(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 30 de abril de 2025.)
Segundo volumen que recupera porciones del
trabajo registrado entre inicios de los 80s y mediados de los 90s, con Travesías
la ucraniana-venezolana Oksana Linde se ha visto -felizmente- libre de la
reventadera de cohetes que supuso el precedente Aquatic And Other Worlds,
así como de una polémica en la que ella no tomó parte alguna. Esto último, a
raíz de ciertos comentarios que menudearon desde la prensa independiente
especializada, que desatinadamente la parangonaron a figuras de la talla de
Ursula Bogner o White Noise. Al menos ahora, por ende, podemos centrarnos sin
más en el contenido del acetato y en su específico contexto.
El período concreto en que se grabaron los números
seleccionados para este testimonial Travesías va de 1986 a 1994. Tres de
ellos fueron creados por la artista para su participación en el Tercer
Encuentro De La Nueva Música Electrónica, realizado en 1991: “Arrecifes Del
Espacio”, “Mundos Flotantes” y “Horizontes Lejanos” (nombres todos que apuntan
a un imaginario muy Roger Dean). Otros cuatro fechan su forja en los 80s,
pensados para sesiones reiki de curación alternativa, a las que Linde se
aficionó entonces: “Estrellas I”, “Kerepakupai Vena”, “Luciérnagas En Los
Manglares” y “Estrellas II”. “Sahara”, que igualmente debe inscribirse en el
intervalo señalado, completa el repertorio de una rodaja más pareja y armoniosa
que su diligente antecesora.
Esto porque Luis Alvarado de Buh Records,
sello nuevamente encargado de la edición, ha aplicado un criterio compilador
más uniforme y cohesionado. De la escuela berlinesa que también cultivase la
autora en las pistas de Aquatic..., muy poco sobrevive en Travesías
(denominación parcialmente reciclada de la que recibiera su presentación en el
evento mentado, ‘Travesía Acuastral’). Menos aún del prog electrónico. Aquí el
énfasis ha sido puesto en las líneas de teclado de fisionomías serena,
dramática y algo nostálgica. Los colores se revelan de idéntica variedad: vivaces,
apagados, encendidos, solemnes. Lo interesante es que pese al notorio grosor de
algunos de estos trazos (“Mundos Flotantes”), ellos siempre se muestran
quebradizos, como para no olvidar su cristalina morfología.
Guían manos y mente de la compositora una new
age de sesgo electrónico analógico, lo bastante volátil como para transformarse
en dungeon synth cuando aborda ambientes tenues en iluminación (“Horizontes
Lejanos”, la breve “Arrecifes Del Espacio”). Súmese a lo enumerado el hecho
evidente de haber sido estos temas cocidos a fuego lento, característica
perceptible desde la performance distendida y relajada (la apolínea “Sahara” es
casi una melodía de cuna), producto del sobrio equilibrio anímico y espiritual
de quien ejecuta -sólo se desborda en la melodramática “Luciérnagas En Los
Manglares”, así y todo bonita. Ídem desde la vibrante y florida decoración
(“Estrellas I”).
Masterizado por Alberto Cendra en Garden Lab
Audio, toda vez que sea mesuradamente, por donde se le juzgue es Travesías
un artefacto que ilustra con más justicia talento y talante de la joven Oksana.
La foto que adorna la carátula está firmada por Elisa Ochoa Linde, y diseño y arte
son de Gonzalo De Montreuil.
¿Has escuchado ese viejo adagio según el cual
todos/as los/as weirdos y weirdas/frikis/outsiders/locos y locas de una ciudad acaban
tarde o temprano conociéndose y compartiendo bando (cuando no banda)? Pues lo
mismo vale para las regiones y aún los continentes. Si ello era ya una perogrullada
en el siglo pasado, en éste se ha vuelto casi una ley inmutable universal, con
redes sociales, plataformas, videochats y salas virtuales.
Hace semanas, el músico chileno Tomás
Salvatierra compartió en su muro de Facebook el link hacia el epónimo debut en
largo del colectivo El Jardín De Las Matemáticas. He preferido atenerme a la
palabra “colectivo” porque, dadas sus peculiaridades en la alineación, no sé si
obtenga la continuidad que me facultaría a hablar de “grupo”. Si lo es, EJDLM
tiene el insólito mérito de haber juntado en un mismo tiempo y/o espacio
(virtual) a descastados que trashuman el espectro de extrañas frecuencias circundantes
a lo que alguna vez se definiera como “pop de vanguardia”. Para comprobarlo,
basta con una revisión a vuelo de pájaro de los antecedentes con que cuenta
cada conjurado.
Salvatierra y su coterráneo Álvaro Daguer
vienen de Glorias Navales, asociación oriunda de Viña Del Mar que se mantuvo
activa durante el segundo lustro de la década pasada, tocando en vivo una muy
particular aleación de polifonías devocionales y algo así como el lado B del
pellejo de la música de cámara. Daguer, además, ha estado/está en la celebrada
mancha avant psicodélica A Full Cosmic Sound y forma parte de ETCS Records. El
tercer integrante es el argentino Pablo Picco. Natural de Córdoba, el salsipuedino
acredita ya decenas de lanzamientos pese a haber empezado en el ‘16, utilizando
nombre civil, el de Valle De Galgos y el de Bardo Todol. Sus improvisaciones se
derivan de una estética fundada sobre el drone, grabaciones de campo, la tape
music y un folk de código abierto. Cuarto pero no por ello último, el
londinense Mark Harwood también es relativamente nuevo en esto de componer y
editar, aunque acaso sea el más avezado de los cuatro. En Offering
(‘22), siembra los mismos campos que sus compañeros, con el añadido de recurrir
mucho a una técnica cut and paste que genera desarrollos inquietantes.
¿Qué podría resultar, entonces, de la unión
de estos cuatro investigadores del Sonido? Pues un disco extrañísimo como El Jardín De Las Matemáticas (‘24), que recorre terrenos de música concreta,
parajes dibujados por la psicodelia más minimal que puedas alucinar,
soundscapes donde se vulnera a cada paso el concepto contemporáneo de lo que entendemos
por “música”, atmósferas de inspiración pretérita, geografías fagocitadas por
el zumbido del drone... Todo envuelto en una magnética aura de exotismo pagano,
de ritualismo que no sería del todo descaminado calificar de prehispánico, si
no fuera porque de aquello raramente posee uno que otro vestigio.
De ”Las Palabras Fueron Sonido” a “Pastoreo
De Cabras”, asistimos a una jornada que cualquier fenomenología no vacilaría en
tipificar como extraterrestre. Empleando instrumentación poco convencional como
el tambor chino, la ocarina o la flauta de búho; pero también gongs, sonajas, cintas
y un Korg MS-20; el cuarteto esculpe episodios de un agostamiento abrasivo, donde
pululan ruidos eyectados al azar, a veces sobre una tribal percusión
embrionaria -y a veces ni eso. En el corte homónimo la percusión aparece cuando
su mitad ha quedado bien atrás, por ejemplo, sosteniéndose éste desde el
principio gracias a un bajo que tampoco es fácil de etiquetar. Hay canales que
comienzan como una mera adición de sonoridades (“Luces De Montaña”), para sólo
bastante después perfilarse como música.
El trino monocorde de los pájaros (“El Golem
Gordo”), el canto inconfundible del agua (“Pastoreo De Cabras”), incluso una
solitaria y tímida voz casi inaudible (“El Problema De Suslin”); reciben tratamientos
distintos a los que se acostumbra dárseles, de la misma manera en que instrumentos
de cuerda son usados como si lo fueran de percusión, y herramientas como
silbatos y cornetillas parecen acabar libradas al azote del viento. Es gracias
a esta insular fusión de albur premeditado y metodología improvisacional que El
Jardín... se devela como asomándose desde los albores de la civilización
humana. Pocos documentos sonoros de reciente data pueden jactarse de ello -cf.
la fantástica labor conjunta de nuestros paisanos Ronald Sánchez y Fred Clarke.
Se porta Penultimate Press.
(Publicado originalmente a través de tres
posteos en Facebook, el 9 de abril de 2024.)
A priori, me imagino que la interrogante con
que encabezo esta nota sacará ronchas al por mayor, habida cuenta de la
ambición e incluso soberbia que se le podría achacar. ¿Por qué Sudamérica en
vez de Latinoamérica? ¿En qué situación está España, como para no
considerársele? ¿Tiene la región una escena pop, independiente y/o mainstream,
lo bastante representativa y sobre todo visible como para jactarse de una cosa
así? Más importante aún, ¿el nivel de la pluma en esta parte del continente
soporta la implícita aseveración?
La respuesta a la última pregunta esbozada es
afirmativa, si bien debe tomársele de manera menos literal que figurativa. Al
menos en este país (Perú), la prensa escrita especializada hace rato que
agoniza. Los últimos medios serios resignaron posiciones a fines de los 00s. De
allí en más, salvo experiencias aisladas -vg. el esfuerzo loable de la
arequipeña Tesoros Mundanos, el fanzine Frecuencias (que de paso
resucita el formato)-, los colectivos cedieron lugares a proyectos cuasi
unipersonales cada vez más insulares. Ello, sin embargo, no supone la extinción
de la crítica especializada; que ha encontrado otras maneras de seguir en la
brega. Ahí están, para muestra, los programas radiales online, los videoblogs,
los podcasts y los canales de YouTube.
El tema pasa entonces no sólo por la manera
de encarar la labor, sino por lo rigurosamente documentados/as que deben
mantenerse los/as responsables de éstas y otras tantas plataformas. Últimamente,
he estado revisando muchos canales de YouTube enfocados en los diversos géneros
del pop contemporáneo. La absoluta mayoría de ellos lo hace bastante bien
cuando se trata de grupos y esféricos nuevos. Es en las revisiones del pasado,
empero, donde localizo groseras fallas.
Verbigracia, el breve especial de tres partes
que dedica Music Radar Clan a la añosa no wave neoyorquina. Me cae el
conductor, basta escucharle algunos minutos y contemplar la variedad de estilos
que audiciona -traducida en un menú harto variado de videos- para saber que el
man la vive. No obstante, en el primer video que dedica al ¿estilo? antedicho
patina rochosamente. Sitúa la génesis de la no wave a inicios de los 70s,
cuando los estetas de New York iniciaron su cruzada impelidos por la revolución
punk a partir del ‘77 -la idea era hacerle quedar como un manojo de riffs de
Chuck Berry recalentados (en palabras de la histórica Lydia Lunch). Se alude a
los primeros álbums de Sonic Youth y de Swans como las referencias no wavers
más tempraneras (1983), cuando a principios de los 80s ese apocalipsis ya había
pasado a mejor vida. En esa misma línea, se contradice mencionando el No New
York (1978), carta de presentación curada/producida por Brian Eno. Y obvia
detallar la discografía, en 33 y en 45, que sí pudo editarse en la época e
inmediatamente después.
Antaño, uno/a podía esgrimir la disculpa de
la falta de fuentes de información. Hoy, eso ya no es excusa. Pero aún en el
hipotético caso de que no contásemos con Internet, en 1996 la revista Factory
publicó un dossier sobre la no wave con info mucho más pormenorizada que la que
puede extractarse del video señalado. Y la Factory fue una publicación
española. Si yo, que estoy al otro lado del charco, he podido acceder a estas
páginas a fines del siglo pasado; ¿cómo es posible que el conductor de MRC no?
Otro ejemplo del declive pronunciado que vive
la prensa especializada ibérica lo ofrece el mismo canal de YouTube. Recuerdo
que en su momento muchos medios latinoamericanos se rindieron ante las bondades
de un disco como el Bocanada (1999), segundo en la trayectoria solista
de Gustavo Cerati. No es mal trabajo en absoluto. De hecho, al menos en dos
ocasiones he declarado que la carrera de Cerati me resulta bastante más
atractiva que la de su grupo madre, Soda Stereo. La vaina es que, con los años
y la creación de la biblioteca/meloteca/videoteca/pinacoteca global que es la
Red, se ha ido descubriendo que -como dije hace poco- Cerati era en realidad un
artista del muestreo.
Aprecio la sincera opinión del responsable de
Music Radar Clan, quien sentencia que el Bocanada le parece uno de los
mejores largos concebidos en lengua castellana. Que lo diga un español cuenta
mucho, sin duda. El bemol es que ya existe buena cantidad de videos que se han
tomado pacientemente la molestia de desbrozar las DECENAS de sampleos de que se
valió el fallecido músico argentino para componer sus dos primeros trabajos
-sobre todo el Bocanada. Que se haya servido de ellos, por supuesto,
nada tiene de censurable. Lo malo, lo que es recontra cuestionable, es que no
los acredita: salvo el sampleo de Focus (“Eruption”) en “Bocanada” y el de Los
Jaivas (“Del Aire Al Aire”) en “Raíz”, que eran vox populi, Cerati ningunea a
todos los demás. Y son legión: el brasileño Deodato, The Spencer Davis Group,
el maestro John Barry, XTC, Porter Ricks... ¡Incluso la Steve Miller Band, The
Electric Light Orchestra, Thomas Dolby!
Y, como ya te imaginarás, el choche de MRC ni
enterado. En la casilla de acuciosidad, este brother no va a sacar nota
aprobatoria. Cierto, es un caso puntual, pero lo suficientemente representativo
como para poner en entredicho la meticulosidad de los medios españoles mejor
documentados. Concordados ya en que la cosa anda de capa caída en la Madre
Patria -después de todo, que Rock De Lux haya rendido la bandera fue un
golpe doloroso cuyas consecuencias han trascendido allende la península ibérica-,
¿por qué decir “Sudamérica” y no “Latinoamérica”?
Podría aquí apelar a testimonios personales
-como que, en un viaje a Argentina, el músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda
comprobó que Loop, el viejo grupo de Robert Hampson; era más conocido en
Perusalem que a orillas del Río De La Plata. O que, después de reseñar al acto
mapocho Descargo Y Maleficio, desde el hermano país al sur de Tacna me
escribieron “Haces más investigación sobre las bandas de acá que los propios
periodistas musicales chilenos. Aguante”. O que pocos pares en la zona tienen
la erudición de Fidel Gutiérrez, el mayor crítico de música pop que ha nacido
bajo estos cielos.
Usemos argumentos más objetivos. Semanas
atrás, encontré el canal de YouTube llamado Lado B. Lo dirige un mexicano. Al
primer golpe de vista, asoma tan enciclopédico como Music Radar Clan. Y el
conductor es igual de carismático. Le doy click a un video que lleva por título
el curioso subject de “5 Bandas Con Discografías Perfectas”... y empiezan los
problemas.
El carnal escoge para la ocasión a The
Chameleons, Portishead, Slowdive, The Smiths y Talk Talk. Nada que objetar.
Quiero decir, ya sabes de sobra que no me llevo bien con los/as fans del combo
de Morrissey y Marr, pero no alegaré para no empezar discusiones a estas
alturas estériles. Las discografías de Talk Talk, Slowdive y Portishead me
parecen brillantísimas. En cuanto a The Chameleons, no he escuchado el disco
del ‘01, Why Call Anything; por lo que no puedo decir si se trata de una
trayectoria impoluta. Lo que sí puedo decir, en cambio, es que el cuate se ha
salteado LPs de los de Middleton. Debo asumir, pues, que no conoce de su
existencia -o los habría considerado, dado el tema del video. Se menciona el Script
Of The Bridge (1983), el What Does Anything Mean? Basically (1985) y
el Strange Times (1986). Hasta ahí todo conforme. El paso en falso se
produce cuando se dispara hasta el Why..., obviando tanto el Dali's
Picture (1993) como el Strip (2000).
Que The Chameleons tenga o no una discografía
inmaculada, no es lo que se discute. No es una apreciación subjetiva lo que se
pone en entredicho, sino un dato fáctico. Si en los casos de Portishead, The
Smiths, Talk Talk y Slowdive has revisado y defendido tu opinión enumerando
todos sus discos en estudio; ¿por qué no ocurre lo mismo con The Chameleons? La
única explicación lógica es que no los conoces. Por lo demás, es un acierto
mayúsculo la opinión vertida y reivindicativa en torno a Talk Talk, banda injustamente
infravalorada que en los 80s dio pie a un pop redondo e imprescindible. Si por
mí fuera, le daría un Nobel póstumo de literatura a Mark Hollis -de los pocos
cantautores que amo de manera incondicional.
Una última muestra de la ausencia de
perspectiva. Lado B decide elaborar un top 50 con los mejores discos de los
80s. Ok. Hay cosas que no me cierran, pero bueno, es finalmente su criterio.
Con lo que estoy en abierto desacuerdo es con el número 1 de su lista: el
homónimo debut de The Stone Roses. ¿Por qué? No porque el plástico sea malo. Es
todo lo contrario. Con todo, su sonido es mucho más 90s que 80s, como sucede
asimismo con otros precursores como Pixies, Jane's Addiction, Sonic Youth, Big
Black o Butthole Surfers. ¿Qué tan atinado es escoger para el primer lugar un
álbum que no es tan representativo de la década en cuestión como sí heraldo del
sonido de la que viene?
El largo de los Roses sale a la venta en
1989. Remarco la fecha para traer a colación algo que aprendí en una clase de
Historia Del Arte durante los días universitarios, y que se puede sintetizar
más o menos así: “los últimos años de una década ya no son esa década, sino la
siguiente”. Después de 1987, acaso 1988, los 80s son una transición hacia los
90s.
No son pocas las personas (de éste y del otro
lado del mundo), ni han sido pocas las ocasiones, en que se ha reconocido la
calidad de la prensa especializada sudamericana; ésa que integra la perucha.
Triste destino el de esta última, que vanamente redobla esfuerzos en pro de una
excelente escena independiente marginada casi por entero de los medios masivos
-y cuyo radio de acción/difusión se halla por ende imposibilitado de acceder a
grandes audiencias. Sin pretenderlo, la escena independiente nacional vive
aprisionada en una burbuja que la obturada mass media mantiene herméticamente sellada.
Y ya sabemos lo que, tarde o temprano, sucede con las burbujas.
(Publicado
originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio del 2020.)
Tras algunos meses
arropados por consecutivos singles de adelanto, en marzo recibe luz verde lo
nuevo de Nax, banda con sede bonaerense en un inicio acto unipersonal de
Nicolás Castello. Por la trinchera gaucha han desfilado muchos músicos, lo que
dificulta tener clara la alineación de estos días: Gabriel Hernández, Juan
Marcos Hernández (desconozco si existe parentesco), Pablo Bugueiro Bertier, Jonathan
Sansone, Nicolás Garimano, Christian Bocon... Si debo hacerle caso a la info
consignada en BandCamp, los tres últimos y Castello son quienes actualmente dan
forman al line up.
El hoy cuarteto siempre
se ha tomado su tiempo para publicar. Parece que Nax cobra vida antes del 2009,
siendo 2013 el año en que se da a conocer con Amalgama EP. A partir de allí se suceden espaciadamente
lanzamientos cortos, 45s la mayoría de ellos, hasta arribar a Congelado. Debe considerarse a este
título su puesta de largo oleada y sacramentada, pues Lunas Azules (2016) es en la práctica un extended que apenas rebasa
la barrera de los 16 minutos.
Congelado, además, rescata surcos que llegan a
fecharse tres años atrás -lo cual le ayuda a dar pie en bola. “Celebrar
Aniversarios” y “Noche” rompen fuegos en accesible y correlona clave shoegazing,
empapada de cierta retórica indie (“Ya No
Andas En Patineta/Y No Querés Salir A
Visitar A Tus Amigos/Ya No Festejas
Tus Cumpleaños/Sólo Querés Quedarte
Componiendo Tus Canciones”). La mezcla de estudio premia a las quebradizas
guitarras, cuyos arpegios combustionan encerrados en un iglú. Mas fuera de su
vitalidad, y del hecho de adscribir al romanticismo melódico en forma y
contenido, no queda mucho por decir.
El verdadero inicio
de Congelado es “Haceme Olvidar”, número
más reflexivo y agridulce que sube los rangos noisicos y trastoca en sofocante
la indómita caricia del vendaval. Es éste, de otro lado, el punto de apoyo
sobre el que Nax se aviene a crecer. Verbigracia “Hechos De Agua”, que retoma
la fórmula inicial, sólo que volcándola de lleno hacia la senescente murria de
los días otoñales. Algo similar ocurre con la sucinta “Luna”, mientras que
“Ángeles De Hielo” opta por tempos más serenos.
En el último
segmento del disco, Castello y compañía equilibran todas las variables, desplegándolas
en su justa posición. La sección rítmica por fin emerge a la superficie,
imprimiendo convincente su huella en la psique del/de la escucha. Los giros
melancólicos de las vocales pasan de modo greca a modo viñeta, tal cual lo
consiguiesen en “Hechos De Agua”. Las eléctricas resplandecen en ejecuciones
que recuerdan a The Stargazer Lilies o Dream Suicides. Así, el rush que arranca
con la preciosa “Girasoles” y termina con el canal homónimo de esta entrega
alcanza su culmen en “Kria”, toma corregida y aumentada del lado B que
acompañase la primera versión single de “Celebrar Aniversarios” (2017).
Por su
caleidoscópico talante, los arreglos ambientales remiten veladamente a gente
como Glaare (darkgaze), Nicholas Nicholas (indie) o Catch The Breeze
(postpunkgaze). Lustre para un plástico al que, es justo explicitarlo, debes
darle un par de oportunidades. Por ahora, Nax consigue aprobar con una jornada
ácida... amarga... triste...
Acicateado tal vez
por el redescubrimiento y nuevo boom del minimal synth, el pop underground empieza
a rastrear con desesperación entre subgéneros aparecidos tras la erupción punk,
esperando encontrar vetas que insuflar de nueva vida; con el consiguiente
aumento estadísticamente improbable de aquello que en paleontología se denomina
“lazarus taxon” -en cristiano, especies (estilos) que se desvanecen durante x
intervalos geológicos (eras mediáticas), y bruscamente reaparecen después.
No es curioso que la
del gothic en su cepa noventas sea de las primeras reanimaciones tentadas.
Después de todo, existe un túnel de comunicación entre el territorio synth y el
primigenio dark (matriz de la que surgió el rock gótico): la coldwave. Sí es curioso,
en cambio, que el resucitado haya obtenido gran acogida en aquestos rumbos del
orbe; sobre todo en Colombia (Ferdinand Cärclash, Antiflvx, Cimientos Fecundos)
y en México (Stockhaussen, E N T R E M E N T I R A S, Macedonia, El Ojo Y La Navaja...),
como atestigua la nómina de InfraVox Records (Perú). Del país de las enchiladas es también Das Leiden, individual de Daniel Rossier que debutase en marzo del 2019
con el sencillo “Suffering”.
Wounds (marzo del año en curso) se balancea entre
el EP y el mini-álbum. Dada la naturaleza esencialmente sintética de la
artillería que desdobla el músico, el registro desprende desde su efímera
apertura “Purcell” un sabor similar al del electrodark de The Shroud o The
Electric Hellfire Club. Similar, no idéntico: conforme se suceden composiciones
como “Blood”, “Absinthe Drunk” o “Once Again I Sacrifice”; Das Leiden incorpora
la herencia de ese gothic cosecha 90s que, teniendo como principal referente a
The Sisters Of Mercy, se dejaba seducir por el metal y el industrial.
No obstante, es
recién con “Fühlen (Sentir)” y el single ya publicado -rebautizado “The
Suffering (Das Leiden)”- que se consolida el proceso de desafectación que
Rossier pusiese sobre el tapete tras los primeros acordes. El azteca desmonta el
modelo noventero extirpándole esa ampulosidad que terminó devorándolo,
desechando la recargada aparatosidad que lucía, simplificando y dinamizando su
sonido. Para cuando el láser recorre “The Suffering...” y “Fühlen...”, de la
teatralidad inherente al género no quedan ni las virutas.
Estimo que Wounds debe ser de las primeras placas minimal
goth que nos reservan los calendarios venideros. Pese a las incógnitas
penumbras que rasgan las gélidas coreografías maquinales propuestas por Das
Leiden, el camino todavía es largo, de cualquier modo -aún le falta evitar
resbalones como “In The Distance”, cliché a más no poder.
Sólo ha
transcurrido un bienio y Sexores vuelve con nuevo episodio discográfico, quinto
de su caminar si se contabilizan los mini-LPs Amok & Burnout (2011) y Red Rooms (2016). Todavía resuena en estos tímpanos East / West (2018), díptico en formato vinilo que explorase
respectivamente las facetas experimental y pop de la querida agrupación
ecuatoriana afincada en México. Este contraste de perspectivas no desaparece en
Salamanca, pero sí es sublimado
debido a varios factores. El más evidente de éstos es su extensión, pues la
nueva criatura no es doble.
El más trascendental,
inequívocamente, es el bifronte concepto que el dúo ha asumido a consciencia y trabajado
durante muchos meses. En efecto, Emilia Bahamonde (a) 2046 y David Yépez (a) 606
realizan una meticulosa investigación sonora acerca de macabras mitologías paganas,
tanto tradicionales -entiéndase folklóricas- como pop -entiéndase las provistas
por el cine-. Y lo hacen centrándose en el protagonismo que, en torno a estas
historias, recae sobre las brujas.
Otro factor
determinante ha sido el de la tecnología. Sabido es que la dupla siempre se ha
apoyado en ella. En Salamanca, la
aborda empleando software libre, lo que imprime en el largo una técnica más cerca
del ingenio y la creatividad que de la disponibilidad tecnológica de avanzada.
Más punk -una arista que suma al momento de encarar el contenido polisémico de Salamanca, esférico que también acusa
trazas de bipolar.
Sí, porque la
disparidad de temas se sucede sin tregua, pese a estar el viaje dominado por
innegables matices oscuros. La faceta experimental del binomio se materializa
desde el fugaz intro de “Aqueronte” (el más conocido de los ríos que atraviesan
el inframundo helénico), y se robustece en piezas como la pesadillesca “Death
By Burning” (calando la turba que ocasionaba cualquier ajusticiamiento
medieval), “Posism + Tiraclaurism” (retorcida programación sintética que inserta
a modo de coda un fragmento de “El Beso Que Te Di”, del dueto uruguayo Los
Olimareños), la densa “Crapaud” (oscura y monocorde, agregaría) o la canción
titular (un genuino aquelarre babélico).
La faceta digamos
pop -léase la más accesible- de Salamanca
no llega a ser ni tan cacofónica ni tan lúgubre como su contraparte
experimental, si bien sus logros no son menores. La maravillosa “Volantia”
avisa que el dream pop/shoegazing y la electrónica preservan su lugar central
en la dialéctica del tándem. En adelante, éstos y otros códigos serán moldeados
por el timing percusivo: así lo corroboran el medio tiempo de “Hannya”
(participa nuestra compatriota Noelia Cabrera, de Kusama, Blue Velvet e
Isolation Project; guiño de carambola a Onibaba),
el dream pop vigorizado de la veloz “The Depressing Sounds Of The Witch”, la
estupenda semi-balada “Mistress Of The Marble Hill”, el electrogaze de “Nos Lo
Dijo La Serpiente” o la sofisticada “Madre” (delicada melodía al piano con la
distorsión racionada).
La travesía ofrece dos
ocasiones en que ambas facetas se cruzan, produciendo ambientes de tensión
épica. Tanto en “Decretism” como en “Lámpades” (consagrada a las deidades que
acompañaban el séquito de la triforme Hécate), el shoegazing, el dark, la
electrónica y la atonalidad chocan frontalmente. La colisión provoca prodigios:
la luz, lo experimental, el pop, la lobreguez; conviven e interactúan por escasos
minutos. Poesía enajenante ahogada en saudade, que sólo en uno y otro caso
resiste ser filtrada y refractada.
Espero que Salamanca traiga a Sexores otra
vez por estas tierras, y nos permita disfrutar de su consabida presentación en
directo, cuando todo este chongo pandémico sea un mal recuerdo. Siempre es un
placer verles.
(Publicado
originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de marzo del 2018.)
Pese a su casi
pavorosa extensión, equivalente a unos seis CDs físicos, los réditos
llamémosles “artísticos” de Doomed & Stoned Latinoamérica Vol. I (2018) no son precisamente igual de dilatados.
Esta titánica
compilación es producto del trabajo conjunto realizado por la gente del
bilingüe blog homónimo, afanosamente dedicado al stoner rock y matices afines/confluyentes
-psicodelia, sludge, doom metal, prog, psych, etc. Efectivamente, nada más
entrar a la susodicha bitácora, puedes acceder a info correspondiente a casi
todas las escenas latinoamericanas adscritas a tales “géneros”: informes,
entrevistas, noticias, dossieres geográfico-temáticos, etc. Siempre que me topo
con esfuerzos como éste, creo conveniente subrayar la persistencia en la lucha,
el tesón puesto en juego, la independencia exhibida como bandera, el amor con
que se lleva a cabo esta laudabilísima labor...
Pero estaba
hablando del Doomed & Stoned... Vol.
I. Repasando el track list orquestado por Paul Bracamonte (Perú), Matheus
Jacques (Brasil), Roman Tamayo (México) y Gonzalo Brunelli (Argentina); veo incidencia
más que recurrente en los países de nuestras latitudes con mayor vastedad.
Están, aparte de los cuatro que acabo de consignar entre paréntesis, Colombia,
Uruguay, Chile, Venezuela, y Paraguay. Aparecen además USA, cuyo único
representante -Youngblood Supercult- figura en calidad de invitado especial, y
Puerto Rico. Las ausencias más notorias son las de Bolivia y Ecuador.
Cualquier
compilación de semejantes características tiene la difícil misión de ilustrar
las múltiples aristas del género al que se consagra, de repescar a sus
principales exponentes, y de cumplir además con una mínima cuota histórica -entiéndase
antologar los eventuales hitos del género, los precursores, etc. Equilibrar
todas estas variables en un único disco es empresa en la que se debe hilar
finísimo. Hacer lo propio en dos y hasta en tres, sería mucho menos complicado,
pero entiendo los obstáculos de logística y de financiación que un proyecto así
involucraría.
Se puede pecar por
exceso, sin embargo, y ése es el principal hándicap de Doomed & Stoned... Vol. I; lo que demuestra que más, por
fuerza, no es siempre mejor. Lo hecho por un tercio de estas bandas bien podría
haberse suprimido de esta masiva compilación, y los resultados hubieran
permanecido inalterables: output compacto, denso, descomunalmente estruendoso;
el bajo grávido, el tempo pasando del ralentí a la velocidad supersónica y
viceversa; agujeros negros implosionando metagalaxias en permanente ebullición
sonora... “Meta stoner”, como propuse una vez.
Así, pues, la falla
del Doomed... no es tanto su calidad
como su extensión. Cincuenta y nueve voces hablando cada una su propio dialecto
no termina siendo tan desgastante como cincuenta y nueve voces de las que al
menos una tercera parte repite lo que las otras dos ya han dicho. Quizá
reemplazar ese tercio iterante por grupos precursores del género en cada país
de la región hubiera hecho más llevadera la inacabable jornada. Quizá no. Cuando
menos, habríamos accedido a ese conocimiento -Matus en Perú, Supercaos en
Paraguay, Hielo Negro en Chile, etc.
Naturalmente, hablo
desde la perspectiva del lego en la materia. Si me tocase hacerlo desde la
perspectiva del fan del stoner y derivados, no existe ningún motivo de queja
-en cuyo caso, más siempre será mejor: IAH, Mano De Gloria, Demonauta,
HighGüey, Bruto, nuestros Ayahuasca Dark Trip, Vinnum Sabbathi, Psiconauta,
Knei, Necro... así, hasta llegar a cincuenta y nueve.
Aunque quién sabe
sí: Fuzzkrank (Paraguay) no figura, lo mismo que Color Horror, Las Cobras (ambos
representantes de Uruguay) o Vago Sagrado (Chile). Por lo menos a los tres
últimos se los pudo ver junto a IAH e Hijo De La Tormenta, en el marco del
Festival Undercaos III -el pasado 30 de marzo, en Lima, al lado de Liquidarlo Celuloide, Satánicos Marihuanos, La Ira De Dios, Mutant Geisha y Cholo Visceral;
entre otros.