jueves, 12 de septiembre de 2019

Vago Sagrado: Vol. III

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de septiembre del 2019.)

Y por fin, los chilenos de Vago Sagrado se han convertido en una superbandaza. Pensar que a estos gallos los vi en vivo cuando apenas si tenían publicado un prometedor disco epónimo, teloneando al acorazado Yajaira sin el menor indicio de sonrojos, cancherazos sobre la palestra, robustos parapetados tras su enérgica frescura, despercudidos en su alucinante dominio técnico...

Un bienio después del Vol. II, tiempo que ahora se convierte en la media a tomarse entre una y otra producción, sale a la luz el Vol. III. No consigo establecer si hay que entenderlo como el cierre de una trilogía conceptual a través de la que el grupo ha probado todas las sonoridades vinculadas a la emotividad química. Hipótesis con cierto asidero, en última instancia habría que esperar al siguiente capítulo para corroborarla o reprobarle. En última instancia, asimismo, buena parte de estas sonoridades calza dentro de lo que hoy se conoce/practica en la región como “meta-stoner”.

El power trío santiaguino resiste inalterable: Nick Vayolence a las baquetas, Carlos González Lihn en el mástil de cuatro cuerdas, Alberto Parra frente al micrófono guitarra en ristre. También permanece inamovible Pablo Giadach, en las perillas. La masterización del Vol. III ha sido realizada en Washington por Chris Hanszek, que tiene en su currículum haber hecho lo propio con gente como Soundgarden y los Melvins. Dato este último a tener en cuenta, pues en algunos momentos del disco se siente un aire no muy tenue al combo de Dale Crover y Buzz Osborne.

Lo primero a resaltar de este nuevo capítulo es que los muchachones, si bien mantienen el vigor de su quintaesencia lisérgica, se han apartado un poco de la dureza inflexible del stoner rock. La apertura con “K Is Kool” es, en pocas palabras, psicodelia blanca: se les siente distendidos, relajados, más volcados al space de lo que han estado nunca. Y aunque durante los próximos cuarenta y tantos minutos estos vagabundos cósmicos recuperan mucha de la fiereza stoner exhibida en esfuerzos anteriores, no logran equiparar esas exactas altitudes. Ello, no obstante, se convierte en punto a favor en lugar de demérito. Vago Sagrado se transfigura en una entidad nebulosa, sideral, atávicamente etérea.

Con la densidad en los tóxicos rangos de siempre, la banda deja de frecuentar la machacante repetitividad del Vol. II sin extraviar su exultante vitalismo (una oscura “Centinela”, una frenética “La Pieza Oscura”, una fantástica “Fire (In Your Head)” a dos voces). Premunida de cannábicas eléctricas, tempos licuados y reconstituidos, irresistible mística pagana; la terna salta suicida hacia los vacíos interestelares: “Sundown” (que sigue el camino de “Fire...” en dirección inversa), “Mekong” (tal vez lo más groovy que hasta ahora acredite VS), “Listen And Obey”... Del kraut rock y del post punk más ácido -éste extremadamente dosificado en los ritmos angulares, el primero en otrora considerables cantidades-, queda nada o muy poco.

Esta purga o depuración, sin embargo, pulimenta la identidad colectiva. Los arpegios de seis cuerdas de Vago Sagrado ahora transforman la vibración en toda una lección estética, que se despliega hasta convertirse en estado de ánimo omnipresente llegado el caso. La calígine opiácea de los riffs, el empuje de la bramante batería y la materia oscura expelida desde el bajo; pueden ahora pasar directamente del estado gaseoso al sólido, sin que las pieles con que se cubren los tracks den signos de ello. El mejor símil lo proporciona el trío en las ‘inner notes’ de su cuenta BandCamp: “un monumento en ruinas que no para de caer”.

Detalle conceptual de la portada: como ya es costumbre, cada largo de los mapochos incluye una frase o lema como improvisado subtítulo. Este Vol. III consigna la fórmula “УНИШТУВAHЪE KOE HE ПPECTAHYBA ДA ПAГA”. Tratándose del alfabeto cirílico, no alcanzo a discernir una traducción exacta -pero sospecho que debe ser algo como “Destruyendo lo que estaba esperando ser construido”.


Hákim de Merv

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