

Cuatro canciones concebidas
sobre la laboriosa performance de Vascones y Segura, digna de dragones de
silicio ocre enroscados en una danza/lucha elíptica. La mención honorífica va
para ellos en lo que atañe a este cumplidor ejercicio de power blues (lo otro
que de power tiene el trío). Un diligente inicio de gustillo añejo.


Nueve proyectiles a
cual más pulido y calibrado que el anterior -podría enumerar “Prisionero”,
“Cosmos”, “Esclavo”, “Inerte” y seguiría echando de menos el impacto y la
absorción atómica de los demás. Aniquilador estreno del cuarteto que componen Álvaro
Gonzales (segunda guitarra), Rodrigo Chávez Garcés (guitarra y voz), Luis
Rodríguez Chávez (batería) y Carlos Del Castillo (bajo); mismo que abrirá para
Earthless, tótem absoluto de la escena stoner mundial, en su visita de noviembre
próximo.
El perfecto revés del
extended de Desert Gang -como para escucharles uno tras otro, en una dirección
u otra.
Actualmente
residiendo en Lima, Erick Baltodano (guitarra) es originario de Trujillo. La
semilla de Artaud se plantó en la capital de La Libertad, y por lo tanto
adscrito a esa región debería considerarse el grupo que fundase al lado de su
hermano Boris (bajo).

Un lustro después, Erick
Baltodano, único sobreviviente de la formación original -Boris pasó a las filas
de Ancestro, que ya ha merecido sendas reseñas en este blog-; recupera a Artaud
con el que debe considerarse su primer tomo en regla, elegido entre tres finiquitados
en el 2017, cada uno concebido por formaciones diferentes. Cábala, grabado en Lima en octubre pasado con Baltodano en guitarra
y theremin, el mexicano Martín Escalante encargado del saxo, Juan Francisco
Ortega en el teclado, el The Terrorist Collective y ex Cholo Visceral Israel
Tenor acreditado en “machete” y a las baquetas, y el reconocido músico Teté
Leguía (Gomas, Tanuki Metal Yonin Plus, Space Bee, Trío Nuna y un fantastillón de experiencias
más; incluso lleva adelante un proyecto asociado a Escalante que ya cuenta con
un registro epónimo) en el bajo; ha sido publicado en físico, lo mismo que el Cosmos de Rito Verdugo, por Necio
Records.
Álbum conceptual de
dos movimientos sin pausa, Cábala
“cuenta” en sus 27 minutos y tanto la historia de dos caballos: “Cábala” y
“Réplica”. El primero es una bestia joven, dueña de su destino y de su vida. El
segundo es un animal viejo, próximo a morir, resignado ante la certeza de su
desaparición y sereno ante la perspectiva de unirse a la tierra sobre la que
cabalgó toda su existencia. El disco no tiene voz ni letras, pero ambos relatos
no las necesitan.

“Réplica” son casi
7 minutos de improvisación más reposada, como corresponde a su protagonista, y abunda
en formas más reconociblemente rockeras. Sus medios tiempos se adaptan al trote
regular que cabe esperar aquí, o al menos así lo parecen después de la virulenta
intensidad de su predecesor. Las revoluciones bajan progresiva aunque
imperceptiblemente, hasta que el track se extingue en medio de sonidos
extraídos de la naturaleza -que, en realidad, lo han acompañado todo el tiempo:
el gorjeo de los pájaros, el sonido del viento, el golpeteo incesante de la
lluvia, el fragor del trueno, etc.
Sospecho que no ha
sido directa inspiración para Artaud, pero de todas maneras crucial, así que
apunto el hecho: tanto en su propio BandCamp como en el de Necio Records,
Baltodano consigna un fragmento del poema “Balada Para Un Caballo” de nuestro
aedo Jorge Pimentel, que rematará estas líneas. La glosa calza tanto con la
obra sonora como con la portada -ideada por Erick, quien produce junto a Camilo
Uriarte (El Aire). Tumultuoso y levantisco, pero sobre todo inusual debut.
“Yo sabía
lo que le sucede a
un caballo en la ciudad. Y
por ello me
mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede
lo que tiene que suceder. Pero si yo
me rebelo y
persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un
medio donde la civilización se mata
y permanecen odios,
prefiero ser caballo. Mojaré
la tierra con mis
orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir y
me uniré a las manadas para galopar
hacia la vida, para
mantenernos unidos y vencer,
para no estar
solos, para volvernos verdes-azules-amarillos
anaranjados-rojos y
trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin
límites.
Seré libre así y al
menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
y de mi potranco”.
Hákim de Merv
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