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miércoles, 7 de mayo de 2025

Oksana Linde: Travesías // El Jardín De Las Matemáticas: El Jardín De Las Matemáticas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 30 de abril de 2025.)

Segundo volumen que recupera porciones del trabajo registrado entre inicios de los 80s y mediados de los 90s, con Travesías la ucraniana-venezolana Oksana Linde se ha visto -felizmente- libre de la reventadera de cohetes que supuso el precedente Aquatic And Other Worlds, así como de una polémica en la que ella no tomó parte alguna. Esto último, a raíz de ciertos comentarios que menudearon desde la prensa independiente especializada, que desatinadamente la parangonaron a figuras de la talla de Ursula Bogner o White Noise. Al menos ahora, por ende, podemos centrarnos sin más en el contenido del acetato y en su específico contexto.

El período concreto en que se grabaron los números seleccionados para este testimonial Travesías va de 1986 a 1994. Tres de ellos fueron creados por la artista para su participación en el Tercer Encuentro De La Nueva Música Electrónica, realizado en 1991: “Arrecifes Del Espacio”, “Mundos Flotantes” y “Horizontes Lejanos” (nombres todos que apuntan a un imaginario muy Roger Dean). Otros cuatro fechan su forja en los 80s, pensados para sesiones reiki de curación alternativa, a las que Linde se aficionó entonces: “Estrellas I”, “Kerepakupai Vena”, “Luciérnagas En Los Manglares” y “Estrellas II”. “Sahara”, que igualmente debe inscribirse en el intervalo señalado, completa el repertorio de una rodaja más pareja y armoniosa que su diligente antecesora.

Esto porque Luis Alvarado de Buh Records, sello nuevamente encargado de la edición, ha aplicado un criterio compilador más uniforme y cohesionado. De la escuela berlinesa que también cultivase la autora en las pistas de Aquatic..., muy poco sobrevive en Travesías (denominación parcialmente reciclada de la que recibiera su presentación en el evento mentado, ‘Travesía Acuastral’). Menos aún del prog electrónico. Aquí el énfasis ha sido puesto en las líneas de teclado de fisionomías serena, dramática y algo nostálgica. Los colores se revelan de idéntica variedad: vivaces, apagados, encendidos, solemnes. Lo interesante es que pese al notorio grosor de algunos de estos trazos (“Mundos Flotantes”), ellos siempre se muestran quebradizos, como para no olvidar su cristalina morfología.

Guían manos y mente de la compositora una new age de sesgo electrónico analógico, lo bastante volátil como para transformarse en dungeon synth cuando aborda ambientes tenues en iluminación (“Horizontes Lejanos”, la breve “Arrecifes Del Espacio”). Súmese a lo enumerado el hecho evidente de haber sido estos temas cocidos a fuego lento, característica perceptible desde la performance distendida y relajada (la apolínea “Sahara” es casi una melodía de cuna), producto del sobrio equilibrio anímico y espiritual de quien ejecuta -sólo se desborda en la melodramática “Luciérnagas En Los Manglares”, así y todo bonita. Ídem desde la vibrante y florida decoración (“Estrellas I”).

Masterizado por Alberto Cendra en Garden Lab Audio, toda vez que sea mesuradamente, por donde se le juzgue es Travesías un artefacto que ilustra con más justicia talento y talante de la joven Oksana. La foto que adorna la carátula está firmada por Elisa Ochoa Linde, y diseño y arte son de Gonzalo De Montreuil.

¿Has escuchado ese viejo adagio según el cual todos/as los/as weirdos y weirdas/frikis/outsiders/locos y locas de una ciudad acaban tarde o temprano conociéndose y compartiendo bando (cuando no banda)? Pues lo mismo vale para las regiones y aún los continentes. Si ello era ya una perogrullada en el siglo pasado, en éste se ha vuelto casi una ley inmutable universal, con redes sociales, plataformas, videochats y salas virtuales.

Hace semanas, el músico chileno Tomás Salvatierra compartió en su muro de Facebook el link hacia el epónimo debut en largo del colectivo El Jardín De Las Matemáticas. He preferido atenerme a la palabra “colectivo” porque, dadas sus peculiaridades en la alineación, no sé si obtenga la continuidad que me facultaría a hablar de “grupo”. Si lo es, EJDLM tiene el insólito mérito de haber juntado en un mismo tiempo y/o espacio (virtual) a descastados que trashuman el espectro de extrañas frecuencias circundantes a lo que alguna vez se definiera como “pop de vanguardia”. Para comprobarlo, basta con una revisión a vuelo de pájaro de los antecedentes con que cuenta cada conjurado.

Salvatierra y su coterráneo Álvaro Daguer vienen de Glorias Navales, asociación oriunda de Viña Del Mar que se mantuvo activa durante el segundo lustro de la década pasada, tocando en vivo una muy particular aleación de polifonías devocionales y algo así como el lado B del pellejo de la música de cámara. Daguer, además, ha estado/está en la celebrada mancha avant psicodélica A Full Cosmic Sound y forma parte de ETCS Records. El tercer integrante es el argentino Pablo Picco. Natural de Córdoba, el salsipuedino acredita ya decenas de lanzamientos pese a haber empezado en el ‘16, utilizando nombre civil, el de Valle De Galgos y el de Bardo Todol. Sus improvisaciones se derivan de una estética fundada sobre el drone, grabaciones de campo, la tape music y un folk de código abierto. Cuarto pero no por ello último, el londinense Mark Harwood también es relativamente nuevo en esto de componer y editar, aunque acaso sea el más avezado de los cuatro. En Offering (‘22), siembra los mismos campos que sus compañeros, con el añadido de recurrir mucho a una técnica cut and paste que genera desarrollos inquietantes.

¿Qué podría resultar, entonces, de la unión de estos cuatro investigadores del Sonido? Pues un disco extrañísimo como El Jardín De Las Matemáticas (‘24), que recorre terrenos de música concreta, parajes dibujados por la psicodelia más minimal que puedas alucinar, soundscapes donde se vulnera a cada paso el concepto contemporáneo de lo que entendemos por “música”, atmósferas de inspiración pretérita, geografías fagocitadas por el zumbido del drone... Todo envuelto en una magnética aura de exotismo pagano, de ritualismo que no sería del todo descaminado calificar de prehispánico, si no fuera porque de aquello raramente posee uno que otro vestigio.

De ”Las Palabras Fueron Sonido” a “Pastoreo De Cabras”, asistimos a una jornada que cualquier fenomenología no vacilaría en tipificar como extraterrestre. Empleando instrumentación poco convencional como el tambor chino, la ocarina o la flauta de búho; pero también gongs, sonajas, cintas y un Korg MS-20; el cuarteto esculpe episodios de un agostamiento abrasivo, donde pululan ruidos eyectados al azar, a veces sobre una tribal percusión embrionaria -y a veces ni eso. En el corte homónimo la percusión aparece cuando su mitad ha quedado bien atrás, por ejemplo, sosteniéndose éste desde el principio gracias a un bajo que tampoco es fácil de etiquetar. Hay canales que comienzan como una mera adición de sonoridades (“Luces De Montaña”), para sólo bastante después perfilarse como música.

El trino monocorde de los pájaros (“El Golem Gordo”), el canto inconfundible del agua (“Pastoreo De Cabras”), incluso una solitaria y tímida voz casi inaudible (“El Problema De Suslin”); reciben tratamientos distintos a los que se acostumbra dárseles, de la misma manera en que instrumentos de cuerda son usados como si lo fueran de percusión, y herramientas como silbatos y cornetillas parecen acabar libradas al azote del viento. Es gracias a esta insular fusión de albur premeditado y metodología improvisacional que El Jardín... se devela como asomándose desde los albores de la civilización humana. Pocos documentos sonoros de reciente data pueden jactarse de ello -cf. la fantástica labor conjunta de nuestros paisanos Ronald Sánchez y Fred Clarke. Se porta Penultimate Press.

Hákim de Merv

jueves, 23 de mayo de 2024

Juegos Con Fronteras: ¿Se Está Convirtiendo Sudamérica En El Último Bastión De Una Huérfana Crítica In Spanish Especializada En Música Pop?

(Publicado originalmente a través de tres posteos en Facebook, el 9 de abril de 2024.)

A priori, me imagino que la interrogante con que encabezo esta nota sacará ronchas al por mayor, habida cuenta de la ambición e incluso soberbia que se le podría achacar. ¿Por qué Sudamérica en vez de Latinoamérica? ¿En qué situación está España, como para no considerársele? ¿Tiene la región una escena pop, independiente y/o mainstream, lo bastante representativa y sobre todo visible como para jactarse de una cosa así? Más importante aún, ¿el nivel de la pluma en esta parte del continente soporta la implícita aseveración?

La respuesta a la última pregunta esbozada es afirmativa, si bien debe tomársele de manera menos literal que figurativa. Al menos en este país (Perú), la prensa escrita especializada hace rato que agoniza. Los últimos medios serios resignaron posiciones a fines de los 00s. De allí en más, salvo experiencias aisladas -vg. el esfuerzo loable de la arequipeña Tesoros Mundanos, el fanzine Frecuencias (que de paso resucita el formato)-, los colectivos cedieron lugares a proyectos cuasi unipersonales cada vez más insulares. Ello, sin embargo, no supone la extinción de la crítica especializada; que ha encontrado otras maneras de seguir en la brega. Ahí están, para muestra, los programas radiales online, los videoblogs, los podcasts y los canales de YouTube.

El tema pasa entonces no sólo por la manera de encarar la labor, sino por lo rigurosamente documentados/as que deben mantenerse los/as responsables de éstas y otras tantas plataformas. Últimamente, he estado revisando muchos canales de YouTube enfocados en los diversos géneros del pop contemporáneo. La absoluta mayoría de ellos lo hace bastante bien cuando se trata de grupos y esféricos nuevos. Es en las revisiones del pasado, empero, donde localizo groseras fallas.

Verbigracia, el breve especial de tres partes que dedica Music Radar Clan a la añosa no wave neoyorquina. Me cae el conductor, basta escucharle algunos minutos y contemplar la variedad de estilos que audiciona -traducida en un menú harto variado de videos- para saber que el man la vive. No obstante, en el primer video que dedica al ¿estilo? antedicho patina rochosamente. Sitúa la génesis de la no wave a inicios de los 70s, cuando los estetas de New York iniciaron su cruzada impelidos por la revolución punk a partir del ‘77 -la idea era hacerle quedar como un manojo de riffs de Chuck Berry recalentados (en palabras de la histórica Lydia Lunch). Se alude a los primeros álbums de Sonic Youth y de Swans como las referencias no wavers más tempraneras (1983), cuando a principios de los 80s ese apocalipsis ya había pasado a mejor vida. En esa misma línea, se contradice mencionando el No New York (1978), carta de presentación curada/producida por Brian Eno. Y obvia detallar la discografía, en 33 y en 45, que sí pudo editarse en la época e inmediatamente después.

Antaño, uno/a podía esgrimir la disculpa de la falta de fuentes de información. Hoy, eso ya no es excusa. Pero aún en el hipotético caso de que no contásemos con Internet, en 1996 la revista Factory publicó un dossier sobre la no wave con info mucho más pormenorizada que la que puede extractarse del video señalado. Y la Factory fue una publicación española. Si yo, que estoy al otro lado del charco, he podido acceder a estas páginas a fines del siglo pasado; ¿cómo es posible que el conductor de MRC no?

Otro ejemplo del declive pronunciado que vive la prensa especializada ibérica lo ofrece el mismo canal de YouTube. Recuerdo que en su momento muchos medios latinoamericanos se rindieron ante las bondades de un disco como el Bocanada (1999), segundo en la trayectoria solista de Gustavo Cerati. No es mal trabajo en absoluto. De hecho, al menos en dos ocasiones he declarado que la carrera de Cerati me resulta bastante más atractiva que la de su grupo madre, Soda Stereo. La vaina es que, con los años y la creación de la biblioteca/meloteca/videoteca/pinacoteca global que es la Red, se ha ido descubriendo que -como dije hace poco- Cerati era en realidad un artista del muestreo.

Aprecio la sincera opinión del responsable de Music Radar Clan, quien sentencia que el Bocanada le parece uno de los mejores largos concebidos en lengua castellana. Que lo diga un español cuenta mucho, sin duda. El bemol es que ya existe buena cantidad de videos que se han tomado pacientemente la molestia de desbrozar las DECENAS de sampleos de que se valió el fallecido músico argentino para componer sus dos primeros trabajos -sobre todo el Bocanada. Que se haya servido de ellos, por supuesto, nada tiene de censurable. Lo malo, lo que es recontra cuestionable, es que no los acredita: salvo el sampleo de Focus (“Eruption”) en “Bocanada” y el de Los Jaivas (“Del Aire Al Aire”) en “Raíz”, que eran vox populi, Cerati ningunea a todos los demás. Y son legión: el brasileño Deodato, The Spencer Davis Group, el maestro John Barry, XTC, Porter Ricks... ¡Incluso la Steve Miller Band, The Electric Light Orchestra, Thomas Dolby!

Y, como ya te imaginarás, el choche de MRC ni enterado. En la casilla de acuciosidad, este brother no va a sacar nota aprobatoria. Cierto, es un caso puntual, pero lo suficientemente representativo como para poner en entredicho la meticulosidad de los medios españoles mejor documentados. Concordados ya en que la cosa anda de capa caída en la Madre Patria -después de todo, que Rock De Lux haya rendido la bandera fue un golpe doloroso cuyas consecuencias han trascendido allende la península ibérica-, ¿por qué decir “Sudamérica” y no “Latinoamérica”?

Podría aquí apelar a testimonios personales -como que, en un viaje a Argentina, el músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda comprobó que Loop, el viejo grupo de Robert Hampson; era más conocido en Perusalem que a orillas del Río De La Plata. O que, después de reseñar al acto mapocho Descargo Y Maleficio, desde el hermano país al sur de Tacna me escribieron “Haces más investigación sobre las bandas de acá que los propios periodistas musicales chilenos. Aguante”. O que pocos pares en la zona tienen la erudición de Fidel Gutiérrez, el mayor crítico de música pop que ha nacido bajo estos cielos.

Usemos argumentos más objetivos. Semanas atrás, encontré el canal de YouTube llamado Lado B. Lo dirige un mexicano. Al primer golpe de vista, asoma tan enciclopédico como Music Radar Clan. Y el conductor es igual de carismático. Le doy click a un video que lleva por título el curioso subject de “5 Bandas Con Discografías Perfectas”... y empiezan los problemas.

El carnal escoge para la ocasión a The Chameleons, Portishead, Slowdive, The Smiths y Talk Talk. Nada que objetar. Quiero decir, ya sabes de sobra que no me llevo bien con los/as fans del combo de Morrissey y Marr, pero no alegaré para no empezar discusiones a estas alturas estériles. Las discografías de Talk Talk, Slowdive y Portishead me parecen brillantísimas. En cuanto a The Chameleons, no he escuchado el disco del ‘01, Why Call Anything; por lo que no puedo decir si se trata de una trayectoria impoluta. Lo que sí puedo decir, en cambio, es que el cuate se ha salteado LPs de los de Middleton. Debo asumir, pues, que no conoce de su existencia -o los habría considerado, dado el tema del video. Se menciona el Script Of The Bridge (1983), el What Does Anything Mean? Basically (1985) y el Strange Times (1986). Hasta ahí todo conforme. El paso en falso se produce cuando se dispara hasta el Why..., obviando tanto el Dali's Picture (1993) como el Strip (2000).

Que The Chameleons tenga o no una discografía inmaculada, no es lo que se discute. No es una apreciación subjetiva lo que se pone en entredicho, sino un dato fáctico. Si en los casos de Portishead, The Smiths, Talk Talk y Slowdive has revisado y defendido tu opinión enumerando todos sus discos en estudio; ¿por qué no ocurre lo mismo con The Chameleons? La única explicación lógica es que no los conoces. Por lo demás, es un acierto mayúsculo la opinión vertida y reivindicativa en torno a Talk Talk, banda injustamente infravalorada que en los 80s dio pie a un pop redondo e imprescindible. Si por mí fuera, le daría un Nobel póstumo de literatura a Mark Hollis -de los pocos cantautores que amo de manera incondicional.

Una última muestra de la ausencia de perspectiva. Lado B decide elaborar un top 50 con los mejores discos de los 80s. Ok. Hay cosas que no me cierran, pero bueno, es finalmente su criterio. Con lo que estoy en abierto desacuerdo es con el número 1 de su lista: el homónimo debut de The Stone Roses. ¿Por qué? No porque el plástico sea malo. Es todo lo contrario. Con todo, su sonido es mucho más 90s que 80s, como sucede asimismo con otros precursores como Pixies, Jane's Addiction, Sonic Youth, Big Black o Butthole Surfers. ¿Qué tan atinado es escoger para el primer lugar un álbum que no es tan representativo de la década en cuestión como sí heraldo del sonido de la que viene?

El largo de los Roses sale a la venta en 1989. Remarco la fecha para traer a colación algo que aprendí en una clase de Historia Del Arte durante los días universitarios, y que se puede sintetizar más o menos así: “los últimos años de una década ya no son esa década, sino la siguiente”. Después de 1987, acaso 1988, los 80s son una transición hacia los 90s.

No son pocas las personas (de éste y del otro lado del mundo), ni han sido pocas las ocasiones, en que se ha reconocido la calidad de la prensa especializada sudamericana; ésa que integra la perucha. Triste destino el de esta última, que vanamente redobla esfuerzos en pro de una excelente escena independiente marginada casi por entero de los medios masivos -y cuyo radio de acción/difusión se halla por ende imposibilitado de acceder a grandes audiencias. Sin pretenderlo, la escena independiente nacional vive aprisionada en una burbuja que la obturada mass media mantiene herméticamente sellada. Y ya sabemos lo que, tarde o temprano, sucede con las burbujas.

Hákim de Merv

jueves, 2 de julio de 2020

Nax: Congelado // Das Leiden: Wounds // Sexores: Salamanca

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio del 2020.)

Tras algunos meses arropados por consecutivos singles de adelanto, en marzo recibe luz verde lo nuevo de Nax, banda con sede bonaerense en un inicio acto unipersonal de Nicolás Castello. Por la trinchera gaucha han desfilado muchos músicos, lo que dificulta tener clara la alineación de estos días: Gabriel Hernández, Juan Marcos Hernández (desconozco si existe parentesco), Pablo Bugueiro Bertier, Jonathan Sansone, Nicolás Garimano, Christian Bocon... Si debo hacerle caso a la info consignada en BandCamp, los tres últimos y Castello son quienes actualmente dan forman al line up.

El hoy cuarteto siempre se ha tomado su tiempo para publicar. Parece que Nax cobra vida antes del 2009, siendo 2013 el año en que se da a conocer con Amalgama EP. A partir de allí se suceden espaciadamente lanzamientos cortos, 45s la mayoría de ellos, hasta arribar a Congelado. Debe considerarse a este título su puesta de largo oleada y sacramentada, pues Lunas Azules (2016) es en la práctica un extended que apenas rebasa la barrera de los 16 minutos.

Congelado, además, rescata surcos que llegan a fecharse tres años atrás -lo cual le ayuda a dar pie en bola. “Celebrar Aniversarios” y “Noche” rompen fuegos en accesible y correlona clave shoegazing, empapada de cierta retórica indie (“Ya No Andas En Patineta/Y No Querés Salir A Visitar A Tus Amigos/Ya No Festejas Tus Cumpleaños/Sólo Querés Quedarte Componiendo Tus Canciones”). La mezcla de estudio premia a las quebradizas guitarras, cuyos arpegios combustionan encerrados en un iglú. Mas fuera de su vitalidad, y del hecho de adscribir al romanticismo melódico en forma y contenido, no queda mucho por decir.

El verdadero inicio de Congelado es “Haceme Olvidar”, número más reflexivo y agridulce que sube los rangos noisicos y trastoca en sofocante la indómita caricia del vendaval. Es éste, de otro lado, el punto de apoyo sobre el que Nax se aviene a crecer. Verbigracia “Hechos De Agua”, que retoma la fórmula inicial, sólo que volcándola de lleno hacia la senescente murria de los días otoñales. Algo similar ocurre con la sucinta “Luna”, mientras que “Ángeles De Hielo” opta por tempos más serenos.

En el último segmento del disco, Castello y compañía equilibran todas las variables, desplegándolas en su justa posición. La sección rítmica por fin emerge a la superficie, imprimiendo convincente su huella en la psique del/de la escucha. Los giros melancólicos de las vocales pasan de modo greca a modo viñeta, tal cual lo consiguiesen en “Hechos De Agua”. Las eléctricas resplandecen en ejecuciones que recuerdan a The Stargazer Lilies o Dream Suicides. Así, el rush que arranca con la preciosa “Girasoles” y termina con el canal homónimo de esta entrega alcanza su culmen en “Kria”, toma corregida y aumentada del lado B que acompañase la primera versión single de “Celebrar Aniversarios” (2017).

Por su caleidoscópico talante, los arreglos ambientales remiten veladamente a gente como Glaare (darkgaze), Nicholas Nicholas (indie) o Catch The Breeze (postpunkgaze). Lustre para un plástico al que, es justo explicitarlo, debes darle un par de oportunidades. Por ahora, Nax consigue aprobar con una jornada ácida... amarga... triste...


Acicateado tal vez por el redescubrimiento y nuevo boom del minimal synth, el pop underground empieza a rastrear con desesperación entre subgéneros aparecidos tras la erupción punk, esperando encontrar vetas que insuflar de nueva vida; con el consiguiente aumento estadísticamente improbable de aquello que en paleontología se denomina “lazarus taxon” -en cristiano, especies (estilos) que se desvanecen durante x intervalos geológicos (eras mediáticas), y bruscamente reaparecen después.

No es curioso que la del gothic en su cepa noventas sea de las primeras reanimaciones tentadas. Después de todo, existe un túnel de comunicación entre el territorio synth y el primigenio dark (matriz de la que surgió el rock gótico): la coldwave. Sí es curioso, en cambio, que el resucitado haya obtenido gran acogida en aquestos rumbos del orbe; sobre todo en Colombia (Ferdinand Cärclash, Antiflvx, Cimientos Fecundos) y en México (Stockhaussen, E N T R E M E N T I R A S, Macedonia, El Ojo Y La Navaja...), como atestigua la nómina de InfraVox Records (Perú). Del país de las enchiladas es también Das Leiden, individual de Daniel Rossier que debutase en marzo del 2019 con el sencillo “Suffering”.

Wounds (marzo del año en curso) se balancea entre el EP y el mini-álbum. Dada la naturaleza esencialmente sintética de la artillería que desdobla el músico, el registro desprende desde su efímera apertura “Purcell” un sabor similar al del electrodark de The Shroud o The Electric Hellfire Club. Similar, no idéntico: conforme se suceden composiciones como “Blood”, “Absinthe Drunk” o “Once Again I Sacrifice”; Das Leiden incorpora la herencia de ese gothic cosecha 90s que, teniendo como principal referente a The Sisters Of Mercy, se dejaba seducir por el metal y el industrial.

No obstante, es recién con “Fühlen (Sentir)” y el single ya publicado -rebautizado “The Suffering (Das Leiden)”- que se consolida el proceso de desafectación que Rossier pusiese sobre el tapete tras los primeros acordes. El azteca desmonta el modelo noventero extirpándole esa ampulosidad que terminó devorándolo, desechando la recargada aparatosidad que lucía, simplificando y dinamizando su sonido. Para cuando el láser recorre “The Suffering...” y “Fühlen...”, de la teatralidad inherente al género no quedan ni las virutas.

Estimo que Wounds debe ser de las primeras placas minimal goth que nos reservan los calendarios venideros. Pese a las incógnitas penumbras que rasgan las gélidas coreografías maquinales propuestas por Das Leiden, el camino todavía es largo, de cualquier modo -aún le falta evitar resbalones como “In The Distance”, cliché a más no poder.


Sólo ha transcurrido un bienio y Sexores vuelve con nuevo episodio discográfico, quinto de su caminar si se contabilizan los mini-LPs Amok & Burnout (2011) y Red Rooms (2016). Todavía resuena en estos tímpanos East / West (2018), díptico en formato vinilo que explorase respectivamente las facetas experimental y pop de la querida agrupación ecuatoriana afincada en México. Este contraste de perspectivas no desaparece en Salamanca, pero sí es sublimado debido a varios factores. El más evidente de éstos es su extensión, pues la nueva criatura no es doble.

El más trascendental, inequívocamente, es el bifronte concepto que el dúo ha asumido a consciencia y trabajado durante muchos meses. En efecto, Emilia Bahamonde (a) 2046 y David Yépez (a) 606 realizan una meticulosa investigación sonora acerca de macabras mitologías paganas, tanto tradicionales -entiéndase folklóricas- como pop -entiéndase las provistas por el cine-. Y lo hacen centrándose en el protagonismo que, en torno a estas historias, recae sobre las brujas.

Otro factor determinante ha sido el de la tecnología. Sabido es que la dupla siempre se ha apoyado en ella. En Salamanca, la aborda empleando software libre, lo que imprime en el largo una técnica más cerca del ingenio y la creatividad que de la disponibilidad tecnológica de avanzada. Más punk -una arista que suma al momento de encarar el contenido polisémico de Salamanca, esférico que también acusa trazas de bipolar.

Sí, porque la disparidad de temas se sucede sin tregua, pese a estar el viaje dominado por innegables matices oscuros. La faceta experimental del binomio se materializa desde el fugaz intro de “Aqueronte” (el más conocido de los ríos que atraviesan el inframundo helénico), y se robustece en piezas como la pesadillesca “Death By Burning” (calando la turba que ocasionaba cualquier ajusticiamiento medieval), “Posism + Tiraclaurism” (retorcida programación sintética que inserta a modo de coda un fragmento de “El Beso Que Te Di”, del dueto uruguayo Los Olimareños), la densa “Crapaud” (oscura y monocorde, agregaría) o la canción titular (un genuino aquelarre babélico).

La faceta digamos pop -léase la más accesible- de Salamanca no llega a ser ni tan cacofónica ni tan lúgubre como su contraparte experimental, si bien sus logros no son menores. La maravillosa “Volantia” avisa que el dream pop/shoegazing y la electrónica preservan su lugar central en la dialéctica del tándem. En adelante, éstos y otros códigos serán moldeados por el timing percusivo: así lo corroboran el medio tiempo de “Hannya” (participa nuestra compatriota Noelia Cabrera, de Kusama, Blue Velvet e Isolation Project; guiño de carambola a Onibaba), el dream pop vigorizado de la veloz “The Depressing Sounds Of The Witch”, la estupenda semi-balada “Mistress Of The Marble Hill”, el electrogaze de “Nos Lo Dijo La Serpiente” o la sofisticada “Madre” (delicada melodía al piano con la distorsión racionada).

La travesía ofrece dos ocasiones en que ambas facetas se cruzan, produciendo ambientes de tensión épica. Tanto en “Decretism” como en “Lámpades” (consagrada a las deidades que acompañaban el séquito de la triforme Hécate), el shoegazing, el dark, la electrónica y la atonalidad chocan frontalmente. La colisión provoca prodigios: la luz, lo experimental, el pop, la lobreguez; conviven e interactúan por escasos minutos. Poesía enajenante ahogada en saudade, que sólo en uno y otro caso resiste ser filtrada y refractada.

Espero que Salamanca traiga a Sexores otra vez por estas tierras, y nos permita disfrutar de su consabida presentación en directo, cuando todo este chongo pandémico sea un mal recuerdo. Siempre es un placer verles.


Hákim de Merv

miércoles, 4 de abril de 2018

Doomed & Stoned Latinoamérica Vol. I

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de marzo del 2018.)

Pese a su casi pavorosa extensión, equivalente a unos seis CDs físicos, los réditos llamémosles “artísticos” de Doomed & Stoned Latinoamérica Vol. I (2018) no son precisamente igual de dilatados.

Esta titánica compilación es producto del trabajo conjunto realizado por la gente del bilingüe blog homónimo, afanosamente dedicado al stoner rock y matices afines/confluyentes -psicodelia, sludge, doom metal, prog, psych, etc. Efectivamente, nada más entrar a la susodicha bitácora, puedes acceder a info correspondiente a casi todas las escenas latinoamericanas adscritas a tales “géneros”: informes, entrevistas, noticias, dossieres geográfico-temáticos, etc. Siempre que me topo con esfuerzos como éste, creo conveniente subrayar la persistencia en la lucha, el tesón puesto en juego, la independencia exhibida como bandera, el amor con que se lleva a cabo esta laudabilísima labor...

Pero estaba hablando del Doomed & Stoned... Vol. I. Repasando el track list orquestado por Paul Bracamonte (Perú), Matheus Jacques (Brasil), Roman Tamayo (México) y Gonzalo Brunelli (Argentina); veo incidencia más que recurrente en los países de nuestras latitudes con mayor vastedad. Están, aparte de los cuatro que acabo de consignar entre paréntesis, Colombia, Uruguay, Chile, Venezuela, y Paraguay. Aparecen además USA, cuyo único representante -Youngblood Supercult- figura en calidad de invitado especial, y Puerto Rico. Las ausencias más notorias son las de Bolivia y Ecuador.

Cualquier compilación de semejantes características tiene la difícil misión de ilustrar las múltiples aristas del género al que se consagra, de repescar a sus principales exponentes, y de cumplir además con una mínima cuota histórica -entiéndase antologar los eventuales hitos del género, los precursores, etc. Equilibrar todas estas variables en un único disco es empresa en la que se debe hilar finísimo. Hacer lo propio en dos y hasta en tres, sería mucho menos complicado, pero entiendo los obstáculos de logística y de financiación que un proyecto así involucraría.

Se puede pecar por exceso, sin embargo, y ése es el principal hándicap de Doomed & Stoned... Vol. I; lo que demuestra que más, por fuerza, no es siempre mejor. Lo hecho por un tercio de estas bandas bien podría haberse suprimido de esta masiva compilación, y los resultados hubieran permanecido inalterables: output compacto, denso, descomunalmente estruendoso; el bajo grávido, el tempo pasando del ralentí a la velocidad supersónica y viceversa; agujeros negros implosionando metagalaxias en permanente ebullición sonora... “Meta stoner”, como propuse una vez.

Así, pues, la falla del Doomed... no es tanto su calidad como su extensión. Cincuenta y nueve voces hablando cada una su propio dialecto no termina siendo tan desgastante como cincuenta y nueve voces de las que al menos una tercera parte repite lo que las otras dos ya han dicho. Quizá reemplazar ese tercio iterante por grupos precursores del género en cada país de la región hubiera hecho más llevadera la inacabable jornada. Quizá no. Cuando menos, habríamos accedido a ese conocimiento -Matus en Perú, Supercaos en Paraguay, Hielo Negro en Chile, etc.

Naturalmente, hablo desde la perspectiva del lego en la materia. Si me tocase hacerlo desde la perspectiva del fan del stoner y derivados, no existe ningún motivo de queja -en cuyo caso, más siempre será mejor: IAH, Mano De Gloria, Demonauta, HighGüey, Bruto, nuestros Ayahuasca Dark Trip, Vinnum Sabbathi, Psiconauta, Knei, Necro... así, hasta llegar a cincuenta y nueve.

Aunque quién sabe sí: Fuzzkrank (Paraguay) no figura, lo mismo que Color Horror, Las Cobras (ambos representantes de Uruguay) o Vago Sagrado (Chile). Por lo menos a los tres últimos se los pudo ver junto a IAH e Hijo De La Tormenta, en el marco del Festival Undercaos III -el pasado 30 de marzo, en Lima, al lado de Liquidarlo Celuloide, Satánicos Marihuanos, La Ira De Dios, Mutant Geisha y Cholo Visceral; entre otros.


Hákim de Merv