viernes, 2 de junio de 2017

Cholo Visceral: Cholo Visceral

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de marzo del 2015.)

Hace mucho tiempo, disponer con virtuosismo tropecientas notas por segundo en una composición que se elongase más de cinco minutos, era motivo de escarnio público. Entonces habían quedado atrás los días de gloria del prog rock, se había producido el cataclismo punk y vivíamos los años del after punk, de la new wave, del power pop. Para un melómano omnívoro, de ningún modo se justifica esta condena generalizada, pero se entiende: el punk había recuperado para la música pop sencillez y concisión, y los 80s eran la década del “No-Pasado”. Esta incisiva malquerencia no tardaría gran cosa en desaparecer: ya en 1984, This Mortal Coil comenzaría a escarbar en ese filón del pasado no para calcarlo, sino para alimentar una estética más depurada. Aunque bien es verdad que “progre” seguiría siendo sinónimo de “pretenciosidad” hasta fines de los 90s en todos lados (¿alguien se acordará todavía de los excelentes Avispón Verde?).


Hace más o menos tres años, tuve oportunidad de escuchar nuevas bandas locales que no reivindicaban frontalmente el rock progresivo, pero que sí se hacían eco de su legado. No digo nada nuevo si afirmo que el cadáver del prog ha ido a fertilizar otros géneros pop más o menos afines a su patrón genético -en especial el stoner rock. Aquella vez, la banda que se quedó rondando en mi cabeza largo rato fue Cholo Visceral. Pese a que el grupo se declara abiertamente progresivo, su debut epónimo (2013) es más un crisol que un manual de estilo: progre, sí, pero también jazzero, psicodélico a la antigua, space en clave de Hawkwind, y stoner (más Samsara Blues Experiment que Queens Of The Stone Age). Como corresponde a esta clase de experiencias, eran cinco temas que marcan un promedio de 7 minutos -salvo el cierre, “Luzbel: El Pasaje Infernal”, que rebasaba la decena.


Cholo Visceral, pues, tiene pinta de todo menos de progre de viejo cuño. Por momentos, su música remite a épocas anteriores a la civilización humana -eras geológicas de titánicos cambios convulsos, cuando el estruendo y el fragor eran norma día y noche. No pocos ratos, el sonido ágil y potente de CV, poblado de enérgicas atmósferas; distorsiona la realidad hasta convertirnos en privilegiados testigos en trance de la Edda Mayor, del desgarramiento del Cielo y la aparición de los Olímpicos, de la batalla final entre los Valar y Morgoth... Muchas de estas impresiones, soy consciente de ello, suelen ser asociadas al rock progresivo. Sólo que aquí, éste no lleva la batuta.

Cholo Visceral son Arturo Quispe (guitarra), Joao Orosco (batería), Max Vega (saxo soprano), Kevin Lara (guitarra) y Manuel Villavicencio (bajo). Participaron además en el disco Nagel Diaz (efectos de sonido) y Armando Córdova (violín). Se han presentado sin descanso por años, así que oportunidades para verlos en vivo no precisamente escasean. A parar la oreja.


Hákim de Merv

Barracuda Beats: Sunset Beat

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de octubre del 2015.)

Toda una historia mi relación con Barracuda Beats...

En medio de la incesante radio-bemba que a diario sacude mi entorno face, en algún momento me crucé con el post de un contacto confiable que los recomendaba entusiasta. He tratado de hacer memoria, pero no recuerdo bien si mi amigo describía a Barracuda -tal era su denominación en esos días- como afín a Dif Juz en cuanto a calidez y feeling (que no sonido). Lo que sí recuerdo bien es que escuché los temas entonces colgados en SoundCloud y no me parecieron especialmente remarcables.


A través de otro contacto igual de confiable pero bien distinto del primero, tiempo después me enteré de que Barracuda había lanzado para free download un single vía Bassline Recordings, hasta donde sé el único sello peruano especializado en drum'n'bass (por si no lo he dicho anteriormente, mi género electrónico de corte dance predilecto). Tal cosa suponía un giro de 180 grados, por lo que me descargué inmediatamente el sencillo en cuestión. Era cierto: Barracuda -todavía Barracuda- había enfilado la proa hacia los burbujeantes predios del artcore. Y no lo hacía nada mal.


Luego de un par de meses, Dorog Records anunció la salida del disco debut de los ahora llamados Barracuda Beats. Transcurriría otro tanto antes de conseguirme un ejemplar del tiraje CD-R del sello de Giancarlo Samamé (se esperaba una segunda edición en CD de fábrica antes de que acabase el 2015, cosa que no se verificó). Hecha la adquisición, Giancarlo me comentó “suena bien Thievery Corporation”, lo que señalaba una nueva metamorfosis -si bien no tan radical como la primera.

El de Dorog tenía razón. Thievery Corporation es un dúo usamericano que arrancó con muy buen pie su andadura discográfica: Sounds From The Thievery Hi-Fi (1997) y The Mirror Conspiracy (2000) pueden dar fe de ello. Habilidosos para fusionar el house más suave, el dub y el acid jazz; añadiendo ornamentación world music, lamentablemente la década pasada no les ha sido del todo propicia. Pero siguen en la brega. De hecho, Rob Garza estuvo en el cartel de Belle And Sebastian la vez que los escoceses tocaron en Lima.

Al hibridaje descrito en el párrafo anterior se le suele catalogar como downtempo, un término cuyo uso no me parece el más atinado, ya que mejor se aplica al trip hop en fase comercial. Discusiones taxonómicas a un costado, Barracuda Beats efectivamente mantiene no pocas cosas en común con Thievery Corporation y compañía -Morcheeba, Avatars Of Dub, Kruder & Dorfmeister, Nightmares On Wax (bueno, con éstos es más el feeling)... Desde el inicio, Sunset Beat (2015) evoca distendidos landscapes, de ésos cuya sola contemplación induce al relax y predispone al disfrute sensorial, en solitario o en comunidad (“Fiesta Al Otro Lado Del Sol”, “Soma Trippin”). Por ello, no ha quedado muy bien repescar para la ópera prima los temas d'n'b del single previamente publicado. Como que estás disfrutando de una agradable velada nocturna, y de pronto “Delacosta Blue” y “Promise Land” hacen que te levantes del asiento. El jungle, ciertamente, puede lograr lo mismo que el mal llamado downtempo, pero no si miramos hacia el neurofunk -sino más bien hacia los primeros esfuerzos de 4 Hero y de Spring Heel Jack, los momentos más laxos de Goldie, etc.


El resto del disco luce muy bien, transcurriendo fluida y armoniosamente, con más sangre que el IDM pero sin llegar a la feroz velocidad de unos Ram Trilogy o Grooverider. No lo necesita, tampoco: en Sunset Beat, lo de BB es una deliciosa sesión electrónica a la orilla del mar mientras se desvanece el sunset, sea que quieras mandarte una buena conversa (“Kids”), sea que quieras abandonarte al impulso tonero (“Pequeña Muerte”), sea que prefieras aislarte del resto y meditar sin pretensiones (“Keep On Fallin”, “Praia”).

Correcta puesta de largo. Pueden escucharla completa en el BandCamp del grupo conformado por Manuel Cruzado, José Cruzado y Leo Pando.

Hákim de Merv

jueves, 1 de junio de 2017

Registros Akásicos: Hearts

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 28 de diciembre del 2016.)

(Qué difícil nos la pone ese hábito tuyo, Aldo, de lanzar un álbum de Registros Akásicos poquito antes de que se acabe el año; aún cuando se trate de una publicación virtual que sólo precede a la respectiva edición física. La rompes de principio a fin, sí, colándote por los palos en los recuentos de fin de año, y ya son dos de dos -pero más parece un disco del subsiguiente verano/año, por la cantidad de escuchas que le doy antes de lograr desengancharme...)

Fiel a su costumbre, el dúo Registros Akásicos difundió su nuevo trabajo cuando ya mermaba el 2016, el segundo en su corta y (aún así) brillante carrera. Debo haber sido de los primeros en enterarme, pues fue el propio Aldo Castillejos quien muy amablemente me envió el link de descarga. Lo que hace dos años pudo ser mera coyuntura, entonces, acaso hoy pueda entenderse como parte de una estrategia de asalto a los charts muy bien craneada. No diré que fue el mío un error de percepción al reseñar el Mariana (2014) sin subrayar entonces todo lo necesario las circunstancias de su aparición, sino una meritoria jugada de la dupla compuesta por Aldo y Sandra Villarreal.

Menos de un mes después, Hearts apareció merecidamente entre las primeras posiciones de los rankings anuales ’16 de la escena independiente nacional, en algunos casos incluso ocupando el sitial de honor. La prensa especializada se ha rendido a la deslumbrante metamorfosis que ha atravesado el tándem, mostrándose en Hearts bastante lejos de las forestas que visitasen en su primer esfuerzo -por si no lo recuerdas, un trip maridado de kraut rock y new wave, que remitía inequívocamente a los históricos germanos La Düsseldorf. Y aquí es donde sí puedo señalar un primer error, mío, o tal vez es que Registros Akásicos, llamado a ser uno de los más grandes proyectos en nuestra historia pop; es demasiado para este par de orejas.

“Metamorfosis”, he dicho, pero es probable que el término sea inexacto. Antes de escuchar el Hearts, volví al Mariana, para tenerlo más presente a la hora de escuchar el nuevo largo y de paso volver a paladearlo. Tras escuchar el Hearts, volví al Mariana, para entender qué había sucedido. Hecha la comparación, se me ocurrió pensar en ese subvalorado film del gran Willem Dafoe, Anamorph (2007). Anamorfosis es, sospecho, un vocablo que se amolda más a lo que ha ocurrido entre uno y otro episodio. Te propongo dos simpáticos ejercicios. Primero, corre al diccionario a averiguar qué demonios es “anamorfosis” (sin chistar, que la operación ayudará a que dejes de ser un autómata). Y segundo, plantéate una escucha trans-ver-sal del Mariana. La síntesis de ideas que ambos prácticas te den, acaso pueda ayudarme a ser mejor comprendido en mi alegato.

Acabo de teclear “síntesis”. Invoco aquí la acepción de esa palabra referida al acto de condensar una serie de procesos de activa creación, como la fragmentación y el hibridaje -productos ambos del Caos, puestos ya a contextualizar, que la música pop atravesó en los 90s. Caos en el buen sentido, por supuesto: una época en que los muros colapsaron, en que las mezclas más alucinantes/”malversadas” tuvieron lugar (vg. el retrofuturismo), en que la experimentación quedó codificada como un género en sí y se dio maña para acercarse al pop mainstream, y en que nació aquello que el crítico español Juan Manuel Freire ha llamado acertadamente “el subgénero infinito”. En el caso de Registros Akásicos, en Hearts, éste es el post pop electrónico.

Me imagino que muchos se habrán quedado de una pieza al comprobar cómo la batería y las guitarras del Mariana simplemente desaparecieron. Hearts es esencialmente instrumental, salvo en “Try Me Out” y en “Invisible” -pero al margen de ello, estos cortes participan de la impronta de todo el disco. Música electrónica altamente emotiva, surrealista en su corporeidad (muchos tracks funcionan a la perfección en las pistas de baile sin estar específicamente diseñados para ello), insistentes ritmos miméticamente pop, melodías quebradizas y susurrantes, extensiones fantasmales y/o desarrollos ulteriores del synth ochentero (“1991”, “Les Aurores Boreales”), del IDM, del ambient...

Aunque corta, Hearts es una jornada rotunda. Pese a que su tema más largo, el kraftwerkiano “Y Todo Este Tiempo...”, supera los 8 minutos; la media es de 4.30 minutos por pista. Si hubiese sido a la inversa, creo que nadie se habría dado cuenta -la extensión es lo de menos cuando nos enfrentamos a discos como éste, que pone de acuerdo a los fans de la música electrónica, a los melómanos que buscan resultados estéticos de primer orden, y a los amantes del dance floor. Incluso podría agradar a un público mayoritario, si la puerta no estuviera resguardada bajo siete llaves en manos de la cobarde y repugnante FM local.

Felicitaciones, Sandra y Aldo, otra vez. Triunfo total.

 

Hákim de Merv

Registros Akásicos: Mariana

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de enero del 2015.)

En su cuento “Pierre Menard Autor Del Quijote”, incluido en Ficciones​ (1944), el maestro Jorge Luis Borges​ escribe:

“El texto de Cervantes y el de Menard son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico. (Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la ambigüedad es una riqueza.)

Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):

'... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.'

Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el 'ingenio lego' Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:

'... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.' ”.

Aunque no idéntica, algo de esa fantasía descrita por el coloso argentino -que aparece desnuda en su glosa al impostor inverosímil Tom Castro (Historia Universal De La Infamia, 1935)- se percibe en Mariana, el disco debut de Registros Akásicos​, dúo conformado por Sandra Villarreal y Aldo Castillejos​. A día de hoy, no tengo el gusto de conocer a Sandra. Aldo, cinéfilo convicto y confeso, pertenece a ese colectivo que irrumpió en la escena capitalina durante los segundos 90s, que a la larga coadyuvó a quebrantar el monopolio punk-dark a nivel nacional y del cual se seguirá escribiendo aún durante mucho tiempo: Crisálida Sónica​. Su primera banda conocida fue, en efecto, Espira -y la subsiguiente, nada menos que Serpentina Satélite.

Escuché un par de veces el disco antes de formarme una opinión al respecto, y luego hube volver a él debido a la respetable opinión de un buen amigo -también perteneciente a CS- que me hizo dudar seriamente de la mía propia. Gracias a esta praxis, tuve una idea más cimentada de lo que (creo) es Mariana.

Este buen amigo opinaba que el largo suena a “alto dark wave”. Es evidente que Mariana tiene no pocos pasajes aparentemente inspirados en Joy Division​ y grupos similares. Una escucha más atenta, sin embargo, revela raíces distintas. En realidad, el sonido de Mariana arranca de más atrás: “Third Person”, “Mariana” o “Mon Cri Du Bout Du Monde” no esconden una fuerte afinidad con el ritmo motorik; y “Conrad 9” se construye sobre una maraña de sampleos acreditados a grupos como Kraftwerk​, Amon Düül, Can o Harmonia. La respuesta cae por su propio peso: kraut rock. Quienes tienen presente los grandes discos de estas bandas alemanas pueden alegar que, ciertamente, Mariana no se refleja en semejante espejo, salvo por los innegables sampleos y por el antedicho motorik. Agregarán, también que el pathos de Registros Akásicos es otro. Estaría de acuerdo, si es que no existiese el antecedente de La Düsseldorf.

Los dos discos clásicos firmados por Hans Lampe/Klaus Dinger/Thomas Dinger (ambos hermanos antes en Kraftwerk​ y Neu!​), La Düsseldorf (1976) y Viva (1978), parten del kraut rock pero van más allá: suenan a after punk adolescente cuando éste apenas comenzaba a abrir los ojos -o, en su defecto, no existía. Es decir, La Düsseldorf se imaginaba el futuro. De haber tenido una ventana hacia el mismo, tal vez se hubiera parecido más a Registros Akásicos.

Mariana tiene un sonido oscuro, acoté, aunque si bien en parte es atribuible a los referentes citados, se debe más a la mezcla de estudio -muy bien trabajada por David Castillejos, hermano de Aldo. Las atmósferas plasmadas en temas como “Gracia Baila”, “Beso En Tu Frente” o “The Stranger”; construyen una duermevela exquisita, entre cavernosa y espectral, privada de elementos de horror atávico. Mariana semeja más un buceo en la psique, o mejor, una sucesión de flashbacks hacia la memoria racial del Hombre. Sintomáticamente, no suena tribal, sino futurista -o en todo caso, retrofuturista. Gran jornada del 2015, pese a haberse editado en diciembre del 2014.


ANOTACIÓN PERSONAL

Remítete al comentario del siguiente disco, que dejó en posición adelantada algunas opiniones vertidas aquí.


Hákim de Merv

Fuego En Gravedad Cero: El Pop Chileno 96-00 (III: Epílogo)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de diciembre del 2015.)

Antes de la edición del Pulsos (1998), y en coordenadas bastante distintas de lo que hacían Congelador, Supersordo, Shogún o Tobías Alcayota; la escena electrónica chilena de vieja escuela tuvo un agitado período de intensa y fructífera actividad. Tan es así, que incluso se publicó una recopilación en la que participaron por igual grupos electro peruanos y chilenos -recopilación distribuida en ambos países. Hablo del ya bien conocido Infamia: Una Recopilación De Música Electrónica E Industrial (Grabaciones Infames, 1997). Dicho artefacto fue el punto de apoyo desde el cual los melómanos peruchos comenzamos a preguntarnos qué había en Chile más allá de Plan V. Hasta Lima llegaron, con muchísima suerte, cintas de 2CV6, Miradas Y Doncellas, Arteknnia, Lluvia Ácida, Nébula -y, metidas de contrabando en el paquete, canciones de Halugar-128 Bajo.


Tras la salida del split Maquinaciones, de Lluvia Ácida e Insumisión (Harijan Records, también 1997), las noticias se fueron espaciando hasta desvanecerse del todo. Con tiempo y toneladas de paciencia, pude volver a rastrear muchas de estas referencias discográficas -a veces, encontrándolas en formato digital, a veces no. Aún así, quedan vacíos. Pocos, pero significativos (Los 24 Ancianos, Alvania). Por suerte feliz, en la actualidad existe una netlabel extraordinaria, Pueblo Nuevo, casa editora/distribuidora de muchos trabajos pertenecientes a las nuevas hornadas de música electrónica (no sólo) mapocha -NAMM, Gozne, Fiat800, Pablo Reche, Polar y Mika Martini; entre tantos otros.


Desde el blog El Hexágono Carmesí, se puede descargar gratis el seminal Infamia..., así como una selección de trabajos de Lluvia Ácida (Rafael Cheuquelaf y Héctor Aguilar hace mucho que dejaron de ser sólo un acto de música electrónica, hoy son toda una institución cultural para la escena de Magallanes) y el primer EP de Miradas Y Doncellas (una gema oculta del electro latinoamericano, en mi opinión). Falta, sin embargo, todavía por hacer. El epónimo cassette de Halugar - 128 Bajo aún permanece inédito en formato digital -aunque ya pueden ubicarse algunos temas de la cinta en cuestión y otros que no aparecieron allí. Ocurre algo parecido con 2CV6.


En cuanto a Arteknnia, trío fundado en 1987 por Alejandro Albornoz y Mario Aguilar, que pasó por muchas etapas y tocó seguido en directo; pero que no grabó en la misma proporción, dispongo a continuación el link de descarga del único registro grabado antes de desaparecer a fines de 1996 (La Última Tierra EP, 1995). Arteknnia debutó en vivo en la última bienal del legendario garage Matucana (1989). De sus filas saldría Mario Venegas, fundador de 2CV6 al lado de Francisco Pinto. Cedo la palabra a Alejandro Albornoz, hoy un consagrado músico electroacústico y miembro prominente de la Red de Arte Sonoro Latinoamericano (Red ASLA): “Sin temor a equivocarme, diría que Mario Venegas es uno de los músicos electrónicos más relevantes y subvalorados de ese periodo (finales de los 80s y principios de los 90s), componiendo muchos temas para su banda, y realizando producción y programación para Arteknnia (incluso fuera de la banda) y Tek Machine (Rodrigo Castro), entre otros”.


UPDATE COMPLEMENTARIO




Hákim de Merv

Fuego En Gravedad Cero: El Pop Chileno 96-00 (II)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 23 de diciembre del 2015.)

“¿Y existían otras sub-escenas en Chile, más allá de aquella experimental que quedase reflejada en el disco Pulsos?”, te preguntarás con justicia. No tienes idea...

Aunque no de forma omnipresente, Supersordo es el acto mapocho noventero que se convierte en nodo imprescindible sobre todo para los grupos connacionales que emergieron entre 1996 y el año del milenio. Por sonido, sí, pero también por la onda expansiva de su música y la saga a la que dio origen. El cuarteto nace de las cenizas de Matt Monro, ensamble metalcore de efímera existencia. Sus integrantes fueron Miguel Ángel Montenegro (bajo), Rodrigo Rozas (guitarra), Jorge Cortez (batería) y Claudio Fernández (voz). A ese background duro que saltaba del hardcore al metal y viceversa, se sumó un enfoque indie que, antes que suavizarla; abrillantaba la agresividad esculpida en el sonido de su propuesta –prueba de ello son los dos trabajos que se lanzaron durante los 90s bajo distintas escuderías: Supersórdido (1992, Toxic Records) y TzzzzzzzT (1995, Inferno Records). No cito el Demo 1997 porque no he tenido oportunidad de escucharlo.


Supersordo entra en sus cuarteles de invierno en 1998, pero sus integrantes no tiran la toalla. Rozas estuvo involucrado en la concepción de Familea Miranda, en la década pasada. Sin embargo, antes del cambio de siglo el guitarrista se saca de la manga Niño Símbolo, alias que parte del legado de Supersordo para dirigirse sin prisas hacia el stoner rock. Idéntica movida ejecuta Montenegro a través de Yajaira, un proyecto de culto interesantísimo con varios discos a cuestas (Apocalipsis, agrupación de Mejillones, Antofagasta, puede considerarse su heredero bastardo). Cortez, por su lado, estuvo bateando para Niño Símbolo antes de fundar Cáncer, unipersonal antologado en el Pulsos y del que sabe llegó a editar un EP de cuatro temas. Claudio Fernández es el único ex Supersordo al que por estas tierras no se le conoce combo posterior. Supersordo regresó a la vida en la presente década con la recopilación vinílica Lluvia De Piedras (2014).

Otras bandas-escuela del período son Congelador y Shogún. La primera de ellas, formada por Walter Roblero (bajo) y los hermanos Rodrigo (voz, guitarra) y Jorge Santis (batería); continúa su trajinar hasta ahora, editando discos y presentándose en vivo -en noviembre del 2015, Congelador tocó aquí, en el marco del festival Integraciones (quinta edición). En cuanto a Shogún y su factótum Christian Heyne, que comenzase en las filas de Christianes, habría que dedicarle varios párrafos aparte en grado superlativo. Orbitando alrededor de esta tríada, podrían citarse nombres como Don Fango (acto “guitarrorista”), Pánico (una versión más indie/punk/dinámica/power de Supersordo), y sobre todo Tobías Alcayota -auténtica rareza dentro del contexto latinoamericano, muy influenciado por el pasavueltero non-sense de Red Crayola. Gracias a todos ellos y a muchos más, el rock chileno independiente del quinquenio 96-00 gozó de estupenda salud.


Coda: MetroChile

Hacia fines de los 90s, un fanzine peruano -de cuyo nombre no me da la gana acordarme- tuvo la intención de publicar una cinta compilatoria con la mayoría de los protagonistas de los que se ha hablado en este texto. Su objetivo: acompañar un informe sobre el estado de cosas de esa escena chilena obviada por los medios masivos, para quienes Lucybell era el portaestandarte mayor del pop mapocho (lo que no es una crítica contra Claudio Valenzuela y compañía, sino contra la mass media). Esa cinta no llegó a ver la luz, si bien el master quedó confeccionado y hasta bautizado -MetroChile (2000). Tampoco llegó a tener carátula. No obstante, se distribuyeron algunas copias entre los allegados al medio escrito. Por ese conducto fue que obtuve un ejemplar.

Rearmar el MetroChile no ha sido tarea sencilla. La copia no ha resistido bien el paso del Tiempo, por lo que quedó de plano descartada la digitalización. Además, los nombres de algunos temas no fueron adecuadamente consignados (circunstancia que dificultó su rastreo). Una primera tentativa de búsqueda de los temas que conforman la recopilación dio magros resultados hace cuatro calendarios. La segunda, efectuada a principios del 2015, fue mucho más positiva y generosa. Lamentablemente, la composición “JA 22” de El Hombre De La Atlántida no pudo ser encontrada. Para la ocasión ha sido sustituida por “Arrojé Toda Mi Sangre”, de Shogún. Queda en evidencia, pues, que aún hay muchas piezas por encontrar para recomponer el mosaico de esos olvidados años en feudos chilenos.


La ventaja que tiene este MetroChile sobre el Pulsos es la de una variedad más rica. No sólo aparecen los grupos citados con prolijidad en este post, sino también los que aparecen en los surcos del Pulsos -ofreciendo de esta forma un cuadro de época más redondo y fidedigno acerca del multicolor reinante en los circuitos independientes sureños.

El enlace para la descarga respectiva, aquí mero. Quisiera agradecer la valiosa contribución de muchos de los miembros del grupo facebook 20,000 Leguas De Viaje Submarino (Un Mundo De Aventuras Musicales), en especial a Elder Perez, a Xidub, a Felipe Raurich, a Natalia Ibañez, a Alex YB, a Anton Felipe Leal y a las hermanas Oriana y Claudia Trejos; quienes pusieron su granito de arena para la reedificación de este MetroChile. Una mención más para la camarada Claudia, quien se portó con la imagen que ha terminado siendo la portada de la compilación -toma espectacular del metro de Santiago.


UPDATE COMPLEMENTARIO




Hákim de Merv

Fuego En Gravedad Cero: El Pop Chileno 96-00 (I)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de diciembre del 2015.)

Aún suele ocurrir entre las famélicas radios peruanas FM que todavía apuestan por la música rock, que el veintiúnico acto chileno al que le dan cabida es Los Prisioneros. Con un poquitito más de suerte, La Ley -y se acabó la cuota para el rock hecho en el hermano país del sur. El público de la movida nacional, sin embargo, anda más enterado al respecto -aunque también algo desactualizado ya. Se recuerda a Los Tres, a Christianes, a Malcorazón, a Los Tetas, a Nicole, a Chancho En Piedra, a Ex, a Plan V; como puntales del panorama chileno noventero. Y es que, cuando durante esa década el rock en castellano comenzó a crecer de manera exponencial, también comenzó a circular más información sobre lo que las escenas de los países de la región hacían. Entonces se pudo acceder a grupos que venían de tiempo atrás, como Anarkía, Panteras Negras, Pinochet Boys, 8 Bolas, BBs Paranoicos, Jorobados, los Electrodomésticos del legendario Carlos Cabezas y un dilatado etcétera. Lamentablemente, cuando más interesantes se ponían las cosas, apareció MTV Latinoamérica y pasteurizó el flujo de bandas que accedió a los medios masivos de comunicación.


Como sucedió en todos los países de esta parte del globo, los grupos mapochos más innovadores, que planteaban una renovación de bases necesaria -dejar atrás el punk, el hardcore, el dark; perfilarse hacia adelante como norma- regresaron a las canteras independientes. Se sabe de Quema Su Cabeza, Crisis Records, Alerce y Combo Records como las escuderías autogestionarias visiblemente más reconocidas de ese período; amén de seguramente otras de las que hasta aquí no llegó noticia alguna. Con el advenimiento de Internet, la consecuente forja de una cultura panglobal de código abierto, y armándose de mucha paciencia; hoy se puede recuperar la otra historia de la música pop chilena, ésa que no tiene cabida en medios tradicionales. Como yo paciencia tengo muy poca, sólo ofreceré una modesta síntesis de lo que he encontrado gracias a amigos del sur, webs recomendadas/encontradas, y una que otra ayuda proveniente de connacionales.


Un primer acercamiento se da con Pulsos, publicado en Santiago hacia 1998 y en formato CD. Se trata de un esférico colectivo de valor equivalente al de esfuerzos locales como Crisálida Sónica: Compilación I (1997) e Infamia: Una Recopilación De MúsicaElectrónica E Industrial (1997). Es decir, un disco que comenzaba a mirar hacia adelante. En Pulsos se dan cita cinco grupos: Cáncer, El Hombre De La Atlántida, SK-30, Congelador y LEM. De éstos, los dos últimos proponían crossovers rumbo al post rock y al ambient cosecha 90s. Cáncer, EHDLA y SK-30 apostaban por su lado a la artillería pesada de percusiones programadas, teclados varios y samplers. Lo suyo era la electrónica arisca, de texturas escuezantes, que incomodaban al escucha (no es casual que estos tres nombres, y también LEM, pertenecieran a la asociación El Ojo De Apolo). El corte de mangas con respecto a sus predecesores era completo.

Pulsos obtuvo cierto reconocimiento en sus días. En entrevista a Ottavio Berbacow, de LEM, realizada el 24 de junio de 1998, ya se reconocía el talante inaccesible del disco -si bien se hacía un deslinde con respecto al mote de “electrónicos” que la prensa trataba de imponerles. Dice Berbacow: “Creo que esa definición es una limitación de la gente que habla sobre el tema. Este es un disco rock, de todas maneras. El rock se extiende también a formatos electrónicos, folk... es psicodelia finalmente. Todos los temas usan guitarra y hay tres grupos que usan bajo, guitarra y batería. Eso sí, yo me preocupé porque se incluyeran temas sin canto. La idea es lograr un rock ambiental, o rock de atmósfera”.


(Por cierto, el tema de Cáncer es “Amputando Al Destino”, y no “Apuntando El Destino”, como consigna el video.)

De hecho que hay algo de Scorn, de Main y de Seefeel; que palpita en Pulsos. Algo que palpita, pero que aún no estaba del todo delineado. En los años subsiguientes, las bandas de El Ojo De Apolo desaparecerían de escena dejando algunas cosas grabadas (la mayoría de ellas hoy inhallables). Sólo Congelador lograría la continuidad que a la larga lo ha convertido en un referente imprescindible para la música pop chilena actual. Pero la semilla plantada por Pulsos, sus atmósferas abrasivas y sus sonoridades elongadas ad infinitum, daría copiosos frutos con el paso del Tiempo. No por nada, un disco producido por el enorme Christian Heyne -una suerte de Martin Hannet, Jim O'Rourke y Daniel Melero, todos a la vez- contribuyó a generar en Chile un estallido panorámico hermoso y aterrador al mismo tiempo: como un incendio en gravedad cero.

Dejó aquí el link de descarga del Pulsos. Como puede verse en el arte del disco, se trató de una edición limitada y numerada (por lo que cabe esperar no haya problemas de copyright 19 años después -pero no te confíes-).


UPDATE COMPLEMENTARIO




El Ojo De Apolo volvería a la vida en los 00s. Desde entonces, se ha entregado a la labor de difundir nuevas propuestas sonoras que le sean cercanas (vg Esqueleto), pero no todas las que integrasen antaño el colectivo. El disco de El Hombre De La Atlántida, por ejemplo, sigue inubicable.


Hákim de Merv