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jueves, 12 de febrero de 2026

La Vie: The Intelligence Of Love // Allanamiento Emocional: Zaza // Los Texao: El Sonido Niebla De Los Texao // 380: Ya Estás Grande

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de febrero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

No sé de ningún medio de comunicación, mainstream o no, que haya dado noticias del nuevo plástico de La Vie. Más allá de las opiniones que pueda éste merecer, comporta el regreso de un acto insular en el contexto sonoro underground arequipeño y nacional, status alcanzado desde que My Days In The Capital inaugurase su trajinar allá por el ‘12. El reingreso, para más inri, se produce tras prácticamente cinco años de un silencio que empezara con la pandemia del COVID-19. De allí que no se entienda el mutismo dispensado aún desde las trincheras de la crítica especializada.

Grabado en Cuzco, Sacred Valley (‘20) era la segunda y más atronadora clarinada de alerta sobre el proceso de transformación en que el unipersonal de Diego Romero se había embarcado, incursionando ya de lleno en una electrónica experimental premunida de grabaciones de campo y de digitales clústeres tonales. Por eso, el retorno que implica The Intelligence Of Love es doblemente importante. Respecto de su ascendiente, no sólo no sigue el derrotero trazado, sino que propone revisitar el folk de mampostería new age y el ambient drone -acrisolándoles. Este reexamen se hace sustituyendo la guitarra por el piano, lo que añade a la paleta de La Vie humores neoclásicos, y ciñéndose al principio minimalista con el ardor con que un espartano enarbolaba su escudo.

En cierto modo, la portada adelanta esos nuevos/viejos aires en los que ahora viaja el individualista. Si la de SV era la imagen de una foresta altoandina, la de TIOL se sirve de un bosque ¿ártico? captado a través de la ventana de una construcción noble, en cuyo interior habita un extraterrestre con varios teclados y suecher de Boards Of Canada. No percibo influencia del binomio Eoin-Sandison, al menos no evidente, pero sí alguna coincidencia estética. La más palpable: modelar la música como si fuera expresión de la plástica. Cuatro décimas partes de The Intelligence... remiten a la idea de audioesculturas, entretejiendo variaciones espectrales en torno a un flujo de vibraciones trabadas en un único omniacorde de inquebrantable serenidad: “Meditation I”, “Meditation II”, “Alien” y “Meditation III”, distribuidas durante los 26 minutos de la jornada.

Las otras seis décimas partes de The Intelligence Of Love postulan el concepto de audiorretratos, moldeados por la narrativa lineal de que provee el piano. La ejecución suele ser pródiga (“Diálogos De Platón”), un tanto nerviosa (“Intelecto”), un tanto apacible (“Love Is Kind”). La urgencia impele al movimiento interno: Diego gusta mucho de estructuras cíclicas y de meta-notas pedales, lo que le alienta a maniobrar con claves y escalas. Y si bien la primera mitad asoma signada por el neoclasicismo de Yann Tiersen y compañía, la segunda finaliza en curso de colisión hacia las resonancias de “Alien” y de las ‘Meditaciones’ (“Simplicity Is The Ultimate Sophistication”, “For Meredi”).

Existe la posibilidad de leer a The Intelligence... como una “excepción a la regla” en el camino de La Vie. Su inusitado golpe de timón respecto de Sacred Valley podría interpretarse de esa guisa. Sin embargo, no creo que deba ser tomado como un episodio digresivo. Pienso que Romero no optaría por retornar a la palestra con un largo que es en sí mismo excluyente, a menos que sea también el hito que señala el inicio de una nueva reconfiguración. La hipótesis de esta eventual segunda metamorfosis, pues, luce más próxima a verificarse.

Tengo recuerdos muy difusos de la única ocasión en que he visto en directo a Allanamiento Emocional. Era el primero de septiembre del ‘23, había tocada en El Templo (el local under de la Ciudad Blanca por antonomasia), y estaban programados muchos line-ups. Si bien me acuerdo claramente de las performances de NRA Ruido y de Alunaki, para cuando se planta frente a la audiencia el grupo de marras, yo ya andaba con el ojo pegado al reloj: pasaban de las 11 de la noche, no estaba cerca del alojamiento, y tenía que dormir al menos un par de horas antes de salir a las 3 de la mañana rumbo al Cañón del Colca. Felizmente, pude meterme en el sobre a medianoche, gracias a la ayuda inestimable de mi chochera Juan José Leyva.

Conservo jirones de una presentación muy caótica, mientras el público era ametrallado por numerosas esquirlas de punk y hardcore que ya habían sido materia de quién sabe cuánto reciclaje. Si la memoria me falla, las disculpas de rigor. Si no, el crecimiento del cuarteto ha sido gigantesco, a la luz de lo expuesto en su debut magramente bautizado Zaza. Aparece éste en septiembre del ‘25. A pesar de tener un feeling que va muy en la línea de los cochambrosos estilos antes mencionados, circunstancia de la que acaso se cuelguen quienes le denigren, su output ha evolucionado -o, en todo caso, crecido- lo bastante como para dispararse sin barreras hasta los predios del post hardcore. Incluso se roza muy levemente el math rock.

Fundado por el guitarrista/vocalista Eric Huarca (a) Chinosor, y actualmente delineado por Shande Cotrina (batería), Enoc Canto (literalmente gritos) y Jesús Mantilla (bajo); Allanamiento Emocional ha aprendido muy bien las lecciones que Fernando García Escaró a.k.a. Garzo ha impartido a través de Metamorphosis, Radiación Selenita y Plug Plug. Por ese lado se impone el determinante influjo del post hardcore, que te propina un robusto tacle desde la apertura epónima. No obstante, el combo tiene otros matices relevantes. Guiños al rock alternativo y en mucha menor medida al grunge logran colarse por entre las constantes deflagraciones a lo Touché Amoré, Circle Takes The Square o Title Fight (“Muéranse Todos Ya Por Favor De Una Vez”). También ese modo de incubar indie que patentó El Otro Yo (“Tengo Mucho Odio Para Esto”). Y ni qué decir del emo rock (“Sir Sueñito”), que campea a sus anchas en las letras -parecen todas escritas por Clare Cooper, de The Amazing World Of Gumball.

Para bien o para mal, son éstas y otras cosas más las que desmarcan a Allanamiento Emocional del resto de exponentes peruchos post hardcore, como Cataratas En Siberia o Fiesta Bizarra. Se avienen a bajar un cambio en la caja de velocidades cuando se necesita (“Zaza”), les encanta enrojecer las gargantas cada dos por tres (“Dime Ya Si Me Quieres”, “Estoy Muy Enfermo”), y no se hacen paltas al abordar distintos códigos sonoros en un mismo tema (“La Depresión”). Amplio abanico de exabruptos con los que desafiar el canon post hardcore, sólo para volverlo a entronizar a pie juntillas.

Dos cosas más a subrayar. Zaza acoge una toma de “La Masacre” añadiéndole una ‘B’. Asumo que se trata de una diferente versión a la que se lanzó en formato single. La del debut suena muy limpia, dejando que a Huarca se le entienda casi todo. Por otro lado, las más de las veces que Allanamiento Emocional se aproxima a El Otro Yo se producen cuando escuchamos vocales femeninas, lo que me recuerda ipso facto a María Fernanda Aldana. Una coincidencia, obviamente, ya que esas vocales no siempre son de la misma persona: ‘Luchia’ (“Estoy Muy Enfermo”) y ‘Rataela’ (“Sir Sueñito”).

Grata sorpresa, y cómo no, la que ha generado la edición de El Sonido Niebla De Los Texao vía la española Munster Records. Por fin podemos contar con un vinilo que recopila en apariencia todas las grabaciones realizadas por Los Texao. Muestras de su talento estaban disponibles en los dos volúmenes de Back To Peru..., así como en la recopilación Rock En Arequipa 1969-1974, pero hasta el año pasado no se acreditaban a título personal más que 3 singles hoy descatalogados y/o inubicables. Situación ignominiosa para un combo surgido en la ciudad de Arequipa en 1968, merecedor de un sitial entre sus pares peruanos que tomaron el relevo de aquella primera generación instro-garage-surf-beat sesentera que tantos comentarios provocó a comienzos de siglo.

Crónicas de época señalan que, en su tiempo, Los Texao fueron la banda más popular en todo el sur nacional. Víctor Dibán (voz, bajo), Juan Nuñez (guitarra, coros), Julio Torres (teclados, guitarra), Fernando Humbser (guitarra), Edgar Manrique (batería) y Adolfo Ballón (percusión) se ganaron esa fama hibridando la rebelde crudeza riffera del garage picapedrero, la incendiaria reverberación phaseada de la psicodelia de ADN latino y aquello que en el Perú de entonces se conoció como “la nueva ola”. El empleo extensivo de efectos fuzz y reverb en la eléctrica dotó a Los Texao de sus contornos definidos y de su timbre particular, al que la prensa catalogó como “niebla” por la marca de fábrica asociada a dichos efectos (Haze).

El Sonido Niebla De Los Texao repesca los tres sencillos que prensase Líder, además de material no publicado con anterioridad. En esos simples venían “Pobre Gato” y “Nada De Nada”, “Algún Día” y “Stone”, “Nunca Cambias” y “La Pelea Del Gobernador”. Las últimas cuatro canciones son originales de los mistianos, mientras que “Nada De Nada” es del conjunto chileno Los Beta 4 y “Pobre Gato” del inglés Shel Shapiro. Todas se ubican en el lado A del acetato y al inicio del lado B (“Algún Día”), testimoniando la cadenciosa magia alucinógena y lo fi que estos arequipeños practicaron ya entonces. De entrada nomás con “Stone”, quedan dibujados en la mente el fuzz que se expande cual gas propano y un background rítmico macerado en el rock de garage. La psicodelia se torna fibrosa (chequear el impresionante solo de flauta traversa en “La Pelea Del Gobernador”), en tanto los tempos se mitigan y los registros se trastocan, como girando en torno a una elíptica que en realidad les hace volver al punto de partida (“Nunca Cambias” y su coda sabrosamente latina).

En tal sentido, el punto más elevado de enteogénesis es “Algún Día”. Pero, como ya se dijo, Los Texao también le entraban a la nueva ola. Así queda demostrado en “Nada De Nada” (shalalalas coludidos) y en “Sookie Sookie”. Con todo, la prueba definitiva de esa debilidad por la fiebre nuevaolera es la relectura de ese “Gimme Little Sign” de Alfred Smith (a) Brenton Wood que popularizó en Latinoamérica la versión del mexicano Roberto Jordán (“Hazme Una Señal”), y que el sexteto cose a “Coge Mi Mano”. Por alguna conexión subconsciente que no me es dado descifrar, “Swarlb” me remite constantemente a “Sentimientos” de Los Belkings. Y el postrer “No Time” se erige como una suerte de mini-repaso por las distintas sonoridades que cultivaron Los Texao. A la altura de Traffic Sound o Telegraph Avenue, en mi modesta opinión. Otro fragmento de nuestro patrimonio sónico pop arrancado de las garras del Olvido.

Debido a una u otra razón, no he tenido la oportunidad de escuchar concienzudamente a 380 sino hasta hace poco. Intenté hacerlo un par de veces antes, pero no quise comenzar por singles o tracks sueltos, y desconocía que la agrupación contaba con una obra anterior a la que impulsa estas líneas. Hubiera sido bueno empezar por el principio (El Colegio Me Volvió Un Mono, ‘23), como para abundar también acerca de desarrollos temporales si éstos tuviesen lugar. Ya que no ocurre así, toca dirigir todas las miradas hacia el segundo esfuerzo de los rojinegros, considerados “grupo revelación” desde hace al menos un bienio.

Uno de los retos más complicados de resolver para quienes nos dedicamos al inútil arte de escribir sobre música pop es el paso del Tiempo. Teóricamente, el carburante te dura un máximo de dos décadas, condicionado a ese imperativo biológico que acostumbra impedirte absorber nuevas músicas al aterrizar en la treintena. Por supuesto, hay excepciones saludables, para las cuales ese imperativo o bien se retrasa quién-sabe-cuánto o bien no existe. Me gusta pensar que soy una de esas excepciones, al haber llegado al medio siglo de vida y tras tres decenios invertidos en este ingrato “oficio” sin dejarme obnubilar ni por la oxidada veteranía de algunas tendencias ni por la insolente frescura de otras.

380 es quizá el nombre que más ha trascendido desde la escena independiente forjada al pie del Misti, ocupando palestras de medios algo más masivos que los de costumbre y tocando en festivales de la capital. Si tengo que opinar basándome exclusivamente en el repertorio de Ya Estás Grande, no consigo entender por qué. El referido álbum tiene conchudez y energía, cualidades sin las que el punk no puede germinar y prosperar. Porque, sí, 380 es punk rock; pero ello no tiene por qué tomarse a priori como demérito. Células de ese corte que consiguen ir aunque sea un poco más allá del canon ‘77, ha habido, hay y habrá. Así hablemos de egg punk (Antibióticos).

El problema es que no encuentro nada más para rescatar en YEG, una vez elogiados el desparpajo y la pujanza aludidos. Por default, he tenido que reproducir cinco veces la placa, y la impresión acaba siendo siempre la misma. No sé en qué creen las juventudes del hoy que se confiesan punks, pero si su rollo es más o menos equivalente al de 380, habrá que ir prendiendo velas para que esto no sea sino un error en la Matrix -o el vetusto alarido punkie acabará irremisiblemente arruinado. Una primera parte del CD oscila entre el punk clásico y el pop con accesos de... pachanga. Cuando al cuarteto de Lucía Ramírez (voz/guitarra), Milagros Caja Morales (guitarra), Diego Cornejo (bajo/coros) y César Llerena (batería) le da por “bromear”; y ello sucede bastante seguido, queda como chistoso en el peor sentido de la palabra. No causan ni pincho de gracia esos “diálogos” forzados, esas frases de zafio autobombo, esos “sound effects” que aspiran a la risotada fácil. El colmo de esa intencionalidad es “Final 100% Real No Fake”, publicherry payasamente atorrante que invita a seguir torturándose con más canales.

“Enfermitos Enamorados”, sexto surco de Ya Estás Grande, es recién el primero que no me provoca presionar skip sin más. Y no es ni de lejos susceptible de ser antologado. Eso te da una pista de lo que vas a encontrar no sólo antes, sino igualmente después. En la mitad de sus veintenas, esta gente no tiene mejores ideas para sus canciones que “quejarse” de los amantes LGTBIQ de sus parejas (“SadBitch”), seguirla pegando de comediantes involuntariamente desastrosos (“Punks De Mierda!”), o hacer alharacas de género (¿recurrirían en “Estoy Cansada!” a esa coartada tramposa si quienes les critican fuesen mujeres y quien canta fuese un hombre?). De todas maneras escucharé el primer disco, pero no creo que en el futuro le preste más atención a proyecto tan aguachento, cuyo logro más destacable aquí sea quizá ese arranque de sinceridad que puede haber materializado “Mi Música No Es Buena”.

Poco más que un meme.

Hákim de Merv

miércoles, 7 de mayo de 2025

Oksana Linde: Travesías // El Jardín De Las Matemáticas: El Jardín De Las Matemáticas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 30 de abril de 2025.)

Segundo volumen que recupera porciones del trabajo registrado entre inicios de los 80s y mediados de los 90s, con Travesías la ucraniana-venezolana Oksana Linde se ha visto -felizmente- libre de la reventadera de cohetes que supuso el precedente Aquatic And Other Worlds, así como de una polémica en la que ella no tomó parte alguna. Esto último, a raíz de ciertos comentarios que menudearon desde la prensa independiente especializada, que desatinadamente la parangonaron a figuras de la talla de Ursula Bogner o White Noise. Al menos ahora, por ende, podemos centrarnos sin más en el contenido del acetato y en su específico contexto.

El período concreto en que se grabaron los números seleccionados para este testimonial Travesías va de 1986 a 1994. Tres de ellos fueron creados por la artista para su participación en el Tercer Encuentro De La Nueva Música Electrónica, realizado en 1991: “Arrecifes Del Espacio”, “Mundos Flotantes” y “Horizontes Lejanos” (nombres todos que apuntan a un imaginario muy Roger Dean). Otros cuatro fechan su forja en los 80s, pensados para sesiones reiki de curación alternativa, a las que Linde se aficionó entonces: “Estrellas I”, “Kerepakupai Vena”, “Luciérnagas En Los Manglares” y “Estrellas II”. “Sahara”, que igualmente debe inscribirse en el intervalo señalado, completa el repertorio de una rodaja más pareja y armoniosa que su diligente antecesora.

Esto porque Luis Alvarado de Buh Records, sello nuevamente encargado de la edición, ha aplicado un criterio compilador más uniforme y cohesionado. De la escuela berlinesa que también cultivase la autora en las pistas de Aquatic..., muy poco sobrevive en Travesías (denominación parcialmente reciclada de la que recibiera su presentación en el evento mentado, ‘Travesía Acuastral’). Menos aún del prog electrónico. Aquí el énfasis ha sido puesto en las líneas de teclado de fisionomías serena, dramática y algo nostálgica. Los colores se revelan de idéntica variedad: vivaces, apagados, encendidos, solemnes. Lo interesante es que pese al notorio grosor de algunos de estos trazos (“Mundos Flotantes”), ellos siempre se muestran quebradizos, como para no olvidar su cristalina morfología.

Guían manos y mente de la compositora una new age de sesgo electrónico analógico, lo bastante volátil como para transformarse en dungeon synth cuando aborda ambientes tenues en iluminación (“Horizontes Lejanos”, la breve “Arrecifes Del Espacio”). Súmese a lo enumerado el hecho evidente de haber sido estos temas cocidos a fuego lento, característica perceptible desde la performance distendida y relajada (la apolínea “Sahara” es casi una melodía de cuna), producto del sobrio equilibrio anímico y espiritual de quien ejecuta -sólo se desborda en la melodramática “Luciérnagas En Los Manglares”, así y todo bonita. Ídem desde la vibrante y florida decoración (“Estrellas I”).

Masterizado por Alberto Cendra en Garden Lab Audio, toda vez que sea mesuradamente, por donde se le juzgue es Travesías un artefacto que ilustra con más justicia talento y talante de la joven Oksana. La foto que adorna la carátula está firmada por Elisa Ochoa Linde, y diseño y arte son de Gonzalo De Montreuil.

¿Has escuchado ese viejo adagio según el cual todos/as los/as weirdos y weirdas/frikis/outsiders/locos y locas de una ciudad acaban tarde o temprano conociéndose y compartiendo bando (cuando no banda)? Pues lo mismo vale para las regiones y aún los continentes. Si ello era ya una perogrullada en el siglo pasado, en éste se ha vuelto casi una ley inmutable universal, con redes sociales, plataformas, videochats y salas virtuales.

Hace semanas, el músico chileno Tomás Salvatierra compartió en su muro de Facebook el link hacia el epónimo debut en largo del colectivo El Jardín De Las Matemáticas. He preferido atenerme a la palabra “colectivo” porque, dadas sus peculiaridades en la alineación, no sé si obtenga la continuidad que me facultaría a hablar de “grupo”. Si lo es, EJDLM tiene el insólito mérito de haber juntado en un mismo tiempo y/o espacio (virtual) a descastados que trashuman el espectro de extrañas frecuencias circundantes a lo que alguna vez se definiera como “pop de vanguardia”. Para comprobarlo, basta con una revisión a vuelo de pájaro de los antecedentes con que cuenta cada conjurado.

Salvatierra y su coterráneo Álvaro Daguer vienen de Glorias Navales, asociación oriunda de Viña Del Mar que se mantuvo activa durante el segundo lustro de la década pasada, tocando en vivo una muy particular aleación de polifonías devocionales y algo así como el lado B del pellejo de la música de cámara. Daguer, además, ha estado/está en la celebrada mancha avant psicodélica A Full Cosmic Sound y forma parte de ETCS Records. El tercer integrante es el argentino Pablo Picco. Natural de Córdoba, el salsipuedino acredita ya decenas de lanzamientos pese a haber empezado en el ‘16, utilizando nombre civil, el de Valle De Galgos y el de Bardo Todol. Sus improvisaciones se derivan de una estética fundada sobre el drone, grabaciones de campo, la tape music y un folk de código abierto. Cuarto pero no por ello último, el londinense Mark Harwood también es relativamente nuevo en esto de componer y editar, aunque acaso sea el más avezado de los cuatro. En Offering (‘22), siembra los mismos campos que sus compañeros, con el añadido de recurrir mucho a una técnica cut and paste que genera desarrollos inquietantes.

¿Qué podría resultar, entonces, de la unión de estos cuatro investigadores del Sonido? Pues un disco extrañísimo como El Jardín De Las Matemáticas (‘24), que recorre terrenos de música concreta, parajes dibujados por la psicodelia más minimal que puedas alucinar, soundscapes donde se vulnera a cada paso el concepto contemporáneo de lo que entendemos por “música”, atmósferas de inspiración pretérita, geografías fagocitadas por el zumbido del drone... Todo envuelto en una magnética aura de exotismo pagano, de ritualismo que no sería del todo descaminado calificar de prehispánico, si no fuera porque de aquello raramente posee uno que otro vestigio.

De ”Las Palabras Fueron Sonido” a “Pastoreo De Cabras”, asistimos a una jornada que cualquier fenomenología no vacilaría en tipificar como extraterrestre. Empleando instrumentación poco convencional como el tambor chino, la ocarina o la flauta de búho; pero también gongs, sonajas, cintas y un Korg MS-20; el cuarteto esculpe episodios de un agostamiento abrasivo, donde pululan ruidos eyectados al azar, a veces sobre una tribal percusión embrionaria -y a veces ni eso. En el corte homónimo la percusión aparece cuando su mitad ha quedado bien atrás, por ejemplo, sosteniéndose éste desde el principio gracias a un bajo que tampoco es fácil de etiquetar. Hay canales que comienzan como una mera adición de sonoridades (“Luces De Montaña”), para sólo bastante después perfilarse como música.

El trino monocorde de los pájaros (“El Golem Gordo”), el canto inconfundible del agua (“Pastoreo De Cabras”), incluso una solitaria y tímida voz casi inaudible (“El Problema De Suslin”); reciben tratamientos distintos a los que se acostumbra dárseles, de la misma manera en que instrumentos de cuerda son usados como si lo fueran de percusión, y herramientas como silbatos y cornetillas parecen acabar libradas al azote del viento. Es gracias a esta insular fusión de albur premeditado y metodología improvisacional que El Jardín... se devela como asomándose desde los albores de la civilización humana. Pocos documentos sonoros de reciente data pueden jactarse de ello -cf. la fantástica labor conjunta de nuestros paisanos Ronald Sánchez y Fred Clarke. Se porta Penultimate Press.

Hákim de Merv

jueves, 30 de mayo de 2024

Ela Zul: Spine

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 22 de mayo de 2024.)

Chiclayana hoy afincada en la costa oeste de la Unión Americana, Micaela Martínez a.k.a. Ela Zul lanza oficialmente a fines de enero su segunda entrega de largo aliento, Spine. La primera, World As A Magnet, data de noviembre del ‘22 -y aunque no paseo todavía lo suficiente por entre sus surcos, los rastros apuntan a que orbita alrededor del indie pop. De confirmarlo próximas escuchas, el golpe de timón que ha sido impuesto por la joven norteña en su nuevo disco es más que palpable.

Para empezar, si bien el piano ya estaba presente en World..., en Spine su protagonismo se acrecienta al punto de tornarse identitario de la obra. Amén de dotar al nuevo repertorio de intimistas aires tradicionales, las teclas acercan a Ela Zul a esas viejas vetas de new age que entre fines de los 80s y principios de los 90s refulgían revestidas de sesgos juglares (cf. Enya, Loreena McKennitt o Malinda Kathleen Reese). Esa estela, por lo demás ya asimilada al pop pedestre durante el nuevo siglo, se entroniza al menos en 7 de las 9 canciones compendiadas aquí.

Es, pues, parejo el cromatismo de Spine. Bien matizada por quenas y contrapuntos vocales (“El Niño Espacial”), bien apuntalada por insinuadas/sutiles líneas de teclados (“Noche De Algunas Lágrimas”), la paleta de Martínez colorea de continuo las nuevas viñetas recurriendo a la misma franja espectral. Etéreo en “Estampa”, bucólico en “Soñé”, balsámico -“con v de vals”- en “Mariola”; el emotivo pop de la cantautora discurre sin otros sobresaltos que aquellos que proporcionan las letras. Y es que, a diferencia de la música recién facturada, los textos se mueven en planos algo más mundanos -cuando no carnales, como es el caso de la aludida “Estampa”. Otro ejemplo es la excelente “Nada”, donde Ela se nos descubre presa de anhelos frustrados.

Más cerca de World As A Magnet, “Sueño De Un Genio” y “Virgen De Guadalupe” constituyen los momentos discordantes de la placa. No por entero, desde luego, pero de todas maneras percibo en ellos un uso más extensivo de instrumentación basada en circuitería. Sobre todo en “Virgen De...”: con un tropical/tapatío acompañamiento coludido a la guitarra de palo, queda claro tras los primeros acordes que se trata de un homenaje a la que es tal vez la advocación más célebre de María al sur de Estados Unidos.

Ecos residuales de Julieta Venegas y aún de Maldita Vecindad Y Los Hijos Del Quinto Patio impregnan, así, los instantes finales de un opus embebido de espiritualidad. No de una cualquiera: la de Ela Zul lleva marcado el sino de la soledad, de la duermevela, de la melancolía. Variedad no precisamente abundante en nuestro medio, rubricada por una voz que si bien no es sobresaliente, sí se revela bastante cumplidora.

Hákim de Merv

jueves, 23 de febrero de 2023

Maria Reiche: Perdiendo Frecuencias / Atlántico EP //Panoptia: Manglar // El Otro Infinito: No Nos Rendimos EP // Vida En Marte: Punk Rock Por Atenas // Necrosante: Cadáveres Electrónicos // Thank You Lord For Satan: Thank You Lord For Satan

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Siendo el principal de ellos el de DJ Locopro, de cuyos más recientes lanzamientos di cuenta hace dos semanas, desde hace años Miguel Elescano ha venido editando material a discreción sirviéndose de numerosos chaplines. Tributarios en mayor o menor medida del octanaje bpm característico del tech-house, todos ellos... hasta hace unos meses, en que el músico decide crearse una nueva identidad. Es ésta la de Maria Reiche, visible homenaje a la eminente matemática y arqueóloga alemana que consagrara su vida al estudio y preservación de las hoy mundialmente célebres Líneas de Nasca.

Este nuevo vehículo para las aspiraciones artísticas de Elescano no enfila hacia alguna dirección específica. Para que te hagas una idea, en mayo del ‘22 aparece la puesta de largo de MR, inscrita en una inconfundible tradición de férrea experimentación digital. Nada más empezar la reproducción, queda clarísimo que Perdiendo Frecuencias corresponde a una personalidad insospechada en el capitalino -la del esteta que baraja ruido, vacío, suciedad, silencio. No hay, en sus dos tercios de hora, el menor atisbo de síncopa: las seis pistas que le integran se suceden una tras otra dejando como saldo de audición texturas que son todo rugosidades (“En Casa”), vibraciones alteradas (“16C”), ruidos que son todo excoriaciones (“Invierno”).

Los tratamientos de distorsión y manipulación del sonido aplicados por Elescano dan forma, así, a un LP abrumado de ambient escuezante; que irrita sin descanso al escucha. Suma en ese propósito la extensión del repertorio, harto dilatada en comparación con el minutaje promedio que suelen manejar los demás rostros del autor, llegando el cierre “Waiting” a superar la docena de minutos. Paradójicamente, “Waiting” y su nutrida colección de sonidos ambientales urbanitas se erige como lo más “tolerable” del CD.

Respetando la única constante en la dialéctica de Maria Reiche, es decir la absoluta prescindencia del pulso percusivo, todo aquello que no es Perdiendo Frecuencias lo es Atlántico, su EP de la veintena de julio. Tercia, sin embargo, una circunstancia decisiva: el track list completo cobró sustancia durante las frías madrugadas en que el limeño se mantuvo en vela al lado de su padre enfermo. El extended, de hecho, está dedicado a la memoria de don Esteban.

Es el de Atlántico EP, por ende, un ambient radicalmente diferente al del álbum previo. Cientos de veces más carnoso y colorido, su espectro se abre hasta fases críticas, permitiéndose combinar barnices de electrónica minimal y de new age setentera. Incluso en sus momentos de ingente aridez (“Peces”), el plástico definitivamente resguarda una mayor musicalidad que la de PF. Y aunque tanto “Hope” como el timing asistólico de “Atlántico” son exponentes de melodías cálidas, expansivas y vivaces; toca coronar al primero por el uso intensivo de unos teclados en-la-práctica inequívocamente Hi-NRG.

Insondable misterio rodea el futuro inmediato de Maria Reiche. No queda sino perseverar estoicamente en la espera.

Tal como sucediese con José Luis Arango y Ayver hace un año, quedo gratísimamente sorprendido con Julio Guillén Serrano y Panoptia. Sintomáticamente, las similitudes entre los dos proyectos no escasean. Conscriptos ambos en los regimientos de combos peruanos de más excéntrico pedigrí, Panoptia y Ayver cuentan con obras relativamente copiosas dados sus cortos periodos de existencia -ubicados cuando mucho al iniciarse la segunda mitad de los 10s. Las divergencias son básicamente estéticas. Mientras Ayver se posiciona cerca del post rock con accesos de neoclasicismo a lo This Mortal Coil o Rachel’s, Panoptia se siente a gusto vagando a través de las distintas sendas que convergen en/divergen tras la IDM, sin asentarse por entero en esa comarca del planeta electro.

De las dos placas editadas por Guillén Serrano el año pasado, focalizo este breve comentario en la segunda, liberada en los idus de noviembre. Como ha venido sucediendo desde el epónimo debut (‘16), Manglar parece poner todo su empeño en escorzar la geografía de un mundo ¿paralelo?/¿distante?/¿imaginario? Ríos, penínsulas, litorales, sistemas orográficos, seres vivos; son sugeridos por el pincel de Panoptia. Uno que han moldeado por igual las oscuras suites de The Orb y las melodías angélicamente etéreas de Global Communication (binomio que mereciera mucha mejor suerte que la que recolectó).

Allende las justificadas metáforas cartográficas del acto librepoblense, el output contenido en Manglar describe un arco de tiempo que va de la nocturnidad al alba -o quizá sea mejor hablar de un tránsito que arranca en las tinieblas y culmina en la luz. Desde el IDM/post IDM mutante de “Densidad”, “Manglar” y “Raíces”, hasta los límpidos tapices electrónicos flujoiridiscentes que representan “Vientos”, “Ciénaga” y “Desembocadura”; se produce la locomoción lunar espaciotemporal que precede al nuevo día. La lobreguez de la noche transige paulatinamente ante la llegada de la alborada, que lo inunda todo con su particular fulgor. En paralelo, las influencias formales se van difuminando al mismo ritmo/tiempo, transformándose los últimos temas en manifestaciones de un ambient electrónico sostenido por la improvisación libre y por la experimentación sónica.

Me queda la sensación, desvanecidas ya las barreras ornamentales, de haber descubierto en Panoptia no sólo un nom de guerre con encomiable capacidad para generar imágenes; sino también un excelente compañero para quienes preferimos la Música a la Literatura al zarpar rumbo a regiones no holladas por la imaginación de nuestra especie. Peruano, encima.

Se va convirtiendo en (sana) costumbre que Alfonso Noriega publique un extended play en las proximidades de las fiestas de fin de año -el 21 de diciembre, concretamente, y para más inri valiéndose de diferentes plataformas. 211221 EP se liberó desde el BandCamp de SuperSpace Records en el ‘21. El nuevo “obsequio” con que Noriega baja la persiana del ‘22, No Nos Rendimos EP, se colgó en el BandCamp de su reconocido unipersonal -El Otro Infinito.

Claramente marcado por los agitados meses que atraviesa el país, el curso de acción que escoge No Nos Rendimos EP trae más de una sorpresa respecto del background construido por EOI y de las circunvoluciones con que el surcano se ha reinventado. Ésta que practica Noriega es una de las más arriesgada que ha ensayado hasta ahora. Y es que, sin trastocar influencias ni tótems, el extended barrena un derrotero entre el intelligent techno que sale despedido más allá de la estratósfera -atravesando irrefrenable tanto tiempo como espacio- y el que antropomorfizado conserva los pies sobre la tierra gracias a programaciones angulares y a secuencias aritméticas. Es como si Noriega flotase varios metros encima del suelo, sin alzar la vista hacia arriba (ni mucho menos el vuelo).

No Nos Rendimos EP es intelligent techno apartado de la vorágine de los bpms. No prescinde de la rítmica, pero es evidente que ésta ni le clava las extremidades inferiores al piso, ni colisiona los átomos de deuterio/antideuterio que encienden el núcleo warp con que desplazarse superando la velocidad de la luz. En ese sentido, en piezas como “No Nos Rendimos, Me Decías” y “Tus Signos Aéreos” El Otro infinito se enfoca en una contemplación zen del ambient. Lejos de la tolvanera que cruza la IDM en uno u otro sentido, el extended levita entre el cielo y el suelo: sus notas nunca despiden luminiscencia alguna, su pulso está atemperado, su pulida estética está más repujada que cincelada.

Aún en “Agosto”, canal que calza mejor con el paradigma IDM por el crecimiento geométrico de la batería electrónica, Alfonso se las arregla para no flaquear en ese justo medio que ha encontrado; mientras su voz recita parte de “Las Constelaciones” del poeta Luis Hernández Camarero. Tiene lugar, así, un EP sólido; donde colaboran Leko López (Prados Perfectos, Puna, Rupturas) y Andrea Halley (cuya voz se aprecia en “No Nos Rendimos, Me Decías”).

Marzo del ‘22 ve la salida de Punk Rock Por Atenas, descrito por Herber Paredes en el BandCamp de Vida En Marte como una compilación de instrumentales que lo han “acompañado en todos estos años”. Sería, por ende, un error hablar de Punk Rock... como si fuera “conceptual”; pero acaso no el catalogarlo de “nuevo”, siendo al fin y al cabo material inédito para los cien gatos que seguimos al arequipeño.

Por lo pronto, los ocho asaltos dispuestos en el “compi” tienen algo en común: sin dimitir de la consabida simpleza a la que es tan afecta la producción promedio del seudónimo mistiano, PRPA luce un estilo un tanto más elaborado. Puede ser esa cuota diminuta de lisergia surreal que guiña a Robert Pollard, la que ahora distingue el pop de forma y función/punción indie recuperado aquí. Apenas si hay destellos de dream pop, que en ningún caso se transmutan en shoegazing. Por lo demás, el encanto de la tosquedad/el perfume del amateurismo te encuentra a cada paso. Incluso en “Christmas Boy”, quizá el instrumental más logrado desde un punto de vista técnico en la grabación.

Líneas sencillas, melodías pegajosas, encanto pedestre. “Home Alone 2”, “Stupid Mall”, la tristona e innecesariamente larga “Guided By Moses” (¿viste que tan equivocado no estaba aludiendo al histórico grupo de Pollard, Guided By Voices?), “Herber’s Picnic”, “Robin”... Muestras de un sonido ya afianzado, pop hasta el tuétano, que puede sustituir la eléctrica por la de palo sin que el armazón se resienta mayormente. Diagnóstico del que también participa la ‘new version’ de “1987, 1986”, único track del esférico que incluye voz -en un estado tan “borroso”, que ésta termina siendo ininteligible.

Me gusta el detalle de finiquitar el día con “Home Alone”. Más elongado que “Guided...”, este instrumental tiene un despegue a punta de puros ruidos ambientales citadinos. Cuando entra la guitarra, ésta se descose vaporosamente, recordándome a la distancia las gráciles performances de Vinny Reilly (The Durutti Column). Luego de más de 13 minutos de un lento crepúsculo, “Home Alone” finaliza como cuando se termina el carrete de un añejo film. Un cierre acorde con la opción estética que en estos casi siete años ha adoptado Vida En Marte.

AVISO DE SERVICIO PÚBLICO: Para primeros de diciembre, Paredes colgó la primera recopilación formal de la principal de sus chapas. En versión digital, VEM HIStory: Past, Present And Future contiene sólo 22 de los 32 rounds que incluye la edición física en cinta. Había pensado comentarle, pero como se ha anunciado que éste es sólo el ‘Book I’, mejor me espero a que salga también el segundo libro.

Medio huidizo el andar de Gabriel Tanta Chávez. Utilizando el nombre de Sintonía Muerta, obtuvo cierto reconocimiento que le llevó a participar en tocadas tanto en su natal Arequipa como en Lima, sin que la viada le haya alcanzado a la fecha para colaborar en compilaciones o debutar en corto/en largo. Pese a no detectarse últimamente muchas señales de vida, por suerte el sonido industrial/post industrial de SM todavía sigue en pie de guerra (ofreció set en un evento semioficial de Chip Musik, en diciembre del ‘21).

Simultáneamente, el rojinegro soltó bajo nombre civil un registro en los bytes del BandCamp de la label uruguaya con sede social catalana Hamfuggi Records. Paisaje Azul (‘21) va en consonancia con la propuesta del sello, que apuesta fuerte por el avant garde y el sound art, ambos en estado químicamente puro. Paisaje... no tiene mucho de esa línea, pero sí de un ambient que se las arregla para calificar como experimental sin evitar ser draconiano.

El rubro que ahora ha decidido explorar Tanta Chávez usando el a.k.a. de Necrosante, esta vez abrigado por el regazo caliente de Rip Off Records, es completamente distinto al de su fugaz incursión en el padrón de Hamfuggi -si bien más próximo a lo mostrado como Sintonía Muerta. El autor vuelve a arrojarse de cabeza en los brazos del industrial, haciendo asimismo lo propio en los del EBM, tentando establecerse a medio camino de uno y otro discurso sonoro en un mini-álbum de título Cadáveres Electrónicos. Aún cuando rudos, los rasgos de este artefacto son también sencillos, como haciéndose eco del credo minimal que observa Tanta Chávez desde los días de SM.

Cadáveres Electrónicos está atiborrado de secuencias rítmicas duras, cuadriculadas, impertérritas; que remiten de inmediato a programaciones maquinales que coquetean con el techno industrial de fines de los 80s, pero que las más de las ocasiones se detienen antes de dar el salto definitivo. Rigurosamente instrumental, Necrosante da pruebas de su contundente new beat en cortes como “C9H13N”, “Acrotomofilia” (término que designa la pulsión sexual cuando ésta es detonada por personas que han padecido amputaciones) o “The Fly”. Cadenas, chancabuques  militares,  cabello  corto o al rape, cuero  negro  y  mucha  tecnología pre-digital -unos pasos más y el cyberpunk estará a tiro de piedra.

Destaco dos surcos por distintas razones. Curiosamente, son la apertura y clausura de Cadáveres Electrónicos, cuyo tiraje físico consta de sólo 20 unidades en formato cassette. La primera, “Oda Al Horror Y La Inmundicia”, samplea sin cesar dos porciones vocales de Pink Flamingos (1972), el escatológico clásico de John Waters que inmortalizó a la drag queen Divine, muy a tono con el apocalíptico planteamiento. La segunda, “Inanire”, da el paso que Necrosante estuvo insinuando todo el rato sin atreverse a ir más allá: techno industrial hecho y derecho, digno émulo/par de Front 242 o Leæther Strip, que acaba en un efímero pero intenso estallido de crisis distópica.

Bacán. Nomás no se olvide Tanta Chávez de legar para la posteridad un documento bien producido de SM.

Lo primero que debe decirse de un grupo como Thank You Lord For Satan y su epónimo debut, es que no hay que dejarse sugestionar por semejante denominación. Se supone que esto ya no debería ser ninguna novedad en el siglo XXI, pero algunos otros protagonistas de la nómina Buh Records podrían hacer pensar que una banda con tremebundo alias está en el mismo sendero que Puppies In The Sun, por poner un ejemplo. Basta con saber quiénes están tras Thank You Lord For Satan para descartar de plano paradojas como ésa y similares -Ayahuasca Dark Trip, Doppelg​ä​nger, Jacko Wacko.

Thank You Lord For Satan son Henry Gates y Paloma La Hoz. Gates pertenece a las nuevas hornadas de músicos que se han dado a conocer sobre todo a partir del ingreso del nuevo milenio. Acredita entonces una experiencia para nada desdeñable, cuyo punto más álgido a día de hoy debe ser su paso por Resplandor. La Hoz proviene de otros campos del Arte: ha hecho poesía y actuación. Si bien sorprendió a tirios y troyanos con Folk (2005), debut y despedida de 12 Garras, el proyecto no logró continuidad -además, Folk era bueno y cumplidor, pero tampoco para tanto. Más destacable en cualquier caso me parece su chamba en Mitad Humana. Ambos comienzan a trabajar las canciones que darían forma a su estreno hace dos años, en plena etapa hardcore de la pandemia.

Si hay que escoger una sola etiqueta para catalogar a TYLFS, ésa es la del pop. En ningún momento, la rodaja tiene la intención de sonar experimental, vanguardista, ni tan siquiera innovadora. Esa única etiqueta, con todo, no basta para describir el intenso sonido del dúo. Aunque el formato sea pop, asimila una buena cantidad de referentes. Si bien el elemento preponderante es la psicodelia, tanto en su variable psych sesentera como en su variable neo de fines de los 80s, no es inconcebible detectar indirectas al synth pop y al folk. La mirada que echan en derredor estos ocho cantares tiene algo de velvetiana en la imperfección de su registro -entendiéndose lo de “imperfección” según los asépticos parámetros impuestos por el advenimiento de la era digital en la nueva centuria. No en vano alberga el spanglish de “Conversations Al Amanecer” un tufo más que pronunciado al “Sweet Jane” de la Velvet Underground.

Según entiendo, TYLFS repite dos veces un mismo ciclo. Del pop psicotrópico de “A Million Songs Ago” al senescente laidback al piano de “Isolation”, se hace notoria una declinante rotación. Es algo así como perder la vista en horizontes despejados, pero a la vez llenos de litio que estimula a un tiempo imaginación y emoción, mientras la iluminación se va apagando, consecuencia de una enfática recurrencia de la coartada lo fi. Ese primer ciclo es perfecto. El segundo repite el plato, de los solemnes/gravosos trémolos de “Wet Morning” a la delectable melancolía de “Devine Destinity”. Falla aquí, por desgracia, el otro spanglish del disco, “When We Dance”. No es un problema de sonido, sino de letra, que asoma bastante frívola y superficial en comparación con las que se hallan a la base de las otras siete canciones -eso, y la pueril cita de “The Safety Dance” (Men Without Hats). No pega.

Pronto estará disponible una edición vinílica de la presentación en sociedad del tándem. Debería también planificarse una en compact disc. En ambos casos, no estaría mal contar con un inlay card/booklet que consigne las letras de estas (siete) excelentes composiciones, fluctuantes entre la vocación crooner de Gates y la melodiosidad de La Hoz.

Hákim de Merv

miércoles, 13 de julio de 2022

Oksana Linde: Aquatic And Other Worlds

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de julio del 2022.)

A propósito de Aquatic And Other Worlds, mezcla de rodaja debut y recopilación prensada por Buh Records en la quincena de marzo, ha habido en redes una polémica hasta cierto punto bizantina sobre la obra de Oksana Linde.

Es la aludida, compositora de ascendencia ucraniana, nacida hace ya 74 otoños en Caracas (circunstancia que recuerda el caso de otro célebre músico venezolano, Vytas Brenner, descendiente de alemanes y residente caraqueño desde sus tres primaveras). Tras un accidente que le imposibilitase continuar ejerciendo como investigadora química y científica, Linde se hizo a los mares de la música electrónica en los albores de los 80s, comenzando a grabar al promediar la treintena. Gracias a algunos préstamos gestionados, consiguió una grabadora de carrete abierto TEAC, un sintetizador Moog Source y otro Polymoog. Algún tiempo después, el arsenal aumentó con una Roland Tape Echo, una drum machine TR505, una mezcladora de 16 canales, un Korg M1 y otro TR88. Artefactos todos que se irían de sus manos con la misma facilidad con que llegaron a ellas, debido a problemas de salud familiares.

Afortunadamente, en el interín se amasó un archivo de más de una cincuentena de piezas que hasta hace poco ha permanecido por completo inédito, archivo cuyas últimas entradas datan de 1996. De ahí la doble naturaleza de este AAOW, que hace las veces de estreno y de muestrario del quehacer sonoro de la llanera, que alberga temas registrados entre el ‘83 y el ‘89, y que la posiciona al lado de otros nombres remarcables pertenecientes a las mismas coordenadas espacio-temporales -como el trío Musikautomatika y Miguel Noya.

La discusión que trajese a colación Aquatic... no ha sido desencadenada tanto por el álbum de marras, sin embargo, como sí por el sesgo que se ha apresurado a dispensarle buen parte de las reseñas que han saludado ostentosamente su aparición. Tal cual lo ha confesado en una entrevista reciente, los óculos en que se reflejaba la Oksana Linde artista eran los de Vangelis, del hombre de las campanas tubulares Mike Oldfield, de la figura clave del prog francés Jean Pierre Alarcen (Sandrose, Eden Rose, Le Système Crapoutchik, Tartempion) y del compatriota de este último, Jean-Michel Jarre. Consecuentemente, son ésas las estéticas que han signado sus creaciones. Basta con presionar play y lo primero que me viene a la mente al escuchar las notas de Aquatic And Other Worlds es la imagen/el imaginario de esa electrónica que, no habiendo acabado todavía de desembarazarse de los empachos del rock sinfónico, fue estigmatizada por los hijos bastardos de Kraftwerk y (mal)tratada acorde.

Exceptuando su valor arqueológico-testimonial, entonces, el plástico que Buh le ha editado a la venezolana me ha sabido a simpático ejercicio de ese synth aún hipnotizado por el embrujo progre que sobrevivió al punk; y que huele a new age por sus cuatro costados. O mejor, que sigue los pasos de lo que más adelante se conocerá como el ala “technificada” de la new age. Sus fastuosas mini-suites espaciales a lo Vangelis (“Bajo La Lluvia”), sus devaneos ambient de sintetizadores arpegiados a lo Jarre (“Viaje Hacia La Luz”), van del júbilo y la exaltación -“Orinoco”, “Descubrimiento”- al melodrama y el lirismo -“Estudio Para Una Sinfonía Folclórica Ucraniana”, “Nenúfar”-. Y viceversa. Visto así, AAOW funciona como un correcto disco de época, siempre situándonos en el contexto latinoamericano de hace cuatro décadas. Incluso es válido referirse a Linde como pionera de la música electrónica de la región, en la medida en que su producción en nuestros países era preocupantemente magra -peor aún si se aplican consideraciones de género.

No obstante, mucho de lo que se ha escrito a raíz del lanzamiento se ha amparado en ese exacto término -“pionera”- para sobredimensionar música y compositora, ubicando a esta última al mismo nivel que el de una Delia Derbyshire o un Karlheinz Stockhausen. Despropósito que estoy seguro nunca cruzó la mente de la joven Oksana. Números como “Mariposas Acuáticas” o “Psicocatálisis” a lo sumo replican la pegadiza evocación que lograsen transmitir las fábulas instrumentales de percepción trans-sónica de Tangerine Dream, cuando el grupo las adaptó a formas más convencionales, durante su travesía ochentera. La propia Linde regala un breve track de nombre “Recordando A Kitaro”, lleno de fervorosa nostalgia dirigida hacia las teatrales eufonías del solista nipón.

Así que, mis queridos/as colegas, ¿necesitan más pruebas para darse cuenta de su cuádruple metida de pata hasta el fondo, al equiparar la obra de Linde a los paradigmas que suponen el genio alemán o la adelantada británica? Ya, pues, no se pasen.

Hákim de Merv