(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de marzo de 2026.)
Cryptic (Demo) es, en la práctica, un EP. Cinco temas, poco más de dieciséis minutos. Grabado y mezclado en diciembre último, tiene el encanto de la noviciada por encima de su meningítico audio: las ardorosas ganas intactas que te impelen cuando inicias el camino, los errores involuntarios de ejecución, la altisonancia con que intentas compensar la falta de experiencia... Por supuesto, el cassette también se erige en torno a riffs de genética hardcore punk, una rasposa garganta irritada hasta el tercer grado, los tiempos acelerados de que provee una batería de doble bombo. En resumen: thrash -y en mucha menor medida speed- de intensidad a mil y de técnica al 50%.
En cuanto a la técnica, bueno, queda claro que falta mucho por recorrer. Funcionan esas eléctricas que me hace alucinar con masivos muros ancestrales de sillería tan monumental como tosca, principalmente en “Darkened Wrath” y en “Malediction”, pero hoy no alcanza con recrear el paradigma thrash. Tampoco basta con la performance actual de Daniel G. frente al micro (a esas vocales les falta ganar un poco más de peso). Y si bien el esfuerzo del soporte rítmico puede ponderarse en Cryptic..., a cosechar ese mismo lauro no llegará la próxima vez. El único punto fuerte concierne a los bestiales punteos que Malefyr descerraja en sus canciones: veloces y medio complicados, no siempre tirados para el melodicismo. No niego que las demás instancias puedan tener oportunidades de crecer, pero en el caso de la eléctrica a cargo de los solos, las veo clarísimas.
Mis favoritas: “Heretic War” y “Mind Flayer”. Portada, logo y anonimato, en la mejor tradición old school del aludido subgénero metalero.
Las psicofonías constituyen uno de los campos de investigación más fascinantes de los que pululan entre las ciencias exactas y las paraciencias. En derredor suyo brotan ayes lastimeros, quejidos no humanos, ruidos inquietantes; todos ellos sin explicación material mesurable conforme al paradigma vigente de la ciencia humana. Observan sus detractores que estos extraños fenómenos encuentran sustento en la pareidolia, tendencia del cerebro humano a identificar patrones en medio del ruido al azar. Sin embargo, el perfil de los receptores de estos sonidos es lo bastante amplio como para no adecuarse la pareidolia a todos los casos conocidos, dejando por ende margen a la duda.
Valiéndose de este concepto, Eighth Tower Records ha convocado a algunos de sus artistas para dar pie en bola a Electric Dead Speak: Music Inspired By The Electronic Voice Phenomenon (febrero). El nombre en inglés es más apropiado, puesto que estos ruidos que no provienen de ninguna parte ni de emisor visible suelen quedar registrados a través de medios electrónicos de codificación, no siendo siempre percibidos durante el suceso pero sí a posteriori en toda la casuística documentada. Qué mejor para acometer la confección de un álbum que refleje estos estudios sobre la frontera entre el Sonido y la percepción humana, que la subsidiaria de Unexplained Sounds, poseedora de la nómina tal vez más idónea del planeta a tal fin.
En la segunda mitad, Electric Dead Speak... adquiere ribetes más lúgubres. Dark ambient en estado puro (“Metaphonic” de Richard Bégin), enrielado hacia zumbidos pesadísimos (“Voces Mortuorum” de Nerthus), abandonado a una torrentera brutal de crispantes frecuencias en constante crackeo (“Spectral Patterns In Random Noise” de The Resa), sumergido en una fuente burbujeante de horrores inefables (“The Empty Tower” de Oubys). Un ensayo de texturología compleja cuyo principal nutriente es un ambient iterativo, drónico, completamente desmarcado de cualquier forma de síncopa; y por ende propenso a la inmersión tensa, opresiva, torva, terrorífica. Pieza clave: “PhAntAsmA”, de Nikos Sotirelis.
Sólo hacia el final, el muestrario afloja en algo la marcha incluyendo “The Child’s Laugh” de Insectarium. Digamos que en otra jornada su soundscaping noise podría adecuarse sin alegar nada en contra. En el presente contexto, y pese a su rugido postrer, la grandilocuencia le resta puntos en vez de sumárselos. Claro, puede interpretarse como la válvula de escape para conducir nuestras mentes a la superficie de nuevo, tras más de una hora en caída libre hacia abismos psicológicos y físicos sólo entrevistos por el subconsciente. Pavorosa compilación proto/filo-industrial de aislacionismo y de ambient casi ritual.
Hákim de Merv
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