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jueves, 23 de abril de 2026

Polvos Azules: Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP // Rodrigo Cano Y Los Canes: Ya No Quiero Ser Así EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de abril de 2026.)

Tras una semana de haber finalizado enero, Polvos Azules edita nuevo EP, en sociedad con Víctor Chang a.k.a. Vrianch y la cantante Liliana Acosta. La relación entre Chang y Giancarlo Samamé es de larga data, mientras que en lo tocante a Acosta es reciente. Parece de hecho ser el estreno absoluto de la vocalista, lo que no es óbice para que se plante frente al micrófono, además de firmar todas las líricas. Vrianch se adjudica la composición de dos de los tres temas y los arreglos del restante, en tanto las cifras se hacen inversamente proporcionales en lo que corresponde a PA.

Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP despega de la mano de “Cada Vez Que Te Caes”. Acreditado a Chang, lo que me encandila de este canal no es su filiación ambient pop, sino su límpida emotividad naif: el medio tiempo enfermo de reverberaciones digitales, los teclados minimales y a la vez luminosos, como innumerables fuegos de San Elmo contra el palio crepuscular... Es una sensación muy agradable la que reportan estos poco más de 4 minutos, similar a la que proporcionaban los EPs de los hoy olvidados Aural Noise, y lo sería más de no mediar un inesperado elemento disruptor.

Por contraste, “Bruma De Mar” tiene una tesitura más afín al downtempo, género apenas hollado con anterioridad por Polvos Azules (que reclama la autoría de “Bruma...”). La línea de bajo es indiciaria en ese sentido: compases que se arrastran en cámara lenta, acompañados de un invariable hi-hat ralentizado, para dar forma al mood reinante en cualquier bar con excedentes de público A.O.R. Pese a las rimas de lo más previsibles, el ambiente calentón que impera no desciende ni cuando en las postrimerías del minuto 2 irrumpen extraños sonidos aleatorios más propios de jornadas ruidistas, aunque sí le afecta la mediación de un ya no tan inesperado elemento disruptor.

...Se Convierte En Marea EP finaliza gracias a “Promesas”. El delicioso tono agridulce que reina desde el primer segundo hace que te tomes este track con rigurosa seriedad. A despecho de la algo indescifrable programación, “Promesas” destaca por su uso de teclados en plan moderadamente Hi-NRG. Es de agradecer esa mesura, ya que la atmósfera nocturnal se habría resentido de haber mayor intensidad lumínica. Como ya me ha pasado anteriormente con Polvos Azules, percibo la ascendencia de un Jarre en clave pop, percepción que habría alcanzado mayores brillos si no se hubiera repetido por tercera vez la aparición de un elemento disruptor.

Esa circunstancia adversa es la performance de Liliana Acosta. No su voz. Ésta es grave, y se acomoda a un rango spoken word del que su recitación hace gala aquí. El problema es que esta tríada de canciones, así como el grueso de la obra del unipersonal de Samamé, no logra llevarse bien con ese registro. Como poner a cantar a Nick Cave asociándole a The Blue Nile.

Como ocurre con los muchachos de China María Soundsystem, otro debut en corto aparejado al presente año es el de Rodrigo Cano Y Los Canes. En formato de power trio, la banda lleva rodando por los circuitos independientes un bienio, presentándose en directo aquí y allá. El 13 de febrero es el día escogido para el lanzamiento de Ya No Quiero Ser Así, EP de cuatro surcos, uno de los cuales ya había visto la luz en modalidad single -y es repescado aquí tal cual. Su ejecución en directo se realizó el 25 del mismo mes en La Noche de Barranco, junto al solista Franco De Lorenzi y a los hard rockers de Volcano.

Rodrigo Cano Y Los Canes son Álvaro Salinas, Renzo Ramírez y el Rodrigo especificado en la denominación. Desconozco sus edades, así que les doy el beneficio de la duda. El extended play de estreno es bastante uniforme, por no decir plano o discreto. Arranca el número epónimo, al que se añade el epígrafe “(Edición 2025)”, y lo que escucho es un pop/rock matizado suavemente de jazz, si bien en principio cada cual va por su lado. Sólo en “Respuestas”, dos paraderos más adelante, ambos estilos se fusionan, luego de haber condescendido la eléctrica a añadir algo de blues en “Fuego”.

El sonido del trío, sin embargo, tiende a ser inane. Demasiado correcto para mi gusto. A esos aires blueseros, por ejemplo, les falta esquina. La estructura de los episodios luce convencional hasta volverlos grises, medio aplatanados. Se echa de menos la energía inherente a la síncopa, el arrebato insurgente y desbocado del pop, la locura congénita del rock (incluso clásico). Al menos yo esperaba tanto más, si las letras perfectibles en cuanto a la forma cumplen con el objetivo de hacerles sentar posición respecto de una realidad en la que no se hallan a sí mismos, emocionalmente tediosa e incómodamente desesperante.

Recién en el ocaso, Ya No Quiero Ser Así EP se pone interesante. La terna pregonaba cultivar un discurso cercano al rock alternativo de los 90s, declaración que sólo “Mundo Raro Y Cruel” atestigua. Harto dinamismo y ganas de despercudirse en esta pieza insular, alevemente funkeada desde la guitarra y el bajo. Tan es así, que es la primera vez en todo el extended en que a la voz se la siente fuera de su elemento. Ojalá sigan ese derrotero en producciones futuras, sumando ingente protagonismo de la batería -el único instrumento que se desempeña con mención honorífica durante los cuatro rounds.

Hákim de Merv

jueves, 25 de diciembre de 2025

Sueño Púrpura: Souvenir // Ficticio: Comenzando Desde Cero EP / Ficticio EP // Santa Madero: Los Años Difíciles

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de diciembre de 2025.)

Surge Evelia, Surge (‘19) de Parahelio es de los pocos esfuerzos independientes que obvié en su día, dejándole sin comentar. Malo no era, pero algo en la propuesta me disuadía de sentarme a escribir sobre sus virtudes y defectos. O de repente era yo quien me hallaba entonces incapacitado de concretar un acercamiento exitoso al esférico. Ahora que Christian Ortega y Rodolfo Ontaneda, dos de sus guitarristas, se presentan en 33 rpm con Sueño Púrpura; será motivo para volver al unigénito volumen que legase el ¿desaparecido? conjunto.

Sueño Púrpura no es Parahelio. Mucho menos, una versión corregida y aumentada. Eso no impide que ambas formaciones compartan algunas características, sobre las que abundaré luego. Fundada a mediados del ‘22, la nueva entidad de los ex Parahelio cultiva sonoridades que cabe tipificar de enteógenas. ¿Significa que el proyecto toma plazas en la psicodelia o en el kraut rock? Mi opinión es que no, más allá de puntuales ramalazos. A decir verdad, es complicado asignar al quinteto estilos específicos. Si me avengo a ello, se debe a razones estrictamente cuantitativas, relacionadas a la (re)incidencia en que encajan las composiciones.

Para Sueño Púrpura, lo más trascendente de su obra es el aspecto instrumental de la música, rasgo heredado de Parahelio. El soporte rítmico de Juan Camba (batería asimismo en Búho Ermitaño) y de José Andrés Lezma (bajo) no cesa de prodigarse durante los más de dos tercios de hora que se dilata Souvenir. Complementariamente, las eléctricas de la sociedad Ontaneda-Ortega manejan la distorsión engrosando sus capas o disipándolas, mediante estallidos atronadores o deflactaciones instantáneas. De este modo, puede afirmarse que los largos segmentos instrumentales del vinilo son a un tiempo robustos y altamente volátiles.

A dos colores recurre de continuo el acto que completa Jandy Torres (vocales). Uno es el post rock de segunda generación, entronizado en Surge Evelia... El otro es el shoegazing de Pale Saints y de My Bloody Valentine -los de Leeds cuando el Ruido se mantiene en mínimos (“Granate”), los de Dublin cuando necesita éste reventar dentro de tus canales auditivos (“La Niebla”). Estos visos nunca llegan a mezclarse, sino que se suceden (“Sueño Púrpura”), o a lo sumo se intercalan (el entusiasta viaje estelar que supone “Mora”). Otra tintura a tener en cuenta es el slowcore (“El Tiempo Es Una Flor”, “Luz Inerte”), a pesar de que su melancólica figura aparece únicamente en secciones introductorias, no alcanzando así cantidades ponderables.

Rodaja de euritmias reverberantes y orgánicas, en Souvenir la voz podría llegarse a tener por accesoria, en el sentido en que podría considerársele así también al interior del baggy. A veces transcurre más un minuto antes de que la oigamos, tal cual los limeños saltan del post rock al ethereal noise (y viceversa) más de un minuto después de iniciado un track. Sus catárticas explosiones no sofocan la intensidad de sus tonalidades, ni extinguen sus cortantes golpes de timón el fulgor de sus hambrientas brasas. Más que post y shoegazing, la paleta de Sueño Púrpura está insuflada de rock casi instrumental y de noise rock a secas, lo que convierte a todas sus etiquetas en potencialmente circunstanciales. No consigo adjudicar a Souvenir una mejor corona de laurel que ésa, si fuera menester.

He estado rumiando sus buenos meses los EPs con que se ha dado conocer Ficticio a inicios de año, confiando en llegar a un juicio distinto del que me reportasen las primeras impresiones. Considerando que se trata de una banda nueva, de músicos a quienes probablemente doblo la edad, y que el indie del nuevo siglo en modalidad pop es terreno fértil para bluffs y estafas al por mayor; me la he jugado por el comodín que supone el beneficio de la duda cada vez que he repasado tanto la puesta en corto Comenzando Desde Cero EP (enero) como el subsiguiente Ficticio EP (febrero, equivocadamente tenido por entrée absoluto).

¿Es Ficticio una agrupación hecha y derecha? Quién sabe. Se alude a cierta alineación estable en directo, integrada por Paula Sáenz en guitarra, Matt Palacios en baquetas, Carlos Suárez al bajo y Fabián Maslucan frente al micrófono. En estudio, parece ser otra la situación. Su página Facebook no incluye ninguna foto del line up, y sí una representación abstracta donde no hay sino puro calzoncillo. Tampoco arroja mayores luces su cuenta en YouTube Music. De lo que sí podemos estar seguros/as es de la identidad de su ¿líder?/¿único animador?/¿principal responsable?: Maslucan.

Comenzando Desde Cero EP apenas excede la quincena de minutos. Se suceden los acordes finales de su apertura, “Nada Se Terminó”, y ya podemos vislumbrar una imagen bastante precisa de lo que audicionaremos hasta el último segundo del cierre “Nada Es Fácil”. Pop/rock simple y chato en extremo, demasiado elemental, que sólo en determinados tramos cada tanto recuerda al bedroom pop. En el mejor de los casos (“Entre Los Dos”), el extended huele a modern rock noventero traumáticamente desvalijado. Pese a que las letras recuperan la filia naif de nombres como The Story So Far o Brand New, el daño está hecho. Para peor, la performance vocal es asaz desabrida -su punto más bajo: “No Puedo Escapar”.

Las cosas mejoran en Ficticio EP, aunque no tanto como para sobreseer el chasco inicial. Las canciones del epónimo extended constituyen mayormente una reconvención, acometida a conciencia por Fabián, de lo mostrado en el episodio precedente. Es decir, Ficticio EP es una suerte de Comenzando Desde Cero EP 2.0. Letras más intimistas, más cercanas al/a la oyente, y por lo tanto más sinceras; a la par de una austera readecuación vocal. El esmero que no se percibe en Comenzando... EP se ve aquí reflejado en una drástica reducción de clichés rockistas, que así y todo no decrecen hasta cero. Ejemplo palmario de esta renovación: “Sin Tierra”. Pasos más allá: “Horas” y “Serú”.

Por desgracia, Ficticio EP no basta para arrancar de la medianía al “cuarteto”. A la luz de lo paladeado en los EPs, Ficticio no es sino un combo más. Nada le distingue, nada le particulariza. Nada, al menos de momento, me hace abrigar la esperanza de una evolución sostenida que desemboque no digamos ya en un sonido original, sino en algo verdaderamente sentido. Se ha hablado de shoegazing y de dream pop. Ni cagando. El pop/rock de ribetes indies que practica Ficticio es tan cansino, que deviene en genérico, cuando no en derivativo. Y no veo, por ahora, cómo va a escapar de ese empantanamiento.

Tres años después de Ya Tengo Nostalgia Por Conversaciones Que Tuve Ayer, regresa a escena Santa Madero, convertido ahora en dúo. En el interín, abandonó la terna el guitarrista José Luis Gonzales, recayendo la continuidad del alias en el tecladista Dan Joe Salazar y en la cantante Karina Castillo. Quizá sea ésa la principal razón por la que su silencio discográfico ha abarcado poco más de tres calendarios, aunque debe atenderse igualmente al grado de separación existente entre los réditos del debut y los de su nueva producción -que no por nada lleva el título de Los Años Difíciles.

Llamaba mucho la atención la impronta de Entre Ríos que Santa Madero izaba en el estreno, por cuanto exponentes de indietrónica no han abundado en Latinoamérica, menos todavía en el Perú. Tras las primeras escuchas, pareciera que Los Años Difíciles le hubiera hecho a un lado. En su reemplazo, esa electrónica argéntica y plastificada que fagocitó al synth en los 90s se posiciona en primeros planos a lo ancho del nuevo álbum. Sin embargo, conforme el lector pasa revista una y otra vez al CD, descubres que el género de múm y Ulrich Schnauss late aletargado bajo la epidermis -salvando las distancias con tamaños referentes, naturalmente.

Desde el vamos, el output de asociaciones como Republica o Garbage aflora actualizado en “Mi Ciudad Es Genial” y siguientes. El electropop impermeable de secuencias recargadas, de letras optimistamente irónicas y de actitud entre desencantada y hedonista, remite sin cortapisas a la última década del siglo XX. Es con “Oye” que se produce un cambio de ¿dirección?/¿percepción?, si bien no tan evidente, sí sustancial. De tiempos perfectamente cuadrados, la de “Oye” es una lírica irónicamente optimista, que esparce fragancias agridulces mientras afloran los resabios indietrónicos bien disueltos por el factor oxidante del pop.

En adelante, y hasta que LAD finaliza con “Me He Escapado De La Casa”, dicha solución/fórmula no se verá mayormente alterada. Tal vez la única excepción sea “Por Mientras”, de espíritu más entero. El resto participa de esa animosidad delicadamente pesarosa y amarga que, no obstante, prefiere mostrarse impoluta de tal mácula: “Mejor Me Muero” (el nombre lo dice todo), “Ya No Me Sueltes”, la ingenuota/dolorosa “Me He Escapado...”, la acibarada “Toma Tiempo”, la preciosa y ágil “Bodas De Papel” (de hermosos contrastes).

Más allá de un esmerado diseño de sonido y de una ejecución impecable, merece destacarse la performance de Karina Castillo. La muchacha canta como quien acaba de superar penurias mil. Esa entonación/ese mood le proporciona lustre extra a este puñado de canciones decididamente más realistas que las de Ya Tengo Nostalgia..., canciones cuya autoría comparte con Dan Joe y que evidencian un crecimiento firme de Santa Madero hacia la madurez. (Otros) veintisiete minutos del pop más enjundioso que puede facturarse en estas tierras.

Hákim de Merv

jueves, 18 de diciembre de 2025

Gio Foschino: Fin Del Mundo // Brown Sur: Hágase La Luz

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de diciembre de 2025.)

Desde que debutase en largo en el ‘19 con Hacia Donde Va El Agua, no volví a degustar nuevo material de IIOII. Ello, porque el dúo ha entrado en receso, no sé si temporal o definitivamente -la postrer referencia, Donde Sale La Luna Ilumina La Noche, data del Año de la Pandemia. Pero también, y principalmente, porque todavía (me) quedan muchas vetas por explorar en el vastísimo horizonte del pop y la electrónica independientes chilenos. Vetas que incluyen, cómo no, las travesías solistas tanto de Gio Foschino como de Nicolás Alvarado (cf. el catálogo de la santiaguina I S L A).

De ahí mi sorpresa y alborozo al enterarme de la aparición de Fin Del Mundo, de Foschino, integrando el padrón de Eolo Producciones. Si bien de esta colaboración con la escudería de los Lluvia Ácida no se desprende forzosamente que la placa se concibiera y/o grabase en Magallanes, sí puede aventurarse que ha sido preñada por el aura de soledad/aislamiento/insularidad que distingue a la región. Esto se ve reflejado no sólo en el título que ha recibido el esférico, sino además en contenidos que priorizan la estética landscaping para perfilar el doble significado de un sintagma tan ambivalente como “fin del mundo”.

El primero de estos significados es el más literal. Aunque no presupone el final de la Tierra, sí el de la especie humana, tal cual subraya el músico en entrevista concedida a Radio Polar. Pensemos, pues, en un mundo silencioso; lleno de ecos naturales cuyas resonancias aumentan ante la desaparición de nuestra civilización (“La Ciudad”). Un planeta que sobrevive y prospera, tras el apocalipsis de nuestra extinción (“Dos Océanos”). Un orbe que se vuelve hacia el pasado con algo de pesadumbre, antes de entrar en un futuro idílico que sólo alcanzarán a atestiguar los últimos seres humanos (“Mare Blu 2”).

El otro significado lidia con la orilla ulterior de este pálido punto azul -es decir, sus confines, sus bordes, sus lindes. En eso, pocos lugares de la Tierra pueden equipararse al agreste entorno natural de Magallanes. Foschino representa esos espacios ¿mágicos? ¿ultraterrenos? visitándoles por medio de animadas caminatas a las que arropan sedantes teclados resplandecientes (“Fin Del Tiempo”), de voces entretejidas a laxos armónicos (“Renace La Laguna”), de contemplaciones astronómicas casi místicas orladas de efímeros brillos senescentes (“Aurora Austral”, fenómeno no por harto infrecuente menos hermoso que su par boreal).

No es aconsejable trazar una línea divisoria para sumar temas bajo el segundo o el primero de los significados. Todos replican la bisemia propugnada aquí por el ¿ex? IIOII: de “Abstracto Desde El Acantilado” -que anuncia el doble leitmotiv sin vibras negativas, ni miedos ni remordimientos, sólo en paz- a “Fin Del Mundo” -catorce minutos que condensan las diversas facetas y emotividades del volumen, incluyendo guiñazos al dark ambient, como preparándonos para observar el inexorable final del Hombre-. Valiosa jornada de ambient electrónico.

Por tercer año consecutivo, la dupla Brown Sur llega a instancias epilogales del calendario trayendo nuevo álbum bajo el brazo. Permite éste sacar ya en limpio algunas conclusiones respecto de la evolución en la propuesta sonora del tándem, así como de su ritmo de trabajo y del formato que mejor le va a esa remarcable asiduidad. En cuanto a este último, es atinado hablar de un mini-álbum antes que de un largo propiamente dicho, toda vez que cada intervalo anual de proceso compositivo reporta a la mancuerna una media de 7 canciones en veintitantos minutos.

También es verdad que el indie del nuevo siglo repite su papel relevante en relación a Nada Es Imposible (‘24). Como aquella vez, no es un indie omnipresente el del recientísimo Hágase La Luz, sino uno “omniabarcante” (enfatizar comillas). Su estela se deja oír efusiva nada más dar inicio el vigoroso pop/rock de “Fugitivo”, escuchándosele constantemente latir a lo largo del repertorio, hasta la culminación de la pesada “No Es Lo Tuyo”. Así y todo, dicho protagonismo se halla lejos de ser asfixiante, como lo demuestra el cariz variopinto y desglosable que emerge en cada número.

El bíblico surco epónimo, verbigracia, es el reverso pausado de “Fugitivo”; sin privarse de la electroacústica que enmarca la obertura del CD y que les hermana. El piano con que arranca “La Sombra Del Sol” anuncia música cercana a la de un vodevil, con que contar una pintoresca historia popular que quién sabe si será verdad. Por su lado, el paso denso de “Guerrero” y su filosa eléctrica ponderan cierta sutil ascendencia andina, coartada estilística ya presente en el debut Histeria Del Mundo (‘23). Y los bríos de “Ulises” remiten a la idea de “vieja escuela genérica” que se suele asociar al vilipendiado marbete “rock clásico”.

Ejemplos sobran, entonces, para ilustrar la proteicidad del indie puesto en práctica por Claudio Lavin y Francisco Lillo Ortega. Cualidad que el género de marras ha hecho suya desde que abandonase el underground durante los primeros 90s, y que le ha permitido adaptarse a los cambios que han traído los nuevos tiempos en el curso de tres décadas. Por lo demás, las letras sugieren un paseo por diversidad de emociones, paseo que termina emulando una circunvalación -rubricada ahora por Lillo Ortega, quien eleva sus vocales varios tonos arriba de lo normal si la ocasión así lo precisa.

Hákim de Merv

jueves, 16 de octubre de 2025

Matus: El Aullido / Planetario // Paradero Astral: La Mejor Canción Es Una Anécdota EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de octubre de 2025.)

Luego de 3 a 4 años, el colectivo Matus abandona brevemente los cuarteles de invierno para añadir nuevo y fugaz título a su extensa discografía. El Aullido / Planetario fluctúa entre las categorías de 45 rpm y de EP, aunque el nombre enfatice (ni tan) tácitamente su condición de single. A día de hoy, Matus se ha visto reducido a trío, con relación al quinteto nucleado a la par de la salida de Espejismos II (‘21): Véronique Miró Quesada (a) Veronik (theremin), Manuel Garfias (bajo, guitarras acústica y eléctrica) y Richard Nossar (bajo y teclados).

La alineación se ha hecho asistir de colaboradores varios, sin embargo. Figuran avalados en las notas de BandCamp Miguel Ángel Burga y Camilo Uriarte, amén de Roberto Soto (batería), Úrsula Inga (voz) y Cristóbal Pérez (saxo). Uriarte además se ha desempeñado en labores de producción y mezcla, quedando encargada la masterización a Osmar Cubillas. Distribuyendo esfuerzos según tal o cual pista, el lanzamiento no debería tomarse como corolario en la carrera del combo fundado por Richard, sino asumirse como aperitivo a delectar mientras se espera el siguiente largo de la banda. Pero quién sabe.

Arañando los 16 minutos en total, el hipotético lado A de este 7’’/EP está ocupado por “El Aullido”. Su maridaje de heavy blues y psicodelia se mueve a paso de procesión, contenido por grapas de metal megalítico. El grávido mástil de Nossar destila ecos altoandinos a cuentagotas, mientras la slide de Camilo talla paisajes de esotérico paganismo alucinado. Al aproximarse a los ciento cincuenta segundos, el canto de Úrsula Inga proporciona el complemento adecuado merced a una performance llena de calígine y con tintes de profética. Se termina de edificar así una pieza de imponente energía reconcentrada, que culminará traspuestos los 8 minutos y 30 segundos.

El hipotético lado B, “Planetario”, muestra (¿la?) otra cara de Matus. Su percusión es más rockera y pródiga, su tempo más ágil, si bien ello no impide a las guitarras de Garfias y sobre todo de Burga emborracharse de wah-wah para repujar escarpados murallones montañosos; en torno a los cuales invocar el espíritu del viejo space rock. Al promediar los cuatro minutos y medio, el instrumental coge curvas que le llevan a una dimensión completamente distinta -una en la que los riffeos atmosféricos se afantasman a la par que se desvanece el soporte rítmico, mientras se funden en esa vaporosa irrealidad al saxo espectral de Pérez y a las pulsaciones que en el theremin dispensa Veronik. Pese a que “stoner dub” sabe a etiqueta arbitraria e imperfecta, al menos ilustra esa arista.

Insuficiente, cuantitativamente hablando. El sonido a partes iguales críptico, intenso, plúmbeo y épico de Matus tendrá que aguardar todavía un poco más para hacerse otra vez del marco que mejor le favorece -el disco in extenso.

Se demoró lo suyo en debutar Paradero Astral, terceto de féminas formado hace ocho años que recién en marzo de este 2025 consigue publicar La Mejor Canción Es Una Anécdota, documento a medio andar entre el EP y el mini-álbum (aún cuando oficialmente ha sido clasificado como extended). Durante ese ochenio, el grupo dio a conocer unos cuantos sencillos de manera infrecuente, algunos de los cuales han sido recuperados para la ocasión.

Paradero Astral son Naomi Pérez en guitarra y segunda voz, Luisa Condori en primera voz, y Nirvana Morales en batería y coros. La sencillez del esquema instrumental sugiere un rumbo de fácil acceso en cuanto a su quehacer, sospecha que no se haya en absoluto descaminada. Apenas empieza a reproducirse La Mejor Canción..., se evidencia que la terna bebe más del pop que del rock, máxime cuando la mitad de las canciones incluidas resguarda algo más que un insólito aire a line up de fines de los olvidados 50s.

En la baladesca apertura “El Tiempo Atrás”, por ejemplo, no logro distinguir sino entretejidos vibratos naturales y modulados tonos límpidos. Las vocales de apoyo que proporcionan Morales Y Pérez no buscan desmarcarse de los consabidos “uhuhuhuhuhuh/uhuhuhuhuhuh/uhuhuhuhuhuh/ahahahahahah” más que para repetir alguna de las líneas de la voz principal. Bonito y sorprendente, por suerte el efecto obtenido no vuelve a ser conjurado apelando a la misma coartada en lo que queda del EP. “Mis Pupilas” es una power ballad rocanrolera que remite a inicios de la siguiente década. Idéntico rumbo toma la clausura “Gracias Por Venir”, ésta sí tan mimética que ha de tolerar el adjetivo de “revivalista”.

¿Y el resto? Sin distanciarse sustancialmente del pop, prefiere colores menos añejos. La ejecución simple y el intimismo lírico, cualidades que les hermanan a sus pares del párrafo anterior, no son óbice para fatigarse bajo otros cielos -el del robusto pop setentero en la alegrona “Maldita Incertidumbre”, el del indie pop donostiarra en “¿Cuántos Más Se Irán?”, el del hard rock punkoide en la insospechada “Sociedad”. Pese a estos relativos exabruptos, lo interesante es que el trinomio logra armonizar colores y melismas para darle homogeneidad a esta jornada de escasos 17 minutos.

Ingeniosa portada. En ella, las tres integrantes aparecen por partida doble. En la parte alta, Nirvana, Naomi y Luisa auscultan lo que parece ser el diorama del dormitorio que comparten, donde sus equivalentes recortables animadas se avocan a distintas acciones. ¿La carátula influenciaría al video de “Maldita Incertidumbre” o sería éste el que proveería de materia prima a ésa?

Hákim de Merv

jueves, 25 de julio de 2024

Bosón De Higgs: Los Cuentos Espaciales

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de julio de 2024.)

Por esos cortocircuitos sumamente insólitos que rara vez se producen entre interacciones varias online, supe de una banda de cuencanos que decidió debutar el año pasado con artefacto doble: Bosón De Higgs. Ni bien te empapas de info al respecto, las peculiaridades comienzan a saltar -el grupo proviene de Ecuador (país del que no me suelen llegar noticias relacionadas a la música pop contemporánea), su imaginario está profundamente marcado por la ciencia y esa ficción especulativa que ponderaba Harlan Ellison, el estreno tiene todas las trazas de ser un díptico conceptual a la usanza de los 60s y 70s...

Es un poco difícil acceder a Los Cuentos Espaciales. Aparece en Spotify, plataforma que no uso ni usaré nunca, y en YouTube sólo figura bajo la modalidad “playlist”, no “full album”. También se hace complicada su escucha para quienes no tienen los tímpanos encallecidos, ya que los norteños se encomiendan a un manojo de géneros de los cuales el más “joven” es el alternative rock de los 90s. Hard rock, space rock, progre y psicodelia son las otras constantes de que se sirve el output de Bosón De Higgs. Por suerte es el rock alternativo el llamado a revestir todas esas influencias con una pátina de relativa modernidad, como para que el viaje no rezume olor a naftalina, aunque de todos modos es ineludible hablar aquí de revivalismo.

El primer volumen de Los Cuentos Espaciales abre guiñando al clásico de Stanley Kubrick 2001: A Space Odyssey (1968). No puede entenderse de otra manera “Overtura (Así Habló Zaratustra)”, que ni bien finiquita da paso a aplicadas embestidas rock, consecuencia de muchas horas de ensayo; lo que les hace lucir además correctamente cuadradas. Sucede con “Rocket Scientist” (prog que se esfuerza por no parecer prog), con “Las Jaulas De La Ciudad” (denso hard rock bien concluido), con “Bosón De Higgs” (de agilidad elogiable), con “Vía Láctea” y “Agujero Negro” (ambos de ciertos matices oscuros que me hacen dirigir la mirada hacia los 80s). Flexibilidad, soltura y presteza, que no vetan episodios más lentos y/o de medio tiempo -“Supercúmulo De Virgo” y “Aurora Parte 1”, instrumentales los dos.

Para el segundo volumen, el panorama sufre algunas modificaciones. La más notoria es el amago de tour de force que Bosón De Higgs practica a través de sus siete pistas: si bien entretejidas, el entrelazamiento no es tan evidente como pudiera esperarse. Asimismo, los venerables/vetustos géneros a los que se ha aludido antes asoman más perfilados, sin el sesgo “modernista” ya de que el alternativo les nimbaba. El instrumental “Danza De Polvo Estelar”, por ejemplo, se presenta impúdicamente en todo su progresivo vigor. Otro tanto sucede con el heavy blues de “Vistazo A Tierra”. Pero si hay un estilo que destaca por la cantidad de veces que es invocado, ése es el hard rock, sobre todo el del primer Deep Purple -el que no le hacía ascos al space ni a la psicodelia. Su estela asoma bastante obvia en “Cometa Rex” o en “Macrobélico”. También aquí hay lugar para digresiones balsámicas, como “Sálvame” y la insular “Pálido Punto Azul” -no entiendo muy bien qué quisieron hacer los ecuatorianos en esta última, más allá de reciclar el homónimo discurso del recordado divulgador científico Carl Sagan.

La doble jornada de Los Cuentos Espaciales cierra persianas con el hard prog de “Aurora Parte 2 (Final)”, en registro raudo y contundente. Bautizo ambicioso. Muy lejos de naufragar, tampoco es del todo logrado. Tratándose de una puesta de largo, tiene un nivel aceptable. Y, cómo no, cosas por enmendar. En contadas ocasiones, el hándicap de la laaaaaaarga duración de un CD puede contrarrestarse/revertirse a favor del combo. Éste podría ser el caso, ya que si decidimos meter todos los tracks en una sola rodaja, espacio  no  va  a  faltar. Su separación  en  dos  partes,  por  contraste,  parece  confirmar  la teoría de díptico conceptual -el vasto universo que nos circunda, sus visiones ensoñadoras, sus escenarios dantescos. Ningún esférico recibe nombre específico, sin embargo, como se estilaba antaño. En fin, estreno a tomar en cuenta para futuras referencias, lleno de elementos armónicos y melódicos; el del quinteto integrado por los hermanos Danny (bajo, voces) y Paul Galán (guitarra, voces), Fernando Marín (batería, percusiones varias), Esteban Cañizares (guitarra, voz principal) y Jorge Pezantes (su intensa performance en teclados lo hace el más interesante a seguir).

Hákim de Merv

jueves, 25 de abril de 2024

Zorzal: Iris

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de abril de 2024.)

Gracias al compa Elvis López Aroni, natural de Huancayo que formara en Ayacucho el trío Post Galazer y que a principios de mes regresó a la añorada querencia, me entero de la salida en marzo de Iris. Se trata del disco debut de Zorzal, cuarteto juninense del que apenas sé ya cuenta seis años de existencia. Dada la identificación de las escenas independientes centroandinas con determinados géneros como el dark-gothic o la EBM, el heterodoxo output de la banda me habría agarrado desprevenido, si no fuera por las compilaciones Underground Junín que produjese el colectivo Arte Sonoro -y que han revelado más de una veta a cultivarse en los circuitos pop de esa determinada región.

No es Iris un álbum inaprensible. La escucha se hace fluida y afectuosa toda vez que casi el íntegro de su menú se halla tenuemente entrelazado, pero sobre todo debido a que éste irradia a través de su musicalidad unas ciertas energía y espiritualidad, albas ambas. Es en el terreno de las improntas que la cosa se vuelve imprecisa. Porque, pese a lo escrito hace unos momentos, no he encontrado rastro de las connotaciones psicotrópicas que reivindica el grupo -algún fan ha aludido incluso al alcaloide triptamínico de la psilocibina, en sesgado e in extremis críptico comentario. Aunque algunas letras parecen hacerse eco de los issues lisérgicos que eran moneda corriente durante los días de esplendor de la psicodelia, la música de Zorzal fatiga coordenadas muy distintas.

La primera parte del largo, que va de “Somnolencia” a “Octubre Eterno”, está dominada por el lado más ortodoxamente rock de los huancaínos. Tan es así, que transcurrido el primer minuto ya se evidencia el magma que pinta hegemónico en esta jornada -el de la añosa big music ochentera. Temas como “Aún No Dejes De Respirar”, “Octubre...”, el instrumental semiacústico “Alba” o “Mariposas Blancas” lucen genéricos en grados próximos al superlativo, si bien ello no oblitera su enraizada fibra emocional ni impide disfrutarles. Sucede así porque las capacidades expresivas de Zorzal son lo bastante recias como para sobreponerse a los clichés con que a veces esta gente trastabilla -sampleos canoros pseudo new age en “Alba”, por ejemplo-, al punto de relativizar el matiz rockero mismo (convirtiéndole en prácticamente incidental).

Destaca un lunar en este primer segmento, y ése es “Éter”. Llamó mucho mi atención la coda de inicio, cuando repiqueteó lo que pregona ser un cajón afroperuano durante dos cincuentenas de segundos, antes de mutar alternando el pop/rock de rounds precedentes con el diapasón identitario del reggae y muy ocasionales reentrés del antedicho instrumento de percusión. El mismo ejercicio de rítmica se manifiesta, sin plasmarse del todo, en “Octubre Eterno”; lo que ya indica el cambio de dirección en el segundo tramo de Iris. Allí encuentra mucho más espacio el mestizaje que también proclama Zorzal, en melodías de aires tanto menos solemnes. De entrada nomás, los climas festivos del track epónimo dan la bienvenida al charango, que imprime rasgos altoandinos multiplicados hacia el ocaso de sus siete minutos mientras la voz femenina le entra brevemente al spoken word. Una colorida y más reposada prolongación del fervor de “Iris” toma forma en “Cedrón” y más especialmente en “Mantita Multicolor”, rematada con una briosa y alegrona fuga de huaylarsh. El pop/rock se inmiscuye en “Petricor”, prefiriendo llevar la fiesta en paz, eclipsando progresiva y sólo parcialmente las tonalidades vernaculares que prioriza durante estos episodios el combo.

Remata Zorzal su primer esfuerzo con “Tranquila Mente”, que es cuando regresa a la palestra la big music del arranque, sólo que ahora sin huella alguna de baquetas (o de síncopa, más allá de la que proporciona el bajo). Dos guitarras, si no me equivoco, entretejen el arrullo de cuna en que deviene el cierre de Iris. Como dije hace un rato, CD algo complicado de resumir en pocas palabras, ya que su cromática pop es harto indefinida -como lo es asimismo la de una etiqueta de cualidades tan indeterminadas como la de “big music”. La emotividad puesta en juego mitiga en buena cuenta algunos defectos -un trascendentalismo medio trucho, entre ellos-, y probablemente contribuye a hacer más fácil de asimilar el repertorio con que se estrenan Paola, Anderson, Antony y el esotérico Espectro Fractal. Para la próxima, el grado de exigencia será mayor.

Hákim de Merv

jueves, 28 de marzo de 2024

Cometa A La Deriva: Hoy Ya No Espero Más De Ti

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de marzo de 2024.)

No descifro la intención, en la portada de su flamante debut, de seguirse mostrando Cometa A La Deriva como dúo. Es claro que desde un principio el proyecto fue concebido por tres personas, y actualmente se consolida como cuarteto. Alguien podría argüir que quizá Hoy Ya No Espero Más De Ti es producto del esfuerzo de dos de sus integrantes, pero no es el caso: a despecho de la (relativa) novedad del estreno, la existencia de CALD se remonta a épocas prepandémicas (concretamente al ‘18), cuando no se decidían aún entre los curiosos alias de La Pelota De Mi Perro y de Muerte Térmica.

Al amparo de LaFlor Records, Vanesa Angulo, Gustavo Ampuero y Leandro Padilla publican sus primeros singles virtuales. Éstos han sido repescados en Hoy Ya No Espero Más De Ti, cuya edición online fecha en septiembre del ‘23 (vía BandCamp propio), estando su edición física a la venta en cassette a través de Entes Anómicos a partir de febrero pasado. De cualquier forma, a pesar de los seis años andando juntos, es notorio que hablamos de sangre nueva proveniente de las escenas off-mainstream autóctonas -que, como ha sucedido frecuentemente entre sus pares tras el COVID-19, ha debido retrasar los planes grupales.

De apenas media hora de duración, este primer largo concreta una entusiasta circunnavegación sobre las aguas del indie y del pop del nuevo siglo, así como bajo las improntas del rock alternativo noventoso e incluso del new punk (aunque esto último casi ni se nota). Cometa A La Deriva se constriñe a la simpleza en las letras, a la sencillez en el latir del diapasón del bajo (ahora en manos de Mariano Saettone), a la llana espontaneidad en las baquetas. Éstas pueden marcar tanto medios tempos -la agradable prolijidad instrumental de “Luna Violeta”-, como auparse en trotes algo más acelerados -el fugaz acceso punk hacia el epílogo de “Galileo”, el encantador indie pedestre de “9:45” que se las ingenia para disponer de una sección en clave de bossa nova-, e incluso 4/4s perfectos en su imperfección de pie quebrado -“Rosé”, adelantado en la compilación Cualquiera Puede Hacer Esto (‘21), curada por LaFlor.

La asequibilidad y la naturalidad, entonces, se cuentan como características mayores de la música compuesta por el terceto. No menos importantes que éstas son las vocales de Angulo, quien siempre las modula a fin de acoplarse eficazmente al rango elegido para tal o cual número. Su color de voz puede parecer a algunos oídos un poco estrangulado, más que nada cuando lidia con desacostumbrados tonos extremos, aunque ello es susceptible de pulirse con la práctica. En última instancia, esa observación pasa a segundos planos cuando la síncopa se reduce considerablemente, circunstancia que menudea en el tramo final de la cinta.

Sin aplatanarse, CALD asoma más delectable cuando se acoge al formato de la power ballad. En “Hoy Ya No Puedo Esperar Más De Ti”, en “Tiempo Al Tiempo”, en “Tal Vez Así Es Mejor”; el trinomio Padilla-Angulo-Ampuero se ase del desencanto y del desconsuelo intrínsecos al indie, tejiendo introspectivos ambientes de pop lluvioso y gris que se llevan de plácemes con el intimismo acústico (“Tal Vez...”, de teclados en plan string) y que hasta logran mimetizarse con los Sundays más resignados (“Tiempo...”). Elemental, sobrio, en definitiva campechano pistoletazo de salida para la sociedad que hoy completa Saettone.

Hákim de Merv

jueves, 8 de febrero de 2024

Paradigmas Frecuenciales (I) // Pay: Apariencias EP // Fiorella16: Thanatology For Young Ladies // Novalima: La Danza (Pt. 1) / La Danza (Pt. 2)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 31 de enero de 2024.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

En cortísimo lapso de tiempo (básicamente el último trimestre), Chip Musik estrenó el año pasado nueva línea de lanzamientos que aditar a la de ‘Transmisores’ y a la ya clásica de ‘Legos’. ‘Paradigmas Frecuenciales’ es la denominación que recibe la bisoña ristra, armada un poco sobre la marcha, o al menos así luce dadas las inusuales características formales que a día de hoy la definen.

Etiquetada como single, la primera entrega irrumpe el 12 de octubre. Leyendo la nota interna de BandCamp, la independiente le presenta como split, lo que es confirmado por las participaciones de Ionaxs, Trampaluz y Miyagi Pitcher. Pongo en entredicho hablar de un split single o un three-way single, empero, ya que Paradigmas Frecuenciales (I) sobrepuja la cota de los 20 minutos.

¿Cómo categorizar, pues, este título colgado por Chip para libre descarga? Hago a un lado esa discusión, enfocándome de lleno en el contenido. Éste empieza a revelarse vía “Cortando El Lazo En Paz” de Trampaluz, acto santiaguino que previamente ha brindado muchas demostraciones de un solvente post rock expansivo hacia comarcas colindantes como la electrónica de avanzada, el bliss pop/out y la drone music. La melodía de “Cortando...” florece entre bullentes secuencias aleatorias de nervioso movimiento, prontamente opacada por el pulso seco e intransigente de una percusión artificial. Acaba ésta por mimetizarse, redituando la sensación general de estar observando el avance de flujos de lava a través de lentes microscópicos (si tal cosa es posible).

Sin el peso/anclaje que suponen las texturas envolventes asociadas al campo de la experimentación sonora, “Meissa” de Miyagi Pitcher prescinde igualmente de cualquier patrón rítmico evidente. Su utópica arquitectura ambient se despliega indesmayable, lo mismo que la campaneante reverberación de su sinuosamente circular leit-motiv, evocando (¿mejores?) mundos post humanos de ciencia-ficción y erigiéndose como el exacto reverso de “Cortando El Lazo En Paz”. Tan es así, que por momentos me hizo recordar las fábulas futuristas soñadas por The Future Sound Of London en los pasajes más atmosféricos de su monumental doble Lifeforms (1994).

Finaliza “Cianotipia” esta primera muestra de ‘Paradigmas Frecuenciales’, a modo de práctica síntesis. Para ello, Ionaxs se encumbra hacia las armonías volátiles del shoegazing y del bliss pop, como ha hecho en sus trabajos personales liberados durante el ’23 (Antotipia EP y Portrait In The Postcard), atravesando densos bancos de neblinoso éter gracias a la delicada orfebrería electrónica que enhebra intermitentes esquirlas de nutrido miniaturismo noise y silencios que no pasan por tales. Curioso diseño para una composición que alude a la vieja técnica artística de obtener negativos fotográficos en gama azul prusiano.

La segunda entrega de ‘Paradigmas Frecuenciales’, publicada el 14 de diciembre, en otra oportunidad.

Existe un punto común entre las circunstancias bajo las que conocí a Panoptia y a Pay, a partir del cual ocurre cierto paralelismo en sendas historias. A la obra del primero llegué a fines del ‘22 (no recuerdo por medio de qué cortocircuito), y a la del segundo a fines del ‘23. Esta última ocasión se da gracias a Julio Guillén Serrano, responsable de Panoptia y miembro de Pay. Tras revisar grosso modo las hojas de vida de ambos alias, tomo consciencia de sus respectivas longevidades: Pay chunta el epónimo debut en septiembre del ‘04, mientras que lo propio hace Panoptia en junio del ‘16. Es decir, no son neófitos. Hasta aquí nomás, por desgracia, las correspondencias.

Si bien no me hallo tan familiarizado con la discografía de Pay como con la del unipersonal de Guillén Serrano, sí le he dado varias vueltas a Apariencias EP, y debo decir que no me ha resultado atractivo en lo más mínimo -a diferencia de la ejemplar andadura de Panoptia. Sin el apremio de aludir a evolución alguna, cosa que como acabo de dejar sentado no me consta, la música de Pay es de lo más básica y superficial. El pop rock que elige cultivar sólo tiene de ello la piel. Cero riesgo, cero actitud, cero crudeza. Al menos aquí, la dupla integrada por Daniel Casave -voz y coros, guitarra, teclado- y Julio -teba, teclado, guitarra, voz y coros-, secundada por Rolando Del Carpio en bajo y eléctrica (el “Rula” de Los Resortes); no muestra ni el instinto ni mucho el alma que cabría esperar de una agrupación devota a esas coordenadas.

Y no es que no sepan tocar. Sucede que las canciones de Apariencias EP son de una construcción demasiado elemental. No encuentro en todo el extended el menor intento por arriesgar más allá del estereotipo extractado al sonido escogido. Esto habla de un dúo/trío que no sabe qué hacer con las habilidades que tiene, y opta por ir siempre a lo seguro. Quizá se plantean salir (apenas) del molde en “Sueños Cuervos” y en “Para James”, pero aún cuando se puede ser indulgente con el primero, el segundo no pasa de amago punk empeñado en quemar amplificadores (otra cosa es que lo logren), hasta que sueltan la pachotada “Dispuestos A Morir/Pero De Risa”. Si vas a ser así de primario/a, lo menos que se te puede exigir es que ardas en cuerpo y espíritu con cada martillazo que descerrajes.

En cuanto a letras, releo la nota de prensa y no sé si soy yo el que no ha podido sintonizar (por viejo), o si es que esta gente vive en una realidad alterna. De líneas muy discretas como las de “Estoy Jodido” y “Ninguna Por Ti”, Pay pasa a estrellarse contra el piso garrapateando textos que me retrotraen a los disfuerzos noventeros de los sobrevivientes mainstream del decenio anterior (“Apariencias”). Un nivel francamente pobre.

No soy muy partidario de demoler una banda hasta los cimientos, pero aquí no veo/escucho por dónde salvar lo mostrado. Zancada en recontrafalso, la de Pay, en el mejor de los casos -ahora mismo me allano a devorar sus referencias precedentes, para confirmar o desechar mis dudas.

Cuando se extinguía noviembre último, arribaron noticias de un nuevo álbum acreditado a Fiorella16. No figuraba éste en el BandCamp del individualista arequipeño José María Málaga, sino en el de la escudería canadiense We, Here And Now! -que se define como especializada en sonidos de rizoma doom, psych y audioexperimental. No es esto, sin embargo, lo que más llamaba la atención. La info provista por la rodaja indicaba que el material de que ésta se componía fechaba entre el ‘14 y el ‘21, razón por la que terminaba algo mermada su condición de “brand new”.

Corroboro la veracidad de lo anotado por Málaga en cuanto a la vetustez de algunas partes de este mosaico. “Gloomy Sunday”, uno de los dos temas no firmados por el mistiano (el otro es “Canción De Cuna Para Abortos”, de los mexicanos La Función De Repulsa), me fue enviado por el músico hará cosa de una década atrás. Lo he conservado en mi PC hasta que verifiqué que era el mismo número incluido en Thanatology For Young Ladies, tras de lo cual acabó en la papelera de reciclaje. Rubrico aquí constancia, por ende, de la exactitud del intervalo señalado en lo tocante a su límite más lejano.

Me remito a Tales In Deep Noise Saturation (‘20, editado también en Norteamérica), último Fiorella16 que escuché (no sabía del Inertrice EP sino hasta el preciso minuto en que tipeo estas palabras), para confrontar Thanatology For Young Ladies. Un plástico bastante más corto que el de hace cuatro años (apenas 40 minutos vs. los más de 80 de Tales...). Es, asimismo, más copioso (16 canales contra los 6 del ...Noise Saturation). De ello se infiere que muchos de los cortes de Thanatology... son, si cabe, algo más que fracciones/pedazos/cachos: tres de ellos no superan el minuto de extensión, y sólo dos se arriesgan más allá de los cuatro.

Ergo, ¿qué decir del CD? Sus colores son los que, de un tiempo a esta parte, conserva siempre a la mano José María en la paleta: noise analógico-binario, ambient en su acepción más arisca/indócil/insociable, drone zombificado, lo que de terrorífico surrealismo puede ofrecer aún la psicodelia... Aunque ello es una (re)afirmación de intenciones respecto de Tales In Deep Noise Saturation, también puede interpretarse como negación definitiva de aquello que asumo no volverá a entrar en el horizonte del seudónimo. Qué lectura es la correcta, o si lo son las dos, sólo el futuro lo dirá.

En cuanto a su metafísica, el acento se ha recargado en las cualidades ungidas por las últimas vanguardias del siglo XX. A despecho de un Ruido que tiende a transfigurarse/exhibirse poliédrico (“Calle Panteón”), éste es esencialmente monocorde, duro, sólido. Pese a que algunos ecos resultantes de los espacios cerrados dibujados por la música de TFYL hablan de oscuridad no fúnebre (“Bardo”), ejemplos de lo contrario pululan a todo lo ancho del volumen, llegando a ratos a estratos macabros y bastante creepies (“El Boohoo”). No necesariamente un defecto, la tosquedad en el acabado acústico de las viñetas refuerza la percepción y la sensación de iteración (“I Shall Be Late”), de un primitivismo aplastantemente dionisíaco (“Las Willis”), si acaso dos o tres veces apolíneo (“...Y Todo Para No Encontrarte”, “Última Letanía”). En resumen, experiencia poco recomendable si nunca te has atrevido a merodear los auténticos extramuros de la música pop contemporánea.

Cuánto tiempo se tomó Novalima para dar lugar a su séptima placa, que ha tenido a bien presentar en insólito formato bipartito. La Danza (Pt. 1) se hizo pública en junio, en tanto La Danza (Pt. 2) se colgó a fines de octubre. A santo de qué se produjo esta segmentación, la alineación no ha dicho ni pío. A mí me recordó, por analogía, los dos tramos en que se ‘estrenaban’ hace años las nuevas temporadas de The Walking Dead, mediando entre ellos la famosa pausa de “mid-season”. Tampoco a esa jugada le encontraba justificación, déjame decirte.

A propósito de Ch’usay (2018), cerraba un corto comentario mío indicando que quizá Novalima se encontraba en una encrucijada: “...enrielarse definitivamente hacia el afro, acometiendo para ello un importante salto evolutivo que le(s) transforme, o hacerlo mutar a través del componente electrónico”. Luego de un lustro, se verifica lo segundo. Si en ambas secciones de La Danza se han encartado sampleos de música afroperuana tradicional, éstos son infinitesimales, y por ende accesorios del todo. El repertorio de once piezas asoma completamente nuevo, aupado por colaboraciones como las de La Dame Blanche, Pablo Watusi o Hit La Rosa.

Es notorio que el sexteto ha realizado un esfuerzo constante por permanecer permeable a diversas influencias convergentes al gen afroperuano, manteniendo a éste como la fuerza preponderante alrededor de la que se vertebran los procesos creativos. Preponderante, no omnipresente: no siempre son el golpe de cajón o el rechinar de la quijada de burro los que acaparan primeros planos, sino que cumplen más la misión de cohesionar las distintas fusiones maniobradas por Novalima en cada canción.

La primera escucha de “El Tiempo”, verbigracia, casi me produce un soponcio. La segunda, en cambio, reveló que se trataba de un brioso y grácil dancehall antes que de un funesto reggaetón. La sección conformada por “Palenque”, “Canto Del Agua”, “Amanecer” y “Aquí Y Ahora” es todavía más reveladora; con exquisitos indicios de un mestizaje abierto: “Palenque” y su notable ejercicio de percusión afrocaribeña, “Canto Del Agua” y su roots reggae estilizado, “Amanecer” y su tenue coqueteo con el sandunguero candombe, “Aquí Y Ahora” y su potente crisol lleno de color.

Otros paradigmas igual de remarcables son el sutil afrobeat de “Pura” -muy en la onda de “Coba Guarango”- o la intersección entre estoque jamaiquino y sublimados bronces centroandinos de “Nación”. Ninguno de ellos, o de los anteriormente aludidos, oblitera las muestras de ¿”purismo”? que válidamente se permiten todavía insertar Pérez Prieto/Del Solar/Morales/Montesinos/Guerrero/Álvarez, como “Hatajo” y “La Danza”. Todos, eso sí, ponen de relieve el tino con que el sendero a transitar fue escogido. El otro, el de centrarse en la afroperuanidad, queda para exponentes como los Ballumbrosio o los tremendos Perkutao.

Hákim de Merv