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jueves, 22 de octubre de 2026

Umma: Kosmovisionen

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de octubre de 2026.)

Ratazo hacía que no llegaban novedades sobre el quehacer sonoro de Miguel Ángel Burga. Lo último que lanzase a título personal, subido a BandCamp en enero del año pasado (Tecnología En La Religión Futura), fue descolgado antes de ingresar al ‘26. Ahora ha vuelto a publicarse (8/10), con otra identidad (Onh), reducido de largo a EP de cuatro piezas (Dub - 03), y cambiados/modificados casi todos los nombres de éstas. Si bien diecisiete meses no comportan una cifra exorbitante, en el caso concreto del ex Espira, que en estos últimos tiempos ha mantenido un asombroso cociente de dos discos y medio por año; se trata de un período de silencio editorial inusualmente dilatado.

“¿Cómo que diecisiete? Si hasta octubre son veintiún meses”. Cierto. Estas líneas, sin embargo, no se refieren al aludido relanzamiento (cuya primera versión mereció en su día un texto al que puedes acceder haciendo click aquí). Estos renglones han sido motivados por la aparición en junio de Kosmovisionen, debut absoluto de Umma, el nuevo proyecto en que se halla involucrado Burga. Su origen es virtual, ya que ninguno de los integrantes ha coincidido con el resto en espacio o tiempo. Miguel Ángel reside en el Valle Sagrado (Calca, zona severamente afectada hoy por incendios forestales), Pepe Abad -La Ira De Dios, El Cuy- en Estados Unidos, y Scott Heller a.k.a. Dr. Space -Øresund Space Collective- en Portugal.

Por otro lado, las grabaciones abarcan un lapso de dos almanaques coordinando vía WhatsApp. Más que moverse a ciegas, los peruanos avanzaron conscientes de aquello en lo que no querían incurrir -a saber, la síncopa milimétrica y el riff fulminante. Sólo tras efectuarse la primera mezcla de ambos aportes intervienen los osciladores y la floritura electrónica del norteamericano Heller. Aquí cabe aplaudir la chamba del canadiense Arlen Thompson, baterista de Wolf Parade y 50% del binomio de psicodélico doom experimental Anunnaki, posicionado en la mesa de controles echándose sobre los hombros la ardua tarea de moldear como arcilla hasta en dos oportunidades todo lo previamente registrado.

Existen múltiples significados para “umma”, ya que la palabra pertenece a varios idiomas a la vez. El terceto no ha validado ninguna adhesión específica, aunque se hace eco de los correspondientes al árabe -“madre” y “comunidad”. Por ahí puede explorarse cierta afinidad con el espíritu materno-comunal del kraut rock, en fase kosmische. De hecho, Kosmovisionen es casi un tour de force a usanza de ese venerable género. Sus cuatro pistas podrían reconfigurarse en las caras de un vinilo, ya que “Aeparatio” se entrelaza con “Ogon” (lado B) y “Monts” con “Processio” (lado A). Su vibra, para más inri, es abiertamente sidérea. Ya desde los acordes iniciales de “Monts”, el esférico remite sin dilación a los abismos interestelares, a la idea de un sonido que rebota a tres bandas entre el kraut, el space rock y el ambient anegado de drone.

Umma jamás abandona su teleología. Ni al escoger sonar más contundente, como en los minutos iniciales de “Processio”, ni al abrazar un formato más rockero, como en la primera sección de “Aeparatio”. La esencia de su pathos es siempre la misma: celeste, volátil, cósmica, trascendental. Las guitarras construyen cascadas de estrellas simultáneamente relucientes y lejanas. La percusión elige ser tosca, primordial, evoluciona dando saltos enormes e involuciona de manera idéntica. Cuando el viento solar que anida en las composiciones ruge, la radiación espacial que Heller teje se torna imperceptible, pero cuando esa explosión se sosiega las lecturas radioactivas te recuerdan que están allí a cada minuto -insinuadas, inamovibles, implacables.

Si el azar te deparase dar con algo parecido a una estructura de canción en los poco más de 35 minutos que dura Kosmovisionen, ello es una ilusión. Mera coincidencia no planificada. Producto del cruce fortuito entre eléctricas sólo atisbadas alrededor de guarderías estelares, arreglos de una electrónica que no tiene prisa en roer/raer el continuum en el que habitamos, percusiones/secuencias que erran de un extremo a otro sin importarles encajar de veras allí donde temporalmente aterrizan. Es la mirada de Heller/Burga/Abad(¿/Thompson?), al menos por ahora: visiones de una insania astral para cualquier clase de weirdo, de aquí al cuadrante Delta. Difunde Echodelick Records desde Atlanta.

Hákim de Merv

jueves, 27 de agosto de 2026

Witchcraft & Black Magic In The United Kingdom (Expanded Version)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de agosto de 2026.)

Hace unos cuantos días, Eighth Tower Records dio luz verde a la reedición de uno de los episodios discográficos decisivos en sus primeros años de existencia, que no sólo fue entonces de los más comentados, sino que además contribuyó drásticamente a burilar los rasgos del perfil sónico con que se identifica hoy a la escudería itálica. Me refiero a Witchcraft & Black Magic In The United Kingdom, acojonante compilación adornada en su carátula con gran parte del cuadro “Tres Mujeres Y Tres Lobos” del polímata suizo-francés Eugène Grasset, y que ahora ve acrecentado su radio de acción merced al añadido “(Expanded Version)”.

De la última línea del párrafo anterior, se desprende que el repertorio del panorámico se ha visto cuando menos incrementado para la ocasión. En efecto, el track list original permanece inalterable, tanto en participantes como en orden de bateo; agregándosele tres nuevos actos. Estos últimos se mueven en idénticas coordenadas a las de sus correligionarios, reforzando todavía más esa ciega aura de horra malignidad y de réproba abyección que parece secretar el título. A este respecto, es menester recordar que durante la primera época de Eighth Tower llegó a publicarse una decena de recomendables muestrarios, la mayoría de los cuales coadyuvó a sostener esa trayectoria in crescendo gracias a la que el sello napolitano se posicionó como referente para la estética de ambientaciones lóbregas y hierbas similares.

Además de coronar ese rush, Witchcraft & Black Magic... dobla la apuesta otorgándole nuevo impulso. En sus bytes, el dark ambient se convirtió en una densa masa protoplasmática, capaz de mutar sin problemas en lo concerniente a textura, velocidad, ósmosis y tímbrica. Ejemplos hay de sobra: apacibles paisajes propios de un film de horror folk se sumergen sin aviso en oquedades por las que te arrastras presa de un sordo pavor (“Hag Of Hair” de Satori), la oscuridad impenetrable es susceptible de aligerarse sin caer en empellones ni privarse de su tonelaje inicial (“Elegy For Vinegar Tom” de Grey Frequency), el output pasa de fagocitar dub (“Coronach” de Michael Bonaventure) a liberar cacofonías torrencialmente malevolentes (“You Can Do Almost Anything You Want With Them” de Daniel Williams), y la opacidad monolítica de sus viñetas se eclipsa ante incursiones en el noise digital (“Do You Believe In Witches”, también de Williams).

Acaso lo más alucinante de Witchcraft & Black Magic In The United Kingdom no sea lo hasta aquí enumerado, sino lo que aún falta por decir. Ruidos rematados por una risa semi histérica y la voz de una bruja que recita (“The Discoverer” de Sky High Diamonds), campanazos reconducidos por un saxo minimal que consigue crear atmósfera a partir de únicamente dos notas (“The Village” de Rapoon), sonoridades tan sibilantes como malignas (“Crypt Of Saint John” de Howlround), órganos eclesiales corrompidos... Resulta impresionante la ductibilidad con que el dark ambient de la disquera mediterránea consigue asimilar géneros y recursos estilísticos por igual, logrando acomodar esas incorporaciones en el reino de las tinieblas que habita, sin merma de sus hipnóticas posibilidades expresivas. Una cualidad prácticamente inédita hace siete años, y de la que aún hoy pocas nóminas pueden jactarse.

En la versión expandida del disco -que Raffaele Pezzella, director de Eighth Tower, dedicada al tempranamente fallecido Daniel Williams- se incluyen “When I Was A Little Girl” de 400 Lonely Things, “Wicca” de Mario Lino Stancati y “Gaelstre” de Dead Voices On Air: Dadu. Destaco sobre todo los dos últimos: Stancati se zambulle en frecuencias profundísimas, aguzando el torvo malditismo del volumen, mientras que en “Gaelstre” se insertan coros estrangulados en plan 2001: A Space Odyssey -y un inquietante taladro irrumpe después de cuatro minutos para malformar aún más el semblante nefando del corte. Incontestable logro concluyente de un género que por esas fechas comenzaba a zamarrear los circuitos underground de las escenas internacionales independientes.

Hákim de Merv

miércoles, 6 de mayo de 2026

Anthology Of Electroacoustic Music From Portugal

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de abril de 2026.)

Con harta antelación tuve acceso a este nuevo muestrario planificado por Unexplained Sounds, que pasa a formar implícita parte de esa serie de otros tantos documentos dedicados a difundir exponentes avant garde de drone music, composición electroacústica y música concreta de factura contemporánea -procedentes de diversas regiones y países del globo. Enfocado en artistas portugueses/as, el lanzamiento oficial del recién estrenado título ha tenido lugar en la quincena de abril, e incluye trece contribuciones a pista por cabeza encapsuladas en poco más de 63 minutos.

En mayor o menor medida, Anthology Of Electroacoustic Music From Portugal participa de algunas características comunes a pares suyos como Anthology Of Experimental Music From Australia (‘25) o Anthology Of Exploratory Music From India (‘21): implacable economía de medios expresivos, tramados de posología espectral que invocan imaginarios entrópicos, intensa capacitación en el dominio de la espacialidad electrónica, exploraciones conceptuales fundadas en formas de notación que deben ser cualquier cosa menos convencionales... La diferencia respecto de esas compilaciones viene prefigurada en el presente caso por la palabra “electroacústica”.

Mucho más que en el de la composición académica experimental contemporánea o en el de las “vanguardias” pop de improvisación abierta, es en los feudos de la electroacústica donde los sonidos son intervenidos desde su creación misma, recurriéndose tanto a instrumentación heterodoxa como a grabaciones de campo y a sonoridades sintéticas, pasando por modulaciones o alteraciones digitales de tono, textura, velocidad y tiempo. Si agregas una draconiana ausencia de percusión o programación (la ascendente progresión étnica de “Reanima Electrica” de HHY & The Macumbas es la única excepción a la regla), ...From Portugal da en el clavo ilustrando ese paradigma de la música electroacústica para el que cualquier ruido es material sonoro.

Puede decirse aún más. Las cíclicas vibraciones atonales in crescendo de “Circunscrita”, a cargo de David Maranha, dejan en claro que para la electroacústica la melodía es una necesidad suntuaria (y, por ende, prescindible). Valgan verdades, esa aserción es apuntalada por el grueso del repertorio del disco: los latidos nictálopes en diminuendo de “Acto IV” de BVHZ, la geórgica flauta de otras épocas que parece arribar a espacios físicos y tiempos futuros desvencijados en “Vesper” de NIN-FAE, el andar lo fi rugoso e invariable de Vitor Joaquim y su zumbante “Forgotten Voices”, las envolventes atmósferas fantasmales que Haarvöl acompaña de misteriosos tañidos de campana en “Intersticial Topographies Of Quietude”, el borroso onirismo minimalista de Margarida Garcia y “Cinza, Agulha E Lápis”...

Estos y otros ejemplos proporcionados por Anthology Of Electroacoustic Music From Portugal -el abejorreo glitcheado de “30xN-LRJ1” por @c, el aura sobrenaturalmente oscura de João Alegria y “Vertigem”, las subsónicas vocalizaciones tribales de Reixelo en “Arte Nativa Portugueza - Parte IV”-, confirman además una obsesión por el Sonido con especial énfasis en las categorías de densidad, de color, de modelación. Inmersiva invitación la que extiende este registro, simultáneamente austero y excitante, a degustar los frutos apreciables en los márgenes del avant pop lusitano hoy.

Hákim de Merv

miércoles, 1 de abril de 2026

Malefyr: Cryptyc (Demo) // Electric Dead Speak: Music Inspired By The Electronic Voice Phenomenon

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de marzo de 2026.)

Desde la lejana Liège -Bélgica- me llega la maqueta debut de un bisoño grupo metal. Por donde se le aborde, lo de bisoño no es exagerado: dos de los cuatro miembros de Malefyr todavía cursan la secundaria, y su output aún batalla por trascender el manual de género, algo por otra parte comprensible habida cuenta de la edad promedio de los implicados. Se identifican éstos a usanza de la vieja escuela: Daniel G. (21) en voz y lead guitar, Hugo A. en la teba (19), Anthony M. (21) en el bajo y Esteban F. (16) en la otra lead guitar. Este último es de ascendencia perucha, por cierto.

Cryptic (Demo) es, en la práctica, un EP. Cinco temas, poco más de dieciséis minutos. Grabado y mezclado en diciembre último, tiene el encanto de la noviciada por encima de su meningítico audio: las ardorosas ganas intactas que te impelen cuando inicias el camino, los errores involuntarios de ejecución, la altisonancia con que intentas compensar la falta de experiencia... Por supuesto, el cassette también se erige en torno a riffs de genética hardcore punk, una rasposa garganta irritada hasta el tercer grado, los tiempos acelerados de que provee una batería de doble bombo. En resumen: thrash -y en mucha menor medida speed- de intensidad a mil y de técnica al 50%.

¿Cuánto avanza Malefyr a partir de esa base? Por ahora, el cuarteto se trepa a la llamada “nueva ola del thrash”, que encendió la pradera sobre todo a inicios de la década pasada. Bebe más de la rama teutona que de la del crossover, y por ahí durante contados segundos percibo añejas influencias de Sodom o de Kreator, aunque quién sabe si estos mozalbetes les habrán oído. El combo declara haber tomado nota de las lecciones impartidas por dos bandas brasileras clásicas un tanto disímiles: Kaos y Sarcofago (esta última entre el black y el death). Sorprende, eso sí, que el demo abra con una cortísima sección instrumental de campanazos y ventarrones que hacen pensar inmediatamente en el dungeon synth antes que en el metal, intro de la apenas menos breve “Enter The Crypt”.

En cuanto a la técnica, bueno, queda claro que falta mucho por recorrer. Funcionan esas eléctricas que me hace alucinar con masivos muros ancestrales de sillería tan monumental como tosca, principalmente en “Darkened Wrath” y en “Malediction”, pero hoy no alcanza con recrear el paradigma thrash. Tampoco basta con la performance actual de Daniel G. frente al micro (a esas vocales les falta ganar un poco más de peso). Y si bien el esfuerzo del soporte rítmico puede ponderarse en Cryptic..., a cosechar ese mismo lauro no llegará la próxima vez. El único punto fuerte concierne a los bestiales punteos que Malefyr descerraja en sus canciones: veloces y medio complicados, no siempre tirados para el melodicismo. No niego que las demás instancias puedan tener oportunidades de crecer, pero en el caso de la eléctrica a cargo de los solos, las veo clarísimas.

Mis favoritas: “Heretic War” y “Mind Flayer”. Portada, logo y anonimato, en la mejor tradición old school del aludido subgénero metalero.

Las psicofonías constituyen uno de los campos de investigación más fascinantes de los que pululan entre las ciencias exactas y las paraciencias. En derredor suyo brotan ayes lastimeros, quejidos no humanos, ruidos inquietantes; todos ellos sin explicación material mesurable conforme al paradigma vigente de la ciencia humana. Observan sus detractores que estos extraños fenómenos encuentran sustento en la pareidolia, tendencia del cerebro humano a identificar patrones en medio del ruido al azar. Sin embargo, el perfil de los receptores de estos sonidos es lo bastante amplio como para no adecuarse la pareidolia a todos los casos conocidos, dejando por ende margen a la duda.

Valiéndose de este concepto, Eighth Tower Records ha convocado a algunos de sus artistas para dar pie en bola a Electric Dead Speak: Music Inspired By The Electronic Voice Phenomenon (febrero). El nombre en inglés es más apropiado, puesto que estos ruidos que no provienen de ninguna parte ni de emisor visible suelen quedar registrados a través de medios electrónicos de codificación, no siendo siempre percibidos durante el suceso pero sí a posteriori en toda la casuística documentada. Qué mejor para acometer la confección de un álbum que refleje estos estudios sobre la frontera entre el Sonido y la percepción humana, que la subsidiaria de Unexplained Sounds, poseedora de la nómina tal vez más idónea del planeta a tal fin.

El esteticismo inherente a la discográfica italiana se manifiesta desde el primer minuto, y a éste se adhieren en mayor o menor medida una docena de actos especializados en la fabricación de ambientaciones por decir lo menos oscuras. En la primera mitad, por ejemplo, encontramos ecos radiofónicos de inquietante fantasmagoría que simulan el farragoso despertar de entidades malignas (“Instrumental Transcommunication” de Mario Lino Stancati), borrosa estática plagada de vacíos cubiertos por una dolorosa melodía (“The Space Between Noise” de Sílení), sonoridades entrecortadas que causan la impresión de un gigantesco barreno trabajando en el subsuelo profundo para liberar los bramidos de enormes monstruosidades (los “gemidos sónicos” de “AEA”, a cargo de Kokum), latidos pétreos (“Doni-Seis” de Pnévmma), oquedades siniestras exploradas como por el theremin (“Afterlife Recordings” de RhaD). La pieza clave aquí es “Voices Without Bodies” de Yousef Kawar, cuyas densas texturas ilustran ese antiguo terror tan humano hacia aquello que no puede entenderse.

En la segunda mitad, Electric Dead Speak... adquiere ribetes más lúgubres. Dark ambient en estado puro (“Metaphonic” de Richard Bégin), enrielado hacia zumbidos pesadísimos (“Voces Mortuorum” de Nerthus), abandonado a una torrentera brutal de crispantes frecuencias en constante crackeo (“Spectral Patterns In Random Noise” de The Resa), sumergido en una fuente burbujeante de horrores inefables (“The Empty Tower” de Oubys). Un ensayo de texturología compleja cuyo principal nutriente es un ambient iterativo, drónico, completamente desmarcado de cualquier forma de síncopa; y por ende propenso a la inmersión tensa, opresiva, torva, terrorífica. Pieza clave: “PhAntAsmA”, de Nikos Sotirelis.

Sólo hacia el final, el muestrario afloja en algo la marcha incluyendo “The Child’s Laugh” de Insectarium. Digamos que en otra jornada su soundscaping noise podría adecuarse sin alegar nada en contra. En el presente contexto, y pese a su rugido postrer, la grandilocuencia le resta puntos en vez de sumárselos. Claro, puede interpretarse como la válvula de escape para conducir nuestras mentes a la superficie de nuevo, tras más de una hora en caída libre hacia abismos psicológicos y físicos sólo entrevistos por el subconsciente. Pavorosa compilación proto/filo-industrial de aislacionismo y de ambient casi ritual.

Hákim de Merv

jueves, 12 de febrero de 2026

La Vie: The Intelligence Of Love // Allanamiento Emocional: Zaza // Los Texao: El Sonido Niebla De Los Texao // 380: Ya Estás Grande

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de febrero de 2026.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

No sé de ningún medio de comunicación, mainstream o no, que haya dado noticias del nuevo plástico de La Vie. Más allá de las opiniones que pueda éste merecer, comporta el regreso de un acto insular en el contexto sonoro underground arequipeño y nacional, status alcanzado desde que My Days In The Capital inaugurase su trajinar allá por el ‘12. El reingreso, para más inri, se produce tras prácticamente cinco años de un silencio que empezara con la pandemia del COVID-19. De allí que no se entienda el mutismo dispensado aún desde las trincheras de la crítica especializada.

Grabado en Cuzco, Sacred Valley (‘20) era la segunda y más atronadora clarinada de alerta sobre el proceso de transformación en que el unipersonal de Diego Romero se había embarcado, incursionando ya de lleno en una electrónica experimental premunida de grabaciones de campo y de digitales clústeres tonales. Por eso, el retorno que implica The Intelligence Of Love es doblemente importante. Respecto de su ascendiente, no sólo no sigue el derrotero trazado, sino que propone revisitar el folk de mampostería new age y el ambient drone -acrisolándoles. Este reexamen se hace sustituyendo la guitarra por el piano, lo que añade a la paleta de La Vie humores neoclásicos, y ciñéndose al principio minimalista con el ardor con que un espartano enarbolaba su escudo.

En cierto modo, la portada adelanta esos nuevos/viejos aires en los que ahora viaja el individualista. Si la de SV era la imagen de una foresta altoandina, la de TIOL se sirve de un bosque ¿ártico? captado a través de la ventana de una construcción noble, en cuyo interior habita un extraterrestre con varios teclados y suecher de Boards Of Canada. No percibo influencia del binomio Eoin-Sandison, al menos no evidente, pero sí alguna coincidencia estética. La más palpable: modelar la música como si fuera expresión de la plástica. Cuatro décimas partes de The Intelligence... remiten a la idea de audioesculturas, entretejiendo variaciones espectrales en torno a un flujo de vibraciones trabadas en un único omniacorde de inquebrantable serenidad: “Meditation I”, “Meditation II”, “Alien” y “Meditation III”, distribuidas durante los 26 minutos de la jornada.

Las otras seis décimas partes de The Intelligence Of Love postulan el concepto de audiorretratos, moldeados por la narrativa lineal de que provee el piano. La ejecución suele ser pródiga (“Diálogos De Platón”), un tanto nerviosa (“Intelecto”), un tanto apacible (“Love Is Kind”). La urgencia impele al movimiento interno: Diego gusta mucho de estructuras cíclicas y de meta-notas pedales, lo que le alienta a maniobrar con claves y escalas. Y si bien la primera mitad asoma signada por el neoclasicismo de Yann Tiersen y compañía, la segunda finaliza en curso de colisión hacia las resonancias de “Alien” y de las ‘Meditaciones’ (“Simplicity Is The Ultimate Sophistication”, “For Meredi”).

Existe la posibilidad de leer a The Intelligence... como una “excepción a la regla” en el camino de La Vie. Su inusitado golpe de timón respecto de Sacred Valley podría interpretarse de esa guisa. Sin embargo, no creo que deba ser tomado como un episodio digresivo. Pienso que Romero no optaría por retornar a la palestra con un largo que es en sí mismo excluyente, a menos que sea también el hito que señala el inicio de una nueva reconfiguración. La hipótesis de esta eventual segunda metamorfosis, pues, luce más próxima a verificarse.

Tengo recuerdos muy difusos de la única ocasión en que he visto en directo a Allanamiento Emocional. Era el primero de septiembre del ‘23, había tocada en El Templo (el local under de la Ciudad Blanca por antonomasia), y estaban programados muchos line-ups. Si bien me acuerdo claramente de las performances de NRA Ruido y de Alunaki, para cuando se planta frente a la audiencia el grupo de marras, yo ya andaba con el ojo pegado al reloj: pasaban de las 11 de la noche, no estaba cerca del alojamiento, y tenía que dormir al menos un par de horas antes de salir a las 3 de la mañana rumbo al Cañón del Colca. Felizmente, pude meterme en el sobre a medianoche, gracias a la ayuda inestimable de mi chochera Juan José Leyva.

Conservo jirones de una presentación muy caótica, mientras el público era ametrallado por numerosas esquirlas de punk y hardcore que ya habían sido materia de quién sabe cuánto reciclaje. Si la memoria me falla, las disculpas de rigor. Si no, el crecimiento del cuarteto ha sido gigantesco, a la luz de lo expuesto en su debut magramente bautizado Zaza. Aparece éste en septiembre del ‘25. A pesar de tener un feeling que va muy en la línea de los cochambrosos estilos antes mencionados, circunstancia de la que acaso se cuelguen quienes le denigren, su output ha evolucionado -o, en todo caso, crecido- lo bastante como para dispararse sin barreras hasta los predios del post hardcore. Incluso se roza muy levemente el math rock.

Fundado por el guitarrista/vocalista Eric Huarca (a) Chinosor, y actualmente delineado por Shande Cotrina (batería), Enoc Canto (literalmente gritos) y Jesús Mantilla (bajo); Allanamiento Emocional ha aprendido muy bien las lecciones que Fernando García Escaró a.k.a. Garzo ha impartido a través de Metamorphosis, Radiación Selenita y Plug Plug. Por ese lado se impone el determinante influjo del post hardcore, que te propina un robusto tacle desde la apertura epónima. No obstante, el combo tiene otros matices relevantes. Guiños al rock alternativo y en mucha menor medida al grunge logran colarse por entre las constantes deflagraciones a lo Touché Amoré, Circle Takes The Square o Title Fight (“Muéranse Todos Ya Por Favor De Una Vez”). También ese modo de incubar indie que patentó El Otro Yo (“Tengo Mucho Odio Para Esto”). Y ni qué decir del emo rock (“Sir Sueñito”), que campea a sus anchas en las letras -parecen todas escritas por Clare Cooper, de The Amazing World Of Gumball.

Para bien o para mal, son éstas y otras cosas más las que desmarcan a Allanamiento Emocional del resto de exponentes peruchos post hardcore, como Cataratas En Siberia o Fiesta Bizarra. Se avienen a bajar un cambio en la caja de velocidades cuando se necesita (“Zaza”), les encanta enrojecer las gargantas cada dos por tres (“Dime Ya Si Me Quieres”, “Estoy Muy Enfermo”), y no se hacen paltas al abordar distintos códigos sonoros en un mismo tema (“La Depresión”). Amplio abanico de exabruptos con los que desafiar el canon post hardcore, sólo para volverlo a entronizar a pie juntillas.

Dos cosas más a subrayar. Zaza acoge una toma de “La Masacre” añadiéndole una ‘B’. Asumo que se trata de una diferente versión a la que se lanzó en formato single. La del debut suena muy limpia, dejando que a Huarca se le entienda casi todo. Por otro lado, las más de las veces que Allanamiento Emocional se aproxima a El Otro Yo se producen cuando escuchamos vocales femeninas, lo que me recuerda ipso facto a María Fernanda Aldana. Una coincidencia, obviamente, ya que esas vocales no siempre son de la misma persona: ‘Luchia’ (“Estoy Muy Enfermo”) y ‘Rataela’ (“Sir Sueñito”).

Grata sorpresa, y cómo no, la que ha generado la edición de El Sonido Niebla De Los Texao vía la española Munster Records. Por fin podemos contar con un vinilo que recopila en apariencia todas las grabaciones realizadas por Los Texao. Muestras de su talento estaban disponibles en los dos volúmenes de Back To Peru..., así como en la recopilación Rock En Arequipa 1969-1974, pero hasta el año pasado no se acreditaban a título personal más que 3 singles hoy descatalogados y/o inubicables. Situación ignominiosa para un combo surgido en la ciudad de Arequipa en 1968, merecedor de un sitial entre sus pares peruanos que tomaron el relevo de aquella primera generación instro-garage-surf-beat sesentera que tantos comentarios provocó a comienzos de siglo.

Crónicas de época señalan que, en su tiempo, Los Texao fueron la banda más popular en todo el sur nacional. Víctor Dibán (voz, bajo), Juan Nuñez (guitarra, coros), Julio Torres (teclados, guitarra), Fernando Humbser (guitarra), Edgar Manrique (batería) y Adolfo Ballón (percusión) se ganaron esa fama hibridando la rebelde crudeza riffera del garage picapedrero, la incendiaria reverberación phaseada de la psicodelia de ADN latino y aquello que en el Perú de entonces se conoció como “la nueva ola”. El empleo extensivo de efectos fuzz y reverb en la eléctrica dotó a Los Texao de sus contornos definidos y de su timbre particular, al que la prensa catalogó como “niebla” por la marca de fábrica asociada a dichos efectos (Haze).

El Sonido Niebla De Los Texao repesca los tres sencillos que prensase Líder, además de material no publicado con anterioridad. En esos simples venían “Pobre Gato” y “Nada De Nada”, “Algún Día” y “Stone”, “Nunca Cambias” y “La Pelea Del Gobernador”. Las últimas cuatro canciones son originales de los mistianos, mientras que “Nada De Nada” es del conjunto chileno Los Beta 4 y “Pobre Gato” del inglés Shel Shapiro. Todas se ubican en el lado A del acetato y al inicio del lado B (“Algún Día”), testimoniando la cadenciosa magia alucinógena y lo fi que estos arequipeños practicaron ya entonces. De entrada nomás con “Stone”, quedan dibujados en la mente el fuzz que se expande cual gas propano y un background rítmico macerado en el rock de garage. La psicodelia se torna fibrosa (chequear el impresionante solo de flauta traversa en “La Pelea Del Gobernador”), en tanto los tempos se mitigan y los registros se trastocan, como girando en torno a una elíptica que en realidad les hace volver al punto de partida (“Nunca Cambias” y su coda sabrosamente latina).

En tal sentido, el punto más elevado de enteogénesis es “Algún Día”. Pero, como ya se dijo, Los Texao también le entraban a la nueva ola. Así queda demostrado en “Nada De Nada” (shalalalas coludidos) y en “Sookie Sookie”. Con todo, la prueba definitiva de esa debilidad por la fiebre nuevaolera es la relectura de ese “Gimme Little Sign” de Alfred Smith (a) Brenton Wood que popularizó en Latinoamérica la versión del mexicano Roberto Jordán (“Hazme Una Señal”), y que el sexteto cose a “Coge Mi Mano”. Por alguna conexión subconsciente que no me es dado descifrar, “Swarlb” me remite constantemente a “Sentimientos” de Los Belkings. Y el postrer “No Time” se erige como una suerte de mini-repaso por las distintas sonoridades que cultivaron Los Texao. A la altura de Traffic Sound o Telegraph Avenue, en mi modesta opinión. Otro fragmento de nuestro patrimonio sónico pop arrancado de las garras del Olvido.

Debido a una u otra razón, no he tenido la oportunidad de escuchar concienzudamente a 380 sino hasta hace poco. Intenté hacerlo un par de veces antes, pero no quise comenzar por singles o tracks sueltos, y desconocía que la agrupación contaba con una obra anterior a la que impulsa estas líneas. Hubiera sido bueno empezar por el principio (El Colegio Me Volvió Un Mono, ‘23), como para abundar también acerca de desarrollos temporales si éstos tuviesen lugar. Ya que no ocurre así, toca dirigir todas las miradas hacia el segundo esfuerzo de los rojinegros, considerados “grupo revelación” desde hace al menos un bienio.

Uno de los retos más complicados de resolver para quienes nos dedicamos al inútil arte de escribir sobre música pop es el paso del Tiempo. Teóricamente, el carburante te dura un máximo de dos décadas, condicionado a ese imperativo biológico que acostumbra impedirte absorber nuevas músicas al aterrizar en la treintena. Por supuesto, hay excepciones saludables, para las cuales ese imperativo o bien se retrasa quién-sabe-cuánto o bien no existe. Me gusta pensar que soy una de esas excepciones, al haber llegado al medio siglo de vida y tras tres decenios invertidos en este ingrato “oficio” sin dejarme obnubilar ni por la oxidada veteranía de algunas tendencias ni por la insolente frescura de otras.

380 es quizá el nombre que más ha trascendido desde la escena independiente forjada al pie del Misti, ocupando palestras de medios algo más masivos que los de costumbre y tocando en festivales de la capital. Si tengo que opinar basándome exclusivamente en el repertorio de Ya Estás Grande, no consigo entender por qué. El referido álbum tiene conchudez y energía, cualidades sin las que el punk no puede germinar y prosperar. Porque, sí, 380 es punk rock; pero ello no tiene por qué tomarse a priori como demérito. Células de ese corte que consiguen ir aunque sea un poco más allá del canon ‘77, ha habido, hay y habrá. Así hablemos de egg punk (Antibióticos).

El problema es que no encuentro nada más para rescatar en YEG, una vez elogiados el desparpajo y la pujanza aludidos. Por default, he tenido que reproducir cinco veces la placa, y la impresión acaba siendo siempre la misma. No sé en qué creen las juventudes del hoy que se confiesan punks, pero si su rollo es más o menos equivalente al de 380, habrá que ir prendiendo velas para que esto no sea sino un error en la Matrix -o el vetusto alarido punkie acabará irremisiblemente arruinado. Una primera parte del CD oscila entre el punk clásico y el pop con accesos de... pachanga. Cuando al cuarteto de Lucía Ramírez (voz/guitarra), Milagros Caja Morales (guitarra), Diego Cornejo (bajo/coros) y César Llerena (batería) le da por “bromear”; y ello sucede bastante seguido, queda como chistoso en el peor sentido de la palabra. No causan ni pincho de gracia esos “diálogos” forzados, esas frases de zafio autobombo, esos “sound effects” que aspiran a la risotada fácil. El colmo de esa intencionalidad es “Final 100% Real No Fake”, publicherry payasamente atorrante que invita a seguir torturándose con más canales.

“Enfermitos Enamorados”, sexto surco de Ya Estás Grande, es recién el primero que no me provoca presionar skip sin más. Y no es ni de lejos susceptible de ser antologado. Eso te da una pista de lo que vas a encontrar no sólo antes, sino igualmente después. En la mitad de sus veintenas, esta gente no tiene mejores ideas para sus canciones que “quejarse” de los amantes LGTBIQ de sus parejas (“SadBitch”), seguirla pegando de comediantes involuntariamente desastrosos (“Punks De Mierda!”), o hacer alharacas de género (¿recurrirían en “Estoy Cansada!” a esa coartada tramposa si quienes les critican fuesen mujeres y quien canta fuese un hombre?). De todas maneras escucharé el primer disco, pero no creo que en el futuro le preste más atención a proyecto tan aguachento, cuyo logro más destacable aquí sea quizá ese arranque de sinceridad que puede haber materializado “Mi Música No Es Buena”.

Poco más que un meme.

Hákim de Merv

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker's Hellraiser // Analog 2025 // Grecia Albán: Nubes Selva

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de noviembre de 2025.)

En la senda de títulos como Music For Alien Temples o Bio-Mechanik - Aural Tribute To The Art Of H.R. Giger, la postapocalíptica Eighth Tower Records publicó al promediar octubre un homenaje a la que tal vez sea la saga más fascinante concebida por el cine de terror en los 80s. Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker’s Hellraiser rinde pleitesía a esa demoníaca realidad sadomasoquista en la que imperan los Cenobitas, inspiración para films que comparten ese mismo universo como Event Horizon (‘97) y The Void (‘16).

Luego de iniciar más bien taciturno con Sílení y “Beyond The Veil Of Torment”, el plástico comienza en serio de la mano de “Echoes Of Ecstatic Pain”, a cargo de Vääristymä y Sonologyst. Los asfixiantes espacios retratados como en negativo/las varias desprolijidades intencionales/los pesados reflejos drónicos que caracterizan al dark ambient comienzan a menudear desde este episodio. Otras muestras evidentes son “Revelatory Signs From The Underworld” de Philippe Blache y “Demons To Some, Angels To Others” de Grey Frequency, repletas ambas de sombras omnívoras y repiques reluctantes al punto de desesperar -salvo por un segmento de musicalidad “convencional” hacia el minuto 3 en “Revelatory...”.

“A Score To Settle (For Stephen Thrower)” de 400 Lonely Things abre la porción más sustanciosa del esférico, misma que cierra la invencible protervia psicótica de “Sweet Flesh”, por cuenta de Nerthus. En todo este dilatado tramo, la voluntad admirativa de la placa adquiere especial relevancia: voces de horra deformidad que alientan el pánico, capas de organicidad industrial, pianos siniestros que irrumpen con el pulso insistente de una solitaria tecla, analógica expresividad oscura, macabros theremines fantasmales, malevolente minimalismo digital... Hasta un puntual flujo de percusión no programada e in crescendo -rasgo asaz inusual en los dominios del dark ambient- palpita espaciadamente en “A Score...”, abriendo portales hacia géneros convergentes (sin atreverse a cruzarlos).

A Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker’s Hellraiser le baja el telón Vääristymä y “Lord Of Labyrinths”, epílogo que no pasa de ser anecdótico. Para entonces, ya entraste y volviste a salir de ese averno de dolor y placer cuyo dios supremo es Leviathan, a quien observamos en la segunda película de una saga que se ha extendido por lo que sé 35 almanaques (y que haría las delicias del Divino Marqués). El trip ha sido completo. Sólo queda aferrarte a la débil esperanza de poder borrar de la memoria ese mundo adictivamente laberíntico -habitado por seres extradimensionales, por condenados/as eternos/as que pueden eventualmente escapar, por criaturas endemoniadas más allá de la imaginación.

La edición física de tres cuerpos, que viene acompañada por un libro coral de relatos inspirados en la mitología de Hellraiser, ilustra en la portada la famosa Caja de Lemarchand; también llamada la Configuración del Lamento y más coloquialmente la Caja Negra. Resolver el enigma que encierra garantiza acceder a la dimensión paralela de los Cenobitas. Que sirva de advertencia por si llegas a toparte con ella.

En septiembre del ‘16, cuando contaba poco más de año y medio de actividades, Unexplained Sounds lanzó otra compilación que adicionar a las muchas ya eyectadas tempranamente. Bautizado como Analog 2020, si el muestrario contó con producción física, ésta ha debido ser doble. Si sólo estuvo disponible para descarga, debió ser en sí mismo una jornada agotadora, dada su copiosa selección de 20 canales y la magnitud -cuantitativa, cualitativa- de varios de éstos.

Hace muy pocos días la independiente azzurri relanzó este panorámico, rediseñándole para efectos de su fabricación en modo trigipack, y actualizando su nombre. Así, Analog 2020 ha pasado a ser Analog 2025, descartando diez de los cortes originalmente escogidos y agregando tres fechados con posterioridad a la primera toma. Movida bastante extraña, si se considera que las reediciones usualmente suman material inédito antes que restar del existente. Felizmente, la consabida remasterización sí ha tenido lugar.

Empiezo por los tres surcos aditados. Éstos son “Convergence Of Clouds” de Anasisana, “Allostasis” de Oubys y “XD” de Mario Lino Stancati. ¿Qué comparten? Poco o nada, más allá de las habituales coordenadas estilísticas de drone music, arte sonoro, landscaping y concrete ambient que suele repasar Unexplained Sounds. Eso sí, valiéndose de un estricto enfoque analógico improvisacional (concepto subyacente a la rodaja). Stancati, verbigracia, ensaya acercamientos ululantes y agudos a un dark ambient tenso y torvo. Oubys, de quien(es) el sello ha editado recientemente Holosphere, se sumerge trepidante en granuladas atmósferas de mórbida lobreguez como disparado(s) por el Gran Colisionador de Hadrones. Y Anasisana, que apertura Analog 2025, es el proyecto que más luz emite de todos los presentes (me animaría a decir que es el más radiante de todo el catálogo US).

Por separado, sin embargo, matiza cada uno el resto del volumen. Éste acopla segmentos de ruidismo aleatorio a la ejecución del theremin (“Contemplation” de Lars Bröndum), dispone pausadamente misteriosas cacofonías randomizadas yuxtaponiéndolas a latidos seteados con moderada distorsión (“Valvoo” de Vääristymä), imbrica frecuencias mientras experimenta con la forma misma del dark ambient (“Telescope” de Sonologyst), cuela vocalizaciones alienígenas en medio de ambiguos climas tímbricos (“Nekrospur” de Pharmakustik), o simplemente prefiere el misticismo antes que la calígine (“Annihilation” de Thierry Gauthier). ¿El denominador común? Un arsenal de herramientas analógicas, como sintetizadores o sistemas de modulación armónica.

Me quedo con “Rothko”, de Faustus, como el tema más aventajado de A2025. Desasosegado pero tranquilo, lúdico pero solemne, híbrido pero inmaculado, psicológicamente inquietante. Poco más se puede argumentar sin redundar en muchos de los aciertos ya detallados y atribuidos a sus compañeros de viaje.

Me ha sido sumamente difícil escribir sobre Nubes Selva de la ecuatoriana Grecia Albán. No era consciente de cuánto extrañaba y/o necesitaba un álbum así, sino hasta haberle escuchado y degustado. Siglos ha desde que la fusión noventera de Los Fabulosos Cadillacs, Del Pueblo Del Barrio o Maldita Vecindad Y Los Hijos Del Quinto Patio vio pasar sus días de esplendor; y otro tanto puede decirse de esa electrónica mestiza que le sucediese de la mano de alineaciones como Mákina Kandela, Bomba Estéreo o los primeros Novalima, en el nuevo milenio. Cierto, la cantante y activista norteña no tiene puesta la mira en mixturas equivalentes. No obstante, su crisol también se alimenta de las músicas originarias que manan de las venas (todavía) abiertas de América Latina.

Albán es natural de Latacunga (Cotopaxi), ciudad que se extiende al pie de los Andes e igualmente cercada por la jungla amazónica. Alcanza a día de hoy 39 abriles y acredita un previo LP, Mamahuaco (‘18), al que me falta pelarle oreja. No se trata, por ende, de una principiante. Las peculiaridades geográficas de su localidad, además, le han permitido estar en contacto con diversas manifestaciones folclóricas desde sus primeros años. Esta absorción se halla representada en la multiplicidad de sonidos de la que se sirve Nubes Selva, estableciendo paralelismos relativos con sus antecesores de los 90s y los 00s.

¿Qué impide reemplazar, entonces, el calificativo de “relativo” por el de “absoluto”? Comienza “Virgen Y Volcán”, y asoma claro el deseo no de reinterpretar clásicos del repertorio tradicional latinoamericano asociándolos a géneros del pop contemporáneo, sino de reposicionar resonancias vernaculares utilizando instrumentación moderna, en composiciones enteramente nuevas. Firmadas por Miguel Sevilla y Grecia, estas composiciones dejan en evidencia sus raíces andinas y selváticas bullendo entre Rhodes y sintetizadores, clarinetes y congas, órganos Wurlitzer y el ruido de la lluvia cayendo sobre la foresta. Conforme avanza la reproducción, surgirán otras improntas de músicas de similar procedencia.

Cantante y músicos de apoyo -una lista preliminar enumera quince, nada menos- acometen la faena logrando transmitirte esa sensación de regocijo popular que entendemos propia de comunidades rurales fuertes y muy cohesionadas. Por supuesto, hay lugar para la mirada serena -estoica, quizá me permitiría decir el Tayta Arguedas-, porque la experiencia humana en todos lados sabe de horas felices y de días grises. Curiosamente, las canciones que más se aproximan a esa contemplación crepuscular tienen nombres de mujer: “Anita” y “Manuela”.

Con todo, en la inmensa mayoría de asaltos de Nubes Selva ¿se siente? ¿se respira? ese “violento y magnífico impulso de la tierra” que según Ciro Alegría marca a fuego caseríos y poblados que intentan vivir en armonía con la Naturaleza. Naturaleza que comprendemos intuitiva y esencialmente de la misma manera de México a la Patagonia, incluso nosotros/as, obturados/as urbanitas. Antes de convertirse en el Che, Ernesto Guevara ya adivinaba que el de “nuestra mayúscula América” es un solo pueblo mestizo, dividido por nacionalidades inciertas y límites arbitrarios. Encontrarme en este redondo disco con sabrosas chacareras, imponentes candombes, pesarosos sanjuanitos, alegrones huaynos e inclusos calentones acercamientos a la música afroperuana -“Todo Pasa”, recordar que Ecuador y Bolivia integraron el antiguo Perú-; abona tanto como las letras en quechua a favor de esa tesis. Hermoso obsequio de Albán.

Hákim de Merv

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Capricorni Pneumatici: IX TAB

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de septiembre de 2025.)

Nunca me he preguntado, y tampoco he sabido de alguien que lo haya hecho en ningún rincón del planeta, por la periferia de la periferia de la música pop independiente. Es decir, artistas y/o bandas tan radicalmente ajenos/as a los extramuros del pop vanguardista, que terminan creando un ¿meta-substrato?/¿sub-substrato? allende esos extramuros. En principio, ello debería atribuirse a semejante grado de aislamiento (que impide que pueda hablarse de escenas como tales), pero también a que la inmensa mayoría de creadores/as perteneciente a ese horizonte carga el sino del Olvido -¿cómo difundir sus propuestas o rescatar sus legados, si no hay forma de identificarles, mucho menos de ubicarles?

Sí, la inmensa mayoría de ellos/ellas. No la totalidad. Un ejemplo es Muslimgauze, a.k.a. del británico Bryn Jones (17/06/61-14/01/99), cuya obra ha logrado perdurar debido a las ediciones y reediciones de Staalplaat, Nexound o Extreme Records. Otro es Zoviet France, colectivo que la luchó hasta obtener el merecido reconocimiento década y media después de su debut (Garista, 1982), a través de Red Rhino Records o Soleilmoon Recordings. Por desgracia, la tácita norma confirma que gentes igual de avezadas para la innovación artística terminan sus días en el más ignominioso de los olvidos, aquí y en la Conchinchina. Norma que, por fortuna, las herramientas de que nos proveen las tecnologías del nuevo siglo han comenzado (lentamente) a revertir.

Hace apenas unos cuantos días se ha publicado desde Nápoles IX TAB, reedición de la cinta que en 1988 liberara Capricorni Pneumatici, gracias a los buenos oficios de Eighth Tower Records. No es el primer reissue que de este grupo orquesta la subsidiaria de Unexplained Sounds, pues ya antes han visto la luz Nibbas (‘89), el lovecraftiano Al-Azif (‘87) y Witchcraft (‘89). Sí, en cambio, otro paso más en la recuperación de su catálogo discográfico correspondiente al período ‘87-‘91; antes del prolongado hiato que terminaría con The Erivar (‘15). Actualmente, CP se mantiene en plena forma (cf. Variants y Über Artaud, ambos de este año).

¿Quiénes son Capricorni Pneumatici? Por encima de leyendas urbanas como la que habla de un combo californiano asociado a cultos abominables y al prominente satanista Anton LaVey, lo que se sabe es que el dúo proviene de Milán (Italia). Si bien sus identidades reales son un misterio, se les conoce por los alias de Pazuzu y Soda Caustica. Desde que debutasen con cassette homónimo allá por 1987, los peninsulares se distinguieron por hibridar música concreta, ruido post industrial, drone music y dark ambient... ¡cuando los dos últimos géneros estaban en pañales o simplemente no existían! La argamasa con que aglutinaron estos marbetes fueron las grabaciones de campo y el uso de sonidos que todavía hoy son susceptibles de catalogarse como “no convencionales”.

La elección del nombre para el tándem es completamente intencional, extraído del Liber A'ash Vel Capricorni Pneumatici, obra publicada en 1909 por el ocultista decimonónico Aleister Crowley. De hecho, en torno al binomio milanés siempre ha existido una tenebrosa aura de esoterismo oscuro y de paganismo ritual, rasgos frecuentemente relacionados a día de hoy con cualquier proyecto nacido en el seno del dark ambient. Como corresponde, su música se convierte en fiel reflejo de ese sincrético ocultismo non-sanctus. IX TAB no es la excepción.

Consagrado a la epónima divinidad maya (cuyo nombre se traduce como “Señora del Lazo”), diosa de las sogas (¡!) y de los embustes, patrona además de quienes se suicidaban ahorcándose (¡¡!!); el tape es un súmmum de sombrías vibraciones abstractas e iterativas por añadidura, las más de las veces carentes de significativos timbres tonales. Pese a tener momentos comparativamente más melódicos (“L’Ultima Cerimonia”, “Dhyana”, “On Carmel’s Peak”), éstos tienden a difuminarse, devorados por graves subsónicos que devienen en cascadas, por texturas zumbantes en las que palpita la velada amenaza de sordos ciclones (“I.A.O.”).

En composiciones como “The Inquisition” o la dilatada “Akhkharu”, Capricorni Pneumatici hace algo más que aproximarse al post industrial. Los amagos de estructuras eurítmicas se desbarrancan rapidísimo, frente a un ambient que de tanto aporrear lo que encuentre en el camino, despliega nutridos bombardeos de resonancias pánicas. En “Akhkharu”, además, se oyen susurros siniestros, murmullos decadentes. La utilización de voces se hace extensiva a “Khampa” y a “Ortson Erdap!”: en el primer caso, más en plan de manipulación deforme acompañada de tenues percusiones tribales, mientras que para el segundo se recurre a la recitación de lo que parecen ser arcaicos conjuros de magia negra. También se apela en “Ortson...” a campanadas lúgubres -coartada estética vinculada a las latas/los tanques de acero zarandeadas/os en “Captivity”, track de apertura, lo que pone de relieve el empleo que de martillos, tuberías de PVC y hasta hachas ejerce la mancuerna lombarda.

Avant dark ambient, lustros antes de que el género se hiciera moneda de cambio común en predios de los circuitos independientes internacionales. Una otra clase maestra sobre cómo subvertir y sobre todo desencorsetar cualquier tipo de paradigmas sonoros, utilizando mínimos recursos con el mayor de los ingenios. Por tal razón, Raffaele Pezzella -capo de las citadas escuderías- incluye a IX TAB en la línea de lanzamientos ‘Italian Post Industrial Classics Collection’. Más que merecido, si bien las etiquetas se quedan chicas (como suele ocurrir).

Hákim de Merv

jueves, 24 de julio de 2025

Stalker - Music Inspired By Andrej Tarkowskij's Movie // Music For Alien Temples

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de julio de 2025.)

Cronenberg, Fulci, Argento... No sé si las compilaciones temáticas de Eighth Tower Records consagradas a tamaños cineastas constituyan una línea de lanzamientos como tal. De no ser ésa la situación, sí se han convertido en una saludable costumbre, que espero la independiente napolitana especialista en sonoridades opacas y similares mantenga durante luengos años. Por lo pronto, ya se amplió el radio de acción hacia la literatura, dedicando sendos capítulos a la novela Drácula de Bram Stoker (‘22) y a los cuentos góticos de Edgar Allan Poe (‘23).

En mayo del ‘24 vio la luz Stalker - Music Inspired By Andrej Tarkowskij's Movie. Como indica su nombre, el panorámico homenajea a una de las dos películas inscritas en el género de la ciencia-ficción rodadas por el gigantesco director soviético. Más allá de la (parcial) coincidencia estética, merece destacarse el hecho de haberse enfocado esta vez la discográfica en un artista que poco tiene en común con sus colegas antes enumerados. Y es que cada largometraje de Andrei Tarkovski se convierte en una experiencia única -con más razón Stalker (‘79), de interminables planos contemplativos y texturas inmersivas, (sobre)cargado por igual de simbología y de metafísica.

Acorde con el aliento denso e introspectivo del film, la rodaja se fundamenta en esa aleación que el sello peninsular ha convertido en distintiva piedra de toque -un acrisolamiento de dark ambient y de drone music. Sean electroacústicas o digitales, las performances producen sonidos mistéricos, sombríos, por momentos elefantiásicos (cf. “Everywhere Is A Prison” de Mario Lino Stancati). Músicas mesmerizantes que se debaten entre la homeostasis y la transistasis, como evocando transmisiones al azar de ondas hertzianas, gestando suites ambientales adornadas las menos de las veces por grabaciones que perennizan ruidos naturales abundantes en espacios inertes; sean éstos silvestres o levantados por la mano del Hombre.

Escucho así el discurrir silencioso del agua en “The Stalkers” de Kelados, así como su goteo copioso y el soplo vivaz del viento en “Porcupine Trap” de Tsath. De esa misma expresividad caracoleante también se nutre “Approaching The Room” de Esa Ruoho. El resto de Stalker - Music Inspired By... evoca climas de otredad (“The Zone” de Rapoon), de lugares deshabitados y tomados por la entropía (“The Desire That Has Made You Suffer Most” de Morgen Wurde), anegados en un ambient exiguo y no obstante opresivo (“Puddles And Debris” de Phoanøgramma, “Strefa Poleska” de Zabbaleen). Merced a semejante estimulación auditiva, las sensaciones suscitadas en la materia gris remiten al acto de arrastrarse, escabullirse, reptar...

La excepción de rigor, que rompe los estrictos parámetros del minimalismo al que es afecto Eighth Tower, es doble. Por un lado, el cierre “Anomaly In The Cell” de Glacial Anatomy no renuncia al silencio pero sí a la ausencia de melodía, generando vasos comunicantes con discursos menos agrestes como el bliss out. Por otro lado, “Ominous Hazards” de Mombi Yuleman se descarrila al aproximarse a sus tres minutos hacia programaciones electrónicas embrionarias, dando de lleno en atmósferas consuetudinariamente tenidas por futuristas. Nunca pensé que oiría algo así en la nómina de la label azzurri.

Nada más comenzar, ya en este 2025 la subsidiaria de Unexplained Sounds edita el volumen Music For Alien Temples. Calza también su concepto subyacente dentro de los límites estilísticos de la escudería, proponiendo escenarios que la ficción especulativa se encarga de apuntalar y/o diversificar hasta superlativos grados inimaginables.

Efectivamente, la noción de templos extraterrestres implica civilizaciones -existentes, más probablemente extintas- que han germinado en otros rincones del Universo. Comporta, además, una función concreta que el fenómeno religioso debiera cumplir dentro del tejido social desarrollado por esas entidades inteligentes. Todo ello, en el marco de especies substancialmente distintas a la nuestra,  tanto  desde  el  punto  de  vista  biológico  como  desde  el  cognitivo. Las posibilidades, por ende, son infinitas -vg. formas de vida basadas en el silicio, no en el carbono.

Sugestionado por las variedades que cultiva y suele fomentar Eighth Tower, me gusta pensar que las exploradas aquí son contingencias relacionadas a la llamada “Teoría del Gran Filtro”, que postula que nuestro Universo está lleno de restos de civilizaciones muertas; bien porque cumplieron su ciclo hace mucho tiempo, bien porque enfrentaron eventos de extinción masiva. Por probabilidad estadística, en algún momento llegará nuestro turno, y la Humanidad se desvanecerá irremediablemente, si para entonces aún no logra destetarse de la Tierra y colonizar mundos exteriores habitables allende el Sistema Solar. Los vestigios de carácter religioso que sobrevivan a nuestra desaparición serían, llegado el caso, equivalentes a la idea de templos extraterrestres para quienes vengan después de nosotros/as.

Complejos urbanos avejentados por el hollín y el paso inexorable del Tiempo, erigidos en parajes de una majestad cósmica que causa vértigo. Solemnes megaestructuras atiborradas de la caleidoscópica gradación del color del óxido. Extraños entramados arquitectónicos que constituyen un enigma en sí mismos, al no disponer de mayor información acerca de sus constructor¿es?/¿as? Y en ese hipotético porvenir en el que conseguimos explorar estos sacros lugares desolados, estas olvidadas edificaciones rituales, estos mudos testigos de las cumbres que alcanzaron quienes vivieron mucho antes que nosotros/as; se acopla de maravillas la banda sonora que supone este desmesurado Music For Alien Temples, que sobrepasa con facilidad los 90 minutos.

Ambient que huele a oquedad y antigüedad (“Ashen Icons” de The Black Monolith), armónicos masivos de carácter reverberante (“Observation Of Ceremonial Or Ritual Occurrence” de Insectarium), tonos antinaturalmente deformados (“Dormant Atmosphere” de Kokum retuerce con saña el simplón sonsonete de Close Encounters Of The Third Kind), drone megalítico (“Space Temples Caving” de Bjørn Jenkins), atribulado(r) dark ambient de ribetes titánicos (“The Syvronesis Temple” de Plamen Večnosti). Música perfecta con que explorar reliquias de mundos olvidados, la de Music For Alien Temples deviene en un trabajo sólido, que no claudica en su intención de aventurarse a través de las ventanas espacio-temporales que provee el Sonido hacia esas lejanas huellas pétreas. Sin embargo, sí cede en su visión sombría de estas zonas en “Extraterrestrial Superiority” de Taphephobia, y más aún en los casi 15 minutos de “Dark Spire” de Joe Mathews -melancólicos, deprimentes, tristes. Humanos.

Hákim de Merv