(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 11 de marzo de 2026.)
¿Qué ha cambiado respecto de Somos Máquina (‘22/‘23)? Pocas cosas, a decir verdad. El dúo sigue siendo el mismo -Hitam Laga (Schmerz, Monöchrome) en secuencias de distópico futurismo y en voz aniquiladora, Henry Robles madreando tempos de los bpms y arreglos, además de literalmente meter letra. A priori, esta continuidad garantiza coherencia con la línea temática que se apreciaba en el debut. Compruebo satisfactoriamente que incluso se ha profundizado más en tal sentido.
En muchos tramos del disco, el tándem se hace eco de las sistemáticas políticas de abuso que los grupos de poder ejercen sobre las sociedades humanas, valiéndose de las pantallas que han sido y hoy siguen siendo sus equivalentes institucionalizados -iglesia, estado, milicia. Se apunta, pues, hacia el verdadero enemigo (“Esclavitud Mecanizada”, “Clase Obrera”). Curiosamente, ello no obtiene consistencia a través de una lírica más compleja, sino de una más convulsa y airada. De hecho, y obviamente salvando las distancias, a ratos me parecía estar escuchando a unos Aviador Dro bastante más cabreados y en fase bermellón (cf. petardos tipo “La Arenga De Los Sindicatos Futuristas” o “Camarada Bakunin”).
El problema radica en que, entre “Esclavitud Mecanizada” y “Máquina Y Control”, la jornada ingresa a un limbo: los tiempos se pasteurizan, las secuenciaciones se asemejan, el espíritu pasa de ser zarandeado a acostumbrarse a una rítmica que decrece en contundencia. No hablo de tedio. No podría, ya que el verbo y la actitud confrontacional de Maquinaria Mecánica combustionan constantemente (“Lima Arde, Lima Tiembla/Disparar Fue La Respuesta/Lima Arde, Lima Tiembla/El Estado Mata Y Niega”, sentencia Hitam en “Lima Arde”, recordando la sangrienta represión de Boluarte). Hablo de cierto apego a un patrón, apego que no sería dañino si se agarrase de un par de temas. Es el caso que, al sacar cuentas, se adueña de cinco al hilo. Puede tratarse, cómo no, de un yerro en el trackeo: observo que Robles y Laga eligieron un orden alfabético, antes que otro más meditado.
De cualquier modo, una canción como “Intifada” se merecía un marco sonoro algo más enérgico y categórico, acorde a la indignación transformada en furia que causa el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino -y que continua cosechando apoyo de parte de casi todos los pueblos de la Tierra. El mismo marco sonoro del que gozan las postreras “Orden De Acero” y “Residuos Industriales (Manifiesto De La Carne Y El Acero)”. EBM de vieja escuela con opción múltiple al sampleo, renovada y vigorosa, que pulveriza cuatro décadas al evocar sus días de esplendor de la mano del Die Krupps no “guitarrero”, de The Cassandra Complex, de Borghesia o de The Neon Judgement. Permite que tu cuerpo (re)aprenda.
Hákim de Merv


No hay comentarios.:
Publicar un comentario