(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio de 2026.)
Sobre el resbaladizo terreno de la experimentación sonora, empero, jamás antes llegó tan lejos como lo hace ahora de la mano de Kamanchakka. Esta nueva apuesta personal le saca varios cuerpos de ventaja a Paisaje 3, utilizando variables y metodologías de composición más próximas al Ruido de lo que alguna vez llegara a estar la sociedad con el arequipeño Begazo. Aunque sólo conste de tres pistas, el epónimo pistoletazo de salida rebasa por escasos segundos el hito de la media hora, indicio de un dispendio generoso y muy característico del avant garde al menos en relación a dos de ellas.
Lo primero que conviene subrayar es la existencia de un murallón de ruido que ocupa todo el horizonte sin atosigar la audición. Es decir, una barrera omnipresente dispuesta a modo de palio o telón de fondo, de manera que encima suyo se hagan viables otras evoluciones estéticas. El matiz sonoro que adopta esa pared depende del estado de ánimo, así como del cariz improvisacional de cada uno de los registros -acuático y ribereño en “La Teoría De Por Qué La Nada Es Todo Y El Todo Es Nada”, ventolero y sibilante en “El Encuentro Entre Dos Personas Que Se Conocieron En Una Vida Pasada”.
¿Y no hay lugar para nada más? En realidad, sí. Cuando Miranda desarrolla sus improvisaciones más extensas -todas han sido grabadas con un celular y posteriormente procesadas/mezcladas/masterizadas por el propio mollendino-, encuentra espacios para apartar el velo durante breves instantes, de forma aleatoria. En “La Teoría De Por Qué...”, lo logra valiéndose de un ruido cuyo color describiré como chillón en contraste con la opacidad imperante. Ese ruido acomete navajazos que dejan pasar algunas hebras de luz, al inicio y al final del round. En “El Encuentro Entre...” ocurre otro tanto, solo que los navajazos son reemplazados por trallazos de armas láser (sospecho que rescatados) de viejas películas de ciencia ficción de los 50s y lustros anteriores. Los únicos momentos en que podemos ver el cielo azul, aunque sea desde una mezcla de desesperanza y melancolía que no se marchita.
“Kamanchakka” es una palabra de origen aymara, usada en el sur del país y en el norte de Chile para describir la gélida neblina baja que torna opiáceas y brumosas esas localidades costeras/portuarias donde germina, se agazapa y se ceba. Con seguridad, Mollendo es una de ellas. No hay mucha ciencia, pues, en deducir que es el Puerto Bravo la principal fuente de inspiración a la que Mauricio recurre al momento de dotar de color y forma al contenido de la placa y a su difusa y vaporosa carátula.
Hákim de Merv


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