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jueves, 12 de marzo de 2026

Asunción: Levitaciones // Lluvia Ácida: Convergencia

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de marzo de 2026.)

Ha transcurrido ya un tiempo considerable desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega. Ésta se ha revelado en diciembre pasado.

Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient, de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino: el bliss pop.

En retrospectiva, es curioso que no se le hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana- por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante, contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas atmósferas etéreas.

El bliss pop toma las riendas nada más empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable) programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.

Existen otras diferencias, más fáciles de distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.

Faltando menos de cinco días para la última nochebuena, vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30 años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro quinquenios.

Habida cuenta de la vasta andadura que la dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha, sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación (‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio (‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como “Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas; cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido libre, según entiendo.

Conviven en Convergencia diversidad de estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan “Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop, Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.

Las posibilidades no se agotan allí. Los Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de “Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...

Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que sean muchos años más.

Hákim de Merv

miércoles, 26 de febrero de 2025

Rolo Gallardo & Tribilín Sound: Zambo Urbano // El Jefazo: Colisión Brutal // Fiorella16: Mas(a)Océano // Haiti Bon Aire: 9 Amenidades (अनमास्टर्ड) //Miguel Uza: 20|22

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de febrero de 2025.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2024 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (IV)

Colgado en plataformas un mes antes de que finalice el ‘24, dudé prácticamente hasta el último segundo en escuchar o no Zambo Urbano, ¿compilación? que reúne nuevamente a Rolo Gallardo y a Tribilín Sound para homenajear al desaparecido Arturo Cavero, santo patrono en la hagiografía de las músicas afroperuana y criolla. Primero, porque mi afición a las sonoridades de raíces negras no se lleva con mi desprecio hacia el arte decadente de los herederos de la casta “blanca” que ha dominado el país desde su nacimiento y que siempre hipoteca el bienestar general al suyo propio. Y segundo, porque si bien me parece divertida la subversión mashup de Tribilín Sound (pese a que rato ha ya no lo sigo), a Rolo Gallardo en su faceta de hip hoper casi no lo manyo. De sus días en los horripilantes Bareto, mejor no hablar.

A la postre pesaron no sólo el cachondesco sentido del humor de Tribilín Sound, sino también el pull de colaboradores/as invitados/as por la mancuerna, así como un precedente que podía echar luces sobre lo que mostraría Zambo Urbano. Ese precedente es Proyecto Zambo, publicado en el ‘19 y acompañado del artefacto de remixes de ley recién en la víspera de las últimas fiestas patrias. En ambas rodajas, acompañan al tándem nombres como Novalima, Dengue Dengue Dengue, Quechuaboi y Vudufa.

Para mi mala suerte, Zambo Urbano dista mucho de lo que sus antecedentes me hacían pensar. Aunque existen intervenciones sustanciales tanto de Gallardo como de TS, éstas son equivalentes a las de los/as artistas convocados/as para la ocasión. La mayoría de ellos pertenece a predios hip hop, a excepción de uno o dos que se esconden en la tramposa etiqueta “urbano”. “Bueno, lo dice el título del largo. ¿Qué esperabas?”. Esperaba que menudeasen los sampleos de Cavero y que se deconstruyesen con hartos punche e ingenio sus clásicos. Pasa lo primero, no lo segundo.

Jirones del inconfundible vozarrón del “Zambo” aparecen por todo el esférico, recontextualizados según lo destine tal o cual participante. Sin embargo, con la solitaria excepción de “La Abeja” (donde el sampleado finado es protagonista excluyente de una inteligente reversión en dialecto jamaiquino), las letras de sus canciones apenas son entonadas por los/as vocalistas de turno. Éstas, de hecho, son sólo tomadas como breves puntos de partida para lanzar fraseos de inspiración propia. No se trata de modificaciones parciales, sino de líricas -limericks, en este caso- nuevas en un 95% o más.

Definitivamente no es lo que había previsto. La inclusión de Tribilín Sound, que prometía algo varios cuerpos más loco, resulta en el balance engañosa. Zambo Urbano es una colección de piezas hip hop que podría ser piolera/tomada más en serio si se hubiera explicitado su verdadera naturaleza al presentársele. “Olga” (con DJ Prax y Pounda & Nomodico), “Nuestro Secreto” (Chinono), “Callejón De Un Solo Caño” (Ali Lampoa), “Se Acabó Y Punto” (Psiko-Delia, MC Bomgo & King Buaat)... Ninguna, ni siquiera “La Abeja”, me parece especialmente extraordinaria. Mucho menos esos números en que dicen “aquí estoy” esperpentos como el trap (“Y Se Llama Perú” con Chispa Rap, “Ésta Es Mi Tierra” con Maco) o involuciones peores (el vomitivo reggaetón de Mostradamuz y “Rebeca”).

Siempre campechano, el “Zambo” se lo habría tomado olímpicamente. Yo, nones.

Mentiría si dijese que era consciente del lustro transcurrido entre Simbiosis y Colisión Brutal, nuevo álbum que El Jefazo editó en junio último. Sabía que el trío andaba buen rato sin despachar nada sustantivo, pero no cuán extenso era este hiato. Quizá ello respondía tanto a la salida del directo Tormenta Mental - Live At Woodstaco 2019 en mayo del ‘22 como a los pálidos réditos que éste ofreció. Siendo EJ uno de los combos más interesantes de la escena independiente, puntal indiscutible de la asonada stoner junto a Ancestro, Tormenta Mental... no capturaba ni las dimensiones épicas ni la colosal fortaleza, aún menos el nervio ignífero que anima la música de la sociedad Sánchez/French/Monzón.

Lo primero que cabe decir respecto de Colisión Brutal es que el regreso le ha costado un poco a El Jefazo. Su baterista de toda la vida, Renán Monzón, abandonó la alineación y fue sustituido por Adrián Hinojosa, que también es acreditado como percusionista. Fundamentadas muchas de las virtudes del grupo en el soporte rítmico, Hinojosa no lo hace mal, a despecho de lo cual es claro que requiere de mayor rodaje antes de calzarse los zapatos del ex. Y lo segundo que debe manifestarse es que los sencillos aparecidos -ninguno de los cuales ha sido recuperado en Colisión...- datan del ‘20, y el live fecha en el ‘19, por lo que cuando menos un trienio se ha desvanecido sin que el conjunto produzca ni anuncie nuevo material. Acuartelarse en invierno siempre pasa factura, incluso a los más pintados.

Colisión Brutal da la largada con guiñazo al documental holandés sobre taxistas peruchos, Metaal En Melancholie (1993). Utilizando efectos como el delay o el reverb, “Metal Y Melancolía” rescata las palabras de Jorge Rodríguez Paz, quien cita el poema “A Carmela, La Peruana” de Federico García Lorca para explicar la terrible realidad que le había obligado a mutar de actor a chofer de taxi. El inicio es asaz solemne en medio de sus fastos de vieja escuela, como para que la eléctrica de Bruno Sánchez protagonice una acometida de psychedelic blues ahogada en wah-wah. Más allá de su primera mitad, “Metal...” empieza a calentar motores, sin salirse nunca de los cauces ocupados tras el arranque.

De allí en más, asistimos a una jornada cuya masa muscular han trabajado principalmente el heavy psych y el rock de connotaciones desérticas, y a la que el stoner rock perla pero apenas permea. Salvo “Zarpazo” y algunos momentos en “Colisión Brutal” o en “Delta Acuárida”, Colisión... ostenta un acabado más bien “clásico”: aunque no tienen la tesitura apolínea de unos Deep Jimi And The Zep Creams, a los surcos les cuesta bastante trascender el status de “epigonales”, sin menoscabo de su estupenda factura. Echo en falta el entendimiento espontáneo, el achoramiento rabioso, la combustión liberadora; que hacían de obras precedentes auténticos tratados de rock pesado/stoneado y de pegada soberbia -y que les convertían en un fascinante mal viaje a cual más que el otro.

No es que no haya disfrutado del tercer esfuerzo de El Jefazo. Indiscernible, el bajo de Carlos French se ha prodigado en su papel de indispensable contrapunto tanto a las baquetas de Adrián como a las cuerdas de Sánchez. Brutalidad y dureza no le faltan al volumen, tampoco. El problema es que, pienso, le hubiera disfrutado mucho más de no haber coincidido las circunstancias descritas hace tres párrafos -si hubiese sino una u otra, en lugar de ambas... Asumo es cuestión de que vuelvan a alinearse las estrellas, como aconteciera en la briosa “Zarpazo” y en la primera mitad de “Colisión Brutal”. Confiar más en la intuición que en la razón, para no tener que soplarnos discretos solos a lo Satriani como en “Perro Seco”. Sí, fácil ésa es una máxima a tener como axioma al encarar el próximo proceso creativo. Disco modestamente transicional.

Para Fiorella16, José María Málaga cerró el ‘24 eyectando Mas(a)Océano desde los bytes de la novel escudería cuzqueña Primaveras Digitales, hace poco más de dos meses. Se sostiene así un período inventivo inusualmente dilatado que el arequipeño  todavía  se  encuentra  atravesando,  a  la  par  de una redefinición de conceptos al interior de su alias más reconocible -o, por último, de una traumática sustitución de esas variables que ha manipulado durante gran parte de su trayectoria.

Si en Suni A Través Del Espejo, al alimón con Asteroide, ya se notaba cuán creciente era la relevancia que la influencia de la obra de Sunn O))) ha cobrado durante los últimos tiempos para Fiorella16; en Mas(a)Océano esa relevancia llega a modificar el perfil mismo del proyecto, a saber si temporal o permanentemente. Es cierto que el registro evidencia dos segmentos no opuestos mas sí distintos. Es cierto además que el primero de ellos se compone de tracks bautizados como “Parte 1”, “Parte 2”, etc; acaso subrayando un concepto sólo válido en esta oportunidad. Pero también es cierto que el discurso de Málaga bajo esta faceta sufre una transformación mayúscula, no compartida por las improvisaciones en vivo que vertebran la segunda sección del LP.

Efectivamente, las formas de Fiorella16 son ahora pétreas y negruzcas. Sus atmósferas quedan hechas añicos debido a las subsónicas frecuencias saturadísimas que descerraja, y en su lugar quedan instaurados opresivos climas de oscuridad perpetua. Las espartanas melodías a las que ocasionalmente da pie se eclipsan pronto (“Parte 1”, “Nulle Part”, “Mas(a)Océano”), mientras esotéricos filtros surcan el encrespado mar de texturas distorsivas. El escaso resplandor visible corresponde a violentados destellos de luz que a lo que más se asemejan es a fuegos fatuos (“Parte 2”). Y la voz del mistiano tiende a replicar los gruñidos e inflexiones guturales de los de Seattle. Ése es el estado de cosas ¿actual?/¿de fines del ‘24? que se agita en el universo de F16.

Poco o nada de ese ritualismo drónico florece en la segunda parte de Mas(a)Océano. En ella se asientan tres ejecuciones en directo, a cuyas coordenadas geográficas hacen alusión sus correspondientes nombres. Psicofónicas intervenciones sonoras todas, tienden a parecerse bastante  entre sí, descontando  el  pulso  secuencial  de  cada  una.  “Montevideo  2 Tatami Registros - Uruguay” es comparativamente más relajada, por ejemplo. “Zárate CasaMou - Argentina”, más extrema. Todas ellas, finalmente, pertenecen al pasado inmediato del unipersonal. En beneficio de una experiencia más llevadera y menos incómoda, habría sido atinado prescindir de al menos una -que de tal modo se recortaba el minutaje a menos de una hora. Aunque, claro, Fiorella16 no necesita hacérselo más sencillo a sus habituales escuchas.

Actualmente desbandados y sin posibilidades de reunión a la vista, no sé cuánto tiempo duró la travesía de Haiti Bon Aire. Agradezco, eso sí, que no hayan dado de baja su cuenta en SoundCloud -hasta donde entiendo y junto a una exigua cuenta BandCamp, único lugar en el que puedes escuchar el que es su debut y despedida, aparte de en Spotify: 9 Amenidades (अनमास्टर्ड). Trátase de un puñado de mocosos airados que ni siquiera corre urgido de autoproclamarse heredero del legado del fallecido Leonardo Bacteria, a quien dedican “Leonardo Del Castillo AKA Leo Bacteria Miserito Jungle Conscious Break 11 Caleta”. Basta y sobra con presionar play para corroborar a prima facie ese ascendente.

La de Haiti Bon Aire es una genealogía gabber, como la que consolidase Insumisión entre los años 2000 y 2003. La apertura “Eaf 27sept1969” se dispara a una velocidad inhumana de bpms, tan imposible de descifrar al primer golpe de oído como efímero es su recorrido. De unos cuantos segundos más de extensión es la subsiguiente “‘77 Up”, que añade dosis de drum’n’bass desenfrenado cosecha Atari Teenage Riot (“Deutschland (Has Gotta Die)”) al insoportable digital hardcore que el grupo unge como la médula de su input. Ese huayco de bulla atronadora y demencial no hace sino potenciarse en “La Rubia Tarada . Noche De Karaoke” y en “Pare Y Dolia”.

Recién con “Koupe Tèt Funk”, la casi terrorífica celeridad de HBA consiente en ceder un poco. Es el canal más largo en lo que va de reproducido 9 Amenidades (अनमास्टर्ड). No obstante, su funk ensopado de ruido maniático y de onomatopeyas metálicas a granel nunca termina de metamorfosear la piel. Tampoco lo hace ese banco de pruebas para progresiones rítmicas varias y sampleos a destajo que es “Yo Vago”. Pese a su brevedad (no llega ni al minuto y medio), el auténtico cambio se produce con la enigmáticamente titulada “,”, cuyo reposo a golpe de falsa bossa nova es el primer asalto del repertorio en ponerle el cascabel al gato.

Penúltimo round de la placa, “Leonardo Del Castillo...” sube nuevamente el hebefrénico nivel de contaminación sonora, en tributo que debe haberle arrancado una sonrisa a Leo Bacteria donde se encuentre. Pienso que el plástico debió terminar aquí, redondeado en poco más de 18 minutos. Por desgracia, Haiti Bon Aire añade una última creación, “Bater Perna”, que eleva la duración global hasta superar los 25 minutos. Esto habla de un corte que por sí solo roza los 7 minutos de propagación. Dado que es un ejercicio infestado de grind noise en onda electrónica, como que acaba restándole algunos puntos a 9 Amenidades (अनमास्टर्ड) más que sumárselos.

De todas formas, HBA ha sido una de las sorpresas del año que pasó. A pesar de sostener desde sus respectivas trincheras tanto el hardcore punk como el metal sendas cruzadas de músicas agresivas y airadas, se extrañan propuestas así de tóxicas desde terreno electrónico. Me hubiera gustado verles en vivo, aunque quién sabe, por ahí regresan. De cualquier modo, aprecio la oportunidad de haberme vuelto a sacudir con ese bullicio abarrotado de drum’n’bass, grindcore, techno industrial, hardcore digital y gabber. Si su esencia aún persiste, un Bacteria harto satisfecho tendría que haber experimentado lo mismo.

Acabando noviembre del ‘24, el ex Rayobac Miguel Uza lanzó su segundo disco a título personal. Coyunturas curiosas rodearon la aparición de 20|22: entras en el BandCamp del músico y te das de narices con abundante material colgado sobre todo en las postrimerías del ‘21 -dos compilaciones de demos y un álbum entero denominado iPadMorita, que muy probablemente sea el legado inédito del acto del mismo nombre con que Uza editó un sencillo allá por el ‘14 (“Pomabamba 393”). Empero, estos testimonios han sido pauteados tanto antes de su homónimo debut (‘18) como de los singles que a éste preceden, enfatizando un carácter “accesorio” respecto de ellos.

Con 20|22, queda claro que la intención en la anterior jornada no era la de insuflar nueva vida al sonido de los extintos Rayobac. Si bien algunos instrumentales están dotados de bajo y batería (“Sin Título #14”, “Booster Rocker”), la mayoría de ellos no tiene sino tempos sugeridos. El ejemplo de la obertura “Lo Que Hacía Mientras El Mundo Se Estaba Muriendo” es sintomático: las guitarras de Uza no se perciben limitadas por ataduras formales, ni se apegan a género alguno. Carecen de voces que (les) dictaminen los tiempos, a excepción quizá de unas plumillas casi inaudibles. Salvo los casos ya especificados, el resto de viñetas sigue el mismo sino.

Es entonces un disco de estética ambient, el del limeño radicado en la Ciudad Condal. En 20|22, las eléctricas permanecen todo el rato enchufadas, prestas a florecer  improvisando  secciones  profusas  en  decoración  minimal  (“Sachi & Masao”,  “Valentín  San” -¿dedicada a su ex partner en Rayobac, de apellido Yoshimoto?-). No siempre consiguen navegar en medio de espesos cúmulos de albo vapor, ya que por muy ambientales que suenen, las de seis cuerdas van premunidas de timbres grosos/pesados -como ocurre en “20|22”, que parece las tuviera grabadas al revés, o en “Luz De La Mañana”. Así y todo, el estilo que mejor le define es el que se acuñase a partir de los álbums en que abandonó el pop Brian Eno.

Quedaba dicho que las excepciones de 20|22 son “Booster Rocker” y “Sin Título #14”. No son las únicas. A ellas hay que sumar “Terrores Nocturnos”, para completar la terna de composiciones con que Uza impone una interesante digresión hacia el pasado de su ex banda. A su modo, cada una asume la tarea de reinterpretarle. Las adustas y rígidas eléctricas de “Sin Título #14” enfilan hacia estratos más experimentales, sin llegar a los niveles crípticos de otras experiencias. “Booster...” merodea entre el indie, el punk, el slowcore. La más cacofónica de las tres, “Terrores Nocturnos” y sus cíclicos intervalos de ruido y onirismo se aproximan mejor a las performances a veces insoportables que en directo disparaba Rayobac.

Uza no es Archer Prewitt ni Vini Reilly. Mucho menos David Grubbs o Jim O’ Rourke. Con todo, extrañamente suena a inquietante híbrido de esos cuatro tótems. No es lo bastante árido como para entrar en la categoría post rock, si bien sí le evoca. No levita suficientes metros por encima del suelo como para mirarse en el espejo de The Durutti Column, aunque sí le insinúa. Y sus ocasionales  ramalazos  pop  y/o  rock  no  alcanzan  para  conjurar la maestría de un Prewitt o de unos The Sea And Cake. Pero -jódete, otra vez- sí puede pasar por muy aficionado suyo.

Hákim de Merv

viernes, 11 de diciembre de 2020

Descargo Y Maleficio: Descargo Y Maleficio EP // Música Casual: Ensamblar / Vitalismos

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de septiembre del 2020.)

#AguanteChile.

Muchos meses antes del levantamiento social ocurrido en el hermano país del sur (octubre del 2019), la cantautora Paula Barouh hacía debutar a su proyecto unipersonal Descargo Y Maleficio a través de un homónimo EP que todavía revienta en los tímpanos cual bomba molotov. Natural de Concepción, Barouh contaba ya con una carrera solista a cuestas que acreditaba colaboraciones para Reflejo, Mal De Chagas, Usted No! y Santo Barrio; amén de singles varios reunidos en Barouh (2015). Nada en ese background, o el que corresponde a Ícaros De Clep, banda penquista que fue de las primeras en que estuvo; hacía presagiar experiencia tan revulsiva como la que nace en el 2017 y da su primer tacle en enero del 2018 (vía Irregular Ediciones).

Más que un acto individual de música pop, DYM es una propuesta multidisciplinaria que entrevera poesía, electrónica, soporte visual y performance interpretativa. La antigüedad del extended le da la razón a quienes opinan que, desde hace varios años, la producción sonora de la escena independiente mapocha exteriorizaba abundantes signos anunciando ese estallido popular que cumplió ya su primer aniversario. Descargo Y Maleficio EP, por ende, conserva la suficiente vigencia como para comentarle más allá de no haber sido publicado en el presente año.

Algo de hip hop y mucho de spoken word rezonga en el breviario. La pluma de Barouh es limpia al plasmar las acres proclamas de la autora, pero su encendida recitación asoma emputada. Apenas empieza “Soldados Desconocidos”, la artista dispara construcciones gramaticales lapidarias tipo “Chile, Nación Del Olvido Congénito” o “Chile, Nación Del Artista Muerto”. Aunque temas como “Siglos De Los Siglos” e “Invisibilízame” destruyen respectivamente con virulenta ironía el rol tradicional de la mujer en la familia y el tratamiento entre-indulgente-y-sexista que se dispensa a las congéneres en predios del mainstream artístico, la chilena ha preferido ser frontal en esta entrega. Sus flamígeras, airadas denuncias en clave spoken dan lo mejor de sí cuando vienen envueltas en tensas líneas electrónicas, caso “Sonrisas Permanentes”, “Paredes Humanas” (...Cuerpos Sin Alma/Sin Esplendor/Brillando En Un Mar De Entes Estériles...) o la ya citada “Soldados...”. Sin embargo, excepciones como el zamacón proto-techno de “Azul Violento” o el mazazo tribal de “Rebeldía” (único número del extended en que Paula canta) no puntúan muy lejos de sus pares de jornada.

Desgarradora y lúcida crítica al falso progreso que se ha cebado durante décadas en Chile -y, añadiría yo, demás países de nuestra región-, así como a la deshumanización/indiferencia/desigualdad que de su imperio ha nacido, el incendiario manifiesto de Descargo Y Maleficio sigue estando de rabiosa actualidad. Más aún con el advenimiento de Chile Detonado (2020), poemario de Barouh acicateado por los conflictos diarios que se viven en Santiago y sobre todo alrededor de la Plaza de la Dignidad. Fotografías de Ángeles Sánchez, Sebastián Cerpa, Martín Palma y la propia Paula acompañan este testimonio de la insurrección popular que llevan adelante nuestros vecinos...

...hasta que Chile se convierta en la tumba del neoliberalismo, ‘chemimare.

Sorpresivo y muy fecundo el giro que ha dado Rodrigo Mardones a Música Casual en lo que va de este funesto 2020. Año y medio después del estreno discográfico Untitled (Chip Musik), rodaja de arisco aislacionismo arrasada por embravecidos oleajes glitch y esquirlas mil arrancadas a un profuso corpus de grabaciones de campo, el santiaguino lanza en agosto pasado Ensamblar (día 2) y Vitalismos (día 23). En conformidad con el concepto detrás del alias -que alude al hecho de improvisar haciendo sonido con lo que tengas a la mano, suspendiendo aún tu racionalidad consciente-, ambos títulos se acogen al uso de software y hardware bastante menos que rebuscado. Empero, con ellos MC abandona las agrestes alturas de la ópera prima, maniobrando ahora entre escarpas algo más clementes.

Comienzo con Ensamblar. Aunque tanto las fundaciones de éste como las de su “hermano” pudieran ser todavía grabaciones de campo a lo Scanner circa 90s, no más son éstas astilladas e implantadas en crudo. De hecho, ya puede hablarse de un flujo de sonido encajando en bocetos que insinúan cierta preocupación por la rítmica. Copa el disco una dinámica que sugiere interés hacia el enajenado escozor abstracto del primer industrial, como si se le hubiera desmontado en sus principales componentes -y se le birlasen los que a posteriori confluirían en el ambient noventero.

Este filón se mina sin salirse nunca de una calvinista “economía de medios”, lo cual da lugar a un IDM tornadizo (“Ensamblaje 4”), inestable (“Ensamblaje 2”), cambiante (“Ensamblaje 3”); que rebalsa durante la primera parte del viaje. Por esos cortocircuitos que a veces regala el subconsciente, me he acordado del compatriota Lunik mientras reproducía estos temas, ninguno de los cuales sin embargo iguala la dramática austeridad de lo hecho por Roger Terrones. Sólo en “Ensamblaje 5” y en “Ensamblaje 6”, ese ornato extremista del primer industrial deja de estar agazapado, y germina en terracotas sonoras emparentadas también con el ruidismo y con la psicodelia.

Para Vitalismos, el panorama continúa transmutando. A la par de una mayor, digamos, “musicalidad”; el duelo entre ambient e industrial que no alcanza a plantear Ensamblar se convierte aquí en abierto pulseo. Tras las escaramuzas que suponen “Open” y “Descender”, el género procreado por Throbbing Gristle se adjudica su primer asalto con “Un Valle Eléctrico”, cuyos decibelios exceden las gráficas que acostumbra observar Mardones. La respuesta del ambient no se hace esperar, obteniendo para sí la dilatada “Vital”, “Amaneceres” y la breve “Día A Día”; todas ellas dueñas de una turbadora tímbrica altisonante.

“Uno En Un Valle” y “Anocheceres En Un Valle” equilibran ambas estéticas con bastante más tino del que tuvieron los números de apertura, siendo “Anocheceres...” una excelente lección sobre cómo encarar con mucha lúdica composiciones de hálito aleatorio-experimental -jugando con el volumen y/o cancelando uno o los dos canales de audio, según se quiera realzar tal o cual sección del track en cuestión.

El 6 de septiembre apareció lo nuevo de Música Casual. No acostumbro reseñar singles, pues es poco material el que proporcionan para comentar. Pero aunque no fuera ésa mi posición, tampoco lo haría: tres obras en poco más de un mes es una media altísima para cualquier músico. Con mucha mayor razón para quienes le escuchan.

Hákim de Merv

jueves, 8 de febrero de 2018

Distant Vol. 2 // Polar & Amokian: Signautica

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 31 de enero del 2018.)

Dos desde el remoto Sur -pa’ volver a coger ritmo al tiro, po’...

Vio la luz en octubre pasado el segundo volumen de Distant, serie de compilaciones que factura Meitrik Record Label. Se trata de una esquiva discográfica chilena especializada en música electrónica, fundada por Christian Ziehlmann y que está cumpliendo dos décadas de vida en junio de este 2018. Pocas referencias para tener ya casi cuatro lustros, pero debe tomarse en cuenta un hiato de 11 años entre el 2005 y el 2016, así como lo selecto de cada una de ellas. Revisando nombres en la Red -Metamann (el alias de Ziehlmann), Der Meister Geist, 100ML-, se evidencia la proclividad de la escudería hacia el house, el techno; y sobre todo el híbrido de ambos géneros que, evolucionando desde su simpleza y monotonía originales, lograse que pubs y discotecas electro se moviesen al son del tempo oscilante entre 120 y 128 bpms de mediados de los 90s en adelante. Una proclividad que la propia casa no oculta, ciertamente.

Para ser una compilación, Distant Vol. 1 (2016) cobijaba un track list más bien corto en minutaje y nómina. Su sucesor no sólo supera la barrera de los 70 minutos, sino que además conjura fuerzas confluyentes allende las fronteras de Chile. Dicen presente en el disco proyectos de México, Argentina y Perú; amén de los que juegan de local. Lo interesante es que Meitrik también ofrece espacio, si bien comparativamente reducido, a encarnaciones sonoro-electrónicas que no se ubican precisamente en sus coordenadas habituales. Difícilmente un número como “Pangea”, del crédito nacional Wilder Gonzales Agreda, puede describirse como cercano al dancefloor.

La batuta la llevan, previsiblemente, los participantes más afines al espíritu de la independiente. Tal es el caso de Quantum (“Mar”), Ergon (un post-tribal “Nisei”), Android (“Algorythm”), F600 de Miguel Conejeros (“Huincadead”), Le Championnat (“Can’t Love”), el acto IDM perucho Invisible Ambiente de Ives Ancieta (en el que debe haber sido su último estertor, “Volátil” se mueve preñado de esas texturas hi fi que eran moneda común en los 70s) o Polar (“Cometa”, bastante más abigarrado que sus pares).

No faltará quien prefiera contar a Polar entre los disidentes de turno, dada la complexión rítmica que luce su aporte. En todo caso, sí se le percibe muy diferente de TremoloAudio (la columna vertebral rítmica de “Monza” no pocas veces se asemeja al célebre y hoy vetusto motorik, provisto al vocabulario de la música pop contemporánea por el venerable kraut rock alemán setentero), del ya mencionado Gonzales Agreda (minimal “Pangea”, extraído del fantástico Lima Norte Metamúsica, 2014) y de Metamann (“Coisa Maloca” se relaja hasta convertirse en el equivalente a una pieza de jazz para viajes sub-espaciales).

En el balance, Distant Vol. 2 no sólo le sirve a MRL para recuperar la continuidad luego de un oncenio de inactividad. También revisa/revisita tanto lo que se dijese alguna vez sobre el house (“el house es la música del infinito, porque incluye pasado, presente y futuro”) como lo que se dijese alguna vez sobre el techno (“el techno es el ritmo que jamás será vencido”). Ambas cosas es el tech-house.


Exactamente un año antes del Distant Vol. 2, Polar y Amokian unían energías en el cassette split Signautica, perteneciente a Barbatruco Producciones (netlabel mapocha creada en el 2008). La cinta lleva el sello de Alpha Experimental Breaks, con que BP distingue sus lanzamientos asociados al colectivo homónimo, en el que milita Polar. Éste es un viejo conocido, y no porque aparezca en el Distant Vol. 2: es la identidad paralela de Héctor Aguilar, 50% del dúo magallánico Lluvia Ácida. El alias cuenta con una nutrida discografía, de la que apenas he escuchado unos cuantos episodios. Así y todo, títulos como Alpha State (2010), Sueño Blanco (En 8 Bits) (2003) o Sesión 2 EP (2012); confirman el interés de Aguilar por cultivar sonoridades muy distintas a las exploradas con su partner en LlA, Rafael Cheuquelaf. A saber: breakbeat, hip hop abstracto, sampladelia, downtempo...

En cuanto al usamericano Igor Amokian, no había tenido el gusto de escucharle anteriormente. Lo que he leído en Internet es que, a lo largo de su carrera, el angelino ha desarrollado conexiones telepáticas con todos los géneros electrónicos basados en la técnica del circuit bending; participando asimismo en instalaciones sonoras, exhibiciones y performances en directo. Un obrero de lo que hace-más-de-veinte-años-y-aún-ahora se conoce como “electrónica experimental”.

Conforme manda el libro de estilo, cada lado del split se ha asignado a uno de los involucrados. El lado A es el de Polar, quien con este registro ha hecho pleno honor a su pseudónimo: incluso si me he perdido demasiados movimientos, encuentro poco o nulo parecido con todo lo que antes le había oído a Aguilar bajo esta etiqueta. Polar se ha convertido en sinónimo de una electrónica abstracta, fragmentaria, futurista y muchas veces también interestelar. Prácticamente nada he podido hallar de sus escaramuzas con el hip hop y el breakbeat. Sus 9 temas, que son los que mejor calzan con la portada del cassette, suenan muy bien -aunque igual me dejan frío, por la sorpresa (o mi ignorancia) del cambio que ha experimentado Polar. Ahora, ¿qué es mayor? ¿La novedad o los nuevos réditos artísticos? Difícil decirlo. Prefiero manifestarme más adelante, esperando acostumbrarme al cambio con prontitud.



Si cabe, es hasta más extrema la cara asignada a Amokian. Durando algo más que la cara A, tiene ¡¡¡21 temas!!!, muchos de los cuales no superan los dos minutos de extensión. También Amokian hace honor, pero al lado de la cinta que le ha tocado ocupar: su output hace las veces de auténtico lado B de la gama de sonidos que debe haber soltado el Gran Colisionador de Hadrones en las pruebas preliminares a su encendido. En sus momentos más hip hop, que los tiene (“Beat Slices Live”), la percepción constante es la de estar audicionando el borrador/bosquejo de un experimento de harsh noise. Y si bien decir que Amokian es una suerte de Blixa Bargeld nacido en la era digital resulta exagerado por donde se lo mire, semejante aseveración guarda un resquicio de verdad, avalado por la suciedad/el talante entrecortado y desvencijado/la disonancia de la propuesta del músico. Habrá a quienes les guste y a quienes no. Lo imposible de soslayar es esa sensación residual, borrosa, imperfecta; de haber presenciado algo inquietante sin ser plenamente conscientes de ello.


Hákim de Merv

viernes, 16 de junio de 2017

Los Tetas: El Movimiento

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de mayo del 2016.)

Conocí a Los Tetas al año siguiente de su debut discográfico, el celebérrimo Mama Funk (1995). Eran los días en que el rock latinoamericano finalmente concretaba el asalto definitivo a una ya entonces más permeable MTV, a través de su señal para la región, y Chile comenzaba a ganarse a pulso el honroso título de la tercera mejor escena latina, por detrás de México y Argentina. Todavía la feria de Quilca se asentaba en la primera cuadra del jirón homónimo, aquí en Lima, y en medio de los stands había un hueco al que llegaban discos de grupos latinoamericanos conforme iban saliendo -Fobia, Babasónicos, Víctimas Del Dr. Cerebro, Nicole, Panteras Negras, Control Machete, Cacería De Lagartos, Lucybell... En cassette pirata, obviamente: aún faltaba para que arribase a estas costas la tecnología que posibilitaba duplicar los CDs.

Al Mama Funk lo recuerdo con mucho cariño. Pese a que el nombre del disco proclamaba la devoción que Camilo Castaldi/Tea Time (voz y scratch), Cristian Moraga/C-Funk (voz, guitarra, bajo, teclados), David Eidelstein/Rulo (voz, bajo, guitarra) y Francisco González/Pepino (batería) profesaban por el género que apadrinase el inconmensurable James Brown; MF no tendía al purismo. Tengo muy presentes prolongados, sudorosos ejercicios de funk fusionados a una apisonadora percusión de ADN hip hop y a fraseos rappeados al más puro estilo gansta. “Gangster” es im-pa-ga-ble, lo mismo que “Corazón De Sandía”, “El Sol No Tiene Ganas De Venir” y “Superteta”. Afanoso por los réditos de esta increíble puesta de largo, también le apliqué a La Medicina (1998), donde sí existe una mayor dosis de funk -incluso siempre me pareció que aquí comenzaban a entrarle al b-vox. “Vida Funk”, “Santiago”, “Planeta”, “El Elemento”; son algunos de los aciertos de este segundo esfuerzo.


No alcancé a escuchar Tómala (2002), tercera producción de la banda, ya lejos del regazo de EMI Odeón. Pero sí supe que Los Tetas llegaron a tocar por entonces en Lima. Aunque no sería la última vez que pisasen suelo peruano (se volvieron a presentar hará unos tres años), no he tenido la suerte de verles en vivo. Eso sí, cuando se me dio la oportunidad de acceder a nuevo material del grupo, no lo pensé dos veces y me agencié un ejemplar de El Movimiento, disco que los volvió a juntar en el estudio tras la amarga separación del 2004. Publicado a fines del 2012 (el cuarteto se había reunido un año antes), es un registro a medio camino entre el EP y el mini-álbum: ocho temas, sí, pero tres de ellos son remixes de surcos que aparecen allí mismo. Esto no pasaría de lo anecdótico si el reentré estuviera a la altura de las circunstancias. Simplemente no es el caso.

Porque, esta vez, Los Tetas han abandonado toda aspiración hip hop en favor de... la música disco. Tal vez una pluma más proclive a este -puajjjjjj- “género” sería la indicada para escribir sobre el particular. Lamentablemente, tengo un prácticamente inexistente respeto por ese sonido -Giorgio Moroder, piezas que no suman una mano, y más nada. Ergo, comienza a sonar el tema título, y el gesto se me descompone. Medio que “If You Like It” recupera el aliento de las primeras grabaciones, pero la ilusión no demora nada en desvanecerse. El balance es, para mí, tan discreto; que hasta me atrevo a decir que lo mejor de EM son las tomas remixadas, y no precisamente porque tengan el mismo efecto que “If You Like It” -sino por la destreza de quienes se hacen cargo del remix respectivo.

No ha vuelto a publicarse un nuevo material de Los Tetas desde entonces, así que me lo pensaré seriamente si vuelven a venir.

:(


Hákim de Merv

jueves, 15 de junio de 2017

Bitman & Roban: Hurtos

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de mayo del 2016.)

(Le agradezco la oportunidad de haber descubierto grupo y disco a mi buen amigo Orlando Quiróz, quien hiciera lo propio con El Último Día de Fiat600.)

Si eres fan del fútbol y de los videojuegos, y por ende te has amanecido enviciado/a en la versión 2007 de FIFA, habrás escuchado sin duda a DJ Bitman. Su tema “Get On The Floor” fue repescado del tercer y último disco que grabase al lado de Roban: Música Para Después Del Almuerzo (2005). Pero Bitman es mundialmente conocido no sólo por eso, sino también por haber colado composiciones propias en las series norteamericanas Dexter y Nip/Tuck, además de haberse prodigado en remixes para los alocados Beastie Boys.

La asociación entre el ariqueño Bitman (José Antonio Bravo) y el santiaguino Roban (a.k.a. Christian Powditch, integrante del recordado Plan V ceratiano) data de 1999. Pasaría algo de tiempo antes de que la dupla plasmase en físico sus creaciones. Hurtos, en efecto, salió a la venta en el 2001 por Big Sur Records. Posteriormente aparecerían Robar Es Natural (2002) y el mentado Música Para Después Del Almuerzo, antes de sellarse su disolución.

Superadas ya varias escuchas del Hurtos, diría que Bitman & Roban comenzaron su carrera al amparo de una innegable influencia de Dimitri From Paris: ADN más funk que disco, pero reprocesado usando digitales cadenas proteínicas de histología house -que no obliteran subsecuentes acercamientos al hip hop (por lo demás descendiente en primer grado del funk). El lounge y el jazz, por el contrario, son convocados para el acabado final: una cuña aquí, un retoque de cincel allá, una manito de pintura acullá.

Con todo lo que se echan encima B&R, difícil alucinarles solemnes, aunque sí sutiles. Esto se nota sobre todo en los sampleos: es un humor seco el suyo, que no deja adivinar fácilmente cuándo el sample es guiño y cuándo es broma. El sesgo cómico queda en evidencia en “Clásicos A Marte”, donde no sólo se burlan del mamarrachiento refrito de Orlando Netti, sino que descontextualizan el “Shout” de Tears For Fear a través de un sample minúsculo. En cambio, lo de “Chameleon” del maestrazo Herbie Hancock -extraído de su rotundo Head Hunters, 1973- en “Paseo Nocturno” parece más un guiño, cuando no (merecidísimo) tributo.

Precisamente en “Paseo...”, se da la primera de las colaboraciones del disco: Tea Time de Los Tetas. En “Mis Caprichos Son Mis Dichos”, se hace presente Seo2, MC del grupo Makiza. Bitman & Roban cierran el apartado de colaboraciones y asimismo el Hurtos con “Vale Tom” y el lujurioso scratching de DJ Squat, también de Makiza.

B&R llegaron a convertirse en referentes de la escena electrónica chilena durante la década pasada. Una verdadera lástima que no continuasen juntos. Powditch ya se ha retirado de toda actividad ligada a la música. Bravo, felizmente, lleva una carrera que se inició en paralelo a B&R con Sunset Beats (2003), y cuya última incursión hasta ahora es el album Airplane (2015), también en paralelo -esta vez, al proyecto RVSB, que conduce en comandita con DJ Raff; un todoterreno que ha pasado por Chancho En Piedra, Tiro De Gracia, Los Tetas, Los Mismos, La Floripondio y La Pozze Latina.


Hákim de Merv