(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 1ero de junio del 2022.)
Pese a que durante los 00s las visiones que impelían
su poiesis se revistieron de parafernalia que le movió hacia niveles alegóricos
antes impensables, hasta Cosmopolis (2012) podía afirmarse que la obra
de David Cronenberg seguía en constante evolución. Largometrajes como A Dangerous Method (2011), A History Of Violence (2005) o Eastern Promises (2007) lo mostraban en plena forma -tomándose su tiempo, eso sí,
para concretar cada nueva película; a diferencia de los asombrosos promedios editoriales
que acreditase en los 80s y en los 90s. Entonces se estrenó Maps To The Stars (2014), drama que apelaba a la sátira sin alcanzar el aprobado que se
tenía por inherente al apellido de semejante director. El canadiense debe haber
sentido la pegada: de ahí que ocho calendarios medien entre Maps... y su
regreso al ecran retomando un viejo proyecto ya tratado en 1970 -Crimes Of
The Future anuncia, además, el retorno de Cronenberg en modo Profeta de la
Nueva Carne.

De todas formas, el veterano realizador
cuenta con una extensa producción que ha sido motivo de diversidad de análisis y
acercamientos, así como centro de profunda devoción irradiada más allá del
público cinéfilo y/o meramente aficionado -no por las puras, Cronenberg es cuestión
aparte en el estudio del séptimo arte. Para más inri, el 4 de marzo
Eighth Tower Records lanzó un álbum que guiña precisamente a las superlativas cotas de
mutaciones pesadillescas, furiosas crisis existenciales y realidades
identitarias relativizadas que hemos enfrentado en
Videodrome (1983),
eXistenZ
(1999),
The Brood (1979),
Scanners (1981),
Naked Lunch (1991)
o
The Dead Zone (1983). A tal fin, la subsidiaria de la plataforma
napolitana Unexplained Sounds hace comparecer en
The Body Of Horror - Music Inspired By The Cinema Of David Cronenberg a algunos de los músicos que
integran su amplio catálogo -italianos cinco de ellos, mientras que los otros
cinco proceden de Estados Unidos (Schloss Tegal), Irán (Dodenskald), España (Kloob)
y Suecia (Desiderii Marginis y Jarl).
Contrariamente a lo acaecido con The Beyond - Music Inspired By The Lucio Fulci Death Trilogy (‘21), los
aprensivos climas de discordante ominosidad post industrial conjurados por sus
participantes dan lugar en The Body Of Horror... a un dark ambient acerado
y filoso, que congenia tonificado con la palpitante épica visceral de los films
dirigidos por el Barón de la Sangre. Las siniestras atmósferas preñadas de
overtones dronizados adquieren una sustancia que se percibe más como horrenda
que como terrorífica, cooptando así la esencia del discurso audiovisual del autor.
La tríada compuesta por “Morphogenetical Grafts” (Dodenskald), “ConSec”
(UNCODIFIED) y “Metaflesh” (Schloss Tegal) es reveladora a este respecto, con
esa pulsante y estruendosa desolación que de vez en cuando (r)estalla gracias a
nocivas frecuencias disruptoras. Un par de peldaños más abajo se ubican el
asistólico latido de “Dr. Benway’s Narcotics Operation” (Sonologyst), el
muestreo que de Naked Lunch hace “The Interzone” (Desiderii Marginis), la
apertura “A Cognitive Island Of Fake Tumor Implants” (Sigillum S) y la
semi-industriosa “House Of Skin” (Mario Lino Stancati).
Los puntos más altos en una jornada de oleadas
de ruido esculpido que se comporta como rarefacto: la excelente “Dead Zone
Visions” de Jarl y sobre todo la genialidad cronenbergiana de “Cortical Systematics”,
responsabilidad del trío binacional Mortar Devotions. Conformado por el dúo
itálico Nona Et Decima y por el finés Aleksei Tsernjavski, este trinomio firma una
secuenciada pieza horror synth de desapacible compulsión kinésica. Como si el
propio filmmaker norteamericano la hubiese pensado y ejecutado -una delicia.
Afirmaba el recientemente fallecido Rafael Llopis, el más importante glosador del que la hiperbólicamente aterradora cosmogonía de Cthulhu ha gozado en lengua castellana, que todo mito atraviesa cinco etapas
antes de su ineluctable deceso: horror numinoso, leyenda folklórica, arte
fantástico o terrorífico, humorismo y bufonada. Lo que no previó el célebre estudioso español al acuñar esa aseveración fue que el panteón entrevisto en
sueños por H.P. Lovecraft -esta “...religión sabida falsa desde un principio...”-
iba a regresar de la muerte con vigores renovados y completamente regenerado. Lo
corroboran multitud de manifestaciones artísticas en todo el mundo: sonoras,
cinematográficas, literarias, plásticas.

A la par del nuevo material concebido como
Sonologyst, Raffaele Pezzella -el capo de
Unexplained Sounds y Eighth Tower- se
saca de la manga este nuevo alias que inequívocamente responde a
una inflamada pasión por el venerable visionario usamericano. The Great Old Ones es, en efecto, un
tributo declarado a la creación central de Lovecraft: los Grandes Antiguos,
¿dioses infernales?/¿demonios protectores? que fungen de principales animadores
en su mitología. El debut ya marca una pauta fundamental concerniente al
devenir del acto -cada nuevo trabajo llevará el nombre de uno de los monstruos
lovecraftianos, por lo que no sorprenderá escuchar más adelante placas
bautizadas con apelativos como Ithaqua, Ubbo-Sathla, Hastur, Azathoth, Cthugga,
Ghatanothoa o Shub-Niggurath.
Yog-Sothoth decanta, depura, reconcentra
los hallazgos más significativos de los que se han provisto ambas escuderías en
el curso de años. Sorteando la tentación de apelar al audioextremismo, The Great
Old Ones hace honor a su denominación con doseles acortinados de zumbidos cuyas
incesantes ondulaciones se modulan a base de crescendos truncos y súbitos diminuendos.
Las ambientaciones que repujan “The Lurker At The Threshold” (colaboración
póstuma entre H.P. y August Derleth, el sanpablo de los mitos de Cthulhu), “Your
Servants Call Upon You” o “Born From The Nameless Mist” (Magnum Innominandum
del cual nace la mayoría de entidades cósmicas lovecraftianas) son
estructuradas por precipitaciones de texturas sónicas absortas en una malignidad
epatante. Dark ambient minimalista, que prefiere envolverte antes que pecharte,
a medio camino entre la composición contemporánea y una drone music de tóxico
ritualismo reptante.
Podría ponderar los atonales retazos ¿vocales?
de “The Lurker...” (muy pocas veces un título de estos sellos ofrece la
posibilidad de identificar la voz humana, la norma no escrita es que se
prescinda de ella), los theremines de serie B acuciados por el tenebrismo
expansivo de “Your Servants...”, el ruido vaporizado y re-condensado en
titilantes estalagmitas cristalinas de “Born From...”. Al filo de la hora, me
decido por ungir el mórbidamente subsónico “Beyond Mortal Comprehension”
-veinte minutazos en perfecta sintonía con ese horror cósmico, pero sobre todo ciego
y sordo, que nos produce todavía aquello que se halla más allá de la
comprensión humana, tantas veces aludido/insinuado por el atormentado escritor
de Providence. Que Nyarlatothep lo guarde siempre en su ectoplasma.
Hákim de Merv