jueves, 13 de agosto de 2026

Váyanse A La Mierda (1er Empilado)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de agosto de 2026.)

A inicios de este ‘26 me saltó en la pestaña de notificaciones de Facebook un posteo del guitarrista Elvis López Aroni (Post Galazer), que daba cuenta del lanzamiento virtual de una compilación con grupos y proyectos adscritos en su mayoría al underground de Huancayo (Junín). O al menos así lo proclamaba el posteo. Éste, sin embargo, databa del 31 de diciembre del año pasado. Contrastando fuentes al respecto, éstas confirman la fecha de aparición del artefacto, disponible desde ese día en YouTube y para descarga gratuita vía MediaFire (opción ya caduca).

Si bien digresivamente, en textos anteriores he aventurado conjeturas en torno a los caldos de cultivo en que fermentan los/as artistas independientes del nuevo siglo, llamados/as a tomar el relevo de sus predecesores. No es improbable que aún se invoque al punk, el movimiento “do it yourself” por excelencia, para saltar al ruedo/tomar las armas; pero sí bastante infrecuente ya. Ídem con otros discursos, como el dark-gothic, el metal o el industrial. Estadísticamente, ahora las nuevas hornadas suelen partir del noise rock, del indie pop o del segundo post rock, o en su defecto de tendencias más extremas y por ende también más minoritarias.

Con un título y un arte de portada como los que maneja, era bastante predecible que Váyanse A La Mierda (1er Empilado) se constituyera en excepción a esa hipótesis aún no del todo corroborada. Sus 30 minutos y sencillo inclinan la balanza hacia dicha dirección: cuando no es el metal o el punk, es el rock alternativo noventero proclive al grunge. Poco, muy poco espacio para el pop. Tan es así, que hay más parcela para sendas performances poéticas, situadas al inicio de las dos partes en que se compartimenta la placa: “Tristeza” al empezar la primera y “Lima Me Mata” al arrancar la segunda, respectivamente de los huancavelicanos Emerson Sinche y Roger Rodríguez.

El hándicap con que lidia la compilación es el de tener todas las trazas de haber estado encerrada en una cápsula del tiempo. No sólo es que los/as participantes recrean sonidos a día de hoy harto añejados, sino que el grueso de ellos/as lo hace sin atreverse a arriesgar lo suficiente a fin de ganar cuando menos un ápice de identidad propia. Por defecto implícito, hasta se podría decir que las posibilidades técnicas de registro y grabación son idénticas a las de esas épocas (el punto más bajo en ese sentido es “Buscando Alternativas Para Destruir Este Lugar” de Qhapac Ñam), suposición verosímil si no mediase la información que los responsables han proporcionado añadida a la publicación.

La ausencia de riesgo y de sangre que subleve/salpique determina que la norma sea el rock asaz genérico, entonces. Aunque se enhebren -temporalmente- punche, simplicidad e inmediatismo, el punk asoma como perennizado en ámbar (Blake Limbuzz Griss e “Instinto”, Autopsia Rock y “No Me Importa Tu Opinión”), el metal se mueve anegado (salvo en “Glorificación Al Odio” de Korruptor, con trasvases grind), y el grunge/alternativo 90s es retratado en bodegones que miles de bandas de todo el orbe podrían haber firmado (“Día Infeliz” de Jonnav Svinoide, a “Muerto” de WDR no le alcanzan ni su actitud achorada ni su pródigo bajo). Es cierto, podría ser mala suerte al momento de seleccionar las canciones, pero tratándose del primero de una serie de muestrarios tienes que pensártelo cientos de veces antes de elegir a quienes te van a representar.

Rescato el sobrio pop intimista y la voz contenida de “Amuleto”, de Llakta Le Chien, y en menor medida -con las justas, a decir verdad- “A.M.O.R.I.R.T.E.” de Elvis López (a) Elvisnoide. Al resto le daría el beneficio de la duda de cara a una segunda chance -medio siglo de vida puede estarme pasando factura, aunque honestamente no lo creo-, sobre todo a Blake Limbuzz Griss, cuyo debut El Exorcismo (‘20) no deja de ser llamativo. Una tercera oportunidad, ni a balas.

Hákim de Merv

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