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jueves, 23 de abril de 2026

Polvos Azules: Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP // Rodrigo Cano Y Los Canes: Ya No Quiero Ser Así EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de abril de 2026.)

Tras una semana de haber finalizado enero, Polvos Azules edita nuevo EP, en sociedad con Víctor Chang a.k.a. Vrianch y la cantante Liliana Acosta. La relación entre Chang y Giancarlo Samamé es de larga data, mientras que en lo tocante a Acosta es reciente. Parece de hecho ser el estreno absoluto de la vocalista, lo que no es óbice para que se plante frente al micrófono, además de firmar todas las líricas. Vrianch se adjudica la composición de dos de los tres temas y los arreglos del restante, en tanto las cifras se hacen inversamente proporcionales en lo que corresponde a PA.

Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP despega de la mano de “Cada Vez Que Te Caes”. Acreditado a Chang, lo que me encandila de este canal no es su filiación ambient pop, sino su límpida emotividad naif: el medio tiempo enfermo de reverberaciones digitales, los teclados minimales y a la vez luminosos, como innumerables fuegos de San Elmo contra el palio crepuscular... Es una sensación muy agradable la que reportan estos poco más de 4 minutos, similar a la que proporcionaban los EPs de los hoy olvidados Aural Noise, y lo sería más de no mediar un inesperado elemento disruptor.

Por contraste, “Bruma De Mar” tiene una tesitura más afín al downtempo, género apenas hollado con anterioridad por Polvos Azules (que reclama la autoría de “Bruma...”). La línea de bajo es indiciaria en ese sentido: compases que se arrastran en cámara lenta, acompañados de un invariable hi-hat ralentizado, para dar forma al mood reinante en cualquier bar con excedentes de público A.O.R. Pese a las rimas de lo más previsibles, el ambiente calentón que impera no desciende ni cuando en las postrimerías del minuto 2 irrumpen extraños sonidos aleatorios más propios de jornadas ruidistas, aunque sí le afecta la mediación de un ya no tan inesperado elemento disruptor.

...Se Convierte En Marea EP finaliza gracias a “Promesas”. El delicioso tono agridulce que reina desde el primer segundo hace que te tomes este track con rigurosa seriedad. A despecho de la algo indescifrable programación, “Promesas” destaca por su uso de teclados en plan moderadamente Hi-NRG. Es de agradecer esa mesura, ya que la atmósfera nocturnal se habría resentido de haber mayor intensidad lumínica. Como ya me ha pasado anteriormente con Polvos Azules, percibo la ascendencia de un Jarre en clave pop, percepción que habría alcanzado mayores brillos si no se hubiera repetido por tercera vez la aparición de un elemento disruptor.

Esa circunstancia adversa es la performance de Liliana Acosta. No su voz. Ésta es grave, y se acomoda a un rango spoken word del que su recitación hace gala aquí. El problema es que esta tríada de canciones, así como el grueso de la obra del unipersonal de Samamé, no logra llevarse bien con ese registro. Como poner a cantar a Nick Cave asociándole a The Blue Nile.

Como ocurre con los muchachos de China María Soundsystem, otro debut en corto aparejado al presente año es el de Rodrigo Cano Y Los Canes. En formato de power trio, la banda lleva rodando por los circuitos independientes un bienio, presentándose en directo aquí y allá. El 13 de febrero es el día escogido para el lanzamiento de Ya No Quiero Ser Así, EP de cuatro surcos, uno de los cuales ya había visto la luz en modalidad single -y es repescado aquí tal cual. Su ejecución en directo se realizó el 25 del mismo mes en La Noche de Barranco, junto al solista Franco De Lorenzi y a los hard rockers de Volcano.

Rodrigo Cano Y Los Canes son Álvaro Salinas, Renzo Ramírez y el Rodrigo especificado en la denominación. Desconozco sus edades, así que les doy el beneficio de la duda. El extended play de estreno es bastante uniforme, por no decir plano o discreto. Arranca el número epónimo, al que se añade el epígrafe “(Edición 2025)”, y lo que escucho es un pop/rock matizado suavemente de jazz, si bien en principio cada cual va por su lado. Sólo en “Respuestas”, dos paraderos más adelante, ambos estilos se fusionan, luego de haber condescendido la eléctrica a añadir algo de blues en “Fuego”.

El sonido del trío, sin embargo, tiende a ser inane. Demasiado correcto para mi gusto. A esos aires blueseros, por ejemplo, les falta esquina. La estructura de los episodios luce convencional hasta volverlos grises, medio aplatanados. Se echa de menos la energía inherente a la síncopa, el arrebato insurgente y desbocado del pop, la locura congénita del rock (incluso clásico). Al menos yo esperaba tanto más, si las letras perfectibles en cuanto a la forma cumplen con el objetivo de hacerles sentar posición respecto de una realidad en la que no se hallan a sí mismos, emocionalmente tediosa e incómodamente desesperante.

Recién en el ocaso, Ya No Quiero Ser Así EP se pone interesante. La terna pregonaba cultivar un discurso cercano al rock alternativo de los 90s, declaración que sólo “Mundo Raro Y Cruel” atestigua. Harto dinamismo y ganas de despercudirse en esta pieza insular, alevemente funkeada desde la guitarra y el bajo. Tan es así, que es la primera vez en todo el extended en que a la voz se la siente fuera de su elemento. Ojalá sigan ese derrotero en producciones futuras, sumando ingente protagonismo de la batería -el único instrumento que se desempeña con mención honorífica durante los cuatro rounds.

Hákim de Merv

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lego 17: Diapasones // DxTxM: Synthesis EP // Ruy'ismo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de diciembre de 2025.)

Disponible para descarga gratuita el mismo día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético, la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más adelante.

El muestrario titula Lego 17: Diapasones. Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de “instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.

Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop sintético de la joven romana Mylla Issues.

No ha de ser casual que la Issues se ubique tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en “Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop (“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus” de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo). Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura noctívaga y nictálope que preña Lego 17...

Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.

A principios de año, comentaba la reedición que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad- acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de Zolar.

De entre los contados números-de-catálogo lanzados hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T, en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut? ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.

Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega, mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien poco le falta.

Synthesis EP se completa gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth 90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante al Bass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital. Desde Concepción, Junín, para el mundo.

Finalizaba septiembre cuando se publicó vía Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115, ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.

La placa tiene por toda razón de ser testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella: dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón se necesita para prestarle atención sin demora?

Empecemos por los defectos, que no son muchos. Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo “Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por donde se le sopese.

Muchos más son los aciertos. Entre los que no he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de “Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina” de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte” por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y “Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).

En mi opinión, dos son los surcos que no funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace insoportable.

Hákim de Merv

jueves, 10 de julio de 2025

Ballet Mecánico: Primera Secuencia // Ayarwhaska: Dendritas Oscilantes

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de julio de 2025.)

Luego de un tiempo relativamente alejado de su faceta como músico, estrenó Fernando Pinzás durante el último trimestre del ‘24 Ballet Mecánico, proyecto donde él tiene la última palabra y en el que las colaboraciones son más que bienvenidas. Se establece así una diferencia clave respecto de grupos anteriores en los que participó, como Specto Caligo y los recordados Varsovia. A posteriori de los singles de adelanto “No Cederé” (10/24) y “Testamento” (1/25), BM libera su debut en marzo del presente a través de la discográfica Buh Records.

Mencioné hace un momento las colaboraciones. En esencia, éstas han tenido lugar a la fecha en el rubro de la voz, dándose el caso de tantas vocalistas invitadas -sí, todas ellas mujeres- como de episodios provee el largo, exceptuando la epilogal remezcla de “No Cederé”. La suerte es, en consecuencia, variopinta.

Pinzás ha erigido un opus de synth pop ochentero clásico con debilidad por la decoración Hi-NGR e italo-disco. No siempre es así, por cierto. En canciones como “Fábricas Del Miedo” y “La Memoria Es Un Acto Político”, Ballet Mecánico se enfunda en la piel de la ochentosa electronic body music. Monocordes, cortantes, airadas; las voces escogidas para ambos números -Anabhell y Kat Kathia, respectivamente- calzan de plácemes con la contundencia cuasi industrial y el agresivo synth punk para caderas que ellos encarnan. No es tan simple abordar el resto de Primera Secuencia, sin embargo.

Cuando las programaciones se adelantan un poco a la fecha de origen de su matriz (menos próximas a los 80s que a los 90s), las melodías se hacen más recordables, el delay se aposenta en los lugares correctos, las atmósferas se empañan de melancolía y los teclados se vitrifican hasta traslucirse. Ésa es la mejor performance para las vocales de Luz Cáceres (a) Luxsie (“Mascarilla”), Luminiscencia (“Testamento”) o Noelia Cabrera (“Como La Última Vez”). Emergen efluvios de O.M.D., de Yazoo, de Soft Cell e incluso del primer New Order. Cuando no ocurre tal cosa, sino que se prioriza el esteticismo/efectismo Hi-NRG/italo-disco, aunque los arrestos suenen bien elaborados, carecen de la chispa emotiva de sus pares -y en ese contexto, hacen lo mejor que pueden gentes como Susana Fátima (“No Cederé”) o Laura Rosales (“Rosa Era Inocente”). Por fortuna, esas oportunidades son las menos -para más inri, ubicadas al inicio de la jornada.

El grueso del álbum está, pues, a la altura de las circunstancias. Synth pop contenido de ingente carga emocional tratando simultáneamente de sonar lo más minimal que se pueda, bebiendo a veces del output de El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados (pero no de su divertida retórica). Cuando no, new beat de ecos a lo Front 242 o Neon Judgement, y hasta de unos Nitzer Ebb con las secuencias desmontadas.

El único rato en que se funden todas las variables puestas en juego a lo largo de poco más de 36 minutos es “La Ciudad De Los Incendios”. Su conjunción de Hi-NRG, marcialidad proto-EBM, teclados veleidosos como ellos solos y una voz que se afantasma sin disolverse (Angélica Carlos a.k.a. Elva Cío, camarada de Pinzás en Specto Caligo); le hace merecedor de un espacio insular. No digo que sea la mejor canción del vinilo, sino que es la de sonido como no tiene otra en éste.

Correcto primer paso. Muy artístico y entrañable, también. Para sortear hándicaps y superarse a sí mismo, Fernando debería: 1) equilibrar la balanza en cuanto a estilos de los que se nutre, y 2) pensar en una cantante estable, de registro amplio. Sólo así sacará todo el partido posible de sus potencialidades y conseguirá puntaje perfecto. El de Primera Secuencia va bien para un bergantín que recién zarpa.

Aún no tengo el gusto de conocer a Valentín Causillas. A riesgo de equivocarme, lo alucino alguien todavía con el pellejo verde, coetáneo de Nicolás Prado, de la tropa Haiti Bon Aire o de la mancha de Antibióticos. De todos ellos algo tiene su escueta primera entrega Dendritas Oscilantes, de apenas 26 minutos más sencillo, embebida en desparpajada conchudez con la cual rondar tendencias aglutinadas alrededor de dos cepas entrelazadas: el ruido fecundado por la actitud punk y la fascinación por la distorsión ominosa.

Comienza a sonar “XXX Rated Speed Grindcore” y piensas automáticamente en Leonardo Bacteria, fallecido frontman de Insumisión. No porque Ayarwhaska -alias de Causillas- sea un facsímil del u-ni-per-so-nal de Leo, sino porque la inspiración es clarísima. Mezcla de grindcore y gabber a velocidad supersónica, “XXX...” navega los mismos mares encrespados que el digital hardcore de Insumisión a partir de La Frustración Lo Cubre Todo (2000). Como éste hay varios surcos en la decena que integra el repertorio del cassette, si bien dotados de intros diversas: “Torturados Serán Los Alzados” (cuyo pistoletazo de salida parodia los viejos programas de variedades setenteros), “El Harsh Es Lo Único Que Me Excita” (que de harsh no tiene nada, con sus bpms fuera de control), “Desasosiego” (su engañoso preludio de rock grave y solemne experimenta un quiebre para aplastarte despachando avalanchas de drum’n’bass deforme), “Matas El Pueblo Por El Que Luchas” (sampleos de La Boca Del Lobo y del cleptócrata oriental Fujimori, colándose por en medio de frecuencias que colapsan ante la voluminosa carga que soportan).

Por contraste, hay otros tantos cortes que asoman bastante más convencionales, pese a que Ayarwhaska se las arregla para preñarles de elementos bizarros con que tender vasos comunicantes hacia sus similares del párrafo anterior. El primer ejemplo de ello es “En Colono”, que suena a punk noise de sucio ruido ascendente. Por la misma trocha se desplazan “Memorias Gwiyomi Nyan Cat”, egg punk de desprolijidad absoluta que muta hacia el final en webcore (y cuyo bajo modélico es lo único que sostiene su caótica naturaleza), el inusualmente dilatado “Tres Gallos” (noise rock desestructurado de guitarra aporreada), el cierre “Psykodemia!! (Asko)” (que más parece una unión a la mala de distintos retazos).

Punk + noise + distorsión + gabber, entonces. Tal es la consigna hecha lema por el joven Valentín. Lema que, como suele suceder, no tiende a la uniformidad -y que tiene en Dendritas Oscilantes una excepción para confirmar la regla. Ésta es “Puti Jazz”, pista diminuta que así y todo se da maña para hacer sonar saxos ¿andinos? ¿afroperuanos?, por entre masas asesinas de abyecto noise. La exceptuación -a duras penas- de una experiencia frikeante que pone a prueba, una vez más, tu capacidad de aguante en relación a formas no convencionales de crear música/no-música. Como sucede con Ballet Mecánico, se porta asimismo Buh con la manufactura de la cinta.

Hákim de Merv

jueves, 1 de septiembre de 2022

Rafael Cheuquelaf: Camino Interior // Juan Desordenado: Visiones

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de agosto del 2022.)

Aún siendo EP una de ellas, tres entregas concienzudamente chambeadas en cuatro años es muy buena media para cualquier carrera solista cuya andadura no implique desatenciones hacia el grupo matriz (que también alumbrase nueva placa en paralelo). Que éste, más bien, haya servido de modelo para que lo nuevo del unipersonal sea simultáneamente audio y video; no hace sino sacar brillo a ese promedio. Y que una moderada inquietud oriente las evoluciones de aquel íngrimo trajinar, viene a ser algo así como la (temporal) guinda del pastel.

Quince meses después de su habilidosa reinvención synth en Austronáutica, a través de Camino Interior postula Rafael Cheuquelaf una reconversión levemente trip hop. Contemplativa, serena, casi estoica. Cierto que ayuda la reducida extensión del registro, que apenas si excede la media hora, pero también el adoptar narrativas atemporales tramadas desde la propia experiencia vital forjada por una de las geografías más agrestes de la Tierra. Si es éste un rasgo que jamás ha obviado la música del magallánico, ya con Lluvia Ácida o por cuenta propia, aquí gana ¿alturas? ¿simas? antes inéditas.

Lejos de ser una exageración aquello de la filiación Bristol, tras anunciarla algo dubitativamente en “Rumbo Al Horizonte”, ésta queda sentada en “Seres De La Estepa”. Dicha constante sólo cede en “Los Que No Volvieron”, en favor del output electrónico que cultivasen Jarre y sobre todo Vangelis. El crescendo de flautas al declinar las opacidades de “La Guerra Que No Fue”, la críptica densidad de “Habitantes De La Ausencia”, la impresionante soledad ruidosa/ruinosa de “La Sombra De Un Bosque”; sondean el distintivo patrón rítmico del trip hop para dar peso y volumen a una estética que abraza el aislamiento y el abandono de parajes deshabitados, y la melancolía y desolación que de ellos manan.

Al aludir a “Los Que No Volvieron”, decía que no bebe de las mismas aguas que casi todo el repertorio. Su perspectiva, sin embargo, no discuerda de la que siempre proyecta Camino Interior en torno suyo. Ni ese surco, ni los teclados asaltados por arrestos Hi-NRG de “La Sombra...”, ni los momentos finales de “Habitantes...”. El álbum luce tan coherente consigo mismo como el mediometraje homónimo que le acompaña: una lograda sucesión de fotografías realizadas por el propio Cheuquelaf, tanto a color como en blanco y negro. El movimiento de la cámara va de izquierda a derecha y viceversa, de arriba a abajo y viceversa, en zooms in y out; sin despojarse de esa sensación de naturaleza muerta que exhala cada toma.

Camino Interior ha sido cincelado en poco tiempo, prácticamente en semanas. La antigüedad del material de que se compone, en cambio, llega a los días más álgidos de la pandemia. El desaliento que ella infundió en nuestra especie, así como el temor y la incertidumbre, han marcado indefectiblemente la mirada que ahora echamos sobre nuestros hábitats; incluso después de haber logrado controlar la virulencia de la plaga. Esa misma mirada, aturdida, compleja, desasosegada; a fin de cuentas muy humana, que el puntarenense transmite en esta nueva parada sónica. Edita Pueblo Nuevo.

Al ingresar el año a su recta final, como que se hace muy difícil sintonizar todas las estaciones al mismo tiempo, por más que uno/a lo intente de veras. Inevitablemente, algo se ha de escurrir entre tus manos. Estas omisiones involuntarias no son graves si se trata de combos allende las fronteras, salvo que éstos hayan dado pie en bola a sorpresas más que encomiables. Mea culpa, entonces.

Juan Desordenado es el nom de guerre de Juan Pablo Órdenes, músico a cargo de la eléctrica en las bandas Columpios Al Suelo y Maifersoni, así como sesionista/apoyo de María José Ayarza (a) Chini.png (quien colaborase con Adelaida en Animita, actualmente el último opus de los valpeños). Según entiendo, su debut Visiones aparece al promediar noviembre del ’21, y es la diana que escondía bajo la manga el sello Fisura.

Órdenes menciona entre sus referentes al fenecido cellista Arthur Russell, a Sonic Boom y a Ryuichi Sakamoto (Yellow Magic Orchestra). Se queda corto, si puedo emitir opinión al respecto. Sí, hay suficientes pasajes de Visiones embebidos de noise rock como para hablar de dream pop e incluso de shoegazing. Empero, en el disco se percibe al santiaguino menos influenciado por estos géneros que por el indie de los 90s y de principios de la siguiente década. Esa ascendencia es tan apabullante e incombustible, que envuelve al CD en jirones radiantes. A ello coadyuva una admirable maleabilidad en la performance interpretada desde el madero de las seis cuerdas -ejecución llena de grácil delicadeza como en “Arrebol” o en “Vuelo Nocturno” (copada de esa saudade antifolk que el colectivo Elephant 6 convirtiera en marca asociada), lúcidamente festiva como en “Debajo, En La Cueva” (de exultante vivacidad), o impetuosa y potente como en “Corta El Pasto”.

¿Significa esto que el lado baggy de Juan Desordenado queda en rojo? Para nada. Éste aflora en canales como “El Sol”, donde se deja escuchar la susurrante voz de la Ayarza, y el resultado estimula la imaginación alucinándote con una versión serie B de Fleeting Joys. O en el track epónimo, de tempraneros efluvios shoegazing, lo mismo que la coda. Es notorio, así y todo, que el guitarrista se siente más a gusto imprimiendo una telemetría slacker a las composiciones. Los arcos de feedback en una pista como “La Lluvia Que Cae Sobre Las Ciudades De Neón” no consiguen disimular esa sensación a Red House Painters circa 4AD, por ejemplo. Tampoco la placidez risueña de “Debajo...” oblitera el pastrulo rush epigónico a lo Guided By Voices. Y, sin duda, las inflexiones tributarias de Pedro The Lion o los Arcade Fire de The Suburbs (2010) truenan más fuerte que el noise en “Visiones”.

Una jornada preciosa, puntillista y de acabado lo fi, la de Juan Desordenado. No haber prestado oídos en su momento a esta exquisita reflexión sobre el Sonido sería causal de sobra para hacer penitencia mortificando la carne. Por suerte, ya no vivimos en esas oscuras épocas, y siempre valdrá más el “tarde” que el “nunca”.

Hákim de Merv

jueves, 12 de agosto de 2021

Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de agosto del 2021.)

A pesar de registrarse en redes el 18 de enero del 2020 como la fecha en que inicia operaciones, se me hace complicado establecer la génesis de la plataforma Bestiario Collective. Probablemente el sello nace algún tiempo antes, y poco más de dos meses después sube a su cuenta oficial de BandCamp la primera referencia de catálogo -el sencillo “CYBERSLAVE2050”, de quien sospecho es el principal animador del proyecto, Benjamín Ubierna (a) Zpectrum. El single, no obstante, es anunciado como tercer lanzamiento; a partir del cual se han publicado básicamente 45s virtuales del antedicho individualista. Las únicas excepciones a esa ‘regla’ son el 7’’ “Uplifter Two” de SAIGG (25 de junio) y la compilación Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground (12 de febrero).

Las principales bondades de Bestiario son indisolubles de las de esa música electrónica que dominó las escenas más próximas al mainstream durante los primeros 90s: el sonido Detroit, el acid techno como primera reacción tras la llegada del género a las costas británicas, las (posteriores) variaciones minimal y ambient, el estilo Birmingham, un poco de hardcore breakbeat, todavía menos de acid house y new beat... Construcciones esencialmente instrumentales donde bombo, clap y hi hat se hermanan al abrigo de patrones 4/4; surcando tempos que van de los 120 a los 150 BPMs, buscando siempre encontrarse con Jack para elevarse a las alturas habitadas por The Shamen, Utah Saints y otros dioses del mismo panteón.

Si no ha sido ésa su intención explícita, Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground funge de presentación en sociedad para  la bisoña discográfica.  Lejos  de  enfocarse  en  los músicos que conforman la breve nómina de BC -no repesca ninguno de los tracks previamente difundidos-, la compilación convoca proyectos más o menos convergentes con su propuesta, mismos que ceden composiciones inéditas. Esos alias son Server, Blue Velvet, Theremyn_4 y FEM/BOT: los dos primeros colaboran con dos pistas cada uno, mientras que los dos últimos con una por testa. Esto, en lo referente a la primera mitad del disco -la segunda la integran remixes de los seis primeros canales, salvo en el caso de “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” de Server, que es remezclado en dos oportunidades.

El esférico lo abre Blue Velvet, es decir Noelia Cabrera (Kusama, Silveria) y Antonio Ballester (Server, Silvania). En “Funeral Dance” y “Space Army”, el synth pop del binomio resigna los rasgos minimales exhibidos en In Event Of Moon Disaster (2018) y se vuelca hacia las atmósferas avasalladas por la coldwave. Esta cualidad, sin embargo, es mitigada gracias al acabado entre reluciente y lujurioso que envuelve a ambas piezas. Tratamiento parecido reciben los dos aportes de Server -parecido, mas no idéntico. Si desde un principio el dúo de Ballester y Andrés Pérez se declaró fan del synth pop, el italo disco y la estética Hi-NRG; en “Gynoid” y “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” se ve afianzada su devoción por el sonido synth y vaporizado el feeling que le tenía al italo disco. En tanto, la variable de teclados llenos de energía casi chillona se manifiesta sólo a través de la apolínea “Gynoid”, mostrando “¿Eres Tú...?” el inopinado rostro dionisíaco, techno, casi EBM de Server.

Distintos a los anteriores son los caminos que trashuman tanto FEM/BOT como Theremyn_4. El primero, tercera dupla participante en Aeon Wave..., está formado por Oman Morí y la artista del theremin Silvana Tello -quien sorprendiese gratísimamente el año pasado con su estreno Circuito. Con FEM/BOT, que ha debutado hace poco en cassette gracias a Trilce Discos, vuelve la Tello a dejarme patitieso: un menestrón de post punk, no wave, kraut rock, synth, darkwave y gradaciones intermedias; recorridas en la resplandeciente “Bestiario” por algo más de cuatro minutos y medio. El segundo, Theremyn_4, practica un rework de “Chambi”; su clásico incluido en el inicial Fluorescente Verde En El Patio (2000). Fuera de remarcar la ornamentación étnica hasta grados sustantivos, no encuentro en la intervención de José Gallo mayor trascendencia.

Reproduciendo el orden en que figuran los seis primeros cortes, desfilan a pie juntillas sus correspondientes remixes, con la excepción de la remezcla extra de “¿Eres Tú Señor El Que Se Manifiesta?” (dispuesta al final a modo de bonus). Este tramo de Aeon Wave... hace hincapié en la supresión de los límites estilísticos que separan  los  subgéneros  electrónicos  cultivados  por la  troupé  de Bestiario Collective,  el  ideal  último  de  esta  mancha.  Así,  Zpectrum  y  Tuff Soul posicionan  sus remixes de “Funeral Dance”  y  “¿ETSEQSM?”  en   aguas  del hard techno,  colmados   de  secuencias  de  cariz  magnetofónico  y  precisión científica -hubieran puntuado más alto sin esos guiños al eurobeat tan popular durante la última década del siglo pasado, que a mí me resulta aún hoy indigesto. Mucho mejor paradas quedan las relecturas de “Bestiario” (Monoperpol, en plan minimal techno), de “Space Army” (Seb, espacioso y ralentizado acid, estilizado y lleno de color/calor) y de “Chambi 2021” (Qosmiqu, en depurada onda global bass).

Punto flojo del artefacto: las dos remezclas de Alejandro Cuestas, sumamente discretas. A “Gynoid” le borra todo lo que le hacía brillar, forzando una sucesión de breaks que pretende ser algo parecido al drum’n’bass pero que se queda lejos de concretar. A “¿ETSEQSM?” le rebaja la oscuridad que le circundaba a estándares de caricatura.

Hákim de Merv

viernes, 18 de diciembre de 2020

Server: Server In Érebo & Éter IV // ÁtomoSynth: Supervoid EP // Marx Factor: Costa Verde

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de octubre del 2020.)

Ateniéndose a las circunstancias fuera de lo común que la pandemia nos obligase a asumir en casi cada actividad humana, la asociación artística peruana Casa Bagre organizó en los primeros meses de cuarentena sanitaria un concierto vía streaming, que reunió a más de 30 artistas visuales, músicos y performers provenientes de siete países. Partícipe del evento, el dúo local Server publicó el registro de su presentación a fines de junio y en modalidad mini-LP.

Dos de las cuatro pistas que abriga Server In Érebo & Éter IV vienen pauteadas en su homónimo extended debut (Buh Records, 2019), “Tecnocacerismo” y “Tecnología Y Trabajo”, aunque este último ostenta aquí el agregado ‘Acid Lima Remix’. El par restante se ejecuta en directo bajo la advertencia explícita de estar aún en proceso de formación: “Italia (’84 Disco Demo)” y “Sexdroid Vs COVID-19 (Demo)”.

Si en Server EP Andrés Pérez y Antonio Ballester inferraban sobre la dialéctica del primer synth pop esa variable Moroder/italodisco henchida de soul futurista y rhythm’n’blues modular, decisiva para el rollo del tándem pero diluida un poquito más de la cuenta, en Server In Érebo... esa estilización retrocede unas cuantas zancadas. Consecuentemente, las bases rítmicas sufren una casi traumática estimulación, equilibrando el synthwave de Turquoise Days o Care y la ígnea marea de pasionales graves que surfean Jackie o el maestro Giovanni Giorgio.

Gracias a una suerte de inesperado efecto colateral, los repasos en vivo de “Tecnocacerismo” y del remix de “Tecnología...” son provistos de texturas más compactas y aplanadoras -incluso diría que punk. En sus pasajes más dulces y naif, “Sexdroid Vs COVID-19...” evoca en la memoria al Dante Gonzáles de Universos Paralelos (2015). Por contraste, en “Italia (’84 Disco Demo)” percibo una mengua del ímpetu que habita ...& Éter IV, al punto de transparentarse éste conforme el track va languideciendo -posiblemente, el cable a tierra de sesión tan intensa.

Se me hacen un tanto indigestos esos fades -in y out- aplicados para separar al canal 1 del 2 y al 3 del 4. Sin necesidad de entender su justificación, son tan evidentes que parecen medio caprichosos.

Compañero de Gonzáles en la disuelta terna El Hangar De Los Mecánicos -sobre la que desafortunadamente nunca escribiré, porque el tercer integrante es un fachoderechista ultraconservador y yo no publicito a esos subnormales-, debería ser el de Alfredo Aliaga un nombre bastante familiar para el consumidor promedio de la escena independiente nacional. Si no por el material que, escondido tras el alias de ÁtomoSynth, ha venido cediendo a compilaciones varias o publicando en CDs de escaso tiraje (y todavía menor difusión); al menos por el prestigio que ha ganado su encomiable chamba como constructor de sintetizadores caseros -al estilo de lo que ha venido haciendo en el campo de los moduladores otro ilustre de los circuitos ajenos al mainstream, Carlos García (a) Zetangas.

Radicado en Lima desde hace ya muchos años, Aliaga inaugura BandCamp propio recuperando el mini-LP AtomSmasher (2018) y estrenando en junio el Supervoid EP. El músico le otorga al último categoría de extended, pese a que sus piezas son lo suficientemente masivas -no bajan de los siete minutos- para que el conjunto bordee los dos tercios de hora. En cualquier caso, ambos títulos confirman lo que sus incursiones en discos colectivos pregonaban con más que diáfana claridad.

Y es que ÁtomoSynth cultiva una especial devoción por el Detroit techno, tan seguidor de los descubrimientos de Cybotron -el usamericano, obviamente- como de las épicas que rubricase Richie Hawtin bajo la piel de Plastikman. Su metafísica relectura del arsenal de beats que generaran los estetas de la Ciudad Motor, su enfoque sistemático/científico, su entusiasta minimalismo dance; convergen en extensos desarrollos de un techno que se ha desembarazado del synth y encuentra mirando al horizonte el amanecer deep house.

Por partida doble, he dejado sentado que los de Supervoid EP son surcos luengos. Esa infrecuente duración, en lugar de cansar, consolida el concepto detrás del extended -se llama “supervacíos” a las vastedades cósmicas entre una y otra galaxia, dentro de los cuales sólo existen el Tiempo, el Espacio, las Partículas, las Leyes Físicas y la Radiación. Son aquellas denominaciones, precisamente, las que volcadas al inglés recibe cada composición de un trip de bagaje viajero, visionario, soñador...

Confeccionado utilizando controladores MiDi, un sintetizador semi-modular ÁtomoSynth Perceptron y un iPad; me encanta el sonido crudo que Aliaga le saca al hardware en el EP. Amigos en común, no obstante, me confían que en lo sucesivo ÁtomoSynth le dará más peso al software. Mientras ello no conlleve una involución, por mí que grabe en la Luna, si le place.

Grata revelación la de Marx Factor, manejada desde el anonimato más estalinista. Lo único accesible online es su cuenta BandCamp: ello induce a pensar que se trata de un proyecto unipersonal, acaso la nomenclatura que utiliza alguien ya conocido/a para dar curso libre a sonoridades de una faceta bien distinta de la usual. Puede que sí como que no.

En su mini-álbum debut, Costa Verde, este acto limeño se echa un clavado allí donde el post rock original y el indie instrumentalmente más esmerado se difuminan el uno al otro. Algunos/as se apresurarán a decir que fue ésa la bendita fórmula inmortalizada para el post rock de segunda generación, el de Bardo Pond o Explosions In The Sky. Esa afirmación no es del todo falsa en MF, que adosa serenas guitarras acústicas a percusiones vivaces (“Toda La Tarde En El Parque”) y a secuenciaciones de una acrobática austera (“Nadie”), construcciones ambas acreditables a émulos exóticos de unos Sigur Rós.

Sin embargo, las esporádicas intrusiones de una electrónica de perfil bajo, que gusta de mirarse en el espejo de Lali Puna (“Coralia” y su cíclico ‘arpegio xilofonmático’ de intermitente glitcheo); me permiten afirmar que los tiros del combo/solista no van por ahí. El pathos irradiado en los cinco acápites de este trabajo es el de una emocionalidad balsámica, labrada con buen gusto, apertrechada en las dosis exactas de cadenciosos “brasilerismos”. Una vital sensación de cálida placidez sensorial, tan reconfortante como el delicioso cansancio que sientes tras una caminata no muy extenuante o un breve paseo en bicicleta.

El único desacierto está referido a la posición de su número más redondo, el que da nombre a la jornada. El deleitable trote remolón de “Costa Verde”, en sincronía con los momentos más dispersos/distendidos/relajados del primer The Sea And Cake, rompe los fuegos de una travesía a la que bien podría haberle bajado el telón. Exquisito entremés. A partir de ahora, el sónar también registrará ese andar.

Hákim de Merv

jueves, 31 de octubre de 2019

Cholo Visceral: Sutilezas EP // Server: Server EP // Ricardo's Blue Shine: Matrix Cósmica EP // Specto Caligo: Distorsiones Óseas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de octubre del 2019.)

Extrañísimo el viraje que implementa Cholo Visceral en su más reciente producción en estudio, empezando por la alineación. El Vol. II (2016) fue ejecutado por Israel Tenor (guitarra), Arturo Quispe (guitarras, teclado, voces), Joao Orozco (batería), Manuel Villavicencio (bajo, voces), Max Vega (saxo) y Silvana Tello (theremin, voz, percusión; aguardo paciente el debut tras haberle dado vueltas a las pistas adelantadas en su BandCamp). Para Sutilezas EP (mayo), la formación ha quedado reducida a Quispe (ocupándose de la batería) y Villavicencio, a quienes ahora acompañan el tecladista Beto Cerquera y el guitarrista Kevin Lara -quien co-firmó el homónimo paso inaugural (2013). Nótese, además, que es lo primero de ChV sin vientos y con puesto fijo para los teclados. Una y otra característica coadyuvan al tránsito -¿momentáneo?- del combo por la ruta que recorre este sucinto artefacto.

En el telón arriba de “Amanda”, que dura 32 segundos, el cuarteto necesita apenas los últimos 20 para borronear todo residuo de su distintivo sonido ‘power progresssive’. Sustituyéndole, se escucha un murmullo ininteligible como prólogo a trenzadas grecas eufónicas de origen retro -nunca tanto como para volver vista y oído hacia los 70s. Y si al fan promedio de Cholo Visceral puede no sorprenderle demasiado este fugaz intro, “Eros Vaporwave” de cajón lo pesca desprevenido, con su proclama de inédita síntesis entre el progresivo de raíces jazzy y el vaporwave. De este último recolecta su plástica exuberancia ensoñadora, la intensidad con que evoca apacibles sonoridades de antaño, mientras que del primero repesca el eficaz timing de su compulsa capacidad improvisacional. Altamente improbable, semejante unión deviene real gracias a que ChV potencia el swing tan smooth incubado en el filón muzak del vaporwave.

No tan corto como “Amanda”, lo único que hace “Fm” es rendirle honor a su nombre: el notorio dial salta de notas calcadas de “Eros...” a jirones en colisión de las primeras suites de la banda. El final llega de la mano de “Géminis”, casi ocho minutos donde vuelve a aparecer ese excéntrico balance entre prog jazz y vaporwave -si bien rato después de sobrepasada la mitad, el vaporwave se esfuma del todo, emergiendo el sonido clásico de ChV en un plan más liviano (scratch incluido).

Siento una gran curiosidad por saber si esto es sólo una extravagancia que el grupo se ha permitido, o si será la norma sobre la que trabajarán próximas entregas. Ahora, a aplicarle al acabadito de estrenar Live At Woodstaco (su primer álbum en vivo).


Hace siete días aplaudí la determinante colaboración de Antonio Ballester (Blue Velvet) en el nuevo disco de Culto Al Qondor (Electricidad). Me toca hablar de él otra vez, a propósito de Server y su epónimo EP -aunque, la verdad, el opus se prodiga bastante más que un extended.

Server es el alias que bautiza la asociación entre Ballester y Andrés Pérez. Al concretarse (2017), lo hace con el nombre de Videodrome, en inequívoco homenaje a la extraordinaria película (1983) del esteta canadiense David Cronenberg. Influenciados por la electrónica de viejo cuño, ambos músicos comienzan a grabar demos que desembocarán en un primer tema, rescatado como la apertura de su referencia debut.

Es ésta una curiosa mezcla de synthwave de principios de los 80s, de estética Hi-NRG de mediados de la misma década, y de ese sonido 4/4 anabolizado-con-graves-artificiales tan característico del único mago verdaderamente grande que tuvo la repugnante música disco -el maestro Giorgio Moroder.

Maquetado como tour de force (entiéndase tracks entrelazados) y modulado en ocho canales, Server EP es un registro de 32 minutos realizado de una sola toma. El extended sublima la herencia del genio italiano utilizando a tal fin sintetizadores que no cesan de implosionar y/o burbujear, sea que eleven los timbres hasta alcanzar notas que de puro chillonas se convierten en kitsch, sea que desciendan hasta bajo cero al revivir el glacial synth de los precursores británicos. De “Quema Todas Tus Cosas” a “Tecnocacerismo”, un desfile constante y triunfal de circuitería electro secuenciada, coloreada por pedaleras de guitarra. Produce Mario Silvania -Antonio se ha integrado a la nueva formación del célebre grupo-, quien se ha desenvuelto para esta jornada con la mano de un japonés: con profusa producción electrónica, le da al EP un acabado marcadamente austero.


Como asimismo Daniel Dávila (Taneli Lucis), Ricardo Agüero pertenece a las nuevas generaciones de músicos/no-músicos peruanos independientes, inscritas en los frentes de avanzada. En su caso particular, por ahora ha consagrado energías al shoegazing, al post rock y al Ruido; según lo paladeado en el estreno de su unipersonal, Ricardo's Blue Shine.

Aparecido en enero, Matrix Cósmica EP se compone de dos movimientos: “Atardecer” y “Puente”. Gestados ambos sobre palios ambarinos e índigos, son todo menos parecidos. En una esquina, “Puente” es un ejercicio de yuxtaposición abstracta entre reverberaciones de una psicodelia fantasmal y ruido punzante de lesiva sobrecarga, que sólo hacia el epílogo adquiere contornos más clementes en su melodiosidad. “Atardecer”, en la otra esquina, asoma como corolario de una mística sesión de ascesis psicosomática a través del Sonido: el dream pop en que encarna se alimenta de los Cocteau Twins circa Blue Bell Knoll (1988), pero debo decir que termina siendo bastante plano, o al menos así lo hace lucir su prolongado minutaje.

Pese a sentirme más cerca de “Atardecer”, prefiero destacar a “Puente”. Tarjeta de presentación con puntaje promedio, nomás. Veremos cómo evoluciona a partir de ahora.


Last but not least, la de Specto Caligo debe contarse entre las puestas de largo más auspiciosas del 2019. Formado hace relativamente poco (fines del 2017), la cara más reconocible del cuarteto es la de Herrmann Hamann, de los músicos más talentosos que habita la escena independiente peruana del nuevo milenio -colaborador del difunto Leo Bacteria en Insumisión, partícipe de las míticas Trigal Sessions, solista, impulsor de Hamann Y La Luna, miembro de los primeros Cinco Esquinas y de Jacko Wacko... Seguro se me pasa más de un nombre. Junto a Hamann, militan en SC Angélica Carlos, Raúl Vega y el ¿ex? Varsovia Fernando Pinzás. El mote del proyecto viene del latín -“vislumbrar la niebla”-.

Pero, honestamente, más que vislumbrarla es sentirla, olerla, penetrarla, adentrarse en ella. Y más que niebla, es oscuridad prácticamente material. De entrada, arte y título de Distorsiones Óseas -para no hablar de su BandCamp oficial, casi se te desprenden las retinas tratando de visualizar con nitidez el contenido del site- conjuran la morbosa sordidez del industrial de fines de los 70s, la apocalíptica malignidad del post industrial de principios de los 80s. No son, sin embargo, las influencias centrales del grupo; más allá de la angustiante apertura homónima del cassette (para la que Hamann y la Carlos acometen percusiones metálicas dignas de Einstürzende Neubauten). La porción mayoritaria en ese sentido la ocupa una exhibición nada pacata de climas tenebrosos, cortesía del dark-gothic ochentero (Fields Of The Nephilim, Bauhaus y -en menor medida- And Also The Trees), sólo que en clave más minimal y vigorosa.

Las simas del Tártaro quedan expuestas ni bien comienza a firuletear el bajo de Pinzás en “La Danza”, sensación subrayada en la perniciosa “Burden” (¿un guiño a The Wolfgang Press, otra banda clásica de aquellos ‘siniestros’ calendarios?). Y aunque luego el diástole de la cinta entra en una calma ominosa con “Sombras” y “Paralysis”, no más ligeras pero sí menos estremecedoras, Specto Caligo retoma la curva hacia el averno en “Séptimo Sello” y en “Camélidos Endemoniados”; broncos diminuendos donde la guitarra de Vega y las escalofriantes vocales de Angélica -preñada de ayes invisibles- acaban por hundirnos en las tinieblas, a merced de un terror ciego. Magnífico.


Hákim de Merv