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jueves, 5 de febrero de 2026

Christian Van Lacke: Mogul // Uza.Zetangas: Uza.Zetangas // Ruri: Chinchey // Café De Las Almas: Antihéroes

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de enero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

Incluyendo esta bitácora, poquísimo es lo que se ha escrito en medios peruchos sobre las andanzas de Christian Van Lacke. Verdad que el músico es argentino y no vive/viene aquí sino ocasionalmente.  A  pesar  de ello, sus conexiones con el país son muy fuertes -empezando por su padre, Guillermo, bajista en el mítico estreno homónimo de Tarkus (‘72); y terminando por el propio Christian, fundador de dos excelentes power trios en el Perú, los tremebundos Tlön (‘08-‘12) y el efímero alias Tortuga. Créditos de sobra para que la prensa especializada nacional le tenga de continuo en el radar.

Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.

Al tener en cuenta los backgrounds de algunas de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.

En la spinettiana “Inútil Cementerio”, por ejemplo, las cuerdas se engrosan como en ningún otro surco del esférico; sin desdibujarse su aura de blues minimal. La ingrávida lisergia de pistas como “Crosby”, “Un Color” o “Canción De Mene” luce aquietada merced a acordes folkies en el primer caso -eclipsados ante el arribo de una inesperada percusión santanera- o a visos de outlaw country en el tercero. Cuando más cerca anda de salirse del molde, la guitarra prefiere asentarse y crecer con paciencia antes que desbocarse y cubrir el horizonte. Así sucede en “LP” y en “Cosmovisión”: primos hermanos, cada número toma distinto camino, siendo “LP” un desértico psych blues de intro ragga que se le insinúa al stoner, y “Cosmovisión” un heavy folk que no se resuelve a flirtear con el prog rock.

Dueño del sitial reclamado por el epílogo, “Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la totalidad de su copiosa obra.

No he tenido conocimiento de la discográfica catalana Zona Watusa hasta que recibí noticias de la eyección de un cassette atribuido a la sociedad Uza.Zetangas, a través de dicha plataforma barcelonesa. La luz verde fue concedida hacia la veintena de octubre último, y el aviso llegó a mi inbox recién en la quincena de diciembre, por lo que se me hizo imposible pautear algún comentario para lo que entonces restaba del ‘25. No hay plazo que no se cumpla, ¿felizmente?, y ahora que estamos metidos/as de lleno en el ‘26 es tiempo de destinar a la referida cinta unos cuantos renglones.

Como habrás intuido, esta identidad nace de la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García a.k.a. Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).

Ese diálogo es, por ende, el punto de partida para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities, Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.

Sin embargo, Uza.Zetangas no malgasta el tiempo en recreaciones exactas, ni desperdicia la oportunidad en revivalismos facsimilares. El dúo interpela este período de la música pop contemporánea valiéndose de una estética ambiental que recurre mesuradamente a la iteración, cuando no al drone. El resultado es un puñado de composiciones en el que las eléctricas se desenvuelven interpretando el rol de elemento conductor sin codificación fija, a la usanza del método que ha ejercitado Miguel en su evolución solista. Secundan en modesto segundo plano los osciladores, la especialidad de Carlos, proporcionando consistencia y brillo -lo que le lleva, a veces, a adelantarse a primeras filas (“Crossroads Parte I”, “Finis Terrae”).

Al trasponer el punto medio y apresurarse hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de “Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”, “Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever (la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).

Me acostumbré tanto a la crudeza de Ruri (Demo) EP, que tras el estreno formal de la agrupación en mayo del ‘25 no me queda claro si debo considerar al extended en demodé o no. Razones evidentes para una respuesta afirmativa no faltan: todo el contenido de Ruri (Demo) EP ha sido recuperado para su puesta de largo, reinterpretado/regrabado y adicionado a otras cuatro canciones de manufactura más reciente. La jugada se caía de madura: no habiendo sido registrado el extended en condiciones técnicas idóneas, la oportunidad pintaba para hacerle sujeto de un segundo debut.

Abren Chinchey dos cortes correspondientes al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas. También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más “ordenada”.

Tal es el problema con el que deberán lidiar los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado. Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche, actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros, también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha perdido, si se escucha antes esta placa?

Centrémonos en los tracks nuevos acerca de los cuales no me he extendido. “No De Rutina Amor” le prende velas al rock alternativo de los 90s y al grunge, regurgitando su angustia y su hastío a punta de riffs límbicos y unas letras de sutil cariz cáustico. “No Hay Control” accede a esa senda de cuando en cuando, reservando espacio asimismo para una batería más en plan post punk. Y el telón abajo de “Seguir Eligiendo” rompe del todo con el modern rock, sumergiéndose en una zona franca donde coinciden las riot grrrls y las precursoras del after punk -heroínas unas y otras del supermercado en llamas.

No hay mucho más que alegar a propósito de las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y “La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.

Reaparece Café De Las Almas con un segundo esfuerzo liberado para descarga gratuita desde SoundCloud el 28 de diciembre, fecha en que la región celebra el Día de los Inocentes. Extraño curso de acción. Por qué no esperar unos pocos días más para soltarlo en 2026, o en todo caso anticiparle para no coincidir con esa “celebración”, es interrogante que le corresponde al trío absolver. Muy pocas circunstancias, empero, se me antojan lo suficientemente válidas como para justificar tamaña elección.

En relación al primerísimo Café De Las Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente. No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas (B-612)”. Contados, menos mal.

Es notoria la intención de CDLA de jugársela entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies (“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito En El Agua”).

Entonces, si el pop mainstream de entresiglo no ha sido extirpado del todo, ¿en qué maneras el menú de Antihéroes supera al del predecesor? Muchas de sus piezas funcionan gracias a las efectivas pulsaciones del secuenciador, a la discreta ejecución de una guitarra, a los laboriosos arreglos de teclados. Ya presentes en Café De Las Almas, estas características vienen ahora nimbadas de kilometraje. Acontece con “Aún”, con “Maldad” (aunque el spoken word que le chantan es innecesario), con “Bala Certera”, con “Catedral”. Podrían no haber destacado, como le sucede a “So”, lastrada por el excesivo colorismo que le impone ese pop al que ya le dirigí puyas hace dos párrafos. Felizmente, sólo se ve afectada esta última, además de las ya aludidas “Vuelvo A Estar” y “Antiparaíso” (muy influenciadas por “Somebody” de Depeche Mode, de los pocos canales del repertorio clásico de los ingleses que no me agradan).

Había quedado en debe Café De Las Almas en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.

UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.

Hákim de Merv

jueves, 7 de agosto de 2025

Bondage: Homoplaxmosis EP // Rifle: Beyond Paranoia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 30 de julio de 2025.) 

Eyectado en mayo último, Homoplaxmosis EP da cuerpo a una interesante trasmutación en la travesía del acto liberteño Bondage -travesía que ya alcanza 13 largos años de vida. Cierto, una no muy prolífica, puesto que con el extended apenas llega a los cuatro capítulos discográficos. Instancia por lo demás comprensible, dados el talante arisco y los crujidos harto inasequibles del unipersonal de Juan Carlos Paredes Jara. Ello, sin detenernos en las “obscenas” connotaciones de su denominación, que todavía interpela falsos recatos de una sociedad como la nuestra. 

Luego de darse a conocer con la reedición (‘13) de su epónimo estreno (‘12), Bondage ha vagabundeado husmeando insistente en esas zonas francas en que se enyuntan la electrónica analógica y el Ruido en su acepción más cruda e intensa. Con números que van del synth punk menos aquiescente al industrial a un paso de la hipérbole absoluta, el peruano siempre ha batido campanas llamando a la hecatombe de las convenciones, al Armagedón del establishment, a la demolición de las apariencias. Sus trabajos coadyuvan esa cruzada, asimismo, faltos de requisitos “formales” como la alta fidelidad y los modos recurrentes en aquello que todavía entendemos por “canción”. 

No es que Homoplaxmosis EP desande el camino. Lo que hace es mitigar las turbulencias y desbastar las salientes de que se apertrecha de continuo la música de Bondage. ¿Con qué propósito? Con el de permitir la inserción de otros códigos, en frecuencias similares éstos a los que viene empleando desde hace más de una década el individualista norteño. En “Pesadilla”, por ejemplo, la machacona batería y el constante regodeo del bajo me hacen pensar en Chrome. La banda de Damon Edge y Helios Creed es conjurada también en la pista homónima, junto a otras referencias convergentes como la no wave y el primer Neubauten.

El extended, entonces, incorpora tímbricas propias del after punk anglosajón y del post industrial. Esta mixtura cuaja en incendiarios pasajes de un post punk garagero atravesado de dub escabroso y de reverb maligno (“Sacrificios”), en tensos accesos de noisica entropía industrial/post industrial (“M.CV.E”), en fárragos dignos del pandemónium más lacerante que puedas concebir (“Harto Del Reptil” o Public Image Ltd. en mal viaje de merca adulterada). El calicanto que cohesiona y da homogeneidad al EP sin pasteurizarle, como no podía ser de otra manera, lo proporciona el bombeo permanente de una correntada de ruido turbio y perturbador -el mismo del que Paredes Jara ha dado generosas muestras en jornadas anteriores.

Difícil ser aún más ilustrativo acerca de Homoplaxmosis EP, artefacto que logra desafiar incluso las taxonomías más flexibles -a mí me ha hecho reconsiderar el lugar que ocupa en la vasta Meloteca de Babel.

La nueva entrega de Rifle viene antecedida de una historia de desavenencias, pero también de pergaminos en las mezcla y masterización. En cuanto a lo segundo, al mando de la consola estuvo el chileno Ignacio Rodríguez (a) Nes, baterista de ese grupazo que ¿fue?/¿es? La Hell Gang. No creo necesario abundar más acerca de uno de los combos puntales de la movida stoner al sur de Tacna, distinguido por enarbolar el fuzz cosecha psicodelia sesentera como piedra basal de su accionar sónico.

Y en cuanto a los intrilingüis del trío, refiere éste que en el ‘23 el bajista y vocalista Alejandro Suni-Álvarez se mandó mudar a Canadá. Volvería más adelante, sólo para ver cómo el baterista Julio César Araujo (Kurandera, Brujo Mayor) zafaba. Suni-Álvarez y el guitarrista Magno Mendoza consiguieron moldear una versión demo del disco. A punto de ingresar al estudio a darle forma definitiva, regresó Araujo para ocupar su justa posición en el line-up. Completos, grabaron las sesiones de Beyond Paranoia en el estudio Dragón Verde. La crónica se consigna en el BandCamp de Rifle.

Me deja un poco confundido este Beyond Paranoia. Posee un sonido mucho más clásico que el debut Repossessed (‘22), al punto de no quedarme claro si lo suyo ahora es un stoner rock estofado -del verbo estofar, por siaca, cf. la RAE- en heavy psych y blues, o si actualmente optan por abrazar un heavy psych stoneado y bluesero. En ambos escenarios, nótese, el blues es un ingrediente con visos de imprescindible -pero no por ello protagónico, como atestiguan “She Got A Spirit” o la senescente “Inner Whisper”, de pudorosa ascendencia hendrixiana las dos.

Por otro lado, y a tono con este cambio de registro, la voz de Alejandro se decanta hacia el susurro. En Repossessed se echaba de menos algo de fuerza y/o vehemencia, que le hiciera estar acorde con la robusta convicción stoner y la avasallante rapidez cuasi metalera exhibidas por sus hermanos de armas. Ahora que la terna templa bríos y atempera ferocidad, la performance de Suni-Álvarez se acomoda mucho mejor (“Beyond Paranoia”), en coincidencia con las enteogénicas composiciones de ácido desert rock susceptibles de prolongarse indefinidamente. Hay excepciones, sí, como el tanque blindado que supone “She Got...”; pero en ningún momento los decibeles suben tanto como para dejar al también bajista en off-side.

Falta agregar unas cuantas palabras acerca de las baquetas. Casi ninguno de los canales arranca desmarcándose de los medios tiempos, circunstancia que nos permite apreciar la pródiga contención a que se aplica Araujo desde la teba (“Break The Voodoo”). Cuando debe soltar amarras, empero, no tiene empacho en redoblar esfuerzos a fin de elevar el pulso (“Gipsy Spell”, “Inner Whisper”). Se le siente concentrado, en armonía con los otros dos tercios de Rifle. Si Repossessed es un sonoro cachetadón de bienvenida que recomendar, Beyond Paranoia no se merece menos -muestra un reverso más mesurado de pesado rock lisérgico, cuyo potencial está en condiciones de difuminar horizontes.

Hákim de Merv

jueves, 21 de noviembre de 2024

Dionírico: Sincrodestino EP // La Terminal: La Terminal EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de noviembre de 2024.)

Durante los últimos días de febrero, apareció en Internet Sincrodestino, EP con que desde Arequipa se da formalmente a conocer Dionírico. El dúo, cuyos integrantes se hacen llamar Dennis Dionisio (a) Dionisíaco Onírico y Sri Rahul (a) Raúl Verdugo, parece haberse formado el año anterior y ya tenía colgados algunos singles promocionales -todos los cuales han sido repescados para el debut en corto.

El extended tiene sus ratos de cal y sus otros de arena. El sonido del tándem se debate entre el indie noventero de octanaje light y el pop desprovisto de cualquier aspereza y/o rugosidad. Sólo al inicio y al final, Dionírico exhibe una muy tenue influencia del pop practicado en los 80s, y es justamente esa variable la que arroja sombras sobre la tesis del estilo unitario en su caso. Esos cortes son, respectivamente, “Sincrodestino” y “Zonírica”. Sintomático que ambos sean además instrumentales.

Y es que el rubro de la voz necesita mejorar muchísimo, si el asunto va a seguir como en Sincrodestino EP. En muchos pasajes de éste, las vocales se perciben demasiado graves, cuando deberían ser de un tono más claro (“El Dragón Onírico”). Dicha coloración no ayuda si se trata de atenuar resultados bastante discretos en la letra (“La Danza Rasa”), o de sobrellevar amagos de ¿spoken word? allí donde menos espacio para maniobrar encuentran éstos (el pop punchero de “Eurídice En Los Tiempos Modernos”).

La segunda mitad del extended alberga gradaciones más dispares en cuanto al apartado sonoro. Tal vez “Hay Alguien Que Cree En Su Corazón”, breve pista a medio camino entre el pop y la balada, no sea buen ejemplo de ello; pero sí el homenaje a Ciëlo y el curioso synth punk de “Don Nadie”. El primero, titulado “Cielo Dionisíaco (Tributo A Ciëlo -Mario Silvania Y Cocó Cielo-)”, reconstruye acrisolando estilos tres gemas de la desaparecida dupla: “Radio Subterránea”, “Líneas Rectas” y “Siempre Tan Lejos”. Valiéndose de algunos pequeños sampleos, esta muestra de admiración obtendría mayores réditos si no fuera por las falencias ya acotadas del cantante arequipeño.

En cuanto a “Don Nadie”, acabaría siendo interesante la sacada de cuadro si se consideran las coordenadas estilísticas habituales de Dionírico. Lástima que tanto letra como voz me recuerden mucho a “No Voy A Trabajar”, de los mexicanos Bermudas. Claro, lo que dispensaba a estos últimos es que lo hacían en plan de joda. Para la próxima habrá que esmerarse no sólo en la ejecución, que en eso logran modestos pulgares arriba.

Ocurre algo insólito con el epónimo extended que La Terminal ha editado en la segunda quincena de agosto. La versión oficial del cassette, publicada por la canadiense We, Here And Now! (plataforma que también lanzó el Thanatology For Young Ladies de Fiorella16), contiene únicamente tres tracks. Todos nuevos, eso sí.

La versión “pirata” de la cinta, en cambio, se compone de ocho canales. La tirada de esta versión consta sólo de siete ejemplares, que han acompañado la venta de otros tantos polos por parte de José María Málaga, con lo que se hace más adecuado hablar de “autopirateo”. Ante la imposibilidad de saber qué versión maneja la persona que lee esta reseña, opto por comentar las dos en una sola -o mejor, una después de otra.

Hace ya tiempo que La Terminal ha dejado de ser un grupo, pasando a ser otra de las identidades utilizadas por José María. Bajo su mano, se editaron un par de singles y una pequeña colección de demos, todo esto previo a la aparición del presente EP. Con éste, el mistiano reconfirma esa permisividad que se evidenciaba ya en el largo de estreno (‘17), misma que permitía hablar simultáneamente de no wave, noise, post grunge, punk e incluso dream pop. La Terminal EP no sólo refrenda la asimilación de esos géneros, sino que agudiza la inclusión hibridándoles. La constante omnipresente sigue siendo, por supuesto, el Ruido.

Pensemos en el grunge glaseado de shoegazing y quejumbroso registro post punk que es “La Culpa”, a ratos mimetizándose con “The New Stone Age” de O.M.D, para más señas. O en el grunge psicodélico de “Samsara”. O en la enésima alusión a Irijua Yin, la inédita banda post rock rojinegra de inicios del milenio, de “Irijua” -noise goth rodeado de espesa niebla enteógena que acaba convirtiéndose casi en un mantra. Así de dispar y friki se ha metamorfoseado La Terminal, consiguiendo gracias a su recia distorsión extremar el salvaje caos con que concibe etiquetas imposibles como “after punk experimental” o “grungegaze de lado B”.

Las pistas añadidas corresponden al single “Todo Lo Que Se Pudre Forma Una Familia”/“Irijua” (’21), así como a maquetas no publicadas anteriormente. En conjunto, la versión “pirata” le saca lustre a los muchos títulos que adornan a LT. Los ecos oscuros de “Todo Lo Que Se Pudre...” o “Hacia El Vacío” conviven según qué surcos con el feedback en modo huayco o con modosidades acústicas, sin problemas. Málaga puede decidir echar a correr (“Irijua”, muy distinta de la versión ‘24) o tenderse lúgubre a esperar la muerte (“Chocolates & Antibióticos”). O, en última instancia, hacer estallar la atmósfera misma sobresaturando la distorsión a gran escala (“Pude Ver El Fin”). No es la de un bulldozer la mejor imagen para describir a este acto, aunque acaso sí la consabida variante peruana armada exclusivamente de materiales reciclados.

Hákim de Merv

jueves, 23 de marzo de 2023

Yndeseables: El Perfecto Ruido / Escapa Del Control 7'' (1985 Studio Recording Version)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de marzo del 2023.)

Entre las grabaciones más enigmáticas que integran el legado histórico de nuestra escena independiente nacional, siempre destacó “Escapa Del Control” por su reacia insularidad, así como por considerársele la única canción de Yndeseables que había sobrevivido al paso del Tiempo. Poco más se sabía respecto de proyecto y obra: que el marbete Yndeseables fue creado en 1984 por Guillermo Valdivia a.k.a. Kimba Vilis (hermano de Daniel F y baterista de Leuzemia), que era más una apuesta personal que un grupo, y que el tema proviene de la mítica maqueta compilatoria Ataque Subterráneo Vol. II (1986).

Hace cuatro años y medio, Rolly Necio, infatigable documentador de la primera escena subte limeña; dejó helado a todo el mundo colgando en su cuenta de YouTube el cassette demo con que iba a debutar Yndeseables en 1985. Esta cinta, bien por iniciativa propia o a instancia de Vilis, se bautizó como El Perfecto Ruido. Es a partir de la base proporcionada por el tape que Buh Records ha lanzado a principios de año una recopilación y un 7’’ incluyendo todo lo que en aquella época se registró bajo el rótulo Yndeseables -con el plus, en el caso del 45 rpm, de rescatar las tomas de estudio tanto de “Escapa Del Control” como de su trunco lado B “Asquerosa Corrupción”.

Añadiendo cuatro piezas hasta hace unas semanas inéditas, El Perfecto Ruido no hace sino confirmar lo que ya había dejado entrever la primerísima versión liberada por Necio. A saber, que Yndeseables no se subordinaba al hardcore punk que reinó soberano durante los primeros años de la movida subterránea ochentera, sino que más bien se valió de sus trabas y sus contradicciones para superarle. En ese propósito, coincidió en cuanto a vocación con gente como Feudales/Paisaje Electrónico, Sociedad De Mierda, Éxodo, Voz Propia, Delirios Krónicos, Salón Dadá/Col Corazón, Lima 13, T De Cobre, Masoko Tanga, Disidentes o Sor Obscena. Aún podría decir más: Yndeseables fue el único acto peruano de no wave atómicamente puro, quizá sin que el menor de los Valdivia estuviese enterado de qué diablos quería ilustrar esa etiqueta, que en el hemisferio norte unificó a fines de los 70s a los estetas neoyorkinos precursores del after punk.

Eso es lo que refleja la maqueta recuperada -que el baterista grabó en mayo del ’85, secundado por Mario Chirinos (a) Mario Almanegra, bajista de Zcuela Crrada. Por un lado, aprovechamiento al máximo de los minúsculos espacios que toleraban unas apabullantes limitaciones técnicas: sin drum set, una guitarra acústica completamente vejada (a punta de obsesivos trallazos), teclados que es difícil imaginar cómo funcionaban después del doloroso tratamiento-a-lo-instrumento-de-percusión a que Yndeseables les sometía, simple y llano ruido “tubular” (hecho con tuberías viejas). Por el otro lado, feroces acometidas contra todo aquello que te permite elaborar y entender definiciones convencionales de lo que llamamos “música”: desprecio por las más elementales nociones de compás y afinación, aniquilación absoluta de acordes y arpegios, desmaterialización y colapso de frecuencias en plan de autosabotaje. Desprolijidad militante, en resumen.


El laudable reverso de estas carencias, de estas deconstrucciones a conciencia, es la incombustible/potente habilidad expresiva que canalizó Vilis a través del repertorio yndeseable. Un angst granputeante del que dan cuenta asaltos como “Basta Ya”, “Depresión”, “Relaciones Distanciadas” o “Confundidos”. Yndeseables nace, se saca la chucha, atropella y muere con cada canción. Si acaso puede hablarse de estilo, el de la temporal asociación Valdivia-Chirinos se corresponde con el de un incesante desmadre lo bastante consistente para evitar el polimorfismo y a la vez el lugar común de la frase “cortados por la misma tijera”. Impar correlato   sonoro   capaz   de   soportar los aullidos   y   el   spoken   word  lastimero  de Kimba -explorando/confrontando con vertiginosa crudeza y desencanto el pánico vacío existencial que hizo presa en las generaciones cuya juventud transcurrió durante los atroces 80s de este país. Nada lo resume mejor que la letra de “Cadáver” (“Eres La Persona Que Ha Dejado De Existir/No Porque Hayas Muerto/Sino Porque Has Dejado De Pensar”). Nada lo resume mejor que la pesadillesca densidad de la final “Centrosis”.

Las tomas del single son aquellas que reformuló Yndeseables en un estudio de grabación como mandan los manuales, armazón percusivo incluido (sospecho que en la forma de una drum machine), con miras a que integren el track list de Ataque Subterráneo Vol. II. Sólo una, sin embargo, fue acogida: la versión de “Escapa Del Control” que cobija el sencillo es, por ende, la que todos/as hemos escuchado en el histórico k-set. Con ella y su B-side se completa, en teoría, todo lo registrado alguna vez por el elusivo proyecto -exceptuando, claro, el intro de que venía provisto El Perfecto Ruido de Necio y el directo de “Examina”. No hay duda de la autenticidad del primero, mientras que el propio Vilis jura que no guarda recuerdo alguno de la presentación en Magia (desaparecido point ubicado en el distrito de Magdalena, casi al final de la avenida Brasil), que es de donde se extrae la mencionada versión live.

Hákim de Merv

jueves, 16 de septiembre de 2021

FEM/BOT: NN // El Otro Infinito: Recopilatorio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de septiembre del 2021.)

No tener miramiento para con los sencillos virtuales -salvo contadas excepciones en el plano internacional, aún más contadas en el nacional- a veces juega muy malas pasadas. Confieso que una de ellas ha sido “Etérea”, single debut del tándem FEM/BOT, colgado hacia fines de febrero del ’20. De haberle prestado atención entonces, habría hecho estricto seguimiento de cada 7’’ sucedáneo de una banda que manifiestamente se las trae todas consigo. “Etérea” da cuenta de una entidad bicéfala exquisita en cuanto a los ingredientes que escoge acrisolar en su accionar compositivo: las austeras pulsaciones sublunares de sintes analógicos en plan Tangerine Dream o Ash Ra Tempel, la marciana oquedad arty de Red Transistor o Theoretical Girls, las atmósferas herederas del filón más arisco que el after punk erigiese a ambos lados del Atlántico...

Un sino similar seguirían tanto los subsiguientes uploads como los aportes cedidos a las compilaciones Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground (2021) y Telúrica (2020), esta última segundo tomo del díptico con que celebrase Trilce Discos sus diez primeros años de existencia. Justamente es la participación del dueto aquí, “Klon”, la que me lo da a conocer. Y justamente es Trilce la independiente que ha editado, a inicios de julio, el estreno formal del binomio en modalidad cassette.

Mitad repesca de los 45s digitales y mitad inédito, NN confirma las sospechas que se cernían sobre las virtudes acreditadas por Silvana Tello y Oman Morí. Su dialéctica propende al post punk ‘77-‘84 y al darkwave, invoca al fantasma que habitaba el Soho durante los días de la no wave neoyorkina, incorpora y absorbe el sonido de la escuela berlinesa del kraut rock tanto como el del synth pop y aún el de ese minimal synth que hoy goza de unas justas reivindicación y segunda vida. El fruto de semejante contubernio es una cruza desgarrada entre el feroz antirockismo alucinado de Chrome y el minimalista metal beat de D.A.F., cruza acunada por texturas regurgitadas desde el Abismo.

Esa disección y sus implicancias explican, sin racionalizar, el ominoso post punk de lisuriento automatismo surrealista que ostenta “Scorpio”, la crispada guitarra darkie cosida a un teclado de exigua armonía tonal en “Klon” y su voz salmodiante a lo Brendan Perry, el cárdeno escupitajo críptico de “Sumac”, y aún el insólito proto-psicodelismo marca 80s de “Sonno” -el episodio más relajado de la cinta, funciona como oblicua y límpida versión alternativa del “Just Like Honey” de The Jesus And Mary Chain (“duelo” vocal incluido).

Me quedo con “Etérea” y “MetaMorph”, así y todo. Del primero ya hablé, por lo que me prodigo ahora con el segundo. La fantasmal performance del theremin y la cortante precisión marcial de la drum machine, creciendo enredados ambos recursos alrededor de una programación iterativa y de una eléctrica de neón (que siega como la mejor espada Hanzo), hacen de esta canción un digno par de “Etérea”. Ambos canales resumen lo que acaso sea el mayor acierto de FEM/BOT (¿el chaplín guiña a Futurama?): profiláctico motorik punk para atemperar la esquizofrenia innata en el Hombre del siglo XXI.

Todavía El Otro Infinito no llega a las diez velas por soplar, y ya necesita dos guarismos para consignar el número de sus producciones -el grueso de ellas editado a través de Chip Musik, pero con referencias además en SuperSpace Records (el  single  Art  Is  Resistance! -julio  del  ’19-,  Pequeños  Métodos EP -noviembre del ’18-) y en la mexicana Bifronte Records (Un Antiguo Enemigo EP, octubre del ‘18). De este último extended procede, precisamente, la única pista que el acto individual recupera de entre sus discos fuera de Chip para el escuetamente bautizado Recopilatorio, a descargar de forma gratuita desde el BandCamp de la label limeña de raíces oroínas.

Considerando la valía y extensión del output de Alfonso Noriega, de primera impresión pensé en un yerro épico cuando cotejo el menú seleccionado y el minutaje en Recopilatorio: escasos siete cortes que superan por los pelos la media hora de duración en conjunto. O lo que es lo mismo decir, casi cincuenta minutos desperdiciados y al menos otros siete cortes que pudieron figurar aquí. Debo reconocer, no obstante, que el track list escogido y su finitud hacen pensar más en una primera vez para quienes no conocen aún la música de El Otro Infinito.

Puesto así el escenario, Recopilatorio funciona bastante bien como primer lance. “Los Dioses De Arena” es una muestra in extenso -única en un registro de sugestiva electrónica a disfrutarse en horizontal, el mini-álbum 21 (2017)- de la rigurosa fluidez simétrica con que Noriega lidia al contrapesar la inclinación a las pistas de baile y la poliédrica ascesis ambient que intrínsecamente chocan sables en la retórica IDM. También corren en ese carril el oscuro mesmerismo de “Kali” (placa del mismo nombre, 2016), el inquieto y enérgico intelligent techno de alto octanaje que traspira “Saigón” (El Abismo En Cada Objeto EP, 2018), el hi-fi sepia de “Demons Dress In White” (rework, facturado hace dos años, del original que apareciese en el abigarrado To The Shadow’s Rhythm, 2015), y la desafiante vitalidad de “Say Hi, Say Bye” (del EP endosado a Bifronte). Ejemplos todos de lo bien que ha apre(he)ndido Noriega las lecciones de los estetas británicos noventeros: B12, los inevitables Autechre, Reload, Black Dog Productions...

Con peso sensiblemente menor en el total de la obra otroinfinita publicada a la fecha, temas como “Amanece(s)” (EOI, 2019) o “Las Mareas Traen Tu Nombre” (El Abismo En Cada Objeto EP) ilustran esa laxa estética hidropónica de ensimismamiento ambiental, de espirituosa búsqueda astral que cada tanto acometía la electrónica post-rave a través de sus avatares más misántropos -Global Communications, los momentos zen de Ken Ishii, Biosphere... Números en los que los bpms tienen rascuacha o nula presencia, abandonados a la deriva en un océano de ermitaña placidez, testimonios de inteligencias que parecen vivir sólo en el pensamiento y la especulación -y que condescienden a la manufactura artística para tratar de comunicar a través suyo aquello que los demás podemos admirar, mas nunca realmente entender...

Reformulo mi principal reserva sobre este Recopilatorio, para convertirla en una sugerencia crítica. Es altamente improbable que quien no esté familiarizado con la música que elabora El Otro Infinito, permanezca impasible ante esta recopilación. Pese a ello, si bien no era una exigencia capitalizar el espacio que proporcionan los 80 minutos de un CD, Recopilatorio pudo ser algo más generoso: siete piezas -remasterizadas- pueden bastar para ilustrar la proporción entre las dos facetas que escancia el músico surcano, no para agotar el catálogo de composiciones en que las secuencias fracturadas devienen en patrones rítmicos a fuerza de repetirse sin descanso, o en las que el noise digital se sublima en una envidiable belleza líquida. Mucho menos para recorrer todos los capítulos de este proyecto solista -Games For The Dead (2015), El Infierno En Tus Ojos EP (2016). A tomar en cuenta para un próximo panorámico -eso y buscar un nombre un pelín más ingenioso.

Hákim de Merv

jueves, 12 de agosto de 2021

Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de agosto del 2021.)

A pesar de registrarse en redes el 18 de enero del 2020 como la fecha en que inicia operaciones, se me hace complicado establecer la génesis de la plataforma Bestiario Collective. Probablemente el sello nace algún tiempo antes, y poco más de dos meses después sube a su cuenta oficial de BandCamp la primera referencia de catálogo -el sencillo “CYBERSLAVE2050”, de quien sospecho es el principal animador del proyecto, Benjamín Ubierna (a) Zpectrum. El single, no obstante, es anunciado como tercer lanzamiento; a partir del cual se han publicado básicamente 45s virtuales del antedicho individualista. Las únicas excepciones a esa ‘regla’ son el 7’’ “Uplifter Two” de SAIGG (25 de junio) y la compilación Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground (12 de febrero).

Las principales bondades de Bestiario son indisolubles de las de esa música electrónica que dominó las escenas más próximas al mainstream durante los primeros 90s: el sonido Detroit, el acid techno como primera reacción tras la llegada del género a las costas británicas, las (posteriores) variaciones minimal y ambient, el estilo Birmingham, un poco de hardcore breakbeat, todavía menos de acid house y new beat... Construcciones esencialmente instrumentales donde bombo, clap y hi hat se hermanan al abrigo de patrones 4/4; surcando tempos que van de los 120 a los 150 BPMs, buscando siempre encontrarse con Jack para elevarse a las alturas habitadas por The Shamen, Utah Saints y otros dioses del mismo panteón.

Si no ha sido ésa su intención explícita, Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground funge de presentación en sociedad para  la bisoña discográfica.  Lejos  de  enfocarse  en  los músicos que conforman la breve nómina de BC -no repesca ninguno de los tracks previamente difundidos-, la compilación convoca proyectos más o menos convergentes con su propuesta, mismos que ceden composiciones inéditas. Esos alias son Server, Blue Velvet, Theremyn_4 y FEM/BOT: los dos primeros colaboran con dos pistas cada uno, mientras que los dos últimos con una por testa. Esto, en lo referente a la primera mitad del disco -la segunda la integran remixes de los seis primeros canales, salvo en el caso de “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” de Server, que es remezclado en dos oportunidades.

El esférico lo abre Blue Velvet, es decir Noelia Cabrera (Kusama, Silveria) y Antonio Ballester (Server, Silvania). En “Funeral Dance” y “Space Army”, el synth pop del binomio resigna los rasgos minimales exhibidos en In Event Of Moon Disaster (2018) y se vuelca hacia las atmósferas avasalladas por la coldwave. Esta cualidad, sin embargo, es mitigada gracias al acabado entre reluciente y lujurioso que envuelve a ambas piezas. Tratamiento parecido reciben los dos aportes de Server -parecido, mas no idéntico. Si desde un principio el dúo de Ballester y Andrés Pérez se declaró fan del synth pop, el italo disco y la estética Hi-NRG; en “Gynoid” y “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” se ve afianzada su devoción por el sonido synth y vaporizado el feeling que le tenía al italo disco. En tanto, la variable de teclados llenos de energía casi chillona se manifiesta sólo a través de la apolínea “Gynoid”, mostrando “¿Eres Tú...?” el inopinado rostro dionisíaco, techno, casi EBM de Server.

Distintos a los anteriores son los caminos que trashuman tanto FEM/BOT como Theremyn_4. El primero, tercera dupla participante en Aeon Wave..., está formado por Oman Morí y la artista del theremin Silvana Tello -quien sorprendiese gratísimamente el año pasado con su estreno Circuito. Con FEM/BOT, que ha debutado hace poco en cassette gracias a Trilce Discos, vuelve la Tello a dejarme patitieso: un menestrón de post punk, no wave, kraut rock, synth, darkwave y gradaciones intermedias; recorridas en la resplandeciente “Bestiario” por algo más de cuatro minutos y medio. El segundo, Theremyn_4, practica un rework de “Chambi”; su clásico incluido en el inicial Fluorescente Verde En El Patio (2000). Fuera de remarcar la ornamentación étnica hasta grados sustantivos, no encuentro en la intervención de José Gallo mayor trascendencia.

Reproduciendo el orden en que figuran los seis primeros cortes, desfilan a pie juntillas sus correspondientes remixes, con la excepción de la remezcla extra de “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” (dispuesta al final a modo de bonus). Este tramo de Aeon Wave... hace hincapié en la supresión de los límites estilísticos que separan  los  subgéneros  electrónicos  cultivados  por la  troupé  de Bestiario Collective,  el  ideal  último  de  esta  mancha.  Así,  Zpectrum  y  Tuff Soul posicionan  sus remixes de “Funeral Dance”  y  “¿ETSEQSM?”  en   aguas  del hard techno,  colmados   de  secuencias  de  cariz  magnetofónico  y  precisión científica -hubieran puntuado más alto sin esos guiños al eurobeat tan popular durante la última década del siglo pasado, que a mí me resulta aún hoy indigesto. Mucho mejor paradas quedan las relecturas de “Bestiario” (Monoperpol, en plan minimal techno), de “Space Army” (Seb, espacioso y ralentizado acid, estilizado y lleno de color/calor) y de “Chambi 2021” (Qosmiqu, en depurada onda global bass).

Punto flojo del artefacto: las dos remezclas de Alejandro Cuestas, sumamente discretas. A “Gynoid” le borra todo lo que le hacía brillar, forzando una sucesión de breaks que pretende ser algo parecido al drum’n’bass pero que se queda lejos de concretar. A “¿ETSEQSM?” le rebaja la oscuridad que le circundaba a estándares de caricatura.

Hákim de Merv