jueves, 16 de agosto de 2018

Sonologyst

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de agosto del 2018.)

Inquietante el modo en que ha empezado a evolucionar lo que entendemos por “polisemia”. El significado original del término designa la cualidad de una palabra o signo lingüístico “que tiene varias acepciones o significados”. Una palabra polisémica, en consecuencia, maneja “dos o más significados que se relacionan entre sí”. Este postrer entrecomillado ya no es necesariamente cierto desde hace décadas. En su álbum de 1975, Radioactivity, Kraftwerk apostaba abiertamente por la ambigüedad: ¿se referían título y concepto a la actividad radiofónica o a la radiación atómico-nuclear?

Lo que no podían prever ni el Océano, ni el Larousse Ilustrado, ni el Espasa Calpe; era que tal significado de “polisemia” empezase a aplicarse a más de una palabra. Hace apenas unos años, le recomendaba a un amigo, músico vanguardista local, darle una oportunidad a Maximum Terrorem. Éste es/¿era? un avatar de Erick Bullón, que firmaba discos cuyos rasgos podían ser simplistamente descritos como dark ambient. Mi amigo retrucó que ya había escuchado el subgénero en cuestión, oponiendo a mi sugerencia los nombres de Black Tape For A Blue Girl, Ordo Equitum Solis, Lycia y casi toda la tropilla del sello estadounidense Projekt. MT no se parece en nada a la citada nómina, pero entendía los motivos que había tenido mi amigo para confundirse.

Y es que, sin duda, “dark ambient” se ajusta mucho más a los lineamientos de Projekt; puesto que sus grupos partían del dark rock y del gothic para acercarse a la música etérea a través de atmósferas oscuras pero no dantescas. Por otra parte, “ambient dark” sería la precisa manera de sindicar a determinadas bandas de cepa industrial, postindustrial, noise y/o metal; que conscientemente se internan en el minimalismo del ambient para generar climas lúgubres y alevemente dantescos. El vencedor en la lucha por la sobrevivencia fue este último, y el habla cotidiana, que a la hora de la hora es más fuerte que el sistema y la norma en cualquier idioma; le premió sin embargo con la chapa del vencido -haciéndose conocido como “dark ambient” aquello que en un principio era más apropiado tildar de “ambient dark”.

A lo nuestro, antes de que la polisemia nos lleve al lenguaje universal o al babélico caos del Armagedón, lo primero que llegue.

Sonologyst es el unipersonal del italiano Raffaele Pezzella, músico de quien te hablé hace casi un mes en estos mismos bytes con ocasión del In Tenebris Scriptus - A Dark Aural Tribute To H.P. Lovecraft (2018). Como seguro recordarás, el hombre además dirige la discográfica Unexplained Sounds y su subsidiaria Eighth Tower Records, frentes de edición/difusión para cultores de dark ambient y de composición contemporánea de todas partes del mundo. Con el alias de Sonologyst, Pezzella tiene ya seis años de trayectoria publicando mayormente obras de las que él solo es responsable, si bien ello no le ha impedido asociarse cada tanto para asimismo lanzar trabajos conjuntos (Time Is The Enemy, 2016, con el ruso Kshatriy). Contando éstos, y desde el primerísimo Ipotesi Del Continuo (2012), Raffaele lleva catorce discos editados con tal seudónimo. No los he escuchado todos, pero sí una buena cantidad de ellos, lo que me permite ensayar un acercamiento a sus opresivas sonoridades y sus doctas referencias.


Doctas, sí, porque otra cosa no puede pensarse de largos como Ancient Death Cults And Beliefs (2015), A Dream Inside A Dream (2015) o Beyond The Logic Of Science (2013, cada uno de sus tracks nace de samples de/está inspirado por Stockhausen, Morton Subotnick, Pierre Henry, Bernard Parmegiani y Henri Pousseur; entre otros insignes precursores de la misma brillante época). Sonologyst depura la brusquedad del industrial barrenando su aparatosidad, lo deja en los huesos para facilitar a partir de ese estado su acercamiento entre chamánico y hebefrénico al ambient, a la drone music ritualista y de mayúscula abrasión iterativa. En sus genes yace el legado de los grandes compositores electroacústicos de mediados del siglo XX, pero también el de los francotiradores insulares antologados por el Ambient 4: Isolationism (1994) y -tangencialmente- por la cuádruple serie Excursions In Ambience.



Mecanismos sin forma zarandeados por entidades incógnitas, de las que no sabemos nada excepto que no toleran ni media guitarra. Paganismo radioactivo sin evidente raison d'etre, que emite sin cesar cascadas de agobiantes sonidos velados. Antigeneradores de síntesis aditiva cuyas directrices tímbricas muy difícilmente pueden entenderse ideadas por la mente humana promedio. Purga casi absoluta de cualquier elemento al cual el escucha pueda asirse para evitar flotar hacia el maremágnum de materia negra que inexorable se acerca -las poquísimas voces que aparecen en la música de Pezzella son TODAS accesorias... Ésa es la trocha que ha decidido abrir Sonologyst, y en la que se ha desenvuelto progresivamente mejor con cada nueva entrega.

Rodajas como Silencers - The Conspiracy Theory Dossiers (2015, reeditado este año) o Electrons - A Scientific Essay (2016) se hallan masivamente plagadas de sonidos que ni absorben, ni reflejan, ni mucho menos emiten luz alguna -salvo, acaso, la del punzante dub electrónico, que tampoco es que abunde. Me figuro que personas extremadamente sensibles no podrían comprenderlas, e incluso serían incapaces de percibir sus contornos generales, como si fuesen cúmulos de gases fríos compuestos por partículas aún desconocidas para el entendimiento humano. A estas alturas del texto, caería en un oxímoron aduciendo que así es el dark ambient por ascendencia. El ruido de catacumbas pletóricas de vida infrahumana, el sonido que emiten las meninges irritadas, alegorías fabuladas de ruido blanco: cualquiera de estas imágenes alude a su esencia tortuosa/atosigante, sin agotarla.


Una jornada promedio de Sonologyst es, en la práctica, un laberinto sencillísimo de resolver desde fuera. El problema radica en que, una vez dentro, aquello que parecía manifiesto se torna ilusorio; y la arquitectura del dédalo se distorsiona hasta niveles no-euclidianos. Trazados lineales, columnatas y ángulos se multiplican pesadillescamente sin posibilidad de disrupción; y ya sólo el fade out (¿cuán?) arbitrario permite un respiro momentáneo ante el enmarañado súmmum de vericuetos ramificados. Mientras desde fuera el enigma se soluciona con un par de miradas, la experiencia de zambullirse en su interior -escalofriantes climas de enajenación, nihilismo inextricable de magnitudes siderales, malignas trombas de alienación sonora, refinados crescendos minimalistas/maximalistas- no será placentera para quien no esté previamente preparado.

Por su conformación atmosférico-ambiental, Sonologyst ha llegado a ser comparado con Merzbow y Sun O))), lo que me parece erróneo. Salvo por el minimalismo, las vanguardias de ruido digital poco o nada comparten con el dark ambient, que está más cerca del post rock de Scorn o la electrónica del primer Scanner. Aunque anterior a ellas, Merzbow ha terminado integrándoseles. Y en cuanto a Sun O))), podría alegarse que pese a que la dupla de Stephen O'Malley y Greg Anderson ha explorado direcciones consonantes, los resultados son lo suficientemente distintos como para obviar cualquier similitud. De cualquier forma, ello habla muy bien de la unicidad del músico cisalpino.

El año pasado, Pezzella estrenó Apocalypse, que debe ser su disco más singular a la fecha. Por primera vez en seis años, Sonologyst no suena coercitivo ni sofocante. La intención del bautizo es notoria, pero en lugar de un esférico de motivos irrespirables y constrictores, la mirada del europeo es crepuscular, resignada, estoica... Sin dejar de ser idóneo para films de ciencia ficción, el sonido del plástico es vesperal; otro tanto sucede con su narrativa, que enumera las estaciones que la Humanidad atravesaría/atestiguaría ante un evento de idénticas características, desde su advenimiento hasta el inerte final (de hecho, la placa recuerda mucho los minutos finales de Knowing). Por momentos líquido, por momentos anacarado, siempre desoladamente fúnebre; en mi opinión Apocalypse se convirtió en un título a considerar en los recuentos del ejercicio 2017. Su atipicidad no lo hace la más apropiada opción para quienes se muestren interesados en acercarse por primera vez a Sonologyst. No obstante, ya que hemos llegado hasta aquí, y remarcando siempre su accesibilidad... ¿te animas a darle una oportunidad?


Hákim de Merv

jueves, 9 de agosto de 2018

Satélite Menor: Tímidas Formas De Convivencia EP // Club Del Fin Del Mundo: Luna EP // Aloysius Acker: Alba EP // Brageiki: Tutamanta

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de agosto del 2018.)

(In crescendo...)

Dos de las agrupaciones más prominentes adscritas al colectivo UnderPop, dirigido/coordinado por Josué Vásquez, miembros de Marfilia y de Prealba han dado forma a Satélite Menor. Esta nueva asociación lleva por lo menos medio año de existencia, ya que su tema “Maisaje” aparece en el UnderPop... 4.1 (febrero del 2018), hasta ahora última referencia de la saga de compilaciones publicadas por la mancha pop/rock independiente (aunque eso está por cambiar en breve).

SM, sin embargo, es manejado por otro emprendedor sello de estética equivalente -Catenaria Discos. Hace menos de veinte días, la escudería ha colgado para descarga gratuita el debut, Tímidas Formas De Convivencia EP. Cuatro canciones pedestres, muy directas y dinámicas, de ascendencia pop española cosecha 90s, con ese sabor agridulce de bandas como La Buena Vida (la apertura “Días Nuevos” recuerda su poco a los donostiarras). Bien es cierto que los muchachos se inclinan hacia la melancolía conforme se suceden las pistas, pero el cierre de “Maisaje” elude con gracia la trampa mortal de la soledad, la incomunicación, el eterno duelo entre cerebro y corazón...

El dúo de voces que caracteriza a Satélite Menor lo integran Sofía Araya (Marfilia) y Antonio Espinoza (Prealba, además guitarra acústica). Completan la nutrida alineación Vicente García (Prealba, guitarra eléctrica), Mirko Bailón (bajo), Julio Guillén (Panoptia, teclado) y Jesu Ccopa (batería).


En el contraste, el de Club Del Fin Del Mundo es un registro bastante más eléctrico que el de SM. Compañeros de sello, el cuarteto de San Borja también esgrime un sonido pop/rock noventero, un tanto más cercano al sonido college/alternativo de la primera mitad de década. Riffs con buen timing, ritmos pegadizos, ejecución eficaz, chamba en los arreglos, concisión que se agradece: tales son sus mayores características.

CDFDM debutó asimismo con un EP, Luna, sólo que en octubre del año pasado. La potencia que despliega desde “En Tus Ojos”, lanzado como single de promoción radial, no decrece hasta que “Mi Cuerpo No Responde” baja el telón de la jornada; pero sí se acomoda según el caso. Mientras que el surco epónimo, verbigracia, enrumba hacia espejismos inconscientemente deudores del darkwave; “Mi Cuerpo...” revisita coordenadas en las que eventualmente coincidiría con Marfilia.

Notorio punto en contra: “Juego De Intención”. El track, ejercicio de pop sincopado, es bien llevado hasta que la voz decide incursionar en el spoken word (3.05 en adelante). Errores de noviciado, supongo. Sugiero no vuelvan a incurrir en ellos Hugo Bayona (bajo, coros), Chester Luna (batería), Raúl Bustíos (voz) y Diego Orosco (guitarra). Libre descarga, como en el caso de Satélite Menor.


De mirada radicalmente distinta a los 90s, menos de un año ha necesitado Aloysius Acker para volver a samaquear los predios avant nacionales. Alba EP salió a la luz en mayo, y el cambio que implica con respecto al homónimo mini-álbum debut (junio del 2017) es demasiado marcado como para pasar desapercibido.

El proyecto unipersonal de José Rodríguez maneja en esencia las mismas variables del primer episodio: bliss, shoegazing, post rock, ethereal music... Cada una de las cuatro composiciones del extended bebe de ese fino preciosismo pop que le reportó los mayores elogios al individualista en el lance previo. Pero sólo una, “Aurora”, puede acreditar la tesitura vaporosa/el puntillazo impresionista con que Rodríguez rubricaba meses atrás su revisión de la vanguardia más clásica de fines de los 80s y principios de los 90s.

¿Qué pasa con “Luz De Otoño”, “Pastoruri” y “Madreselva”? Que sus melodiosas figuras, en otras condiciones apreciables a simple audición, están enterradas bajo un erosivo vendaval de distorsión. José ha elegido darle mucho mayor peso al Ruido, lo que resitúa a Aloysius Acker a unos cuantos pasos del harsh noise. No critico su decisión. Alba EP sigue siendo muestra inobjetable de cómo debe encararse la música pop contemporánea para transformarla en Arte. Pero admito que me gustaba más la antigua piel de AA. Free download a través de Bifronte Records (foto: Patricia Saucedo).


Desde la zona centro-sur del país (Ayacucho), Brageiki Vega manda al tacho tres años de silencio con su novísimo Tutamanta, quizá el mejor disco de todos los que se han lanzado en lo que va del año dentro de la escena independiente peruana.

Vega ha llevado su peculiar maridaje de músicas vernacular y electrónica a nuevas alturas. Desarrollo ulterior de lo mostrado tanto en El Espejo De La Iris (2014) como en Wayta EP (2015), en Tutamanta la hibridación que practica Brageiki tiene literalmente vida propia: evita las facetas (“Anqasnina”), las abraza para disgregarse sobre ellas (el lo fi nocturnal de “Luna Nueva Para El Perú”, el folklore novoandino de “Pukaray” y “Purikuq” -tributario de maestros como Raúl García Zárate-), desaparece por completo en favor del componente electrónico de la mezcla (“Infrazul” y “Atardecer Para Una Noche”, ambas en inédita clave IDM), vuelve a aparecer reunificada (“Todo Está Químicamente Planeado”, incluye fragmentos de una conferencia que diese Gustavo Cerati a la comunidad latina en Estados Unidos). De acontecer unas detrás de otras, estas sucesivas transformaciones evocarían/emularían ciclos vitales de la naturaleza -el del agua, sin ir más lejos.

Alguna vez alguien escribió que el folklore andino se metamorfosea según el entorno social en que se desarrolle, pero olvidó decir que el individuo importa también, y mucho; tanto o más que la esfera gregaria en que éste se mueve. Siendo Brageiki uno en quien habitan dos mundos en constante fricción, como igualmente le pasaba al taita Arguedas, la síntesis de su obra es doblemente encomiable. Tutamanta es la consolidación definitiva del bellísimo estilo personal que el limeño de raíces ayacuchanas ha decidido cultivar, para nuestra fortuna -no tengo ni puñetera idea de qué demonios hará luego para superarse a sí mismo. En sus mejores pasajes, me hace pensar en un Robin Rimbaud tercermundista que prescinde de todo muestreo expropiado a la red de telecomunicaciones.

Edita esta gema SuperSpace Records, patria discográfica fundada por el camarada Wilder Gonzales Agreda.


Hákim de Merv

jueves, 2 de agosto de 2018

Luismiwave: Tributo A Luis Miguel // Seatemples: Down Memory Lane

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 25 de julio del 2018.)

Side effect negativo del mundo globalizado en que nos movemos hoy, “gracias” al home run obtenido por la serie de Netflix ahora resulta que tooooooodo el mundo ha sido/es fan de Luis Miguel. En el mejor escenario, para mí no es otra cosa que un sujeto premiado por Madre Natura con determinados talentos -malgastados, como otros inútiles del mismo rubro (Juan Gabriel a primer lugar), en una carrera comercial/marketera orientada a extraer los últimos dividendos que podían exprimírsele a un ¿género? tan anodino e insípido como la “canción hispanoamericana”; equivalente al risible schlager alemán de post-guerra.

Te preguntarás a santo de qué hablar del así llamado “Sol de México”, cuya reaparición hace unos dos o tres años lo hacía parecer más una metagalaxia, de lo rollizamente adiposo que estaba. Obvio: por definición, el vaporwave se nutre de esa nostalgia con que arrebujamos el pasado entre fines de los 70s y principios de los 90s. Marcado por aquello que arbitrariamente imponían radio y televisión, y a diferencia del Primer Mundo, el nuestro estuvo literalmente plagado de las melodías de Luis Miguel y los de su especie. A ellos se debe el vaporwave de origen latino, (les) guste o no.

Con la consigna de agrupar a los músicos vaporwave de esta parte del globo alrededor de una plataforma sólida e independiente, la discográfica Eternal Vibes viene operando desde hace unos meses. Su primer lanzamiento data de noviembre del 2017 (la compilación Eternal Vibes Vol. I), y en menos de un año ya bordea la veintena de títulos. Aunque el hecho de que la label haya sido fruto de la iniciativa de un mexicano (Rubén Ibarra), un dominicano (Edgard López) y un chileno (Salvador Mella), da pie como para hablar de una sede social sita en Internet; lo cierto es que la producción física de los álbums tiene lugar en Chile.

Capitalizando el runrún generado por la serie de marras, la reciente aparición de Luismiwave: Tributo A Luis Miguel (2018) ha sido cálidamente recibida en los circuitos underground latinos. Se apuntan actos de cuatro países de la región: Chile (MALO420 y PEPSIMAN™), Paraguay (bøbi), Argentina (PLASMA, Invisible Lover y プテ/Svn Prxtxctxr/ック) y México (サントダック Saint Duck, Blue Fancy, RFKR BAS$, Skule Toyama, T H A 竜児かれ超神 R U, Jesse Cassettes y EMBA Soundsystem). El rango de participación es similar al del Eternal Vibes Vol. I.

La intención de Luismiwave... queda en luminosa evidencia desde el subtítulo. Es éste un homenaje “al icono musical de la década de los 80, Luis Miguel”. Dadas las características ya enumeradas de un ¿género? como el vaporwave, no podía ser de otra forma. Por eso, me deja bastante pensativo el arranque del disco. En “No Culpes A La Noche”, “Cómo Es Posible Que A Mi Lado”, “La Chica Del Bikini Azul”, “Cuando Calienta El Sol” y “Écrivain D'Amour”; los bpms andan bastante pasados de revoluciones: más que admirativos, parecen paródicos, e incluso hasta autoparódicos. Obviando este hecho, suenan muy divertidos, porque precisamente la idea de un tributo electrónico, subrayada todavía más por el vaporwave; es quebrar el contexto original de los samples y reacomodar éstos en otro más subversivo. Digamos que la cadencia superacelerada y tonera de estos cinco tracks permite catalogarles, por analogía imperfecta, de bersek future funk. Lo mismo vale para “Soy Como Quiero Ser”, de bøbi.

A partir de “Estrenando Amor”, de Jesse Cassettes, número future funk que cumple religiosamente el canon; las revoluciones bajan ostensiblemente (con la salvedad ya acotada de bøbi). Relecturas como “手をつないで (私の恋人と)” de Trans World Airlines, “Por Favor Señora” de MALO420 y “Golden Law” de Invisible Lover fluctúan entre el vaporwave original y el mallsoft/muzakcore; sin llegar a constituirse en híbridos. Sí lo hace “Sunny Protection” de プテ/Svn Prxtxctxr/ック, en tanto que “Inolvidable” de EMBA Soundsystem ignora la voz del casi cincuentón cantante para alcanzar la (¿sub?)categoría de dreamwave.

Admito que se trata de una encantadora revisión de lo publicado por el mexicano-que-en-realidad-es-puertorriqueño. Reconozco que muchos fragmentos de sus canciones nunca dejarán de rodar por los intrincados pliegues de mi materia gris, porque a fuerza de encontrarme con ellos hasta en la sopa, se me han quedado grabados sin la menor intención. Pero también es verdad que este Luismiwave... es una lúdica manera de enfrentarlos, deconstruirlos para acelerarles o sosegarles, y así socavarlos -(les) guste o no.


La comuna portuaria de Coquimbo, en la región del mismo nombre al norte de Valparaíso, es el hogar de Seatemples. Formados en los estertores del 2014, en septiembre del 2015 y en agosto del 2016 germinan respectivamente sus primeros singles virtuales, “Lanterns” y “Further” -el primero de ellos permanece para descarga gratuita en SoundCloud.

Ambos son repescados en el debut largo Down Memory Lane (septiembre del año pasado). Antes y después, la banda colabora en dos homenajes orquestados por la prestigiosa bitácora brasilera The Blog That Celebrates Itself: Just For A Life: A Homage To Slowdive (febrero del 2017, con “Spanish Air”, del primigenio Just For A Day) y Popkiss - TBTCI Meets Sarah Recs (febrero de este año, con “Quicksilver”, de The Field Mice, editado en el So Said Kay EP). Las versiones a tamaños referentes no son gratuitas, pues ambos -tanto Slowdive como la seminal escudería Sarah Records- pueden ser mapeados en el genoma del grupo que conforman Moisés Segovia (sintetizador), Diego Herrera (batería), Priscila Ugalde (bajo y voz) y Patricio Zenteno (voz, guitarra y programación). Cabe aquí resaltar que, durante la etapa tempranera de Seatemples, signada por un feedback muy interesante entre el combo y su entorno, documentado a través de fotografías, logo y videos; Zenteno también se hizo cargo de secuenciadores y samples.

Parte de esa retroalimentación se refleja en DML sólo de modo accesorio. Ello, debido a las dos improntas que rubrican sobremanera el output de los coquimbanos. Por un lado, el post punk a centímetros de convertirse en dark. Por el otro, el shoegazing en fase dream pop. De las principales características de estos discursos no opuestos, pero sí distintos, está repleto el disco: guitarras incisivas que producen luminiscentes telarañas de sonido, en medio de la “silenciosa” e inagotable marcha del bajo; sugerentes ambientaciones instrumentales de espacios cerrados, dentro de los que la pluma de Zenteno describe emociones como la saudade, el amor, la vulnerabilidad; percusión contenida delimitando envolventes melodías de una rara tonalidad acústica...

Down Memory Lane, que circunstancialmente añade a sus cuarenta y tantos minutos pinceladas neopsicodélicas (como en “Seaweed”), me ha traído a la memoria el fantástico To Deaf And Day (2017) de los californianos Glaare. En las calles un mes después del debut chileno, la maravillosa web mexicana Sound And Vision describió a los norteamericanos como el equivalente a escuchar un 33 de The Cure y tenerlo presente en las neuronas durante un directo de Slowdive. La pequeña-pero-importante diferencia entre ambos estriba en que el sonido de los sureños es mucho más acerado y potente: piezas como “The Burning World”, “The Crack Of Light”, “When The Sea Reveals” (me encantó el guiño a Mercury Rev) o “Coronal Loop” transpiran una energía, un vigor que no tiene ninguna pista del To Deaf... (que así y todo sale bastante airoso).

Actualmente, Seatemples vive días felices. Su ingreso al catálogo de la disquera norteamericana Custom Made Music (Ringo Deathstarr, Citrus Clouds, Peter Hook & The Light), que se ha encargado de la realización física del Down..., ocurre en medio del proceso de composición del segundo capítulo del cuarteto. Maquetas del mismo ya dan cuenta de por lo menos dos singles listos, tentativamente titulados “Secuestro” y “Holograms”. No hay fecha de lanzamiento a la vista, de lo que se colige que tampoco hay apuro. Por donde se sopese, esta apasionante alternativa a lo hecho por The Holydrug Couple constituye una (otra) agradable sorpresa.



Hákim de Merv

jueves, 19 de julio de 2018

In Tenebris Scriptus - A Dark Aural Tribute To H.P. Lovecraft

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de julio del 2018.)

Cumpliéndose en este 2018 nada menos que 128 calendarios de su natalicio, y hallándonos ya en camino de conmemorar el centenario de su partida -restan diecinueve almanaques y contando-, aún la Humanidad vive fascinada con las cosmogonías de delirio que escribió/¿transcribió? Howard Phillips Lovecraft, el padre del cuento materialista del terror. Detalle no menor: sin importar cuánto han avanzado desde su desaparición las artes plásticas, la técnica narrativa literaria o “el versátil celuloide” (Jorge Luis Borges dixit); el horror transgaláctico del que se hiciese eco el genio de Providence, aquello que las palabras (de su tiempo) se resistían a/no podían describir, sigue eludiendo cualquier representación cabal, y alimentando de paso el atávico miedo que yace en el subconsciente de la especie.

La Música, el arte que elegí honrar todos los días de mi vida, no ha sido en absoluto ajena a esa fascinación; si bien podría decirse que ha corrido con similar suerte que el resto de las manifestaciones que han intentado digamos “corporizar” el ciego terror preternatural del onirófago autor usamericano. Casi en todos los rincones del mundo civilizado, el maestro siempre ha tenido devotos entre los músicos pop: desde los inclasificables alemanes Necronomicon y su magistral Tips Zum Selbstmord (1972, existe otra banda germana con el mismo nombre, avocada al thrash) hasta los en-su-tiempo desconocidos norteamericanos H.P. Lovecraft (sendos proto-psicodélicos volúmenes homónimos en 1967 y 1968), desde los franceses Shub-Niggurath y su avant prog rock hasta el virginiano proyecto unipersonal Out Of Orion, desde las compilaciones underground ibéricas Necronomicon (1984-1987) hasta los ucranianos Yog Sothoth, pasando por guiños admirativos menos notorios pero igual de relevantes -“The Call Of Ktulu” de Metallica, “Lovecraft In Brooklyn” de The Mountain Goats.

Previsiblemente, también Latinoamérica se ha rendido al hechizo lovecraftiano. Desde el hermano país de Chile, tenemos noticias de tributos tales como “Hypnos” y “Marginalia” de Lluvia Ácida (temas incluidos en el debut Simulación, 1996), el doble EP Erich Zann (2003) de Fiat600, el grupo Lovecraft de Concepción (el indie chileno en los 90s era la raja), el proyecto experimental santiaguino Ihä... Con alias casi idéntico a este último, el año pasado la banda argentina de stoner y psicodelia IAH debutó auspiciosamente, y no olvidemos a sus brasileños colegas de pelotón Necronomicon. Asimismo, no son pocos los músicos peruanos influenciados por H.P.: Insumisión, Fractal, Dios Hastío, La Ira De Dios, Maximum Terrorem...

Hace mes y medio, apareció en la Red In Tenebris Scriptus - A Dark Aural Tribute To H.P. Lovecraft. No es el primer disco colectivo que homenajea a quien tal vez sea el literato misántropo más famoso de la Historia, ya que está el antecedente del latinoamericano El Ceremonial (2016), pero a la fecha sí es el más logrado. Curado por Raffaele Pezzella, único miembro de Sonologyst y responsable de la plataforma Unexplained Sounds, In Tenebris Scriptus... viene respaldado por la reputación que se han construido tanto la escudería como su sello subsidiario Eighth Tower Records. A saber: un cuidadoso catálogo de grupos, artistas y elefantiásicas recopilaciones temáticas signadas por un dark ambient experimental y rigurosamente ritualista, por una impredecible drone music subterránea y profundamente deudora del post industrial cercano a la experimentación sónica noventera, por una voracidad insaciable para mapear corrientes telúricas similares de todas las latitudes posibles. Como muestra, cuatro títulos: Visions Of Darkness In Iranian Contemporary Composition (2017), The Cave Of Metaphysical Darkness & Lights (2018) de Moloch Conspiracy,  New Modernism (2018), y Ancient Death Cults And Beliefs (2015) de Sonologyst.

Un factor que parece siempre ser tomado muy en cuenta por la label italiana, para todos los lanzamientos que nutren su nómina, es la potencia del volumen. La mayoría se inclinaría por afirmar que ésta casi no existe, porque siendo la música el 100% de las veces la encarnación de tenebrosas visiones pesadillescas, es regla que el volumen no adquiera demasiado protagonismo principal. Las reglas, sin embargo, se hacen justamente para romperse: a mi parecer, existe una modulación del volumen, y ello se hace evidente en los momentos en que la música alcanza picos de monstruosa distorsión de la realidad sonora -ahí reparas en que el volumen no sube, sino que se engrosa, se robustece, envolviéndote en una experiencia que puede llegar a ser aterradora.

En este aspecto, In Tenebris Scriptus... no es la excepción: cavernoso drone maximalista, pánico ante cualquier atisbo de rítmica o de percusión, rechazo implícito a la menor concesión melódica -no te dejes engatusar por la apertura “Dwelling In Mayhem”, de Monocube, que incluye una guitarra acústica ensayando arabescos varios. En cierto modo, el del disco es un aliento que califica como “ruido”, no en la dirección patentada por las vanguardias digitales de hace dos décadas, sino más a lo masas cataclísmicas de sonidos monocordes que reptan deformes indefinidamente.

Se hace menester subrayar que, en este tributo, el dark ambient/drone marca de la casa es lo suficientemente dúctil para soportar tratamientos industriales, efectos subacuáticos (“The Haunter Of The Dark” de Noctilucant, “Corona Nyarlathotepis” de The Serpent) e incluso cierta salvaje complejidad en medio del caos (nuclear) de abigarradas suites binarias (“Cryptic Realms” de Sonologyst, “The Shadow Over Innsmouth” de Moloch Conspiracy). Esto le confiere a In Tenebris Scriptus - A Dark Aural Tribute To H.P. Lovecraft un aura de escalofriante majestuosidad. Muy probablemente, la música que mejor interpreta todo lo que Lovecraft dijo con palabras: es, por decir lo menos, inquietante los muchos tonos de negro que el tímpano puede identificar aquí y en todas las publicaciones de la disquera.

Laudos para los participantes y sobre todo para Unexplained Sounds, que se la jugó arriesgando harto y ganó en buena ley.


Hákim de Merv

jueves, 12 de julio de 2018

Renzo Nash Power Trio: Day To Day/Day To Day - Lado B 7'' // Peatón: 27 EP/Magenta EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de julio del 2018.)

Faltando muy pocas horas para volver de Arequipa en mayo pasado, sostuve una amenísima charla con Juan José Leyva, Valeria Valdivia Conde y Víctor Miranda Ormachea. Conversando de uno y otro tema sobre la movida de la ciudad sureña, el integrante de Ruidósfera me confiaba con algo de preocupación que casi nada se había hecho al interior de la movida characata por recuperar grabaciones anteriores a los 00s. Trabajos de Gritos De Miseria (Revolución Permanente) y Konflicto Interno (Sentimiento Serrano) sí han sido reeditados en CD, pero lo mismo no acontece aún con TV-67 o Catedral De Humo. Hay quienes conservan material en audio y video de éstas y otras formaciones. Por ahora. No sería mala idea repescarlo para el respectivo reissue digital, evitando así que la apatía o la desidia se lo sirvan en bandeja al olvido y al pasado.

Renzo Nash Power Trio es presente y futuro. Pasado también, aunque éste respondía al seudónimo de Patilda DFM. No podría afirmar cuándo se produce la disolución del uno y el surgimiento del otro, o cuántos y cuáles integrantes transitan entre ambos, excepto el guitarrista Renzo Nash; quien -evidentemente- dirige esta nueva aventura, secundado por los músicos Jafeth Candia (bajo) y Alfonso Obando (batería).

RNPT debutó el año pasado con el mini-álbum Day To Day, declarando abiertamente influencias del post rock y del progre. Tal asociación, si bien mirada con desdén por la crítica especializada, no deviene en infrecuente. Sí lo hace, por el contrario, al añadirse a la mezcolanza una ingente dosis de indie -cuyo pathos es diametralmente opuesto al del prog rock. La adición contribuiría quizá a generar una imagen contradictoria de lo que practica la terna arequipeña, si no fuese porque la Realidad rara vez siente ganas de agotar las posibilidades de lo que con tres elementos -juntos y revueltos- puede generarse.

En esencia, sí, lo del grupo es post rock. Pero no el fundacional, sino el de la siguiente generación -léase Mogwai y compañía-, que tiene infinidad de conexiones con la mejor tradición indie de los 90s. Es con este post que a veces se trenza el viejo progre, sólo que no siempre de manera frontal.

Day To Day es post rock medio irresoluto: tímido, nefelibato, que aparece taciturnamente. Cuando quiere soltarse para las cámaras, como en algunos pasajes de “BSG (Café)” o “Awake”, el espíritu de “la progresiva” es evocado y le roba los flashes. Cuando su distensión es más espontánea, casos “What Are You Doing With Your Life?” o “Muñón 3.30 pm”, más cerca del indie se asienta. En medio del cambalache sonoro, el trío integra muestras de indistinta procedencia: pueden ser astillas de ruidos cotidianos (el reciclador ambulante, por ejemplo) o fragmentos completos de series y/o películas -“12 Oz” crece enroscándose sobre un pedazo de speech de 12 Oz. Mouse (cf. Adult Swim, el bloque adulto de Cartoon Network).

Todo primer intento es valioso para el o los autores. En lo que atañe a Renzo Nash Power Trio, Day To Day debe servir para sacar en limpio algunas conclusiones. La primera de ellas es que, como disco, no merece pulgares hacia arriba ni hacia abajo -sino hacia la izquierda. Es un demo bien grabado antes que un primer esfuerzo a cabalidad. La segunda conclusión es que el combo tiene talento, pero sus acometidas necesitan depurar cualquier inclinación hacia el prog rock: éste puede llevarse más o menos bien con el primer post rock, no con el segundo. Qué mejor muestra de ello que el single posterior a DTD, significativamente bautizado Day To Day - Lado B: “Sunset Is Coming” es post rock de baja fidelidad, en la línea de unos hipotéticamente despojados Friends Of Dean Martinez.

Y la tercera conclusión se refiere al uso de registros ajenos al de la banda: hay una veta a explotar en esa dirección, quizá hasta convertirla en sello distintivo -“What Are You Doing...” extrapola la iracunda proclama de un breve video viral de Filthy Frank (le sale una voz bien a lo Tom Waits).


Por su parte, Peatón -no confundir con el terceto madrileño homónimo- transita muchas direcciones desde las cuatro paredes de su dormitorio/bunker. Este proyecto mistiano es seguidor ad pedem literae de los postulados metodológicos de la bedroom music. Hasta en la periodicidad.

En lo que va del año, Peatón no ha publicado título alguno, pero en el anterior dio curso a toda su producción, desde el 7” debut Feliz Año Nuevo (enero) hasta el extended de covers Re-Versiones (noviembre: Invisible, los Carpenters y sus amados Beatles -John Lennon solista incluido-). Independientemente de las plataformas virtuales, el acto ha publicado en físico al menos dos referencias, 27 EP (mayo del año pasado) y Magenta EP (agosto). Ambas incluyen los sencillos digitales posteados en BandCamp, a excepción del cover de The Beatles, “While My Guitar Gently Weeps” (abril del 2017).

El láser comienza a recorrer la superficie de 27 EP con “Feliz Año Nuevo”, tema del que se desprende un aroma muy fuerte a Los Planetas. Sin embargo, el resto de pistas es distinto. En “Hendidura”, lado B de “Feliz...”, Peatón es tentado por matices darkwave en clave pop. Para “Se Va” o “Maqueta”, los oídos viran hacia el shoegazing, pero uno -rima en exceso forzada- y otro -dulzura que empalaga- no pasan de ser esfuerzos regulares. Si hay una canción que brilla en el extended, ésa es “Mil Años”: nueve minutos de rezumante melancolía pop.

Magenta EP imita el orden desconcertante de su predecesor abriendo la cancha con “Mística Astral”, un track que pareciera indicar cambio de rumbo hacia la electrónica. A poco de acabar, empero, “Sunday Night” muta drásticamente de registro hacia el pop de manufactura acústica. Junto con el tema epónimo de esta entrega y la versión ‘short’ de “Mil Años”, “Sunday...” da pie a un extended más homogéneo, lo que no es lo mismo que más definido o pulido.

Y es que el en-buena-cuenta indie pop electrónico de Peatón, aún arrullado por los modismos lo fi, luce todavía en fase embrionaria. Esto no tiene absolutamente nada de malo, salvo por el hecho de que te pones a pensar que antaño los grupos llegaban a tener algo de consistencia antes de grabar y publicar. Quizá “consistencia” no sea la palabra más adecuada. Quizá la idea que quiero expresar es una mezcla de conceptos tales como el de identidad, el de una composición ya lograda, el de un sonido compacto y delineado que luego se convierta en otra cosa si así lo quisieran los músicos... Quizá, también, sea que ya estoy muy viejo para entender que son éstos otros tiempos, en el que la inmediatez empuja hacia la urgencia.

En cualquier caso, le deseo lo mejor a Pablo Pantigozo, el hombre tras Peatón. No he sido indiferente a la música que ha editado. Sólo que, a veces, en este ¿“oficio”? hay que ser muy poco indulgente para aupar a nuestros créditos, para que se pongan las pilas y salgan adelante rindiendo más allá del 100%.


Hákim de Merv

jueves, 5 de julio de 2018

Lego 11: Vaporwave Perú

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de junio del 2018.)

En el curso de siete calendarios (la primera entrega data de julio del 2011), Chip Musik ha convertido a la serie ‘Lego’ en su mejor carta de presentación. Si bien lento, el proceso de refinamiento fue además paulatino e inexorable: los cuatro primeros episodios recopilaban a mansalva creaciones sonoras de artistas afines a la estética digital de la netlabel o pertenecientes a su nómina, pero luego cada nueva publicación serial se concibió al interior de una perspectiva temática. La clave de su vigencia/valía radica en que dicho enfoque ha manejado, según ocasión y circunstancias, diversos criterios -algunas veces geográficos, algunas veces estéticos, algunas veces “confrontacionales” (remarcar comillas, por favor) e incluso alguna vez de género.

En no pocas oportunidades, esos criterios se han fusionado. Así, mientras los Legos 5 y 9 ilustraron respectivamente asonadas electrónicas experimentales de Francia y de México (Michoacán, en concreto), el Lego 7 fue un saludable tête a tête entre agrupaciones colombianas y peruanas. En tanto, jornadas como las de los Legos 6, 8 y 10 giraron -también respectivamente- en torno a músicas “menos ruidosas”, a experiencias en espacios comunes con proyectos de registro diferente al de la casa, y a féminas de todo el orbe capaces de elaborar tanto ruido como sus pares varones.

Para este 2018 (junio), Chip Musik estrena Lego 11: Vaporwave Perú. Tal cual indica su título, la intención ha sido organizar una recopilación que eche luces sobre la escena nacional de vaporwave, un ¿género? electrónico del nuevo siglo sobre el que en estos bytes ya se ha abundado con generosidad. Tarea nada sencilla: sí existen exponentes locales, pero se mueven en un circuito muy pequeño, además de bastante subterráneo y autárquico; debiendo los responsables de la discográfica invocar la asesoría de David Izquierdo (Babefake) y Marco Luján (27 U H F) para llevar a buen puerto esta interesante iniciativa.

Aunque el vaporwave permite el uso de voces, éstas provienen casi sin excepción de sampleos, por lo que no es incorrecto hablar de instrumentales. Son dieciocho los de este disco, repartidos entre diez individualistas. De éstos, conozco a seis, pero discrepo con la convocatoria de uno de ellos; por no ajustarse del todo a la definición que manejo del ¿género?, antes que por querer negarle méritos propios. Me refiero al acto cuzqueño Wiracocha -los demás son コダック KODAK, Miyagi Pitcher, 27 U H F, Babefake y MF1914 (este último es más un híbrido vaporsynth). Los cuatro restantes, novedad para mí, son Etherealust, Philko, Pangea Sonido e Ivbo.

Al ser la suya una estética que trasciende hacia múltiples capas de la cultura pop contemporánea, en pocos años el vaporwave se ha ramificado en ¿subgéneros?/¿microgéneros? como el mallsoft, el dreamwave, el future funk y el hypnagogic. De todos ellos, Lego 11... parece centrarse en el mallsoft y en el future funk, si bien esto puede considerarse consecuencia de las cepas que nuestros créditos han escogido conscientemente cultivar. El primero sirve para rotular a combos que sólo buscan emular las intenciones decorativas del muzak de ascensor y supermercado. El segundo ayuda a describir tracks articulados alrededor del groove del sampleo escogido, mayoritariamente extraído de algún hit célebre o perdido de los últimos 70s o de los primeros 80s.

Si las divisiones entre estas etiquetas no llegan a ser del todo tajantes en el vaporwave, menos lo son en este artefacto. Pese a que algunos unipersonales puedan ubicarse en tal o cual marbete, se mantiene cierta permeabilidad hacia aportaciones de otros lotes del barrio. Allí están, por ejemplo, “KG 83” de Philko y “ライブ Experience (27 U H F Remix)” de Babefake. Mientras el primero empieza a lo future funk para luego convertirse en mallsoft, al adaptar su ritmo a la línea de bajo sampleada de “Too Shy” (el éxito de Kajagoogoo de 1983, de ahí la denominación), el groove del segundo no llega a ser lo suficientemente funky como para dejar de ser un híbrido entre ambos ¿subgéneros?

Más tirados para el mallsoft, figuran “Sutti Karu” de Ivbo, “レユニオン b u s i n e s s . c o r p®” de コダック KODAK y “De Javu” de Etherlust. El mismo コダック KODAK, con todo, se muestra más future funk en los otros cortes con que colabora, “L U X U R Y I N M O T E L P A L M” y “ラウンジ L O U N G E D R E A M の夢 1 9 8 4”. A éstos hay que sumar, precisamente por el lado del future funk, a “Hikitsukeru” de Miyagi Pitcher y a “笑う方が良いです” de 27 U H F (que sintomáticamente samplea “Es Mejor Reír” de los Rollets, dúo adscrito a la saga New Juggler Sound y acaso el único grupo peruano que hizo música disco cuando ésta estragaba el mundo entero).

Medianamente alejado de uno u otro cajón, también hay un puñado de temas que intenta ceñirse a la ¿pureza? original del vaporwave. Éstos son “シンパシー” (Babefake), “Nozomu” y “Sakkusu Sōsha” (ambos de Miyagi Pitcher), “Sunset Basa” (Philko), “SΔnFrΔn '82” (inclinándose un poco hacia el mallsoft) y “T3L36U1Δ📼” (inclinándose un poco hacia el future funk, ambos de 27 U H F). Como se ve, las fronteras tienden a ser sólo nombres en el vaporwave: un mismo individual puede meterse a practicar varios ¿subgéneros? a la vez, y hasta un mismo surco puede participar de todos ellos al mismo tiempo.

Puntos adicionales para la recopilación por incluir material de difícil acceso. Quien haya tenido la suerte de escuchar, antes del Lego 11..., los discos de 27 U H F (Nostalglitch y Eternal Sunset), Wiracocha (Qhapaq Ñam, 2016) y MF1914 (A Propósito De Flores, ¿Y Dónde Están Los Poetas?, 2016); no puede dar fe de conocer previamente sino la cuarta, tal vez la quinta parte del lanzamiento. El resto del programa, o ha visto la luz en sitios tan underground que casi calzan con lo que entendemos como “Deep Web”, o aparecen por primera vez aquí -carne fresca a degustar y devorar.

Pondero la colaboración de Pangea Sonido por provenir su sampleo de un sonido al que pocas veces -o ninguna- prestan atención los músicos de vaporwave, ni siquiera en esta parte del globo: la chicha.


UPDATE

No deja de sorprender la triple intervención de Miyagi Pitcher en Lego 11...: Nymph EP y Okuraseru (2017 ambos) parecían dejar bien en claro que MP se alejaba irremediablemente del vaporwave practicado en el debut Blonde (2015) y en Honey (2016). Su inédita tríada para el decimoprimer capítulo de la serie ‘Lego’ lo trae de vuelta al redil.

Hákim de Merv