(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de mayo de 2026.)
Bautizado haciéndose eco del escalofriante suceso de 1997 relacionado a un lovecraftiano fenómeno acústico submarino que dio lugar a (nunca descartadas) especulaciones fantásticas sobre gigantescas criaturas abisales, Bloop propone una inmersión dirigiéndose hacia el corazón de las tinieblas. ¿Inmersión física o emocional? Un poco de ambas. Lo curioso es que se sirve del shoegazing, género muy identificado con imágenes de fulgor y luminiscencia, para hacerlo. Y si bien la música del grupo asimila además plancton de otras aguas, como las del indie o del noise rock, es la variedad de Slowdive y del primer Auburn Lull la escogida para domeñarse a los designios de la lobreguez.
Lo consigue el quinteto formado por Jorge Peña (batería), Héctor Venegas (guitarra y voz), “El Roco” (bajo), Rodrigo Collao (guitarra) y Johan Castillo (guitarra); amparándose en la Baja Fidelidad. Tomándole como su catalizador por excelencia, Supertriste consigue difuminar el baggy sin disolverle: nada más empezar a sonar “Grisáceo”, la ecuación ruido + melodía queda eclipsada bajo una capa lo fi, lo bastante gruesa para obliterarle y lo suficientemente delgada para apreciarle a través de ecos lejanos. Es como si estuvieras presenciando una avalancha de distorsión en clave pop, ahogada por un registro fosco, que nubla esas fuerza y vehemencia. Esta dialéctica acompañará al combo hasta el final del viaje.
En la tríada “Algo Siento”-“Nube”-“Descendente”, Supertriste se zambulle en el canon shoegazer adecuando los tiempos y desbastando todo lo que puede las aristas de su sonido. Da forma, así, a un output que podría catalogar como “shoegazing oscuro”; si ese concepto no constituyese en sí mismo una aporía. No lo hago porque, esto aparte, uno de los rasgos más llamativos del plástico es que las vocales se entienden completamente -diferencia crucial respecto del paradigma noventero, donde las voces son por regla general ininteligibles.
Para contentar a propios y extraños, Bloop acaba volviendo al punto de origen con “36”, cierre de un esférico cuando menos peculiar. Merece escuchársele en físico, porque su diseño corresponde al de un tour de force, con casi todos los tracks entrelazados. Dicha edición corre a cargo de la aún novel escudería chilena Espora Discos, mientras que puedes optar por la descarga libre desde el BandCamp del proyecto, y por la descarga paga desde el de la santiaguina Joy Box Records.
Hákim de Merv


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