Nueva entrega de Rü, quizá el exponente más conspicuo del bedroom pop limeño. Para la ocasión,
Bruno Cuzcano ha reducido notablemente las opciones que venía manejando el
guardarropa de su proyecto solista, dosificándole esa habilidad proteica
refrendada por jornadas anteriores de mostrar varios rostros distintos -shoegazing,
psicodelia, funk, indie, lo fi, electrónica...- durante una misma entrega.

Apuesto a que este
panorama es producto de lidias varias con el vil sentimiento. Y es que el joven
individualista parece flotar hoy en uno de esos períodos entre la desilusión subsecuente
a una ruptura amorosa y los albores de una nueva relación sentimental, etapas que
la Vida suele atiborrar de indulgente saudade. Ese tristón humor miserabilista que
copa letra y música recibe confirmación del propio Cuzcano, quien en las notas
de BandCamp dedica 10 de las 13 canciones a su ex y las restantes a otra (no
aclara si se refiere a otra ex o simplemente a alguien más).
Secundado por el
baterista Sergio Maldonado, cuya recurrencia indica una paulatina integración a Rü en funciones de músico de estudio, Bruno se asocia a nuevos nombres para
despachar estos óleos pletóricos en narraciones de desencuentros y expectativas
frustradas: César Gutiérrez se encarga de la flauta traversa en “En Tus
Lunares” y “Tú”, mientras que Piero Rodríguez apuntala la percusión en esta
última y “En Tu Boca”. Sin embargo, quien se roba los flashes es un músico
lacónicamente acreditado como David, ¿miembro?/¿ex miembro? del grupo
venezolano Dante Y La Divina Comedia. Su saxofón se lleva de maravillas con
muchos pasajes de Rojo.

No se me termina de
acomodar el hecho de que Cuzcano haya eliminado de su catálogo discográfico el extended
Patético (2019). Podría alegar que Rojo es la primera referencia del
capitalino para una escudería independiente, la renombrada LaFlor Records, y el
incluir en el largo dos de cuatro temas del EP (“Tan Vacío” y “Tan Loco”) lo
inclinaron a esa supresión. Sería especular. De cualquier modo, lo que sí
representa Rojo es el arribo a un
cierto grado de madurez como productor y cantautor bedroom pop, el lente meloso
y acibarado con que este músico de 20 abriles enfrenta nuevos escenarios
anímicos, propios de la segunda juventud.
El disco merece
puntaje adicional por su voluptuosa portada -fotografía, acreditada a Soledad Samamé, de una composición plástica creada por José Andrés Lezma (que bastante
de naturaleza muerta tiene, en la pobre opinión de un aficionado a la pintura).
Hákim de Merv
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