miércoles, 22 de septiembre de 2021

Slavia: La Potencia Infinita Del Vacío // Aura En El Espejo: Albedrío EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de septiembre del 2021.)

Tanto marcó la tragedia de República Cromañón un antes y un después al interior de la movida argentina, que poquísimas cosas permanecieron inmutables en ella tras el luctuoso suceso. Como apunta el crítico porteño Norberto Cambiasso (Esculpiendo Milagros) en su texto para ¡Salgan Al Sol!: Avant-Rock En La Argentina Del Siglo XXI (Buh Records, 2014), los vasos comunicantes entre el mainstream gaucho y los circuitos underground se cortaron, impidiendo que el primero reciclase los descubrimientos de los segundos para renovarse; y que éstos continuasen avanzando a la vez que lograran acceder a audiencias masivas.

De ahí el drástico agostamiento de nombres que superasen las barreras rioplatenses para alcanzar esa internacionalización que otrora se les daba natural. Contadas son, en efecto, las nuevas sangres argentinas que han llegado en los últimos lustros a los demás países de la región -y ello, nunca a escala Soda Stereo o Babasónicos. Por el lado más pop, gente como Las Ligas Menores, Lxs Rusxs Hijxs De Putx, Las Ruinas Circulares o Él Mató A Un Policía Motorizado. Por el lado más experimental, combos como Sales De Baño, Aguas Tónicas, los cordobeses Fonez, Entidad Animada o Para Establecer Un Río. Es este último el ejemplo perfecto para contrastar el debut de Slavia, una dupla rosarina que se inspira en los días del post rock original, a diferencia de la acepción contemporánea -no por ello menos válida- que de la etiqueta esgrime PEUR.

Manejada por Germán (a secas) y Fernando (a secas), la artillería de Slavia consta de sintes, software para el (re)procesamiento de frecuencias, una ocasional guitarra (empuñada por Germán) y la puntual participación de una trompeta en “Austria”, a cargo de Juan Lemos (frontman del también rosarino cuarteto Los Lanzallamas). Nada más comenzar a reproducir “Sustrato”, apertura de La Potencia Infinita Del Vacío, los trallazos de la eléctrica dejan en evidencia la convicción depositada en el credo del drone -uno que no se empecina en copar/ahogar todos los tañidos ejecutados para cada tema. El laconismo armónico del tándem tiene la misma vibración psicotrópica/firma cuántica que gigantes como June Of 44, Labradford, los primeros Gastr Del Sol e incluso Main estampasen en los documentos esenciales del género durante su época de esplendor.

Ello no significa que Slavia suene igual a las agrupaciones citadas, sino que su proceder artístico deviene en consonante con los que éstas pusieron en práctica. El binomio se siente cómodo en medio de la carestía de melodiosidad, sobre todo cuando esa escasez se ve favorecida por el discurso electrónico, lo que acaece de “Fes” en adelante. La improvisación sonora tanteada en “EXP I”,  “Hiperbola” o “Praxis”  moldea  el  leitmotiv  de  números  tipo  “El  Devenir  Del  Tiempo”, la dilatada  “Roto”, “Austria” -Esquivel tronando desde la am de un mundo paralelo- o “EXP II”. Como si fuera poco, dicho modus operandi se ve acicateado por el patógeno del dub, que lo impele hacia altitudes de un ambient desecado y yermo, de estrías psicóticas hasta niveles martirizantes.

Álbum de arisco, doloroso ruido corrugado, que observa los intuitivos dictados de la mente; La Potencia Infinita Del Vacío ha visto la luz, para nuestra sorpresa, a través de una escudería del coloso lusohablante de nuestra región -The Church Of Noisy Goat, con sede social en la ciudad de Porto Alegre (Rio Grande Do Sul).

Según el músico Bersaín Lejarza Abelleyra, su proyecto personal Aura En El Espejo profesa influencias de grupos ochenteros clásicos, del talante de The Cure, Depeche Mode y U2. Debo dejar constancia de no haberlo notado en ninguno de los títulos que le he oído hasta ahora. Sí asoma con sobrada claridad, en cambio, la figura del Brian Eno productor, otra influencia confesa. Las esculturas sónicas de Lejarza son más estados de ánimo que experimentar sin necesariamente padecer, característica que el genio inglés patentó en tanto Padre del ambient -abrillantada por un a veces irritante miniaturismo: sigo escuchando los uploads de AEEE, y todavía no doy con un solo larga duración.

Paisano del trío shoegazer ACTY (Tepeji Del Río, en el estado de Hidalgo, México), la andadura solista de Lejarza Abelleyra se remonta a noviembre del año 2016, cuando cuelga en BandCamp el extended Paraíso Abierto. Desde aquella fecha, su labor ha sido incansable, reflejándose en nada menos que 81 referencias entre sencillos y EPs. Tamaña fertilidad no se ha limitado al arte sonoro: en paralelo viene desarrollando sendas trayectorias literaria y cinematográfica, en el marco de un esfuerzo -digamos “trifásico”- impulsado por la Editorial Objectum (criatura del mexicano, sospecho).

Tratándose de obra tan fecunda, centro mi comentario en el esférico más “largo” que el azteca ha lanzado en lo que va de este 2021: Albedrío EP. Diez viñetas que empujan la estética del bedroom pop hacia rincones insospechados -como el coral (insólitamente “gregoriano” en “Los Resucitadores”, femenino en “Hallazgo En El Barrio De Whitechapel”), el neoclásico (que se prende de las esquinas a partir de “Perdido En La Fiesta De Máscaras”) e incluso el juglaresco feudal. Esta última dirección, que utiliza el hidalguense con mayor propiedad, es la que más aciertos le ha reportado: lo puedes verificar en la recitación de ultratumba que se desliza a través del track epónimo, en los macabros teclados de “El Baile De Los Espíritus”, en la hierática gravedad de “Hallazgo...” y de “La Niebla Regresó A Los Perdidos Que Hubo En Ella” (preciosos strings sintéticos).

El piano, otra sonoridad protagónica en muchos de los surcos de Albedrío EP, se desenvuelve con un registro entre el neoclásico y ese gótico de imaginario oscuro/medieval que he subrayado. Más de una vez, su solemnidad me hizo recordar a los Cranes del siniestro Wings Of Joy (1991), realzando el acabado final de un proceso creativo que se mira en el espejo de la música rock para construirse, pero que termina siendo predominantemente electrónico, nazca de inciertos apuntes sin acabar para la base melódica o la rítmica, o de experiencias y lugares que dejan su huella en el individualista -el azar juega también papel importante en la metodología compositiva del autor.

Hákim de Merv

jueves, 16 de septiembre de 2021

FEM/BOT: NN // El Otro Infinito: Recopilatorio

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de septiembre del 2021.)

No tener miramiento para con los sencillos virtuales -salvo contadas excepciones en el plano internacional, aún más contadas en el nacional- a veces juega muy malas pasadas. Confieso que una de ellas ha sido “Etérea”, single debut del tándem FEM/BOT, colgado hacia fines de febrero del ’20. De haberle prestado atención entonces, habría hecho estricto seguimiento de cada 7’’ sucedáneo de una banda que manifiestamente se las trae todas consigo. “Etérea” da cuenta de una entidad bicéfala exquisita en cuanto a los ingredientes que escoge acrisolar en su accionar compositivo: las austeras pulsaciones sublunares de sintes analógicos en plan Tangerine Dream o Ash Ra Tempel, la marciana oquedad arty de Red Transistor o Theoretical Girls, las atmósferas herederas del filón más arisco que el after punk erigiese a ambos lados del Atlántico...

Un sino similar seguirían tanto los subsiguientes uploads como los aportes cedidos a las compilaciones Aeon Wave: Neo Synth And Dance Tracks From Lima’s Underground (2021) y Telúrica (2020), esta última segundo tomo del díptico con que celebrase Trilce Discos sus diez primeros años de existencia. Justamente es la participación del dueto aquí, “Klon”, la que me lo da a conocer. Y justamente es Trilce la independiente que ha editado, a inicios de julio, el estreno formal del binomio en modalidad cassette.

Mitad repesca de los 45s digitales y mitad inédito, NN confirma las sospechas que se cernían sobre las virtudes acreditadas por Silvana Tello y Oman Morí. Su dialéctica propende al post punk ‘77-‘84 y al darkwave, invoca al fantasma que habitaba el Soho durante los días de la no wave neoyorkina, incorpora y absorbe el sonido de la escuela berlinesa del kraut rock tanto como el del synth pop y aún el de ese minimal synth que hoy goza de unas justas reivindicación y segunda vida. El fruto de semejante contubernio es una cruza desgarrada entre el feroz antirockismo alucinado de Chrome y el minimalista metal beat de D.A.F., cruza acunada por texturas regurgitadas desde el Abismo.

Esa disección y sus implicancias explican, sin racionalizar, el ominoso post punk de lisuriento automatismo surrealista que ostenta “Scorpio”, la crispada guitarra darkie cosida a un teclado de exigua armonía tonal en “Klon” y su voz salmodiante a lo Brendan Perry, el cárdeno escupitajo críptico de “Sumac”, y aún el insólito proto-psicodelismo marca 80s de “Sonno” -el episodio más relajado de la cinta, funciona como oblicua y límpida versión alternativa del “Just Like Honey” de The Jesus And Mary Chain (“duelo” vocal incluido).

Me quedo con “Etérea” y “MetaMorph”, así y todo. Del primero ya hablé, por lo que me prodigo ahora con el segundo. La fantasmal performance del theremin y la cortante precisión marcial de la drum machine, creciendo enredados ambos recursos alrededor de una programación iterativa y de una eléctrica de neón (que siega como la mejor espada Hanzo), hacen de esta canción un digno par de “Etérea”. Ambos canales resumen lo que acaso sea el mayor acierto de FEM/BOT (¿el chaplín guiña a Futurama?): profiláctico motorik punk para atemperar la esquizofrenia innata en el Hombre del siglo XXI.

Todavía El Otro Infinito no llega a las diez velas por soplar, y ya necesita dos guarismos para consignar el número de sus producciones -el grueso de ellas editado a través de Chip Musik, pero con referencias además en SuperSpace Records (el  single  Art  Is  Resistance! -julio  del  ’19-,  Pequeños  Métodos EP -noviembre del ’18-) y en la mexicana Bifronte Records (Un Antiguo Enemigo EP, octubre del ‘18). De este último extended procede, precisamente, la única pista que el acto individual recupera de entre sus discos fuera de Chip para el escuetamente bautizado Recopilatorio, a descargar de forma gratuita desde el BandCamp de la label limeña de raíces oroínas.

Considerando la valía y extensión del output de Alfonso Noriega, de primera impresión pensé en un yerro épico cuando cotejo el menú seleccionado y el minutaje en Recopilatorio: escasos siete cortes que superan por los pelos la media hora de duración en conjunto. O lo que es lo mismo decir, casi cincuenta minutos desperdiciados y al menos otros siete cortes que pudieron figurar aquí. Debo reconocer, no obstante, que el track list escogido y su finitud hacen pensar más en una primera vez para quienes no conocen aún la música de El Otro Infinito.

Puesto así el escenario, Recopilatorio funciona bastante bien como primer lance. “Los Dioses De Arena” es una muestra in extenso -única en un registro de sugestiva electrónica a disfrutarse en horizontal, el mini-álbum 21 (2017)- de la rigurosa fluidez simétrica con que Noriega lidia al contrapesar la inclinación a las pistas de baile y la poliédrica ascesis ambient que intrínsecamente chocan sables en la retórica IDM. También corren en ese carril el oscuro mesmerismo de “Kali” (placa del mismo nombre, 2016), el inquieto y enérgico intelligent techno de alto octanaje que traspira “Saigón” (El Abismo En Cada Objeto EP, 2018), el hi-fi sepia de “Demons Dress In White” (rework, facturado hace dos años, del original que apareciese en el abigarrado To The Shadow’s Rhythm, 2015), y la desafiante vitalidad de “Say Hi, Say Bye” (del EP endosado a Bifronte). Ejemplos todos de lo bien que ha apre(he)ndido Noriega las lecciones de los estetas británicos noventeros: B12, los inevitables Autechre, Reload, Black Dog Productions...

Con peso sensiblemente menor en el total de la obra otroinfinita publicada a la fecha, temas como “Amanece(s)” (EOI, 2019) o “Las Mareas Traen Tu Nombre” (El Abismo En Cada Objeto EP) ilustran esa laxa estética hidropónica de ensimismamiento ambiental, de espirituosa búsqueda astral que cada tanto acometía la electrónica post-rave a través de sus avatares más misántropos -Global Communications, los momentos zen de Ken Ishii, Biosphere... Números en los que los bpms tienen rascuacha o nula presencia, abandonados a la deriva en un océano de ermitaña placidez, testimonios de inteligencias que parecen vivir sólo en el pensamiento y la especulación -y que condescienden a la manufactura artística para tratar de comunicar a través suyo aquello que los demás podemos admirar, mas nunca realmente entender...

Reformulo mi principal reserva sobre este Recopilatorio, para convertirla en una sugerencia crítica. Es altamente improbable que quien no esté familiarizado con la música que elabora El Otro Infinito, permanezca impasible ante esta recopilación. Pese a ello, si bien no era una exigencia capitalizar el espacio que proporcionan los 80 minutos de un CD, Recopilatorio pudo ser algo más generoso: siete piezas -remasterizadas- pueden bastar para ilustrar la proporción entre las dos facetas que escancia el músico surcano, no para agotar el catálogo de composiciones en que las secuencias fracturadas devienen en patrones rítmicos a fuerza de repetirse sin descanso, o en las que el noise digital se sublima en una envidiable belleza líquida. Mucho menos para recorrer todos los capítulos de este proyecto solista -Games For The Dead (2015), El Infierno En Tus Ojos EP (2016). A tomar en cuenta para un próximo panorámico -eso y buscar un nombre un pelín más ingenioso.

Hákim de Merv

jueves, 9 de septiembre de 2021

Putzy: Curses // Puna · Rare Tracks II: Oikeiosis / Ecos Fuera Del Camino EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de septiembre del 2021.)

Atascada la música pop contemporánea en un limbo desde hace ya sus cuantos calendarios, hambrienta de las vueltas de tuerca que antaño menudeaban y le aupaban a avanzar, hoy no resulta extraño que los nuevos grupos y solistas desvíen la mirada hacia el pasado -bien deseosos de revigorizar géneros/estilos tenidos por inertes (con la secreta esperanza de hacerles renacer), bien por simple y llana retromanía.

Pocas han sido las nuevas sangres que han apostado a la resurrección -nunca mejor empleado el término- del vetusto dark-gothic rock (que no es lo mismo que el aún más añoso post punk, valga la aclaración). Durante mucho tiempo adheridas al discurso oscurón de los 80s aurorales, las escenas peruanas dejaron atrás esos recovecos lastimeros al promediar la primera década del nuevo siglo. Afortunadamente, porque ya desesperaban un poco las desmesuradas proliferación y consecuente reiteración tanto de bandas de cariz ‘siniestro’ como de aquellas hardcore punk.

En nuestros días, empero, ya no incomoda que este sonido regrese del frío. Diría que es incluso saludable que lo haga, al plantear otra alternativa más de variedad en el panorama del pop independiente nacional (e internacional). Si es de la mano de combos nuevos, tanto mejor: hace dos años, Distorsiones Óseas (Buh Records) de Specto Caligo puso en agenda la cuestión. Prontamente lo hará en físico el dúo Putzy, con Curses. Es éste un debut que ha recorrido caminos bastante azarosos tras su primera aparición, bajo las enseñas de la label californiana Blossöm Records (2019). Año y medio después, la peruana InClub Records volvió a lanzarlo de manera virtual. Ahora se anuncia su pronta salida a la venta en formato físico a través de Blossöm (vinilo, CD, cassette) y de Creaciones Infernales (cassette, sello de Óscar Reátegui).

Harto es el punche que han puesto en Curses César Benavides y Rafael Velarde. Las influencias debemos achacarlas a los sospechosos comunes. Por el lado de los clásicos: los primeros Wolfgang Press, In Camera, Cindytalk, The Danse Society... Por el de los góticos y noventeros: The Wake (US), los Nosferatu, The Mission (UK), algo de Lacrimosa... En conclusión, dark-gothic rock con alto grado de lozanía. A pesar de las varias escuchas que dediqué a Curses, he encontrado poco o nada de otros géneros que el binomio declara como referentes (indie, shoegazing, post rock... ¡gabber!... ¡¡¡kraut rock!!!).

En ese espacio delimitado, pues, Putzy se despacha a sus anchas. Siempre instrumental, el tándem puede sonar denso (“Fash”), sepulcral (las solemnes líneas de teclado en el colofón “Outro”) o hasta metálico (“The Gathering”). Puede, asimismo, soltar amarras y lucir ágil (“Dance, Animal!”), decidido (“Hallways”) e incluso pop (“A Better Place”, flirteo shoegazing que no me convence). Y también puede tentar ese punto medio esquivo en que lo teatral y lo elegíaco sacan lo mejor del dark-gothic: “Ads!” (sus acordes iniciales evocan a “Bela Lugosi’s Dead”, clasicazo de Bauhaus), la desoladora “Kun” (de And Also The Trees no baja) y la magnífica “∇” son excelentes ejemplos de lo que una bien entendida retromanía es capaz de inspirar.

Putzy levanta la misma égida que gente como The Agnes Circle, Sextile o Antiguo Régimen. Si su intención es revivir un sonido al que creíamos muerto y enterrado hace lustros, y si éste resucita a una segunda vida o si lo hace zombificado, es algo que sólo se verá con el Tiempo.

Además de dos bienios, muchas estrellas se han trasladado entre el parto del primer Rare Tracks de Puna y el del que ha sido liberado en julio. Los formalismos instan a que enumere a prima facie su desvinculación de Dorog Records, que en sociedad con Chip Musik coeditaba el material del alias. En realidad el divorcio se produce a partir del inmenso Sukha (2019), pero justo es subrayarlo en tanto el primer Rare Tracks todavía figuraba en la nómina de la escudería de Giancarlo Samamé -como justo es, otrosí, remarcar que esta separación no ha implicado cisma alguno entre discográficas hermanas.

Asimismo, la nueva entrega lleva un ¿subtítulo?/¿nombre? adicional, aparte de la denominación genérica que identifica a estas compilaciones de “rarezas”. Pero la diferencia más relevante estriba en el proyecto en sí. Para la primera ocasión (2017), Puna declaraba ser una banda de formación abierta. Lo sigue siendo, aunque también es verdad que el grupo lleva ya buen rato con miembros estables -Jorge Rivas (Ionaxs), Alexander Fabián (Siam Liam, Ozono, Miyagi Pitcher, Alcaloidë...), Alfonso Noriega (El Otro Infinito, Prados Perfectos) y Leko López (Cabezas Descalzas, Prados Perfectos, Eutanasia).

Las composiciones recogidas en Rare Tracks II: Oikeiosis no sólo anteceden al segundo álbum de Puna, sino que son igualmente contemporáneas a éste y le suceden, toda vez que pertenecen al periodo 2017-2021. Descontando a los sediciosos ya mencionados, en la concepción y grabación de estas tomas se acredita al experimentado Rolando Apolo -músico de la casa, en la práctica. Hablar de “tomas”, se hace imperioso acotarlo, no ha sido gratuito. Para algunos, este Rare Tracks II... acaso podría no ser considerado más que una colección de bocetos, de apenas esbozos, de ideas a medio terminar; si se le juzga bajo criterios técnicos. Yo prefiero enfocarme en la rodaja como el corpus crudo que testimonia el pasado y el presente del cuarteto -y que en cierto modo augura su futuro, salvo por los accidentes de ruta de los que nadie está libre.

En ese sentido, no existe en Rare Tracks II: Oikeiosis número que sea versión -alterna o de cualquier otro tipo- de un tema que haya sido previamente publicado. El mayor porcentaje del track list encaja estilísticamente con la etapa que viene atravesando Puna desde su golazo del 2019. El contraste que proporcionan “Atardecer”, “Utopía Del Ser Imaginario” y en menor medida “Humus”, más próximos al bliss pop de combustión desbocada que inflamaba el estreno Au Dial (2014); sólo reafirma la opinión ya vertida en la oración anterior. Los siete cortes restantes del CD no le huyen al éter, sino que lo dosifican, equilibrándole con programaciones y/o secuencias que funcionan como la contraparte artificialmente replicada del ejemplar bateo que López despliega en Sukha. Más de una vez las explosiones noise in crescendo de ...Oikeiosis (“Eiel”), sus vocales difuminadas (“Nucleus Accumbens Septi”), sus primorosos bajorrelieves digitales (“Oikeiosis”, “El Deleite De Xakt”, el estupendo “Sierra Industrial”); evocan esa vena electrónica que Puna supo cincelar en ese segundo largo con que tocó el cielo.

Un guiño a ese futuro adelantado por Rare Tracks II... Eso es Ecos Fuera Del Camino, el EP que Puna editase hace pocos días, y que atestigua la marcha a toda máquina del buque insignia de Chip Musik, que mantiene las anclas levadas desde hace semanas. Incluso ya está confirmada para septiembre la primera recopilación del conjunto y un nuevo EP para noviembre, y se rumorea la salida de una sustanciosa recopilación de lujo con todos los discos conceptuales de la agrupación a la manera de un box set -remasterizados por lo menos sus dos primeros extended-.

“Bruma”, breve ejercicio de ese bliss pop de gravedad cero que tan natural le sale al colectivo, es tanto un recordatorio de la bellísima pureza textural que éste alcanza al abrazar dicho sonido como de la etapa que parece cerrarse para la banda -espero de verdad que nunca ese cierre sea definitivo.

A 90 grados de distancia con respecto a “Bruma”, el output mutante mitad ambient mitad post rock presente en “Aprendiendo A Morir” y en “Ecos Fuera Del Camino” se erige sobre cimbreantes secuenciaciones entre trip hop e IDM. Huelga decir que ni uno ni otro surco renuncia a las recias capas de disonancia que Puna imbricase durante sus épocas de abundancia shoegazing. Sin embargo, mientras “Aprendiendo...” no las contiene (o no puede), el canal epónimo les aplica un tratamiento funcional al andamiaje rítmico. En ambos, por último, se cuela una guitarra ¿acústica?/¿electroacústica?, cuya delicada performance no se ve empañada por la sobrecarga decibélica en uno y otro caso.

Precisión necesaria, las atronadoras cascadas de ensoñador ambient/post rock que moldean a Ecos Fuera Del Camino EP han sido concebidas y registradas a cuatro manos entre Alexander Fabián y Jorge Rivas.

Hákim de Merv

jueves, 2 de septiembre de 2021

Templos Lejanos: Carrusel EP // Tobías Alcayota: El Triángulo De Las Bermudas // Imbaru: Acacia Caven

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de agosto del 2021.)

#AguanteChile.

Poquísimas son las bandas binacionales de las que llego a tener noticias, estén a este lado de la frontera o al otro, en este hemisferio o en el otro. De ese reducido universo, tres de ellas han aparecido en Chile -y de estas tres, dos cuentan con al menos un integrante de nacionalidad venezolana, lo que proporciona una idea de la real magnitud que alcanza la diáspora llanera: Efecto Violeta y Templos Lejanos. A la primera, algunos de cuyos miembros tuvieron un fugaz paso por Lima, ya aludí al escribir sobre la compilación Geometría Subterránea: Compilado Post - Punk Chile (2019).

Toca hoy hablar de la segunda. Templos Lejanos se forma en el país de la sopaipilla y la cueca a fines del 2018. Meses después, el ingreso del chileno Jonathan Urra (bajo) convierte al trío de su compatriota David Hernández (guitarra) y de los venezolanos José Chirinos (voz, guitarra) y Carlos Colmenares (batería) en cuarteto. Con esta alineación es que se graban los singles virtuales “Mar” y “Cintas Viejas”, precedentes a la aparición de su primer EP, Carrusel (abril del calendario en curso).

Tirios y troyanos han dado cuenta de las cepas shoegazing y post rock cultivadas en la música que TL dispone para el extended. Esa apreciación, a la que le falta enfatizar que se trata de lo que actualmente se entiende por post rock, es correcta. Lo que no me queda claro es por qué el grupo prefiere transitar la cuerda floja que débilmente separa al dream pop del sonido que codifican Friends Of Dean Martinez o If These Trees Could Talk, si en sus primigenios singles le fue bastante bien enfocándose en el baggy.

Asaz lejos de encallar, Carrusel EP da la impresión de ser un registro cuya taciturnidad sólo atenúa el correr de los minutos, y éstos apenas llegan a los 22. El hibridaje de la apertura “0”, por ejemplo, remite ciertamente a Sigur Rós y a Mogwai tanto como a Pale Saints y a Chapterhouse; pero la alusión a estos últimos se entiende al desmontárseles la distorsión. Aunque la variable shoegazing se robustece a cada paso, siempre comparte escenario con el post rock: en los primeros tramos de “Carrusel” y del instrumental “Nada”, ondea la bandera de la aridez textural, de la iteración tímbrica y del laxo minimalismo; reservándose para las segundas partes la supremacía del pedal.

El punto de apoyo sobre el que Templos Lejanos puede crecer es la nostálgica “Ruinas Del Sol”, equilibrio casi perfecto entre uno y otro género, reforzado por esa ascendencia paulatina del noise que subrayaba en el párrafo anterior -y rubricado por la feliz participación de Migliz Mena, vocalista del ¿desaparecido? combo venezolano Días De Septiembre (que editase los apreciables LPs Días De Septiembre y Terminal), quien además ha colaborado en tierras meridionales con Rimbaud Sin Cigarros e inaugurado carrera solista (Migliz, 2020).

Se tomó lo suyo la gente de Tobías Alcayota para volver a los lanzamientos tras el retorno que marcase Maleza Bar (2015). Podrías fantasear con que esta demora quizá se deba a los inimaginables recovecos y ardides que sortearon en el lugar donde el trío parece haber residido durante estos seis años, lugar aludido al bautizar el nuevo trabajo -pero la verdad es que El Triángulo De Las Bermudas comporta un/otro arrebatado(r) golpe de timón al insólito frikismo entre absurdista y kafkiano del Algo De Noche En La Isla (2002), episodio de la terna que pronto cumplirá su vigésimo aniversario. Basta con escuchar las primeras notas de la placa para darse cuenta de que ésta no tiene el menor empacho en hacerle honor a su nombre.

Jorge Cabieses, Marcelo Peña y Jorge Cabargas vuelven a vestir, entonces, la piel del mismo viejo Tobías Alcayota que hemos conocido desde Omi (1999). Frecuentemente, ello comporta un alucinado trip 50% histérico humor inefable/50% dadaísmo pánico. Hay algunos detalles innovadores, no obstante, que complotan para perfilar lo que juzgo es el concepto del álbum -un macabro elogio a la insania en clave pop. Los guiños indiciarios a films como Return Of The Living Dead (“Horóscopo”) o Blade Runner (“Ají Souvenir”, aunque aquí es más la machacona línea de teclados arrancada a un Vangelis en mal viaje de ácidos que una cita textual) y la concomitante devoción profesada a The Residents que circula como nunca antes por los vasos capilares de la mayoría de cortes, inclinan a ETDLB hacia escarapelantes cotas de locura que antes el terceto sugería sin exhibir en todo su extravagante esplendor.

Esto no lo digo influenciado por temas como “Témpano” o “Embrujada” (de sibilantes voces femeninas/incorpóreas/ininteligibles), plegarias notoriamente dedicadas a las “artes negras”. Lo digo en atención al grueso del resto del repertorio, al que sacuden sintetizadores vintage en plan ritual blasfemo (“La Medusa”), violentos contrapuntos armónicos que optan por atmósferas en semipenumbra -“Ají Souvenir”, la lúdica enloquecedoramente horra de “Oráculo” (el video es tremenda pasteleada), los exasperantemente rechinantes vientos de “Tarka De Neptuno”, soplados por los ¿flautistas?/¿quenistas? que acompañan al Primordial prisionero del Caos, el dios idiota Azathoth...

Justamente estas galernas y voces chillonas, marca registrada del casi treintañero trinomio, han sido enfatizadas al punto de sugerir un inusitado nuevo vigor. Las destempladas vocales de la electrónicamente iterativa “Mundo Cruel” o los pitidos insufribles de “El Lago Misterioso” -el script de una bretoniana película non-sense- producen el mismo efecto entre ridículo y tétrico que imprimiese a sus mejores jornadas TA, amparado en la estela de ilustres dementes como The Residentes o de Los Iniciados (sus equivalentes hispanos).

Terror B en fase surrealista practicado por delirantes acólitos de Pan, o también kraut rock retrofuturista de una realidad alternativa donde el frenesí, la enajenación y la psicosis dirigen los destino de la especie humana; El Triángulo De Las Bermudas se halla más cerca del miedo atávico a lo H.P. Lovecraft que al jump scare del celuloide de nuestros días. Y ni su número más convencional, que da nombre al plástico, es capaz de apartarle media micra del Lado Oscuro.

A influencia cristiana, tanto los panteones grecorromano y medio-orientales como los animismos de sociedades más primitivas fueron convirtiéndose en sinónimos de abyección, barbarie, maldad y perversión. Debieron transcurrir siglos antes de repensarse las fenomenologías de estos olvidados cultos, diferentes en parafernalia y formalismos a las religiones reveladas, pero muy similares a éstas en lo tocante a contenidos. Y ya que en todos lados se cuecen habas, así como los credos abrahámicos y compañía venían en “digipacks” junto a sus correspondientes heréticas antítesis, estas antiquísimas cosmogonías engendraban por igual ascetas iluminados y torvos hechiceros. De ahí que se pueda hablar de un paganismo apolíneo y de otro dionisíaco -reencarnado este último, espero que únicamente por el lado estético, en grupos como Stalaggh o las aterradoras Aghast.

No sé si de veras Imbaru reencarne el ideal religioso apolíneo de la antigüedad clásica y/o su equivalente tribal araucano/diaguita/rapanui/caucahués (táchese/reemplácese lo que no proceda), aunque todo apunta a que sí -se declara en su BandCamp, de hecho, entidad panteísta y mística. En realidad, no sé casi nada de Imbaru, y dudo que sean muchos/as quienes puedan decir lo contrario. Este acto individual es sacado adelante por Caminante Silencioso, enigmático músico originario de la zona campestre de Casablanca (comuna de Valparaíso), quien sólo baja a los centros urbanos por presentaciones y compromisos previamente coordinados/asumidos. A despecho de sus diez años recién cumplidos, tiene igual número de referencias publicadas, incluyendo dos EPs y su entrega para este año, Acacia Caven.

La prolificidad es, pues, una de las virtuosas peculiaridades de Imbaru. Otra, no menos interesante, es la flemática pero constante maduración/transformación de su corpus sonoro: de piezas idílicamente rústicas, abiertas y llenas de luz, la poética de CS ha evolucionado hacia parajes más agrestes o sombríos, sin abandonar las praderas silvestres, las encrespadas quebradas, la peñolería infinita de montañas y cordilleras; que enmarcan su hábitat. Asimismo, es necesario destacar el protagonismo central de la guitarra en esta historia, toda vez que el sonido Imbaru es acústico casi al 100% -ocasionalmente pueden escucharse otros instrumentos, como el bansuri (flauta traversa indo-paquistaní), el bombo leguero, el violín o el piano; convertido este último en la médula de Sesiones Oníricas, uno de los dos volúmenes que el sureño publicara en el 2015.

Justamente en “Acacia Caven III: Serenidad” y en “Interludio: Bajo La Sombra De Un Quillay”, el piano se deja escuchar en bucólica ejecución, precedido por ruidos captados en bosques esclerófilos (de vegetación xeromórfica), abundantes en Chile y a los que está dedicada la rodaja (“acacia caven” es la denominación científica del espinillo, también conocido como espino o aromo). Incrustadas, estas fragmentarias grabaciones hacen las veces de evocativos interludios entre new age y enoidales. Verdad que siempre han apuntalado la naturaleza rural de las creaciones del músico (el rumor del viento en “Espejos De Agua”, de El Inherente Sentir De Los Árboles, 2015), pero en Acacia Caven su empleo les hace recurso común: trinos de aves y el estrépito de la lluvia al caer (“Outro A Acacia Caven”), la jubilosa “comidilla” canora dispuesta como las grecas de un prefacio (“Acacia Caven I: Fragilidad”), el sedante sonido del agua que fluye alborozada (“Acacia Caven II: La Llegada”)...

La principal fuente que alimenta esa naturaleza rural, empero, es resultado del reprocesamiento del neofolk europeo. Se siente más como un folk oscuro, padre de melodías no totalmente apacibles, en cuya geórgica melancolía se cuelan extrañas digresiones armónicas. Ayudado durante el maelström creativo por un ambient acústico minimalista y por una world music de ascendencia neoclásica, ahora Imbaru parece tocar sólo para que Natura le escuche, entienda y disfrute. Su solemne paganismo pastoril es el que escucharíamos de unos Dead Can Dance con sabor mapuche. El novedoso plus de una inalterable percusión al ralentí que remite instantáneamente a la chacarera, hace de Acacia Caven la obra más versátil del autor, tan proteico como un derviche para sortear el asedio incluso de la prensa especializada independiente.

Hákim de Merv