viernes, 4 de mayo de 2018

Sexores

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de abril del 2018.)

Avanzadas ya casi dos décadas tras el Año Jubilar, de una centuria cuyo principal signo identitario es el de la Globalización a través de Internet; que cada tanto surja en el  horizonte de la música pop, desde coordenadas geográficas impensadas, un nombre cumplidor de prometedor potencial, ya no es sorprendente. Lo inquietante en todo caso es que haya permanecido oculto durante un tiempo que, atendiendo al ritmo de vida actual -cada día aparecen cientos de placas nuevas en todo el planeta-, puede ser percibido como larguísimo.

Mi primera vez con Sexores se dio en el 2014. Su esférico de ese año, Historias De Frío, me los presentaba como un grupo muy interesante. Por fortuna, lo siguen siendo cuatro años después. Averigüé entonces que se trataba de un combo ecuatoriano formado en el 2009, y que por esas fechas radicaba en Barcelona. En términos de música pop, Ecuador sigue siendo para mí un enigma aún hoy: alguna vez escuché trabajos de gente como Industria Masoquista, Paisanos (noise electrónico ambos, el segundo mucho menos tóxico que el primero), Manuel Núñez y una olvidada compilación de metal -Mortal Decisión, Ente, Chancro Duro, Basca y Total Death. También a los divertidos Cacería De Lagartos, y a Rocola Bacalao; conjuntos aparecidos en los 90s, si bien les presté oídos tardíamente -recién en el nuevo siglo. De todos los mencionados, ninguno guarda semejanzas estilísticas con Sexores.

Insular o no, un alias shoegazing ecuatoriano es motivo suficiente para despercudirse y dejar de lado prejuicios idiotas. Aunque, en el Principio, no fue el shoegazing la estrella que guiase los pasos versales. Durante éstos, hasta más o menos el 2012, Emilia Bahamonde y David Yepez no suscribían un estilo definido. Su música exhibía las trazas de un pop electrónico que se debatía entre Garbage y la versión más descafeinada del trip hop -el downtempo. En esa hesitación los muestran tanto el 001 EP (2010) como el mini-álbum Amok & Burnout (2011): Sexores tenía tanto de música electrónica ambiental lo suficientemente groovy (“Sodio”), como de unos Garbage con saturación (“Hxkshxknthx”) o sin ella (“Doser”). Intentos por mezclar ambas vetas, pocos, muy pocos (“Simios”).



Es en el 2013, con el lanzamiento del sencillo Titán (“Doppelgänger” como lado A), que se puede hablar de un viraje no sé qué tan impensado hacia el shoegazing. Y es que vale la pena recordar que muchas veces la prensa especializada sindicó a Garbage como la versión pop de Curve, el dúo baggy británico de Toni Halliday y Dean García. De hecho, Curve también tiene un tema bautizado como “Doppelgänger”, pero no es el de Sexores una relectura. Como fuere, este single, shoegazing más pop que dream; marcaría la pauta -sin agotar posibilidades ni mucho menos- de lo que debe considerarse el debut en regla de Sexores.

Mirados desde este preciso instante, los sucesos que rodearon la aparición de Historias De Frío podrían calificarse hasta de anecdóticos. En su momento, empero, fueron de lo más duros. Con una “primera versión” de HDF ya terminada, el binomio ecuatoriano fue presa de un robo que le privó de todo el material que componía este nuevo capítulo de largo aliento, obligándole a comenzar de nuevo desde cero y retrasando la salida originalmente planteada para el 2013. Lo que conocemos como Historias..., pues, es una segunda toma de un proceso creativo que ya había acabado, y cuya primera toma quién sabe si alguna vez se recuperará.

Pero el Tiempo ha de poner a esta “segunda versión” de HDF en el lugar que le corresponde. Se trata de uno de los mayores y más acabados esfuerzos que ha visto emerger la escena latinoamericana en lo que va del siglo XXI. Una joya. Cierto que Sexores no está descubriendo nada nuevo, pero tampoco creo que alguien se atreva a catalogar a Historias... de puramente epigónico. Plagado de arreglos angelicales, con mucho de misterio y de intriga, pero sobre todo de brumosa melancolía; cada track oscila entre la duermevela y el ensueño, a toda hora tributario de la mejor tradición shoegazing. Pale Saints, Chapterhouse, Silvania, el primer Bowery Electric, Swallow... Una orquestación electrónica a cuatro manos, fundamentada en controladores varios y secuenciadores,  soporta la ejecución en guitarra de Bahamonde, cuyas vocales además te dan en el suelo hasta deslumbrarte; y el bateo eficaz/cómplice de Yepez.


Por encima de cualquier matiz, Historias De Frío es un preciosista manual shoegazing de arte y ensayo -un puñado de ocho temas que escuchar una, dos, diez, treinta veces; sin que el tímpano dé la menor señal de hastío o cansancio. Una jornada atemporal, a partir de la cual recrear un género completo en caso se perdiesen todas las demás referencias. No por las puras, fue HDF el artefacto que llamase la atención sobre Sexores, quienes a partir de ese momento ganarían una reputación en los circuitos independientes que han ido consolidando paulatinamente.

Dos años después del Historias..., la pareja regresó a las andadas con otro mini-álbum, Red Rooms (2016). Su sonido aquí luce muy reconcentrado, aún diríase más, macerado en extremo. Ese sentido de la melodía que reinaba en Historias..., con el que empatizabas instantáneamente, cosecha nuevas audiencias a través de este disco. La novedad se concreta gracias a interesantes acercamientos al lenguaje electrónico -lo cual podría interpretarse como un giro de 360 grados en la trayectoria de la dupla, de no ser porque ahora ésta se aproxima a sonoridades digitales con ambos pies firmes sobre el shoegazing. En tal sentido, “U.S.S.R. Girls” es tremendo salto hacia adelante, evocando una vez más la estela de Curve. No obstante, predominan las ambientaciones oceánicas plácidas, las programaciones que caracolean con el reverb como hacía tiempo no escuchaba. Y, coronando Red Rooms, del cierre se encarga un tema casi en onda slowcore: “Loner”.


Sexores presentó RR, producido en formato cassette por la independiente italiana Coypu Records, en Lima; en el marco del festival Integraciones del 2016. Ese año, la sociedad Bahamonde-Yepez coincidió con el acto nacional Cao (nuevo proyecto de Constanza Núñez-Melgar tras Panyoba) y los achorados chilenos electro-cósmicos de Föllakzoid. Tengo entendido que aquella era la cuarta vez que Sexores visitaba el Perú, si bien fue la primera vez que los disfruté en directo.


La afortunada confirmación de lo que dejaba entrever Red Rooms ha llegado este año de la mano del que es, hasta ahora, el proyecto más ambicioso del tándem norteño. East / West es el primer disco de Sexores que, bajo los viejos cánones del vinilo, se concibe en formato doble. La edición física corre por cuenta de la discográfica nacional Buh Records, de Luis Alvarado: esto le ha permitido a la banda y a su nuevo vástago tener mayor difusión por estos lares. Es decir, mayor difusión de la que ya tienen.

Como avisa su título, el díptico tiene un contraste de naturaleza conceptual muy enfatizado. La primera rodaja -‘West’, ocho temas- está constituida por las nuevas composiciones de ascendencia pop en que han trabajado Emilia y David durante los meses transcurridos desde Red Rooms. La segunda rodaja -‘East’, ocho temas-, por el contrario, ha sido reservada para pistas de carácter experimental, que no enganchan rápidamente con el consumidor promedio: la densidad en este tramo del viaje, en efecto, puede llegar a intimidarle -diablos, ¿cómo hace gente de la talla de Klaus Schulze o Lovesliescrushing para prolongar, transubstanciado, el impacto de su huella después de tanto tiempo?-.


Quizá por ello, ‘West’ es la rodaja que me permite hablar con largueza de esta fusión entre shoegazing y electrónica no precisamente downtempo o trip hop -a diferencia de lo practicado por los arequipeños Paisaje 3, que lograron una inusual y muy original mixtura entre estos géneros (tripgaze)-. Sexores, no es baladí subrayarlo, jamás se olvida de la guitarra durante sus sesudas exploraciones electropop: diseña ésta imponentes murallones de sonido por entre los nutridos tapices de sintetizadores que ahora integran el vocabulario del dueto, murallones cuya majestad pareciera desvanecerse al tacto. La prístina voz de Bahamonde, como antes, dota de emoción y belleza sutiles a estas composiciones que, dado el caso; incluso podrían inducir al trance hipnótico.

Por otra parte, ‘East’ es una inequívoca visión hasta cierto punto críptica del Lado Oscuro de la vida que nos rodea, sea ésta humana o de otra especie. Por suerte, en Sexores la experimentación no obvia ese filón emocional tan necesario cuando se pretende vertebrar una reflexión sombría sobre el futuro de la Tierra y los pequeños/personales apocalipsis que nos toca afrontar a diario: (no siempre) rehuyendo estructuras lineales, ‘East’ hace las veces de íntimo tour de force mental que penetra la insignificancia sideral de la Humanidad, la rutina cotidiana, la “soledad colectiva” a la que lleva una elección de vida rara avis...


Sin presentarlo aún en nuestro país oficialmente, pero ya con East / West en mano, Sexores regresó a Lima hace veintitrés días. Pese a que no me sentía nada bien de ánimo, fui a verlos, pues siempre he creído en el poder sanador que opera la magia de Euterpe sobre sus fieles e incondicionales devotos. Abrumado de lúgubres pensamientos como estaba, peregriné hasta el edificio de Fundación Telefónica. Abrieron esa noche los locales de Puna, que ofrecieron temas nuevos sin pausa, generando la impresión de un enorme “meta-tema” con el que el público no llegó a conectar del todo. Era previsible: el perfil de la asistencia era más pop, y había venido específicamente por el platillo de fondo. Allí quedó demostrado que Sexores ya cuenta con una feligresía peruana que les quiere y les sigue -por su música, claro que sí, pero también por su presencia constante bajo estos cielos.

(En el intermedio, comenzó a sonar por los parlantes el Sleeps With The Fishes (1987), gema de Pieter Nooten (Clan Of Xymox) y Michael Brook (This Mortal Coil, Brian Eno, etc). “Bendito DJ”, pensé en esos momentos, y me predispuse a sanar, aunque sea por un rato. Claro que luego, cuando el disco iba por “After The Call”, lo sacaron a la mala y encajaron el Spleen And Ideal (1985) de Dead Can Dance. “Maldito DJ”, pensé entonces, amo a DCD, pero el Sleeps... es una rareza de 24 kilates.)


Y saltaron a la cancha Emilia y David, acompañados por Felipe Meneses (bajo) y Jaime Murgueytio (sintetizadores). Y el jolgorio fue unánime. Tocaron temas del nuevo largo, incluyendo uno de “el lado difícil” (me reía por dentro de la reacción de algunos que no sabían si aplaudir o no), amén de otros clásicos del repertorio ya eran harto conocidos y consecuentemente vitoreados. La performance habrá durado cerca de una hora, mas, como suele pasar cuando disfrutas de algo con todas tus fuerzas; el tiempo fue tirano y se nos hizo cortísimo a todos allí. Importó poco. Al menos en mí, la tutela de la musa había cumplido su cometido. Y aunque después, caminando desde FT hacia Sucre con Bolívar, fantasmas y demonios volvían a atacar tratando de hacer presa en mí, sobrevivió un hálito de esperanza en el recuerdo del directo de Sexores, que me arrulló hasta que el Sueño borró todo vestigio del ingrato presente. Milagros secretos que algunos tenemos la suerte de presenciar/vivir.


Hákim de Merv

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