jueves, 23 de febrero de 2023

Maria Reiche: Perdiendo Frecuencias / Atlántico EP //Panoptia: Manglar // El Otro Infinito: No Nos Rendimos EP // Vida En Marte: Punk Rock Por Atenas // Necrosante: Cadáveres Electrónicos // Thank You Lord For Satan: Thank You Lord For Satan

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Siendo el principal de ellos el de DJ Locopro, de cuyos más recientes lanzamientos di cuenta hace dos semanas, desde hace años Miguel Elescano ha venido editando material a discreción sirviéndose de numerosos chaplines. Tributarios en mayor o menor medida del octanaje bpm característico del tech-house, todos ellos... hasta hace unos meses, en que el músico decide crearse una nueva identidad. Es ésta la de Maria Reiche, visible homenaje a la eminente matemática y arqueóloga alemana que consagrara su vida al estudio y preservación de las hoy mundialmente célebres Líneas de Nasca.

Este nuevo vehículo para las aspiraciones artísticas de Elescano no enfila hacia alguna dirección específica. Para que te hagas una idea, en mayo del ‘22 aparece la puesta de largo de MR, inscrita en una inconfundible tradición de férrea experimentación digital. Nada más empezar la reproducción, queda clarísimo que Perdiendo Frecuencias corresponde a una personalidad insospechada en el capitalino -la del esteta que baraja ruido, vacío, suciedad, silencio. No hay, en sus dos tercios de hora, el menor atisbo de síncopa: las seis pistas que le integran se suceden una tras otra dejando como saldo de audición texturas que son todo rugosidades (“En Casa”), vibraciones alteradas (“16C”), ruidos que son todo excoriaciones (“Invierno”).

Los tratamientos de distorsión y manipulación del sonido aplicados por Elescano dan forma, así, a un LP abrumado de ambient escuezante; que irrita sin descanso al escucha. Suma en ese propósito la extensión del repertorio, harto dilatada en comparación con el minutaje promedio que suelen manejar los demás rostros del autor, llegando el cierre “Waiting” a superar la docena de minutos. Paradójicamente, “Waiting” y su nutrida colección de sonidos ambientales urbanitas se erige como lo más “tolerable” del CD.

Respetando la única constante en la dialéctica de Maria Reiche, es decir la absoluta prescindencia del pulso percusivo, todo aquello que no es Perdiendo Frecuencias lo es Atlántico, su EP de la veintena de julio. Tercia, sin embargo, una circunstancia decisiva: el track list completo cobró sustancia durante las frías madrugadas en que el limeño se mantuvo en vela al lado de su padre enfermo. El extended, de hecho, está dedicado a la memoria de don Esteban.

Es el de Atlántico EP, por ende, un ambient radicalmente diferente al del álbum previo. Cientos de veces más carnoso y colorido, su espectro se abre hasta fases críticas, permitiéndose combinar barnices de electrónica minimal y de new age setentera. Incluso en sus momentos de ingente aridez (“Peces”), el plástico definitivamente resguarda una mayor musicalidad que la de PF. Y aunque tanto “Hope” como el timing asistólico de “Atlántico” son exponentes de melodías cálidas, expansivas y vivaces; toca coronar al primero por el uso intensivo de unos teclados en-la-práctica inequívocamente Hi-NRG.

Insondable misterio rodea el futuro inmediato de Maria Reiche. No queda sino perseverar estoicamente en la espera.

Tal como sucediese con José Luis Arango y Ayver hace un año, quedo gratísimamente sorprendido con Julio Guillén Serrano y Panoptia. Sintomáticamente, las similitudes entre los dos proyectos no escasean. Conscriptos ambos en los regimientos de combos peruanos de más excéntrico pedigrí, Panoptia y Ayver cuentan con obras relativamente copiosas dados sus cortos periodos de existencia -ubicados cuando mucho al iniciarse la segunda mitad de los 10s. Las divergencias son básicamente estéticas. Mientras Ayver se posiciona cerca del post rock con accesos de neoclasicismo a lo This Mortal Coil o Rachel’s, Panoptia se siente a gusto vagando a través de las distintas sendas que convergen en/divergen tras la IDM, sin asentarse por entero en esa comarca del planeta electro.

De las dos placas editadas por Guillén Serrano el año pasado, focalizo este breve comentario en la segunda, liberada en los idus de noviembre. Como ha venido sucediendo desde el epónimo debut (‘16), Manglar parece poner todo su empeño en escorzar la geografía de un mundo ¿paralelo?/¿distante?/¿imaginario? Ríos, penínsulas, litorales, sistemas orográficos, seres vivos; son sugeridos por el pincel de Panoptia. Uno que han moldeado por igual las oscuras suites de The Orb y las melodías angélicamente etéreas de Global Communication (binomio que mereciera mucha mejor suerte que la que recolectó).

Allende las justificadas metáforas cartográficas del acto librepoblense, el output contenido en Manglar describe un arco de tiempo que va de la nocturnidad al alba -o quizá sea mejor hablar de un tránsito que arranca en las tinieblas y culmina en la luz. Desde el IDM/post IDM mutante de “Densidad”, “Manglar” y “Raíces”, hasta los límpidos tapices electrónicos flujoiridiscentes que representan “Vientos”, “Ciénaga” y “Desembocadura”; se produce la locomoción lunar espaciotemporal que precede al nuevo día. La lobreguez de la noche transige paulatinamente ante la llegada de la alborada, que lo inunda todo con su particular fulgor. En paralelo, las influencias formales se van difuminando al mismo ritmo/tiempo, transformándose los últimos temas en manifestaciones de un ambient electrónico sostenido por la improvisación libre y por la experimentación sónica.

Me queda la sensación, desvanecidas ya las barreras ornamentales, de haber descubierto en Panoptia no sólo un nom de guerre con encomiable capacidad para generar imágenes; sino también un excelente compañero para quienes preferimos la Música a la Literatura al zarpar rumbo a regiones no holladas por la imaginación de nuestra especie. Peruano, encima.

Se va convirtiendo en (sana) costumbre que Alfonso Noriega publique un extended play en las proximidades de las fiestas de fin de año -el 21 de diciembre, concretamente, y para más inri valiéndose de diferentes plataformas. 211221 EP se liberó desde el BandCamp de SuperSpace Records en el ‘21. El nuevo “obsequio” con que Noriega baja la persiana del ‘22, No Nos Rendimos EP, se colgó en el BandCamp de su reconocido unipersonal -El Otro Infinito.

Claramente marcado por los agitados meses que atraviesa el país, el curso de acción que escoge No Nos Rendimos EP trae más de una sorpresa respecto del background construido por EOI y de las circunvoluciones con que el surcano se ha reinventado. Ésta que practica Noriega es una de las más arriesgada que ha ensayado hasta ahora. Y es que, sin trastocar influencias ni tótems, el extended barrena un derrotero entre el intelligent techno que sale despedido más allá de la estratósfera -atravesando irrefrenable tanto tiempo como espacio- y el que antropomorfizado conserva los pies sobre la tierra gracias a programaciones angulares y a secuencias aritméticas. Es como si Noriega flotase varios metros encima del suelo, sin alzar la vista hacia arriba (ni mucho menos el vuelo).

No Nos Rendimos EP es intelligent techno apartado de la vorágine de los bpms. No prescinde de la rítmica, pero es evidente que ésta ni le clava las extremidades inferiores al piso, ni colisiona los átomos de deuterio/antideuterio que encienden el núcleo warp con que desplazarse superando la velocidad de la luz. En ese sentido, en piezas como “No Nos Rendimos, Me Decías” y “Tus Signos Aéreos” El Otro infinito se enfoca en una contemplación zen del ambient. Lejos de la tolvanera que cruza la IDM en uno u otro sentido, el extended levita entre el cielo y el suelo: sus notas nunca despiden luminiscencia alguna, su pulso está atemperado, su pulida estética está más repujada que cincelada.

Aún en “Agosto”, canal que calza mejor con el paradigma IDM por el crecimiento geométrico de la batería electrónica, Alfonso se las arregla para no flaquear en ese justo medio que ha encontrado; mientras su voz recita parte de “Las Constelaciones” del poeta Luis Hernández Camarero. Tiene lugar, así, un EP sólido; donde colaboran Leko López (Prados Perfectos, Puna, Rupturas) y Andrea Halley (cuya voz se aprecia en “No Nos Rendimos, Me Decías”).

Marzo del ‘22 ve la salida de Punk Rock Por Atenas, descrito por Herber Paredes en el BandCamp de Vida En Marte como una compilación de instrumentales que lo han “acompañado en todos estos años”. Sería, por ende, un error hablar de Punk Rock... como si fuera “conceptual”; pero acaso no el catalogarlo de “nuevo”, siendo al fin y al cabo material inédito para los cien gatos que seguimos al arequipeño.

Por lo pronto, los ocho asaltos dispuestos en el “compi” tienen algo en común: sin dimitir de la consabida simpleza a la que es tan afecta la producción promedio del seudónimo mistiano, PRPA luce un estilo un tanto más elaborado. Puede ser esa cuota diminuta de lisergia surreal que guiña a Robert Pollard, la que ahora distingue el pop de forma y función/punción indie recuperado aquí. Apenas si hay destellos de dream pop, que en ningún caso se transmutan en shoegazing. Por lo demás, el encanto de la tosquedad/el perfume del amateurismo te encuentra a cada paso. Incluso en “Christmas Boy”, quizá el instrumental más logrado desde un punto de vista técnico en la grabación.

Líneas sencillas, melodías pegajosas, encanto pedestre. “Home Alone 2”, “Stupid Mall”, la tristona e innecesariamente larga “Guided By Moses” (¿viste que tan equivocado no estaba aludiendo al histórico grupo de Pollard, Guided By Voices?), “Herber’s Picnic”, “Robin”... Muestras de un sonido ya afianzado, pop hasta el tuétano, que puede sustituir la eléctrica por la de palo sin que el armazón se resienta mayormente. Diagnóstico del que también participa la ‘new version’ de “1987, 1986”, único track del esférico que incluye voz -en un estado tan “borroso”, que ésta termina siendo ininteligible.

Me gusta el detalle de finiquitar el día con “Home Alone”. Más elongado que “Guided...”, este instrumental tiene un despegue a punta de puros ruidos ambientales citadinos. Cuando entra la guitarra, ésta se descose vaporosamente, recordándome a la distancia las gráciles performances de Vinny Reilly (The Durutti Column). Luego de más de 13 minutos de un lento crepúsculo, “Home Alone” finaliza como cuando se termina el carrete de un añejo film. Un cierre acorde con la opción estética que en estos casi siete años ha adoptado Vida En Marte.

AVISO DE SERVICIO PÚBLICO: Para primeros de diciembre, Paredes colgó la primera recopilación formal de la principal de sus chapas. En versión digital, VEM HIStory: Past, Present And Future contiene sólo 22 de los 32 rounds que incluye la edición física en cinta. Había pensado comentarle, pero como se ha anunciado que éste es sólo el ‘Book I’, mejor me espero a que salga también el segundo libro.

Medio huidizo el andar de Gabriel Tanta Chávez. Utilizando el nombre de Sintonía Muerta, obtuvo cierto reconocimiento que le llevó a participar en tocadas tanto en su natal Arequipa como en Lima, sin que la viada le haya alcanzado a la fecha para colaborar en compilaciones o debutar en corto/en largo. Pese a no detectarse últimamente muchas señales de vida, por suerte el sonido industrial/post industrial de SM todavía sigue en pie de guerra (ofreció set en un evento semioficial de Chip Musik, en diciembre del ‘21).

Simultáneamente, el rojinegro soltó bajo nombre civil un registro en los bytes del BandCamp de la label uruguaya con sede social catalana Hamfuggi Records. Paisaje Azul (‘21) va en consonancia con la propuesta del sello, que apuesta fuerte por el avant garde y el sound art, ambos en estado químicamente puro. Paisaje... no tiene mucho de esa línea, pero sí de un ambient que se las arregla para calificar como experimental sin evitar ser draconiano.

El rubro que ahora ha decidido explorar Tanta Chávez usando el a.k.a. de Necrosante, esta vez abrigado por el regazo caliente de Rip Off Records, es completamente distinto al de su fugaz incursión en el padrón de Hamfuggi -si bien más próximo a lo mostrado como Sintonía Muerta. El autor vuelve a arrojarse de cabeza en los brazos del industrial, haciendo asimismo lo propio en los del EBM, tentando establecerse a medio camino de uno y otro discurso sonoro en un mini-álbum de título Cadáveres Electrónicos. Aún cuando rudos, los rasgos de este artefacto son también sencillos, como haciéndose eco del credo minimal que observa Tanta Chávez desde los días de SM.

Cadáveres Electrónicos está atiborrado de secuencias rítmicas duras, cuadriculadas, impertérritas; que remiten de inmediato a programaciones maquinales que coquetean con el techno industrial de fines de los 80s, pero que las más de las ocasiones se detienen antes de dar el salto definitivo. Rigurosamente instrumental, Necrosante da pruebas de su contundente new beat en cortes como “C9H13N”, “Acrotomofilia” (término que designa la pulsión sexual cuando ésta es detonada por personas que han padecido amputaciones) o “The Fly”. Cadenas, chancabuques  militares,  cabello  corto o al rape, cuero  negro  y  mucha  tecnología pre-digital -unos pasos más y el cyberpunk estará a tiro de piedra.

Destaco dos surcos por distintas razones. Curiosamente, son la apertura y clausura de Cadáveres Electrónicos, cuyo tiraje físico consta de sólo 20 unidades en formato cassette. La primera, “Oda Al Horror Y La Inmundicia”, samplea sin cesar dos porciones vocales de Pink Flamingos (1972), el escatológico clásico de John Waters que inmortalizó a la drag queen Divine, muy a tono con el apocalíptico planteamiento. La segunda, “Inanire”, da el paso que Necrosante estuvo insinuando todo el rato sin atreverse a ir más allá: techno industrial hecho y derecho, digno émulo/par de Front 242 o Leæther Strip, que acaba en un efímero pero intenso estallido de crisis distópica.

Bacán. Nomás no se olvide Tanta Chávez de legar para la posteridad un documento bien producido de SM.

Lo primero que debe decirse de un grupo como Thank You Lord For Satan y su epónimo debut, es que no hay que dejarse sugestionar por semejante denominación. Se supone que esto ya no debería ser ninguna novedad en el siglo XXI, pero algunos otros protagonistas de la nómina Buh Records podrían hacer pensar que una banda con tremebundo alias está en el mismo sendero que Puppies In The Sun, por poner un ejemplo. Basta con saber quiénes están tras Thank You Lord For Satan para descartar de plano paradojas como ésa y similares -Ayahuasca Dark Trip, Doppelg​ä​nger, Jacko Wacko.

Thank You Lord For Satan son Henry Gates y Paloma La Hoz. Gates pertenece a las nuevas hornadas de músicos que se han dado a conocer sobre todo a partir del ingreso del nuevo milenio. Acredita entonces una experiencia para nada desdeñable, cuyo punto más álgido a día de hoy debe ser su paso por Resplandor. La Hoz proviene de otros campos del Arte: ha hecho poesía y actuación. Si bien sorprendió a tirios y troyanos con Folk (2005), debut y despedida de 12 Garras, el proyecto no logró continuidad -además, Folk era bueno y cumplidor, pero tampoco para tanto. Más destacable en cualquier caso me parece su chamba en Mitad Humana. Ambos comienzan a trabajar las canciones que darían forma a su estreno hace dos años, en plena etapa hardcore de la pandemia.

Si hay que escoger una sola etiqueta para catalogar a TYLFS, ésa es la del pop. En ningún momento, la rodaja tiene la intención de sonar experimental, vanguardista, ni tan siquiera innovadora. Esa única etiqueta, con todo, no basta para describir el intenso sonido del dúo. Aunque el formato sea pop, asimila una buena cantidad de referentes. Si bien el elemento preponderante es la psicodelia, tanto en su variable psych sesentera como en su variable neo de fines de los 80s, no es inconcebible detectar indirectas al synth pop y al folk. La mirada que echan en derredor estos ocho cantares tiene algo de velvetiana en la imperfección de su registro -entendiéndose lo de “imperfección” según los asépticos parámetros impuestos por el advenimiento de la era digital en la nueva centuria. No en vano alberga el spanglish de “Conversations Al Amanecer” un tufo más que pronunciado al “Sweet Jane” de la Velvet Underground.

Según entiendo, TYLFS repite dos veces un mismo ciclo. Del pop psicotrópico de “A Million Songs Ago” al senescente laidback al piano de “Isolation”, se hace notoria una declinante rotación. Es algo así como perder la vista en horizontes despejados, pero a la vez llenos de litio que estimula a un tiempo imaginación y emoción, mientras la iluminación se va apagando, consecuencia de una enfática recurrencia de la coartada lo fi. Ese primer ciclo es perfecto. El segundo repite el plato, de los solemnes/gravosos trémolos de “Wet Morning” a la delectable melancolía de “Devine Destinity”. Falla aquí, por desgracia, el otro spanglish del disco, “When We Dance”. No es un problema de sonido, sino de letra, que asoma bastante frívola y superficial en comparación con las que se hallan a la base de las otras siete canciones -eso, y la pueril cita de “The Safety Dance” (Men Without Hats). No pega.

Pronto estará disponible una edición vinílica de la presentación en sociedad del tándem. Debería también planificarse una en compact disc. En ambos casos, no estaría mal contar con un inlay card/booklet que consigne las letras de estas (siete) excelentes composiciones, fluctuantes entre la vocación crooner de Gates y la melodiosidad de La Hoz.

Hákim de Merv

jueves, 16 de febrero de 2023

Varsovia: Diseñar Y Destruir // Hunters Of The Alps: Today Mañana EP // Ayahuaira: Qarqaria // Gacelasheladas: Lo Difícil De No Pensar EP // Aloysius Acker: Last Seconds Of A Cloud // Domingo: Tarde Para Regresar EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (III)

Que la crisis de forma y contenido que en nuestros países soporta el (caduco) modelo neoliberal, ha radicalizado las opiniones en torno suyo a favor y en contra, es una descripción que difícilmente puede ponerse en entredicho. Con mayor razón en el Perú, donde el encono ha crecido a pasos agigantados desde principios de la década pasada, permeando todos los aspectos de la vida cotidiana. Qué mejor prueba de ello que la largada en falso del álbum póstumo de Varsovia, a fines del ‘20.

En efecto, por esas fechas se hizo pública una versión de Diseñar Y Destruir que no contaba con el visto bueno de Fernando Pinzás y Dante Gonzáles, los dos tercios del grupo que mantenían poder de decisión en todo lo relacionado a éste. Había factores de carácter artístico que ya no avalaban, por supuesto, pero la razón de fondo se relacionaba al hecho de que las tomas entonces difundidas habían sido grabadas con el concurso de Carla Vallenas, segunda frontwoman de Varsovia y fuente constante de fricciones debido a irreconciliables posturas políticas. A Gonzáles y a Pinzás, que no son excluyentemente de izquierda, les molestaba sobremanera legar el testamento de la banda con las vocales de alguien abiertamente fachoderechista -que, verbigracia, se negaba a seguir cantando “Cardenal En El Infierno” en las tocadas.

Mediando el retorno de la gritante original Sheri Corleone (quien vivió una estadía en Países Bajos), casi dos años después de aparecida la versión apócrifa culmina Varsovia el “rework” de las canciones reunidas en DYD, escritas entre el ‘15 y el ‘17 -esto es, a renglón seguido del estreno Recursos Inhumanos (‘14). Ello ha comportado la resurrección temporal del trío para compromisos promocionales del disco, finalmente colgado en octubre del ‘22 en el BandCamp de Buh Records -que también se ha encargado de la edición vinílica. Descontando el affaire de la voz, las modificaciones practicadas son si bien pequeñas, importantes.

El track list esgrime ahora un orden muy distinto. Al opus, además, se le han adjudicado ornamentos de sesgo EBM, industrial y hasta proto-trance; lo que redunda en una galvanización más intensa, en una musculatura más recia, en un imaginario más oscuro. Considerando que lo de Varsovia fue siempre synth punk, estas adiciones nimban a Diseñar Y Destruir de una aureola de tirantez levemente angustiosa, catapultando su retórica a niveles hiperbólicos. Ni siquiera en “Obedecer Sin Cuestionar”, en “Diseñar Y Destruir” (guitarra de Óscar Reátegui, de Dios Hastío) o en “Hablemos Claramente” (que samplea un discurso de Juan Velasco Alvarado); donde el synth punk que guiñaba a Suicide en Recursos... luce más nítido, éste permanece inmaculado. La filiación electronic body music va en ascenso desde el minuto cero, con las violentas secuencias martilleantes de Gonzáles y los tumultuosos sintes incendiarios de Pinzás, terminando por llevar al terceto a las puertas mismas del género en la despedida con “Torres De Tensión” (que tiene idénticamente aristas a lo Ibiza). Impávidamente machacón y dantesco, el sonido industrial hinca el diente en la apocalíptica “Cuerpos Anestesiados”, en la sepulcral “Palabra Del Demonio”, en la densa y sórdida “Gallinazos”. Corleone ofrece una performance tortuosa, siniestra y enajenada en estas piezas, correspondiendo así al esfuerzo de sus cofrades.

Mención aparte merece “Entre Velas Encendidas”. Cierto, puede reseñarse influenciada por los primeros actos EBM. La lastimera/quejumbrosa entonación que Sheri reserva para sus líneas le ubican, empero, más próxima a una tentativa electro-dark -probablemente, lo más cerca que ha estado nunca Varsovia del dark-gothic.

Esta sordidez, esta opacidad, no son gratuitas. Cuando escudriñas sus letras y los tópicos que aborda, notas que Diseñar Y Destruir no sólo es el postrer suspiro de Varsovia. Es asimismo el exorcismo de toneladas de mala vibra sedimentadas en las generaciones a las que les tocó vivir, bien en cancha bien en tribuna, la década dura del terrorismo en el país -los 80s. Una década donde la nación fue constantemente disputada, y más a menudo desgajada, por las fuerzas armadas y las organizaciones subversivas; en el marco de la guerra interna de baja intensidad que (mal)acostumbró a la población civil -tanto urbana como rural- a habitar el submundo de apagones, atentados y crónica zozobra existencial. Ése que millennials y centennials ignoran con el mayor de los desparpajos. Lástima que sea éste el adiós definitivo para Varsovia. La suerte, sin embargo, ya estaba echada en el ’17, cuando la terna se disolvió de facto. Con Vallenas fuera de órbita, Dante y Fernando se dedicaron a sus respectivos proyectos de vida, sin perder la complicidad indispensable para por fin hacer realidad este acetato.

Un EP como el jugado por Hunters Of The Alps para saltar el año anterior a la arena de las escenas independientes de sabor patrio, es menos infrecuente de lo que pudiera pensarse. Más extrañas son las coyunturas que han rodeado a este ni-tan-nuevo alias y determinado el sino que ha discurrido en su ruteo.

El rostro tras HOTA es el de Mario Giancarlo Garibaldi, compatriota emigrado a Miami. He leído que el a.k.a. nace como tándem en el ‘12, acompañado por entonces Garibaldi del también peruano Jorge Velásquez. Se dice que la dupla tuvo cierto rodaje en tierras septentrionales, lo que se me hace difícil de creer, toda vez que el extended ha sido presentado con bombos y platillos como el debut absoluto del hoy unipersonal. La presentación en sociedad, pues, ha sido diferida durante dos lustros.

Today Mañana EP, deslicé al iniciar este comentario, es menos insular de lo que sus circunstancias podrían denotar. Su pathos es idéntico al del genial Parallel Time EP de Blind Dancers, por citar un caso siempre a la mano. Siendo el músico un migrante, es bastante predecible que su ópera prima rezume esa nostalgia propia de quien ha vivido largos años lejos de la querencia/del terruño que le vio nacer. Lo que no siempre sucede es que esa añorante tribulación sea versificada en viñetas de pop exquisito, elegante y dinámico.

De “Miedo” a “Moment For Forgiveness”, me muevo en senderos dominados por un pop nostálgico de estupenda manufactura. Esa morriña se revela utilizando varias caras. La de los medios tiempos como “Moment...” (que conecta con la esencia de Peter Green y sus Fleetwood Mac) o “Tormenta” (de imponentes cortinas de teclados), es una de ellas. Otra es la de melodías de una vitalidad a la usanza del pop que sobrevivió sin inclinarse hacia el rock alternativo/grunge ni hacia el shoegazing, hasta que al promediar los 90s Garbage le dio el tiro de gracia, como “Cul De Sac” (guiñazos a The Ocean Blue) o “Tatuada” (buen trabajo de secuencias). Y otra más podría ser esa mezcla de estilizada electro-bossa nova y lounge pop que Garibaldi se saca de la manga para apechugar la relectura de “Costumbres”, original de Juan Gabriel y popularizada tiempo ha por Rocío Dúrcal.

A pesar de la diversidad de semblantes acreditada por Hunters Of The Alps, nada en la puesta de corto tiene pierde. Esto se debe a que el gran elemento unificador del extended es el excelente color de voz de Mario -la manera en que las vocales logran adaptarse a cada track de Today Mañana EP me inspira la imagen de un PedroPiedra de raíces peruanas.

Al voltear la quincena de abril del ‘22, se dispuso online un nuevo esfuerzo discográfico de Ayahuaira, agrupación que practica un black metal de letras abrumadas de referencias a la cultura y mitología quechuas provenientes de Huancayo. Esta particularidad le imprime un fortísimo aire tribal al incontenible aluvión de graves imperceptibles y de eléctricas que se precipitan raudas hacia riffs iterativos y trémolos apuñalados de reverb y distorsión, así como al titánico dique de los consabidos blast beats a los que es tan afecto el subgénero de nórdica procedencia. En consonancia con éste, los integrantes del juninense comando metalero se esconden tras crípticos seudónimos: Ochoja (primera guitarra), Sajgra (voz), Chopjas Atipac (bajo) y Mapache (batería y segunda guitarra).

Qarqaria, no obstante, viene a ser el cuarto acápite en la carrera de una sociedad que se cristalizó en 1999. Dicha carrera empezó un año después con el demotape El Poder De La Divinidad, siguió en el ‘02 con la maqueta El Dominio De La Verdadera Fuerza Suprema, y esperó por Wanka Bélica hasta fines del ‘11. Se trata, en consecuencia, de un itinerario de prolongados silencios -que en 23 años de desplazamiento sólo ha conocido cuatro paraderos.

Como si la falta de periodicidad le pasase factura al cuarteto, la primera mitad de su nuevo larga duración está reservada para el respectivo “reacondicionamiento físico”. La breve intro acústica de ribetes folk de “Lucanamarca Masacre” se desvanece rápidamente ante la irrupción de la electricidad conducida vía una pesada guitarra que no llega a estar demasiado tupida. Los efectos tipo metralleta al anochecer del canal se hacen eco de la barbarie de los hechos ocurridos en la localidad ayacuchana del mismo nombre (abril del ‘83). Con “Guerrero De Barro”, el black metal pisa más firme, aunque todavía sin la contundencia exigida. La que sí adquiere mayor protagonismo es la voz de Sajgra -una voz que ha superado cientos de veces los límites de enrojecimiento y sangrado, que luce hoy raspante y chillona, de igual modo que apenas descifrable. En “Qanpeq Taki Onkoy”, los cuatro disminuyen un poco las revoluciones, mientras que en “Mensajero De La Muerte” la tropa alternativamente se emputa y se atempera, dosificando tempos y encajando cuñas.

A partir de “Aynis”, el combo wanka asume control completo de sus capacidades, a la par que incrementa las alusiones al imaginario quechua-pagano-diabólico en las líricas que dispara. No hay que olvidar la feroz militancia anticristiana del black metal, que subsecuentemente abunda en reivindicaciones paganas, cuando no satánicas. Los blast beats a velocidades lindantes con el hardcore son la norma, pero Ayahuaira gusta de contrastarles empleando nodos de inflexión para la indesmayable marcha, como sucede en “Ayachaquinan”. El cenit de Qarqaria llega con la canción homónima, dedicada a la maligna criatura mitológica que adorna la carátula del CD -y que no es otra que aquella conocida en el sur altoandino como jarjacha, el demonio del incesto.

Ayahuaira homenajea a uno de sus principales referentes folklóricos, Los Kjarkas, ensayando una metálica variante de “Vientos Del Sur”. Razonablemente respetuosa del original, la versión concluye la travesía propuesta en Qarqaria. Ojalá no tengamos que esperar una década o más para su sucesor. La edición física en compacto corre por cuenta de la independiente capitalina Austral Holocaust Productions.

Alejandro Sarmiento estudia composición musical en la PUCP. Estuvo antes en Marbette y actualmente integra Superyó, alineaciones ninguna de las cuales había escuchado hasta ahora ni tan siquiera de oídas. Tampoco el nom de guerre de Gacelasheladas -pero la aparición de su primer EP, Lo Difícil De No Pensar, le puso de todas maneras bajo el radar.

Como sucede en el caso de los Chinese Park, Gacelasheladas lleva algún tiempo grabando y subiendo a Internet algunas de sus composiciones. La primera de ellas se cuelga el 30/03/20, cuando la pandemia del COVID-19 ya estaba declarada, y se había decretado en el Perú la emergencia sanitaria (“Ay Sí, Ay Sí, Todo Me Pasa A Mí (Lo Fi Remaster)”). De los cuatro cortes adelantados, sólo vale la pena mencionar éste y “No Sé Nadar, Pienso Violeta”. Los restantes, publicados durante el ‘21, suponen coqueteos con el trap francamente inmamables. En todo caso, ninguno ha sido repescado en el esférico.

Lo Difícil De No Pensar EP, ergo, se compone de cuatro rounds no editados previamente. Cuatro pistas en las cuales Gacelasheladas retoma el camino de los dos primeros singles virtuales. Pop con mayúsculas, que rebota entre varias salientes y camaleónicamente adopta el aspecto de éstas. “Gripe”, para empezar, es una demostración de lúdico lo fi, hiriente y doloroso. El contraste con “Surfeando Sin Olas En Italia” o “Copo” es más que palpable, si bien ambos números han sido cortados según diferentes moldes: pese a su vitalidad, el primero no es demasiado colorido, sobre todo tras la metamorfosis hacia el college rock usamericano noventero (concretada antes del minuto y medio). El segundo, en cambio, es la balada de cierre; y por lejos el asalto más dilatado del plástico.

El indie pop de “Otoño, Amsterdam Está Sola + Boxtel”, en tanto, se esfuma conforme la canción se “aflamenca”; antes de transformarse en lo que podría describirse como bedroom pop aderezado por Fernando García Escaró (a) Garzo (Metamorphosis, Radiación Selenita, Plug-Plug). A pesar de las disparidades, el artefacto completo funciona como banda sonora para las clásicas fogatas de campamento a altas horas de la noche. Aceptable, y suficiente por ahora. Edita Anti Rudo Records.

Bien distintas unas de otras, de las tres facetas bajo las que José Rodríguez publica documentos sonoros, sin duda Aloysius Acker es la que más satisfacciones le ha reportado. Entre EPs, mini-LPs y placas de largo aliento; esta identidad suya lleva ya ocho títulos a cuestas, algunos más redondos que otros, algunos más conmovedores que otros. El último de éstos, un mini-álbum eyectado en primera instancia a través de SuperSpace Records, posee un nombre lo bastante hermoso como para inscribirle en la maravillosa tradición del primigenio post rock británico.

Algo de eso tiene, pero Last Seconds Of A Cloud no sólo se alimenta de este detritus. Desarrolla AA aquí prolongaciones hacia el bliss pop y, en menor medida, el shoegazing. El magma que de esa conjunción brota es procesado por el autor manejando copiosamente motivos lánguidos/laxos. De este modo, la impresión general es la de estar ante el registro más apacible editado a la fecha por la factoría Acker.

En los cuatro tracks de Last Seconds..., pues, se revuelven y maridan el baggy y su pariente/descendiente más cercano -el bliss. En “Moonlight Monologue” y en “The Sky Is Still Sleeping”, la natural aleación se transforma en inmaculado ambient etéreo de estructuras líquidas. En “A Bird Freezing To Death” y en “Last Seconds Of A Cloud”, se acrisola además la vertiente inglesa del post rock de los 90s -léase Insides, la evolución de Main posterior al Motion Pool (1994). Previsiblemente, estos dos últimos números son los que asimilan grabaciones de campo proporcionadas por Anamorph Experimental Music, artista vienesa que ya antes había colaborado con otro unipersonal perucho -el arequipeño La Vie.

Cualquiera de los temas recogidos en LSOAC atestigua la mirada serena, la actitud contemplativa, el impulso minimal que presidiese el espíritu del artista durante la creación y grabación de los mismos -que éstos formasen parte de un único volumen, como afirma Rodríguez en la sumilla de BandCamp, es meramente incidental. O tal vez mandato del Destino, en su infinita sabiduría.

Profundamente comprometida con el shoegazing y el post IDM, es desconcertante encontrar en la plantilla de una independiente identificada con las “vanguardias sónicas” a un proyecto como Domingo. José Miranda Espinoza es quien se parapeta tras ese nombre -que es también suyo-, y lo hace dando pie en bola a un extended de indie pop erigido con pocos recursos y mucha fibra emocional. Desconcertante, pero también emocionante, porque habla de una saludable ausencia de prejuicios en quienes dirigen la escudería -y quizá augure una apertura de Chip Musik hacia este rango de sonidos.

Miranda Espinoza es una persona ya algo mayor, que compone desde el ‘92 y ambienta desde el ‘01. Esto último está en directa relación con su perfil laboral: “comunicador audiovisual, diseñador sonoro y acústico de profesión”, reza la escueta biografía de su cuenta SoundCloud. Es también padre de dos hijas, que participan respectivamente en voz (Loreto) y viola (Danitza) en algunas canciones del extended de estreno, y a quienes éste va dedicado. Una sola mirada a la portada basta para darse cuenta del denominador común afectivo que enmarca estas cinco composiciones. “Vuelve A Ser Lunes”, “Después De Que Alguien Ya Cruzó”, “One More Time”, “Con Globos De Color” y la pieza epónima: cinco lienzos de líricas reflexivas y melancólicas, como espejos donde auscultar y sobre todo desterrar desengaños, sobrecogimientos, íntimas cobardías. Un puñado de cantatas que ha necesitado siete años para cobrar definitiva forma, entre Valpo y Lima.

A través de algunas de sus variantes, el indie rock que restalló en los 90s y llegó indemne a principios de los 00s es el factor sónico constante en Tarde Para Regresar EP. Hay algo de lo fi elemental (“One More Time”), algo del Pavement más huevero y naif (“Tarde Para Regresar”), algo del pop agridulce de los escoceses Camera Obscura (“Vuelve A Ser Lunes”), e incluso declaraciones de amor a la superlativa tradición indie surgida en España durante la última década del siglo XX (“Con Globos De Color”).

Sólo por un momento, esa atmósfera relajada y slacker cede ante la irrupción de una tonalidad divergente. Ya el scratch con que empieza y termina “Después De Que Alguien Ya Cruzó” indica un retroceso mayor, hacia esos 80s en que The Cure abandonó el dark y finiquitó su traspaso al pop dulce de The Head On The Door. “Después De Que Alguien...”, de hecho, se parece ligeramente a “The Exploding Boy”, enérgico B-side de la época THOTD -para ello complotan el acabado rústico del track y su uso extensivo de una drum machine.

Se nota que la producción del EP ha sido cuidadosa y esmerada, detalle que no entra en conflicto por fuerza con el aire desprolijo del registro. Al contrario, lo sostiene y reafirma. Así es la música de Domingo, que ha anunciado su primer álbum e incluso ha lanzado ya single de adelanto (“Ha Salido El Sol”).

Hákim de Merv

jueves, 9 de febrero de 2023

Alunaki: Sueño Ameba // Chinese Park: Manual Eterno De Recuerdos Confinados // DJ Locopro: StArS EP / Tan Lejos // Vorágine: Puñales En Los Bolsillos EP // Apnoea: Radium EP // Underground Junín Vol. 2

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de febrero del 2023.)

LOS DISCOS PERUANOS DEL 2022 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

Apelar al oxímoron que es hoy la figura del “disco de transición” se ha convertido en arma de dos filos. Atrás quedaron las épocas en que se le tomaba como un comodín para evitar profetizar si la carrera de bandas o artistas estaba por dispararse o por descalabrarse. Actualmente se tolera todavía su uso, siempre que esté acompañado de la predicción de rigor. Mas, a pesar de ese descrédito, hay otras maneras en que esta frase puede aún validarse.

Semanas después de cumplirse el segundo aniversario de la salida de Telescopio, Alunaki despacha al sucesor de su vitoreado entré. Sueño Ameba deja el bastidor en las postrimerías del ‘22, integrado su repertorio exclusivamente por canciones nuevas -ya que outtakes como “Lágrimas De Lodo”, “Cuarentena”, “Inicio” o “Círculo” no se han considerados. No había cómo, en realidad: para el nuevo esférico, Raúl Begazo abandona la zona de confort que le había deparado la experiencia anterior, poniendo proa hacia aguas un tanto más encrespadas.

Al ser Sueño Ameba un álbum más versátil, resulta tentador chantarle la socorrida etiqueta “disco de transición”. Si ésta se le ajusta, no lo hace en un sentido ortodoxo. Para empezar, el músico arequipeño no revalida la hegemonía del shoegazing, sino que se postula más cerca del tripgaze macerado en sus días como miembro del dueto Paisaje 3. Más cerca, no “a la vera de”: el tripgaze que despliega Alunaki tiende a ser altamente permeable, flexible, dúctil. Obvio, hay momentos en que SA alcanza los estratos bristoliano-noisicos del memorable Sesión Invernal (2016), como la trilogía que ensamblan “Forever”, “Veneno” y “Agua”. Son muchos más, con todo, los episodios en que esa impronta abandona posiciones frente al avance de otras variables -o, simplemente, se lo toma con toda la calma del mundo.

Ilustrando el primer caso están la neopsicodélica “Nunca Es Tarde” (cuya flamígera guitarra prende la mecha de un groove delicioso) o la ácida “Riendo De Todos” (de violáceos efluvios celestiales -sólo le faltó materializar un troncho roleado por Jason Pierce-). También, el baggy achorado de “Ultra Rumi”. En cuanto al segundo caso, es refrendado por el lúdico ejercicio de “Zion” (Orfa Ponce en voz, quien ya había grabado en Telescopio), el corte epónimo (que da inicio al CD esgrimiendo una fina capa de scratch moviéndose declinante en circuito cerrado), el dúo de fraseos entre el mollendino y la ¿freestylera? cantante Fershee Djin retratado en “Un Nuevo Verbo”, o el rave distendidamente pasotista de “Locuras De Adentro”.

Begazo confía el colofón a “La Orden Del Delfín”, gesta en plan electroacústico, prontamente invadida por rasgos que inclinan la balanza en favor del ethereal noise -voces susurrantes, feedback a granel, la guitarra recreando el plácido y agradable gancho pop que distingue al shoegazing... Un final que resarce al género en cuestión por lo pequeño que ha sido su papel en Sueño Ameba, sin augurarle U-turns en el horizonte de Alunaki. “Disco de transición” lo bastante heterodoxo como para no percibirse tal.

Bonito regalo el de Manual Eterno De Recuerdos Confinados, puesta de corto con que al fin se estrena el quinteto Chinese Park, originario de Huancayo. El combo  comienza  su existencia en el ‘18, manteniéndose su formación inicial -Alejandro Arrieta (guitarra), Raúl Macha (bajo) Denise Monteferrario (vocales), Ángel Flores (guitarra), Kevin Yauri (baquetas)- intacta hasta la actualidad. Su primera canción publicada, una toma de ensayo de “Alt F4”, data de febrero del ‘21. Tras de ella vendrían el single virtual “Análisis Funcional De Mis Pensamientos” y “Mañana Siempre Puede Ser Peor”, canal este último difundido vía Perdiendo Peleas, Ganando Amigos Vol. 04 (2022), compilación de Anti Rudo Records. Salvo “Alt F4” en remozada lectura, ninguno de estos adelantos forma parte de Manual Eterno...

La placa florece y se fructifica en el sonido que ya anunciaba Chinese Park anteriormente. A saber: un indie pop presto y raudo, de melodiosos riffs, que no le hace ascos al punk ni mucho menos al hardcore de bajas revoluciones. Algo así como una fusión entre los canadienses Billy Talent y los extintos marilandeses de Velocity Girl. Según qué canciones, la agrupación elige dar preponderancia a una u otra tonalidad. La tradición indie usamericana es invocada en pasajes como el breve telón arriba de “El Repentino Despertar De La Consciencia” o “Creciente Y Lunático”. En la otra esquina, el añoso feeling punk gana contundente en “No Puedo Cambiar” y por cansancio en “Alt F4”, asomándose al término de ésta una desnuda eléctrica que remite a los Yo La Tengo más crepusculares.

Algunas voces han señalado una prehistoria emo en el devenir de Chinese Park. Si fue de esa guisa, actualmente no quedan rastros de ello. Ni siquiera en lo que se erige como punto medio “físico” y estético de MEDRC: tercero de cinco, “Días, Miedos” tributa por igual al indie, al pop y al punk. Aquí es, para más señas, donde mejor descuellan esas ardilosas guitarras melódicas de la mancuerna Flores-Arrieta. Bruñen éstas las presurosas curvas que el conciso artefacto recorre durante casi trece minutos. Agraciado debut con pie derecho, que edita efusiva la gente de Anti Rudo.

He dejado de escribir un tiempo acerca de DJ Locopro, porque el man es una auténtica locomotora. El 2022, empero, fue un calendario particularmente prolífico no sólo para ese seudónimo, sino también para otros que sostiene en paralelo Miguel Ángel Elescano -Reynaga, Lutero y el recientemente promovido Maria Reiche. Así que ya toca volver a darse un paseo por las inmediaciones de DJ Locopro Country.

Nada más arrancar el año pasado, concretamente en Bajada de Reyes, el unipersonal despachó StArS EP. Más parecido a un mini-álbum, este fugaz interludio le permitió al limeño probar la inserción y reacciones de nuevos recursos en su dialéctica habitual, fundamentada en el hibridaje entre Detroit y Chicago. Es la que ofrece el extended, entonces, una versión más distendida del sonido Locopro. Una que, por un lado, consiente en que el ambient se inmiscuya un poco más de lo normal; mientras que, por otro lado, coquetea con el bouncing cuadradito y marcial de la apocalíptica EBM. Salvo “Nightin”, en la línea de capítulos anteriores, todo el contenido de StArS EP testimonia esa especie de hebefrenia sónica.

Existe otro factor a considerar, y ése es el empleo de secciones introductorias para cada composición (incluyendo “Nightin”, por supuesto). No son éstas necesariamente largas, aunque tengan esa pinta casi siempre, debido a que la musculatura tech-house que en secuencias, ornato y diseño de ambientaciones utiliza de continuo Locopro suele irrumpir desde el inicio mismo de las pistas. Así, “After”, “Diamantes”, “Lima Me Aniquila” o el round epónimo del mini-LP se ven en la necesidad de esperar unos cuantos segundos calentando motores, antes de que se produzca el verdadero despegue.

Algunas de las coartadas estilísticas expuestas hace unos renglones consiguen ramificarse hacia Tan Lejos, registro lanzado a fines de agosto y más susceptible de ser catalogado como extended -el formato visiblemente favorito del alias-, pero que sólo recibe esa denominación en la sumilla epilogal de BandCamp.

En este nuevo aperitivo, Elescano se desentiende por completo del ambient y de cualquier rasgo EBM. La convulsión electro que sacude la prologal “Dulce Atmósfera”, muestreo de la legendaria serie anime Macross incluido, pone de relieve esa intención. Por otro lado, el resto del programa refrenda el uso de esos trazos introductorios acreditados en StArS EP, que no alteran el hormigón y el ladrillo con que Locopro construye sus edificaciones sonoras.

Lo que sí altera al modus operandi, y para bien, es una actitud abierta a integrar en la argamasa otro tipo de elementos, con el fin de robustecerla. Allí está el techno-beat de “Melancolía” y sus luminosas progresiones de software/hardware, que enmarcan el decimoquinto de los célebres Veinte Poemas De Amor Y Una Canción Desesperada (del aedo chileno Pablo Neruda). Allí, el techno-trax minimalista de “Space Mood”, que sin embargo permanece apolíneo -una de las cualidades inmutables del universo DJL.

Tan Lejos cierra con “Aldeana”, insólita pieza casi contemplativa de solemnes teclados, que repite como un mantra las palabras “llora un trágico azul”, extraídas del vallejiano poema del que recibe el nombre. Constato, en estos dos compactos, que Miguel Ángel no sólo busca evolucionar probando otros sabores, sino también que se inclina más por aquello que encuentra que por aquello que busca.

Difícil dar con info en redes sobre Vorágine. Lo poco, poquísimo que circula por allí, habla de un trío de cierta antigüedad, cuya primera y única referencia en largo está clasificada dentro de los metálicos lindes del death y del black (Demo II, ‘17). Esa taxonomía no deja de provocar cierta sorpresa, ya que en Puñales En Los Bolsillos EP se han integrado cepas de diferentes procedencias. ¿Implica ello una nueva configuración al interior de sus filas? ¿O, en todo caso, una evolución/reevaluación en sus objetivos? Las respuestas a estas preguntas permanecen pendientes.

PELB EP salta a las calles como cassette en febrero del ‘22, aupado por The Horde Of Nebulah Records, label y distribuidora especializada en d-beat hardcore, punk, metal y rock’n’roll puro y maloliente; que inicia actividades en el ‘16 y cuya sede social se encuentra ubicada en el tradicional distrito de Pueblo Libre. Su radio de acción es global, felizmente. Dos ejemplos al azar: Reflejo Vomitivo (‘18) de los chilenos Trepanación y Decaying In Obscurity (‘20) de los nipones Anatomia. Siempre en modalidad tape.

Lo más reciente de Javicho/Ramón/Poncho apenas si rebasa los siete minutos. Sus cuatro surcos son expelidos a velocidades demenciales, que evocan por igual al crust, al metal, al hardcore en su variante d-beat, al punk, e incluso al fastcore -el baterista debe estar ya lidiando de por vida con un severo cuadro de bursitis crónica. Pese al tiempo que lleva en la brega (seis almanaques), el otrora acto solista no ha perdido un ápice de brutalidad, como sucede con otros similares. Por el contrario, Vorágine sigue sonando apabullante, enfermazo, agresivo en extremo, asesino. Pese a su escasa locomoción, la guitarra golpea aún con fuerza, y la voz se desgañita hasta sangrar, recordándome a veces su color a la de Rafo Komodo (el cantante de los desaparecidos Manganzoides).

Debería planearse una versión CD de Puñales En Los Bolsillos EP. Esta producción necesita más chamba de estudio que le otorgue mayor volumen a la voz, prácticamente ininteligible. Además, los tres primeros cortes -“In Front Of The Abyss”, “The Pallid Tongue”, “Pleito”- van entrelazados, pormenor que no sé si la manufactura en cinta observa. El video en YouTube se zurra en el detalle, y en BandCamp ocurre lo propio por defecto. Un poco más de chicha sobre el terceto en Kill The Zine número 5.

Por ahora inscrito en esa estirpe de creadores sonoros locales que se sienten a gusto sólo en el anonimato más impenetrable, el solista Apnoea dice presente en el catálogo de Chip Musik a través de Radium EP. Colgado a mediados de octubre del ‘22, el extended le sitúa en predios de un bien entendido diletantismo, que decide habérselas con las vanguardias pop en su acepción noventera (¿las últimas de la Historia?).

El accionar de Apnoea es arisco, casi montaraz. Desde las primeras notas de Radium EP, es innegable la hosquedad de registro elegida por el ignoto no-músico para revestir su output. “ACLS”, en efecto, tolera la metáfora de un zumbido atosigante tras sus primeros 20 segundos. Con mucho esfuerzo, pueden detectarse matices que hablan de una proximidad con el ambient y el post-pop, si bien es complicado desmontar esa gruesa capa de drone para apreciarla.

El dramático contraste de “Ivy Mike” le hace lucir más melódico. Sin prescindencia de los graves, el track asimila un pródigo armazón rítmico borroso, que sugiere intenciones de esbozar algo así como un drum’n’bass apenas bosquejado. El misterio que rodea “Entelequia”, de cadenciosa intensidad, hace pensar en un equivalente peruano del primer Disjecta. Aquí se anima por primera vez Apnoea a samplear una voz, lo bastante deformada como para sintonizar con el rostro mostrado.

Firmada por los Seefeel de una realidad paralela, “Atomzahl” dilata el flirteo del capitalino con el ritmo, aunque éste se va afantasmando conforme avanza el láser, ahogado por poderosas reminiscencias industriales. El raid finiquita gracias a “Phase 1”, primera composición conocida de Apnoea al haberse entregado para el decimocuarto título de la saga Lego (Autumn Tapes, ‘22). La toma es exactamente la misma: apabullante murallón de sonido para contener un ambient de blanquecinas asperezas, que sólo en su agonía condesciende a la síncopa -el símil con los pininos de Boards Of Canada no es descaminado. En cierto modo, “Phase 1” es el cenit de Radium EP, el caldero en que Apnoea centrifuga todos los ingredientes antes utilizados.

Suerte con lo de la identidad desconocida. La aplastante mayoría de sus predecesores ha terminado siendo identificada -salvo Time Traveler, Laikamorí y Mongo No Stars.

Underground Junín Vol. 2 desdibuja buena parte lo que había avanzado Arte Sonoro, colectivo de músicos de la zona altoandina central del país, con su predecesor de hace dos años. Primera razón que justifica este juicio: el panorámico no sólo no amplía su radio de acción para incluir exponentes de todas las provincias del departamento de Junín, sino que le reduce a únicamente tres. Dichas provincias son Huancayo (3), Jauja (1) y La Oroya (¡9!). La desproporción en el reparto de las tajadas no hace sino subrayar cuán alentador era encontrar en Underground Junín Vol. 1 gente de Satipo, Pilcomayo, Chupaca... A esas cifras se suma la aportación de Lima (2) para llegar a los 15 actos involucrados en este segundo tomo, frente a los 20 conjurados en el primero.

Segunda razón: la variedad estilística se ha visto draconianamente mermada. Si antes entusiasmaba escuchar sonidos juninenses emparentados con el grunge, con el EBM, con el metal, con el indie y hasta con el reggae; la paleta de colores del ...Vol. 2 es tan exigua que no ha quedado de otra sino agrupar en segmentos los canales que más o menos comparten género, perfilándose tres compartimentos distinguibles al primer golpe de vista/oído. En ello también ha tenido que ver la extensión de la compilación -poco más de 62 minutos, contra los más de 83 de la anterior.

Tercera razón: descontando un par de números ya divulgados en discos propios, ningún asalto de esta pelea consigue destacar por encima de los demás. Esto no quiere decir que Underground Junín Vol. 2 sea una rodaja prescindible, pero sí una en que la medianía campea a sus anchas. En lo tocante a su primera tramo, se ha apostado por un synth pop/electropop que literalmente brilla en la oscuridad, apertrechado de no pocos chisguetazos de éter supersónico. Sucede con “Génesis” de Diogen Svemir, con “Saudade” de Chungking Express y con “Paraíso VIP” de Orsound. Suena exótico el maridaje, aunque se agota demasiado pronto.

En lo concerniente al segundo sector, el pop/rock se tiñe de negro, variando su grado de intensidad de acuerdo a quien performa -titubeante en “Bailes Muertos” de Zorstka (más techno pop que pop/rock, a decir verdad), en “El Retrato” de Morojo y en “Instante Eterno” de Adox Zars; monolítico en “Ataduras” de los limenses Rawa. Mientras tanto, la última sección ha sido reservada para los músicos que todavía pueden catalogarse como “de avanzada”. Los temas dados a conocer pertenecen a Miyagi Pitcher y a Time Traveler -“Ikigai (生きがい)” en el disco del mismo nombre del primero, “Old Astronaut 29.000” en Micelio del segundo (remezclado para la ocasión por Alcaloidë). El resto -“Ciudad Cristal” de Paititi, un succourizado “Crystal Beings” de Xtredan, “Génesis” de Ivo Macross- parte del post-IDM para recorrer fatigosamente el espectro de la música electrónica que traspuso el umbral del nuevo siglo. De todos ellos, indudablemente el más aventajado es “Sueños De La Eternidad En 5 Minutos” -y no deja de ser llamativo el hecho de que su impulsor, Walls, sea el mismo de Orsound.

Podría Underground... 2 haber salido mejor librado, si no fuera por dos horrores mayúsculos. Curiosa coincidencia, ambos son reformulaciones de canciones ajenas. Una, segunda intervención de Diogen Svemir, es la revisión de “Space Age Love Song”, el incombustible clásico de A Flock Of Seagulls. No lo hace mal reconstruyendo el hit a partir del electrogaze al que hacía alusión hace un rato, pero las frecuencias de grabación alcanzan no pocas veces picos de sobresaturación, convirtiéndose en “puntos ciegos”. La impresión que deja este error de principiante es terrible. En cuanto a Lunática Terrestre, propone un desabrido cover en clave seudo bossa nova lo-fi de “¡Qué Bonito!”, original de Rosario Flores, más conocido por la versión bachatera-pacharacaza de una tal Vicky Corbacho. Ni pizca de imaginación. No era nada del otro jueves lo que exhibía Lunática Terrestre en ...Vol. 1, pero esto se me hace francamente intragable.

Hákim de Merv