la morfología de este viaje se incline constantemente hacia el pop lleno de esa luminancia áurea que aporta la voz de Baca. Se trata de una modulación educada, generosa en fulgores, cultivada, presta y de aliento feérico; cualidades que permiten a la joven cantautora alcanzar notas elevadas sin sobresaltos. Así se comprueba en canciones como “Magic” (de letra en inglés), “Maus” (de letra en alemán) y sobre todo “Nocturna”.

A despecho de la brillosa musicalidad, esta colección de ocho números rebosa de relatos intimistas. El combustible es bombeado desde la vida cotidiana de Maria Fe: procesos internos que nacen de su alma, interacciones con el mundo que le rodea, síntesis dialéctico-emocionales que elabora su mente tras el encontronazo de exterior e interior. Aunque no siempre sea así (el fugaz y diáfano instrumental “Bliss”), no por nada otro punto de apoyo para la esmerada construcción del álbum es su narrativa, que incurre en figuras paradojales como “Muy Lejos/Te Siento Cerca” o simbólico-iterativas como la estrofa que abre y cierra “Serpiente”.

Gema de apenas media hora de duración, Gestos Remotos es una micro-constelación de atmósferas emotivas y de eventos celestes harto poéticos. Puedes escucharle en multiplicidad de ocasiones sin cansarte, acunado/a por el pop y la experimentación fluida exenta de aridez. Gestiona en físico A Tutiplén.

Aunque faltan poco menos de diez meses para que cumpla tres decenios, desde hace mucho ya puede afirmarse que Los Días Y Las Sombras (diciembre del ‘96) no sólo reimpulsó la carrera de Voz Propia, sino que además determinó la trayectoria que seguiría en adelante la legendaria banda liderada hasta la fecha por Miguel Ángel Vidal. Un curso de acción en el que el background post punk y dark rock del combo fue extrapolado a territorios pop de los cuales nunca más se apartó, lo que entonces le redituara en grado suma cum laude una exquisitez para la composición no precisamente abundante bajo estos cielos.

Casi cuatro décadas después de la puesta de largo de VP (El Ingreso, ‘87), Vidal decide estrenarse como solista a través de un disco que sigue la línea dibujada por el acto vozpropiano precisamente a partir del ‘96. Hasta donde tengo entendido, no cuenta El Incendio con edición física, habiendo sido difundido por Miguel Ángel esencialmente usando redes sociales y plataformas online. Asimismo, es él quien se ha encargado de tocar guitarras, bajo y teclados; exceptuando la eléctrica en “More” y el piano en “Meteorito”, ambos en manos de Ramón Escalante. La batería, por otro lado, ha sido cosa de Dante Puemape y sobre todo de Mijail Bejarano.

Una pregunta que seguro has de estarte haciendo es “¿cuánto consigue zafarse El Incendio de la estela de Voz Propia?”. EI se reconoce en el modelo de Los Días Y Las Sombras y siguientes. Es una aserción correcta grosso modo, pero es imperioso matizar, porque tampoco se trata de un copia-y-pega. La osamenta es inequívocamente ochentera, con múltiples accesos al pop de esas épocas. Sin embargo, varias de sus vértebras vibran en jubilosos tempos de 3/4, copadas de una vitalidad que no siempre ha campeado en capítulos como Hamlet (‘03) o The Game Is Over (‘11). Cierto, a veces Vidal hace una de más, como las trompetas sintetizadas de “People Right”. Así y todo, esa fuerza logra conducirse por los canales adecuados: “El Incendio” (roza levemente el modern rock noventero), “Mister Crack” (de inspiración Modern English), o el díptico “El Meteorito”-“La Jaula”.

Otra cosa en la que el repertorio se desentiende de la versión Voz Propia ‘96 es en algunas de las líricas. Con el tiempo, el buen Miguel Ángel ha ido atenuando la labia respecto de la flamígera primera etapa vozpropiana, que se da entre 1987 y 1993. En El Incendio le he vuelto a escuchar un par de veces llamando la atención sobre situaciones o coyunturas críticas -la apertura “Gaza” debe ser la primera canción en que un artista peruano se manifiesta abiertamente sobre la masacre del pueblo palestino (con perdón de Fukuyama y su “Palestina”), “People Right” no merece más explicación con ese título-, si bien la pluma no va al choque frontal. Me hubiera gustado oírle así en más episodios.

El contrapeso de la vitalidad subrayada hace algunos bytes es proporcionado por cierta gravidez que se encarna en algunos rounds. Había mencionado anteriormente un díptico. Aquí cabe mencionar otro, el de “More”-“Una Plegaria” (en este último no sé si hay genuino interés religioso o sólo ironía), así como “Blue”, de pulsión percusiva distinta y ultimado por unos teclados en plan casi Hi-NRG. Pongo énfasis en el hecho de no llegar ninguno de ellos a la agobiante oscuridad ni a la aporética desesperanza que antaño eran moneda común en el primigenio sonido vozpropiano, digresión que en última instancia no desentona dentro del contexto de un estreno de resultados mesurados -de regular para arriba. Porque seguramente la otra pregunta que ya estabas haciéndote era “¿qué tan bueno es?”.

Puntos extras por la portada, sampleada/rediseñada del original de la Editorial Estatal de Leningrado. La tipografía cirílica siempre sacará ronchas a las parcialidades fachoderechistas, que hoy se reproducen como lo que son -alimañas rastreras- en todo el mundo.

Fresco aún perdura el recuerdo más que agradable dejado por New New Wave (‘24), estreno de Lento Rodríguez. Embelesado como estaba por su hechizo, no supe que había eyectado en el ‘25 un nuevo trabajo sino hasta los primeros días de este año. No uno largo esta vez, sino de corto kilometraje. Lo siento más cerca de ser un mini-álbum, aunque ha sido la propia agrupación la que le ha presentado como Simón Salguero EP. Sintomático que haya sido tomado el nombre de una calle a caballo entre los distritos limeños de Surco y Miraflores, toda vez que New New Wave recibió los toques finales estando su fundador Gustavo Rizo-Patrón afincado en Nueva York.

Simón Salguero EP refrenda el estilo que el quinteto profesa. Pop exquisito de florilegio indie, comedido y moderado, ponderado y juicioso. Inmune a los excesos de sus pares mainstream. Verdad que la colorida apertura que supone “Noche De Enero”, al límite del indie español de comienzos de siglo, parecería contradecir esta afirmación. Por fortuna, los siguientes cortes corrigen la sensación, que me asaltó fugazmente, de haberme equivocado de CD. Guitarras de gracilidad encomiable (incluso cuando condescienden al punteo), un bajo que prácticamente no está allí, teclados que se me apetecen seda sobre piel exfoliada, baquetas de frugal sobriedad.

No sólo esas características hermanan a “Dominante Disminuido”, “Después De Colapsar” y “Sal De Mí”. La complexión pop de Lento Rodríguez es el catalizador idóneo para unas letras que son nostalgia, lamentación, y a veces nostalgia disfrazada de lamentación. De hecho, este último es el formato que más se repite (“Dominante...”, “Después De...”). Dueña del centro del escenario tras la largada, la voz de Susana Fátima interpreta estas historias con matices que van de la amargura al pesar y viceversa. Su performance no sólo te aproxima a cada línea que entona, sino que hace que te la creas. Difícil, así, no sentirse tocado/a.

Completan el extended “Para No Chocarnos” y “L’Air De Bourgeoise”. El primero debe ser el único asalto editado hasta ahora por la banda que abandona el pop en favor de un rock contundente y dinámico, lo que inevitablemente produce una fractura en la ruta de Simón Salguero. Casi como si el dial se hubiera movido bruscamente, dura poco. Cantada en francés, “L’Air De Bourgeoise” retoma el registro de medio tiempo en el que se desenvuelve tan bien Lento Rodríguez. Quizá por esa vuelta a sus cauces naturales, en este epílogo la nostalgia -si la hubiera- no asoma dirigida a una memoria en particular. De cualquier modo, “Para No Chocarnos” resiste con entereza la tentación de la afectación, de la aparatosidad, del efectismo.

La elección del nombre “Simón Salguero” indica, sin ápice de dudas, una poderosa conexión con remembranzas de un tiempo ya desvanecido; que probablemente se erige como el principal factor vivencial al momento de verter y repujar las agitadas sensibilidades talladas en las introspectivas creaciones de Lento Rodríguez. Alguien ha aludido a una “geografía del recuerdo”, inmortalizada por el quinteto en esta media docena de surcos. Muy de acuerdo.

Hákim de Merv

jueves, 5 de febrero de 2026

Christian Van Lacke: Mogul // Uza.Zetangas: Uza.Zetangas // Ruri: Chinchey // Café De Las Almas: Antihéroes

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de enero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

Incluyendo esta bitácora, poquísimo es lo que se ha escrito en medios peruchos sobre las andanzas de Christian Van Lacke. Verdad que el músico es argentino y no vive/viene aquí sino ocasionalmente.  A  pesar  de ello, sus conexiones con el país son muy fuertes -empezando por su padre, Guillermo, bajista en el mítico estreno homónimo de Tarkus (‘72); y terminando por el propio Christian, fundador de dos excelentes power trios en el Perú, los tremebundos Tlön (‘08-‘12) y el efímero alias Tortuga. Créditos de sobra para que la prensa especializada nacional le tenga de continuo en el radar.

Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.

Al tener en cuenta los backgrounds de algunas de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.

En la spinettiana “Inútil Cementerio”, por ejemplo, las cuerdas se engrosan como en ningún otro surco del esférico; sin desdibujarse su aura de blues minimal. La ingrávida lisergia de pistas como “Crosby”, “Un Color” o “Canción De Mene” luce aquietada merced a acordes folkies en el primer caso -eclipsados ante el arribo de una inesperada percusión santanera- o a visos de outlaw country en el tercero. Cuando más cerca anda de salirse del molde, la guitarra prefiere asentarse y crecer con paciencia antes que desbocarse y cubrir el horizonte. Así sucede en “LP” y en “Cosmovisión”: primos hermanos, cada número toma distinto camino, siendo “LP” un desértico psych blues de intro ragga que se le insinúa al stoner, y “Cosmovisión” un heavy folk que no se resuelve a flirtear con el prog rock.

Dueño del sitial reclamado por el epílogo, “Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la totalidad de su copiosa obra.

No he tenido conocimiento de la discográfica catalana Zona Watusa hasta que recibí noticias de la eyección de un cassette atribuido a la sociedad Uza.Zetangas, a través de dicha plataforma barcelonesa. La luz verde fue concedida hacia la veintena de octubre último, y el aviso llegó a mi inbox recién en la quincena de diciembre, por lo que se me hizo imposible pautear algún comentario para lo que entonces restaba del ‘25. No hay plazo que no se cumpla, ¿felizmente?, y ahora que estamos metidos/as de lleno en el ‘26 es tiempo de destinar a la referida cinta unos cuantos renglones.

Como habrás intuido, esta identidad nace de la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García a.k.a. Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).

Ese diálogo es, por ende, el punto de partida para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities, Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.

Sin embargo, Uza.Zetangas no malgasta el tiempo en recreaciones exactas, ni desperdicia la oportunidad en revivalismos facsimilares. El dúo interpela este período de la música pop contemporánea valiéndose de una estética ambiental que recurre mesuradamente a la iteración, cuando no al drone. El resultado es un puñado de composiciones en el que las eléctricas se desenvuelven interpretando el rol de elemento conductor sin codificación fija, a la usanza del método que ha ejercitado Miguel en su evolución solista. Secundan en modesto segundo plano los osciladores, la especialidad de Carlos, proporcionando consistencia y brillo -lo que le lleva, a veces, a adelantarse a primeras filas (“Crossroads Parte I”, “Finis Terrae”).

Al trasponer el punto medio y apresurarse hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de “Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”, “Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever (la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).

Me acostumbré tanto a la crudeza de Ruri (Demo) EP, que tras el estreno formal de la agrupación en mayo del ‘25 no me queda claro si debo considerar al extended en demodé o no. Razones evidentes para una respuesta afirmativa no faltan: todo el contenido de Ruri (Demo) EP ha sido recuperado para su puesta de largo, reinterpretado/regrabado y adicionado a otras cuatro canciones de manufactura más reciente. La jugada se caía de madura: no habiendo sido registrado el extended en condiciones técnicas idóneas, la oportunidad pintaba para hacerle sujeto de un segundo debut.

Abren Chinchey dos cortes correspondientes al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas. También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más “ordenada”.

Tal es el problema con el que deberán lidiar los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado. Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche, actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros, también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha perdido, si se escucha antes esta placa?

Centrémonos en los tracks nuevos acerca de los cuales no me he extendido. “No De Rutina Amor” le prende velas al rock alternativo de los 90s y al grunge, regurgitando su angustia y su hastío a punta de riffs límbicos y unas letras de sutil cariz cáustico. “No Hay Control” accede a esa senda de cuando en cuando, reservando espacio asimismo para una batería más en plan post punk. Y el telón abajo de “Seguir Eligiendo” rompe del todo con el modern rock, sumergiéndose en una zona franca donde coinciden las riot grrrls y las precursoras del after punk -heroínas unas y otras del supermercado en llamas.

No hay mucho más que alegar a propósito de las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y “La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.

Reaparece Café De Las Almas con un segundo esfuerzo liberado para descarga gratuita desde SoundCloud el 28 de diciembre, fecha en que la región celebra el Día de los Inocentes. Extraño curso de acción. Por qué no esperar unos pocos días más para soltarlo en 2026, o en todo caso anticiparle para no coincidir con esa “celebración”, es interrogante que le corresponde al trío absolver. Muy pocas circunstancias, empero, se me antojan lo suficientemente válidas como para justificar tamaña elección.

En relación al primerísimo Café De Las Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente. No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas (B-612)”. Contados, menos mal.

Es notoria la intención de CDLA de jugársela entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies (“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito En El Agua”).

Entonces, si el pop mainstream de entresiglo no ha sido extirpado del todo, ¿en qué maneras el menú de Antihéroes supera al del predecesor? Muchas de sus piezas funcionan gracias a las efectivas pulsaciones del secuenciador, a la discreta ejecución de una guitarra, a los laboriosos arreglos de teclados. Ya presentes en Café De Las Almas, estas características vienen ahora nimbadas de kilometraje. Acontece con “Aún”, con “Maldad” (aunque el spoken word que le chantan es innecesario), con “Bala Certera”, con “Catedral”. Podrían no haber destacado, como le sucede a “So”, lastrada por el excesivo colorismo que le impone ese pop al que ya le dirigí puyas hace dos párrafos. Felizmente, sólo se ve afectada esta última, además de las ya aludidas “Vuelvo A Estar” y “Antiparaíso” (muy influenciadas por “Somebody” de Depeche Mode, de los pocos canales del repertorio clásico de los ingleses que no me agradan).

Había quedado en debe Café De Las Almas en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.

UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.

Hákim de Merv

jueves, 11 de septiembre de 2025

Elva Cío: Intentos |‘19 – ‘24|

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 3 de septiembre de 2025.)

¿El Vacío existe? Pese a ser filosóficamente cuestión discutible, el consenso sobre su significado inclina a pensar que sí. ¿Y Elva Cío? Eso es mucho más difícil de dilucidar, y no creo que haya prueba concluyente que zanje el debate. A menos, cómo no, que se manifiesten quienes habitan/alguna vez han habitado (en) su interior -empezando por sus visibles instigadores, los jóvenes músicos Angélica Carlos y Javier Panter. Se sabe del primero que es quien lleva las riendas de Rip Off Records, combativa discográfica trujillana que este año paró en seco. De la segunda, que fue partícipe de la existencia de Specto Caligo (‘17-‘20).

Si hago caso al tenor de lo expuesto en la nota de BandCamp, Carlos ¿es?/¿ha sido? la portaestandarte de Elva Cío. ¿Grupo o seudónimo solista? Al parecer ambas cosas, sucesivamente. La info habla de una formación inestable en la que ella -a.k.a. Elva- es la única acreditada en los 11 tracks repescados por Intentos |'19 - '24| (como dato curioso, en la apertura “Amarilla Violencia” apenas si se le oye articular palabras). Le siguen Panter y Mauricio Moquillaza, este último trajinador de las escenas experimentales post pandémicas. Si sumamos el nombre de Luis Vásquez, que en el ‘24 sorprendió como Calefactor a propios y extraños con el ruidoso Desrealizaciones, Elva Cío en fase grupo se insinúa como semillero ¿trunco? de artistas sonoros independientes.

¿En qué momento se transformó Elva Cío, entonces, en identidad de Angélica Carlos? No puedo precisarlo, pero a partir de Primera Secuencia (‘25) de Ballet Mecánico dicha asunción queda confirmada, figurando la cantante acreditada bajo su alias en “La Ciudad De Los Incendios”. Apoyan la hipótesis los números “Glass Of Gold” y “I Play Alone”, tomas en vivo de material inédito de Specto Caligo, así como su fuente de procedencia (el celular personal de la autora).

Muy poco de lo expuesto en Intentos |‘19 – ‘24| califica como no wave. La austeridad de una guitarra de por sí ahogada en ambientes cavernosos no es cualidad exclusiva del apocalipsis neoyorkino, aunque sí su manipulación como si se tratase de un instrumento percusivo (“Sabotage” y sus aires a lo Yndeseables). El indicio más confiable para fijar una conexión es la performance de Carlos, quien se enfunda en la piel de una Lydia Lunch adicta a los lamentos desesperanzado(re)s y a un spoken word con que narrar el ocaso de la civilización (“Materia Informe/Casi Humana/Materia Informe/Me Reduzco A Nada/Aunque Con Miedo/Merezco Salir Un Poco De Este Agujero/Fantaseo Con El Fin/Y También Le Temo”). Más que en Teenage Jesus And The Jerks, no obstante, pienso en algunas canciones de The March Violets, en Malaria!, en el primer Bauhaus...

Del punk, Elva Cío puede haber reflotado el compromiso ético con el “no future” (“Muerte, Fin”). Del post punk, o más propiamente del after punk, la recreación de un grotesco mundo partiendo de las cenizas del pasado -la monocorde distorsión de la Velvet Underground más lóbrega (“Gran Amo”), la sórdida decadencia andrógina del glam rock (“Materia Informe”), et al. Es bastante evidente, empero, que el manantial del que más bebe(n) Angélica (y compañía) es el del dark-gothic rock. Ése cuyo bajo provee del invencible pistón que pecha al resto de la maquinaria para que se mueva (“Tungsteno”, “I Play Alone”). Ése que se eclipsa para permitirle a la eléctrica incendiar los bordes de nuestro campo de visión/audición (“Sabotage”, “Tungsteno 2” y su inevitable parecido inicial con “Christine” de Siouxsie And The Banshees). Ése donde las baquetas de golpe cortante y árido añaden angustia a impenetrables y negras atmósferas de desolación y pesadumbre (“Glass Of Gold”, “KI-NO”, “Amarilla Violencia”).

Punto de arranque o testimonio post mortem, Intentos... suena como si hubiese sido confeccionado aquí en los 80s. Ese acabado, que entiendo no es intencional, le confiere una ambigua antigüedad; hermanándole a través del Tiempo con hitos de esa época como La Banda Del Kadalzo, la saga Salón Dadá/Col Corazón, Masoko Tanga o los ya mencionados Yndeseables. Ello y su nulo uso del Ruido le alejan simultáneamente de contemporáneos relativos como Hongoz En El Zerebro o la hora actual de Bondage. Con todo, no parece Elva Cío acomodarse bien ni lejos de estos últimos ni cerca de los primeros, sino en su propia parcela. Una en la que se arroja al fondo del pozo más oscuro, rodeándose de arabescos ultraterrenos y de fantástica iconografía BDSMera, como la que adorna su BandCamp y de la que se hace eco la epilogal “Erector Set I” (recitando las frases de anhelante sumisión que se cuelan entre foto y foto).

Probablemente estas imágenes se incluyen en el fanzine que acompaña a la cinta. Como éste no se halla disponible para free download, como sí ocurre con el menú del cassette, no puedo decir ni mu al respecto.

Hákim de Merv

jueves, 31 de julio de 2025

Parasomnia: Cuerpos De Otros EP // A Full Cosmic Sound: El Fénix

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de julio de 2025.)

Un buen día, después de tres años, decidió retornar Parasomnia a la palestra. Convertido nuevamente en trío debido a la salida del bajista Sebastián Gonzáles, quien cumplía función de apoyo en directo, el combo santiaguino ha estrenado nuevo extended hace medio almanaque, mismo que viene a suceder al debut en largo Vigilia. En la práctica, entonces, la agrupación vuelve al formato que grabó el primerísimo Parasomnia EP allá por el ‘20: Francisco Cerda en las baquetas, Franco Reyes en la eléctrica, Mauro Rojas en las vocales y el bajo.

Mediante Vigilia, se adentró el trinomio en las hoscas espesuras del dark rock clásico, balanceándose no pocas veces a la sombra del dark-gothic emergido durante la segunda mitad de los 80s. Lo llevó a cabo, además, ganando peso, agilidad y fuelle; virtudes cuya conjunción le posicionó estéticamente a tiro de piedra de audiencias más extensas que las abroqueladas en torno a nichos darkies (cf. Alcalá Norte). Para Cuerpos De Otros EP, la performance es reeditada, produciendo resultados en la misma frecuencia -e incluso algunos centímetros más adelante.

“Roja Mañana” corre la cortina del extended con renovados ímpetus, desplegando el arsenal del terceto: una ígnea guitarra fantasmal, un drum set bien cuadrado y tenaz, sobre todo un bajo equilibrista. En lo concerniente a este último, se suele decir que cuando mejor lo hace es cuando menos se le nota. Cierto, a menos que hablemos de géneros para los que el mástil de cuatro cuerdas sea arquimédica palanca de apoyo. Tal es la circunstancia: ya consideremos “Gusano” o la densa “Quemar La Realidad”, el bajo del también frontman de Pande-Dios muda en la espina dorsal de las composiciones sitas aquí.

De post punk, entonces, ya nada en la práctica. Apenas un aire al Wire de 154 (‘79) en “Roja Mañana”. El espíritu de Ian Curtis aún se manifiesta en todo su lustre dark (“Quemar...”). Lo mismo puede decirse del Cure siniestro (“Saturno”) o de los olvidados And Also The Trees (“Tal Vez, Alguien”). Franco Reyes resplandece o se apaga según dictamine cada situación, mientras que Francisco Cerda se muestra versátil para los cambios de velocidad de un número a otro. Desde sus respectivas posiciones, ambos ofrecen sendos complementos/contrapuntos a los foscos matices que dispara Mauro.

Siento que las letras no han sido todo lo chambeadas que deberían. En ese sentido, me parece que existe una suerte de involución en relación a Vigilia. Las de Cuerpos De Otros EP se me antojan a media caña, apelando más de la cuenta a la socorrida coartada de la rima. No siempre, es verdad, pero tampoco no nunca.

Nuevo disco de A Full Cosmic Sound, colectivo mapocho que marcha rumbo a sus dos décadas de fundado y cuyas copiosas referencias discográficas se hallan un tanto dispersas/repartidas en la región. De tan vasta cosecha, sólo he podido escuchar La Automatic Flight Control System (‘17) y un live que recupera su presentación en la tercera edición del Festival Integraciones (‘13, realizada en Perú), publicado por SuperSpace Records (label de nuestro músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda). Por desgracia, la mayoría de títulos no se encuentra disponible en Internet.

El Fénix es un lanzamiento peculiar. Consta de un 12’’ que es el álbum propiamente dicho, y de un 7’’ adicional que hace las veces de bonus disc. Aunque hermanadas bajo una misma etiqueta que no pretende ser conceptual, en la medida en que ambas rodajas guardan más diferencias que semejanzas, las trataré cual volúmenes distintos.

Como suele ocurrir cuando se aborda la figura del colectivo, A Full Cosmic Sound es una entidad abierta a diversidad de influencias, pues cada músico que se asocia temporal o permanentemente adiciona nuevos colores o tonos a la paleta comunal. No obstante, es verdad que los colectivos tienden a perfilarse sobre la base de sus influencias más marcadas. En el caso de la tropa chilena, las constantes son el ambient, la psicodelia minimal, la Baja Fidelidad y la electrónica; entre otras de menor ascendiente. De ello ya habían dado pruebas en La Automática... y en el directo aludido.

No es distinto el tramo 12’’ de El Fénix. Dedicada a Eduardo Streeter Silva, músico de AFCS fallecido tempranamente, la placa principal se apertrecha de dos temas kilométricos. Lejos de ser la única característica en que comulgan, “El Fénix” y “El Tío Pantera” pueden abordarse como lienzos en progreso -embebidos en un ambient apacible salpicado de eléctricas que suenan/reverberan con austeridad. A veces la intensidad se eleva, posibilitando la aparición de tenues devaneos psicotrópicos. A veces, también, aparecen atemperadas secuencias que tienden a agilizar el movimiento de estas esculturas sónicas. Flota encima suyo siempre la certeza de crescendos propios del post rock más folkie, que aditan a su registro visos de ensueño -lo que, por fortuna, no las hace forzosamente “ensoñadoras”.

En cuanto al 7’’ extra, “Corto Vuelo, Era Una Trampa” se impulsa desde el ruidismo cacofónico consecuencia de topetazos entre el free jazz y el noise, nunca desmarcados de la dialéctica inherente a la música rock. Curiosamente, “Corto...” cobija una cadencia marcial, a despecho del caos en que nace. En las mismas coordenadas se mueve una pista bautizada “En Vivo En Perú (Extracto)”, brevísima muestra de su accionar sobre el escenario. Por su parte, “El Mensaje De Roger” carece de baterías o secuencias, si bien su naturaleza es igual de rockera que la de sus predecesores inmediatos. Dispares rostros de una misma inteligencia colectiva.

A Full Cosmic Sound son, en esta ocasión, Gonzalo Muñoz, Jorge Boher, Ignacio Rodríguez, los hermanos Iván y Álvaro Daguer, el finado Eduardo Streeter, Mauricio Dodds y Roger Sierra.

Hákim de Merv

jueves, 20 de febrero de 2025

Monsters: Lejos De Mi Ciudad // Antibióticos: 100mg // Fukuyama · Fijando El Estallido: En Vivo En Festival Sarcófago // Todo Sigue Igual // Humano De Hiel: Encierro EP / Emboscada EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de febrero de 2025.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2024 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

(Ni tan) inusual el sino que le fuera deparado al primigenio volumen de Monsters. Fundado a mediados del ‘16 en La Oroya, Junín (región centroandina del Perú), el dúo de los hermanos Paulo (voz, arreglos) y Ronald Chávez (segunda voz, producción) le edita en julio del ‘18. Que sea la apertura de una label cuyo catálogo siete años después no rebasa aún los dos dígitos (Dark Sheep Records), acaso explique lo desapercibido que Lejos De Mi Ciudad pasó más allá de su radio inmediato de alcance. Para suerte suya, ello no ha afectado gran cosa el accionar del binomio, que sigue tocando dentro y fuera del terruño.

En septiembre del ‘24, Lejos... se ha favorecido de una nueva edición gracias a Dark Grave, disquera independiente que bordea el centenar de referencias con apenas un bienio más que su par huancaína. De esta forma, se pone a consideración de públicos más jóvenes/nóveles un esférico merecedor de mejor fortuna que la cosechada hace media docena de años, que ilustra parte del amplio espectro de música electrónica cultivada en la movida oroína, y que debiera ubicarse junto a obras de coetáneos/coterráneos como En Los Ojos De Medusa (Ausencia, ‘19) o Irinum (El Origen De La R-Evolución, ‘16).

Lejos De Mi Ciudad viene tapizado con ornamentaciones new wave y EBM. Buena parte de sus programaciones podría etiquetarse como fundada sobre una especie de proto-techno. Su fuente matriz es, sin embargo, el synth pop. No cualquiera: el output de los Chávez tiende a ser más opaco de lo normal y a acelerar el trote, aunque la temperatura glacial típica del synth de los 80s se mantiene inalterable. A despecho de su velocidad, “Misterios De Amor” me suena su largo rato a Visage. Otras muestras de esos sintes de ébano y secuencias de ágil marcialidad son “Tan Cerca De Mí”, “Sueño Oscuro” y la terna final “Muriendo En Tu Ser”-“Latidos De Tu Corazón”-“Lejos De Mi Ciudad”.

Sintomáticamente, la tríada que acabo de subrayar sucede a una precedente, donde Monsters testea esos otros sabores mencionados renglones atrás. “Mafia Y Poder” me recuerda a la electronic body music de Nitzer Ebb. “Monsters” busca reverdecer los laureles del techno industrial de gente como Front Line Assembly. Y “Siempre Estaré Contigo” es casi techno trax al alza. Canales divergentes que encajan en un plástico de sesgo bailable -al modo en que se bailaba en los 80s, obviamente-, que no pierde nunca de vista el norte synth al que ha entregado su alma. Por algo la pileraza “Tu Oportunidad” se levanta sobre ese nervioso synth de gustito agridulce que se manufacturaba en la Unión Americana no bien alborearon los 90s.

Lejos de ser un trabajo impecable, y ya de cara a una próxima jornada, Monsters necesita implementar prontas reformulaciones en dos rubros muy específicos: la voz y las letras. Se nota en qué canciones las vocales están forzadas y en qué otras no. Obviamente, Lejos De Mi Ciudad luce más cuando la voz sale suelta, sin pretender ser lo que no es. Igual se le aprecia en grado sumo cuando las líricas son construidas con empeño, dejando atrás disfuerzos medio cursis. No olvidar, eso sí, que estamos hablando de un episodio editado por primera vez en el ‘18. Hoy, las cosas podrían haber cambiado sustancialmente.

Hace un par de semanas, escribí unas pocas líneas sobre el bluff que supone Super Fuzz, abanderado local del llamado “egg punk”. Ya tenía pensado comentar también 100mg, estreno absoluto de Antibióticos, cuando me enteré por medio del crítico Fernando Pinzás que ambas agrupaciones comparten integrantes. “Mientras no milite en las dos el cantante...”, recuerdo que pensé con no poca aprensión, ya que la actuación ofrecida por el sujeto en cuestión en Super Fuzz EP es tan mala que consigue estigmatizar alineación y extended.

Aparentemente, no es el caso. Coincide el sonido molde de Antibióticos con el del punk, mas no con el del subgénero que practican Ismatic Guru o Snõõper. Como bien señala Pinzás, si 100mg hubiese salido hace 48 años, nadie le habría tenido por otra cosa que hijo de su tiempo. Suena a punk primordial, rasposo, concebido bajo el canon de la explosión ‘77. Y sobre todo, fresco, con el cerebro lleno de ideas por probar y el corazón a mil -lo que no se traduce a la prepo en rebotar gratuita y ridículamente de un rincón al otro, sino en escupir cada asalto con urgencia, vitalidad e inteligencia.

Que 100mg es imperfecto, es una verdad innegable. Si hasta da que pensar que involuntariamente se han micrado mal los instrumentos (cuando probablemente sea al revés). Lo mismo ocurría con los jóvenes turcos de la segunda mitad de los 70s. Es esa imperfección, adviértase, lo que aquellas huestes reivindicaban como única salida posible ante el pro-gre-si-vo acartonamiento en que había caído el pop contemporáneo. Repite la faena Antibióticos en edades muy posteriores, provisto de mucha más libertad que antes. El pistoletazo de salida “Proteínas/Calorías” puede traer a la memoria a multitud de bandas punk clásicas, aunque asimismo a la síncopa de “Ether” de Gang Of Four -no por mucho más de cuarenta segundos. La brevedad es una aliada a la que el acto le saca el jugo. Otro tanto acontece con “Transgénicos”.

La efímera “Transmisión” está armada a punta de sintetizadores, y calza perfectamente con el rock mutante a lo Devo de “Vitamina C”, indicio que profetiza despegue punk hacia destinos quién sabe de qué color. De gravosa marcha rockera, “Prescripción” ve alivianado su tonelaje gracias a la inserción de fuertes dosis de componentes electrónicos -una evolución congénita, como lo demuestra Pete Shelley, que pasó de Buzzcocks a modelar sólida carrera solista en predios synth. “Consumir” despide 100mg remontándose a las raíces punk que Antibióticos busca de continuo reivindicar.

¿Fugacidad? Sí. Pero fuera de esa cualidad común, no hay ninguna otra que permita hablar de egg punk al mencionar a este conjunto. Aún cuando se trata de hacer algo con mal gusto, hay que tener buen gusto. Con mayor razón, si la consigna es divertirse, hay que hacerlo seriamente -para no quedar como un hato de cretinos que se palanganean de su torpeza e incompetencia. Abiertas de par en par las puertas para seguir avanzando, espero lo siguiente de Antibióticos no demore demasiado.

En el prontuario de la música pop peruana, dedos de pies y manos son suficientes para contabilizar álbums grabados en vivo. Normalmente, registros de esas características tienen lugar cuando una agrupación o un/a solista ha alcanzado ciertos niveles de difusión, lo que de paso asegura el considerable impacto que propician sin dejar por esto las cuentas en rojo. Al menos tal es la norma en las principales escenas internacionales, donde a partir de este punto es que sobrevienen otros criterios -el artístico, primero entre ellos.

En un país como el nuestro, donde el pop, el rock y la electrónica han sido sistemáticamente apartados de las grandes audiencias por los culiestrechos intereses de la mass media; esa norma carece de vigencia. Son causales estrictamente artísticas las que suelen determinar la edición de un live, no existiendo en la práctica expectativas de retorno vinculadas a la transmisión/divulgación o a la crematística. Pese a ello, no siempre queda garantizado el valor testimonial -ahí está Tormenta Mental - Live At Woodstaco 2019 (‘22), de El Jefazo, ejemplo de cómo NO encarar la producción de un material en directo.

En el otro extremo se halla Fukuyama, que inauguró octubre último recuperando para la posteridad su performance en la edición del Festival Sarcófago del año pasado, junto a bandas como Titania, Pus y Laura La Sangrienta. Fijando El Estallido... devela desde su denominación la intención del entonces cuarteto: legar a futuro un documento que atestigüe el estado por el que atravesase el combo en aquel momento histórico. Noise rock de orla pesada, sostenido por un soporte rítmico -Gonzalo Santos en batería, Erick Cavero en bajo- que semeja una columna vertebral de titanio, dotado de suficiente versatilidad como para pasar del estruendo arrollador a la calma plácida y viceversa.

El cassette tiene cuatro temas ya conocidos y tres que pueden contarse como nuevos -salvo Fukuyama afirme lo contrario. Entre los primeros, encontramos a “Los Días Son Aterradoramente Calmos”, a “Blíster” (ambos de Los Días Son... EP), a “Tierra Baldía” (del mini-álbum Fukuyama) y a “Intro” (de su debut en corto, Fukuyama EP). Entre los segundos, a “Intro II”, al lovecraftiano -por el nombre- “Lo Que No Tiene Forma Te Protegerá” y a “Acá Morimos Todos”. Salvo este último, en insólita configuración dub-reggae, el íntegro del repertorio interpretado ese 18 de mayo conjura a los sospechosos de siempre cuando se habla de la entidad nucleada por Juan Pablo Villanueva (guitarra, voz): Sebadoh, Sonic Youth, Dinosaur Jr., Fugazi... Guitarrera bulla audioextremista que estalla cíclicamente, sea volando, sea serpenteando.

Señalo un par de detalles. El primero: sintetizador, secuencias y sampleos de Ernesto Bernilla. Su presencia, sólo percibida en segmentos puntuales de Fijando El Estallido..., debería ser más relevante -cuando se le escucha, se aprecia su gran desenvolvimiento. El segundo detalle: la voz de Villanueva. En medio de las tormentas de noise y decibeles que despliega Fukuyama, siempre se le oye gritar más que cantar, lo cual es de agradecer. En “Lo Que No Tiene Forma...” y “Tierra Baldía”, empero, la vocalización suena filtrada/procesada. ¿Será cuestión de mezcla y masterización, a cargo de Vamsick? Afirmativa o no la respuesta a esa interrogante, en esas canciones me queda la sensación de estar oyendo vociferar a Starscream.

Otra placa “31/12”. Primaveras Digitales se autodefine como productora lo fi especializada en bootlegs y mixtapes. Con base de operaciones en Cuzco, la plataforma parece haber iniciado su existencia en diciembre último, o al menos así lo indican tanto Mas(a)Océano de Fiorella16 como la compilación con que ultimase el ‘24, Todo Sigue Igual. Hace ésta trasversal alusión a un panorámico anterior, también lanzado en la Ciudad Imperial por Felino Renegado Records, cuya reedición en cassette PD acaba de financiar: Qué Bueno Que Ya Nada Es Igual (2019).

Las coordenadas estilísticas de Todo Sigue Igual le sitúan un poco a trasmano de Qué Bueno... En general, los proyectos que aquí colaboran -arequipeños, cuzqueños, limeños- llevan a cabo todo el proceso desde espacios físicos privados. De ahí el calificativo de “homemade” a que se acogen. Con todo, no existe una equivalencia completa entre esa etiqueta y la de “bedroom pop”. En Todo... no sólo hay lugar para este último, sino además para el indie rock, para la electrónica, para el pop punk, para el lo fi. Incluso para el noise. Y si bien Qué Bueno... gozaba de cierta variedad, Todo Sigue Igual le sobrepasa en ese rubro concreto.

Al disco lo abre “Nanananaan”, de Violento Amor, único alias que figura dos veces en el menú. Su otra participación es “Meme Chistoso” -me quedo con ella, más redonda en su línea de indie rock que la otra en su perfil de punk elemental. De idéntica laya son “No Me Importa” de Trapo Sucio, que se hace eco del primer Azmereír, y “Brazo Y Letra” de Amaru Loayza (algo formulaico). “Muxos Honguitos” de Nematodos comienza a escarbar en la veta indie a la par que la del pop, aunque no me queda claro si su espíritu es lúdico o simplemente bobo. Sí está más allá de las dudas, en cambio, “Estallar (En Mil Pedazos)” de Teni3nte Laz33r.

En la senda de un pop más elaborado crecen “Hay Un Lugar” de Capitán Milaneso (tributario del noventoso sonido donostiarra) y “Distimia” de DjSexo (instrumental y austero). En la de un rock emotivo y sobrio, “1 7” de Tetraedro, “Larvas” de La Terminal (noise grunge), “Enero” de Sieteonueve (vibrante ascendencia ochentera) y “Catarsis” de Anfótero -la tajada más prominente. En la de un noise que se sirve de la drone music, el postrer “Mas(a)Océano” de Fiorella16, extraído del LP del mismo nombre. De esta guisa, Todo Sigue Igual ayuda a visibilizar grupos y/o individualistas que, en la mayoría de casos, recién están empezando.

Reservo el párrafo final para las excepciones de rigor. Primero, la negativa: “Demente” de Cirugía No Terminada. Con esa chapa, me esperaba algo más ruidoso y/o avant garde, en vez del rapcore desabrido y caricaturesco que finalmente plasma. Segundo, la positiva: “Un Nuevo Día, Otra Vez” de Love & Pop. Interesante cómo el aluvión de noise con que arranca se despeja para transformarse en un número que fluctúa entre el synth deconstruido y un cruce minimal de IDM y jungle.

Humano De Hiel es una de las dos identidades que le conozco a César Aguirre -la otra es El Balcón Rojo, con la que ha ido liberando varias composiciones a través de muestrarios diversos, y cuyos réditos sí tengo más o menos presentes. HDH, por otro lado, es algo nuevo para mí. Lo primero que le audiciono es “Infección Y Meditación”, cedida a Entre Rejas Y Concreto (‘24). Ya allí se exhibía como acto industrial que prefería ruidos de máquinas en lugar de secuenciaciones brotadas de algún ejercicio basado en softwares. Lo que no sabía es que, antes de esa pista, Aguirre ya había gestionado y colgado dos EPs bien a principios del año previo al actual.

Dichos EPs son Encierro y Emboscada, y ostentan el sello de agua de la misma factoría que “Infección Y Meditación”, si bien son bastante más virulentos. En efecto, los EPs son sendas ventanas hacia delirantes realidades postapocalípticas de paisajes dramáticamente sucios. Sórdidas e insanas, las oxidadas sonoridades que pueblan estos artefactos nacen de las mismas visiones de pesadilla que colonizasen los imaginarios de héroes como Foetus, Laibach, Einstürzende Neubauten, Coil o SPK: rebencazos metálicos, laxas texturas hertzianas, maníacas voces rastreras sampleadas una y otra vez, efectos crispantes que se repiten sin fin, invencible prescindencia de percusión sincopada...

Tal vez debido a su tenaz minimalismo, Encierro EP (1/1/24) es la expresión más acabada del esteticismo que enarbola Humano De Hiel. Sirviéndose de chasquidos apenas audibles, tanto “Con-Tacto” como “Radio Esplendor” y “Sólo Importa La Fuerza” descascaran los convencionalismos relacionados a la Música -“armonía”, “orden”, “melodía”- y los que se asientan en el contexto de un “mundo civilizado”. El futuro propuesto por el extended se corresponde con el de ominosas realidades en las que, como profetizaban los Lluvia Ácida hace casi tres décadas, existir es espanto.

Por contraste, Emboscada EP (30/3/24) es más concesivo. También postula nubarrones de escalofriante ruido omnívoro (“Pérdida Sensorial”) y dantescos escenarios de horra abyección casi inimaginable. Sólo que lo hace empleando otros modos. Puede adoptar una apariencia más tribal (“Mi Alma Ya No Habita En Mi Cuerpo”), e incluso condescender a herrumbrosos esbozos de secuencias, que al final no son otra cosa que trallazos al pobre sinte y/o teclado. Puede samplear una voz para procesarla hasta la deformación completa (“No Podrás Escapar”), mientras se hunde en un imposible pozo de oscuridad material, como si estuviera buceando en petróleo. En el crepúsculo, esa voz contrahecha y maligna espetará un “Todo Será Extinto” que resonará en nuestras psiques y las devorará si no se tiene la suficiente fuerza de voluntad.

Llamativo el cuestionamiento que Humano De Hiel realiza de patrones formales, en consonancia con la asimilación plena de los postulados futuristas que miraban entusiastas hacia la nueva gama de sonidos proporcionada por la decimonónica Revolución Industrial. O con la instrumentalización de ruidos punzocortantes con que acuchilla las normalidades que nos rodean. ¿Faltará mucho todavía para el estreno en largo de estos exorcismos dadaístas?

Hákim de Merv