(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 29 de julio de 2026.)
Arduo trabajo apostillar el nuevo largo de
Rafael Cheuquelaf sin citar casi por entero la glosa que el propio puntarenense
consigna en el BandCamp de Eolo Producciones. Desde la denominación, que apunta
sin escalas a la crisis generalizada de sistemas bioambientales, hasta los
numerosos sampleos de ponencias o declaraciones públicas que verbalizan esa
preocupación; Ecocidios es mucho más que un documento sonoro. Testimonia
la enorme diversidad biológica y medioambiental de la Patagonia, a la par de la
zozobra y del desasosiego que derivan de la impronta de la mano del Hombre en
la Naturaleza de la región más austral del continente americano.
Efectivamente, más de la mitad del repertorio
subraya la intervención de intereses económicos nacionales y extranjeros que
atentan -con intención, menos frecuentemente sin ella- contra lagos, estepas,
abras, bahías o archipiélagos que deberían permanecer sin hollar por el hombre civilizado.
Y lo hace sin guardarse nada. Esto pone al álbum por encima de esfuerzos
precedentes que el músico magallánico viene realizando desde el ‘19 (Choike
EP). Las composiciones suenan de hecho más enfáticas, intensas, dramáticas y
agoreras que nunca antes en el background de Cheuquelaf (Mantiza, Lluvia Ácida,
Nébula).
No tienes sino que pulsar play para darte
cuenta de ello. “Zonas De Sacrificio” es un reluctante llamado de atención
sobre la poca consciencia de las corporaciones de diversa índole, pero sobre
todo de la ciudadanía promedio, cuando se trata de oponer la inviolabilidad de
santuarios naturales a la explotación de sus (finitos) recursos. El track se ha
armado introduciendo en el viejo synth setentero decenas de cuñas sci fi nativas
del nuevo siglo -algo así como enyuntar a Isao Tomita y a Cliff Martinez, a
Clint Mansell y a Jarre. “Ballenera” resuena aún más oscuramente ambiental,
palpitando con urgencia y vitalidad a despecho del tranquilo cloqueo con que el
agua te recibe al inicio.
Otro rasgo a remarcar en Ecocidios es el
golpe de timón estilístico. No ha abandonado Rafael la senda del ambient synth de
arte y ensayo, sino que la ha enriquecido amparándose en las relevantes
cantidades de downtempo, de EBM y de IDM aditadas. Si en el caso del primero puedo citar el trote
calmo de “El Valle De Los Castores” y el extraño cripticismo invertebrado de
“Dydimo”, surcos en los que también casa ambient y auroral noise digital, en el
caso del segundo apelo al angustiante pulso filo-industrial de “Flota Pesquera
China”. En cuanto al IDM, su imponente huella es rastreable en los agitados
latidos de “Metula” y de “Hidrógeno Estepárico”, en la díscola tonalidad
cíclica de “Escape De Salmones”, en las artificiales ambrosías de nerviosa
pulsión que cobija el cierre “El Fuego Avanza”.
Justamente es “El Fuego Avanza” el tema que
expone con mayores bríos los actos realizados en detrimento del ecosistema
patagónico a uno y a otro lado de la frontera chileno-argentina -quema de áreas
en parques nacionales protegidos, con el único propósito de adjudicarlas a
empresas (de cariz sionista). La imputación más sangrante, en medio de
denuncias sobre malas prácticas de la industria ballenera, sobre continuas
incursiones ilegales de flotillas de pesca industrial en el mar magallánico, sobre
la angurria corporativa por el “hidrógeno verde”. Y de relatos sobre accidentes
a consecuencia de fallo humano, como la fuga de salmones de criaderos
especializados o la catástrofe ecológica que supuso el encallamiento parcial
del petrolero neerlandés Metula el 9 de agosto de 1974.
Vívido testimonio (disponible además en Pueblo Nuevo), sí, pero también severísimo
jalón de orejas de cara al futuro inmediato de nuestro planeta y al rol que
jugará la Humanidad en ese devenir para bien o para mal. Muy en consonancia con
aquella frase que se coló en la predecible versión ‘08 de The Day The Earth
Stood Still: “Si la Tierra muere, tú mueres. Si tú mueres, la Tierra
sobrevive”. Considerémonos amonestados/as.
(Republicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 3 de junio de 2026)
Nunca me he animado a escribir algo más o
menos largo sobre Kraftwerk. Dado el sitial de honor que ostenta en el devenir
histórico de la música pop contemporánea, sin contar el hecho de tenerle yo por
la mejor banda de todos los tiempos, siento un poco raro no haber acometido la
empresa hasta ahora. Y quién sabe cuánto tiempo más pasará antes de apurar ese
paso. Ésta no es, por ende, la ocasión pospuesta...
Sin embargo, alguna vez se me ocurrió
elaborar una serie de posteos sobre el celebérrimo y querido grupo, hace casi
trece años. No ensayé entonces una aproximación cronológica, y por ende lineal.
Relatos pormenorizados sobre el sino que han enfrentado los teutones durante su
más de medio siglo de existencia pueden encontrarse en Internet a pastos. Más
interesante me pareció acercarme a diferentes aspectos de su obra, así como a
los efectos que sus logros concluyentes provocaron en la cultura popular de ésa
y de posteriores épocas, recurriendo a los vocablos “interfase” (para los
primeros) y “addenda” (para los segundos). Similar explicación fue provista
aquella vez.
Acorde con ese espíritu,
recopilo/reescribo/reestructuro en un único artículo dichos posteos, fechados
entre el 15 y el 22 de septiembre de 2013. Será éste, ergo, un texto con muchas
citas; utilizadas tanto en las reflexiones originales como provenientes del
feedback que éstas suscitaron entre la lectoría que me dispensa atención. Busco
de esta manera darle a los párrafos un mínimo nivel de narrativa coral -confío
en que este propósito pueda finalmente verificarse. Si no, quién sabe, al
tiempo.
PRELUDIO
Siempre será inagotable materia de discusión
sentarse a elegir al mejor grupo de música pop de la Historia -no sólo porque
existe un buen número de aspirantes legítimamente reconocidos por el corpus de “votantes”,
sino porque cada uno/a de estos/as últimos/as tiene ya de antemano elegido a su
preferido. ¿Qué tan provechosa o deslucida puede ser semejante disquisición? Dependiendo
de los/as “votantes”, quizá nos ganemos con sabrosos debates que enriquezcan
nuestros puntos de vista y nos amplíen el panorama. O quizá tengamos que
soplarnos aburridos ditirambos y tediosas estrategias dialécticas que no conducirán
a nada en limpio.
Así las cosas, definiendo “música pop” como
toda corriente sonora que germina en el seno popular -léase lejos de estratos
académicos-, y sabiendo de antemano que seleccionar un solo candidato implica
renunciar a muchos otros que con justicia pueden reclamar ese título; dejo en
claro que, después de resistirme a elegir un único nombre por lustros, en 2010
le entregué mi alma, mi corazón y mi entendimiento a los padres del electropop:
Kraftwerk. Esto es, pues, una suerte de pequeño tributo a los siempre vigentes
y dilectos Hombres-Máquina -sin los cuales ningún discurso electrónico hubiera
logrado desarrollarse, ni el planeta electro llegado a ser lo que actualmente
es.
Qué mejor modo de empezar, por ende, que visitando
la prehistoria de Kraftwerk. Ralf Hütter y Florian Schneider se conocieron a
fines de los 60s en la Academia De Artes de Remschield. Una vez egresados,
volvieron a encontrarse en un curso de música improvisacional de su natal
Düsseldorf (existe una leyenda urbana que afirma fueron testigos de una
performance de Karlheinz Stockhausen bajo los efectos de algún psicotrópico
non-sancto). Con la adición de Klaus Dinger, se bautizan como Organisation,
rótulo bajo el que registran el debut y despedida Tone Float (RCA
Victor, 1970). “Música concreta psicodélica” es una descripción no del todo
desacertada de lo expuesto en ese solitario álbum, que les enyunta al kraut
rock -movimiento de excluyente ascendencia germana/la respuesta alemana a la
psicodelia anglosajona: Amon Düül, Faust, Can, Guru Guru, Popol Vuh, Tangerine
Dream, Harmonia, Neu!...
(Justamente el nacimiento de Neu! se produce
al dejar Dinger la banda y asociarse para tal efecto con Michael Rother,
desarmando de paso Organisation. Pero Hütter y Schneider ya tenían claro el
camino a seguir.)
Una muestra de lo expuesto en Tone Float,
música para una “danza tribal” del cuaternario bruscamente extrapolada a la
sala de una casa moderna, parafraseando a la compa Carolina Rosales: “Milk Rock”.
INTERFASE 1
Autobahn (1974) es, desde
muchos puntos de vista, un momento decisivo en la trayectoria de Kraftwerk. El
cuarto esfuerzo de los compatriotas de Feuerbach fue, en efecto, el primero
dotado de un concepto sólido que unifica sonido, composición, imagen y mensaje.
Fue asimismo su primer éxito masivo gracias al tema titular de 22 minutos
-reducidos a tres para su empaque en formato single. Fue también el último
producido por Conny Plank, figura insoslayable del universo kraut rock, y el
último que sólo se grabó en alemán: a partir del siguiente paso, Radioactivity
(EMI, 1975), se adoptaría la política de lanzar un mismo trabajo en su idioma
natal y en otros de la zona europea. De igual modo, fue la última obra de los de
Dusseldorf publicada por Philips.
Autobahn fue, finalmente, el
último disco de Kraftwerk en donde podemos rastrear resabios del kraut y del
consabido ritmo “motorik” que patentase Dinger ("Mitternacht",
"Kometenmelodie 2", "Morgenspaziergang"): las presentaciones
que apuntalan la salida del LP son las oportunidades postreras en que la banda
interpreta piezas de sus tres primeros episodios -entre ellas, la recordada “Ruckzuck”.
Josep María Soler es un activista catalán con
conocimientos mayúsculos sobre música electrónica de ésos y de precedentes/subsecuentes
tiempos, que dirige al menos tres bitácoras documentadas magistralmente. Gracias
a su desinteresado aporte, he podido escuchar algunos bootlegs en vivo
correspondientes a esos días -contribución valiosa, puesto que la única
referencia live oficial de Kraftwerk es Minimum-Maximum (EMI, 2005), y
estos artefactos no-oficiales nos permiten apreciar la performance del grupo
antes convertirse en el ente creador del electropop. En otras palabras, escuchar
a Kraftwerk cuando sus integrantes todavía se hallaban inmersos en los predios
de una electroacústica exploratoria y altamente intuitiva (el feeling de estos
registros es de hecho más orgánico que maquinal).
Pues bien, a través del pirata Live In
Leverkusen ‘74, que recupera un concierto del 22 de abril de ese año,
podemos disfrutar de tomas en directo de “Tanzmusik”, de “Mitternacht”, de “Autobahn”
(en una hiperbólica versión de más de 41 minutos), de postales embrionarias de
la extraordinaria “Showroom Dummies”, y por supuesto de “Ruckzuck” -muy ruteada
por Kraftwerk en aquellos años, y de la que reciclarían la estructura del
crescendo inicial para la magnífica “Trans-Europe Express” (incluida en el
portentoso disco epónimo, 1977, junto a “Showroom...” y otras gemas). Richard
H. Kirk, miembro fundador de los esenciales Cabaret Voltaire (trío puntal de la
primera oleada industrial y amigos íntimos de Joy Division), perpetrador post
IDM escondido tras el alias de Sandoz (chequear su sorprendente Digital Lifeforms, 1993), cultor techno-dance asociado a los semi-anónimos The
Technocrats; remezcló con estos últimos -y sin permiso- “Ruckzuck” en 1991.
Comparto primero la versión original y luego
la de The Technocrats.
PRIMERA ADDENDA
Acaso sea en exceso polémico afirmar que
Kraftwerk ha estado presente en el nacimiento de cada idioma electrónico del
que se tiene noticia, desde que ellos mismos crearon el electropop hasta el día
de hoy. Quizás sí, quizás no...
Pero sí es cierto que no existe ningún grupo
o artista electro, ni uno solo, que no haya escuchado a Kraftwerk, ni que les
reconozca como la madre del cordero -y agregaré que jamás he sabido de alguno
que les odie. Prueba irrebatible de ello es la inmensa cantidad de sampleos que
provienen de sus discos, ya sea en clave trip hop, EBM, synth pop o drum’n’bass.
Para muestra un botón -precisamente, el del
drum’n’bass. Si bien los entendidos no se han puesto de acuerdo sobre su
origen, y se señala por igual a avezados “junglistas de pro” como Fabio y
Grooverider, todos coinciden en afirmar que el primero en codificar el nuevo
lenguaje en formato físico -es decir, en testimoniarlo a través de registros, a
diferencia de los DJs, que sólo le insuflaban vida en sus sesiones- fue el dúo
Shut Up And Dance (que a veces también editaba con el alias de Rum & Black).
El tándem Carlton Hyman-Philip Johnson lanza en 1990 el 12’’ “Fuck The Legal
Stations”, cuyo lado B “I'm Not In Love” se arma sobre un sample del tema “The
Man∙Machine” (extraído del esférico homónimo, 1978).
INTERFASE 2
“¿Y ‘Kristallo’?”, se estarán preguntando los/as
fans. “¿Por qué no ha sido subrayada entre las composiciones a destacar de la
primera etapa de Kraftwerk?”.
Ralf Hütter y Florian Schneider han sido
durante todo este tiempo muy celosos de todo aquello asociado a Kraftwerk, lo
que se ha traducido en un implacable, férreo control sobre su obra como banda.
Entre muchas de las implicaciones que esta (ejem) estrecha “vigilancia”
conlleva, sobre algunas de las cuales volveré más adelante, destaca la de no
haber permitido durante muchísimo tiempo la reedición en CD ni del disco de
Organisation, ni de sus primeros trabajos como Kraftwerk -a saber: Kraftwerk
(1970), Kraftwerk 2 (1972) y Ralf & Florian (1973).
Por suerte, han existido ediciones digitales
piratas que ayudaron a los/as fans a completar la colección (las más antiguas
están fechadas en 1994 -hay quien afirma haber visto ejemplares japoneses con
insospechados bonus tracks, a mí no me consta-). Pero la tácita prohibición ha
sido luengos años respetada por todos los seguidores de Kraftwerk y los
descendientes de su legado. Tan es así, que recién en 1997 se incluyó la
relectura de un surco de esos primeros capítulos, “Ruckzuck”, en Trancewerk Express Vol. II: A Tribute To Kraftwerk (el primer volumen data del ‘95).
Por este motivo, resulta bastante
discutible/sospechoso el lanzamiento en Italia del título A Short Introduction To Kraftwerk (Stampa Alternativa/Nuovi Equilibri, 2000). No
por el libro, en simpática aunque algo enumerativa edición bilingüe (inglés e
italiano), sino por el CD anexo: siete temas supuestamente remezclados por
Kraftwerk, entre los que figura “Kristallo” (extraído del citado Ralf &
Florian). Lo más probable es que la autoría de estas “remezclas inéditas”
le sea acreditada a bandas caletas que prefirieron rendir anónimo tributo a sus
mentores. Tampoco tendría nada de malo, si los resultados no fueran tan misios:
siete tomas alternas muy poco inspiradas, en 35 minutos, son insuficientes para
ilustrar al neófito sobre el devenir de un grupo de la talla inconmensurable de
Kraftwerk -amén de que los cortes no han sido bien escogidos, ni es lo más
sensato empacarlos en formato “remix”.
A continuación, un bonito video-homenaje de “Kristallo”.
Sí. Máquinas Musicales Electrónicas empañándose de emoción ad infinitum.
SEGUNDA ADDENDA
Como bien enfatiza otro capo barcelonés, Half
Nelson, “La importancia de una banda puede medirse en diversos ámbitos que
quedarían reducidos a tres: repercusión popular, prestigio crítico y respeto
por parte de otros artistas. En esas tres escalas, los de Düsseldorf están
encaramados en lo más alto, pero la impronta de Kraftwerk no se limita al
ámbito del reconocimiento estrictamente musical (...). Todo ello convierte a
Kraftwerk en un grupo-concepto que ha dejado su huella en multitud de estratos
culturales a lo largo y ancho del mundo civilizado (...)”.
Al asombro y al estupor siguen naturalmente
el análisis y el procesamiento. Después de un imparable rush discográfico a
fines de los 70s y principios de los 80s, que consolidó la revolución
tecnológica al interior de la pop culture, Kraftwerk comenzó a ser asimilado
por su propia progenie. Con anterioridad he citado el ‘unauthorized remix’ de “Ruckzuck”
que hicieron The Technocrats y también el sampler de Shut Up And Dance. De
hecho, hay ejemplos más cercanos.
Uno de ellos es el alucinante “Planet Rock”
(1982), de Afrika Bambaataa al alimón con Soulsonic Force (“disculpando la
expresión, pero qué mierda más marciana”, exclamaría Lance Taylor a.k.a.
Bam la primera vez que escuchó a los Robots). Construido sobre la base de los
kraftwerkianos “Trans-Europe Express” y “Numbers”, el single editado por Tommy
Boy se cuenta entre las primeras muestras de cómo influyó la pionera banda tudesca
en el surgimiento del hip hop -movimiento nacido en la pobreza que capitalizó
al máximo los recursos a la mano para convertirse con el tiempo en la “CNN de
la Norteamérica negra” (Chuck D. dixit). Y es que nadie puede dudar del papel
que jugó Kraftwerk en la consolidación de esta en principio interesante
subcultura urbana -pero si quieren una confirmación definitiva, basta con
chequear el film Breakin' (1984). Entiendo que es la única película
donde se ha usado música del grupo: al son del 45 rpm “Tour De France” (1983),
uno de los protagonistas ensaya una rutina de breakdance, el baile asociado a
la expresión sonora del hip hop.
Otro ejemplo es la new wave. En entrevista
concedida a Rock De Lux en septiembre del año pasado, Daniel Miller, el
histórico hombre fuerte de Mute Records -patria discográfica de Depeche Mode,
Yazoo, Nitzer Ebb, Cabaret Voltaire y Renegade Soundwave, entre muchos otros
más-, declaró: “La gente de mi generación estuvo muy influenciada por ellos.
Depeche Mode, The Human League, cualquier grupo de esa época mamó su música. Y
las generaciones siguientes entraron en contacto con la electrónica a través de
nosotros. Espero que estas reediciones hagan que la gente entienda que
Kraftwerk fue nuestra máxima inspiración”. Creo que a este respecto no queda
más que decir...
...excepto que el grupo que más rápido
alcanzó a Kraftwerk, New Order, le dedica en su disco de 2005, Waiting For
The Sirens' Call (Warner), el surco “Krafty”. Un grande homenajeando a otro
grande.
INTERFASE 3
El gesto agradecido de un fan como tú o como
yo.
Tim Zawada, de Chicago (USA), ha elaborado –“sin
loops, sin efectos”- un mix que ha bautizado con el nombre de Kraftwerked: A
Mix By Tim Zawada (Kraftwerk Tribute Mega Mix). Fechado en 2011, este homenaje
está dispuesto a la usanza de un DJ-set: una sola pista de audio en la que se
entretejen 36 cortes de Kraftwerk, cubriendo sus discos desde el lejano Autobahn
(1974) hasta el reentré Tour De France Soundtracks (EMI, 2003) -es
decir, respetando el silencio que el grupo ha guardado en relación a sus tres
primeros trabajos.
Algunas observaciones al respecto:
1) El mix se ha creado para su escucha
personal y para compartirlo con otros/as fans de la banda -no hay, pues, interés
comercial en esto.
2) Esta “antología” responde exclusivamente a
los gustos de Zawada. No pretende, por tanto, ser una compilación que ilustre
exhaustivamente la carrera de Kraftwerk.
3) Se puede descargar el archivo mp3 desde el
SoundCloud del usuario. El link hacia allá aparece en la información del video
de YouTube.
4) Contra lo que pregona el título del video,
son treinta y seis canciones (no cuarenta).
5) No estoy seguro sobre si “The Telephone
Call” se ha añadido al mix sin efectos: la toma no es la misma que la incluida
en Electric Cafe (EMI, 1986), aunque podría tratarse de una versión
repescada de alguna de sus ediciones como single.
Dicho esto, no puedo sino recomendar entusiasta
este breviario de la andadura de mi best band ever.
TERCERA ADDENDA
Aunque no hay estadísticas que lo sustenten,
es razonable suponer que la mayoría de grupos pop que han aparecido sobre la
faz de la Tierra alguna vez ha versioneado a The Beatles -bien a título de
ensayo, bien a modo de coda en sus conciertos, bien aventurando en el estudio
de grabación lecturas distintas de los clásicos y no tan clásicos de los Cuatro
de Liverpool. Para muestra dos botones, muy diferentes entre sí, que me vienen
inmediatamente a la cabeza: Damon And Naomi con “While My Guitar Gently Weeps” y
Siouxsie And The Banshees con “Helter Skelter” y “Dear Prudence”. Si existe,
esa estadística imposible la ganan largamente los Fab Four.
Pero en lo tocante a tributos editados, sea
de manera individual o colectiva; aún cuando no estoy seguro al 100%, creo que
ese cuadro de referencias cambia traumáticamente en detrimento de los
británicos. Salvo The Cure, que ha rebasado los 15 homenajes, no sé de otro
grupo que pueda igualar en este aspecto a Kraftwerk, que ya franqueó la barrera
de los 20 tributos. Como en el caso de los liderados por Robert Smith, en este
terreno encontramos placas de toda índole dedicadas a los Replicantes de
Düsseldorf.
Individualmente, los hay en clave
acústica-orquestal, como Possessed (Mute, 1992) de The Balanescu Quartet
(ensamble del violinista rumano Alexander Balanescu) y Die Roboter Rubato
(Mille Plateaux, 1997) de Terre Thaemlitz (pianista transexual de origen
germano). Los hay asimismo de proyectos fantasmas claramente forjados en la
fragua de Kraftwerk, como Boing Boom Tschak (A Tribute To Kraftwerk,
1994) y Basskraft (A Bass Tribute To Kraftwerk, 1998). Finalmente,
existen también grupos que les guiñan con enorme devoción, como los franceses
de Marc Et Claude (A Tribute To Kraftwerk 12'', 1998), y con genial
sentido de la ironía, como Señor Coconut Y Su Conjunto (El Baile Alemán,
2000). Esto, sin contar aquellas versiones o remixes que decenas de grupos
-Ride, Snakefinger, Niños Del Brasil, Big Black, siguen nombres...- han
insertado en determinados capítulos de sus respectivas discografías.
Colectivamente, la cosa es igual de generosa:
están los Trans Slovenia Express, 1 (1994) y 2 (2005), con
actos de Eslovenia, zona geográfica y sonoramente lindante con el músculo
centroeuropeo de la E(lectronic)B(ody)M(usic). Están además los ya mencionados Trancewerk
Express, así como los homenajes ruso (Elektronenklänge Aus Dem
Radioland: A Tribute To Kraftwerk, 2000), japonés (Musique Non Stop: A
Tribute To Kraftwerk, 1998) y brasilero (Kraftworld: Brazilian Tribute
To Kraftwerk, 2007). Para terminar, los hay en todos los tonos del espectro
digital: simplemente electrónico (el doble Krafty Move: An Electronic Tribute To Kraftwerk, 1997), techno (Technicolour: A Techno Tribute To Kraftwerk, 2000), mashup (el magnífico doble Bootwerk: A Bastard Pop
Tribute To Kraftwerk, 2007) e incluso 8-BIT (8-BIT Operators: The Music Of Kraftwerk Performed On Vintage 8-BIT Video Game Systems, 2007). Diversas
formas de encarar la gigantesca influencia de los indiscutibles padres del electropop.
Te dejo un fetiche que me he guardado bajo la
manga: Cybotron, alias de nada menos que mister Juan Atkins (precursor del
sonido Detroit), reensamblando “Numbers” y “Home Computer” en su clásico “Clear”,
del debut cibotrónico Enter (Fantasy, 1983). "Clear", por
cierto, es citado por los Autechre en las notas interiores de la seminal
recopilación Artificial Intelligence (Warp, 1992) como el tema que les
cambió la vida y los impulsó a hacer música.
INTERFASE 4
Alegando ignorancia de antemano, no conozco
otra canción que haya sido versioneada y grabada tantas veces en la historia de
la música pop como “The Model”.
Paradigma del synth pop, quintaescencia de la
perfección más sublime a la que puede aspirar cualquier formato sonoro
melódico, Kraftwerk concibió esta gema de tres minutos y pico en la cima de sus
posibilidades expresivas: son los tiempos del maravilloso The Man∙Machine
(EMI, 1978), y Hutter-Schneider-Bartos-Flur ganan nuevas cumbres en el delicado
y refulgente balance entre exploración electrónica y emotividad/empatía pop.
Evocadoramente pegadiza (así la califica Nelson), sé de al menos veinte
versiones -¡veinte!- de esta inolvidable composición, entre editadas y
celebrados registros “live”, que nada tienen que ver con las dispuestas en los
discos-tributo. Ahora, contando estas últimas versiones, no me atrevo ya a
aventurar una cifra...
...pero sí nombres: Ride, Niños Del Maíz, Big
Black, Sopor Æternus, Clotta+DJ Dero, Snakefinger, Niños Del Brasil, The Divine
Comedy, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados, The Cardigans, David
Byrne... “The Model” es una obra de arte tan perfecta, que incluso la relectura
mashup de Krazy Ben que la asocia a un mamarracho como “The Way I Are” del
mierdoso Timbaland suena a hossana en las alturas.
Sin más preámbulo, pues, la que es para mí la
mejor canción pop de la historia -sólo que, como diría el querido Ramón
Valdez/Don Ramón, en “versión totonaca”. ¡Si incluso un feroz militante como el
maestro Steve Albini, líder de Big Black, que ha producido a Nirvana y a Pixies,
y que no perdía oportunidad para hablar pestes del sampling y del mashup; se
rindió ante la Magia infinita de los genios de Düsseldorf!
CUARTA ADDENDA
Tras un lustro en completo mutis, en 1991
llega a las tiendas The Mix (Electrola), artefacto de remezclas de Kraftwerk
acometidas por el propio grupo. El plástico marca el definitivo ingreso de los
alemanes a la era digital: como se sabe, piezas del calibre de “Autobahn”, “The
Robots”, “Musique Non Stop” y “Radioactivity”; fueron registradas utilizando
sistemas analógicos. Para la ocasión, se reproducen los sonidos directamente en
código binario, y se samplean aquellos que no pueden ser ya duplicados. Además,
el cuarteto transforma sus cuarteles de Kling Klang en un estudio modular con
el propósito de transponerlo a las giras sin mayores dificultades.
The Mix fue el último
esfuerzo de Kraftwerk con su formación clásica y más duradera: poco antes de su
salida, abandonan el barco Wolfgang Flur y Karl Bartos, miembros desde los días
del Radioactivity. Se anunció un The Mix 2 y hasta un nuevo disco
antes de que muriera el siglo XX, y jamás se llegó a nada concreto. Es recién
con el single Expo 2000 (EMI Electrola, 1999) que Kraftwerk rompe un
silencio de ocho años, pero ésa ya es otra historia.
De entre los contados méritos de The Mix,
consigno aquí la que considero la versión definitiva de "Computer
Love", track originalmente pauteado en Computer World (EMI, 1981), el
capítulo discográfico que cierra su etapa más feliz.
INTERFASE 5
Nadie en su sano juicio -bueno, en realidad
sí existen, pero no tengo ganas de buscar bronca con esos cavernícolas- puede
discutir que el nazismo fue un terrible accidente de ruta en la hasta entonces
más o menos inmaculada historia de Alemania. Después de la abdicación del
Kaiser Guillermo II, el país entró en un fantástico período conocido
históricamente como la República de Weimar (1919-1933). Durante esos años, se
consolidaron movimientos culturales extremadamente creativos e innovadores: no
en vano se estudia aún hoy con entusiasmo el expresionismo alemán, tanto en
pintura como en literatura y en cine (Lang, Murnau, Wiene, Pabst); así como las
corrientes de la nueva objetividad, el realismo con crítica social y el
dadaísmo alemán. Esto, sin contar con el surgimiento de la Bauhaus, escuela de
artesanía, diseño, arte y arquitectura fundada en 1919 por Walter Gropius.
En la medida en que los 30s “no existieron”
en Alemania, Kraftwerk se propuso tomar la posta, regresando al punto exacto en
que esas extraordinarias jornadas cesaron de existir. Pero, por ese camino, el
grupo fue todavía más allá, llegando a proponer una impensada utopía: la de
convertirse a sí mismo en crisol de tradiciones continentales para la
consecución de una cultura pan-europea como nadie había soñado nunca.
No son pocas, en ese sentido, las referencias
de las que Kraftwerk hace uso. “Europe Endless” abre, con la emoción de quien
descubre un mundo nuevo y mejor, su álbum Trans-Europe Express, que por
otra parte toma su nombre del tren homónimo que recorría/¿unificaba? las
principales capitales del Viejo Mundo. Trans- Europe Express, por
cierto, cierra con “Franz Schubert” (aquí no hay más que decir, ¿no?) pegada a “Endless
Endless”.
Otro de sus aciertos definitivos, The Man∙Machine
guiña en “The Robots” al dramaturgo checo Karel Čapek y a su obra Rossum's
Universal Robots (1921), en la que por primera vez se usa el término “robotnik”.
De igual forma, la portada de The Man∙Machine cita al constructivista
ruso El Lissitksy (referente debidamente acreditado en las liner notes del
disco). Y “Metropolis” rinde pleitesía a la obra mayor de Fritz Lang, el film
de ciencia ficción Metropolis -considerado por la UNESCO, junto a Los Olvidados de Luis Buñuel, Patrimonio Artístico de la Humanidad y Memoria
Del Mundo.
QUINTA ADDENDA
Existen grupos con la habilidad de dotar a
sus creaciones sonoras de una rara cualidad “cinéfila” -bandas cuyos discos y
temas encajan naturalmente con las imágenes mostradas a través del celuloide.
No hablo, obviamente, de Angelo Badalamenti o de John Barry, grandes maestros
del difícil arte de componer bandas sonoras; sino de proyectos pop que la
chuntan “sin querer queriendo” -porque incluso a veces no hay en ellos la más
mínima intencionalidad.
Alguna vez me animé a ver Metropolis
de Fritz Lang (1927) escuchando al hilo Trans-Europe Express y The Man∙Machine de Kraftwerk, seguido del “liquid noise” de Incunabula
(WaxTrax, 1993) de Autechre. El resultado fue alucinante, y acaso no del todo
gratuito (pero sobre el particular regresaré otro día). Luego fue el turno de
enyuntar Computer World y Futurama: aquí la cosa no quedó tan
bonita, pero logré reconducirla sustituyendo originales por covers. De ahí que
la siguiente vez puse en la bandeja el 8BIT Operators: The Music Of
Kraftwerk Performed On Vintage 8BIT Video Game Systems. El saldo fue mucho
más positivo.
INTERFASE 6
No cualquiera tiene la habilidad de concebir
de la nada todo un universo que aún hoy permanece en explosiva expansión.
Kraftwerk es el incuestionable demiurgo creador del planeta electro no sólo por
su inmenso talento creativo -cuya influencia puede rastrearse en decenas de
niveles culturales en el mundo de hoy. Lo es también porque prácticamente
inventó las herramientas de las que se valió para semejante hazaña.
En la revista Dancedelux, el crítico
Félix Suárez cita declaraciones de Chuck D., de Public Enemy, consignadas en su
libro Fight The Power. El compositor y rapper, quien se encontró con los
Kraftwerk en el live de Sellafield de 1992, afirma que “el desarrollo y la
patente de software y equipos para la producción musical” reporta al núcleo
histórico Ralf-Florian no pocos beneficios pecuniarios.
Y es que desde el inicio de su carrera,
Kraftwerk sólo podía darle correlato a su meticulosidad proverbial, a su rigor “científico”,
a su sistemático método compositivo; trabajando con tecnología de punta. En
permanente diálogo hi-tech con los fabricantes de instrumentos electrónicos, el
grupo mismo fue testeando prototipos que se amoldaran a sus necesidades
sonoras, sugiriendo nuevas direcciones y abriendo nuevos caminos en el
desarrollo de software y hardware ad hoc -al punto de ser responsable directo
de la introducción de las nuevas tecnologías en la cultura pop.
Desde el Tour De France Soundtracks
(2003), “Aéro Dynamik”.
SEXTA ADDENDA
Uwe Schmidt es alemán de nacimiento, pero
latinazo de corazón. Al mando de Señor Coconut Y Su Conjunto, publicó hace
trece calendarios un disco tributo a Kraftwerk en clave de merengue, cumbia,
proto-tex mex y hasta cha-cha-chá. Con seguridad, El Baile Alemán
(Multicolor, 2000) debe ser el homenaje más bizarro dedicado a los Robots de
Düsseldorf. Lleno de voluptuosidad tropical, este ensamble sabrosón repasa con
imbatible swing los clásicos de Kraftwerk -fácil era el click perfecto para que
mi abuela le entrara a los germanos.
A continuación, la calenturienta relectura de
“Tour De France”.
EPÍLOGO
“Ellos son, y su status ha sido
amenazado varias veces, mi grupo favorito de todos los tiempos. Ellos también
hicieron, y su status ha sido amenazado incluso más veces aún, mi disco
preferido, Computer World. Nunca hay escasez de personas que se
apresuran a hacer cola para decir cuán ‘importantes’ fueron para el desarrollo
de todo lo que conocemos hoy, si ellos fueron pioneros, o si inventaron el
techno. Pero para mí lo que es fascinante es su música, eterna, ingeniosa; esa
música que nadie ha conseguido ni replicar ni mejorar. Son únicos. Kraftwerk es
donde las máquinas se empañan de emoción”. (Glen Johnson, Piano Magic)
Me pasa, cada vez que pongo en la bandeja un
álbum de Kraftwerk, que me estremezco hasta la médula. Me pasa, también, que me
asalta la jubilosa emoción de estar oyendo un mundo nuevo -a pesar de haber
escuchado cada disco suyo cientos de veces. Sospecho que es lo mismo que
sienten los fans militantes de otros grupos o artistas: algo así como ser
testigos una y otra vez del big-bang, y no cansarse jamás.
Los Kraftwerk tampoco parecen muy exhaustos.
Tras 56 años de carrera, Ralf Hütter, único miembro original sobreviviente
-Florian Schneider se retiró en 2010 tras una bronca tan tumultuosa como
lamentable con su partner de toda la vida, y falleció en 2020-; se sigue
presentando en directo utilizando con asiduidad la tecnología 3D. Reconforta saber
que la banda alemana sigue en forma, muy atenta a lo que ocurre alrededor suyo,
en perpetua consonancia con los últimos adelantos tecnológicos. Verlos
ofreciendo un espectáculo tal, aquí en mi tierra, con mis camaradas; sería
acceder al nirvana digital al que aspira todo amante de la música electrónica. El
Perú se ha integrado al circuito de conciertos con actos de auténtico renombre
mundial hace rato, pero sigue sin hacérsenos el milagrito. No interesa ya si ¿el
siguiente disco? es regularón, nomás. ¿Cómo ponerse “exquisitos” con nuestro
grupo fetiche, si “nosotros se lo debemos todo y ellos no nos deben nada”
(Tarwater)?
Comparto aquí el merecido testimonio
documental a los eternos Robots de Düsseldorf, publicado en 2008 con el rotundo
título de Kraftwerk And The Electronic Revolution. Para quien todavía
abrigue siquiera resquicios de duda, sólo tengo cinco palabras...
KRAFTWERK!!!! DUSSËLDORF MUSIK ARBEITER,
SCHEISSE!!!!
PD: La pieza que faltaba en la discografía
del que muchísimos consideramos el mejor grupo de todos los tiempos. Lanzado
simultáneamente en los formatos de CD y DVD, con una edición de lujo que
enyunta ambos soportes y emula en el empaque a una VAIO, el disco-concierto
oficial de Kraftwerk, Minimum-Maximum (EMI, 2005). No hay más que decir.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 11 de marzo de 2026.)
Salvo referencias demasiado caletas que estén
burlando el radar, 2026 se estrena en lo tocante a álbums peruanos gracias a Orden
De Acero, segundo capítulo de Maquinaria Mecánica y clausura de un hiato
que hace algunas semanas superó la barrera de los tres años. Para más inri, el
largo ya se ha fogueado en vivo nada más aparecer, dada la proximidad de su
lanzamiento con el festival International EBM Day Perú (a propósito de la
celebración del Día Internacional de la EBM, 24/2).
¿Qué ha cambiado respecto de Somos Máquina
(‘22/‘23)? Pocas cosas, a decir verdad. El dúo sigue siendo el mismo -Hitam
Laga (Schmerz, Monöchrome) en secuencias de distópico futurismo y en voz
aniquiladora, Henry Robles madreando tempos de los bpms y arreglos, además de
literalmente meter letra. A priori, esta continuidad garantiza coherencia con
la línea temática que se apreciaba en el debut. Compruebo satisfactoriamente que
incluso se ha profundizado más en tal sentido.
En muchos tramos del disco, el tándem se hace
eco de las sistemáticas políticas de abuso que los grupos de poder ejercen
sobre las sociedades humanas, valiéndose de las pantallas que han sido y hoy siguen siendo sus equivalentes institucionalizados -iglesia, estado, milicia.
Se apunta, pues, hacia el verdadero enemigo (“Esclavitud Mecanizada”, “Clase
Obrera”). Curiosamente, ello no obtiene consistencia a través de una lírica más
compleja, sino de una más convulsa y airada. De hecho, y obviamente salvando
las distancias, a ratos me parecía estar escuchando a unos Aviador Dro bastante
más cabreados y en fase bermellón (cf. petardos tipo “La Arenga De Los Sindicatos Futuristas” o “Camarada Bakunin”).
¿Y en lo tocante a la música? Allí sí tengo unos
cuantos reparos. No con el estilo, desde luego. El new beat es un género tan
respetable como casi todos los que conozco al interior de la música pop
contemporánea. Es incluso saludable que haya vuelto a reverdecer después de
muchos años de sequía. Encuentro fascinante -y no estoy solo en ello- echar una
mirada a ese mañana postapocalíptico repleto de hollín, herrumbre y cráneos por
doquier que augura/¿promete? la electronic body music. Idéntico entusiasmo me suscitó
la tríada de arranque en Orden De Acero: el inmisericorde hálito
denunciatorio de “Automatik”, la frenética marcialidad de “Camaradas”, la
rabiosa desnudez de las basslines que campea en “Clase Obrera”.
El problema radica en que, entre “Esclavitud
Mecanizada” y “Máquina Y Control”, la jornada ingresa a un limbo: los tiempos
se pasteurizan, las secuenciaciones se asemejan, el espíritu pasa de ser
zarandeado a acostumbrarse a una rítmica que decrece en contundencia. No hablo
de tedio. No podría, ya que el verbo y la actitud confrontacional de Maquinaria
Mecánica combustionan constantemente (“Lima Arde, Lima Tiembla/Disparar
Fue La Respuesta/Lima Arde, Lima Tiembla/El Estado Mata Y Niega”,
sentencia Hitam en “Lima Arde”, recordando la sangrienta represión de Boluarte).
Hablo de cierto apego a un patrón, apego que no sería dañino si se agarrase de
un par de temas. Es el caso que, al sacar cuentas, se adueña de cinco al hilo.
Puede tratarse, cómo no, de un yerro en el trackeo: observo que Robles y Laga
eligieron un orden alfabético, antes que otro más meditado.
De cualquier modo, una canción como
“Intifada” se merecía un marco sonoro algo más enérgico y categórico, acorde a
la indignación transformada en furia que causa el genocidio perpetrado contra
el pueblo palestino -y que continua cosechando apoyo de parte de casi todos los
pueblos de la Tierra. El mismo marco sonoro del que gozan las postreras “Orden
De Acero” y “Residuos Industriales (Manifiesto De La Carne Y El Acero)”. EBM de
vieja escuela con opción múltiple al sampleo, renovada y vigorosa, que pulveriza
cuatro décadas al evocar sus días de esplendor de la mano del Die Krupps no
“guitarrero”, de The Cassandra Complex, de Borghesia o de The Neon Judgement.
Permite que tu cuerpo (re)aprenda.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 4 de marzo de 2026.)
Ha transcurrido ya un tiempo considerable
desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí
mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su
insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones
de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo
prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo
objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega.
Ésta se ha revelado en diciembre pasado.
Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient,
de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último
ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia
hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas
variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut
teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es
responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino:
el bliss pop.
En retrospectiva, es curioso que no se le
hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese
pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los
resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones
reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases
ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas
estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar
deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana-
por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la
misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante,
contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas
atmósferas etéreas.
El bliss pop toma las riendas nada más
empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones
armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el
primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable)
programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la
apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos
momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado
que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves
canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos
fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.
Existen otras diferencias, más fáciles de
distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex
El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La
consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se
invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones
no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión
pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.
Faltando menos de cinco días para la última nochebuena,
vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as
artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30
años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto
que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas
muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son
asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro
quinquenios.
Habida cuenta de la vasta andadura que la
dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha,
sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo
cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación
(‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio
(‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como
“Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas;
cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una
cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido
libre, según entiendo.
Conviven en Convergencia diversidad de
estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan
“Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último
se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la
densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena
a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel
Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando
neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop,
Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid
Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y
Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.
Las posibilidades no se agotan allí. Los
Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a
trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas
de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El
Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica
de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la
piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient
que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de
“Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...
Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas
difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo
volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo
tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los
motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre
creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que
sean muchos años más.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 24 de diciembre de 2025.)
Disponible para descarga gratuita el mismo
día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la
saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético,
la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la
constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad
o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de
manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga
en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más
adelante.
El muestrario titula Lego 17: Diapasones.
Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del
vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de
“instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial
se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy
pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no
comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la
carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el
párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche
cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.
Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas
del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones
respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión
extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La
intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post
estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras
que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones
entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión
Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music
From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop
sintético de la joven romana Mylla Issues.
No ha de ser casual que la Issues se ubique
tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle
Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en
“Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más
accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop
(“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus”
de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post
punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo).
Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura
noctívaga y nictálope que preña Lego 17...
Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes
estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del
pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al
final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El
despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida
por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.
A principios de año, comentaba la reedición
que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad-
acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una
factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo
dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso
frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde
entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free
download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de
Zolar.
De entre los contados números-de-catálogo lanzados
hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de
DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T,
en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello
en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet
con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut?
ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible
de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.
Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes
en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y
corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se
percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega,
mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther
Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la
ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien
poco le falta.
Synthesis EP se completa
gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas
las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi
evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los
sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que
disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente
las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth
90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante alBass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy
definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital.
Desde Concepción, Junín, para el mundo.
Finalizaba septiembre cuando se publicó vía
Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de
algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música
electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones
de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue
orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la
artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y
Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115,
ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.
La placa tiene por toda razón de ser
testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella:
dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de
difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar
atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por
ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón
se necesita para prestarle atención sin demora?
Empecemos por los defectos, que no son muchos.
Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al
exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería
inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El
caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo
“Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos
de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de
Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que
obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por
donde se le sopese.
Muchos más son los aciertos. Entre los que no
he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de
Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de
“Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina”
de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte”
por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está
Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido
ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y
“Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el
ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo
antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de
místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).
En mi opinión, dos son los surcos que no
funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y
efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su
síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del
corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace
insoportable.