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jueves, 15 de octubre de 2026

Tlön: Cronología

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de octubre de 2026.)

A principios de mayo de este año, llegó desde Argentina el músico Christian Van Lacke. Entre los varios compromisos que tenía agendados para su estadía en esta triste ciudad, se encontraba la presentación en vivo de Cronología, la recopilación en 33 rpm de Tlön. Por desgracia la fecha coincidió con el concierto que el ex Galaxie 500 y ex Luna Dean Wareham iba a ofrecer en Barranco, acompañado de su no menos célebre cónyuge Britta Phillips. Era uno u otro, y ya disponía de la entrada para ver al estadounidense. ¿Probablemente fuera esta reunión la última ocasión de disfrutar en directo al combo peruano-argentino -desbandado hace unos tres lustros más o menos, y fallecido su baterista, el legendario Walo Carrillo (Los Holy’s, Tarkus, Telegraph Avenue), días antes de la tocada?

¿Y qué onda con Tlön? El grupo se forma en el ‘07, unos 35 años después de la aparición de los históricos Tarkus. El dato no es baladí, pues se considera al cuarteto precursor del hard rock en estas latitudes y antecedente directo de lo que décadas después grabaran Van Lacke y compañía. No podía esto último ser de otro modo: el padre de Christian -Guillermo- se hizo cargo del bajo en Tarkus, y tanto Carrillo como el cantante Alex Nathanson participan en Tlön Vol. I (‘08). Finalmente, Carrillo es miembro fundador de la terna y permaneció a bordo hasta su entrada en los cuarteles de invierno -así lo certifican acreditaciones en sus tres entregas en estudio. La última de éstas se publica en el ‘11 (Tlön Vol. III), si bien existe un registro live lanzado online póstumamente (Tlön Vivo, ‘17).

El terceto formado por Van Lacke (guitarra, voz), Carrillo y el experimentado bajista Marcos Coifman (Reino Ermitaño, El Cuy), quien luego de Tlön Vol. II (‘09) es reemplazado por César Bustamante; ha visto engrandecido su alias de una manera más significativa tras su separación que cuando se hallaba en activo. Sería materia de investigación averiguar las razones, ya que sus virtudes siempre han estado allí, a vista/oído y paciencia de quien les diera una oportunidad. Tlön era/¿es? una entidad fluctuante entre la psicodelia embebida de reverb y fuzz, un heavy lo bastante flexible para abrazar las improvisaciones, el prog con chance de distorsión, el doom de gravedad exponencialmente aumentada, y el stoner de agresividad sucia y caótica. La suma de estas características puede sonar contradictoria. No ocurre tal precisamente porque la principal habilidad del trío es enhebrar las variables en aras de la consecución de una fórmula equilibrada. Y, sobre todo, efectiva.

Un sonido homogéneo pese a la diversidad de sus aristas. El aura es lo bastante metálica para conjurar el headbanging, y a la vez mesurada para no desacomodarse de su cariz épico (“Mar De Manzanas”). Transfigurando sus influencias, la lobreguez puede comportarse oscilante (“Rey Lagarto”, “El Banquete De Los Niños”), la velocidad verse sabiamente amainada (“Hija De Nubes” marca un límite que jamás se traspasa, el de los 3/4), los wah-wah lucir armoniosos (“Tribus, Clanes”) y las largas secciones instrumentales crisparse sin aviso (“El Principio”). Una niebla de stonura arropa sus composiciones, llenas de síncopas cambiantes, de melodías hipnóticas, de letras tributarias de una fantasía oscura en mal viaje. Sin antecedentes como el de Tlön, resulta mucho más complicado rastrear y comprender la génesis y el devenir de la escena meta-stoner peruana del decenio anterior, que todavía hoy rinde frutos.

No hay surcos de estreno en Cronología. El filtro se ha ceñido a los álbums que son de dominio público, incluido el directo, del que se extrae una pista que hasta el ‘17 no había sido liberada -“Tribus, Clanes”, justamente el epílogo de esta antología disponible sólo en poliacetato de vinilo. Del primer episodio se han repescado “La Ciudad Despierta”, “Mar De Manzanas” y “Ukbar” (segundo guiño borgiano, el primero es el nombre de la banda, ambos pertenecientes al alucinante relato “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”). Del segundo, “El Banquete De Los Niños”, “Oda Al Sonido Delirante”, “Astronave” y “El Principio”. Por último, del tercero se recuperan “Hija De Nubes”, “Rey Lagarto”, “Gran Mamut” y “Descascarada”.

Una selección que se ajusta a las dimensiones del formato, en lisérgico lila transparente, y que invita exitosamente al neófito a adentrarse en el universo sonoro de Tlön. Quienes estamos ya familiarizados/as con su propuesta hemos echado de menos ver concretado el desbloqueo de algún corte inédito, pero coincidimos en el tino y la justicia del repaso que comporta Cronología al legado de la sociedad Van Lacke-Carrillo-Coifman/Bustamante, que igualmente nos invita a la revisión de su obra al completo. El disco, acaso no lo último que firmará la agrupación, figura en el catálogo de la nacional Imperio Records.

Hákim de Merv

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ancestro: En Ruinas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de septiembre de 2026.)

Recién cuando llega (tarde) a mis oídos la noticia de la aparición de un nuevo opus de Ancestro, hace su buen par de meses, caigo en la cuenta del lapso transcurrido entre esta entrega y su precedente inmediato -siete luengos años, nada menos. Se dice pronto, pero la verdad es que trátase de un período de tiempo bastante extenso, máxime si concierne a uno de los mejores grupos de nuestra historia reciente -aclamado por la crítica especializada de la región, apenas conocido y/o escuchado por sus coterráneos más allá de la feligresía headbanger a la que se adscriben sus integrantes.

Éstos no son los mismos que iniciaron el camino. Ya no lo eran un septenio atrás. Para Ancestro (‘19), al haberse experimentado una metamorfosis que por default afecta al menos un tercio de su formación, consecuencia además de rotaciones producidas en otro puesto; el célebre power trio liberteño decidió jugársela. Aquella vez el movimiento de piezas resultó favorable, porque el lugar del baterista Víctor García fue cubierto por el guitarrista Diego Cartulín, y éste (asumo) instruyó al entrante Jorge Quevedo en aquello que la banda ha precisado siempre del desempeño de la eléctrica. Ancestro, por último, concretó un nuevo paso hacia la cumbre en la impresionante escalada stoner que protagoniza la terna.

De cara a En Ruinas, el mástil de seis cuerdas vuelve a cambiar de responsable. Quevedo no es más de la partida, ocupando actualmente Rafael Paul esa plaza. Trujillano como sus compinches, participó por entero en los procesos de composición y grabación del nuevo trabajo, entre diciembre del ‘24 y marzo del ‘25. Mezclado y masterizado posteriormente en Heavy Haze Audio Lab, el plástico ha sido orlado con idénticas virtudes a las que Ancestro ha mostrado en sus tres primeras rodajas. Dosificadas, ciertamente: así como durante sus casi cuarenta minutos el sístole rítmico no sobrepasa nunca la barrera del medio tiempo, por mucho que alternen crescendos y diminuendos, jamás desmayan el bramido omnipresente del bajo de Boris Baltodano ni la compacta aplanadora en que convierte Cartulín el set de platillos, tarolas y bombo.

“13001” cumple la función de intro como encendiendo y calentando los motores de una buena caña tras largas semanas de para. Tras de sí, Ancestro no concede descanso, ya que incluso los fade-outs de “Andante” y “Horizontes Salvajes” no son realmente tales. En ningún momento el láser deja de reproducir sonido, por minúsculo que sea éste. “Status Quo” recibe la posta insuflado de mucho del desert rock más majestuoso, ése que bebe tanto del hard rock de los 70s como del post grunge (¿acaso debido al background de Paul?). Si bien “Andante” mantiene el mismo redoble de baquetas, el fuzz de la segunda guitarra -que Diego empuña- literalmente replica sus vibraciones, allanando el camino para el ascenso de Rafael hacia estratos stoner. Lanzado como single, “Wachuma” se desplaza cual bestia cachazuda, reafirmando el imaginario del que la banda parece hacer uso indiscriminado aquí -el de una dimensión alternativa donde se enseñorea la fantasía oscura, llena de mastodontes, estepas interminables y guerreros kurgan.

Habitan En Ruinas elementos propios del doom, de la psicodelia más dura, del heavy psych. Ejemplo de lo último es el blast de apertura con que “Horizontes Lejanos” modula los subidones de estamina que cada tanto padece la teba. De lo primero, la carga final que “Mar Desierto” acomete luego de sus primeros 120 segundos, disipada sólo en el epílogo y tras el riffeo de la primera guitarra al trasponer su ecuador. Del bagaje psicodélico, las notas llameantes bombardeadas de propano que performa Paul. Sin embargo, es el espíritu colectivo de Ancestro el que siempre tira de las riendas, manteniéndose constantemente a prudente distancia del enjambre de maelströms en el que circunnavega, evitándoles. Hay sabiduría en esa decisión. Rato ha que no se hacían a la mar, mejor es volver de a pocos.

Pese a su naturaleza contenida, no me ha hecho el tour de force de En Ruinas extrañar ninguno de los episodios anteriores del trinomio norteño. Cada uno es valioso por sí mismo, habiendo logrado desenvolverse tanto en el contexto bajo el que fue concebido como en el que se dio a conocer. Esta circunstancia no varía con el nuevo estreno -sobrio, moderado, tras sortear días turbulentos e inestables para la Humanidad (el COVID-19 y sus secuelas) y sobre todo para nuestro castigado país (dos elecciones presidenciales que nos han dejado cinco presidentes y contando, en medio de un clima generalizado de inseguridad galopante). Imposible oponer algún cuestionamiento: crédito intacto, nuevamente.

Hákim de Merv

jueves, 29 de mayo de 2025

R181: 霧 Niebla // Lesión: Más Allá Del Fin

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 21 de mayo de 2025.)

Me queda sin despejar una gran incógnita a propósito de R181, nuevo proyecto de Miguel Ángel Elescano, quien hace poco también se ha estrenado como Un Día En Venus. En relación a este último alias, tengo claros el dominio y el rango que cubre, haciéndoseme por ende sencillo asignarle una identidad más o menos delineada. No ocurre otro tanto con R181: lo mostrado en su primera referencia es, por un lado, demasiado disperso; y por otro, casi enteramente repasado al amparo de algunos de sus muchos marbetes.

霧 Niebla es un artefacto de minutaje recortado (17 minutos y monedas), editado por Dorog Records en la quincena de enero de este año. Consta de cinco canciones, todas ellas producto de cruzas entre sonoridades como el industrial, el trip hop y sobre todo el techno; hibridajes realizados usando un enfoque experimental de abrasiva flexibilidad. O al menos ésa es la intención, manifiesta en las notas de BandCamp. El detalle es que todos esos códigos, como decía, ya han sido revisitados por Elescano usando preexistentes noms de guerre. ¿Para qué, entonces, uno más?

El único de estos lenguajes sónicos que no ha sido fagocitado anteriormente por el individualista es el mashup. Esta coartada estilística podría conferirle fisionomía a R181, si no encarnase sólo en “Latin Kraftwerk (Featuring José José)” y en “Black Star (Featuring Victoria Santa Cruz)”. Mientras que el primero cuaja en un techno de sabor latinoide, muestreando a capella la voz del dipsómano número 1 del México cebollón, el segundo se sirve de la voz de la cantante afroperuana para dar curso a una extraña pieza dub carente de ritmo mas no de compás, hasta que traspuesto el minuto y cuarenta segundos muta en un round de tech house.

La pieza epónima también consigna un “featuring”, el de la habitual nipona Coppé, pero en este caso se trata de una participación que va más allá del sampleo. “霧 Niebla” luce como un canal new beat hipervitaminizado o engrosado, aunque finalmente desnudo. Caso distinto al de “Godzilla En Mi Corazón (D.M.R.)”, armado a partir de ruidos/texturas/fragmentos que acaecen como implosionando debido a rayos láser, y en el que recién hacia el epílogo escuchamos el rugido del kaiju más famoso de la Historia -sólo exportado, sin llegar a ser mashup. “Woman”, por su parte, califica como un trip hop poco ortodoxo.

¿Entonces? No encuentro una manera fácil de catalogar el output de R181. Suena a muchas cosas, y esas muchas cosas bien podrían haberse acreditado a Lima Centro Project, Lutero o incluso a Maria Reiche. Lo justo que tiene de distinto no alcanza para acreditar tal o cual cariz, por lo que se hace imperioso esperar más lanzamientos y de mayor extensión, a fin de arriesgar una hipótesis más concreta sobre la constitución del nuevo rostro de Elescano.

Muchos años después de su debut bautizado Vacío (‘19), el terceto Lesión regresa con un álbum cientos de yardas más elaborado y maduro, que desde el nombre anuncia la singular experiencia que envolverá al/a la oyente durante más de cuarenta minutos. No es nada sencillo imaginar y luego expresar a través del arte cómo sería el apocalipsis último de la raza humana, creencias religiosas de por medio o no, pero es bastante más complicado describir lo que sucedería después -el agua corrompida precipitándose sobre los restos inertes de la civilización, en medio de una noche interminable, recordando con cada pluvioso golpe que cualquier esperanza de escape que se abrigue no pasa de ser sólo otra utopía irrealizable más...

Originarios del recóndito distrito chalaco de Mi Perú, Alfredo García (bajo), Renato Rosado (guitarra, voz) y Joao Orosco (batería) habían dado forma en Vacío a un volumen aceptable que no rebasaba estándares ni promedios ya testeados por grupos similares y/o afines de la escena local. Lesión edifica su puesta de largo desde la estética meta-stoner peruana, incidiendo repetidamente en el sludge y en el doom, y ya más ocasionalmente en el black metal. Sin ser mala o reiterativa, sólo le distinguía una cierta inclinación por evoluciones instrumentales más largas de lo acostumbrado -y esto únicamente en apertura (“Vacío”) y cierre (“Hasta Que Llegue La Muerte”). Quizá a ello se deba que el trío consignase como influencias el post rock o el shoegazing, aunque es menester enfatizar que no he encontrado el más mínimo indicio de ninguno de esos géneros.

Pese a habérsele concebido utilizando los mismos genomas, Más Allá Del Fin es notoriamente distinto de su antecesor, al que saca enorme ventaja. Sea por la experiencia ganada en esta media docena de años, sea por estar dotada de un fascinante concepto de fondo enraizado hasta la médula, la placa trasciende la rabiosa turbiedad de Vacío sin desentenderse del sludge. Menos del doom o del black. Lesión forja sus nuevos surcos subrayándoles el carácter instrumental con vocales (casi) imposibles de descifrar, extendiéndoles más allá de la decena de minutos, apelando a polifonías de acordes graves para preñarlas de melodías que evidencien decadencia y desaliento. A despecho de no hallarse Más Allá... exenta de violencia, ésta no es fragorosa, sino cultivada: aunque presta a abrillantar el dantesco escenario revelado, obedece las riendas antes que desbocarse.

La rodaja se compone de cinco actos catalogados así, como si se tratase de una épica obra de dramaturgia entrópica. Estos actos no son iguales unos a otros. “Acto I: Olokhaustos” acaso sea el único de ellos en que la fiereza y la brutalidad logran desbordarse, como para situar a quien se aventure en este fin del mundo en que somos ya un recuerdo, o estamos a punto de serlo. “Acto II: Abismo De Los Lamentos”, en cambio, tiene aires muy líricos a tenor de la monstruosa sinfonía stoner pletórica en imágenes de deterioro y ocaso -tornándose apagado/ahogado su registro tras casi ocho minutos. “Acto III: El Viejo Daño”, único tema de letra audible, es un breve suspiro de reposo ante tanta eléctrica mórbidamente distorsionada y tanto fatigar de un bajo cubierto por engrudo negro -sin declinar su hálito crepuscular.

Es con “Acto IV: Éxodo” y “Acto V: Más Allá Del Fin”, sin embargo, que llegamos al clímax de la trama. Las ambientaciones que evocan recuerdos marchitos, que suscitan alucinaciones horrendas y visiones tormentosas, que auguran la extinción absoluta de toda vida en el planeta; alcanzan niveles de acuciosidad encomiables, permitiéndole refulgir en todo su terrorífico esplendor a esa suerte de oscura energía mística que parece inspirar a la banda y guiar su viaje (cuando menos en la presente jornada). Tras de ello, no queda sino el vacío, la ausencia, el dolor, la muerte. Nada. Pedazo de disco que no se merece menos que verse cristalizado en vinilo. Repite el plato Renato Rosado en el arte de portada.

Hákim de Merv