(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de agosto de 2026.)
Más propiamente un álbum completo de 36 minutos y monedas, Todas Las Brujas Del Mañana EP abre sus (oscuras) alas con un “Intro” de 37 segundos que recupera parte del diálogo que escuchamos en la versión doblada al castellano de la mítica Alucarda (‘77), transcurrida ya una media hora. Sin ruido ni música, sólo las voces de Justine y Alucarda recitando el fulminante credo de Luzbel, para espanto de la monjita Germana. Con semejante declaración de intenciones, lo más probable es que tanto el extended como el nuevo álbum se adentren en las tenebrosas espesuras ontológicas del Lado Salvaje -provistos ambos de un concepto que denota fascinación, cuando no devoción, por las dimensiones dionisíacas de aquello que Occidente conceptúa como “el Mal”.
La música y el verdadero viaje arrancan, pues, con “Burning A Light”. También mis reparos. Anteriormente, critiqué las magras producción y mezcla que padeció El Pacto, tan pobres que por contraste Kurandera EP y su innegable aroma a maqueta resultaban mejor librados. Es de ponderar que no se repita aquí dicha situación. No obstante, el resultado aún se haya lejos de ser óptimo. Empiezan a golpearte los primeros acordes de “Burning...” dibujándose en tus tímpanos la imponente potencia de un soporte rítmico sustentado por César Gálvez (acreditado como bajista en vivo) y por Julio César Araujo (batería). Una impresión que no llega al minuto, pues cuando ingresa la voz filtrada hasta la saciedad/suciedad de Fernando Soto lo hace por igual una sensación de amateurismo que flaco favor le reporta a la agrupación. Casi sesenta segundos después, la eléctrica sigue ese mismo sino.
Si cabe hablar de “problema”, éste continua siendo esencialmente técnico. Podría argüirse que sonar así es una decisión voluntaria, consciente. En la sumilla de BandCamp se habla de masterización, además de mezcla, a cargo esta última de un capo como Osmar Cubillas (Decadencia Records). También podría apelarse al ejemplo de Brujo Mayor, cuyos mástiles y vocales se hallan prácticamente enterrados en el costroso barro del cenagoso 4-track lo fi de fines de los 60s y principios de los 70s. Brujo Mayor, sin embargo, no es Kurandera; aunque compartan integrantes. Ascendiente (in)directo del stoner, el heavy blues aputamadrado de BM guarda distancias respecto de la psicodelia garagera de Kurandera, a la que siento guiada por/más en sintonía con el fantasma de Roky Erickson (The 13th Floor Elevators).
Todavía no me inclino a darle el aprobado a Kurandera. Reconozco, sí, que ha habido una gran mejora en relación a su más inmediato precedente. Desde mi punto de vista, empero, aún falta trecho para una performance redonda. En cualquier caso, un poco menos de bulla ambiental y/o de efectos premeditadamente borrosos ayudaría a ubicar su propuesta en una posición desde la cual sorprender para bien a tirios y a troyanos.
Hákim de Merv


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