jueves, 24 de octubre de 2019

Culto Al Qondor: Electricidad

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de octubre del 2019.)

Ha querido felizmente el Destino que sólo se esfumasen dos años -menos, en realidad- antes de volver a tener nuevas de Culto Al Qondor relativas a su discografía. Pese a lo borroso y “deliberadamente accidentado” del registro, aún se halla en pie el recuerdo de su debut Templos (2017) y el torrente de timbres enteogénico que manaba del repertorio. Escuchado el lanzamiento de este 2019, satisface comprobar que los cambios implementados en éste han redundado unánimemente en favor de la banda y el peculiar sonido que enarbola.


Como sucediese con los de Templos (en el desaparecido Hensley de Monterrico), los temas que dan forma a esta novel rodaja se grabaron en un bar, el Macchu Picchu. El proceso, que fue bien distinto del seguido para el estreno, corrió por cuenta de Joel Álvarez y culminó en agosto del 2018; antes de que el baterista Aldo Castillejos -¡cómo se está haciendo esperar lo último de Registros Akásicos!- abandone el país por circunstancias laborales. Las subsecuentes mezcla y masterización del álbum, respectivamente a cargo de Álvarez-Miguel Ángel Burga-José Antonio Flores-a.k.a.-Dolmo y de David Castillejos, postergaron su salida hasta mayo del presente año. La alineación de CAQ sigue siendo la misma: Burga en bajo y dronismos varios, Aldo en baquetas y loopeos, Dolmo en guitarra y delay. Se hace necesario, eso sí, remarcar la participación de Antonio Ballester -Blue Velvet, Silvania, Server- en algunos tramos del disco.

Sí, porque los sintes y demás florituras electrónicas del colaborador decididamente han sumado en la no demasiado perceptible irradiación a que el estilo de la terna ha sido sometido. Culto Al Qondor sigue alimentándose de/inspirándose en aquellas lecciones maestras que legasen el space rock y sus poderosos despliegues de infinita arquitectura hiperbólica, la psicodelia y sus incendiarios jammings de connotaciones surrealquímicas, el kraut rock y su francotiradora vocación experimental -incluso el oscuro heavy ‘tritónico’ de los primeros Black Sabbath. Pero, a diferencia de lo que se evidenciaba en Templos, en este Electricidad el cruce de influencias ya no se me acomoda equitativo. Algunas voces han apuntado al alza del elemento psicodélico de variedad floydiana. Sin menoscabo de tal valoración, advierto que el cambio neurálgico radica en que el magma del terceto sale expelido adoptando giros propios de la Berlin School, la rama más proyectadaza y electro del kraut rock -aquí no vale mencionar a Kraftwerk, que dejó de pertenecer a esta comunidad de adelantados alemanes en una fase muy temprana, para escribir su propia y gloriosa historia-.

Permíteme alegar, antes de que empieces a juntar legumbres descompuestas y piedras filosas. No es que CAQ se haya deshecho de sus “instrumentos reales” (¿?) para financiar Hammonds, MiniMoogs, audiogeneradores o armóniums. Lo que digo es que las evoluciones picapedreras en ácido que produce el ballet entre bajo y batería, los ininterrumpidos devaneos del primero, los inalterables puntazos que dictan el imponente latir de la segunda, la atmosférico-minimalista performance de una guitarra tan iterativa en sus acordes como teleológica en sus riffs; cuajan en sinuosas/melancólicas/desbordantes zarabandas extrasensoriales que recuerdan mucho a la kosmische musik que Klaus Schulze y compañía firmase en los 70s. El aporte de Ballester en “E1” y en la coda que corona a “Catedral (E3)”, track de 24 minutos y monedas, le da a la jornada el psicotrónico acabado mate que la convierte en señera obra maestra a destacar en el contexto de la escena independiente nacional de todos los tiempos.

Pendular paisajismo sinfónico, hechicero psych post occidental, adictivo ambient-drone retrofuturista. Tres maneras, no excluyentes entre sí, de describir igual número de surcos dispuestos a lo largo de rotundas cinco decenas de minutos. La norma, por desgracia, dicta que escoja una de estas vastas gradaciones ‘afásicas’ como representativa de las múltiples virtudes de tan parejo vinilo. Me quedo con la obertura como perfecta invitación a degustar las psicoactivas delicias de lo nuevo de Culto Al Qondor.


PD: Recién hace un par de calendarios, me entero de la existencia de un revival en toda regla de la escuela berlinesa. Esta asonada, que arranca tímidamente durante la segunda mitad de los 90s, en esencia es protagonizada por músicos anglosajones. El germano Fastidious Android, los suecos Ved y Fontän, y el combo británico Redshift (1996 es el año del homónimo primer round); son algunos de sus principales adalides.

Hákim de Merv

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