(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 7 de agosto de 2024.)
¿Has notado que, de un tiempo a esta parte,
“post punk” y “dark” -o “darkwave” o “dark-gothic”- han devenido erróneamente
en sinónimos? Antes se decía de Siouxsie Sioux, verbigracia, que era la “reina
del dark-gothic”. Ahora, cada vez que se le menciona por alguna razón, se la
adorna con el título de “reina del post punk”. ¿Ignorancia? ¿Tarupidez? ¿Un
poco de aquí y de allá? Pese a algunos momentos históricos en que ambas
tipologías se tocan, “post punk” y “dark” -o “darkwave” o “dark-gothic”- ni
siquiera llegan a ser sinónimos relativos. “Post punk” alude al período
‘77-‘84, cuando aparecieron alienaciones cuyo único factor común era una
desbordante creatividad para inventar nuevos mundos tras el holocausto punk -género
ni siquiera tomado como avatar a superar. “Dark” y similares, por el contrario,
comparten una fascinación por atmósferas que sólo toleran los apagados fulgores
de unas eléctricas fantasmales/de unos teclados glaciales -y el resto, teñido
de impertérrito negro.
Pasa algo extraño con El Arte De La
Nigromancia (InClub Records), estreno del acto huancaíno Zorstka, que toma
su nombre de la epónima canción de los bielorrusos Nürnberg. A lo largo de este
mini-álbum, no son contados los pasajes en que los juninenses explicitan su
devoción hacia el dark-gothic, en surcos de ligero o pesado tonelaje. “Sovetskiy
Lyubov” y “Bailes Muertos” prueban respectivamente esa afirmación: en clave
pop, el primero explora la agilidad trepidante de unos Skeletal Family,
mientras que las teclas del segundo se tornan algo más densas a fin de
coquetear con la maliciosa crudeza de Southern Death Cult; fugaz protagonista
de la primera asonada darkie en el Reino Unido al que se recuerda únicamente
por habérsele desgajado The Cult -y que se puede conocer in extenso gracias a
la reedición digital cosecha ‘98 que se hizo de la compilación homónima de
1983.
Sin embargo, tan evidente como la veta
dark-gothic de Zorstka, que en “Nigromancia” roza la caricaturización (iba a
decir que la canción suena a unos The Shroud de segunda, pero los The Shroud
mismos son de quinta); es la casi ominosa influencia que sobre el bajo
sintético y programaciones del binomio ejercen Stephen Morris y Peter Hook. Y
no creo gratuito señalar a estos dos integrantes de los míticos Joy Division,
porque fue justamente la banda de Manchester uno de esos pocos episodios -acaso
el más brillante, dejando atrás a gigantes como The Cure y los propios Siouxsie
And The Banshees- en que confluyeron tanto el dark como el post punk. Temas
como “Viaje A Las Estrellas”, “Disco” o “El Último De Los Románticos” acaban
favorecidos por la confluencia de gruesos/nerviosos/indesmayables graves y de
cortantes/secos golpeteos percusivos que hiciera de los mancunianos uno de los
grupos más personales en la historia de la música pop.
No deja de sonar rara la mixtura que (¿cuán
intencionalmente?) se ensaya en El Arte De La Nigromancia. De todas
formas es claro que requiere de un fogueo bastante más intenso, de una práctica
mucho más recurrente, para que bajo ambas instancias comience el dúo a esbozar
un estilo lo suficientemente identificable como propio. No es ese camino aún
por transitar lo que le resta puntos al mini-LP. Lo que se los quita es un
número como “El Retorno”, de prosa tan atrozmente elemental, que me hizo
preguntarme si no se la habrían encargado a limitados al mango como Páez,
Calamaro o Sabina. Eso, y la voz. A diferencia de lo que sucede en el apartado
instrumental, el vocalista y guitarrista de Zorstka demuestra excesivo apego
por Nosferatu, Rosetta Stone, The Wake (US), Love Like Blood y similares. Más
firmeza y menos impostación, que las voces indiscutidas del dark-gothic se
concentraban en ser teatrales antes que teatreras.
A pesar de señas e indicaciones que le
sindican como extranjero, hace menos de dos meses apareció un extended play
acreditado a cierto unipersonal que es peruano por sus cuatro costados. Verdad
que el nombre del proyecto, La Vie Synthétique, apunta a una ascendencia
francesa. Los orígenes, empero, son inequívocamente locales. Ídem con la
denominación “indie” -más genérica hoy en día, imposible-, que en BandCamp
figura junto a su ciudad de “residencia” (París).
Bueno, LVS es el alias individual creado por
Alonso Almenara para dar curso a una nueva faceta que inaugurar en su
experiencia vital -la de músico. O, en este caso, no-músico. Tarea nada
sencilla, máxime si antes se ha estado mucho tiempo en las graderías de la
crítica y ahora se salta a la arena -en cierto modo, la pesadilla de todo
crítico. No parece ser así para el limeño, que con absoluto desparpajo refiere
fecha de concepción y desarrollo concernientes a los canales adosados a Wrong
Market EP: una escasa semana.
Quienes le conocemos apenas, podemos
especular con que Almenara no busca enfrentarse al pop. Por desgracia, a ello
le constriñen las coartadas estilísticas sonoras por él escogidas. En el
extended se plasman fugaces paisajes cercanos por igual al happening y al post
rock, al ambient y al free jazz, perforados por voces filtradas/tratadas y por fragmentos
muestreados como a la vieja usanza del cut and paste. El resultado es asaz
hosco para quien no ha paladeado antes esos acibarados sabores. Para quien sí, Wrong
Market EP con las justas alcanza a dejar algo de miel en los labios -7
surcos en menos de trece minutos.
La asincopada desconexión del post americano
(“Threads”), el despedazado(r) hibridismo del sound art (las dos partes de
“Sound Waves”), el abrupto automatismo del free y del non-sense (“Drink Coffee,
Dream Faster”, “Alien Procession”), el aislacionismo inherente al ambient de
los 90s en adelante (“Dyson Sphere”)... Todo ello encuentra cabida en un
minúsculo repertorio, que sólo en “Fishes” cede a la tentación del formato
canción -único sístole del breviario en que La Vie Synthétique acaricia el pop
como casi sin quererlo.
Habrá quienes califiquen a Wrong Market
EP de sobrio debut. Lo es, dada su cortedad. El efecto colateral radica en que
esa escueta suficiencia también le provee de un aura artificiosa. Faltó por ahí
impulsar mayor evolución en los tracks, fomentar su crecimiento... Tener más
paciencia, en resumen. Tal cual se ha editado, el extended tiene pinta de
jugada calculadamente adscrita a sonidos blindados por aquello que aún
sobrevive tras el rótulo de “crítica especializada”. No estoy asegurando que
sea así, sino que lo parece -y mi percepción puede errar, naturalmente. Sea o
no el caso, difícilmente podrá Alonso volver a dejarla picando en su siguiente
movimiento.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 15 de junio del 2022.)
En los bytes que le dedica desde su cuenta BandCamp,
la incesante discográfica serenense Templo Sagital afirma de Barricada Sonora
que es/¿fue? un colectivo de ¿músicos? ¿no-músicos? espontáneamente organizado para
plantar cara a las violentísimas represiones policiales que el fascismo
neoliberal chileno avaló una vez desbordada la insurrección popular allende Tacna.
Durante meses, cada viernes esta mancha informe resistió a los carabineros,
apuntalada por la población civil que tomó parte en las protestas a lo largo de
Chile.
Lo que la independiente no precisa -pero tímidamente
sugiere- es si hubo un punto específico alrededor del cual se abroqueló esta
tropa indeliberada. Aunque las circunstancias del levantamiento señalarían a la
Plaza Baquedano, hoy rebautizada Plaza De La Dignidad (comuna de Providencia,
Santiago De Chile), en cualquier caso el primer material grabado por Barricada
Sonora se efectuó en Valpo. Dicho registro toma el nombre genérico del local en
que se instalaron los ejecutantes para su realización, perteneciente a la
categoría denominada “casas de abandono”: inmuebles añosos en radio urbano que
actualmente cumplen la función de galerías abiertas.
De una única toma, que traspone la barrera de
los 38 minutos, se compone el debut de BS (3/12/21). Dadas tanto la orientación
del colectivo como su génesis, “Casa Del Abandono” tiene mucho de performance
libre, desencorsetada y cómodamente instalada en las periferias del pop
contemporáneo. Ecos de música concreta reverberan a través de las nutridas salvas
de ruidos de naturaleza cacofónica, sobre todo aquellos originados en cuerdas
vocales y gargantas humanas, que inequívocamente remembran el antiarte de Dadá
y de Fluxus. Sin embargo, también hay muchas improntas que remiten a lo que hoy
se entiende por “composición electroacústica contemporánea”: sonidos que
micrófonos de diversa índole han captado, interpolados a partes iguales con
otros cuya ascendencia y tratamiento apuntan a medios digitales.
Entre un ritualismo artístico que mana
surrealista y la apocalíptica filiación avant de un free jazz extraterrestre; la
improvisación de Casa... vacila, con la habilidad de un derviche, sobre
la tenue línea que separa a unos genios del non-sense como los Residents, de una
partida de bárbaros ejemplarmente inhábiles para empuñar instrumentos de
cualquier tipo. Y si bien hacia el final la pieza resiente un poco la
dilatación a que se le somete, quedan en azul las cuentas gracias al desafío de
su propuesta y a su sentido de compromiso con los ideales que ésta ha abrazado -anticapitalismo
y rupturista otredad. Lo triste es no saber si la experiencia de Barricada
Sonora tendrá continuidad o si fenece con el derrumbe de la hegemonía neoliberal
en el espacio sociopolítico mapocho.
En inimaginable giro, la primera entrega de
Música Casual para la peruana SuperSpace Records abandona por completo el cariz
electrónico que le había distinguido durante cinco discos, desde que rompiese
fuegos en ’18 con Untitled (publicado por una label también perucha,
Chip Musik Records). Para el nuevo título, Rodrigo Mardones encomienda el sino de
su proyecto individual a un formato acústico prácticamente al 100% -algo así
como hacerle saltar de ésta a otra realidad posible, sin inmutarse.
Cancionero es un ejercicio de
cinco pistas y media hora de duración, que arranca con “Instrumental 1”... ¡¡¡¡a
golpe de guitarra electroacústica!!!! Del tema se desprende un cierto olor a
folk lo mismo que a la draconiana parquedad de los Low de segunda mitad de los
90s (cf. Songs For A Dead Pilot EP). Lo fi indescifrable en su
achoramiento, la turbiedad que exuda el track se extiende hasta su gemelo y
cierre de jornada, “Instrumental 2” -más cerca éste de la atractiva impericia pedestre
de un Daniel Johnston.
En medio del sándwich, quedan “Gregorio”, “Rumbo
Al Sur” y “En Las Ventanas De Mi Mente”. Tres surcos que se pintan tanto más
prolijos, pese a estar cercados siempre por un recio/reacio minimalismo que me
arriesgaría a calificar de “drónico” -es eso, o la poética sadcore de su
lánguido pulseo guitarrero. El color predominante en ellos es el del indie
noventero con más que ocasionales accesos lisérgicos (“En Las Ventanas...”). El
tempo es similar, como también ese cansino estado de ánimo que a veces nos
podía a quienes generacionalmente nos identificábamos con la “X”, cuando los
últimos diez años del siglo pasado comenzaron a apagarse; y que copa cada rincón
del espíritu de estos surcos.
Interesante que tanto “Gregorio” como “Rumbo
Al Sur” sean sendos esfuerzos por enfatizar la importancia/funcionalidad de las
letras, atributo que hasta ahora el santiaguino no había cultivado, habida
cuenta del perfil previo que el unipersonal esgrimía. En ambos casos, la
composición de las líricas es tributaria del estilo de William Burroughs. Con
matices: mientras que “Gregorio” se apega más a la técnica del cut-and-paste
pletórica en automatismos, “Rumbo Al Sur” literalmente duplica casi cada frase de
la letra, lo mismo que la cantidad de rasgueos por compás.
¿Cambio de paradigma? ¿Transustanciación? ¿O
travesura en plan de diversión/exploración? Mardones tiene la palabra. Un poco
más de filo en la espada, nomás, si es lo primero.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 20 de abril del 2022.)
Nueva antología Buh Records, cuyo nombre ya anuncia
intenciones de enderezar la mirada hacia aquellos/as sobre quienes recae el
futuro de las músicas experimentales en nuestra movida independiente. Inicio
con buen pie, que le aparta del sesgo cansino/reiterativo del precedente Territorio
Del Eco: Experimentalismos Y Visiones De Lo Ancestral En El Perú (1975-1989). Valga la
aclaración, algunos comentarios han incidido en cierta unánime condición bisoña
de los/as colaboradores/as. Apreciación algo inexacta: la totalidad de temas no
corresponde a debutantes absolutos/as -pero incluso las trayectorias de quienes
ostentan cierto kilometraje no exceden el lustro de duración.
Mensajes Del Agua: Nuevos Sonidos Desde Perú Vol 1
arranca aludiendo al líquido que nuestra especie ha catalogado como el solvente
universal. Si piensas en la característica más notoria, su dinámica/informe fluidez,
como que el panorámico queda en debe. Es en las propiedades menos evidentes
-veloz propagación del sonido, alta absorción del calor, elevada tensión
superficial- que se revela adecuado el guiño del título. De entrecortada circulación,
el tape resiste con porfía digna de elogio la tentación de asimilar la abrasión
textural del ruidismo, si bien se vale de su yuxtapuesta/acumulativa dialéctica.
La cinta despliega el lado A y despide el
lado B con dos alias reconocibles del underground perucho: Mauricio Moquillaza y
la hiperprolífica artista escudada tras el seudónimo de Grave For Amanda. El
primero trabaja delicadas piezas de melancólico ambient modular, mientras que
la segunda despacha por igual -también usando los noms de guerre de Ojeras De Damita y Everynell- apacibles suites de melodioso post rock y compactas ráfagas
de reluciente ambient glacial. Uno y otra refrendan background en las
respectivas “Carácter Transitorio” y “Grounds Of Negligence”, así como avisan
acerca de la naturaleza unitaria de cada proyecto que estampa su firma en la
presente jornada.
Como advertía en el primer párrafo, aquí
escuchamos por igual a debutantes relativos/as y a pesos wélter camino de
convertirse en medio. Entre los/as primeros/as se encuentran Isabel Otoya (“Ansiedad,
Futurismo & Incertidumbre”, atonal ventisca non-sense de factura
compositiva contemporánea), Michael Magán (“Quick-A” emula las agudas
vibraciones que emitiría una imposible capa de cristal en permanente ondulación),
#DMTh5 (la inclemente desolación post rock de “En Honor A Los Caídos” es sólo
visitada por vientos sobre los que cabalgan fantasmales psicofonías del ayer),
Lucía Beaumont (extirpándole la furia, la breve “Escondite” se inspira en la
primera etapa de Einstürzende Neubauten para retratar el mugido del simún
percutiendo sobre diversas superficies) y Vered Engelhard. Este último merece
un comentario aparte, por ser “Dirty River” el episodio de Mensajes... cuyas
grabaciones de campo utilizadas dejan por fin escuchar la voz del agua -aunque
tampoco logra permearse de su armonioso discurrir. El número acaba siendo
jaloneado por ¿quenas?/¿pincullos?, mientras el trueno brama en el fondo.
Entre quienes acreditan un mayor recorrido se
cuentan el propio Moquillaza, Ayver (“Reconciliación Con La Vida”, muy en el
estilo neoclásico/electroacústico a lo 4AD ‘80-‘87 de José Luis Arango), la
antedicha Grave For Amanda, Vrianch (el de Víctor Chang es el acto más curtido,
como lo prueba la estética polimorfa de su output electrónico, que en “Brief, Cruel
And Anonymous” emite una leve iridiscencia bliss) y S O A R E R. Este último me
ha llamado la atención por introducir en mi vocabulario dos nuevos términos: “phaserwave”
y “slushwave”. Esos microgéneros no son exactas derivaciones del vaporwave, pero
sí provienen del mismo nicho -las comunidades online de músicos de dormitorio, productores
virtuales y melómanos. “Causa Y Efecto” es esencialmente un asalto dreampunk
que, pese a desentenderse de las programaciones percusivas, no prescinde de la
rítmica. Lo suyo es un ambient de veleidosos medios tiempos aupado por multitud
de plugins VST y phasers.
Artefacto concebido como parte de una serie
producida para la nueva plataforma Centro Del Sonido, Mensajes Del Agua:
Nuevos Sonidos Desde Perú Vol 1 también testimonia el quehacer artístico-sonoro
producido fuera de Lima (Huancayo, Cajamarca, Piura, incluso New York).
Igualmente, el cassette visibiliza el papel protagónico de nuestras creadoras,
antes ignorado. Ojalá iniciativas idénticas, promotoras de la participación
igualitaria y de la descentralización geográfica, se sucedan pronto en mayor cantidad.
(Publicado originalmente el 31/12/09 en El Hexágono Carmesí. Una actualización del texto se colgó por primera vez en mi cuenta
Facebook el 23 de marzo del 2022.)
Aunque ninguno de los protagonistas parece
haber guardado memoria de la fecha exacta, por estos días han de cumplirse -si
es que no se han cumplido ya- 25 años desde que diose a conocer el célebre demo
Compilación I de Crisálida Sónica. Era mayo de 1997 y a través de las
páginas de la legendaria revista Caleta (decimoquinta edición), el crítico
Guido Peláez daba cuenta no sólo de la performance en directo de este frente de
bandas cuyo denominador común era una partisana vocación experimental; sino
también del lanzamiento dos meses antes de la maqueta en cuestión. Treinta días
después (junio), aparecía publicado en las mismas páginas el primer comentario
extenso de un registro que desde entonces permanece como la partida de
nacimiento del pop peruano de vanguardia.
Se dice rápido un cuarto de siglo, y no lo es.
En retrospectiva, sin embargo, da la impresión de haber transcurrido siglos
antes de que acaeciera ese memorable hiato. Antecedentes y precursores/as,
cuyas curiosidad e inquietud les empujaron a trajinar órbitas divergentes a las
del mainstream, no han faltado en el background de la música pop perucha. Eran,
con todo, esfuerzos tan espontáneos como esporádicos y aislados -visiones sonoras
que encendían una chispa tras otra, sin que bastase para incendiar la pradera. T De Cobre, Distorsión Desequilibrada o Ácidos Acme en los primeros 90s. Paisaje Electrónico, Yndeseables o el continuum Salón Dadá/Col Corazón en los 80s. La disgregada generación de compositores electroacústicos en los 60s y 70s (que
tan pop tampoco era, pero que participaba del mismo ímpetu avant garde que izaron
sus pares allende el mundo “académico”). Más atrás, quién sabe -lo mismo que
cuántos proyectos afines a los enumerados y por enumerar habrán germinado y desaparecido
sin legar producción artística alguna.
De ahí la significativa trascendencia de la
que se revisten tanto la -corta- existencia de Crisálida Sónica como el
manifiesto que plasmó, bien en el cassette, bien en las tocadas en que se
prodigó conjuntamente y/o sin aglutinar. Puede discutirse si el colectivo
consiguió articular una escena en torno suyo, si fue lo bastante estable como
para adjudicarle categoría de movimiento, o si de veras fue el primer grito de
renovación sonora al interior de una movida cuyas narices no iban más allá del gothic
o del hardcore ad portas del siglo XXI. Lo que no puede ponerse en tela de
juicio es su condición de catalizador de ese impulso trasgresor que latía en
quienes a la postre serían sus descendientes y le reivindicarían. Aún cuando
convengamos en que existían precedentes o coetáneos, CS fue el primer llamado a
la insurgencia en levantar el estandarte músico-experimental y en ser
reconocido por ello.
I
Como muchas de sus equivalentes
latinoamericanas, hasta promediar la última década de la pasada centuria la
escena independiente nacional siempre había visto mucho hacia afuera y poco
hacia dentro, cosa que en principio no asoma (tan) criticable. Increíblemente,
dicha escena mostró muy pocas veces reflejos de lince para el respectivo
update/calco, teniendo casi siempre la celeridad de una tortuga centenaria, lo
que tampoco es a priori (tan) causa de vilipendio. Esto se hizo más notorio
cuando se trató de decodificar la gigantesca supernova de las vanguardias que
implosionó en los 90s. Nuestros créditos nativos tardaron eras geológicas en
desviar su mirada hacia el shoegazing, el post rock, el trip hop, el slowcore,
el IDM, el drum’n’bass, el noise digital... Lo prueba el hecho de que, recién a
partir del año jubilar, estas expresiones underground se hicieron más habituales.
Por otro lado, y ésta debe ser una verdad en
casi todo campo de la creación y la ciencia humanas, las mutaciones son los
momentos claves de cualquier evolución. Dichos acontecimientos permiten progresar
desde formas primitivas/débiles/sencillas hasta formas complejas/fuertes/sofisticadas.
El proceso de estas transformaciones es normalmente lento -pero, cada cierto
tiempo, la evolución da un brinco impredecible... ¿Fue entonces el combinado
Crisálida Sónica, gestado allá por 1994, el salto cualitativo subsecuente de aquella
devoción que artistas locales profesaban hacia las nuevas músicas llegadas
desde los predios subterráneos de las metrópolis más activas en el panorama mundial?
Lo más seguro es que sí, pues no fue la suya una admiración inane, huérfana de
espíritu. Al contrario, ese fervor empataba con la actitud rupturista tatuada
en la piel de muchos de los involucrados. Al ser personas cuyos oídos y corazones
eran remecidos por grupos como Labradford, Disco Inferno, Pram, Insides, Main,
Bark Psychosis, Spacemen 3, Windy & Carl y Silvania; existía la natural
inquietud de difundir estas nacientes lenguas que se abrían promisorias al
porvenir. Un modo de lograrlo fue a través de las extensas sesiones grupales
que les descubrirían los fuegos de Slowdive, los clásicos del viejo kraut rock,
las glorias de Creation y 4AD, la bullente electrónica de culto que en el otro
hemisferio asaltaba los reproductores de audio...
Otro medio para predicar el novísimo evangelio,
no improbable debido a que este colectivo tenía madera para ello, era recrearlo
con las propias manos. Pero esto no se posibilita sólo con reunirse -acaso- unas
tres o cuatro horas a la semana. Aparte de la crucial centrífuga que fueron los
gustos en común, resulta sorprendente que la génesis de Crisálida Sónica
contara con el plus de individuos que también compartían (mal que bien) un
mismo espacio “físico”. Hace un rato mencionaba a Ácidos Acme. Idos los días de
esa experiencia punk-noise y su veintiúnico demo Estados De Ánimo (1993),
Miguel Ángel “Chino” Burga conoce a Wilder Gonzales Agreda en la sala de
Internet de la Universidad De Lima. En esas épocas, la Red era una veleidad
tecnológica, y quiso la suerte que Burga -a la sazón estudiante de ingeniería-
estuviera buscando sites de The Jesus And Mary Chain mientras Wilder se
encontraba cerca de allí. No es que la agrupación de los hermanos Reid fuera precisamente
una caletura por esas fechas, pero sí un símbolo (o mejor, un santo y seña). Un
breve cortocircuito de opiniones y los nuevos amigos pasaron a hablar de My
Bloody Valentine, Flying Saucer Attack, Füxa, Seefeel y un dilatado etcétera.
¿El año? 1994, como ya se dijo.
Wilder había estado participando de un proyecto
repartido entre los distritos de Independencia y Comas, con tintes neopsicodélicos
y apego por la saga post-Spacemen 3: Hipnoascención. Con el tiempo, Gonzales
Agreda deja a los hipnos para alumbrar al lado de Fernando Ponce Avalonia -que
editó póstumamente un epónimo EP en estudio y el en vivo Frutas Del País De Las Manzanas-, antes de crear Fractal junto al tecladista Wilmer Ruiz
(también estudiante este último, como Wilder, de comunicaciones en la De Lima).
Entonces radicado en Monterrico, Wilmer era vecino tanto de Burga como de los
hermanos Reyes, pero éstos no se conocían con aquél. Es después de las
presentaciones de rigor que Pedro, Raúl y Javier -quienes cocinaban la idea de
un combo (Ente) desde principios de los 90s (hoy ya se puede audicionar online
un tape del ’91 con tomas primigenias de “Raros Presentimientos”, “A Caminar” y
“Piedra Dormida”)- comienzan a manyarse con Burga. Con las relaciones amicales
e “ideológicas” afianzadas, se pasa de las palabras a los hechos en 1996. Pese
a traerse a Catervas entre manos, no son los Reyes quienes dan el play de
honor, sino el “Chino”. Tras descartar el seudónimo de Azul En Silencio en favor
del de Claroscuro, el ex Ácidos Acme cede un tema a Bichos Raros,
compilación con que Caleta celebra su primer aniversario. Noise rock y
etéreo en tajadas proporcionales, “Bajo Tus Sueños” concita cierto interés
entre los que llegaron a escuchar la cinta, mutando rápidamente Claroscuro en
Espira.
II
Luego de un concierto de presentación en
enero del ‘97, último que dio Wilder como Avalonia, el colectivo, bautizado
para entonces como Crisálida Sónica; prende la antorcha con el cassette Compilación
I. Harto generoso en ramificaciones sonoro-artísticas, el registro fue más
bien parco en mostrar nuevas caras debido a la insuficiencia de alineaciones
estables: cuando empieza a distribuirse el demo, a CS ya se habían acercado Antonio
Zelada (como grupo, Resplandor estaba en estado embrionario), Carlos Mariño (en
proceso de consolidar Girálea) y Christian Galarreta (grabando solo bajo el
edificante chaplín de DiosMeHaViolado); pero ninguno de ellos tenía todavía
tropa enlistada. Desde el vamos, Compilación I tiene todas las trazas de
una declaración de principios que convulsiona por igual mar y tierra. En sus sesenta
minutos, violenta el aire con resonancias vanguardistas, desafiando (casi)
cualquier predicción de parte del oyente -todo un uneasy listening trip. Para
obtener un sacudón de tales magnitudes, es indispensable el continuo ensayo, el
ajuste preciso, el entendimiento intuitivo, sacar todo el partido posible a los
equipos y efectos de que se dispone; pero también saber captar/aprovechar lo
que el Azar ofrece a cada instante, perennizándolo en el proceso de grabación. Un
axioma metodológico que esbozase por primera Jimi Hendrix, y que ha sido
aprehendido por gente tan dispar y genial como Miles Davis y Brian Eno.
Las dos caras del demo tienen un mismo orden
específico que va -según se mire- en espiral ascendente/descendente, más el
añadido de una coda que (nos) devuelve al mundo real: arranca el sideralismo
bliss de Catervas, luego el lánguido/etéreo discurrir ambiental de Espira, después
el cacofónico modus operandi de Fractal, y por último el simpaticón/cumplidor
output de Hipnoascención; a tema por testa en cada cara.
La anglófila consonancia shoegazing de Catervas
y Espira induce a un estado de tranquilidad en la primera parte de cada lado.
Si bien “A Caminar” ha sido catalogada alguna vez como el “She’s Lost Control”
de Catervas, la pieza no deja de nutrirse de cierta espacialidad atmosférica.
Ídem con “Espiral Mi Alma” de Espira, que está más cerca de su ágil etapa como
Claroscuro. De cualquier modo, sonando angélicos (“b-2ble-p”) o melancólicos
(“Cielo De Azul Ensueño”), ambos lados/grupos sorprenden al escucha por sus
planteamientos heterodoxos, experimentando con el sonido, envolviéndolo en
diáfanas sedas de ruido etéreo.
Fractal, autodefinido en esos años como “la
dinámica del caos”, marca el punto de inflexión -por contraste, es una experiencia
de visos pesadillescos. Moviéndose entre la psicodelia marca Silver Apples/Red
Krayola, el proto-industrial más denso, la música abstracta/concreta, todo presurizado
bajo enfoque aleatorio; Wilder y Wilmer -ayudados por Hugo Medina, de Hipnoascención-
entregan “Oh, Dios!” y los 11 minutos de “Etersónico” colgándose de las teorías
minimalistas/maximalistas de Sonic Boom (ícono indiscutido de WGA). Rebasada
esa cúspide/sima, Hipnoascención no puede apreciarse sino anecdóticamente. Más
tirado para el lado “melódico” de Spacemen 3 (léase Jason Pierce), lo suyo (“Alma
De Neón”, “Mística Creación”) revitaliza al oyente tras el fierrazo que implica
cada lado, sin llegar mucho más allá. A pesar de mis objeciones personales para
con estos “primerizos” Hipnoascención, he de admitir que los cuatro
destacamentos de Compilación I saltaron a la palestra varios cuerpos por
delante de lo que entonces se hacía aquí -con excepciones como las de El Aire o
Insumisión, aunque ése ya es otro rollo.
(Porque, si bien es más estéticamente interesante,
Crisálida Sónica no fue el único manchón que se aproximó entonces al Ruido.
Hubo otro igualmente importante, aupado por Leonardo Bacteria y los músicos
electrónicos abroquelados en derredor de otra interesante cinta de escaso
tiraje, Estudios Embriológicos De Deformaciones: Compilación
Ambient/Industrial/Noise Peruano. Para su justa reivindicación, se deberá esperar
a que el título aludido esté cuando menos disponible en formato digital.)
Las caras A y B no se agotaban en las
participaciones de cada protagonista, sino que eran rematadas con trozos
inacabados, restos de composiciones no finiquitadas, esquirlas de adelantos. El
primer fragmento del lado A, por ejemplo, exhibe una insólita veta de vaporosa
nostalgia en Fractal (“Mis Lágrimas En Tu Rostro”). El segundo fragmento
presenta el despegue -¿en directo?- de “Clave De Ángeles” de Catervas, que
aparecería más tarde en su maqueta del ‘98. El sexto fragmento, de los
desaparecidos Avalonia, se asemeja bastante a “Cíclica” de Catervas (una
extraordinaria toma live de esta última pista se publicó en Audición Radical -1997-, conmemorando el segundo aniversario de Caleta). Mención
aparte merecen el quinto fragmento del lado A, una escarapelante versión alterna
de “Oh, Dios!” de Fractal, y los dos fragmentos del lado B, cortesía de Espira
-un geiser de éter el primero, un océano de ambient enoidal el segundo.
Contrario a lo que pudiera suponerse, aún hoy
la estela de Crisálida Sónica no es mesurable en términos mediáticos, ya que su
propuesta misma dificultaba un acercamiento más -digamos- mayoritario. El guapeo
de su cachetadón debe medirse según las rutas que abrió y que, eventualmente, atravesaron
muchos de sus hijos -directos o indirectos, legítimos o bastardos. Ambos
componentes de su legado -caminos y proles- están indisolublemente ligados a la
movida independiente peruana, que siempre ha tenido cerrado el acceso a los
medios masivos de comunicación.
Compilación I levantó una oleada
independiente de grupos/proyectos que tuvieron mucha actividad en vivo, algunas
veces compartiendo tabladillo con la mancha crisálida, pero poco legado en
estudio. Acabado el sueño de Espira, Raúl Ochoa fundó M.A.R.U.J.A. al lado de
Manuel Rodríguez (homónimo del infame cura lavacocos que aspavientaba a fines
de los 90s por el canal del Estado). Derruida la utopía de Avalonia, Fernando
Ponce se enfrasca en el unipersonal Labioxina, que alcanzó a colar “Are You Foam?” en el recomendable recopilatorio Solutions & Remedies (1998, orquestado
en el exterior por la discográfica Claire Records). Ponce confirma la grabación
de un extended play del que ni siquiera él guarda copia ni archivos, y que
actualmente se considera perdido. De esa época también datan Bosques De Dios,
Gélida (formación más a lo Main, de la que emergería Transparente), Girálea,
Raúl P.R.I.V.A.T., Laiqa, X-Dios-0 (pronúnciese “pordiosero”), DiosMeHaViolado
(que derivase en Evamuss), Lunik y Polaroyd. Otros actos destacables son Ionaxs,
Triplex-B-Magnafusa (cuyo nombre César Alcázar reduciría a Magnafusa) y los
estupendos Jardín del período ’99-’03. De todos ellos, sólo la mitad entró al
estudio a grabar más de un par de canciones.
III
Paradojas de la vida, las virtudes más señera
de Crisálida Sónica fueron también sus mayores enemigos. La convivencia en
armonía no alcanzó a perdurar para unir a los componentes del colectivo por
encima de posiciones estilísticas encontradas. En el corto documental Espira: Una Conversación (2015), Miguel Ángel Burga y Aldo Castillejos coinciden en
señalar un viaje a la zona de Huaraz (Ancash) como punto culminante de la
experiencia en comunidad. A partir de ese episodio, las grietas comenzaron a aflorar
en la superficie. Por otra parte, el cariz inclusivo de la empresa, que le llevó
a moldear elongados tapices minimalistas de cambiante color, obligó a los
participantes a renovarse casi literalmente a diario -circunstancia que abortó
el proyectado Compilación II y disparó los pedazos en direcciones no
siempre coincidentes.
Hacia el 2009 empezó a difundirse en la
blogósfera Bajo Tus Sueños EP, debut de Espira que circuló entre los allegados
a Burga un año antes de Compilación I. Los primeros pasos que pueden
considerarse “oficiales” de Espira, empero, los dio el demo Electr-Om
(inicios de 1998), en una onda dramáticamente distinta a lo antes expuesto.
Kraut, post rock y hasta coqueteos con el prog; envasados al vacío y a
temperatura cero, en una hora que entierra el ensoñador feedback de las
jornadas en el capullo metamórfico (que sí documenta el EP). En años sucesivos,
la cosa se pondría más radical con La Ira De Dios, entente de psicodelia dura
que, de tan agresiva, suena a ratos a Motörhead; amén de declaraciones
estigmatizando la flama shoegazing de Espira como “mariconada jodida” (sic).
Miguel Ángel se ha mantenido activo desde entonces con infinidad de proyectos:
La Garúa, 3AM, Necromongo, Ande...
Fractal unió fuerzas con Evamuss para el
split Alustru(Bla)³ (1998), inquietante coctel de aridez y de punzante dub.
A poco de finalizar el año, Fractal se estrena con un demo epónimo que se
cuenta entre lo mejorcito que jamás se haya hecho en estos lares. Desafortunadamente,
fuera de “Mis Lágrimas En Tu Rostro”, que ya venía anticipada en Compilación
I y que aparece completa en el compilado Las Estrellas Están Tan Lejos
(SuperSpace Records, 2004), contados son los testimonios que dejó Wilder
enfundándose esa piel. La vida después de Fractal trajo a El Conejo De Gaia (3
producciones, de las que prescribimos Esperando Que La Luz Retorne,
2003), cuchumil proyectos/registros (Ultravelvet, Cono Norte 3, Martelenor, La Confitería Es La Mejor De Las Religiones) y a Wilder recuperando su nombre
civil.
Catervas abandonó el rígido encorsetamiento
avant garde para tentar un cómputo más cercano al rock independiente. La jugada,
precedida de un tape epónimo cuyo primer lado no ignoraba los 80s, le dio
copiosos frutos en una puesta de largo “oficial” asimismo epónima. Sin duda, Catervas
seguirá siendo para mis adentros la mejor placa peruana del ejercicio 2001.
Después del baldazo de agua helada de Semáforos (2004), los mandos volvieron
a responder con Hoy Más Que Ayer (2008). Tras Aquella Luz Que Encendimos:
1990-2009, compendio de rarezas, inéditos y “digitalizaciones” que festejaba
sus dos decenios de existencia -y cuyo mayor atractivo es el de repescar varios
temas del demo del ’98-; y el cumplidor Lo Que Brilla En Tu Paisaje (2014),
la aventura de los hermanos Reyes completó del todo la metamorfosis con un
apoteósico Los Cielos Vuelan Otra Vez (2018).
Últimos en acribillar el sueño comunal, los
díscolos Hipnoascención dieron un primer paso que alargaba lo practicado en el
compilatorio del ‘97. A ese epónimo debut (1999), le sucedió una maqueta de
space rock que, sin llegar a logro concluyente, los mostraba depurando la
tutela de Jason Pierce: Mixtura (2000). La conversión a códigos
neopsicodélicos de marca Manchester se produjo -ya bajo formato CD- en UI-SEC/ÚltimaSecuencia (2005), y quedó refrendada con un nuevo epónimo (2008) que a día
de hoy sigue siendo su canto de cisne.
Como puede deducirse, Hipnoascención y
Catervas son los dos únicos grupos de Crisálida Sónica que aún respiran. Mas, a
diferencia de Catervas, que ha hecho meritoria carrera en los terrenos del
indie rock lejos de las coordenadas visitadas por Electro-Z, Abrelatas o
Kinder; el andar taciturno de los longevos Hipnoascención tiene un valor agregado
del que la banda de los Reyes carece: su persistencia los convirtió en el
avatar del psychedelic space rock patrio, inspirando a varios grupos -Leche
Plus, Pastizal, Transparente, Sounds Of Salomón Jedidías & Space Rock, lo
mejor de Les Replicants. Además, en sus filas batalló Danny Caballero, que luego
insuflase Audiogalaxia y Paruro, nombres básicos del ruidismo digital lorcho
más inclemente.
IV
El nuevo milenio ha resarcido la herencia de
Crisálida Sónica, proveyendo combos que apuestan por la más férrea heterodoxia.
De las cenizas de Girálea, Espira y H.A.L., Aldo Castillejos y Carlos Mariño
cuajaron primero Qondor y luego la excitante aventura ácida de Serpentina
Satélite. Qondor, es más, ha conocido una vigorosa segunda vida reconvenido
como Culto Al Qondor (con Miguel Ángel Burga y José Antonio Flores). César
Alcázar guardó en un cajón el marbete de Magnafusa y se reinventó como Las Vacas De Wisconsin en comandita con el ex Espira Renzo Lari, maravilloso
ensamble que nunca pudo concretar rodaja propia (“la banda que nunca fue”,
todavía la llaman algunos/as). Influenciados por la etapa post-Crisálida Sónica
de Espira, Carlos Torres y Ronald Sánchez propulsaron como Altiplano un excelente
La Corte Cósmica (2005). A la par de Altiplano, Sánchez ha desarrollado
una notable carrera como compositor de música para instalaciones/exposiciones
temporales y permanentes de índole cultural. Y Elegante e Ida abrazaron de lleno
los feudos IDM. Eso, para no explayarme con la camada electrónica de La Oroya (Huancayo),
hijos confesos de los pioneros sónicos: Xtredan, Colores En Espiral, Alcaloidë,
Corazones En El Espacio, Invisible Ambiente... -algunos de estos sucesores se trasladaron a Lima y
fundaron Chip Musik Records, principal proveedor de electrónica post rave para el
circuito independiente peruano. O con unidades como The Shego, Pez Plátano, Quilluya,
Piloto Copiloto, La Vie, The Electric Butterflies (primera referencia perucha
nada menos que en la impecable revista británica The Wire), Fiorella16, Nahunoise,
El Divino Juego Del Caos, Registros Akásicos (Castillejos), NRA Ruido, The Peruvian
Red Rockets, Metástasis, Sajjra (Galarreta), Kusama, Parahelio...
En el ocaso de los 00s, alguien habló de la
necesidad de una Crisálida Sónica 2.0. La idea no era descabellada, pero
tampoco instancia imprescindible. Las circunstancias han cambiado: ahora Internet
facilita un efecto viral a escala planetaria, público no falta, cualquiera
puede apertrecharse de equipos como Dios manda... Y si uno/a echa dos o tres
vistas al patio, siempre encontrará, en más de un lugar, a gente en constante
nado contra la corriente. Más que todas las anteriores, quizá sea ésa la mayor
consecuencia que provocó con su verbo y sus actos una estirpe de solitarios hace
25 años. Razón de sobra por la que siempre hemos de estarles agradecidos/as quienes
consideramos a la Música realidad primera y última de nuestras vidas.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 25 de agosto del 2021.)
#AguanteChile.
Poquísimas son las bandas binacionales de las
que llego a tener noticias, estén a este lado de la frontera o al otro, en este
hemisferio o en el otro. De ese reducido universo, tres de ellas han aparecido
en Chile -y de estas tres, dos cuentan con al menos un integrante de
nacionalidad venezolana, lo que proporciona una idea de la real magnitud que
alcanza la diáspora llanera: Efecto Violeta y Templos Lejanos. A la primera,
algunos de cuyos miembros tuvieron un fugaz paso por Lima, ya aludí al escribir
sobre la compilación Geometría Subterránea: Compilado Post - Punk Chile
(2019).
Toca hoy hablar de la segunda. Templos Lejanos se forma en el país de la sopaipilla y la cueca a fines del 2018. Meses
después, el ingreso del chileno Jonathan Urra (bajo) convierte al trío de su
compatriota David Hernández (guitarra) y de los venezolanos José Chirinos (voz,
guitarra) y Carlos Colmenares (batería) en cuarteto. Con esta alineación es que
se graban los singles virtuales “Mar” y “Cintas Viejas”, precedentes a la aparición
de su primer EP, Carrusel (abril del calendario en curso).
Tirios y troyanos han dado cuenta de las
cepas shoegazing y post rock cultivadas en la música que TL dispone para el
extended. Esa apreciación, a la que le falta enfatizar que se trata de lo que actualmente
se entiende por post rock, es correcta. Lo que no me queda claro es por qué el
grupo prefiere transitar la cuerda floja que débilmente separa al dream pop del
sonido que codifican Friends Of Dean Martinez o If These Trees Could Talk, si
en sus primigenios singles le fue bastante bien enfocándose en el baggy.
Asaz lejos de encallar, Carrusel EP da
la impresión de ser un registro cuya taciturnidad sólo atenúa el correr de los
minutos, y éstos apenas llegan a los 22. El hibridaje de la apertura “0”, por
ejemplo, remite ciertamente a Sigur Rós y a Mogwai tanto como a Pale Saints y a
Chapterhouse; pero la alusión a estos últimos se entiende al desmontárseles la
distorsión. Aunque la variable shoegazing se robustece a cada paso, siempre
comparte escenario con el post rock: en los primeros tramos de “Carrusel” y del
instrumental “Nada”, ondea la bandera de la aridez textural, de la iteración
tímbrica y del laxo minimalismo; reservándose para las segundas partes la
supremacía del pedal.
El punto de apoyo sobre el que Templos
Lejanos puede crecer es la nostálgica “Ruinas Del Sol”, equilibrio casi
perfecto entre uno y otro género, reforzado por esa ascendencia paulatina del
noise que subrayaba en el párrafo anterior -y rubricado por la feliz
participación de Migliz Mena, vocalista del ¿desaparecido? combo venezolano
Días De Septiembre (que editase los apreciables LPs Días De Septiembre y
Terminal), quien además ha colaborado en tierras meridionales con Rimbaud
Sin Cigarros e inaugurado carrera solista (Migliz, 2020).
Se tomó lo suyo la gente de Tobías Alcayota para
volver a los lanzamientos tras el retorno que marcase Maleza Bar (2015).
Podrías fantasear con que esta demora quizá se deba a los inimaginables
recovecos y ardides que sortearon en el lugar donde el trío parece haber residido
durante estos seis años, lugar aludido al bautizar el nuevo trabajo -pero la
verdad es que El Triángulo De Las Bermudas comporta un/otro arrebatado(r)
golpe de timón al insólito frikismo entre absurdista y kafkiano del Algo De Noche En La Isla (2002), episodio de la terna que pronto cumplirá su
vigésimo aniversario. Basta con escuchar las primeras notas de la placa para
darse cuenta de que ésta no tiene el menor empacho en hacerle honor a su
nombre.
Jorge Cabieses, Marcelo Peña y Jorge Cabargas
vuelven a vestir, entonces, la piel del mismo viejo Tobías Alcayota que hemos
conocido desde Omi (1999). Frecuentemente, ello comporta un alucinado
trip 50% histérico humor inefable/50% dadaísmo pánico. Hay algunos detalles
innovadores, no obstante, que complotan para perfilar lo que juzgo es el
concepto del álbum -un macabro elogio a la insania en clave pop. Los guiños
indiciarios a films como Return Of The Living Dead (“Horóscopo”) o Blade
Runner (“Ají Souvenir”, aunque aquí es más la machacona línea de teclados
arrancada a un Vangelis en mal viaje de ácidos que una cita textual) y la
concomitante devoción profesada a The Residents que circula como nunca antes por
los vasos capilares de la mayoría de cortes, inclinan a ETDLB hacia escarapelantes
cotas de locura que antes el terceto sugería sin exhibir en todo su extravagante
esplendor.
Esto no lo digo influenciado por temas como “Témpano”
o “Embrujada” (de sibilantes voces femeninas/incorpóreas/ininteligibles), plegarias
notoriamente dedicadas a las “artes negras”. Lo digo en atención al grueso del
resto del repertorio, al que sacuden sintetizadores vintage en plan ritual
blasfemo (“La Medusa”), violentos contrapuntos armónicos que optan por atmósferas
en semipenumbra -“Ají Souvenir”, la lúdica enloquecedoramente horra de “Oráculo”
(el video es tremenda pasteleada), los exasperantemente rechinantes vientos de “Tarka
De Neptuno”, soplados por los ¿flautistas?/¿quenistas? que acompañan al Primordial
prisionero del Caos, el dios idiota Azathoth...
Justamente estas galernas y voces chillonas, marca
registrada del casi treintañero trinomio, han sido enfatizadas al punto de
sugerir un inusitado nuevo vigor. Las destempladas vocales de la electrónicamente
iterativa “Mundo Cruel” o los pitidos insufribles de “El Lago Misterioso” -el script
de una bretoniana película non-sense- producen el mismo efecto entre ridículo y
tétrico que imprimiese a sus mejores jornadas TA, amparado en la estela de ilustres
dementes como The Residentes o de Los Iniciados (sus equivalentes hispanos).
Terror B en fase surrealista practicado por
delirantes acólitos de Pan, o también kraut rock retrofuturista de una realidad
alternativa donde el frenesí, la enajenación y la psicosis dirigen los destino
de la especie humana; El Triángulo De Las Bermudas se halla más cerca
del miedo atávico a lo H.P. Lovecraft que al jump scare del celuloide de
nuestros días. Y ni su número más convencional, que da nombre al plástico, es
capaz de apartarle media micra del Lado Oscuro.
A influencia cristiana, tanto los panteones
grecorromano y medio-orientales como los animismos de sociedades más primitivas
fueron convirtiéndose en sinónimos de abyección, barbarie, maldad y perversión.
Debieron transcurrir siglos antes de repensarse las fenomenologías de estos olvidados
cultos, diferentes en parafernalia y formalismos a las religiones reveladas,
pero muy similares a éstas en lo tocante a contenidos. Y ya que en todos lados
se cuecen habas, así como los credos abrahámicos y compañía venían en “digipacks”
junto a sus correspondientes heréticas antítesis, estas antiquísimas
cosmogonías engendraban por igual ascetas iluminados y torvos hechiceros. De ahí
que se pueda hablar de un paganismo apolíneo y de otro dionisíaco -reencarnado
este último, espero que únicamente por el lado estético, en grupos como Stalaggh
o las aterradoras Aghast.
No sé si de veras Imbaru reencarne el ideal religioso
apolíneo de la antigüedad clásica y/o su equivalente tribal araucano/diaguita/rapanui/caucahués
(táchese/reemplácese lo que no proceda), aunque todo apunta a que sí -se declara
en su BandCamp, de hecho, entidad panteísta y mística. En realidad, no sé casi
nada de Imbaru, y dudo que sean muchos/as quienes puedan decir lo contrario.
Este acto individual es sacado adelante por Caminante Silencioso, enigmático
músico originario de la zona campestre de Casablanca (comuna de Valparaíso), quien
sólo baja a los centros urbanos por presentaciones y compromisos previamente coordinados/asumidos.
A despecho de sus diez años recién cumplidos, tiene igual número de referencias
publicadas, incluyendo dos EPs y su entrega para este año, Acacia Caven.
La prolificidad es, pues, una de las virtuosas
peculiaridades de Imbaru. Otra, no menos interesante, es la flemática pero constante
maduración/transformación de su corpus sonoro: de piezas idílicamente rústicas,
abiertas y llenas de luz, la poética de CS ha evolucionado hacia parajes más
agrestes o sombríos, sin abandonar las praderas silvestres, las encrespadas quebradas,
la peñolería infinita de montañas y cordilleras; que enmarcan su hábitat. Asimismo,
es necesario destacar el protagonismo central de la guitarra en esta historia,
toda vez que el sonido Imbaru es acústico casi al 100% -ocasionalmente pueden
escucharse otros instrumentos, como el bansuri (flauta traversa indo-paquistaní),
el bombo leguero, el violín o el piano; convertido este último en la médula de Sesiones Oníricas, uno de los dos volúmenes que el sureño publicara en el 2015.
Justamente en “Acacia Caven III: Serenidad” y
en “Interludio: Bajo La Sombra De Un Quillay”, el piano se deja escuchar en bucólica
ejecución, precedido por ruidos captados en bosques esclerófilos (de vegetación
xeromórfica), abundantes en Chile y a los que está dedicada la rodaja (“acacia
caven” es la denominación científica del espinillo, también conocido como
espino o aromo). Incrustadas, estas fragmentarias grabaciones hacen las veces
de evocativos interludios entre new age y enoidales. Verdad que siempre han apuntalado
la naturaleza rural de las creaciones del músico (el rumor del viento en “Espejos
De Agua”, de El Inherente Sentir De Los Árboles, 2015), pero en Acacia
Caven su empleo les hace recurso común: trinos de aves y el estrépito de la
lluvia al caer (“Outro A Acacia Caven”), la jubilosa “comidilla” canora
dispuesta como las grecas de un prefacio (“Acacia Caven I: Fragilidad”), el
sedante sonido del agua que fluye alborozada (“Acacia Caven II: La Llegada”)...
La principal fuente que alimenta esa
naturaleza rural, empero, es resultado del reprocesamiento del neofolk europeo.
Se siente más como un folk oscuro, padre de melodías no totalmente apacibles,
en cuya geórgica melancolía se cuelan extrañas digresiones armónicas. Ayudado
durante el maelström creativo por un ambient acústico minimalista y por una world
music de ascendencia neoclásica, ahora Imbaru parece tocar sólo para que Natura
le escuche, entienda y disfrute. Su solemne paganismo pastoril es el que
escucharíamos de unos Dead Can Dance con sabor mapuche. El novedoso plus de una
inalterable percusión al ralentí que remite instantáneamente a la chacarera,
hace de Acacia Caven la obra más versátil del autor, tan proteico como
un derviche para sortear el asedio incluso de la prensa especializada
independiente.
(Publicado
originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de enero del 2021.)
LOS DISCOS PERUANOS DEL 2020 QUE NO ALCANCÉ A
RESEÑAR (I)
A propósito de Félix Pineda Méndez y su
pernicioso accionar usando la chapa de NRA Ruido, una de las propuestas más
irritantemente noise de Ari Quepay -ciudad donde este limeño lleva ya tiempo afincado-,
me fue dada a conocer la historia (detrás) de Hongoz En El Zerebro. Ese extinto
septeto capitalino subsistió entre el 2010 y el 2013, abandonando rara vez la
perdida sala de ensayo en la urbanización Santa Beatriz (Lima distrito) que le
sirviese de hábitat. Uno o más ex integrantes crea/n la respectiva página Facebook
a fin de preservar documentación sobre la desaparecida entidad, puesto que ésta
jamás editó de manera oficial. Videos de performances o acompañados de pistas
de audio recuperadas constituyen, en esencia, el material de que se alimentan esos
posteos.
Cuán grande fue mi sorpresa, ergo, al hacerse
de dominio común en diciembre el postergado testimonio del combo que formasen
Pineda Méndez, un tal “Primo” Mujica, André Cabriñara, Alonso Barrios, Pier
Gutiérrez, Frank Hernández y Jhonny Gamarra. La gracia se la debemos al
characato por adopción, que en el 2016 encontró en el cuarto que ocupase hacia
el final de su estancia en Lima La Horrible la grabación en cinta de un ensayo.
El 29 del aludido mes, el material es subido a Internet desde el BandCamp de Capitán Mou, label de Zárate -provincia de Buenos Aires, Argentina, a orillas
del Paraná.
¿Y se confirma la leyenda negra que envuelve
a HEEZ? No exactamente. Si el post punk '78-'84 soportara la descripción de criatura
de un solo cuerpo y muchas diferentes testas, rumores y audiovisuales sobre el fantasmal
grupo invertirían esa figura, trazando desde una única desmesurada cabeza múltiples
cuerpos en jodida convergencia hacia ella. Pese a que algo de eso tiene Beatriz Grau, luce de manera mucho menos caótica que la que cabría presuponer.
Entonces, ¿leyenda urbana? Para nada. No
olvides que ésta no es una recopilación de tomas registradas caseramente en
diversas fechas, sino el repertorio completo de un ensayo que sobreviviese de
milagro. Lo que el registro corrobora es que Hongoz En El Zerebro se escurría
por las cavidades más miserables, turbadoras, abyectas del post punk clásico. Sobre
todo durante la segunda mitad -“HERZA”, “CHAPTER”, “ARGA”-, se advierte un
estado mental colectivo en permanente colisión, un estilo de sofocante y
agresiva tosquedad, un sonido intrínsecamente masivo. O también: la obra de
unos Chrome latinoamericanos en mal viaje, llena de torvos latigazos de ruido,
de voces en incesante agonía que sólo atinan a emitir gritos lacerantes (“AAC”,
“GRIMA”, “AAB”) -y que condescienden a perorar “1, 2, 3, va” con el único
propósito de que las manos se autosaboteen yendo en la dirección más opuesta,
cada par por su lado.
Inhóspita, intensa y asesina la experiencia
que ofrece Beatriz Grau, sí; y con todo, apenas representa la cara más
limpia de los siete de Santa Beatriz (cf. los videos rescatados en Facebook).
Cosa juzgada es que, tras Lima De Blue
(2017), Miguel Elescano ha volcado todo esfuerzo en pro de su alias más connotado
-el de DJ Locopro. Con esa denominación lanzó en el 2018 los títulos Digital Avenida (mayo) y Designer Music (noviembre), amén de Recuerdos Atmosféricos
en octubre del 2019, todos ellos de aliento prolongado. Ya en el 2020, el
músico confirmó su prolificidad con El Ritmo De La Mente (marzo) y Madrugada
De Laptop (agosto), este último un EP.
No puedo hablar por los demás como sí por Madrugada De Laptop. El extended atestigua un vuelco del equilibrio mostrado en Lima...:
si antes la electrónica que restalló tras la declinación del fenómeno rave se
imponía con alguna ventaja a su ascendiente house, en Madrugada... compruebas
que Locopro prefiere ahora la dulce austeridad casi draconiana del sonido forjado
por el binomio Chicago-Detroit. Siempre lo ha preferido, en realidad, sólo que
antaño el puntillazo de remate a sus creaciones tenía más del abigarrado
detallismo propio del canon IDM británico. Si bien el intelligent techno
todavía aflora en “Goodbye Drugs” y la viñeta epónima, lo hace por interludios.
Predominan durante los 21 minutos de MDL EP, pues, los four-on-the-floor,
los claps, los hi-hats semifuertes, las inalterables/invencibles líneas de bajo,
los BPMs tentando de continuo saltar la barrera de los 132...
Cierto que para la tercera década del siglo
XXI el house y derivados ya no resisten que se les etiquete como “músicas de
avanzada”. Considerando que el poder evocador de imágenes neofuturistas que les
fuera concedido por la cepa acid funk sigue intacto, ¿importa eso algo? Frutos como
los de “Perfecta Sintonía” o de “After Hours” no se cansan de responder
negativamente a esa pregunta.
El consumidor informado de la movida
independiente nacional sabe que no se ha consumado la disolución oficial de La Ira De Dios, aún cuando asimismo sobreentiende que el vitoreado trío se
aletargó tras Perú No Existe (2012), último de una fantástica serie de
LPs que despegase con el majestuoso space post psicodélico de Hacia El Sol Rojo (2003). A posteriori, Miguel Ángel Burga priorizó muchas de sus otras identidades,
de las cuales he dado cuenta parcialmente en este espacio (Culto Al Qondor,
Ande, 3AM).
Durante el 2020, el grueso de la prensa
especializada se hizo eco de la efímera resurrección de la banda con un nuevo EP
que sumar al Horror City 3 (2009, apéndice vinílico del Apus Revolution Rock). Anuncio bastante peculiar, porque en realidad fueron
cuatro los extended eyectados a lo largo del año pasado: MMVIII (Sesiones Cosmos
Kaos Destrucción) EP, Woman (Peruvian Psych Garage Rock With Punk
Attitude) EP, 5 Segundos (High Octane Dirty Raw Rock'N'Roll In Mono From
Lima, Peru) EP (fue éste el voceado) y Lima Is A Punk Rocker (Garage
Dirty Rock'N'Roll In Mono From Peru) EP. Colgados todos en el BandCamp de Re-Psych-Led Records, estos artefactos repescan cronológicamente material que dormía el
sueño de los justos en el archivo de Burga. A despecho de la diversidad de matices,
los trece canales de este corpus liberado se mueven dentro de las fronteras
estilísticas que la terna cimentó y ensanchó con kilometraje y experiencia.
Existe, por ende, un limo nuclear común a ellos; sazonado de stoner, psicodelia
garagera, actitud punk y hierbas similares. Según cada EP, se ponderan tales o
cuales ingredientes -y sus subsecuentes cruzas...
La producción de Hermann Hamann, por ejemplo,
le saca lustre al stoner psicodélico que pululaba en Cosmos Kaos Destrucción
(2008) para trasplantarlo al MMVIII... EP, cover de Narcosis incluido (“Destruir”).
Éste es, además, el único plástico de los cuatro en el que aparecen tanto Hamann
como el baterista Enrique De Vinatea. Para los tres siguientes, la alineación
de LIDD -Burga en voz y guitarra, Carlos Vidal en voz y bajo- cierra filas con
las baquetas de Pepe Abad.
“Woman”, soundtrack seleccionado para la
serie Interrogation (primera temporada, tercer episodio), orquesta el
extended homónimo junto a “Ron De Quemar” y la emputada revisión de Discharge (“Society’s
Victim”). El EP (es Máxima Acuña la que aparece en portada, símbolo de
resistencia contra el abuso/la prepotencia de las grandes corporaciones mineras)
discurre anegado de punk psychobillesco y adrenalínico rock de garage -cada pista
es una contundente sacada de mierda, sobre todo la titular. Igual de intenso es
el 5 Segundos... EP, aunque aquí cortes como “Asco” y “Cólera” proponen
un híbrido stonerbilly con accesos beat y de encendida iracundia punk.
Breviario a medias sucio rockabilly
arrabalero -“Maldito En Cervezas”, “Lima Is A Punk Rocker”- y psicodelia
beat/punk -“I Wanna Get High”, el instrumental “Caronte”-, Lima Is A Punk
Rocker... EP rubrica el status de La Ira De Dios como extraordinaria entente
perpetradora de stoner rock/punk psicodélico/garage spacebilly, a contar entre
los créditos peruanos más talentosos del nuevo milenio; a la vez que le pone
punto final a su trayectoria. Momentáneo, espero: algún día volverá en regla y encenderá
nuevamente la mecha del éxtasis interminable del Armagedón.
Gustavo Santaolalla y la de gente que defendió
su bodrio Rompan Todo, provenientes del establishment y del underground
de la región, deberían ponerse en cuatro de la vergüenza por -entre otras cosas-
la afrentosa “coronación” de Andrea Echeverry como el “futuro” de la participación
femenina en el panorama pop/rock/electrónico latinoamericano. Al margen de los
méritos que se le quieran reconocer, la colombiana lleva ya por lo menos 3
décadas haciendo música. Así es difícil hablar de futuro, ¿no?
Ese Futuro les pertenece a Emilia Bahamonde (Ecuador),
a Naty Lane (Chile), a Silvana Tello (Perú), a Ana María Romano (Colombia), a
María Emilia Pérez (Venezuela)... Y a Dafne Castañeda también, por supuesto.
Esta joven limeña, me dicen que norconeña por añadidura, se estrenó a principios
de diciembre con la que de todas maneras debe ser la sorpresota del 2020 en el
plano local. Posguerra es una soberbia jornada de lo que todavía hoy puede
catalogarse como avant pop. En sus siete episodios, la novel compositora entroniza
como columna vertebral del disco un pop melancólico donde no son infrecuentes
deliciosas hipérboles como “Puede Más El Tráfico De La Ciudad/Ser Más
Paciente Que Yo Ahora” -para quienes han paseado bajo los cielos de la capital
peruana, la validez de este pareado es tan luminosa como el sol que nos cuece en
verano- o “Pierde Forma La Más Dura Roca/Se Derrite Feliz”.
No menos decisiva, empero, es la armadura de la
que se provee a Posguerra -un exoesqueleto de trinosonidos digitales y
borborigmos electrónicos, que acentúa la sensación de constante fragilidad y de
(con)tener las emociones a flor de piel. La conjunción se fructifica en una suerte
de glitch pop triperazo, algo reminiscente del Like Weather (1998) de
Leila -mientras muchos le consideraban IDM, a mí siempre me supo a trip hop-, con
la salvedad de que lo hecho por Castañeda asoma versión corregida y aumentada
de aquella vieja referencia.
Canciones vibrantes como las magníficas “Antes
De Nacer”, “Yo Ahora”, “Lo Digo De Verdad” o “Frío 2020” (donde la cantautora
se desarma/desangra sin ensombrecer la melodía); pasan a engrosar los recuentos
anuales de aciertos definitivos adjudicados a las huestes nacionales autárquicas.
Y aún así, marchan por detrás de “For No Long” y de “Si Alguien Pregunta” -sobre
todo la última: adelantada como single en abril, su asociación de vernácula percusión
folk y brillante envoltorio binario me hace pensar en una Björk realmaravillosa
post-Telegram, que después extiende su manto de plumas hasta el último
acorde de la rodaja. Subyugante.
José Gallo conmemoró el año pasado las dos
décadas acaecidas desde su entrée como Theremyn_4, cuando Fluorescente Verde En El Patio (2000) sepultó los vestigios de sus días en Huelga De Hambre y
le granjeó una segunda vida artística. No por nada se estima a éste uno de los
debuts más notables que acunasen los circuitos peruanos off-mainstream.
(Lamento, eso sí, que nuestra amistad no
alcanzase esa misma cantidad de años. Conocí a José gracias a Fluorescente...,
y desde entonces nos hicimos cercanos. Pero luego de analizar con una mano en el
pecho su discretísimo Lost Moments (2018), mediante el único texto redactado
en medios locales señalando sus falencias, el músico decidió eliminarme de sus
contactos. Aunque lo deploro, no me arrepiento de lo que hube escrito: la honestidad
antes que todo.)
Fluorescente Verde En El Patio Remixes no es la primera jugada
de esa laya en la historia de Theremyn_4: aparte del Peruvian Remixing Co.
(2004), está el fresco antecedente de Remixed Moments (2019). De éstos,
es el último el que se concibe pensando en remezclar el track list de un trabajo
específico (Lost Moments).
Similar es la gracia del Fluorescente... Remixes.
O debía serlo en teoría. De los 14 surcos originales, dos no han sido considerados
para la re-creación de rigor -uno de ellos (“La Insoportable Levedad Del Chamán
De Amplitud Modulada”) es un efímero sampleo de 35 segundos, al otro (“Proyecto
Echelon”) no le encuentro ninguna razón para exceptuarlo. En lugar de ese par,
se cuelan dos remezclas de “Carmín Ciclón”, “Al Fin Te Encontré Mañana” e “Intraterreno”;
alcanzándose la cifra de 16 tracks con la adición del remix de “Ruido Naranja”,
tema que permaneció inédito hasta que se le subió a SoundCloud con nueva mezcla hace 4 años (y cuya inclusión aquí parece confirmar que siempre se trató de un outtake
del Fluorescente...).
Separo ahora la (poca) paja del grano. Y por
(poca) paja me refiero a aquellas reelaboraciones que se descubren demasiado
respetuosas de los moldes primigenios. Es el caso de las dos versiones de “Carmín
Ciclón” -próxima al tech-house la de Saudade Café (ya había aparecido en Peruvian...),
tan afín al downtempo como la original la que enyunta a Zetangas con un tal
Miki Uza (que no debe ser otro que el ex Rayobac Miguel Uza)-, de la versión de
“Transmisión” (a cargo de 5 Esquinas, una agrupación que nunca hizo lo
suficiente), de la que opera Mr. Zoom Multiverse sobre “Intraterreno”, y de la
que ejecuta Marco Drago a “Al Fin Te Encontré Mañana”. Cinco lecturas que aportan
poco o nada a lo mostrado por sus modelos.
Más allá de los puntajes, el resto de Fluorescente...
Remixes cumple el requisito de darle giro(s) novedoso(s) a los originales a
través del consabido masajeo remixológico. Aquí se hace necesario destacar la
sobredosis de dub 3D que Nicolás Miranda inyecta en “AM”, los maridajes de big
beat y techno que Kollantes y Subtoniq implementan respectivamente en la otra
versión de “Al Fin Te Encontré Mañana” y en “Detonador, la deconstrucción que practican
Eléctrica De Lima de “SDF-1 8bit Groove” y Rua MKL de “La Termodinámica Intrínseca”,
el glitcheo trippy que inculca No One Name a “Lovesucks”, la relectura minimal
de “Motel” por cuenta de Juan Nolag, y la excesivamente respetuosa versión
ambient synth de “Chambi” a cargo de Tribilín Sound -un terrorista de la
sampladelia pacharaquienta con clase y estilo.
Lo demás, a pesar de las reconfiguraciones,
no consigue chuntarla -menos que ninguno El Lazo Invisible en sociedad con el
ex Jas Joni Chiappe. Ambos trastocan “El Aire Que Respiramos Es El Mismo”, una
de las más hermosas composiciones que haya firmado un acto incaico, en “La Mitad
Del Aire Que Respiro”, pálido reflejo de la suite que incrusta en el corazón Gallo
al piano.
Correcto ejercicio remixero con que sacar
lustre a cuatro lustros de idas y venidas.