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jueves, 25 de junio de 2026

Oramorph: Oramorph // Avenave: Avenave

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de junio de 2026.)

Me ha tocado reorientar las antenas por un momento -nunca mejor dichas esas tres últimas palabras- hacia la IV Región de Chile, gracias al dateo del experimentado músico Michel Leroy (Thanatoloop, Fiesta De Holobiontes). En Coquimbo, el hombre fuerte de Templo Sagital ha cofundado junto a Richi (Midriasis Paralítica, Desangrar) y a Sata (Gorgonizer, Monkief) el comando Oramorph. Inscrito en la ya venerable tradición ruidosa y apocalíptica del grindcore y derivados, el trío debuta tras dos años de trajín a fines de agosto del ‘25, mediante un registro epónimo que se distingue por entroncar insólitamente con otro género en principio poco o nada afín al extremismo grind -el sludge.

El extraño cruce atenúa justamente uno de los puntos fuertes de la batahola propiciada por gente como Discharge o Carcass: la (¿no?-)percusión. A medio camino entre el EP y el mini-álbum, este esfuerzo no siempre recurre al blast beat patentado por Napalm Death o Repulsion. Como ejemplo, la apertura “Sobreviviendo”, cuyos aullidos agudos y entonación gutural se adhieren sin remilgos al radicalismo vociferante del grind, pero cuyas baquetas obedecen el dictamen de los lentos riffs iterativos del sludge, una variante algo más ligera del doom metal. La impresión que reditúa equivale a visionar una versión gore en slow motion de las salvajadas inmisericordes del Punisher que interpreta Jon Bernthal.

Esa suerte de dicotomía florece en los poco más de veinte minutos que demora Oramorph, haciéndole oscilar a veces de una pista a otra, con mucha mayor frecuencia alentando y revirtiendo metamorfosis en un mismo surco. Sucede en “Genocidio Global”, en “Hospital De La Salvación”, en “Alfombra De Parásitos” -nótese en éstos y otros de sus pares la fidelidad a la costumbre arraigada en huestes grindcore de construir sintagmas utilizando vocablos asociados al habla médica-. A accesos de velocidad maníaca (Sata), siguen ritmos empantanados en tóxica suciedad y tensión opresiva, y viceversa. A agresivos embistes de unas guitarras saturadas de distorsión (Richi), suceden otros abrasivos que se arrastran intentando penetrar la densidad reinante, y en reversa.

El único desempeño más o menos uniforme es el que concierne a las voces. Michel, y en menor medida sus conmilitones, parece vomitar fárragos vocales más que cantar, sea en urraqueña clave grind, en desafiante clave hardcore punk (“Nada Cambiará”), en vesánica clave sludge (“Terminal De La Putrefacción”, “Respirando Sombras”). Airadamente emocionales, vejatoriamente purulentas, las voces de Leroy y compañía nunca cambian lo bastante como para subdividir su performance. Si bien podría añadir aquí como otra constante ese sonido crispado que parece consecuencia de frotar vidrio contra vidrio en algunos de los tracks, como prólogo o epílogo, éste es más una variable.

No apto para oídos sin curtir ni para espíritus laxos. Ni éste, ni ningún otro armagedón sónico. Se anuncia edición física en formato digipack, no a través de Templo Sagital, sino de la usamericana Throne Of Lies.

Merced a los buenos oficios en labor difusora del compa Rafael Cheuquelaf (Lluvia Ácida, Eolo Producciones), supe de Avenave en noviembre pasado, cuando estuve de viaje por la hermosa ciudad de Punta Arenas. Acababa de ser editado vía Halim Music -la otra gran escudería independiente de la urbe magallánica- el homónimo estreno en largo de este dúo (Río Seco EP se lanza cuatro años antes, en marzo del ‘22), y un ejemplar ya estaba predestinado a llegar a mis manos, asegurándose por ende su ingreso a la Meloteca de Babel. Fue este último un trámite más difícil de resolver.

Muchas escuchas después, Avenave sigue siendo un enigma que no obsesiona, sino que seduce e invita al puro deleite mental/sensorial. “Japonave”, verbigracia, rompe fuegos empleando una secuencia pedal de notas electrónicas digna de la Berlin school, que tras medio minuto de solitario andar casará la irrupción de un brioso soporte rítmico. Sumándose una eléctrica que dibuja patrones cíclicos para luego emprender vuelo libre, ese matrimonio crea una atmósfera a caballo entre el post rock y el post pop: del primero toma prestada su vocación trasgresora, sin renunciar a un diseño sonoro que el/la oyente sienta cercano, rasgo que recicla del segundo.

Evidente guiño al mítico guitarrista de Pink Floyd, la dupla que conforman “Gilmour I”-“Gilmour II” se mueve apisonando bases distintas. De hecho, el binomio es más un monomio partido en dos. Con una larga introducción en que sólo audicionamos cantos de aves, sordos ecos de distantes tormentas y una guitarra minimal (“Gilmour I”), esta última despega trasladándonos en un trip que juguetea con el canon del rock desértico sin incidir en sus lugares comunes -son éstos reemplazados por dulces tonalidades cannábicas. Y la subsiguiente “Disco Funji” vira bruscamente hacia parajes en los que el tándem se regocija recreando la plasticidad de Stereolab circa Dots And Loops (‘97), no su laboriosidad, mucho menos su sonido (más en consonancia con el que relajadamente jazzea Tortoise).

Baste lo expuesto hasta aquí para concluir que la mancuerna Avenave prefiere caminar en libertad, sorteando etiquetas bajo las que encajar y clichés con los que cumplir. Al margen de lo atinado/desatinado de las precisiones y/o apreciaciones estilísticas, Javiera Alarcón (ex Lilits) y René Gómez (Heropass, Diógenes) escogen manar antes que fluir, esculpiendo texturas de química voluble con que engalanar esos soundscapes de ensueño que atravesamos de su mano. Avenave abraza despreocupadamente la espacialidad. No le molesta pisar un poco el acelerador para zafarse del perfil ambiental del post rock en “Nighthawk”, evocando de paso la ductibilidad de los Gus Gus del inmenso Polydistortion (‘97). Se distiende en “Baño De Bosque” recreando desde coordenadas ácidas el feeling etno-prog de unos Jade Warrior o unos Embryo. Y se aúpa a un curioso híbrido de psicodelia old school y de dub para encarar la clausura de la jornada con la generosa “Almar”, que me sigue sonando todavía a los Dif Juz de una dimensión paralela.

Adictivo primer álbum de Avenave. Cierto, el volumen apenas excede los 31 minutos, pero su periplo lo repites incesante sin que la familiaridad te reporte cansancio alguno. Provenientes de diversas latitudes y épocas, discos de menor minutaje pueden eventualmente impregnarte de tedio, de modo que méritos -meritazos- no le faltan a la sociedad formada por Alarcón (bongó, maracas, pandero, palo de agua, principalmente batería) y Gómez (Moog, mellotrón, sintetizadores, principalmente guitarras). Un esforzadísimo drum set polirrítmico que siempre se porta a la altura, y una guitarra volátil que apela a la mesura como la más señera de sus virtudes.

Hákim de Merv

jueves, 16 de abril de 2026

Pinwü: Paisajes Imaginarios // Hesse Kassel: La Brea

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de abril de 2026.)

Eolo Producciones inaugura su catálogo 2026 editando Paisajes Imaginarios, título que considero a medio andar entre el mini-álbum y el extended play, por tener del primero la duración -poco más de 20 minutos- y del segundo la cantidad de temas -uno solo-. Así se materializa la primera acometida de Pinwü, alias del integrante de Lluvia Ácida Héctor Aguilar, de quien he escuchado con anterioridad ejercicios bajo alias electrónicos solistas de ascendencia hip hop (Patagonia Bambaata y Polar). Pinwü, de hecho, nace de la invitación del ítalo-chileno Cinturón Negro a participar en un mix a propalarse a través de la radio francesa Flowka.

El novísimo seudónimo poco o nada tiene que ver con el hip hop electro, sin embargo, al menos en este Paisajes Imaginarios. Aguilar muestrea sonidos capturados durante sesiones correspondientes a grabaciones de campo, creando collages sónicos tributarios de un ambient en fase industrial, que devienen en soundscapes dignos de ser adscritos a films independientes de estética onírico-terrorífica. Al promediar los seis minutos y medio, por ejemplo, lo que pudiera haber sido inicialmente un diálogo de muchas voces femeninas es reacomodado e intervenido de tal manera que parece un siniestro coro de calacas.

No todo el magma utilizado es excluyentemente provisto por las field recordings. El músico magallánico acredita igualmente sampleos audiovisuales, así como procesos de síntesis para metamorfosear o reposicionar estos fragmentos. Aquí sí se hace más complicado, por no decir impracticable, rastrear el origen de tales sintagmas sonoros. El único que he podido identificar está dispuesto al inicio de la pieza, y me ha sido revelado gracias a su pertenencia a uno de los hitos indiscutibles en la discografía del pop sudamericano de todos los tiempos: Rocío (‘96), del genio argentino Daniel Melero. ¿El (breve) track escogido? “Electrobossa”. También percibo hacia el final un conteo regresivo en ruso, que quién sabe de qué película habrá sido recuperado.

Escuchar Paisajes Imaginarios tratando de esclarecer la genética de sus préstamos es, con todo, la manera más aburrida de abordarle. Mucho mejor es exponerse a sus contadísimos instantes de ambient sin polucionar (cerca de los once minutos), a sus “theremines” entrecortados que se zambullen dentro de inquietantes estados de conciencia, a sus turbias resonancias y a sus tintineantes reverbs. A su imponente zumbido ¿analógico-psicodélico?, en fin, cuyas atmósferas guardan cierta semejanza con el Floyd barrettesco de transición (cf. el segundo tercio de “A Saucerful Of Secrets”, del LP del mismo nombre).

Tras muchas vueltas y una rápida revisión de los últimos rankings anuales, queda meridianamente claro que el mejor y más ambicioso álbum chileno del ‘25 ha sido La Brea, el brutal uppercut que a modo de estrenazo publicase el sexteto Hesse Kassel apenas arrancó marzo del antedicho calendario. Tales fueron la admiración que provocó y el interés que concitó, que de inmediato recibió cobertura exhaustiva no sólo en la prensa especializada de su país, sino también en la de medios extranjeros. En efecto, muy rara es la ocasión en que un volumen consigue equilibrar excelencia y tesón; máxime si se trata de una puesta tan de largo -78 minutos y medio.

¿Por qué tanto revuelo? En primer lugar, porque se hace muy difícil asignarle una sola etiqueta a una jornada que no se desvía ni media micra del camino que horada, obteniendo de esta guisa una sonoridad monolítica, sin fisuras. En esta aparente contradicción yace su encanto: La Brea es un crisol de post rock usamericano, de indie noventero y de ese cambalache que los/as entendidos/as han convenido en llamar “americana”. Por el lado del post estadounidense, Hesse Kassel se ampara en sus raíces más profundas: Bastro, Shrimp Boat y los imprescindibles Slint de Spiderland (‘91). Por el lado del indie rock 90s, sucede otro tanto con sus frutos más insulares: el noise de Sebadoh, el math de Shellac, el post hardcore de Fugazi. Y en lo concerniente a “americana”, una frugal simbiosis de blue grass y folk, empapada en el aroma de los infinitos desiertos de la Unión.

En segundo lugar, porque los santiaguinos se han gastado muchísimas horas de ensayo fogueándose en el difícil arte de enhebrar líricas y música a niveles superlativos. En cuanto a las letras, bien pueden hallarse provistas de ese encanto non-sense abonado por ejercicios de poesía surrealista automático-repetitiva (“En Tiempo Muerto” y sus “...Solos De Aviones...”), bien de la épica sencillez de lo llanamente cotidiano. En lo tocante a la música, HK luce una musculatura tan rozagante como broncínea. No se hace ningún rollo si, de la armoniosa/colorida colusión de bajo y piano con vocales en registro crooner (“Anova”), tiene que saltar hacia la explosión constante de una eléctrica que se encabrita hasta chirriar (“Americana”, justamente). O si, de un humor squicker entre intenso e imperturbable, más propio del jazz (“Moussa”), debe reorientarse hacia un crimsoniano registro cacofónico/alucinógeno (“Postparto”).

El perfil compositivo de la banda está muy lejos, pues, de ajustarse a las maneras convencionales.  Crescendos hoscos, urgencia sombría, melodías cultivadas desde la conjunción vital de un piano de cola y de una acústica, saxos bartokianos, solos masivos de batería (“A. Latur”, “Vida En Terranova”)... Es bastante sorprendente el aire con que acaba La Brea: como sucede pocas veces en el mundo de la música pop contemporánea, el disco franquea la barrera de los 78 minutos sin resentir fuerza ni velocidad. Todo lo contrario: Hesse Kassel homenajea a uno de sus principales referentes, Yo La Tengo, bautizando así al número de cierre -nunca el trío de Hoboken fue repensado tan oscuro, lanzando con tremendo vozarrón alaridos liberadores de angustia y locura. Como si los legendarios Mostro, cuya estela se insinúa durante todo el rato, se hubieran metido esteroides.

Hesse Kassel se formó en 2022. Sus integrantes son Luca Cosignani (guitarra y voz), Matthew Hopper (bajo), Joaquín González (teclados y coros), Renatto Olivares (voz principal, saxofón y guitarra), Mauricio Rosas (guitarra) y Eduardo Padilla (batería). Promete mucho más que Candelabro, cuyo segundo esfuerzo ha resultado asaz decepcionante.

Hákim de Merv

jueves, 12 de marzo de 2026

Asunción: Levitaciones // Lluvia Ácida: Convergencia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de marzo de 2026.)

Ha transcurrido ya un tiempo considerable desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega. Ésta se ha revelado en diciembre pasado.

Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient, de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino: el bliss pop.

En retrospectiva, es curioso que no se le hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana- por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante, contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas atmósferas etéreas.

El bliss pop toma las riendas nada más empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable) programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.

Existen otras diferencias, más fáciles de distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.

Faltando menos de cinco días para la última nochebuena, vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30 años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro quinquenios.

Habida cuenta de la vasta andadura que la dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha, sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación (‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio (‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como “Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas; cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido libre, según entiendo.

Conviven en Convergencia diversidad de estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan “Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop, Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.

Las posibilidades no se agotan allí. Los Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de “Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...

Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que sean muchos años más.

Hákim de Merv

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lego 17: Diapasones // DxTxM: Synthesis EP // Ruy'ismo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de diciembre de 2025.)

Disponible para descarga gratuita el mismo día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético, la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más adelante.

El muestrario titula Lego 17: Diapasones. Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de “instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.

Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop sintético de la joven romana Mylla Issues.

No ha de ser casual que la Issues se ubique tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en “Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop (“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus” de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo). Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura noctívaga y nictálope que preña Lego 17...

Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.

A principios de año, comentaba la reedición que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad- acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de Zolar.

De entre los contados números-de-catálogo lanzados hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T, en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut? ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.

Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega, mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien poco le falta.

Synthesis EP se completa gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth 90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante al Bass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital. Desde Concepción, Junín, para el mundo.

Finalizaba septiembre cuando se publicó vía Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115, ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.

La placa tiene por toda razón de ser testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella: dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón se necesita para prestarle atención sin demora?

Empecemos por los defectos, que no son muchos. Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo “Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por donde se le sopese.

Muchos más son los aciertos. Entre los que no he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de “Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina” de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte” por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y “Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).

En mi opinión, dos son los surcos que no funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace insoportable.

Hákim de Merv

jueves, 25 de diciembre de 2025

Sueño Púrpura: Souvenir // Ficticio: Comenzando Desde Cero EP / Ficticio EP // Santa Madero: Los Años Difíciles

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de diciembre de 2025.)

Surge Evelia, Surge (‘19) de Parahelio es de los pocos esfuerzos independientes que obvié en su día, dejándole sin comentar. Malo no era, pero algo en la propuesta me disuadía de sentarme a escribir sobre sus virtudes y defectos. O de repente era yo quien me hallaba entonces incapacitado de concretar un acercamiento exitoso al esférico. Ahora que Christian Ortega y Rodolfo Ontaneda, dos de sus guitarristas, se presentan en 33 rpm con Sueño Púrpura; será motivo para volver al unigénito volumen que legase el ¿desaparecido? conjunto.

Sueño Púrpura no es Parahelio. Mucho menos, una versión corregida y aumentada. Eso no impide que ambas formaciones compartan algunas características, sobre las que abundaré luego. Fundada a mediados del ‘22, la nueva entidad de los ex Parahelio cultiva sonoridades que cabe tipificar de enteógenas. ¿Significa que el proyecto toma plazas en la psicodelia o en el kraut rock? Mi opinión es que no, más allá de puntuales ramalazos. A decir verdad, es complicado asignar al quinteto estilos específicos. Si me avengo a ello, se debe a razones estrictamente cuantitativas, relacionadas a la (re)incidencia en que encajan las composiciones.

Para Sueño Púrpura, lo más trascendente de su obra es el aspecto instrumental de la música, rasgo heredado de Parahelio. El soporte rítmico de Juan Camba (batería asimismo en Búho Ermitaño) y de José Andrés Lezma (bajo) no cesa de prodigarse durante los más de dos tercios de hora que se dilata Souvenir. Complementariamente, las eléctricas de la sociedad Ontaneda-Ortega manejan la distorsión engrosando sus capas o disipándolas, mediante estallidos atronadores o deflactaciones instantáneas. De este modo, puede afirmarse que los largos segmentos instrumentales del vinilo son a un tiempo robustos y altamente volátiles.

A dos colores recurre de continuo el acto que completa Jandy Torres (vocales). Uno es el post rock de segunda generación, entronizado en Surge Evelia... El otro es el shoegazing de Pale Saints y de My Bloody Valentine -los de Leeds cuando el Ruido se mantiene en mínimos (“Granate”), los de Dublin cuando necesita éste reventar dentro de tus canales auditivos (“La Niebla”). Estos visos nunca llegan a mezclarse, sino que se suceden (“Sueño Púrpura”), o a lo sumo se intercalan (el entusiasta viaje estelar que supone “Mora”). Otra tintura a tener en cuenta es el slowcore (“El Tiempo Es Una Flor”, “Luz Inerte”), a pesar de que su melancólica figura aparece únicamente en secciones introductorias, no alcanzando así cantidades ponderables.

Rodaja de euritmias reverberantes y orgánicas, en Souvenir la voz podría llegarse a tener por accesoria, en el sentido en que podría considerársele así también al interior del baggy. A veces transcurre más un minuto antes de que la oigamos, tal cual los limeños saltan del post rock al ethereal noise (y viceversa) más de un minuto después de iniciado un track. Sus catárticas explosiones no sofocan la intensidad de sus tonalidades, ni extinguen sus cortantes golpes de timón el fulgor de sus hambrientas brasas. Más que post y shoegazing, la paleta de Sueño Púrpura está insuflada de rock casi instrumental y de noise rock a secas, lo que convierte a todas sus etiquetas en potencialmente circunstanciales. No consigo adjudicar a Souvenir una mejor corona de laurel que ésa, si fuera menester.

He estado rumiando sus buenos meses los EPs con que se ha dado conocer Ficticio a inicios de año, confiando en llegar a un juicio distinto del que me reportasen las primeras impresiones. Considerando que se trata de una banda nueva, de músicos a quienes probablemente doblo la edad, y que el indie del nuevo siglo en modalidad pop es terreno fértil para bluffs y estafas al por mayor; me la he jugado por el comodín que supone el beneficio de la duda cada vez que he repasado tanto la puesta en corto Comenzando Desde Cero EP (enero) como el subsiguiente Ficticio EP (febrero, equivocadamente tenido por entrée absoluto).

¿Es Ficticio una agrupación hecha y derecha? Quién sabe. Se alude a cierta alineación estable en directo, integrada por Paula Sáenz en guitarra, Matt Palacios en baquetas, Carlos Suárez al bajo y Fabián Maslucan frente al micrófono. En estudio, parece ser otra la situación. Su página Facebook no incluye ninguna foto del line up, y sí una representación abstracta donde no hay sino puro calzoncillo. Tampoco arroja mayores luces su cuenta en YouTube Music. De lo que sí podemos estar seguros/as es de la identidad de su ¿líder?/¿único animador?/¿principal responsable?: Maslucan.

Comenzando Desde Cero EP apenas excede la quincena de minutos. Se suceden los acordes finales de su apertura, “Nada Se Terminó”, y ya podemos vislumbrar una imagen bastante precisa de lo que audicionaremos hasta el último segundo del cierre “Nada Es Fácil”. Pop/rock simple y chato en extremo, demasiado elemental, que sólo en determinados tramos cada tanto recuerda al bedroom pop. En el mejor de los casos (“Entre Los Dos”), el extended huele a modern rock noventero traumáticamente desvalijado. Pese a que las letras recuperan la filia naif de nombres como The Story So Far o Brand New, el daño está hecho. Para peor, la performance vocal es asaz desabrida -su punto más bajo: “No Puedo Escapar”.

Las cosas mejoran en Ficticio EP, aunque no tanto como para sobreseer el chasco inicial. Las canciones del epónimo extended constituyen mayormente una reconvención, acometida a conciencia por Fabián, de lo mostrado en el episodio precedente. Es decir, Ficticio EP es una suerte de Comenzando Desde Cero EP 2.0. Letras más intimistas, más cercanas al/a la oyente, y por lo tanto más sinceras; a la par de una austera readecuación vocal. El esmero que no se percibe en Comenzando... EP se ve aquí reflejado en una drástica reducción de clichés rockistas, que así y todo no decrecen hasta cero. Ejemplo palmario de esta renovación: “Sin Tierra”. Pasos más allá: “Horas” y “Serú”.

Por desgracia, Ficticio EP no basta para arrancar de la medianía al “cuarteto”. A la luz de lo paladeado en los EPs, Ficticio no es sino un combo más. Nada le distingue, nada le particulariza. Nada, al menos de momento, me hace abrigar la esperanza de una evolución sostenida que desemboque no digamos ya en un sonido original, sino en algo verdaderamente sentido. Se ha hablado de shoegazing y de dream pop. Ni cagando. El pop/rock de ribetes indies que practica Ficticio es tan cansino, que deviene en genérico, cuando no en derivativo. Y no veo, por ahora, cómo va a escapar de ese empantanamiento.

Tres años después de Ya Tengo Nostalgia Por Conversaciones Que Tuve Ayer, regresa a escena Santa Madero, convertido ahora en dúo. En el interín, abandonó la terna el guitarrista José Luis Gonzales, recayendo la continuidad del alias en el tecladista Dan Joe Salazar y en la cantante Karina Castillo. Quizá sea ésa la principal razón por la que su silencio discográfico ha abarcado poco más de tres calendarios, aunque debe atenderse igualmente al grado de separación existente entre los réditos del debut y los de su nueva producción -que no por nada lleva el título de Los Años Difíciles.

Llamaba mucho la atención la impronta de Entre Ríos que Santa Madero izaba en el estreno, por cuanto exponentes de indietrónica no han abundado en Latinoamérica, menos todavía en el Perú. Tras las primeras escuchas, pareciera que Los Años Difíciles le hubiera hecho a un lado. En su reemplazo, esa electrónica argéntica y plastificada que fagocitó al synth en los 90s se posiciona en primeros planos a lo ancho del nuevo álbum. Sin embargo, conforme el lector pasa revista una y otra vez al CD, descubres que el género de múm y Ulrich Schnauss late aletargado bajo la epidermis -salvando las distancias con tamaños referentes, naturalmente.

Desde el vamos, el output de asociaciones como Republica o Garbage aflora actualizado en “Mi Ciudad Es Genial” y siguientes. El electropop impermeable de secuencias recargadas, de letras optimistamente irónicas y de actitud entre desencantada y hedonista, remite sin cortapisas a la última década del siglo XX. Es con “Oye” que se produce un cambio de ¿dirección?/¿percepción?, si bien no tan evidente, sí sustancial. De tiempos perfectamente cuadrados, la de “Oye” es una lírica irónicamente optimista, que esparce fragancias agridulces mientras afloran los resabios indietrónicos bien disueltos por el factor oxidante del pop.

En adelante, y hasta que LAD finaliza con “Me He Escapado De La Casa”, dicha solución/fórmula no se verá mayormente alterada. Tal vez la única excepción sea “Por Mientras”, de espíritu más entero. El resto participa de esa animosidad delicadamente pesarosa y amarga que, no obstante, prefiere mostrarse impoluta de tal mácula: “Mejor Me Muero” (el nombre lo dice todo), “Ya No Me Sueltes”, la ingenuota/dolorosa “Me He Escapado...”, la acibarada “Toma Tiempo”, la preciosa y ágil “Bodas De Papel” (de hermosos contrastes).

Más allá de un esmerado diseño de sonido y de una ejecución impecable, merece destacarse la performance de Karina Castillo. La muchacha canta como quien acaba de superar penurias mil. Esa entonación/ese mood le proporciona lustre extra a este puñado de canciones decididamente más realistas que las de Ya Tengo Nostalgia..., canciones cuya autoría comparte con Dan Joe y que evidencian un crecimiento firme de Santa Madero hacia la madurez. (Otros) veintisiete minutos del pop más enjundioso que puede facturarse en estas tierras.

Hákim de Merv

jueves, 27 de noviembre de 2025

Lego 16: Panalytical // Cataratas En Siberia: Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de noviembre de 2025.)

Buen rato hacía -más de tres años- que Chip Musik no sometía a consideración de los públicos independientes un capítulo más de su saga por antonomasia. Los últimos episodios ‘Lego’ habían tenido por objetivo conmemorar el primer quindenio de actividad discográfica. Ahora que su vigésimo aniversario comienza a destacarse en el horizonte, la label oroíno-limeña repite plato  liberando para descarga  gratuita  las  entregas  decimosexta y decimoséptima, dotadas ambas de una colección polícroma -siempre puertas adentro de la observancia estilística que oferta Chip.

Precedido de un ingenioso reel que confiere movimiento a la portada (podría haber sido tranquilamente parte de la alucinante propaganda conceptual del viejo canal Locomotion), Lego 16: Panalytical es colgado en BandCamp hace poco más de un mes. Su menú es principalmente electrónico, enfatizándose los subgéneros derivados de las últimas avanzadas que viera el pop contemporáneo. También hay lugar para etiquetas como el post rock o -en mucha menor medida- el bliss pop. Débese ello a un concepto de fondo que lidia con la praxis liminal del ambient.

Rural, Pande-Dios y Trampaluz junto a Óxido postulan esos enfoques digresivos. Despliega el primero en “Pulso Lento” una suite laxa y sidérea, de modulaciones que se estiran indefinidamente sin renunciar a barnices en combustión perenne, hesitando entre el post y el bliss. Por su parte, “Fragilidad” del unipersonal Pande-Dios se desmarca de sus coordenadas habituales de folk semiacústico y de baja fidelidad para adentrarse en los feudos minimalistas de una electrónica atmosférica -aún así, la huella C14 de Mauro Rojas es la misma. Finalmente, la alianza entre Óxido y Trampaluz apela en “Primera Captura” al sortilegio de las reverberaciones, mientras se produce el devenir constante de su camaleónica evolución.

Los demás involucrados se hallan de lleno inmersos en una ascesis dominada por digitalismos diversos. Todos son nombres familiares, salvo el de C1nt1y4net, cuyo “""" "¨´""” abre la compilación. Curioso que su lúdico ejercicio de webcore fracturado haya resultado escogido para tal fin.

A C1nt1y4net le sigue la mistiana Yume Station. A partir de aquí, y salvo los alias enumerados hace dos párrafos, cada ejecutante le busca la vuelta a su identidad. La suerte es diversa en este punto. La propia YS, por ejemplo, trastoca la línea glitch de su background virando hacia aguas de melódica indietrónica emotiva/sensitiva; conservando aires de arrullo y de music box (“The Blue Moon”). Tras una intro ruidista de 3/4 de minuto, “Eu & Ino” de Alcaloidë acomete programaciones cercanas a un braindance neurodivergente, esforzándose por convertirse/no convertirse en una travesía breakbeat. Los diáfanos tonos de “Zyael” de Galactic Seed colorean la desencorsetada aritmética IDM de sus secuencias a lo Boards Of Canada. La tenue secuenciación que iza “Underground 3750” de Xtredan le ayuda a soltarle la mano a un ambient riguroso, para divagar sin mayores sujeciones. Y en “Petricor”, Miyagi Pitcher reduce accesos vaporwave a poco más que 0, trasvasándose a través de voces femeninas y sonidos relucientes hacia un bliss out capaz de eclipsar conciencias.

En cuanto a Rapapay y a Ionaxs, entiendo que el primero regresa tras un increíblemente largo hiato en su travesía. Aunque “Winikunka” lo trae de vuelta en forma, como ya lo habíamos visto en su performance teloneando a Silver Apples (‘15), no encuentro mayor diferencia con lo que se le escuchó bajo estos cielos hace más de cuatro lustros. A diferencia de Juan Barreto, Ionaxs sí sorprende imprimiendo sobre “Float” una carga de noise anárquico lo suficientemente fuerte como para que pongas cara de asombro. El hechizo, por desgracia, apenas dura algo más de 60 segundos; reconfigurando Jorge Rivas las señas post IDM que le caracterizan. Ni Ionaxs ni Rapapay merecen pulgares abajo, pero suman discretamente a esa perspectiva holística/global con que trascender más allá de los propios límites, que subraya el neologismo adjetival “panalítico”.

Lego 17: Diapasones, para más adelante.

Cuando a inicios de los 90s arribé a mi primera juventud, era moneda común que las bisoñas huestes contraculturales rompieran fuegos haciendo punk y hardcore, o en su defecto dark-gothic. Rarísimos -pero los había- eran los casos de quienes en vez de fuegos rompían moldes. A estos/as últimos/as debemos que, pasado un tiempo, dejaras de ver a los primeros con interés para señalarles con el índice acusador. Es una cuestión cíclico-generacional: los consumidores de contracultura que dejaron atrás la adolescencia a inicios de los 80s ya estarían hartos, al promediar esa década, de la psicodelia, el glam y el prog; abrazando las causas punk, hardcore, dark o new wave. Idénticamente, en años venideros serías testigo del auge y caída del indie rock y del ruidismo experimental, reemplazados por el indie en clave pop y por la electrónica de mil rostros.

El floro viene a cuento porque me imagino que una rotación similar sucede desde hace sus cuantos años con ese híbrido de indie, post y math nacido del árbol plantado por Mogwai y afines. Ahora los/as jóvenes parecen empezar asiéndose de ese punto, olvidando aquello que antaño encandilase a sus mayores. Nada que reclamar, por cierto: el punk está próximo a cumplir sus bodas de oro, así que mejor es dejarle sacudirse en su cripta, sin incomodarse ya por una que otra efímera resurrección en regla.

Cataratas En Siberia tuvieron la luminosa idea de editar estreno en corto desvanecida la quincena de enero, mes tan jodidamente muerto como febrero, y no han protagonizado muchos directos desde entonces. Considerando que, además, ya no estoy tan atento a tales eventos; ese relego me hizo tardar en ubicarles. Supe de ellos recién a fines de agosto, y pude acceder online a su carta de presentación. Una que, como ya adivinarás, anida en las entrañas de esa cruza entre el indie achorado de los 90s, el math de Shellac o Because Of Ghosts, el post de segunda generación.

Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego EP se me antoja cortísimo. Es una comedida exhibición de destreza, punche y vehemencia; en las cantidades apropiadas. El raid despega con “Memento Mori” y una acústica harto pedestre, que se encrespa en pocos segundos para poner al instrumental a la par del resto del EP. Esa jugada, empero, no te prepara para el grito de guerra con que te recibe “Soñé Que Era Inmortal”: su fortaleza y agresividad sólo templan cuando la eléctrica empieza a prodigarse escalando y descendiendo con la prestancia de unos Tubelord o Minus The Bear. Mientras las baquetas hacen otro tanto martilleando sin cesar, dictando síncopas impares a mazazos, piensas que esta gente debe haber crecido paporreteándose asimismo los discos de Plug-Plug.

Explosión igual de contundente se produce cuando arranca “Salto Del Fraile”, a la vez que la irregularidad de sus compases ensancha el caudal percusivo, y que la complejidad de sus disonancias conjura dédalos imaginarios. “Salto...” va pegado a “Soñé Que Era Mortal”, distinguiéndose apenas el final del uno y el inicio del otro gracias a una leve moderación en el tempo. La furia de los gritantes no decrece, si bien es menos notoria, en tanto las cuerdas se hacen eco de la mañosa pericia de los rojinegros Tony Danza (aunque seguro CES no les han escuchado nunca). Hace caer las cortinas el surco epónimo, que trastoca drásticamente los tiempos en que se suele mover el terceto. En la práctica, “Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego” es una power ballad que pone de relieve cierta versatilidad grupal, la capacidad de embarcarse en aquello susceptible de describirse como “ejercicios de respiración rítmica”, y unas vocales femeninas que se adueñan de la palestra por primera vez en los 16 minutos y pico que demora el extended play en concluir.

En efecto, estas vocales han acompañado tanto a los bramidos de Diego Santos (también baterista) como a los de Álvaro Muro (también bajista). Lo han hecho desde un segundo plano, que así y todo se hace notar siempre, más aún en el epílogo. Estas vocales pertenecen a Rafaela Riboty y a Valeria Wendorff, quienes junto al cellista Abner Robles completan la terna de apoyo en que se ha sostenido el trío titular (completado por el guitarrista Leonardo Torres). Debiera considerarse integrarles a la alineación fija de la banda.

En teoría, Cataratas En Siberia ha debutado con un EP conceptual, moldeado alrededor de la leyenda del Salto del Fraile. Así lo muestran la portada y algunas líneas concretas de tal o cual canción, pero en general esa intención se esfuma desapercibida. Las voces lucen llenas de efectos ambientales que aportan textura y grosor, haciéndose ininteligibles casi siempre. No es un demérito, pero la edición física de TLTQNREF -que no existe- tendría que incluir las letras para enterarnos.

Hákim de Merv

jueves, 31 de julio de 2025

Parasomnia: Cuerpos De Otros EP // A Full Cosmic Sound: El Fénix

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de julio de 2025.)

Un buen día, después de tres años, decidió retornar Parasomnia a la palestra. Convertido nuevamente en trío debido a la salida del bajista Sebastián Gonzáles, quien cumplía función de apoyo en directo, el combo santiaguino ha estrenado nuevo extended hace medio almanaque, mismo que viene a suceder al debut en largo Vigilia. En la práctica, entonces, la agrupación vuelve al formato que grabó el primerísimo Parasomnia EP allá por el ‘20: Francisco Cerda en las baquetas, Franco Reyes en la eléctrica, Mauro Rojas en las vocales y el bajo.

Mediante Vigilia, se adentró el trinomio en las hoscas espesuras del dark rock clásico, balanceándose no pocas veces a la sombra del dark-gothic emergido durante la segunda mitad de los 80s. Lo llevó a cabo, además, ganando peso, agilidad y fuelle; virtudes cuya conjunción le posicionó estéticamente a tiro de piedra de audiencias más extensas que las abroqueladas en torno a nichos darkies (cf. Alcalá Norte). Para Cuerpos De Otros EP, la performance es reeditada, produciendo resultados en la misma frecuencia -e incluso algunos centímetros más adelante.

“Roja Mañana” corre la cortina del extended con renovados ímpetus, desplegando el arsenal del terceto: una ígnea guitarra fantasmal, un drum set bien cuadrado y tenaz, sobre todo un bajo equilibrista. En lo concerniente a este último, se suele decir que cuando mejor lo hace es cuando menos se le nota. Cierto, a menos que hablemos de géneros para los que el mástil de cuatro cuerdas sea arquimédica palanca de apoyo. Tal es la circunstancia: ya consideremos “Gusano” o la densa “Quemar La Realidad”, el bajo del también frontman de Pande-Dios muda en la espina dorsal de las composiciones sitas aquí.

De post punk, entonces, ya nada en la práctica. Apenas un aire al Wire de 154 (‘79) en “Roja Mañana”. El espíritu de Ian Curtis aún se manifiesta en todo su lustre dark (“Quemar...”). Lo mismo puede decirse del Cure siniestro (“Saturno”) o de los olvidados And Also The Trees (“Tal Vez, Alguien”). Franco Reyes resplandece o se apaga según dictamine cada situación, mientras que Francisco Cerda se muestra versátil para los cambios de velocidad de un número a otro. Desde sus respectivas posiciones, ambos ofrecen sendos complementos/contrapuntos a los foscos matices que dispara Mauro.

Siento que las letras no han sido todo lo chambeadas que deberían. En ese sentido, me parece que existe una suerte de involución en relación a Vigilia. Las de Cuerpos De Otros EP se me antojan a media caña, apelando más de la cuenta a la socorrida coartada de la rima. No siempre, es verdad, pero tampoco no nunca.

Nuevo disco de A Full Cosmic Sound, colectivo mapocho que marcha rumbo a sus dos décadas de fundado y cuyas copiosas referencias discográficas se hallan un tanto dispersas/repartidas en la región. De tan vasta cosecha, sólo he podido escuchar La Automatic Flight Control System (‘17) y un live que recupera su presentación en la tercera edición del Festival Integraciones (‘13, realizada en Perú), publicado por SuperSpace Records (label de nuestro músico/no-músico Wilder Gonzales Agreda). Por desgracia, la mayoría de títulos no se encuentra disponible en Internet.

El Fénix es un lanzamiento peculiar. Consta de un 12’’ que es el álbum propiamente dicho, y de un 7’’ adicional que hace las veces de bonus disc. Aunque hermanadas bajo una misma etiqueta que no pretende ser conceptual, en la medida en que ambas rodajas guardan más diferencias que semejanzas, las trataré cual volúmenes distintos.

Como suele ocurrir cuando se aborda la figura del colectivo, A Full Cosmic Sound es una entidad abierta a diversidad de influencias, pues cada músico que se asocia temporal o permanentemente adiciona nuevos colores o tonos a la paleta comunal. No obstante, es verdad que los colectivos tienden a perfilarse sobre la base de sus influencias más marcadas. En el caso de la tropa chilena, las constantes son el ambient, la psicodelia minimal, la Baja Fidelidad y la electrónica; entre otras de menor ascendiente. De ello ya habían dado pruebas en La Automática... y en el directo aludido.

No es distinto el tramo 12’’ de El Fénix. Dedicada a Eduardo Streeter Silva, músico de AFCS fallecido tempranamente, la placa principal se apertrecha de dos temas kilométricos. Lejos de ser la única característica en que comulgan, “El Fénix” y “El Tío Pantera” pueden abordarse como lienzos en progreso -embebidos en un ambient apacible salpicado de eléctricas que suenan/reverberan con austeridad. A veces la intensidad se eleva, posibilitando la aparición de tenues devaneos psicotrópicos. A veces, también, aparecen atemperadas secuencias que tienden a agilizar el movimiento de estas esculturas sónicas. Flota encima suyo siempre la certeza de crescendos propios del post rock más folkie, que aditan a su registro visos de ensueño -lo que, por fortuna, no las hace forzosamente “ensoñadoras”.

En cuanto al 7’’ extra, “Corto Vuelo, Era Una Trampa” se impulsa desde el ruidismo cacofónico consecuencia de topetazos entre el free jazz y el noise, nunca desmarcados de la dialéctica inherente a la música rock. Curiosamente, “Corto...” cobija una cadencia marcial, a despecho del caos en que nace. En las mismas coordenadas se mueve una pista bautizada “En Vivo En Perú (Extracto)”, brevísima muestra de su accionar sobre el escenario. Por su parte, “El Mensaje De Roger” carece de baterías o secuencias, si bien su naturaleza es igual de rockera que la de sus predecesores inmediatos. Dispares rostros de una misma inteligencia colectiva.

A Full Cosmic Sound son, en esta ocasión, Gonzalo Muñoz, Jorge Boher, Ignacio Rodríguez, los hermanos Iván y Álvaro Daguer, el finado Eduardo Streeter, Mauricio Dodds y Roger Sierra.

Hákim de Merv