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jueves, 6 de agosto de 2026

Rafael Cheuquelaf: Ecocidios

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de julio de 2026.)

Arduo trabajo apostillar el nuevo largo de Rafael Cheuquelaf sin citar casi por entero la glosa que el propio puntarenense consigna en el BandCamp de Eolo Producciones. Desde la denominación, que apunta sin escalas a la crisis generalizada de sistemas bioambientales, hasta los numerosos sampleos de ponencias o declaraciones públicas que verbalizan esa preocupación; Ecocidios es mucho más que un documento sonoro. Testimonia la enorme diversidad biológica y medioambiental de la Patagonia, a la par de la zozobra y del desasosiego que derivan de la impronta de la mano del Hombre en la Naturaleza de la región más austral del continente americano.

Efectivamente, más de la mitad del repertorio subraya la intervención de intereses económicos nacionales y extranjeros que atentan -con intención, menos frecuentemente sin ella- contra lagos, estepas, abras, bahías o archipiélagos que deberían permanecer sin hollar por el hombre civilizado. Y lo hace sin guardarse nada. Esto pone al álbum por encima de esfuerzos precedentes que el músico magallánico viene realizando desde el ‘19 (Choike EP). Las composiciones suenan de hecho más enfáticas, intensas, dramáticas y agoreras que nunca antes en el background de Cheuquelaf (Mantiza, Lluvia Ácida, Nébula).

No tienes sino que pulsar play para darte cuenta de ello. “Zonas De Sacrificio” es un reluctante llamado de atención sobre la poca consciencia de las corporaciones de diversa índole, pero sobre todo de la ciudadanía promedio, cuando se trata de oponer la inviolabilidad de santuarios naturales a la explotación de sus (finitos) recursos. El track se ha armado introduciendo en el viejo synth setentero decenas de cuñas sci fi nativas del nuevo siglo -algo así como enyuntar a Isao Tomita y a Cliff Martinez, a Clint Mansell y a Jarre. “Ballenera” resuena aún más oscuramente ambiental, palpitando con urgencia y vitalidad a despecho del tranquilo cloqueo con que el agua te recibe al inicio.

Otro rasgo a remarcar en Ecocidios es el golpe de timón estilístico. No ha abandonado Rafael la senda del ambient synth de arte y ensayo, sino que la ha enriquecido amparándose en las relevantes cantidades de downtempo, de EBM y de IDM aditadas.  Si en el caso del primero puedo citar el trote calmo de “El Valle De Los Castores” y el extraño cripticismo invertebrado de “Dydimo”, surcos en los que también casa ambient y auroral noise digital, en el caso del segundo apelo al angustiante pulso filo-industrial de “Flota Pesquera China”. En cuanto al IDM, su imponente huella es rastreable en los agitados latidos de “Metula” y de “Hidrógeno Estepárico”, en la díscola tonalidad cíclica de “Escape De Salmones”, en las artificiales ambrosías de nerviosa pulsión que cobija el cierre “El Fuego Avanza”.

Justamente es “El Fuego Avanza” el tema que expone con mayores bríos los actos realizados en detrimento del ecosistema patagónico a uno y a otro lado de la frontera chileno-argentina -quema de áreas en parques nacionales protegidos, con el único propósito de adjudicarlas a empresas (de cariz sionista). La imputación más sangrante, en medio de denuncias sobre malas prácticas de la industria ballenera, sobre continuas incursiones ilegales de flotillas de pesca industrial en el mar magallánico, sobre la angurria corporativa por el “hidrógeno verde”. Y de relatos sobre accidentes a consecuencia de fallo humano, como la fuga de salmones de criaderos especializados o la catástrofe ecológica que supuso el encallamiento parcial del petrolero neerlandés Metula el 9 de agosto de 1974.

Vívido testimonio (disponible además en Pueblo Nuevo), sí, pero también severísimo jalón de orejas de cara al futuro inmediato de nuestro planeta y al rol que jugará la Humanidad en ese devenir para bien o para mal. Muy en consonancia con aquella frase que se coló en la predecible versión ‘08 de The Day The Earth Stood Still: “Si la Tierra muere, tú mueres. Si tú mueres, la Tierra sobrevive”. Considerémonos amonestados/as.

Hákim de Merv

miércoles, 15 de julio de 2026

Boards Of Canada: Inferno

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de julio de 2026.)

En relación a trayectorias discográficas consolidadas entre cuyos estrenos median lustros e incluso décadas, suele ocurrir que simultáneamente uno/a se entusiasma y frikea al anunciarse nueva entrega. Ha pasado antes, cuando algunos de nuestros héroes deciden salir del (semi)retiro: Slowdive, Dead Can Dance, My Bloody Valentine, The Cure, Stereolab... Iba a adicionar también a Seefeel y a Swans, pero desde sus respectivos regresos se han mantenido razonablemente activos. Como asimismo aquella sensación, esta tendencia seguirá verificándose en el futuro -sin ir muy lejos, The Durutti Column ha proclamado su inesperado retorno para fines de este mes.

Esa exacta emoción llamémosle “bipolar” es la que hemos sentido muchos/as al darse a conocer la noticia del reentré de Boards Of Canada. Transcurrió un ochenio entre The Campfire Headphase (‘05) y Tomorrow’s Harvest (‘13), y ¡¡¡trece años!!! entre este último y el novísimo Inferno. No se desconocía que el insular dúo escocés seguía respirando, pero eso no se traducía en expectativas de nuevas rodajas, tal cual sucede con otro peso completo de la escena IDM/post rave, Richard D. James a.k.a. Aphex Twin. Mucho menos se esperaban grandes novedades en cuanto a la evolución de su sonido, metamorfosis que la banda resolvió en dos pasos para luego recrear -con bastante éxito- su peculiar estética idilitrónica.

Desde los albores de su carrera con Twoism (‘95) y el Hi Scores EP (‘96), la música de BOC ha estado marcada por una nostalgia inducida que sabe a néctar de los dioses, en danza constante de causa y efecto con el correlato visual de sus videos, forjado al amparo del documentalismo experimental que identifica la institución del país del norte que su nombre homenajea (National Film Board Of Canada). Ello, gracias a una habilidad poco menos que épica para cincelar palimpsestos electrónicos sostenidos por beats descendientes del hip hop y bordados por sampleos que predisponen a la contemplación y al ensueño. De ahí que placas como Geoggadi (‘02), Music Has The Right To Children (‘98) o el hermoso In A Beautiful Place Out In The Country EP (‘00) les hayan consagrado como auténticos alquimistas de la duermevela.

Por eso es que Inferno ha sorprendido tanto. Si bien se corresponde con su background la pasteleada visual que supone el video promocional auspiciado por Warp Records, que enyunta “Introit” y “Prophecy At 1420 MHz”, Boards Of Canada esta vez ha ido por otros senderos. Si en el pasado la dupla bosquejaba lienzos de colores inciertos y formas imprecisas, que irradiaban calidez y una melancolía por aquello que ya fue pero que nunca vivimos, ahora esas cualidades están orientadas hacia el futuro. ¿Eso quiere decir que el tándem se aproxima al retrofuturismo de los Stereolab ‘95-‘99? No. Acaso lo suyo pueda tolerar el calificativo de retrofuturista. Con lo que no puede compatibilizar es con la acepción en-el-mejor-de-los-sentidos entre naif y cool de la mancha de Lætitia Sadier y Tim Gane.

Porque sí, BOC ha decidido proyectar sus filias hacia un posible futuro no tan distante para nuestra especie. Y ése es el bemol. Al ubicarse cercano en el Tiempo, ese mañana se asemeja más a una distopía que a los apolíneos augurios stereolábicos. Inferno es un testimonio lleno de oscuro pesimismo, atiborrado de ambient estilizado que constantemente muta en una suerte de IDM grisáceo, acorchado. Abundan corifeos de digitales strings que presagian tecnocracias orwellianas (“Hydrogen Helium Lithium Leviathan”), capas de guitarra tratadas al punto de moldear fantasmales exordios más o menos breves (“Somewhere Right Now In The Future”), beats apagados que trotan entre amarillos cancerígenos y blancos que van del celeste al verde (“Blood In The Labyrinth”). Al escuchar el plástico, no pocas veces me he encontrado recorriendo mentalmente los parajes del mito contemporáneo de Blade Runner -de la original, por supuesto, pero muchísimo más de la secuela dirigida por el canadiense Denis Villeneuve (mira tú qué coincidencia de nacionalidades). Esos ¿crepúsculos? de rojo sangrante (“Deep Time”), propios de un mundo que va camino a ahogarse en su extinción sin darse cuenta, esos sampleos vocales más que ominosos (“All Reason Departs”), montados en programaciones urgidas de subtramas rítmicas con que aminorar la tensión, esa incertidumbre de no saber si el monitor de una UCI anticipa los últimos instantes de una vida o los primeros de otra (“Memory Death”); jirones de output que me sitúan en la decadente civilización humana de un 2049 del que ya no nos hayamos tan lejos.

No me queda claro si Boards Of Canada apuesta por introducir en Inferno un contexto religioso subyacente. “I’m A Sinner”, se escucha decir a alguien en “Age Of Capricorn”. Sólo después de ocasionales fogonazos de luz, las voces orientalizantes de “Naraka” dejan de ser vocoderizaciones inertes de un nuevo orden que ya ha caducado, y que sin embargo nosotros/as aún no atravesamos. Los sacros modales livianos de “You Retreat In Time And Space” son otros indicadores de que tal vez la mancuerna oriunda de Edimburgo ofrece una tabla de salvación frente al despelote que se nos viene encima. Un despelote que muy fácilmente puede estar comenzando ahora mismo con el develamiento impúdico de las élites de poder fáctico/monetario y el auge de las ultraderechas satelitales en todo el mundo, aupadas desde una delirante Casa Blanca trumpista que insiste en negar el calentamiento global y en inmiscuirse donde no le llaman.

Obviamente, existen circunstancias de sobra con que identificar el perfil clásico de Michael Sandison y Marcus Eoin: la apremiante pulsión tecno-ornamental de “Acts Of Magic”, el sedante tribalismo coral de “Father And Son”, el evocador ambient tecnificado en “Arena Americanada” y documentalista en “Into The Magic Land”. Son excepciones, con todo, en medio de un álbum que se hace eco del desaliento que reina en el mundo contemporáneo; que se mira en el pathos de un dark ambient a lo ProtoU, y nunca en su cavernoso sonido. Una jornada que por principio de cuentas ha sido bautizada con la decidora denominación de “inferno”, en la que Boards Of Canada atisba la posibilidad de un lúgubre porvenir aún irreal -pero cuya semilla ya está plantada.

A pesar de todo lo antes escrito, he disfrutado de Inferno y sus visiones derrotistas, del mismo modo en que en otros tiempos he disfrutado del Sonic Youth más maligno, de Lovecraft, de Shinya Tsukamoto o del polaco Beksiński. El Arte no tiene ninguna obligación de ser luminoso, etéreo, “bonito” o moral (ético sí, moral no). La única conditio sine qua non excluyente del Arte es la de exorcizar aquello que la mente y el corazón del ser humano pueden concebir, y este discazo de 70 minutos lo consigue con creces. Una sola objeción: Inferno termina abruptamente con la esperanzadora “I Saw Through Platonia”. Un final más acorde hubiera sido “Vol.4 - P. Primers - 177 Giraud's Mirror”, composición que sólo se halla disponible en la versión doble vinílica, pues ni siquiera en las agiotistas ediciones japonesas del CD viene añadida. Lo que es dejar al/la castigado/a fan salivando sin pausa. Puedes escuchar el tema haciendo click aquí.

Hákim de Merv

jueves, 19 de diciembre de 2024

Trampaluz: Un Espacio Sin Sol // Lluvia Ácida: Puntarenazo // Brown Sur: Nada Es Imposible

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de diciembre de 2024.)

Ha sido un calendario jodidamente prolífico para Trampaluz. En abril, mayo y agosto, el unipersonal de Fernando Arce liberó a través de la peruana Chip Musik los LPs La Memoria Inerte, La Rutina Inversa - Remezclas y El Espíritu De Un Momento. En simultáneo, el mapocho se sirvió de los bytes de su BandCamp para lanzamientos de minutaje recortado: Sin Nombre EP (enero), La Sombra En La Ola EP (junio) y Secuencia Temporal EP (octubre). Todos atenidos a esa vieja máxima del post rock que apunta a retratar para la posteridad sorpresivos picos de estamina, latigazos de iluminación zen, inopinadas conjunciones/combinaciones de disposición emocional y circunstancias vitales.

Por supuesto, el proceso de “documentar la inspiración” no garantiza per se la calidad de la obra de arte -sea que hablemos de un disco, de un libro, de una pintura, de un film. La tropa post rock no era inmune a resbalones o pasos en falso, ni durante los 90s ni después. Corresponde a cada quien asignar un juicio de valor según los propios parámetros, así como fundamentarse en ellos al escoger para sí la jornada más cara de un/a artista determinado/a. Ésa es la razón por la que elijo Un Espacio Sin Sol, que Fernando editase vía Chip en septiembre.

Lenguaje afín al del post, los cincuenta y tres minutos más monedas de Un Espacio... son dominados por el bliss pop. Su fisionomía oscila, por ende, entre el éter y el harsh noise. Más allá de la fluctuación, el sonido se desborda como si se tratase de un río carente de orillas -visibles, al menos. A veces, el anegamiento se percibe como riada inmensa (“Antiguo Espacio Aéreo”). A veces, se intuye como estuario de proporciones titánicas (“Un Océano Sin Luz”). Sea una imagen o la otra, la crecida de Trampaluz avanza caudalosa sin ser por necesidad perjudicial. En ello tienen que ver sus atmósferas disciplinadamente caóticas (“A Través De La Superficie”), sus programaciones sencillas más no minimales (“Tormenta En Cámara Lenta”, “Alcance A La Deriva”), sus eléctricas que funcionan como crochés (“Continuos Ascensos Y Descensos”).

Cierra Un Espacio Sin Sol la versión de un tal proyecto Óxido de “Un Momento De Daño Profundo”, y un remix que éste acomete de “Llevado Sobre Las Olas”. Me quedo con la primigenia toma de “Llevado...”, incluida en el CD, al ser la primera vez que escucho a Trampaluz rozar la rítmica del jungle: no un acercamiento frontal, sino tenue, lo que confiere cierto cariz exótico al bliss que aquí iza Arce. Es la variedad de Windy & Carl, con todo, el input que prefigura los cauces surcados por la rodaja -uno que hace pensar por igual en Lovesliescrushing y en Flying Saucer Attack, uno que habla de geografías inmateriales, dejadas atrás en riberas que estas aguas no volverán a bañar.

13 meses se han desgajado desde la aparición de Puntarenazo, el último testimonio de Lluvia Ácida, cuyo concepto de fondo es precisamente la primera manifestación anti-pinochetista realizada en territorio chileno -y más concretamente, motivo de orgullo para los/as magallánicos/as, en Punta Arenas. Con Pinochet in situ. Me hubiera gustado comentarle en su momento o a poco de eyectarse, pero todavía no terminaba de asimilar las dos antologías que la dupla subiese a YouTube Music en modalidad playlist. Siendo el suyo un nom de guerre que lleva tres décadas a cuestas, siempre es un placer repasar su extensa discografía a través de sustanciosas recopilaciones, y vaya que tanto Antología I (1996 - 2007) como Antología II (2007 - 2021) lo son (equivalentes cada una a un tríptico).

La demora de mi parte ha tenido sus ventajas, no obstante. Además de cumplirse en febrero de este año cuatro décadas del acontecimiento, decisivo en el camino de la reconquista de la democracia, Puntarenazo ha hecho las veces de revulsivo en sectores de la población chilena partidarios de la dictadura militar 1973-1990. Sectores que han reaccionado acorde, convirtiéndose en significativo indicador, pues uno/a creería que éstos debieran haber visto disminuir sus mesnadas con el tiempo. Aquí aporto algo de mi cosecha personal: de todos los/as amigos/as y conocidos/as que he hecho en el hermano país, por redes o visitándoles, he conectado con el 100% de ellos/as gracias a la Música. Y el 99.99% son, sino simpatizantes de izquierda, decididamente anti-pinochetistas. Pese a ello, lejos de traducirse estas cifras en su mengua, la derecha facha no ha decrecido; entorpeciendo el avance de la nación sureña.

Colgado a fines de octubre del ‘23 y apuntalado por la Fundación Cultural de Punta Arenas, Puntarenazo (Pueblo Nuevo) narra los hechos acaecidos antes/durante/después del singular episodio histórico, en orden cronológico y de primera mano. Para validar lo primero, basta conocer el desarrollo del incidente, fácil de googlear y de corroborar. Para lo segundo, Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf han compilado multitud de declaraciones de los protagonistas puntarenenses del suceso, así como grabaciones radiales y televisivas de aquel entonces. De este modo, la placa inicia situando al/a la escucha en la XII Región de Chile, la más austral no sólo de la república, sino también de Sudamérica. Amén del color de la ciudad y de la época, “Magallanes 1984” ofrece una muestra de la música que cultivará LlA en este trabajo, acaso el más dilatado de toda su trayectoria: forjado sobre las bases de una electrónica naturalista que el binomio cincela desde hace por lo menos tres lustros, el synth templado y austero del esférico se acomoda de tal forma que conecta sin sobresaltos con un ambient polimórfico, si bien existe cierta recurrencia comprensible hacia climas oscuros. Eventualmente otros visos se harán presentes -como el trip hop (“Resistencia”) o el proto industrial (“El Cabildo”).

Fragmentos de emisiones radiofónicas propaladas durante esas horas de zozobra se intercalan así con declaraciones que muchos años después, y tras el regreso al orden democrático, brindasen algunas de las personas que integraron la a todas luces espontánea manifestación contra la Junta Militar presidida por Pinochet. Espontánea, sí, en la medida en que involucró a ciudadanos/as de diferentes preferencias políticas, profesantes de distintos credos, militantes en diversos sindicatos y movimientos estudiantiles, provenientes de todos los estratos sociales. Los nombres de Marcos Buvinic, Omar Lavín, Carlos Mladinic, Manuel Rodríguez y Jorge Murillo se suman  a  otros  tal  vez menos patentes,  pero   que  asimismo   dan   fe  del  estado  de cosas -compartido en las demás regiones de Chile- que impulsó al pueblo de Magallanes a plantar cara al fallecido dictador, culpable de innumerables casos de violación de derechos humanos.

De esta guisa, Lluvia Ácida teje un relato del Puntarenazo revisitado desde una cuidada perspectiva histórica, que también contempla -cómo no- las reacciones en su contra por parte de simpatizantes locales del régimen (“Refugiados En La Catedral”). Relato esforzadamente matizado por un synth casi nunca pop -el dark ambient al que se acerca el tándem Aguilar-Cheuquelaf aflora sutilmente en “Gritos En La Plaza”, coronado por segmentos de una pulsante thrilltrónica que recuerda el score de la presagiosa Contagion (‘11), y detona en toda su lúgubre densidad en “El Bombazo”. “La TIFA”, que alude a la tarjeta identificatoria del personal perteneciente a las fuerzas armadas, atenúa el impacto del número anterior proponiendo una larga suite de ambient semi acústico; como mullendo la ruta de la solemne melodía de “Requiem Por Fátima”, compuesta en memoria del atentado contra la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Punta Arenas (e inspirada parcialmente en el tema central de la película Schindler’s List).

Puntarenazo termina diciendo “Nunca Más”, guiñando casi imperceptiblemente a la chacarera sin abandonar su codificación synth, que aquí se halla más cerca que nunca de acceder a la categoría pop. Otro capítulo indispensable en el luengo andar de Rafael y Héctor, quienes no sólo se comprometen con su medio ambiente, sino además con su historia (cf. el documental El Camino De La Memoria, de Cheuquelaf). Bajo ningún concepto ya, debe considerárseles sólo músicos, y con esto no creo estar diciendo nada nuevo.

No corrió mucho tiempo antes de que Brown Sur entregara sucesor de su versátil debut, Histeria Del Mundo (‘23), replegando el abanico de éste para avigorar las resonancias del siguiente paso. Nada Es Imposible es un mini-álbum donde Francisco Lillo Ortega y Claudio Lavin vierten ideas de manera más puntual respecto del estreno, cuya envoltura psicodélica admitía sonoridades de variopinta raíz: big music, pop/rock, indie... Precisamente es esta última aquella por la que el dueto ha decidido decantarse, al menos circunstancialmente.

No es una elección excluyente, obvio, aunque sí son notorias las cribas que permiten acceso a estilos que no se estrellen contra ese cajón de sastre en que ha devenido el indie rock de los 10s en adelante. Para muestra, la apertura “Relato”, cuyo robusto registro de paso suave concede libre albedrío a una guitarra de volátil incandescencia y a unas baquetas de laxa serenidad, mientras el spoken word divaga en medio de landscapes desérticos y algo surreales.

De similar acabado imponente también participan el cierre “Elixir”, “Aguacero” y “Nada Es Imposible”, si bien en estos dos últimos canales Brown Sur asoma mucho más sincronizado con un rock agreste y achorado. En tanto el track epónimo abre con un airado riff de grecas metálicas, bajando las lecturas de adrenalina pero no las de intensidad, a la par del incremento de sampleos varios; “Aguacero” tiene una mayor constancia en ese sentido, preocupándose de mantener el flirteo entre la mancuerna santiaguina y el folk.

No siendo Nada Es Imposible un plástico de muchas entradas (7), sólo queda pasar revista a aquellas en que es justamente el folk el actor principal. “Artefacto”, “Cerco” y “Pajarillo Verde” comparten dicha característica. El intro acústico de la primera declara esa predilección, sostenida incluso después de enchufarse, y otro tanto ocurre con “Cerco”. Previsiblemente, la expresión más acabada del contubernio entre indie y folk es “Pajarillo Verde”, todo un ejercicio de timing folkie muy en la onda del fantástico rock mestizo que inundase la región en los 90s -ayuda, claro, que se trate de una canción ajena (Cecilia Todd), extraída del repertorio de música autóctona de Venezuela.

Hákim de Merv

lunes, 28 de octubre de 2024

Demoler! Demoler! Demoler! The Story Of Rebeca Llave And Disperu, Home To Los Saicos

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de octubre de 2024.)

Coinciden las antiguas crónicas en que es DisPerú el primer sello independiente fundado por una mujer tanto a nivel Perú como Sudamérica. La gracia se la debemos a Rebeca Llave Vaccaro, quien con 17 eneros inicia las operaciones de su escudería en 1964, tras intenso fogueo en Dispesa -dupletearía en ambos frentes hasta 1968, año en que simplemente decidió pasar a otra cosa en la Vida. Pero ese lustro y sus copiosas referencias singleras bien le valieron un decisivo lugar en la historia de la música pop nacional.

Con Demoler! Demoler! Demoler! The Story Of Rebeca Llave And Disperu, Home To Los Saicos, la plataforma española Munster Records homenajea el legado de label y gestora recopilando en poco más de 37 minutos algunos de los que considera hitos representativos de tamaña trayectoria. Una que empezó apostando por sonidos beat, rock’n’roll y nuevaoleros, para terminar dirigiendo su atención a sociedades de ascendiente tropical (giro imposible de agradar a todos/as, ciertamente).

Como no podía ser de otra forma, el acetato es aperturado por la composición más difundida del buque insignia de DisPerú, Los Saicos; misma que por desgracia también ha devenido ya en trillado lugar común, de tanto que se recurre a ella: “Demolición”. Luego hacen su aparición nombres familiares de la época: Golden Boys, Jean Paul “El Troglodita”, Los Peruvian Brass... Incluso Los 4 Brillantes, abanderados uruguayos del shaker, son de la partida al haber sido editados por Llave Vaccaro. De ellos suena “Vuelve A Mi Barquita”, canción de mucha popularidad en esos días -con decirte que mi viejo se sabía la coreografía que desplegaba Ivonne Amorín en presentaciones televisivas.

De los citados Golden Boys se repesca “No Resisto Más”, a dos tiempos intercalándose sin cesar, uno usando modos de latin lover que para esas eras debían funcionar, y otro desenfrenadamente a gogó. Mientras, al recordado “Troglo” y a Los Peruvian Brass les representan respectivamente “Tema Del Troglodita” y “Vírgenes Del Sol”. El primero asumo corresponde a su edición 45 rpm, ya que Munster ha relanzado su inconseguible primer LP Tengo Un Mustang (1967) y la toma allí consignada no calza. Más allá de diferencias, “Tema...” pone de relieve por qué resultaba difícil clasificar el “cavernícola style” del chalaco como parte de la “nueva ola peruana”, o encuadrarle entre las hornadas de grupos de corte Los Incas Modernos o Los Belkings.

En cuanto a Los Peruvian Brass, su relectura del clásico de Jorge Bravo De Rueda luce mustia al lado de la que practicara el excelente conjunto ayacuchano Los Sideral’s. Completan este tramo la versión instrumental de “Te Amo” de Los Saicos (anteriormente difundida por Re-Psych-Led Records), el surf nuevaolero de Claudio Fabbri (“Fiesta De Verano”) y una curiosidad acreditada a la actriz Gloria Travesí e hijos (“Pobre Adán”).

Chano Scotty Y Su Combo Latino inaugura el segmento de la recopilación reservado a las sonoridades tropicalonas. La influencia de la cumbia colombiana es palpable desde los primeros minutos de “Prende La Vela”, y se extiende al amago de ¿mambo? de “Psicosis”, número donde Scotty se enyunta a Los Big Ben (a quienes me imagino les debemos los psicodelicoides frikismos terrorífico-gritones que le abren). El mismo sino siguen Alicia Estrada Y Su Orquesta, Los Guajiros Del Ritmo, Toño Y Sus Sicodélicos. La primera, sin mayores cambios (“Yolanda”, megaclásico de aquel entonces). Los segundos, atisbando en el horizonte el arribo de la supremacía de la salsa en el Caribe austral (“El Fresco”). Toño Y Sus Sicodélicos, haciendo gala de versatilidad tras haber entregado previamente “Mr. Boogaloo”, justamente en clave de boogaloo (género olvidado que gozó de cierta popularidad entre fines de los 60s y principios de los 70s, antes de que el sonido de Lavoe y Blades lo borrase de la historia). Prácticamente instrumental, el postrer “El Guayacol” -que ha de dedicarse a Waldir Sáenz, Christian Cueva y demás especímenes empinacodos de nuestra fauna local, exfutbolistas casi todos ellos- reafirma el influjo colocho.

Respecto de esta mitad, me parece mucho más interesante la cumbia que empezó a fermentar el Oriente peruano. No obstante, en la medida en que Demoler!... documenta un catálogo antes que un período o unas coordenadas histórico-geográficas concretas, no cabía sino que fuera fiel a aquello de lo que su historia da fe.

Hákim de Merv

jueves, 23 de mayo de 2024

Juegos Con Fronteras: ¿Se Está Convirtiendo Sudamérica En El Último Bastión De Una Huérfana Crítica In Spanish Especializada En Música Pop?

(Publicado originalmente a través de tres posteos en Facebook, el 9 de abril de 2024.)

A priori, me imagino que la interrogante con que encabezo esta nota sacará ronchas al por mayor, habida cuenta de la ambición e incluso soberbia que se le podría achacar. ¿Por qué Sudamérica en vez de Latinoamérica? ¿En qué situación está España, como para no considerársele? ¿Tiene la región una escena pop, independiente y/o mainstream, lo bastante representativa y sobre todo visible como para jactarse de una cosa así? Más importante aún, ¿el nivel de la pluma en esta parte del continente soporta la implícita aseveración?

La respuesta a la última pregunta esbozada es afirmativa, si bien debe tomársele de manera menos literal que figurativa. Al menos en este país (Perú), la prensa escrita especializada hace rato que agoniza. Los últimos medios serios resignaron posiciones a fines de los 00s. De allí en más, salvo experiencias aisladas -vg. el esfuerzo loable de la arequipeña Tesoros Mundanos, el fanzine Frecuencias (que de paso resucita el formato)-, los colectivos cedieron lugares a proyectos cuasi unipersonales cada vez más insulares. Ello, sin embargo, no supone la extinción de la crítica especializada; que ha encontrado otras maneras de seguir en la brega. Ahí están, para muestra, los programas radiales online, los videoblogs, los podcasts y los canales de YouTube.

El tema pasa entonces no sólo por la manera de encarar la labor, sino por lo rigurosamente documentados/as que deben mantenerse los/as responsables de éstas y otras tantas plataformas. Últimamente, he estado revisando muchos canales de YouTube enfocados en los diversos géneros del pop contemporáneo. La absoluta mayoría de ellos lo hace bastante bien cuando se trata de grupos y esféricos nuevos. Es en las revisiones del pasado, empero, donde localizo groseras fallas.

Verbigracia, el breve especial de tres partes que dedica Music Radar Clan a la añosa no wave neoyorquina. Me cae el conductor, basta escucharle algunos minutos y contemplar la variedad de estilos que audiciona -traducida en un menú harto variado de videos- para saber que el man la vive. No obstante, en el primer video que dedica al ¿estilo? antedicho patina rochosamente. Sitúa la génesis de la no wave a inicios de los 70s, cuando los estetas de New York iniciaron su cruzada impelidos por la revolución punk a partir del ‘77 -la idea era hacerle quedar como un manojo de riffs de Chuck Berry recalentados (en palabras de la histórica Lydia Lunch). Se alude a los primeros álbums de Sonic Youth y de Swans como las referencias no wavers más tempraneras (1983), cuando a principios de los 80s ese apocalipsis ya había pasado a mejor vida. En esa misma línea, se contradice mencionando el No New York (1978), carta de presentación curada/producida por Brian Eno. Y obvia detallar la discografía, en 33 y en 45, que sí pudo editarse en la época e inmediatamente después.

Antaño, uno/a podía esgrimir la disculpa de la falta de fuentes de información. Hoy, eso ya no es excusa. Pero aún en el hipotético caso de que no contásemos con Internet, en 1996 la revista Factory publicó un dossier sobre la no wave con info mucho más pormenorizada que la que puede extractarse del video señalado. Y la Factory fue una publicación española. Si yo, que estoy al otro lado del charco, he podido acceder a estas páginas a fines del siglo pasado; ¿cómo es posible que el conductor de MRC no?

Otro ejemplo del declive pronunciado que vive la prensa especializada ibérica lo ofrece el mismo canal de YouTube. Recuerdo que en su momento muchos medios latinoamericanos se rindieron ante las bondades de un disco como el Bocanada (1999), segundo en la trayectoria solista de Gustavo Cerati. No es mal trabajo en absoluto. De hecho, al menos en dos ocasiones he declarado que la carrera de Cerati me resulta bastante más atractiva que la de su grupo madre, Soda Stereo. La vaina es que, con los años y la creación de la biblioteca/meloteca/videoteca/pinacoteca global que es la Red, se ha ido descubriendo que -como dije hace poco- Cerati era en realidad un artista del muestreo.

Aprecio la sincera opinión del responsable de Music Radar Clan, quien sentencia que el Bocanada le parece uno de los mejores largos concebidos en lengua castellana. Que lo diga un español cuenta mucho, sin duda. El bemol es que ya existe buena cantidad de videos que se han tomado pacientemente la molestia de desbrozar las DECENAS de sampleos de que se valió el fallecido músico argentino para componer sus dos primeros trabajos -sobre todo el Bocanada. Que se haya servido de ellos, por supuesto, nada tiene de censurable. Lo malo, lo que es recontra cuestionable, es que no los acredita: salvo el sampleo de Focus (“Eruption”) en “Bocanada” y el de Los Jaivas (“Del Aire Al Aire”) en “Raíz”, que eran vox populi, Cerati ningunea a todos los demás. Y son legión: el brasileño Deodato, The Spencer Davis Group, el maestro John Barry, XTC, Porter Ricks... ¡Incluso la Steve Miller Band, The Electric Light Orchestra, Thomas Dolby!

Y, como ya te imaginarás, el choche de MRC ni enterado. En la casilla de acuciosidad, este brother no va a sacar nota aprobatoria. Cierto, es un caso puntual, pero lo suficientemente representativo como para poner en entredicho la meticulosidad de los medios españoles mejor documentados. Concordados ya en que la cosa anda de capa caída en la Madre Patria -después de todo, que Rock De Lux haya rendido la bandera fue un golpe doloroso cuyas consecuencias han trascendido allende la península ibérica-, ¿por qué decir “Sudamérica” y no “Latinoamérica”?

Podría aquí apelar a testimonios personales -como que, en un viaje a Argentina, el músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda comprobó que Loop, el viejo grupo de Robert Hampson; era más conocido en Perusalem que a orillas del Río De La Plata. O que, después de reseñar al acto mapocho Descargo Y Maleficio, desde el hermano país al sur de Tacna me escribieron “Haces más investigación sobre las bandas de acá que los propios periodistas musicales chilenos. Aguante”. O que pocos pares en la zona tienen la erudición de Fidel Gutiérrez, el mayor crítico de música pop que ha nacido bajo estos cielos.

Usemos argumentos más objetivos. Semanas atrás, encontré el canal de YouTube llamado Lado B. Lo dirige un mexicano. Al primer golpe de vista, asoma tan enciclopédico como Music Radar Clan. Y el conductor es igual de carismático. Le doy click a un video que lleva por título el curioso subject de “5 Bandas Con Discografías Perfectas”... y empiezan los problemas.

El carnal escoge para la ocasión a The Chameleons, Portishead, Slowdive, The Smiths y Talk Talk. Nada que objetar. Quiero decir, ya sabes de sobra que no me llevo bien con los/as fans del combo de Morrissey y Marr, pero no alegaré para no empezar discusiones a estas alturas estériles. Las discografías de Talk Talk, Slowdive y Portishead me parecen brillantísimas. En cuanto a The Chameleons, no he escuchado el disco del ‘01, Why Call Anything; por lo que no puedo decir si se trata de una trayectoria impoluta. Lo que sí puedo decir, en cambio, es que el cuate se ha salteado LPs de los de Middleton. Debo asumir, pues, que no conoce de su existencia -o los habría considerado, dado el tema del video. Se menciona el Script Of The Bridge (1983), el What Does Anything Mean? Basically (1985) y el Strange Times (1986). Hasta ahí todo conforme. El paso en falso se produce cuando se dispara hasta el Why..., obviando tanto el Dali's Picture (1993) como el Strip (2000).

Que The Chameleons tenga o no una discografía inmaculada, no es lo que se discute. No es una apreciación subjetiva lo que se pone en entredicho, sino un dato fáctico. Si en los casos de Portishead, The Smiths, Talk Talk y Slowdive has revisado y defendido tu opinión enumerando todos sus discos en estudio; ¿por qué no ocurre lo mismo con The Chameleons? La única explicación lógica es que no los conoces. Por lo demás, es un acierto mayúsculo la opinión vertida y reivindicativa en torno a Talk Talk, banda injustamente infravalorada que en los 80s dio pie a un pop redondo e imprescindible. Si por mí fuera, le daría un Nobel póstumo de literatura a Mark Hollis -de los pocos cantautores que amo de manera incondicional.

Una última muestra de la ausencia de perspectiva. Lado B decide elaborar un top 50 con los mejores discos de los 80s. Ok. Hay cosas que no me cierran, pero bueno, es finalmente su criterio. Con lo que estoy en abierto desacuerdo es con el número 1 de su lista: el homónimo debut de The Stone Roses. ¿Por qué? No porque el plástico sea malo. Es todo lo contrario. Con todo, su sonido es mucho más 90s que 80s, como sucede asimismo con otros precursores como Pixies, Jane's Addiction, Sonic Youth, Big Black o Butthole Surfers. ¿Qué tan atinado es escoger para el primer lugar un álbum que no es tan representativo de la década en cuestión como sí heraldo del sonido de la que viene?

El largo de los Roses sale a la venta en 1989. Remarco la fecha para traer a colación algo que aprendí en una clase de Historia Del Arte durante los días universitarios, y que se puede sintetizar más o menos así: “los últimos años de una década ya no son esa década, sino la siguiente”. Después de 1987, acaso 1988, los 80s son una transición hacia los 90s.

No son pocas las personas (de éste y del otro lado del mundo), ni han sido pocas las ocasiones, en que se ha reconocido la calidad de la prensa especializada sudamericana; ésa que integra la perucha. Triste destino el de esta última, que vanamente redobla esfuerzos en pro de una excelente escena independiente marginada casi por entero de los medios masivos -y cuyo radio de acción/difusión se halla por ende imposibilitado de acceder a grandes audiencias. Sin pretenderlo, la escena independiente nacional vive aprisionada en una burbuja que la obturada mass media mantiene herméticamente sellada. Y ya sabemos lo que, tarde o temprano, sucede con las burbujas.

Hákim de Merv

miércoles, 7 de junio de 2023

Juan Pablo Villanueva · Saldando Cuentas Pendientes: Las Bandas Olvidadas Del Underground Peruano 1990 - 2010

(Elaborado a partir de un posteo publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de abril del 2023.)

Desenredar los innumerables hilos con que se entreteje una crónica, cualquiera sea su naturaleza, siempre va a ser empresa ardua -por no decir intrincada. Si lo es teniendo todo a favor, imagínate lo que es con varios hándicaps encima: relato coral, desinterés de uno/a o más de los/as protagonistas, legado a auscultar escaso o nulo, acceso parcial/restringido a documentos de época... Multiplica el factor de dificultad por la cifra correspondiente a quince biografías, aunque no todas completen la cartilla, y vas a tener que hacer frente a un proyecto in-men-so. Sin otro apoyo que el de los/as compas que se compran el pleito. Sin más fondos que los tuyos propios.

Tras dos bienios de exhaustiva investigación y demandante trabajo de campo, Juan Pablo Villanueva ha editado Saldando Cuentas Pendientes: Las Bandas Olvidadas Del Underground Peruano 1990 - 2010. De arranque, el subtítulo establece determinados parámetros, el más notorio de los cuales es el del período de tiempo. Desde que empezase el boom de la literatura referida a las músicas peruanas de diversa índole, probablemente sea éste el primer esfuerzo de largo aliento posicionado de los 90s en adelante. El detalle es importante, porque las revisiones bibliográficas hasta ahora bocetadas se han orientado a la fundacional escena peruana instro-garage-surf-beat, que floreció entre el ‘63 y el ‘75; o en su defecto enfocado en el rock subterráneo mal llamado “clásico” (80s y principios de los 90s).

La segunda particularidad a resaltar se vincula al campo específico de acción -los circuitos independientes nacionales. Hace casi cuarenta años se pretendió consolidar una movida mainstream que, instantáneamente, quedó fosilizada. Con el tiempo, se incorporó uno que otro nombre, pero aún hoy esa entelequia sigue siendo propiedad de los mismos sospechosos de siempre. Para verificar esta afirmación, basta con escuchar por espacio de media hora la “radio-rock” de tu preferencia, o chequear ese bodrio fílmico que responde al nombre de Avenida Larco: al risible Pedro Suárez-Vértiz, los cochambrosos Río, el veintiúnico hit de Jas o los vendidos NoseQuién Y NoseCuántos; sólo se les deja de lado para poner canciones de conjuntos pusilánimes como Libido o Mar De Copas.

Con pros y contras, el underground peruano sobrevive como la suma de territorios todavía vírgenes para audiencias masivas, donde las ideas se vuelven más avezadas; sin importar la densidad o liviandad de las variopintas propuestas que dentro de sus linderos grupos y solistas concretan. De todas ellas, Villanueva ha escogido reivindicar el espectro hardcore punk, salvo algunas excepciones evidentes ni bien se interroga el índice -Insumisión (industrial y gabber), Perú No Existe (post punk), Atrofia Cerebral (grindcore) y Dios Hastío (crustcore). Por sus páginas, en efecto, desfilan gentes como Paroximia, Autonomía, D(estruye)H(uye y)K(rea), Irreverentes, Morbo, Generación Perdida, Deskontento y P(ateando)T(u)K(ara). Combos todos ellos comprometidos con el punk y el hardcore en sus diferentes encarnaciones -destroy, fastcore, d-beat, punk español, power violence, etc. Por qué asumir la rehabilitación de estas asociaciones y no la de otras, es algo tan subjetivo como válido -total, bandas extraviadas en los anales de la historia de la música pop perucha hay para regalar a manos llenas.

En Saldando Cuentas Pendientes..., el frontman de Fukuyama ha apelado a una estructura mixta. Por un lado, el texto toma apunte de lo mostrado en Por Favor, Mátame (‘96), esa historia oral elaborada a partir de declaraciones de los/as principales animadores/as del estallido punk, hilvanadas por Gillian McCain y Legs McNeil. Por otro lado, y a diferencia de Por Favor..., el autor ha articulado no sólo las palabras concedidas ex profeso para su libro por individuos pertenecientes a los varios estamentos que conforman una escena/subescena; sino también ha rescatado reseñas y notas periodísticas publicadas durante y después de esos convulsos almanaques. La argamasa que ha unificado todos esos sintagmas de información ha sido la voz de Villanueva, no sólo a través de largas introducciones y concatenando párrafos para darle una dirección a la narrativa de cada capítulo, sino también con sendos acápites que proveen de contexto al lector/a la lectora según la década que corresponda y un interesante epílogo de visos historiográficos separado en dos segmentos -el cuestionamiento de la etiqueta “rock subterráneo” y el futuro de los remozados circuitos hardcore punk. Afortunadamente, pues, el volumen no se contenta con ser un mero registro compilador de los anecdóticos decires de otros/as; como sucede con el dizque “clásico” de McNeil y McCain.

Entonces, ...Las Bandas Olvidadas Del Underground Peruano 1990 - 2010 merecería una salva unánime de aplausos por el esfuerzo, profundo y serísimo, puesto en reconstruir lo más objetivamente posible los caminos -todos ellos accidentados- de quince formaciones que desempeñaran roles importantes, según criterio del escritor, desde las trincheras de resistencia que cada una ocupó de cara al mainstream. Lo merecería aún más, si la intención original de Villanueva se hubiese realizado, ya que el primigenio esquema contemplaba además a Nada Tuyo, Contracorriente, Muerta Humanidad, Carnaval Patético y Kaos Endémico. Esto es, ya sentado el músico a planificar en serio el libro -porque cuando éste era apenas una idea sin contornos precisos, se pensó asimismo en SFC y en Manganzoides (estos últimos descartados de plano porque, si bien geniales, fueron todo en su tiempo menos olvidados).

La loable iniciativa de Juan Pablo parece no contar en absoluto, sin embargo, para un sector de la movida independiente nativa; que más de un mes antes de colocar la editorial Entes Anómicos en venta el texto vilipendió a éste y a su padre, enumerando otros tantos alias perdidos con el propósito de minimizarles. Más grave -de cara a los incitadores, claro- ha sido esgrimir alegatos relativos a la cuestión de la equidad de género. Sobre lo primero, habría que recordar que cualquier libro puede escribirse a partir de la idea más pequeña, sin otra justificación previa que la del gusto. Como es evidente, puedes estar de acuerdo o no con el criterio de selección del autor -por qué resarcir géneros que en el fondo no ofrecen ya nada nuevo, o por qué revalorar bandas deplorables como Irreverentes o Anfo. Lo que no puede hacerse es condenar casi 250 páginas en ese momento inéditas, de impecable investigación testimonial, sólo por el hecho de colgarles el “sambenito” del hardcore punk -o porque no ha sido considerado tal o cual grupo.

Y sobre lo segundo, igualmente habría que recordar que, cuando eliges un tema de tesis; el punto focal sobre el que deben converger los esfuerzos de documentación y argumentación es precisamente ese tema -o el jurado que evalúa la tesis comenzará a hacerla añicos. Personaje histórico de la movida (Atrofia Cerebral, Descarga Nociva, Espirales, Matus, TRIBU), Richard Nossar ha señalado que la proporción entre hombres y mujeres al interior de los line-ups surgidos durante los 80s y los 90s era cualquier cosa menos proporcionada. Es cierto. No menos relevante que esa aseveración es preguntarse por qué, pero ésa es una interrogante que absolutamente nada tiene que ver con el corazón de Saldando Cuentas Pendientes... Villanueva seleccionó una veintena de grupos que considera fueron excelentes y a la vez ninguneados, de veinte pasaron a ser quince porque cinco lo huevearon hasta que se cansó de esperarles/de arranque no quisieron saber nada del asunto/estaban completamente desaparecidos, y de los quince restantes él le dio tribuna a todos/as quienes quisieron relatar su versión de la historia grupal que estelarizaron. En esa selección, nada tuvo que ver el género. Allí están, para ejemplo, los testimonios de las mujeres que participaron en Generación Perdida (Aracelli), en Ratas Rabiosas (Sandra) y en Perú No Existe (Katty). Incluso es menester considerar la decisión de no declarar de Rochi (Irreverentes), a pesar de las muchas veces que Villanueva insistió en ello. Por qué el resto de alineaciones no incluyó féminas, es una cuestión que los demás integrantes y las propias mujeres que pululaban en las escenas independientes deben responder, poniéndose así la cuestión sobre la mesa en otra oportunidad -y que el texto de Villanueva, que lo que está haciendo es historiar el devenir de esos combos, no tiene por qué absolver.

Pese a que algunas plumas han calificado el libro de altamente recomendable (me incluyo), hay un par de instancias que impiden que ...Las Bandas Olvidadas Del Underground Peruano 1990 - 2010 obtenga puntaje perfecto. Una de ellas está referida al aspecto formal, mientras que la otra se relaciona más al enfoque de su contenido. Con relación a la primera, existen discrepancias entre el índice y el texto a partir del capítulo de Atrofia Cerebral: éste debería empezar en la página 117 y lo hace en la 119. En similar situación se hallan todos los capítulos posteriores (Anfo, Irreverentes, DHK, Paroximia, Morbo, Ratas Rabiosas, Deskontento...).

Con relación a la segunda, durante una de las presentaciones de Saldando Cuentas Pendientes... la ponente Teresa Cabrera advirtió que en algunos pasajes de la obra, la única voz agresiva es la del autor. Observación pertinente. A despecho de sus años en Kill The ‘Zine, a la pluma de Juan Pablo todavía le falta curtirse y crecer -entender que, así como todo no es puro academicismo, tampoco todo es pura calle. En la aún corta tradición de crítica de música pop elaborada en el Perú -escrita, narrada, audiovisual-, los exponentes más visiblemente reconocidos han demostrado que la ruta a seguir es la del aristotélico justo medio. Un repaso a los artículos de Pedro Cornejo correspondientes a la primera mitad de los 90s, al legado de Caleta, a la primera etapa del hoy inexistente Sigfrido Letal, o a la incansable chamba del mejor crítico de pop/rock que ha tenido el país, Fidel Gutiérrez (quien prologa SCP...); es suficiente para caer en la cuenta de ello.

Ambos reparos pueden corregirse en una segunda edición. Ello, por supuesto, depende de factores ajenos a la (buena) voluntad de los involucrados en la confección y producción del libro -del que, de otro modo, bien ya podría hablarse como de paradigma para futuras investigaciones. Cabe preguntarse cuánto tiempo habrá que esperar para que esfuerzos similares hagan lo propio con agrupaciones de sesgo dark-gothic (Azules Moros, Danza Rota, La Devoción, Espergesia, Flagelo Clériga, Terminar, Feudales, Aura, Pompeya, Ilusión Marchita), indie (La Molicie, Persépolis, Rojos Calientes, Callahan, Rayobac, Golden Chameleons, Cabezas Descalzas, Mi Jardín Secreto, Cocaína, Moon Over Soho), avant-garde (Lunik, Yume Station, Tica, Jardín, M.A.R.U.J.A., Colores En Espiral, Ozono, Rapapay, L- Ror, StereoKultivoX). Eso, por mencionar sólo tres estilos en los que nuestros circuitos independientes han sido generosos en cuanto a producción -y cuya repercusión ha sido magra en lo concerniente a prensa (incluyendo la independiente, de hecho) y a público.

Hákim de Merv

jueves, 15 de septiembre de 2022

Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985​-​1991)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de septiembre del 2022.)

(Creo recordar que esto ya lo relaté en un texto previo -pero, como no estoy 100% seguro, lo vuelvo a hacer aquí. De cualquier modo, siempre es bueno tener muy presente lo dura, penosa y larga que fue esa conquista...)

Recién tras promediar los 00s, la música electrónica elaborada en predios peruanos comenzó a ser vista/escuchada/apreciada con ojos/oídos/mentes libres del prejuicio rockista para el cual las máximas ‘androginias’ soportables eran el “Mofo” de U2 o el Depeche Mode de Songs Of Faith And Devotion. Pergeñar música total o parcialmente sustentada en el empleo de teclados, sintetizadores y “gadgets” similares; te hacía merecedor/a en los 80s y 90s a una recatafila de insultos y vilipendios que cuestionaban tus dotes artísticas, cuando no las ninguneaban. Si a ello le sumas la precariedad que hacía estragos entre bandas y solistas de la escena subterránea/independiente al momento de plasmar, grabar y trasladar al directo sus delirios sonoros; las posibilidades de reivindicar antecesores y precursores de la movida electro local realizando una minuciosa exhumación se reducen a un dígito.

(Para que te hagas una idea, pongo el ejemplo de dos proyectos ochenteros de los que se tienen noticias por testimonios de quienes les vieron en esas ya lejanas épocas, y de los cuales no han sobrevivido sino los nombres: Ordalías -de cuya existencia da fe el fotógrafo Alfredo Vanini- y Urbanoide -unipersonal de El Agustino del que supe por un zutano que alguna vez fue mi amigo, y que hoy no llega ni a mal recuerdo-.)

Pintado así el panorama, era difícil que una rehabilitación como la que plantea Síntomas De Techno: Ondas Electrónicas Subterráneas Desde Perú (1985​-​1991) se arrogase puntuación perfecta. Sea radial o de vanguardia, la música pop contemporánea hecha bajo estos cielos no dispone hasta ahora de un archivo de acceso público o privado que acoja el legado de las generaciones pasadas adscritas al movimiento contracultural nacional (revistas, fanzines, manifiestos, libros, discos, maquetas, videos, etc). Mucho menos, la herencia de un género que estuvo mal visto hasta bien entrada la primera década del siglo XXI. De ahí que Buh Records haya echado mano de lo poco que a la fecha se ha restaurado y/o digitalizado.

Las escuelas electrónicas ilustradas por la compilación van del synth pop al industrial -e incluso al post industrial como lo entendían hace ocho lustros unos airados Einstürzende Neubauten. No es, con todo, un tour completo; ya que los del techno y del EBM son los otros dos únicos estilos representados, aunque ello se ve supeditado tanto a la carencia de cultores de otras tendencias como -de haber éstos existido- a la ausencia de documentación a la que acudir. Por el lado más hardcore de Síntomas De Techno..., a tema por cabeza, además de Ensamble y Círculo Interior están Disidentes y T De Cobre. En cuanto al primero, nace como cuarteto en 1989 y ha tenido diversidad de alineaciones, manteniéndose el vocalista Jorge González siempre al frente. Único de los actos aquí antologados en seguir con vida, “Industria De Odio” recupera los días en que Ensamble esgrimía un EBM brioso, antes de entregarse en cuerpo y alma a la dialéctica synth.

En cuanto a Disidentes, combo de Martín Ponce y Juver Reyes a.k.a. Hoover (Eutanasia, la saga Salón Dadá/Col Corazón), éste observaba un método de trabajo semejante al de los liderados por Blixa Bargeld: placas metálicas, fierros, cilindros, un megáfono... “Martillo” atestigua esa apocalíptica aura post industrial de entropía y ersatz que escupía furiosa la banda. Desintegrada ésta, Ponce volvió a las andadas con T De Cobre, line up donde había bastante más espacio para drum machines, casiotones y sintetizadores. “No, Nunca” es techno industrial de fines de los 80s, el update necesario respecto de Disidentes. Esta nueva incursión de Ponce sirvió de acicate para la formación de Círculo Interior, experiencia que operaba en coordenadas similares. Entonces nada hacía prever que los mismos que firmasen una composición como “Primera Secuencia” se convertirían, ya bajo el alias de Unidad Central, en los adalides del trance y la rave culture aquí.

Por el lado más asequible del muestrario, también a surco por testa, se encuentran Reacción (“Y De Aquí No Me Voy”) y Cuerpos Del Deseo (“En La Tiniebla”), firmantes de un synth pop elemental/bastante pedestre/de poco calado una vez aquilatada su valía arqueológica. Más recomendables son los números de unipersonales/agrupaciones que desdibujan los cotos estilísticos, como Meine Katze Und Ich (“La Gran Masa”), Paisaje Electrónico (“X2) y El Sueño De Alí (“A Dónde”). Era esta última una curiosa terna que mixturaba synth y new wave, con varias ideas puestas a prueba en su unigénita maqueta En El Valle Del Placer (1991), semilla de la que potencialmente pudieron emerger decenas de entidades de disímil perfil -por desgracia, lo único que brotó fue un conjunto de pop trucho como La Liga Del Sueño. De otro lado, Paisaje Electrónico fue una identidad paralela de Fernando “Cachorro” Vial (Feudales, Espirales, Pompeya), orientada al minimal synth a despecho de la prodigalidad con que su soporte rítmico estaba seteado. Y MKUI es un insospechado híbrido de electro-dark y no wave de muchos vasos comunicantes con esas canciones de Narcosis en las que el legendario trío iba más allá del catecismo punk (cf. “Asfixia”, “Destino”, “Slacks Asesina” o “La Danza De Los Cristales”). Sintomáticamente, estas tres identidades fueron impelidas por ex integrantes de Narcosis: “Cachorro” en Paisaje Electrónico, Jorge Madueño En El Sueño De Alí, Wicho García en Meine Katze Und Ich.

Aún considerando todos los escollos que ha debido salvar, pudo Síntomas De Techno... haber obtenido un score más alto del que finalmente recibe. En primer lugar, nada costaba abrir un poco más el arco de tiempo precisado en el título, para así posibilitar el rescate de otros seudónimos: Sombras Del Teatro, Arián 1, Casus Belli, Pozí... En segundo lugar, se hubiera así ofrecido un repertorio asaz suculento, en vez de los menos de 40 minutos que el esférico encaja. Si la idea no es atosigar, tampoco debe serlo dejar con ganas de más.

Y en tercer lugar, no es éste un artefacto que acredite mucho esfuerzo detrás, más allá de las liner notes y la masterización. Entiendo la dificultad, por no decir imposibilidad, de conseguir registros de época, pero ya estaban disponibles a través de otros títulos las seis primeras pistas del vinilo -dos tercios del álbum. Disidentes tiene dos trabajos editados con las grabaciones que pudieron salvarse del Olvido (Ensayos Y Concierto 1988 del ”sello” La Venganza De Los Nerds, 1987-1988 de Discos Invisibles). Los demos de Cuerpos Del Deseo (Por Una Razón, 1991) y de El Sueño De Alí están colgados en YouTube. “X2” de Paisaje Electrónico y “No, Nunca” de T De Cobre fueron repescados en La Historia Del Rock Subterráneo 1985-1992 (11y6 Discos, 2010), compilación curada por Leonardo Bacteria. Y “La Gran Masa” de Meine Katze Und Ich aparecía en la segunda rodaja de Caleta Finale (2002), díptico con que la inolvidable revista Caleta se despidió de sus lectores. Verdad que con una versión ligeramente distinta, pero no es ése el punto. Si SDT... está funcionando de maravillas en el exterior, no ocurre lo mismo de puertas adentro, sobre todo entre quienes llevamos ya mucho tiempo en cancha y conocemos los intrilingüis y vericuetos del devenir de la música pop perucha.

Hákim de Merv

jueves, 1 de septiembre de 2022

Rafael Cheuquelaf: Camino Interior // Juan Desordenado: Visiones

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de agosto del 2022.)

Aún siendo EP una de ellas, tres entregas concienzudamente chambeadas en cuatro años es muy buena media para cualquier carrera solista cuya andadura no implique desatenciones hacia el grupo matriz (que también alumbrase nueva placa en paralelo). Que éste, más bien, haya servido de modelo para que lo nuevo del unipersonal sea simultáneamente audio y video; no hace sino sacar brillo a ese promedio. Y que una moderada inquietud oriente las evoluciones de aquel íngrimo trajinar, viene a ser algo así como la (temporal) guinda del pastel.

Quince meses después de su habilidosa reinvención synth en Austronáutica, a través de Camino Interior postula Rafael Cheuquelaf una reconversión levemente trip hop. Contemplativa, serena, casi estoica. Cierto que ayuda la reducida extensión del registro, que apenas si excede la media hora, pero también el adoptar narrativas atemporales tramadas desde la propia experiencia vital forjada por una de las geografías más agrestes de la Tierra. Si es éste un rasgo que jamás ha obviado la música del magallánico, ya con Lluvia Ácida o por cuenta propia, aquí gana ¿alturas? ¿simas? antes inéditas.

Lejos de ser una exageración aquello de la filiación Bristol, tras anunciarla algo dubitativamente en “Rumbo Al Horizonte”, ésta queda sentada en “Seres De La Estepa”. Dicha constante sólo cede en “Los Que No Volvieron”, en favor del output electrónico que cultivasen Jarre y sobre todo Vangelis. El crescendo de flautas al declinar las opacidades de “La Guerra Que No Fue”, la críptica densidad de “Habitantes De La Ausencia”, la impresionante soledad ruidosa/ruinosa de “La Sombra De Un Bosque”; sondean el distintivo patrón rítmico del trip hop para dar peso y volumen a una estética que abraza el aislamiento y el abandono de parajes deshabitados, y la melancolía y desolación que de ellos manan.

Al aludir a “Los Que No Volvieron”, decía que no bebe de las mismas aguas que casi todo el repertorio. Su perspectiva, sin embargo, no discuerda de la que siempre proyecta Camino Interior en torno suyo. Ni ese surco, ni los teclados asaltados por arrestos Hi-NRG de “La Sombra...”, ni los momentos finales de “Habitantes...”. El álbum luce tan coherente consigo mismo como el mediometraje homónimo que le acompaña: una lograda sucesión de fotografías realizadas por el propio Cheuquelaf, tanto a color como en blanco y negro. El movimiento de la cámara va de izquierda a derecha y viceversa, de arriba a abajo y viceversa, en zooms in y out; sin despojarse de esa sensación de naturaleza muerta que exhala cada toma.

Camino Interior ha sido cincelado en poco tiempo, prácticamente en semanas. La antigüedad del material de que se compone, en cambio, llega a los días más álgidos de la pandemia. El desaliento que ella infundió en nuestra especie, así como el temor y la incertidumbre, han marcado indefectiblemente la mirada que ahora echamos sobre nuestros hábitats; incluso después de haber logrado controlar la virulencia de la plaga. Esa misma mirada, aturdida, compleja, desasosegada; a fin de cuentas muy humana, que el puntarenense transmite en esta nueva parada sónica. Edita Pueblo Nuevo.

Al ingresar el año a su recta final, como que se hace muy difícil sintonizar todas las estaciones al mismo tiempo, por más que uno/a lo intente de veras. Inevitablemente, algo se ha de escurrir entre tus manos. Estas omisiones involuntarias no son graves si se trata de combos allende las fronteras, salvo que éstos hayan dado pie en bola a sorpresas más que encomiables. Mea culpa, entonces.

Juan Desordenado es el nom de guerre de Juan Pablo Órdenes, músico a cargo de la eléctrica en las bandas Columpios Al Suelo y Maifersoni, así como sesionista/apoyo de María José Ayarza (a) Chini.png (quien colaborase con Adelaida en Animita, actualmente el último opus de los valpeños). Según entiendo, su debut Visiones aparece al promediar noviembre del ’21, y es la diana que escondía bajo la manga el sello Fisura.

Órdenes menciona entre sus referentes al fenecido cellista Arthur Russell, a Sonic Boom y a Ryuichi Sakamoto (Yellow Magic Orchestra). Se queda corto, si puedo emitir opinión al respecto. Sí, hay suficientes pasajes de Visiones embebidos de noise rock como para hablar de dream pop e incluso de shoegazing. Empero, en el disco se percibe al santiaguino menos influenciado por estos géneros que por el indie de los 90s y de principios de la siguiente década. Esa ascendencia es tan apabullante e incombustible, que envuelve al CD en jirones radiantes. A ello coadyuva una admirable maleabilidad en la performance interpretada desde el madero de las seis cuerdas -ejecución llena de grácil delicadeza como en “Arrebol” o en “Vuelo Nocturno” (copada de esa saudade antifolk que el colectivo Elephant 6 convirtiera en marca asociada), lúcidamente festiva como en “Debajo, En La Cueva” (de exultante vivacidad), o impetuosa y potente como en “Corta El Pasto”.

¿Significa esto que el lado baggy de Juan Desordenado queda en rojo? Para nada. Éste aflora en canales como “El Sol”, donde se deja escuchar la susurrante voz de la Ayarza, y el resultado estimula la imaginación alucinándote con una versión serie B de Fleeting Joys. O en el track epónimo, de tempraneros efluvios shoegazing, lo mismo que la coda. Es notorio, así y todo, que el guitarrista se siente más a gusto imprimiendo una telemetría slacker a las composiciones. Los arcos de feedback en una pista como “La Lluvia Que Cae Sobre Las Ciudades De Neón” no consiguen disimular esa sensación a Red House Painters circa 4AD, por ejemplo. Tampoco la placidez risueña de “Debajo...” oblitera el pastrulo rush epigónico a lo Guided By Voices. Y, sin duda, las inflexiones tributarias de Pedro The Lion o los Arcade Fire de The Suburbs (2010) truenan más fuerte que el noise en “Visiones”.

Una jornada preciosa, puntillista y de acabado lo fi, la de Juan Desordenado. No haber prestado oídos en su momento a esta exquisita reflexión sobre el Sonido sería causal de sobra para hacer penitencia mortificando la carne. Por suerte, ya no vivimos en esas oscuras épocas, y siempre valdrá más el “tarde” que el “nunca”.

Hákim de Merv