miércoles, 15 de julio de 2026

Boards Of Canada: Inferno

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de julio de 2026.)

En relación a trayectorias discográficas consolidadas entre cuyos estrenos median lustros e incluso décadas, suele ocurrir que simultáneamente uno/a se entusiasma y frikea al anunciarse nueva entrega. Ha pasado antes, cuando algunos de nuestros héroes deciden salir del (semi)retiro: Slowdive, Dead Can Dance, My Bloody Valentine, The Cure, Stereolab... Iba a adicionar también a Seefeel y a Swans, pero desde sus respectivos regresos se han mantenido razonablemente activos. Como asimismo aquella sensación, esta tendencia seguirá verificándose en el futuro -sin ir muy lejos, The Durutti Column ha proclamado su inesperado retorno para fines de este mes.

Esa exacta emoción llamémosle “bipolar” es la que hemos sentido muchos/as al darse a conocer la noticia del reentré de Boards Of Canada. Transcurrió un ochenio entre The Campfire Headphase (‘05) y Tomorrow’s Harvest (‘13), y ¡¡¡trece años!!! entre este último y el novísimo Inferno. No se desconocía que el insular dúo escocés seguía respirando, pero eso no se traducía en expectativas de nuevas rodajas, tal cual sucede con otro peso completo de la escena IDM/post rave, Richard D. James a.k.a. Aphex Twin. Mucho menos se esperaban grandes novedades en cuanto a la evolución de su sonido, metamorfosis que la banda resolvió en dos pasos para luego recrear -con bastante éxito- su peculiar estética idilitrónica.

Desde los albores de su carrera con Twoism (‘95) y el Hi Scores EP (‘96), la música de BOC ha estado marcada por una nostalgia inducida que sabe a néctar de los dioses, en danza constante de causa y efecto con el correlato visual de sus videos, forjado al amparo del documentalismo experimental que identifica la institución del país del norte que su nombre homenajea (National Film Board Of Canada). Ello, gracias a una habilidad poco menos que épica para cincelar palimpsestos electrónicos sostenidos por beats descendientes del hip hop y bordados por sampleos que predisponen a la contemplación y al ensueño. De ahí que placas como Geoggadi (‘02), Music Has The Right To Children (‘98) o el hermoso In A Beautiful Place Out In The Country EP (‘00) les hayan consagrado como auténticos alquimistas de la duermevela.

Por eso es que Inferno ha sorprendido tanto. Si bien se corresponde con su background la pasteleada visual que supone el video promocional auspiciado por Warp Records, que enyunta “Introit” y “Prophecy At 1420 MHz”, Boards Of Canada esta vez ha ido por otros senderos. Si en el pasado la dupla bosquejaba lienzos de colores inciertos y formas imprecisas, que irradiaban calidez y una melancolía por aquello que ya fue pero que nunca vivimos, ahora esas cualidades están orientadas hacia el futuro. ¿Eso quiere decir que el tándem se aproxima al retrofuturismo de los Stereolab ‘95-‘99? No. Acaso lo suyo pueda tolerar el calificativo de retrofuturista. Con lo que no puede compatibilizar es con la acepción en-el-mejor-de-los-sentidos entre naif y cool de la mancha de Lætitia Sadier y Tim Gane.

Porque sí, BOC ha decidido proyectar sus filias hacia un posible futuro no tan distante para nuestra especie. Y ése es el bemol. Al ubicarse cercano en el Tiempo, ese mañana se asemeja más a una distopía que a los apolíneos augurios stereolábicos. Inferno es un testimonio lleno de oscuro pesimismo, atiborrado de ambient estilizado que constantemente muta en una suerte de IDM grisáceo, acorchado. Abundan corifeos de digitales strings que presagian tecnocracias orwellianas (“Hydrogen Helium Lithium Leviathan”), capas de guitarra tratadas al punto de moldear fantasmales exordios más o menos breves (“Somewhere Right Now In The Future”), beats apagados que trotan entre amarillos cancerígenos y blancos que van del celeste al verde (“Blood In The Labyrinth”). Al escuchar el plástico, no pocas veces me he encontrado recorriendo mentalmente los parajes del mito contemporáneo de Blade Runner -de la original, por supuesto, pero muchísimo más de la secuela dirigida por el canadiense Denis Villeneuve (mira tú qué coincidencia de nacionalidades). Esos ¿crepúsculos? de rojo sangrante (“Deep Time”), propios de un mundo que va camino a ahogarse en su extinción sin darse cuenta, esos sampleos vocales más que ominosos (“All Reason Departs”), montados en programaciones urgidas de subtramas rítmicas con que aminorar la tensión, esa incertidumbre de no saber si el monitor de una UCI anticipa los últimos instantes de una vida o los primeros de otra (“Memory Death”); jirones de output que me sitúan en la decadente civilización humana de un 2049 del que ya no nos hayamos tan lejos.

No me queda claro si Boards Of Canada apuesta por introducir en Inferno un contexto religioso subyacente. “I’m A Sinner”, se escucha decir a alguien en “Age Of Capricorn”. Sólo después de ocasionales fogonazos de luz, las voces orientalizantes de “Naraka” dejan de ser vocoderizaciones inertes de un nuevo orden que ya ha caducado, y que sin embargo nosotros/as aún no atravesamos. Los sacros modales livianos de “You Retreat In Time And Space” son otros indicadores de que tal vez la mancuerna oriunda de Edimburgo ofrece una tabla de salvación frente al despelote que se nos viene encima. Un despelote que muy fácilmente puede estar comenzando ahora mismo con el develamiento impúdico de las élites de poder fáctico/monetario y el auge de las ultraderechas satelitales en todo el mundo, aupadas desde una delirante Casa Blanca trumpista que insiste en negar el calentamiento global y en inmiscuirse donde no le llaman.

Obviamente, existen circunstancias de sobra con que identificar el perfil clásico de Michael Sandison y Marcus Eoin: la apremiante pulsión tecno-ornamental de “Acts Of Magic”, el sedante tribalismo coral de “Father And Son”, el evocador ambient tecnificado en “Arena Americanada” y documentalista en “Into The Magic Land”. Son excepciones, con todo, en medio de un álbum que se hace eco del desaliento que reina en el mundo contemporáneo; que se mira en el pathos de un dark ambient a lo ProtoU, y nunca en su cavernoso sonido. Una jornada que por principio de cuentas ha sido bautizada con la decidora denominación de “inferno”, en la que Boards Of Canada atisba la posibilidad de un lúgubre porvenir aún irreal -pero cuya semilla ya está plantada.

A pesar de todo lo antes escrito, he disfrutado de Inferno y sus visiones derrotistas, del mismo modo en que en otros tiempos he disfrutado del Sonic Youth más maligno, de Lovecraft, de Shinya Tsukamoto o del polaco Beksiński. El Arte no tiene ninguna obligación de ser luminoso, etéreo, “bonito” o moral (ético sí, moral no). La única conditio sine qua non excluyente del Arte es la de exorcizar aquello que la mente y el corazón del ser humano pueden concebir, y este discazo de 70 minutos lo consigue con creces. Una sola objeción: Inferno termina abruptamente con la esperanzadora “I Saw Through Platonia”. Un final más acorde hubiera sido “Vol.4 - P. Primers - 177 Giraud's Mirror”, composición que sólo se halla disponible en la versión doble vinílica, pues ni siquiera en las agiotistas ediciones japonesas del CD viene añadida. Lo que es dejar al/la castigado/a fan salivando sin pausa. Puedes escuchar el tema haciendo click aquí.

Hákim de Merv

jueves, 9 de julio de 2026

Miyagi Pitcher: Geosmina EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio de 2026.)

Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai () (‘22). Lo más prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.

A propósito del género fundado por Macintosh Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles subatómicos, imperceptibles.

Por lo demás, ello responde a la voluntad expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas. Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher. Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.

El proceso de ralentización finaliza con “Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”. Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.

Sí, todo lo paja que quieras. No obstante, sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.

Hákim de Merv

jueves, 2 de julio de 2026

Kamanchakka: Kamanchakka

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio de 2026.)

No es que Mauricio Miranda nunca se haya aventurado en las estepas agrestes de la música de avanzada. De hecho, al también bloguero le debemos tanto las exquisitas compilaciones para descarga gratuita Grito Al Vacío: Shoegaze En El Perú 1991-2013 y Gritos Y Secuencias: Shoegaze En El Perú Parte II como el unigénito largo de Paisaje 3 Sesión Invernal junto al prolífico Raúl Begazo (Fobya, Orquídea, Alunaki), con que se inicia sobre suelo patrio la tradición del tripgaze. Sin embargo, no es menos cierto que en su currículum referencias convencionales como Albatröss (alternativo, grunge) o Los Perros Del Sotánico (surf garage punk) cosechan algo más de atención.

Sobre el resbaladizo terreno de la experimentación sonora, empero, jamás antes llegó tan lejos como lo hace ahora de la mano de Kamanchakka. Esta nueva apuesta personal le saca varios cuerpos de ventaja a Paisaje 3, utilizando variables y metodologías de composición más próximas al Ruido de lo que alguna vez llegara a estar la sociedad con el arequipeño Begazo. Aunque sólo conste de tres pistas, el epónimo pistoletazo de salida rebasa por escasos segundos el hito de la media hora, indicio de un dispendio generoso y muy característico del avant garde al menos en relación a dos de ellas.

Lo primero que conviene subrayar es la existencia de un murallón de ruido que ocupa todo el horizonte sin atosigar la audición. Es decir, una barrera omnipresente dispuesta a modo de palio o telón de fondo, de manera que encima suyo se hagan viables otras evoluciones estéticas. El matiz sonoro que adopta esa pared depende del estado de ánimo, así como del cariz improvisacional de cada uno de los registros -acuático y ribereño en “La Teoría De Por Qué La Nada Es Todo Y El Todo Es Nada”, ventolero y sibilante en “El Encuentro Entre Dos Personas Que Se Conocieron En Una Vida Pasada”.

Una guitarra, loops drónicos, sampleos y muchos sound effects emergen y se eclipsan intuitivamente; alternando con apenas audibles guiños melódicos, con estallidos casi geológicos de noise, con un dark ambient frontalmente post humano. Este último resuena sobre todo en “Al Atardecer En Un Inhóspito Planeta De Una Galaxia Muy Lejana”, el track más conciso si se lo compara con los once minutos y 41 segundos de “El Encuentro Entre...” o los trece minutos y medio de “La Teoría De Por Qué...”. En cualquiera de los tres casos, las ambientaciones de Kamanchakka remiten a una penumbra permeable, que aún en sus momentos de mayor hesitación encierra la promesa de una oscuridad ineluctable, definitiva.

¿Y no hay lugar para nada más? En realidad, sí. Cuando Miranda desarrolla sus improvisaciones más extensas -todas han sido grabadas con un celular y posteriormente procesadas/mezcladas/masterizadas por el propio mollendino-, encuentra espacios para apartar el velo durante breves instantes, de forma aleatoria. En “La Teoría De Por Qué...”, lo logra valiéndose de un ruido cuyo color describiré como chillón en contraste con la opacidad imperante. Ese ruido acomete navajazos que dejan pasar algunas hebras de luz, al inicio y al final del round. En “El Encuentro Entre...” ocurre otro tanto, solo que los navajazos son reemplazados por trallazos de armas láser (sospecho que rescatados) de viejas películas de ciencia ficción de los 50s y lustros anteriores. Los únicos momentos en que podemos ver el cielo azul, aunque sea desde una mezcla de desesperanza y melancolía que no se marchita.

“Kamanchakka” es una palabra de origen aymara, usada en el sur del país y en el norte de Chile para describir la gélida neblina baja que torna opiáceas y brumosas esas localidades costeras/portuarias donde germina, se agazapa y se ceba. Con seguridad, Mollendo es una de ellas. No hay mucha ciencia, pues, en deducir que es el Puerto Bravo la principal fuente de inspiración a la que Mauricio recurre al momento de dotar de color y forma al contenido de la placa y a su difusa y vaporosa carátula.

Hákim de Merv