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jueves, 22 de octubre de 2026

Umma: Kosmovisionen

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de octubre de 2026.)

Ratazo hacía que no llegaban novedades sobre el quehacer sonoro de Miguel Ángel Burga. Lo último que lanzase a título personal, subido a BandCamp en enero del año pasado (Tecnología En La Religión Futura), fue descolgado antes de ingresar al ‘26. Ahora ha vuelto a publicarse (8/10), con otra identidad (Onh), reducido de largo a EP de cuatro piezas (Dub - 03), y cambiados/modificados casi todos los nombres de éstas. Si bien diecisiete meses no comportan una cifra exorbitante, en el caso concreto del ex Espira, que en estos últimos tiempos ha mantenido un asombroso cociente de dos discos y medio por año; se trata de un período de silencio editorial inusualmente dilatado.

“¿Cómo que diecisiete? Si hasta octubre son veintiún meses”. Cierto. Estas líneas, sin embargo, no se refieren al aludido relanzamiento (cuya primera versión mereció en su día un texto al que puedes acceder haciendo click aquí). Estos renglones han sido motivados por la aparición en junio de Kosmovisionen, debut absoluto de Umma, el nuevo proyecto en que se halla involucrado Burga. Su origen es virtual, ya que ninguno de los integrantes ha coincidido con el resto en espacio o tiempo. Miguel Ángel reside en el Valle Sagrado (Calca, zona severamente afectada hoy por incendios forestales), Pepe Abad -La Ira De Dios, El Cuy- en Estados Unidos, y Scott Heller a.k.a. Dr. Space -Øresund Space Collective- en Portugal.

Por otro lado, las grabaciones abarcan un lapso de dos almanaques coordinando vía WhatsApp. Más que moverse a ciegas, los peruanos avanzaron conscientes de aquello en lo que no querían incurrir -a saber, la síncopa milimétrica y el riff fulminante. Sólo tras efectuarse la primera mezcla de ambos aportes intervienen los osciladores y la floritura electrónica del norteamericano Heller. Aquí cabe aplaudir la chamba del canadiense Arlen Thompson, baterista de Wolf Parade y 50% del binomio de psicodélico doom experimental Anunnaki, posicionado en la mesa de controles echándose sobre los hombros la ardua tarea de moldear como arcilla hasta en dos oportunidades todo lo previamente registrado.

Existen múltiples significados para “umma”, ya que la palabra pertenece a varios idiomas a la vez. El terceto no ha validado ninguna adhesión específica, aunque se hace eco de los correspondientes al árabe -“madre” y “comunidad”. Por ahí puede explorarse cierta afinidad con el espíritu materno-comunal del kraut rock, en fase kosmische. De hecho, Kosmovisionen es casi un tour de force a usanza de ese venerable género. Sus cuatro pistas podrían reconfigurarse en las caras de un vinilo, ya que “Aeparatio” se entrelaza con “Ogon” (lado B) y “Monts” con “Processio” (lado A). Su vibra, para más inri, es abiertamente sidérea. Ya desde los acordes iniciales de “Monts”, el esférico remite sin dilación a los abismos interestelares, a la idea de un sonido que rebota a tres bandas entre el kraut, el space rock y el ambient anegado de drone.

Umma jamás abandona su teleología. Ni al escoger sonar más contundente, como en los minutos iniciales de “Processio”, ni al abrazar un formato más rockero, como en la primera sección de “Aeparatio”. La esencia de su pathos es siempre la misma: celeste, volátil, cósmica, trascendental. Las guitarras construyen cascadas de estrellas simultáneamente relucientes y lejanas. La percusión elige ser tosca, primordial, evoluciona dando saltos enormes e involuciona de manera idéntica. Cuando el viento solar que anida en las composiciones ruge, la radiación espacial que Heller teje se torna imperceptible, pero cuando esa explosión se sosiega las lecturas radioactivas te recuerdan que están allí a cada minuto -insinuadas, inamovibles, implacables.

Si el azar te deparase dar con algo parecido a una estructura de canción en los poco más de 35 minutos que dura Kosmovisionen, ello es una ilusión. Mera coincidencia no planificada. Producto del cruce fortuito entre eléctricas sólo atisbadas alrededor de guarderías estelares, arreglos de una electrónica que no tiene prisa en roer/raer el continuum en el que habitamos, percusiones/secuencias que erran de un extremo a otro sin importarles encajar de veras allí donde temporalmente aterrizan. Es la mirada de Heller/Burga/Abad(¿/Thompson?), al menos por ahora: visiones de una insania astral para cualquier clase de weirdo, de aquí al cuadrante Delta. Difunde Echodelick Records desde Atlanta.

Hákim de Merv

jueves, 15 de octubre de 2026

Tlön: Cronología

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de octubre de 2026.)

A principios de mayo de este año, llegó desde Argentina el músico Christian Van Lacke. Entre los varios compromisos que tenía agendados para su estadía en esta triste ciudad, se encontraba la presentación en vivo de Cronología, la recopilación en 33 rpm de Tlön. Por desgracia la fecha coincidió con el concierto que el ex Galaxie 500 y ex Luna Dean Wareham iba a ofrecer en Barranco, acompañado de su no menos célebre cónyuge Britta Phillips. Era uno u otro, y ya disponía de la entrada para ver al usamericano. ¿Probablemente fuera esta reunión la última ocasión de disfrutar en directo al combo peruano-argentino -desbandado hace unos tres lustros más o menos, y fallecido su baterista, el legendario Walo Carrillo (Los Holy’s, Tarkus, Telegraph Avenue), días antes de la tocada?

¿Y qué onda con Tlön? El grupo se forma en el ‘07, unos 35 años después de la aparición de los históricos Tarkus. El dato no es baladí, pues se considera al cuarteto precursor del hard rock en estas latitudes y antecedente directo de lo que décadas después grabaran Van Lacke y compañía. No podía esto último ser de otro modo: el padre de Christian -Guillermo- se hizo cargo del bajo en Tarkus, y tanto Carrillo como el cantante Alex Nathanson participan en Tlön Vol. I (‘08). Finalmente, Carrillo es miembro fundador de la terna y permaneció a bordo hasta su entrada en los cuarteles de invierno -así lo certifican acreditaciones en sus tres entregas en estudio. La última de éstas se publica en el ‘11 (Tlön Vol. III), si bien existe un registro live lanzado online póstumamente (Tlön Vivo, ‘17).

El terceto formado por Van Lacke (guitarra, voz), Carrillo y el experimentado bajista Marcos Coifman (Reino Ermitaño, El Cuy), quien luego de Tlön Vol. II (‘09) es reemplazado por César Bustamante; ha visto engrandecido su alias de una manera más significativa tras su separación que cuando se hallaba en activo. Sería materia de investigación averiguar las razones, ya que sus virtudes siempre han estado allí, a vista/oído y paciencia de quien les diera una oportunidad. Tlön era/¿es? una entidad fluctuante entre la psicodelia embebida de reverb y fuzz, un heavy lo bastante flexible para abrazar las improvisaciones, el prog con chance de distorsión, el doom de gravedad exponencialmente aumentada, y el stoner de agresividad sucia y caótica. La suma de estas características puede sonar contradictoria. No ocurre tal precisamente porque la principal habilidad del trío es enhebrar las variables en aras de la consecución de una fórmula equilibrada. Y, sobre todo, efectiva.

Un sonido homogéneo pese a la diversidad de sus aristas. El aura es lo bastante metálica para conjurar el headbanging, y a la vez mesurada para no desacomodarse de su cariz épico (“Mar De Manzanas”). Transfigurando sus influencias, la lobreguez puede comportarse oscilante (“Rey Lagarto”, “El Banquete De Los Niños”), la velocidad verse sabiamente amainada (“Hija De Nubes” marca un límite que jamás se traspasa, el de los 3/4), los wah-wah lucir armoniosos (“Tribus, Clanes”) y las largas secciones instrumentales crisparse sin aviso (“El Principio”). Una niebla de stonura arropa sus composiciones, llenas de síncopas cambiantes, de melodías hipnóticas, de letras tributarias de una fantasía oscura en mal viaje. Sin antecedentes como el de Tlön, resulta mucho más complicado rastrear y comprender la génesis y el devenir de la escena meta-stoner peruana del decenio anterior, que todavía hoy rinde frutos.

No hay surcos de estreno en Cronología. El filtro se ha ceñido a los álbums que son de dominio público, incluido el directo, del que se extrae una pista que hasta el ‘17 no había sido liberada -“Tribus, Clanes”, justamente el epílogo de esta antología disponible sólo en poliacetato de vinilo. Del primer episodio se han repescado “La Ciudad Despierta”, “Mar De Manzanas” y “Ukbar” (segundo guiño borgiano, el primero es el nombre de la banda, ambos pertenecientes al alucinante relato “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”). Del segundo, “El Banquete De Los Niños”, “Oda Al Sonido Delirante”, “Astronave” y “El Principio”. Por último, del tercero se recuperan “Hija De Nubes”, “Rey Lagarto”, “Gran Mamut” y “Descascarada”.

Una selección que se ajusta a las dimensiones del formato, en lisérgico lila transparente, y que invita exitosamente al neófito a adentrarse en el universo sonoro de Tlön. Quienes estamos ya familiarizados/as con su propuesta hemos echado de menos ver concretado el desbloqueo de algún corte inédito, pero coincidimos en el tino y la justicia del repaso que comporta Cronología al legado de la sociedad Van Lacke-Carrillo-Coifman/Bustamante, que igualmente nos invita a la revisión de su obra al completo. El disco, acaso no lo último que firmará la agrupación, figura en el catálogo de la nacional Imperio Records.

Hákim de Merv

jueves, 8 de octubre de 2026

El Significado De Las Flores: Tempus Fugit

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 30 de septiembre de 2026.)

Prácticamente acabo de enterarme, al ponerme a tipear estas líneas, de la reedición en formato extendido de Tempus Fugit. Es éste el segundo largo de los valpeños El Significado De Las Flores, aparecido originalmente a fines de agosto del ‘25. La nueva versión incluye dos cortes adicionales insertados a mitad de jornada. Uno de ellos es “Fulgor”, grabado junto a la cantautora trans Javiera Electra y lanzado como single a inicios de marzo último. El otro es “No Te Desarmes”, en comandita con María José Ayarza a.k.a. Chini.png, artista de cuyas colaboraciones con Adelaida, Columpios Al Suelo o Juan Desordenado ya he dado cuenta en años anteriores. “No Te Desarmes”, pues, viene a ser el único surco nuevo añadido.

En un principio, El Significado De Las Flores fue concebido como trío, con el concurso de María Pizarro (voz, batería), Pablo Rodríguez (guitarra eléctrica) y Patricio Guzmán (voz, guitarra acústica, sampleos). Para su debut El Efecto Nodriza (‘23), se sumó Sebastián Vidal en bajo y coros. Si bien se le ha reconocido participación en ese disco y en el siguiente, donde se hace presente a través del piano, Vidal permanece adscrito a la calificación de “colaborador habitual”. El grupo deviene en cuarteto, sin embargo, al integrarse a su formación estable otro Sebastián -Aranda, también en coros y bajo.

En algunos recuentos chilenos de fin de año, Tempus Fugit le ha reportado a ESDLF sindicaciones principalmente de cultor del shoegazing, y a pie juntillas del indie. Esa descripción es bastante imprecisa y asaz miope. Verdad que los de Valpo tienen tanto un lado indie como uno baggy. No obstante, desde el mismo momento de usar la palabra “lado” ya estoy errando los tiros. Es mucho más pertinente aludir a una fusión no sólo de estos géneros, sino de otros más. Son los casos del post punk de este siglo y del rock alternativo noventero, así como también -aunque en menor medida- del lo fi. Por último es necesario acotar que, de todos los ingredientes de la mezcla, el que obtiene la hegemonía es el indie en clave pop.

Esto se evidencia al reproducirse el primer round, “La Migración De Las Aves”. El horizonte de los porteños lo ocupa un indie ágil y musculoso, de calado ligero y bien matizado por delgadas capas de Baja Fidelidad, como para enfatizar cierto contraste con unas letras apolíneas que sobrevuelan figuras simbólicas concernientes al Tiempo y a su brevedad. El ruido es accesorio, se filtra más que desbocarse en riadas, aporta inflexiones a partes iguales fugaces e interesantes al nervio melódico que se enseñorea sobre todo en el segmento cerrado al son de “Fuego De Cobre”. La distorsión no riñe, entonces, sino complementa el correcto accionar de un soporte rítmico solvente.

No mucho más resta decir sobre El Significado De Las Flores. Tempus Fugit se moviliza libre de la estigmatización de la monotonía. “Morir Sin Conocerte” interroga otros tempos, lo mismo que “Manzanilla”, cuyo epílogo se consagra al noise de usamericana procedencia college. En “Recrudece”, la banda consigue encabritarse hasta niveles entre melodramáticos y épicos, olvidándoles tan pronto como cruza líneas en derechura a la balada que teje el piano de Vidal, “Tanta Piel”. Y la postrer “Cortacielos” despide el álbum reencaminándose/le hacia un punto medio entre el alternativo cosecha 90s y el indie, guiada su mano por el pulso firme que replica los entusiastas embates de la apertura.

Nueve canciones cuyos arreglos de guitarra -mediante no sé qué cortocircuitos, esta gente es muy joven para conocerles- me han hecho recordar más de una vez ese pop independiente ochentero injustamente relegado por el éxito de los Smiths: The Church, los Simple Minds del imperecedero New Gold Dream (81-82-83-84), Pale Fountains, The Railway Children...

Hákim de Merv

jueves, 17 de septiembre de 2026

Theremyn_4: CODEX 4N-11

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de septiembre de 2026.)

Le saca lustre Theremyn_4 a sus ya más de 25 años de andadura con CODEX 4N-11, registro de enigmático nombre y del cual en muchas plataformas independientes  se  ha enfatizado y hasta   ponderado  su  filo “experimental” -que viene ya de tiempo atrás, señalan esas mismas fuentes. No le mezquino talento, creatividad, perspicacia e incluso chispazos de genialidad al proyecto alternativamente solista y grupal de José Gallo. No obstante, de ahí a utilizar el grueso calificativo de “experimental”, creo que hay un trecho enorme. Dejémoslo en ingeniosa proteicidad.

Me llama -muchísimo- la atención que esos medios hablen igualmente de una obra de sesgo conceptual. La verdad, lo es: sus ocho temas se inspiran en las figuras de un grupo de individuos bautizados como “Tetranautas”, misteriosos viajantes provenientes de una suerte de realidad paralela fabulada por Gallo. El detalle es que el músico capitalino siempre se había mostrado reacio a incursionar en el territorio de los “discos conceptuales”. Al menos en dos ocasiones, correspondientes a sendas entrevistas, fue categórico al respecto. Quizá a este cambio de parecer se deba el adjetivo de “experimental” que veleidosamente se le ha dispendiado. De cualquier modo, celebro esa apertura y la aguda inventiva que conlleva -lo de “Tetranauta” me suena bastante a “navegante de una cuarta dimensión”.

En cuanto al contenido de CODEX 4N-11, se me hace necesario remarcar que sobrevive muy poco de lo que alcanzara a paladear su predecesor, Art, Noise + Speed (‘23). Las influencias del output rocktrónico de Theremyn_4 son aquí las que de continuo le han signado a lo largo de su existencia: el big beat en primerísimo lugar, algo de jazz, dosis de drum’n’bass, fugaces guiños al synth pop... Ésos son los principales elementos constitutivos del esférico. Hay un acercamiento digresivo a la sonoridad aparatosa del industrial, suficientemente accesorio como para calificarle de leve, y otro más frontal a la rítmica del trip hop que sí llega a ser sustantivo -“El Vagabundo”, “El Coleccionista”. Es decir, no más art rock, post punk o prog rock.

Rompe fuegos “El Escapista”, que con su seguidilla de ecos jungle y su lustrosa apariencia hi fi cimenta el permafrost sobre el que escuchamos derrapar al T_4 de siempre, de toda la vida. El ex Huelga De Hambre subraya las cadencias dominándolas antes que padeciéndolas. En esa misma sintonía están “El Dragón”, cierre de jornada, esta vez con programación que remite a un artcore desmontado en fase two step; y ese festival de graves que responde al nombre de “El Alquimista”. Existe otro ejemplo de rocktrónica, si bien más matizado -“El Archivista” flirtea con el Tangerine Dream de los 80s, lo que me permite tildarle de ejercicio abstracto de big beat. Aristas varias desde las que podemos abordar la clásica musicalidad del hoy unipersonal, por espacio de exiguos 33 minutos.

Descontando sus modestas atipicidades y excepciones, CODEX 4N-11 tiende entonces a la uniformidad, a la correlación con el background histórico de Theremyn_4. Entre los 100 y los 140 bpms, su imperturbable pulso late envuelto por las resonancias del bombo, mientras que su enérgica iteración luce mullida por bajos potentes con extra de funk. Es un plástico en el que, a fuerza de fatigarle, puedes darte de narices con pequeñas curiosidades -salvo en dos casos concretos, uno al lado del otro, en que éstas abundan al punto de convertirse en norma. Adelantado como single en abril, “El Artista” se arriesga abandonando varios de sus segmentos a una batalla en la que las secuencias percusivas casi quiebran la hegemonía del género magnificado por The Chemical Brothers, en tanto las efímeras notas de piano al inicio y el saxo que ulula desde el fondo ad portas del minuto 2 revalidan la vertiente jazzy que de tanto en tanto explora el limeño.

Por su lado, “El Chamán” se mueve pesadamente en comparación, circunstancia consecuencia tanto del tempo como de una secuenciación de estructura algo más intrincada. El track abriga un mitigado cariz IDM, perceptible sobre todo al aproximarse su tercer minuto, cuando la rítmica cambia por completo, acunada por la llovizna. Es como entrar en el alma de otro surco, incluso en la de otro disco, durante poco más de medio minuto -luego, “El Chamán” regresa a su cuerpo, y nosotros con él a los bytes de CODEX 4N-11 (portada y repertorio me hacen pensar más en una baraja arcana, como la del tarot). La edición vinílica ya está en proceso de fabricación. No se ha anunciado, al menos de momento, edición en CD.

Hákim de Merv 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ancestro: En Ruinas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de septiembre de 2026.)

Recién cuando llega (tarde) a mis oídos la noticia de la aparición de un nuevo opus de Ancestro, hace su buen par de meses, caigo en la cuenta del lapso transcurrido entre esta entrega y su precedente inmediato -siete luengos años, nada menos. Se dice pronto, pero la verdad es que trátase de un período de tiempo bastante extenso, máxime si concierne a uno de los mejores grupos de nuestra historia reciente -aclamado por la crítica especializada de la región, apenas conocido y/o escuchado por sus coterráneos más allá de la feligresía headbanger a la que se adscriben sus integrantes.

Éstos no son los mismos que iniciaron el camino. Ya no lo eran un septenio atrás. Para Ancestro (‘19), al haberse experimentado una metamorfosis que por default afecta al menos un tercio de su formación, consecuencia además de rotaciones producidas en otro puesto; el célebre power trio liberteño decidió jugársela. Aquella vez el movimiento de piezas resultó favorable, porque el lugar del baterista Víctor García fue cubierto por el guitarrista Diego Cartulín, y éste (asumo) instruyó al entrante Jorge Quevedo en aquello que la banda ha precisado siempre del desempeño de la eléctrica. Ancestro, por último, concretó un nuevo paso hacia la cumbre en la impresionante escalada stoner que protagoniza la terna.

De cara a En Ruinas, el mástil de seis cuerdas vuelve a cambiar de responsable. Quevedo no es más de la partida, ocupando actualmente Rafael Paul esa plaza. Trujillano como sus compinches, participó por entero en los procesos de composición y grabación del nuevo trabajo, entre diciembre del ‘24 y marzo del ‘25. Mezclado y masterizado posteriormente en Heavy Haze Audio Lab, el plástico ha sido orlado con idénticas virtudes a las que Ancestro ha mostrado en sus tres primeras rodajas. Dosificadas, ciertamente: así como durante sus casi cuarenta minutos el sístole rítmico no sobrepasa nunca la barrera del medio tiempo, por mucho que alternen crescendos y diminuendos, jamás desmayan el bramido omnipresente del bajo de Boris Baltodano ni la compacta aplanadora en que convierte Cartulín el set de platillos, tarolas y bombo.

“13001” cumple la función de intro como encendiendo y calentando los motores de una buena caña tras largas semanas de para. Tras de sí, Ancestro no concede descanso, ya que incluso los fade-outs de “Andante” y “Horizontes Salvajes” no son realmente tales. En ningún momento el láser deja de reproducir sonido, por minúsculo que sea éste. “Status Quo” recibe la posta insuflado de mucho del desert rock más majestuoso, ése que bebe tanto del hard rock de los 70s como del post grunge (¿acaso debido al background de Paul?). Si bien “Andante” mantiene el mismo redoble de baquetas, el fuzz de la segunda guitarra -que Diego empuña- literalmente replica sus vibraciones, allanando el camino para el ascenso de Rafael hacia estratos stoner. Lanzado como single, “Wachuma” se desplaza cual bestia cachazuda, reafirmando el imaginario del que la banda parece hacer uso indiscriminado aquí -el de una dimensión alternativa donde se enseñorea la fantasía oscura, llena de mastodontes, estepas interminables y guerreros kurgan.

Habitan En Ruinas elementos propios del doom, de la psicodelia más dura, del heavy psych. Ejemplo de lo último es el blast de apertura con que “Horizontes Lejanos” modula los subidones de estamina que cada tanto padece la teba. De lo primero, la carga final que “Mar Desierto” acomete luego de sus primeros 120 segundos, disipada sólo en el epílogo y tras el riffeo de la primera guitarra al trasponer su ecuador. Del bagaje psicodélico, las notas llameantes bombardeadas de propano que performa Paul. Sin embargo, es el espíritu colectivo de Ancestro el que siempre tira de las riendas, manteniéndose constantemente a prudente distancia del enjambre de maelströms en el que circunnavega, evitándoles. Hay sabiduría en esa decisión. Rato ha que no se hacían a la mar, mejor es volver de a pocos.

Pese a su naturaleza contenida, no me ha hecho el tour de force de En Ruinas extrañar ninguno de los episodios anteriores del trinomio norteño. Cada uno es valioso por sí mismo, habiendo logrado desenvolverse tanto en el contexto bajo el que fue concebido como en el que se dio a conocer. Esta circunstancia no varía con el nuevo estreno -sobrio, moderado, tras sortear días turbulentos e inestables para la Humanidad (el COVID-19 y sus secuelas) y sobre todo para nuestro castigado país (dos elecciones presidenciales que nos han dejado cinco presidentes y contando, en medio de un clima generalizado de inseguridad galopante). Imposible oponer algún cuestionamiento: crédito intacto, nuevamente.

Hákim de Merv

jueves, 3 de septiembre de 2026

A Full Cosmic Sound · Nosferatu: Una Sinfonía De Horror

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de agosto de 2026.)

El de Nosferatu puede considerarse, a día de hoy, un mito contemporáneo en evolución. Desde el centenario film original de Friedrich Wilhelm Murnau (1922) hasta el “rebuild” de Robert Eggers (2024), pasando por la relectura de Werner Herzog (‘79) o la cumplidora The Last Voyage Of The Demeter (2023), la figura del Conde Orlok ocupa en el imaginario de varias generaciones un lugar tan o más destacado que el propio Drácula; de quien Orlok es una versión “no-autorizada” construida sobre las convenciones del expresionismo alemán de inicios del siglo XX.

Más de cien años, pues, han pasado ya desde el estreno del largometraje de Murnau; y aún conserva éste mucho tanto de su epatante terror como de su fascinante apuesta artística. De hecho, no es difícil imaginar la angustiante noche de pánico que deben haber sufrido nuestros/as abuelos/as y bisabuelos/as tras salir del cine, si más de una centuria después la película todavía incordia y asusta. A nosotros/as, que hemos sido alimentados/as por obras maestras como The Omen, Insidious, The Exorcist, Sinister, The Howling, Race With The Devil, Rosemary’s Baby, Hereditary o Suspiria.

En el ‘22, no sólo menudearon homenajes y estudios académicos a propósito de los veinte lustros de Nosferatu. Pese a los estragos del COVID-19, también se programaron múltiples proyecciones a lo largo del planeta, tanto públicas como privadas (la de la familia debe haber sido la única vez a la fecha que mi sobrino Marcelo se ha sentado a ver completo un film silente). En Lima, recuerdo una función gratuita en la huaca Mateo Salado, musicalizada por artistas de la escena independiente. En Santiago De Chile, una de esas funciones similares -16 de junio- contó con la participación del colectivo A Full Cosmic Sound, musicalización que recién se ha visto editada el último 3 de diciembre a través de la disquera Aula Records.

Nosferatu: Una Sinfonía De Horror se divide en dos canales de dilatado aliento. En el primero se abroquelan tres actos, que responden a los nombres de “El Viaje”, “El Castillo De Orlok” y “La Peste”. El segundo es el cuarto acto, “El Sacrificio”. Es pertinente apuntar que estos actos no se corresponden necesariamente con los cinco de que consta la película de Murnau, sino que han sido nombrados conforme al episodio de la trama que sonorizaran en vivo. También es preciso acotar que, durante los casi dos tercios de hora de la ejecución, las influencias que constituyen el nervio de la performance son las del kraut rock y del avant garde francés contemporáneo a éste. Los vastos telares que decora A Full Cosmic Sound son impregnados por la mística voluptuosa de Popol Vuh y de Amon Düül, lo mismo que por la hosca psicodelia jazzy y el desnudo proto-prog de Art Zoyd, Univers Zero, Weidorje o los tardíos Shub Niggurath.

La improvisación con que se descosieran esa noche Gonzalo Muñoz, Jorge Boher, Ignacio Rodríguez, Nicolás Godas y los hermanos Álvaro e Iván Daguer abunda en sombrías atmósferas psicotrópicas que pueblan el éter adoptando formas fabulosas e inverosímiles de acuerdo al mood. Es éste el que cambia, el que moldea aquí el sonido medular de AFCS -tenso y amenazante en “El Castillo De Orlok”, bucólico en “El Viaje”, distendido al inicio de “El Sacrificio” y tumultuoso después de sus siete primeros minutos. Todo, en medio de copiosos guiños ambient y lo fi, cuya principal virtud es la de erosionar clasificaciones tentativas bajo las que podría quedar encasillado el plástico.

Dedicado a la memoria del historiador y crítico de cine usamericano David J. Skal, la única observación que opongo a Nosferatu: Una Sinfonía De Horror es que le siento mucho más colindante con la patafísica versión protagonizada por Klaus Kinski (‘79). Es cierto que Herzog recrea la macabra historia del pérfido monstruo rumano. No menos vero es que el director muniqués nunca pretendió contar un relato de terror. El hálito de su Nosferatu indica que otros eran sus horizontes (mismos que sigo sin dilucidar). Por algo se subtitula ...Phantom Der Nacht, a diferencia del estreno de 1922, que subtitulaba ...Eine Symphonie Des Grauens.

Hákim de Merv

jueves, 20 de agosto de 2026

Kurandera: Todas Las Brujas Del Mañana EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de agosto de 2026.)

No sé si correspondiendo a una segunda resurrección -la primera se dio al publicarse el estreno en largo El Pacto (‘20), tras haberse lanzado póstumamente en Internet el epónimo extended de debut y despedida (‘19)-, la gente de Kurandera anuncia la salida de su segundo trabajo in extenso liberando nuevo EP a inicios de junio último. Colgado por partida doble -en el nuevo BandCamp de la banda y en el del sello Forbidden Place Records (Minneapolis)-, Todas Las Brujas Del Mañana es anunciado como adelanto del “nuevo sonido psicodélico” que los limeños desplegarán en su próxima entrega de largo aliento.

Más propiamente un álbum completo de 36 minutos y monedas, Todas Las Brujas Del Mañana EP abre sus (oscuras) alas con un “Intro” de 37 segundos que recupera parte del diálogo que escuchamos en la versión doblada al castellano de la mítica Alucarda (‘77), transcurrida ya una media hora. Sin ruido ni música, sólo las voces de Justine y Alucarda recitando el fulminante credo de Luzbel, para espanto de la monjita Germana. Con semejante declaración de intenciones, lo más probable es que tanto el extended como el nuevo álbum se adentren en las tenebrosas espesuras ontológicas del Lado Salvaje -provistos ambos de un concepto que denota fascinación, cuando no devoción, por las dimensiones dionisíacas de aquello que Occidente conceptúa como “el Mal”.

La música y el verdadero viaje arrancan, pues, con “Burning A Light”. También mis reparos. Anteriormente, critiqué las magras producción y mezcla que padeció El Pacto, tan pobres que por contraste Kurandera EP y su innegable aroma a maqueta resultaban mejor librados. Es de ponderar que no se repita aquí dicha situación. No obstante, el resultado aún se haya lejos de ser óptimo. Empiezan a golpearte los primeros acordes de “Burning...” dibujándose en tus tímpanos la imponente potencia de un soporte rítmico sustentado por César Gálvez (acreditado como bajista en vivo) y por Julio César Araujo (batería). Una impresión que no llega al minuto, pues cuando ingresa la voz filtrada hasta la saciedad/suciedad de Fernando Soto lo hace por igual una sensación de amateurismo que flaco favor le reporta a la agrupación. Casi sesenta segundos después, la eléctrica sigue ese mismo sino.

En términos de género, lo que se percibe hasta el final es una exhibición de psicodélico blues garagero que por regla general se sube a la síncopa del medio tiempo, sin permitirse ser encorsetado del todo por ésta -a veces le supera, como en la acometida final de “Atrapado En La Psicodelia”, o lo ralentiza aún más, como al trasponer “Speed Killer On The Road” su ecuador. Los licenciosos y clásicos devaneos de las guitarras blueseras están presentes sobre todo en los surcos de minutaje extendido (cf. los dos últimos mencionados), mientras aquí y allá surgen ocasionalmente secciones instrumentales en los que las seis cuerdas se alejan de los punteos flamígeros/se acercan al desert rock, sonando entonces más sobriamente protagónicas que nunca.

Si cabe hablar de “problema”, éste continua siendo esencialmente técnico. Podría argüirse que sonar así es una decisión voluntaria, consciente. En la sumilla de BandCamp se habla de masterización, además de mezcla, a cargo esta última de un capo como Osmar Cubillas (Decadencia Records). También podría apelarse al ejemplo de Brujo Mayor, cuyos mástiles y vocales se hallan prácticamente enterrados en el costroso barro del cenagoso 4-track lo fi de fines de los 60s y principios de los 70s. Brujo Mayor, sin embargo, no es Kurandera; aunque compartan integrantes. Ascendiente (in)directo del stoner, el heavy blues aputamadrado de BM guarda distancias respecto de la psicodelia garagera de Kurandera, a la que siento guiada por/más en sintonía con el fantasma de Roky Erickson (The 13th Floor Elevators).

Todavía no me inclino a darle el aprobado a Kurandera. Reconozco, sí, que ha habido una gran mejora en relación a su más inmediato precedente. Desde mi punto de vista, empero, aún falta trecho para una performance redonda. En cualquier caso, un poco menos de bulla ambiental y/o de efectos premeditadamente borrosos ayudaría a ubicar su propuesta en una posición desde la cual sorprender para bien a tirios y a troyanos.

Hákim de Merv

jueves, 13 de agosto de 2026

Váyanse A La Mierda (1er Empilado)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de agosto de 2026.)

A inicios de este ‘26 me saltó en la pestaña de notificaciones de Facebook un posteo del guitarrista Elvis López Aroni (Post Galazer), que daba cuenta del lanzamiento virtual de una compilación con grupos y proyectos adscritos en su mayoría al underground de Huancayo (Junín). O al menos así lo proclamaba el posteo. Éste, sin embargo, databa del 31 de diciembre del año pasado. Contrastando fuentes al respecto, éstas confirman la fecha de aparición del artefacto, disponible desde ese día en YouTube y para descarga gratuita vía MediaFire (opción ya caduca).

Si bien digresivamente, en textos anteriores he aventurado conjeturas en torno a los caldos de cultivo en que fermentan los/as artistas independientes del nuevo siglo, llamados/as a tomar el relevo de sus predecesores. No es improbable que aún se invoque al punk, el movimiento “do it yourself” por excelencia, para saltar al ruedo/tomar las armas; pero sí bastante infrecuente ya. Ídem con otros discursos, como el dark-gothic, el metal o el industrial. Estadísticamente, ahora las nuevas hornadas suelen partir del noise rock, del indie pop o del segundo post rock, o en su defecto de tendencias más extremas y por ende también más minoritarias.

Con un título y un arte de portada como los que maneja, era bastante predecible que Váyanse A La Mierda (1er Empilado) se constituyera en excepción a esa hipótesis aún no del todo corroborada. Sus 30 minutos y sencillo inclinan la balanza hacia dicha dirección: cuando no es el metal o el punk, es el rock alternativo noventero proclive al grunge. Poco, muy poco espacio para el pop. Tan es así, que hay más parcela para sendas performances poéticas, situadas al inicio de las dos partes en que se compartimenta la placa: “Tristeza” al empezar la primera y “Lima Me Mata” al arrancar la segunda, respectivamente de los huancavelicanos Emerson Sinche y Roger Rodríguez.

El hándicap con que lidia la compilación es el de tener todas las trazas de haber estado encerrada en una cápsula del tiempo. No sólo es que los/as participantes recrean sonidos a día de hoy harto añejados, sino que el grueso de ellos/as lo hace sin atreverse a arriesgar lo suficiente a fin de ganar cuando menos un ápice de identidad propia. Por defecto implícito, hasta se podría decir que las posibilidades técnicas de registro y grabación son idénticas a las de esas épocas (el punto más bajo en ese sentido es “Buscando Alternativas Para Destruir Este Lugar” de Qhapac Ñam), suposición verosímil si no mediase la información que los responsables han proporcionado añadida a la publicación.

La ausencia de riesgo y de sangre que subleve/salpique determina que la norma sea el rock asaz genérico, entonces. Aunque se enhebren -temporalmente- punche, simplicidad e inmediatismo, el punk asoma como perennizado en ámbar (Blake Limbuzz Griss e “Instinto”, Autopsia Rock y “No Me Importa Tu Opinión”), el metal se mueve anegado (salvo en “Glorificación Al Odio” de Korruptor, con trasvases grind), y el grunge/alternativo 90s es retratado en bodegones que miles de bandas de todo el orbe podrían haber firmado (“Día Infeliz” de Jonnav Svinoide, a “Muerto” de WDR no le alcanzan ni su actitud achorada ni su pródigo bajo). Es cierto, podría ser mala suerte al momento de seleccionar las canciones, pero tratándose del primero de una serie de muestrarios tienes que pensártelo cientos de veces antes de elegir a quienes te van a representar.

Rescato el sobrio pop intimista y la voz contenida de “Amuleto”, de Llakta Le Chien, y en menor medida -con las justas, a decir verdad- “A.M.O.R.I.R.T.E.” de Elvis López (a) Elvisnoide. Al resto le daría el beneficio de la duda de cara a una segunda chance -medio siglo de vida puede estarme pasando factura, aunque honestamente no lo creo-, sobre todo a Blake Limbuzz Griss, cuyo debut El Exorcismo (‘20) no deja de ser llamativo. Una tercera oportunidad, ni a balas.

Hákim de Merv

jueves, 6 de agosto de 2026

Rafael Cheuquelaf: Ecocidios

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de julio de 2026.)

Arduo trabajo apostillar el nuevo largo de Rafael Cheuquelaf sin citar casi por entero la glosa que el propio puntarenense consigna en el BandCamp de Eolo Producciones. Desde la denominación, que apunta sin escalas a la crisis generalizada de sistemas bioambientales, hasta los numerosos sampleos de ponencias o declaraciones públicas que verbalizan esa preocupación; Ecocidios es mucho más que un documento sonoro. Testimonia la enorme diversidad biológica y medioambiental de la Patagonia, a la par de la zozobra y del desasosiego que derivan de la impronta de la mano del Hombre en la Naturaleza de la región más austral del continente americano.

Efectivamente, más de la mitad del repertorio subraya la intervención de intereses económicos nacionales y extranjeros que atentan -con intención, menos frecuentemente sin ella- contra lagos, estepas, abras, bahías o archipiélagos que deberían permanecer sin hollar por el hombre civilizado. Y lo hace sin guardarse nada. Esto pone al álbum por encima de esfuerzos precedentes que el músico magallánico viene realizando desde el ‘19 (Choike EP). Las composiciones suenan de hecho más enfáticas, intensas, dramáticas y agoreras que nunca antes en el background de Cheuquelaf (Mantiza, Lluvia Ácida, Nébula).

No tienes sino que pulsar play para darte cuenta de ello. “Zonas De Sacrificio” es un reluctante llamado de atención sobre la poca consciencia de las corporaciones de diversa índole, pero sobre todo de la ciudadanía promedio, cuando se trata de oponer la inviolabilidad de santuarios naturales a la explotación de sus (finitos) recursos. El track se ha armado introduciendo en el viejo synth setentero decenas de cuñas sci fi nativas del nuevo siglo -algo así como enyuntar a Isao Tomita y a Cliff Martinez, a Clint Mansell y a Jarre. “Ballenera” resuena aún más oscuramente ambiental, palpitando con urgencia y vitalidad a despecho del tranquilo cloqueo con que el agua te recibe al inicio.

Otro rasgo a remarcar en Ecocidios es el golpe de timón estilístico. No ha abandonado Rafael la senda del ambient synth de arte y ensayo, sino que la ha enriquecido amparándose en las relevantes cantidades de downtempo, de EBM y de IDM aditadas.  Si en el caso del primero puedo citar el trote calmo de “El Valle De Los Castores” y el extraño cripticismo invertebrado de “Dydimo”, surcos en los que también casa ambient y auroral noise digital, en el caso del segundo apelo al angustiante pulso filo-industrial de “Flota Pesquera China”. En cuanto al IDM, su imponente huella es rastreable en los agitados latidos de “Metula” y de “Hidrógeno Estepárico”, en la díscola tonalidad cíclica de “Escape De Salmones”, en las artificiales ambrosías de nerviosa pulsión que cobija el cierre “El Fuego Avanza”.

Justamente es “El Fuego Avanza” el tema que expone con mayores bríos los actos realizados en detrimento del ecosistema patagónico a uno y a otro lado de la frontera chileno-argentina -quema de áreas en parques nacionales protegidos, con el único propósito de adjudicarlas a empresas (de cariz sionista). La imputación más sangrante, en medio de denuncias sobre malas prácticas de la industria ballenera, sobre continuas incursiones ilegales de flotillas de pesca industrial en el mar magallánico, sobre la angurria corporativa por el “hidrógeno verde”. Y de relatos sobre accidentes a consecuencia de fallo humano, como la fuga de salmones de criaderos especializados o la catástrofe ecológica que supuso el encallamiento parcial del petrolero neerlandés Metula el 9 de agosto de 1974.

Vívido testimonio (disponible además en Pueblo Nuevo), sí, pero también severísimo jalón de orejas de cara al futuro inmediato de nuestro planeta y al rol que jugará la Humanidad en ese devenir para bien o para mal. Muy en consonancia con aquella frase que se coló en la predecible versión ‘08 de The Day The Earth Stood Still: “Si la Tierra muere, tú mueres. Si tú mueres, la Tierra sobrevive”. Considerémonos amonestados/as.

Hákim de Merv

jueves, 9 de julio de 2026

Miyagi Pitcher: Geosmina EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio de 2026.)

Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai (生​き​が​い) (‘22). Lo más prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.

A propósito del género fundado por Macintosh Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles subatómicos, imperceptibles.

Por lo demás, ello responde a la voluntad expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas. Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher. Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.

El proceso de ralentización finaliza con “Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”. Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.

Sí, todo lo paja que quieras. No obstante, sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.

Hákim de Merv

jueves, 2 de julio de 2026

Kamanchakka: Kamanchakka

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio de 2026.)

No es que Mauricio Miranda nunca se haya aventurado en las estepas agrestes de la música de avanzada. De hecho, al también bloguero le debemos tanto las exquisitas compilaciones para descarga gratuita Grito Al Vacío: Shoegaze En El Perú 1991-2013 y Gritos Y Secuencias: Shoegaze En El Perú Parte II como el unigénito largo de Paisaje 3 Sesión Invernal junto al prolífico Raúl Begazo (Fobya, Orquídea, Alunaki), con que se inicia sobre suelo patrio la tradición del tripgaze. Sin embargo, no es menos cierto que en su currículum referencias convencionales como Albatröss (alternativo, grunge) o Los Perros Del Sotánico (surf garage punk) cosechan algo más de atención.

Sobre el resbaladizo terreno de la experimentación sonora, empero, jamás antes llegó tan lejos como lo hace ahora de la mano de Kamanchakka. Esta nueva apuesta personal le saca varios cuerpos de ventaja a Paisaje 3, utilizando variables y metodologías de composición más próximas al Ruido de lo que alguna vez llegara a estar la sociedad con el arequipeño Begazo. Aunque sólo conste de tres pistas, el epónimo pistoletazo de salida rebasa por escasos segundos el hito de la media hora, indicio de un dispendio generoso y muy característico del avant garde al menos en relación a dos de ellas.

Lo primero que conviene subrayar es la existencia de un murallón de ruido que ocupa todo el horizonte sin atosigar la audición. Es decir, una barrera omnipresente dispuesta a modo de palio o telón de fondo, de manera que encima suyo se hagan viables otras evoluciones estéticas. El matiz sonoro que adopta esa pared depende del estado de ánimo, así como del cariz improvisacional de cada uno de los registros -acuático y ribereño en “La Teoría De Por Qué La Nada Es Todo Y El Todo Es Nada”, ventolero y sibilante en “El Encuentro Entre Dos Personas Que Se Conocieron En Una Vida Pasada”.

Una guitarra, loops drónicos, sampleos y muchos sound effects emergen y se eclipsan intuitivamente; alternando con apenas audibles guiños melódicos, con estallidos casi geológicos de noise, con un dark ambient frontalmente post humano. Este último resuena sobre todo en “Al Atardecer En Un Inhóspito Planeta De Una Galaxia Muy Lejana”, el track más conciso si se lo compara con los once minutos y 41 segundos de “El Encuentro Entre...” o los trece minutos y medio de “La Teoría De Por Qué...”. En cualquiera de los tres casos, las ambientaciones de Kamanchakka remiten a una penumbra permeable, que aún en sus momentos de mayor hesitación encierra la promesa de una oscuridad ineluctable, definitiva.

¿Y no hay lugar para nada más? En realidad, sí. Cuando Miranda desarrolla sus improvisaciones más extensas -todas han sido grabadas con un celular y posteriormente procesadas/mezcladas/masterizadas por el propio mollendino-, encuentra espacios para apartar el velo durante breves instantes, de forma aleatoria. En “La Teoría De Por Qué...”, lo logra valiéndose de un ruido cuyo color describiré como chillón en contraste con la opacidad imperante. Ese ruido acomete navajazos que dejan pasar algunas hebras de luz, al inicio y al final del round. En “El Encuentro Entre...” ocurre otro tanto, solo que los navajazos son reemplazados por trallazos de armas láser (sospecho que rescatados) de viejas películas de ciencia ficción de los 50s y lustros anteriores. Los únicos momentos en que podemos ver el cielo azul, aunque sea desde una mezcla de desesperanza y melancolía que no se marchita.

“Kamanchakka” es una palabra de origen aymara, usada en el sur del país y en el norte de Chile para describir la gélida neblina baja que torna opiáceas y brumosas esas localidades costeras/portuarias donde germina, se agazapa y se ceba. Con seguridad, Mollendo es una de ellas. No hay mucha ciencia, pues, en deducir que es el Puerto Bravo la principal fuente de inspiración a la que Mauricio recurre al momento de dotar de color y forma al contenido de la placa y a su difusa y vaporosa carátula.

Hákim de Merv

jueves, 25 de junio de 2026

Oramorph: Oramorph // Avenave: Avenave

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de junio de 2026.)

Me ha tocado reorientar las antenas por un momento -nunca mejor dichas esas tres últimas palabras- hacia la IV Región de Chile, gracias al dateo del experimentado músico Michel Leroy (Thanatoloop, Fiesta De Holobiontes). En Coquimbo, el hombre fuerte de Templo Sagital ha cofundado junto a Richi (Midriasis Paralítica, Desangrar) y a Sata (Gorgonizer, Monkief) el comando Oramorph. Inscrito en la ya venerable tradición ruidosa y apocalíptica del grindcore y derivados, el trío debuta tras dos años de trajín a fines de agosto del ‘25, mediante un registro epónimo que se distingue por entroncar insólitamente con otro género en principio poco o nada afín al extremismo grind -el sludge.

El extraño cruce atenúa justamente uno de los puntos fuertes de la batahola propiciada por gente como Discharge o Carcass: la (¿no?-)percusión. A medio camino entre el EP y el mini-álbum, este esfuerzo no siempre recurre al blast beat patentado por Napalm Death o Repulsion. Como ejemplo, la apertura “Sobreviviendo”, cuyos aullidos agudos y entonación gutural se adhieren sin remilgos al radicalismo vociferante del grind, pero cuyas baquetas obedecen el dictamen de los lentos riffs iterativos del sludge, una variante algo más ligera del doom metal. La impresión que reditúa equivale a visionar una versión gore en slow motion de las salvajadas inmisericordes del Punisher que interpreta Jon Bernthal.

Esa suerte de dicotomía florece en los poco más de veinte minutos que demora Oramorph, haciéndole oscilar a veces de una pista a otra, con mucha mayor frecuencia alentando y revirtiendo metamorfosis en un mismo surco. Sucede en “Genocidio Global”, en “Hospital De La Salvación”, en “Alfombra De Parásitos” -nótese en éstos y otros de sus pares la fidelidad a la costumbre arraigada en huestes grindcore de construir sintagmas utilizando vocablos asociados al habla médica-. A accesos de velocidad maníaca (Sata), siguen ritmos empantanados en tóxica suciedad y tensión opresiva, y viceversa. A agresivos embistes de unas guitarras saturadas de distorsión (Richi), suceden otros abrasivos que se arrastran intentando penetrar la densidad reinante, y en reversa.

El único desempeño más o menos uniforme es el que concierne a las voces. Michel, y en menor medida sus conmilitones, parece vomitar fárragos vocales más que cantar, sea en urraqueña clave grind, en desafiante clave hardcore punk (“Nada Cambiará”), en vesánica clave sludge (“Terminal De La Putrefacción”, “Respirando Sombras”). Airadamente emocionales, vejatoriamente purulentas, las voces de Leroy y compañía nunca cambian lo bastante como para subdividir su performance. Si bien podría añadir aquí como otra constante ese sonido crispado que parece consecuencia de frotar vidrio contra vidrio en algunos de los tracks, como prólogo o epílogo, éste es más una variable.

No apto para oídos sin curtir ni para espíritus laxos. Ni éste, ni ningún otro armagedón sónico. Se anuncia edición física en formato digipack, no a través de Templo Sagital, sino de la usamericana Throne Of Lies.

Merced a los buenos oficios en labor difusora del compa Rafael Cheuquelaf (Lluvia Ácida, Eolo Producciones), supe de Avenave en noviembre pasado, cuando estuve de viaje por la hermosa ciudad de Punta Arenas. Acababa de ser editado vía Halim Music -la otra gran escudería independiente de la urbe magallánica- el homónimo estreno en largo de este dúo (Río Seco EP se lanza cuatro años antes, en marzo del ‘22), y un ejemplar ya estaba predestinado a llegar a mis manos, asegurándose por ende su ingreso a la Meloteca de Babel. Fue este último un trámite más difícil de resolver.

Muchas escuchas después, Avenave sigue siendo un enigma que no obsesiona, sino que seduce e invita al puro deleite mental/sensorial. “Japonave”, verbigracia, rompe fuegos empleando una secuencia pedal de notas electrónicas digna de la Berlin school, que tras medio minuto de solitario andar casará la irrupción de un brioso soporte rítmico. Sumándose una eléctrica que dibuja patrones cíclicos para luego emprender vuelo libre, ese matrimonio crea una atmósfera a caballo entre el post rock y el post pop: del primero toma prestada su vocación trasgresora, sin renunciar a un diseño sonoro que el/la oyente sienta cercano, rasgo que recicla del segundo.

Evidente guiño al mítico guitarrista de Pink Floyd, la dupla que conforman “Gilmour I”-“Gilmour II” se mueve apisonando bases distintas. De hecho, el binomio es más un monomio partido en dos. Con una larga introducción en que sólo audicionamos cantos de aves, sordos ecos de distantes tormentas y una guitarra minimal (“Gilmour I”), esta última despega trasladándonos en un trip que juguetea con el canon del rock desértico sin incidir en sus lugares comunes -son éstos reemplazados por dulces tonalidades cannábicas. Y la subsiguiente “Disco Funji” vira bruscamente hacia parajes en los que el tándem se regocija recreando la plasticidad de Stereolab circa Dots And Loops (‘97), no su laboriosidad, mucho menos su sonido (más en consonancia con el que relajadamente jazzea Tortoise).

Baste lo expuesto hasta aquí para concluir que la mancuerna Avenave prefiere caminar en libertad, sorteando etiquetas bajo las que encajar y clichés con los que cumplir. Al margen de lo atinado/desatinado de las precisiones y/o apreciaciones estilísticas, Javiera Alarcón (ex Lilits) y René Gómez (Heropass, Diógenes) escogen manar antes que fluir, esculpiendo texturas de química voluble con que engalanar esos soundscapes de ensueño que atravesamos de su mano. Avenave abraza despreocupadamente la espacialidad. No le molesta pisar un poco el acelerador para zafarse del perfil ambiental del post rock en “Nighthawk”, evocando de paso la ductibilidad de los Gus Gus del inmenso Polydistortion (‘97). Se distiende en “Baño De Bosque” recreando desde coordenadas ácidas el feeling etno-prog de unos Jade Warrior o unos Embryo. Y se aúpa a un curioso híbrido de psicodelia old school y de dub para encarar la clausura de la jornada con la generosa “Almar”, que me sigue sonando todavía a los Dif Juz de una dimensión paralela.

Adictivo primer álbum de Avenave. Cierto, el volumen apenas excede los 31 minutos, pero su periplo lo repites incesante sin que la familiaridad te reporte cansancio alguno. Provenientes de diversas latitudes y épocas, discos de menor minutaje pueden eventualmente impregnarte de tedio, de modo que méritos -meritazos- no le faltan a la sociedad formada por Alarcón (bongó, maracas, pandero, palo de agua, principalmente batería) y Gómez (Moog, mellotrón, sintetizadores, principalmente guitarras). Un esforzadísimo drum set polirrítmico que siempre se porta a la altura, y una guitarra volátil que apela a la mesura como la más señera de sus virtudes.

Hákim de Merv