(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 21 de mayo de 2025.)
Me queda sin despejar una gran incógnita a
propósito de R181, nuevo proyecto de Miguel Ángel Elescano, quien hace poco
también se ha estrenado como
Un Día En Venus. En relación a este último alias, tengo
claros el dominio y el rango que cubre, haciéndoseme por ende sencillo
asignarle una identidad más o menos delineada. No ocurre otro tanto con R181:
lo mostrado en su primera referencia es, por un lado, demasiado disperso; y por
otro, casi enteramente repasado al amparo de algunos de sus muchos marbetes.
霧 Niebla es un artefacto de
minutaje recortado (17 minutos y monedas), editado por Dorog Records en la
quincena de enero de este año. Consta de cinco canciones, todas ellas producto
de cruzas entre sonoridades como el industrial, el trip hop y sobre todo el
techno; hibridajes realizados usando un enfoque experimental de abrasiva
flexibilidad. O al menos ésa es la intención, manifiesta en las notas de
BandCamp. El detalle es que todos esos códigos, como decía, ya han sido
revisitados por Elescano usando preexistentes noms de guerre. ¿Para qué,
entonces, uno más?
El único de estos lenguajes sónicos que no ha
sido fagocitado anteriormente por el individualista es el mashup. Esta coartada
estilística podría conferirle fisionomía a R181, si no encarnase sólo en “Latin
Kraftwerk (Featuring José José)” y en “Black Star (Featuring Victoria Santa
Cruz)”. Mientras que el primero cuaja en un techno de sabor latinoide, muestreando
a capella la voz del dipsómano número 1 del México cebollón, el segundo se
sirve de la voz de la cantante afroperuana para dar curso a una extraña pieza dub
carente de ritmo mas no de compás, hasta que traspuesto el minuto y cuarenta
segundos muta en un round de tech house.

La pieza epónima también consigna un
“featuring”, el de la habitual nipona Coppé, pero en este caso se trata de una
participación que va más allá del sampleo. “霧 Niebla” luce como un
canal new beat hipervitaminizado o engrosado, aunque finalmente desnudo. Caso
distinto al de “Godzilla En Mi Corazón (D.M.R.)”, armado a partir de
ruidos/texturas/fragmentos que acaecen como implosionando debido a rayos láser,
y en el que recién hacia el epílogo escuchamos el rugido del kaiju más famoso
de la Historia -sólo exportado, sin llegar a ser mashup. “Woman”, por su parte,
califica como un trip hop poco ortodoxo.
¿Entonces? No encuentro una manera fácil de
catalogar el output de R181. Suena a muchas cosas, y esas muchas cosas bien
podrían haberse acreditado a Lima Centro Project, Lutero o incluso a Maria Reiche. Lo justo que tiene de distinto no alcanza para acreditar tal o cual
cariz, por lo que se hace imperioso esperar más lanzamientos y de mayor
extensión, a fin de arriesgar una hipótesis más concreta sobre la constitución
del nuevo rostro de Elescano.

Muchos años después de su debut bautizado
Vacío
(‘19), el terceto
Lesión regresa con un álbum cientos de yardas más elaborado y
maduro, que desde el nombre anuncia la singular experiencia que envolverá al/a
la oyente durante más de cuarenta minutos. No es nada sencillo imaginar y luego
expresar a través del arte cómo sería el apocalipsis último de la raza humana,
creencias religiosas de por medio o no, pero es bastante más complicado
describir lo que sucedería después -el agua corrompida precipitándose sobre los
restos inertes de la civilización, en medio de una noche interminable, recordando
con cada pluvioso golpe que cualquier esperanza de escape que se abrigue no
pasa de ser sólo otra utopía irrealizable más...
Originarios del recóndito distrito chalaco de
Mi Perú, Alfredo García (bajo), Renato Rosado (guitarra, voz) y Joao Orosco
(batería) habían dado forma en Vacío a un volumen aceptable que no
rebasaba estándares ni promedios ya testeados por grupos similares y/o afines
de la escena local. Lesión edifica su puesta de largo desde la estética
meta-stoner peruana, incidiendo repetidamente en el sludge y en el doom, y ya
más ocasionalmente en el black metal. Sin ser mala o reiterativa, sólo le
distinguía una cierta inclinación por evoluciones instrumentales más largas de
lo acostumbrado -y esto únicamente en apertura (“Vacío”) y cierre (“Hasta Que
Llegue La Muerte”). Quizá a ello se deba que el trío consignase como
influencias el post rock o el shoegazing, aunque es menester enfatizar que no he
encontrado el más mínimo indicio de ninguno de esos géneros.
Pese a habérsele concebido utilizando los
mismos genomas, Más Allá Del Fin es notoriamente distinto de su
antecesor, al que saca enorme ventaja. Sea por la experiencia ganada en esta
media docena de años, sea por estar dotada de un fascinante concepto de fondo
enraizado hasta la médula, la placa trasciende la rabiosa turbiedad de Vacío
sin desentenderse del sludge. Menos del doom o del black. Lesión forja sus nuevos
surcos subrayándoles el carácter instrumental con vocales (casi) imposibles de
descifrar, extendiéndoles más allá de la decena de minutos, apelando a
polifonías de acordes graves para preñarlas de melodías que evidencien
decadencia y desaliento. A despecho de no hallarse Más Allá... exenta de
violencia, ésta no es fragorosa, sino cultivada: aunque presta a abrillantar el
dantesco escenario revelado, obedece las riendas antes que desbocarse.

La rodaja se compone de cinco actos
catalogados así, como si se tratase de una épica obra de dramaturgia entrópica.
Estos actos no son iguales unos a otros. “Acto I: Olokhaustos” acaso sea el
único de ellos en que la fiereza y la brutalidad logran desbordarse, como para
situar a quien se aventure en este fin del mundo en que somos ya un recuerdo, o
estamos a punto de serlo. “Acto II: Abismo De Los Lamentos”, en cambio, tiene
aires muy líricos a tenor de la monstruosa sinfonía stoner pletórica en
imágenes de deterioro y ocaso -tornándose apagado/ahogado su registro tras casi
ocho minutos. “Acto III: El Viejo Daño”, único tema de letra audible, es un
breve suspiro de reposo ante tanta eléctrica mórbidamente distorsionada y tanto
fatigar de un bajo cubierto por engrudo negro -sin declinar su hálito
crepuscular.
Es con “Acto IV: Éxodo” y “Acto V: Más Allá
Del Fin”, sin embargo, que llegamos al clímax de la trama. Las ambientaciones
que evocan recuerdos marchitos, que suscitan alucinaciones horrendas y visiones
tormentosas, que auguran la extinción absoluta de toda vida en el planeta;
alcanzan niveles de acuciosidad encomiables, permitiéndole refulgir en todo su
terrorífico esplendor a esa suerte de oscura energía mística que parece
inspirar a la banda y guiar su viaje (cuando menos en la presente jornada).
Tras de ello, no queda sino el vacío, la ausencia, el dolor, la muerte. Nada.
Pedazo de disco que no se merece menos que verse cristalizado en vinilo. Repite
el plato Renato Rosado en el arte de portada.
Hákim de Merv