miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lego 17: Diapasones // DxTxM: Synthesis EP // Ruy'ismo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de diciembre de 2025.)

Disponible para descarga gratuita el mismo día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético, la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más adelante.

El muestrario titula Lego 17: Diapasones. Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de “instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.

Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop sintético de la joven romana Mylla Issues.

No ha de ser casual que la Issues se ubique tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en “Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop (“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus” de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo). Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura noctívaga y nictálope que preña Lego 17...

Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.

A principios de año, comentaba la reedición que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad- acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de Zolar.

De entre los contados números-de-catálogo lanzados hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T, en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut? ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.

Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega, mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien poco le falta.

Synthesis EP se completa gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth 90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante al Bass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital. Desde Concepción, Junín, para el mundo.

Finalizaba septiembre cuando se publicó vía Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115, ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.

La placa tiene por toda razón de ser testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella: dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón se necesita para prestarle atención sin demora?

Empecemos por los defectos, que no son muchos. Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo “Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por donde se le sopese.

Muchos más son los aciertos. Entre los que no he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de “Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina” de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte” por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y “Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).

En mi opinión, dos son los surcos que no funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace insoportable.

Hákim de Merv

jueves, 25 de diciembre de 2025

Sueño Púrpura: Souvenir // Ficticio: Comenzando Desde Cero EP / Ficticio EP // Santa Madero: Los Años Difíciles

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 17 de diciembre de 2025.)

Surge Evelia, Surge (‘19) de Parahelio es de los pocos esfuerzos independientes que obvié en su día, dejándole sin comentar. Malo no era, pero algo en la propuesta me disuadía de sentarme a escribir sobre sus virtudes y defectos. O de repente era yo quien me hallaba entonces incapacitado de concretar un acercamiento exitoso al esférico. Ahora que Christian Ortega y Rodolfo Ontaneda, dos de sus guitarristas, se presentan en 33 rpm con Sueño Púrpura; será motivo para volver al unigénito volumen que legase el ¿desaparecido? conjunto.

Sueño Púrpura no es Parahelio. Mucho menos, una versión corregida y aumentada. Eso no impide que ambas formaciones compartan algunas características, sobre las que abundaré luego. Fundada a mediados del ‘22, la nueva entidad de los ex Parahelio cultiva sonoridades que cabe tipificar de enteógenas. ¿Significa que el proyecto toma plazas en la psicodelia o en el kraut rock? Mi opinión es que no, más allá de puntuales ramalazos. A decir verdad, es complicado asignar al quinteto estilos específicos. Si me avengo a ello, se debe a razones estrictamente cuantitativas, relacionadas a la (re)incidencia en que encajan las composiciones.

Para Sueño Púrpura, lo más trascendente de su obra es el aspecto instrumental de la música, rasgo heredado de Parahelio. El soporte rítmico de Juan Camba (batería asimismo en Búho Ermitaño) y de José Andrés Lezma (bajo) no cesa de prodigarse durante los más de dos tercios de hora que se dilata Souvenir. Complementariamente, las eléctricas de la sociedad Ontaneda-Ortega manejan la distorsión engrosando sus capas o disipándolas, mediante estallidos atronadores o deflactaciones instantáneas. De este modo, puede afirmarse que los largos segmentos instrumentales del vinilo son a un tiempo robustos y altamente volátiles.

A dos colores recurre de continuo el acto que completa Jandy Torres (vocales). Uno es el post rock de segunda generación, entronizado en Surge Evelia... El otro es el shoegazing de Pale Saints y de My Bloody Valentine -los de Leeds cuando el Ruido se mantiene en mínimos (“Granate”), los de Dublin cuando necesita éste reventar dentro de tus canales auditivos (“La Niebla”). Estos visos nunca llegan a mezclarse, sino que se suceden (“Sueño Púrpura”), o a lo sumo se intercalan (el entusiasta viaje estelar que supone “Mora”). Otra tintura a tener en cuenta es el slowcore (“El Tiempo Es Una Flor”, “Luz Inerte”), a pesar de que su melancólica figura aparece únicamente en secciones introductorias, no alcanzando así cantidades ponderables.

Rodaja de euritmias reverberantes y orgánicas, en Souvenir la voz podría llegarse a tener por accesoria, en el sentido en que podría considerársele así también al interior del baggy. A veces transcurre más un minuto antes de que la oigamos, tal cual los limeños saltan del post rock al ethereal noise (y viceversa) más de un minuto después de iniciado un track. Sus catárticas explosiones no sofocan la intensidad de sus tonalidades, ni extinguen sus cortantes golpes de timón el fulgor de sus hambrientas brasas. Más que post y shoegazing, la paleta de Sueño Púrpura está insuflada de rock casi instrumental y de noise rock a secas, lo que convierte a todas sus etiquetas en potencialmente circunstanciales. No consigo adjudicar a Souvenir una mejor corona de laurel que ésa, si fuera menester.

He estado rumiando sus buenos meses los EPs con que se ha dado conocer Ficticio a inicios de año, confiando en llegar a un juicio distinto del que me reportasen las primeras impresiones. Considerando que se trata de una banda nueva, de músicos a quienes probablemente doblo la edad, y que el indie del nuevo siglo en modalidad pop es terreno fértil para bluffs y estafas al por mayor; me la he jugado por el comodín que supone el beneficio de la duda cada vez que he repasado tanto la puesta en corto Comenzando Desde Cero EP (enero) como el subsiguiente Ficticio EP (febrero, equivocadamente tenido por entrée absoluto).

¿Es Ficticio una agrupación hecha y derecha? Quién sabe. Se alude a cierta alineación estable en directo, integrada por Paula Sáenz en guitarra, Matt Palacios en baquetas, Carlos Suárez al bajo y Fabián Maslucan frente al micrófono. En estudio, parece ser otra la situación. Su página Facebook no incluye ninguna foto del line up, y sí una representación abstracta donde no hay sino puro calzoncillo. Tampoco arroja mayores luces su cuenta en YouTube Music. De lo que sí podemos estar seguros/as es de la identidad de su ¿líder?/¿único animador?/¿principal responsable?: Maslucan.

Comenzando Desde Cero EP apenas excede la quincena de minutos. Se suceden los acordes finales de su apertura, “Nada Se Terminó”, y ya podemos vislumbrar una imagen bastante precisa de lo que audicionaremos hasta el último segundo del cierre “Nada Es Fácil”. Pop/rock simple y chato en extremo, demasiado elemental, que sólo en determinados tramos cada tanto recuerda al bedroom pop. En el mejor de los casos (“Entre Los Dos”), el extended huele a modern rock noventero traumáticamente desvalijado. Pese a que las letras recuperan la filia naif de nombres como The Story So Far o Brand New, el daño está hecho. Para peor, la performance vocal es asaz desabrida -su punto más bajo: “No Puedo Escapar”.

Las cosas mejoran en Ficticio EP, aunque no tanto como para sobreseer el chasco inicial. Las canciones del epónimo extended constituyen mayormente una reconvención, acometida a conciencia por Fabián, de lo mostrado en el episodio precedente. Es decir, Ficticio EP es una suerte de Comenzando Desde Cero EP 2.0. Letras más intimistas, más cercanas al/a la oyente, y por lo tanto más sinceras; a la par de una austera readecuación vocal. El esmero que no se percibe en Comenzando... EP se ve aquí reflejado en una drástica reducción de clichés rockistas, que así y todo no decrecen hasta cero. Ejemplo palmario de esta renovación: “Sin Tierra”. Pasos más allá: “Horas” y “Serú”.

Por desgracia, Ficticio EP no basta para arrancar de la medianía al “cuarteto”. A la luz de lo paladeado en los EPs, Ficticio no es sino un combo más. Nada le distingue, nada le particulariza. Nada, al menos de momento, me hace abrigar la esperanza de una evolución sostenida que desemboque no digamos ya en un sonido original, sino en algo verdaderamente sentido. Se ha hablado de shoegazing y de dream pop. Ni cagando. El pop/rock de ribetes indies que practica Ficticio es tan cansino, que deviene en genérico, cuando no en derivativo. Y no veo, por ahora, cómo va a escapar de ese empantanamiento.

Tres años después de Ya Tengo Nostalgia Por Conversaciones Que Tuve Ayer, regresa a escena Santa Madero, convertido ahora en dúo. En el interín, abandonó la terna el guitarrista José Luis Gonzales, recayendo la continuidad del alias en el tecladista Dan Joe Salazar y en la cantante Karina Castillo. Quizá sea ésa la principal razón por la que su silencio discográfico ha abarcado poco más de tres calendarios, aunque debe atenderse igualmente al grado de separación existente entre los réditos del debut y los de su nueva producción -que no por nada lleva el título de Los Años Difíciles.

Llamaba mucho la atención la impronta de Entre Ríos que Santa Madero izaba en el estreno, por cuanto exponentes de indietrónica no han abundado en Latinoamérica, menos todavía en el Perú. Tras las primeras escuchas, pareciera que Los Años Difíciles le hubiera hecho a un lado. En su reemplazo, esa electrónica argéntica y plastificada que fagocitó al synth en los 90s se posiciona en primeros planos a lo ancho del nuevo álbum. Sin embargo, conforme el lector pasa revista una y otra vez al CD, descubres que el género de múm y Ulrich Schnauss late aletargado bajo la epidermis -salvando las distancias con tamaños referentes, naturalmente.

Desde el vamos, el output de asociaciones como Republica o Garbage aflora actualizado en “Mi Ciudad Es Genial” y siguientes. El electropop impermeable de secuencias recargadas, de letras optimistamente irónicas y de actitud entre desencantada y hedonista, remite sin cortapisas a la última década del siglo XX. Es con “Oye” que se produce un cambio de ¿dirección?/¿percepción?, si bien no tan evidente, sí sustancial. De tiempos perfectamente cuadrados, la de “Oye” es una lírica irónicamente optimista, que esparce fragancias agridulces mientras afloran los resabios indietrónicos bien disueltos por el factor oxidante del pop.

En adelante, y hasta que LAD finaliza con “Me He Escapado De La Casa”, dicha solución/fórmula no se verá mayormente alterada. Tal vez la única excepción sea “Por Mientras”, de espíritu más entero. El resto participa de esa animosidad delicadamente pesarosa y amarga que, no obstante, prefiere mostrarse impoluta de tal mácula: “Mejor Me Muero” (el nombre lo dice todo), “Ya No Me Sueltes”, la ingenuota/dolorosa “Me He Escapado...”, la acibarada “Toma Tiempo”, la preciosa y ágil “Bodas De Papel” (de hermosos contrastes).

Más allá de un esmerado diseño de sonido y de una ejecución impecable, merece destacarse la performance de Karina Castillo. La muchacha canta como quien acaba de superar penurias mil. Esa entonación/ese mood le proporciona lustre extra a este puñado de canciones decididamente más realistas que las de Ya Tengo Nostalgia..., canciones cuya autoría comparte con Dan Joe y que evidencian un crecimiento firme de Santa Madero hacia la madurez. Veintisiete minutos del pop más enjundioso que puede facturarse en estas tierras.

Hákim de Merv

jueves, 18 de diciembre de 2025

Gio Foschino: Fin Del Mundo // Brown Sur: Hágase La Luz

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de diciembre de 2025.)

Desde que debutase en largo en el ‘19 con Hacia Donde Va El Agua, no volví a degustar nuevo material de IIOII. Ello, porque el dúo ha entrado en receso, no sé si temporal o definitivamente -la postrer referencia, Donde Sale La Luna Ilumina La Noche, data del Año de la Pandemia. Pero también, y principalmente, porque todavía (me) quedan muchas vetas por explorar en el vastísimo horizonte del pop y la electrónica independientes chilenos. Vetas que incluyen, cómo no, las travesías solistas tanto de Gio Foschino como de Nicolás Alvarado (cf. el catálogo de la santiaguina I S L A).

De ahí mi sorpresa y alborozo al enterarme de la aparición de Fin Del Mundo, de Foschino, integrando el padrón de Eolo Producciones. Si bien de esta colaboración con la escudería de los Lluvia Ácida no se desprende forzosamente que la placa se concibiera y/o grabase en Magallanes, sí puede aventurarse que ha sido preñada por el aura de soledad/aislamiento/insularidad que distingue a la región. Esto se ve reflejado no sólo en el título que ha recibido el esférico, sino además en contenidos que priorizan la estética landscaping para perfilar el doble significado de un sintagma tan ambivalente como “fin del mundo”.

El primero de estos significados es el más literal. Aunque no presupone el final de la Tierra, sí el de la especie humana, tal cual subraya el músico en entrevista concedida a Radio Polar. Pensemos, pues, en un mundo silencioso; lleno de ecos naturales cuyas resonancias aumentan ante la desaparición de nuestra civilización (“La Ciudad”). Un planeta que sobrevive y prospera, tras el apocalipsis de nuestra extinción (“Dos Océanos”). Un orbe que se vuelve hacia el pasado con algo de pesadumbre, antes de entrar en un futuro idílico que sólo alcanzarán a atestiguar los últimos seres humanos (“Mare Blu 2”).

El otro significado lidia con la orilla ulterior de este pálido punto azul -es decir, sus confines, sus bordes, sus lindes. En eso, pocos lugares de la Tierra pueden equipararse al agreste entorno natural de Magallanes. Foschino representa esos espacios ¿mágicos? ¿ultraterrenos? visitándoles por medio de animadas caminatas a las que arropan sedantes teclados resplandecientes (“Fin Del Tiempo”), de voces entretejidas a laxos armónicos (“Renace La Laguna”), de contemplaciones astronómicas casi místicas orladas de efímeros brillos senescentes (“Aurora Austral”, fenómeno no por harto infrecuente menos hermoso que su par boreal).

No es aconsejable trazar una línea divisoria para sumar temas bajo el segundo o el primero de los significados. Todos replican la bisemia propugnada aquí por el ¿ex? IIOII: de “Abstracto Desde El Acantilado” -que anuncia el doble leitmotiv sin vibras negativas, ni miedos ni remordimientos, sólo en paz- a “Fin Del Mundo” -catorce minutos que condensan las diversas facetas y emotividades del volumen, incluyendo guiñazos al dark ambient, como preparándonos para observar el inexorable final del Hombre-. Valiosa jornada de ambient electrónico.

Por tercer año consecutivo, la dupla Brown Sur llega a instancias epilogales del calendario trayendo nuevo álbum bajo el brazo. Permite éste sacar ya en limpio algunas conclusiones respecto de la evolución en la propuesta sonora del tándem, así como de su ritmo de trabajo y del formato que mejor le va a esa remarcable asiduidad. En cuanto a este último, es atinado hablar de un mini-álbum antes que de un largo propiamente dicho, toda vez que cada intervalo anual de proceso compositivo reporta a la mancuerna una media de 7 canciones en veintitantos minutos.

También es verdad que el indie del nuevo siglo repite su papel relevante en relación a Nada Es Imposible (‘24). Como aquella vez, no es un indie omnipresente el del recientísimo Hágase La Luz, sino uno “omniabarcante” (enfatizar comillas). Su estela se deja oír efusiva nada más dar inicio el vigoroso pop/rock de “Fugitivo”, escuchándosele constantemente latir a lo largo del repertorio, hasta la culminación de la pesada “No Es Lo Tuyo”. Así y todo, dicho protagonismo se halla lejos de ser asfixiante, como lo demuestra el cariz variopinto y desglosable que emerge en cada número.

El bíblico surco epónimo, verbigracia, es el reverso pausado de “Fugitivo”; sin privarse de la electroacústica que enmarca la obertura del CD y que les hermana. El piano con que arranca “La Sombra Del Sol” anuncia música cercana a la de un vodevil, con que contar una pintoresca historia popular que quién sabe si será verdad. Por su lado, el paso denso de “Guerrero” y su filosa eléctrica ponderan cierta sutil ascendencia andina, coartada estilística ya presente en el debut Histeria Del Mundo (‘23). Y los bríos de “Ulises” remiten a la idea de “vieja escuela genérica” que se suele asociar al vilipendiado marbete “rock clásico”.

Ejemplos sobran, entonces, para ilustrar la proteicidad del indie puesto en práctica por Claudio Lavin y Francisco Lillo Ortega. Cualidad que el género de marras ha hecho suya desde que abandonase el underground durante los primeros 90s, y que le ha permitido adaptarse a los cambios que han traído los nuevos tiempos en el curso de tres décadas. Por lo demás, las letras sugieren un paseo por diversidad de emociones, paseo que termina emulando una circunvalación -rubricada ahora por Lillo Ortega, quien eleva sus vocales varios tonos arriba de lo normal si la ocasión así lo precisa.

Hákim de Merv

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker's Hellraiser // Analog 2025 // Grecia Albán: Nubes Selva

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 26 de noviembre de 2025.)

En la senda de títulos como Music For Alien Temples o Bio-Mechanik - Aural Tribute To The Art Of H.R. Giger, la postapocalíptica Eighth Tower Records publicó al promediar octubre un homenaje a la que tal vez sea la saga más fascinante concebida por el cine de terror en los 80s. Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker’s Hellraiser rinde pleitesía a esa demoníaca realidad sadomasoquista en la que imperan los Cenobitas, inspiración para films que comparten ese mismo universo como Event Horizon (‘97) y The Void (‘16).

Luego de iniciar más bien taciturno con Sílení y “Beyond The Veil Of Torment”, el plástico comienza en serio de la mano de “Echoes Of Ecstatic Pain”, a cargo de Vääristymä y Sonologyst. Los asfixiantes espacios retratados como en negativo/las varias desprolijidades intencionales/los pesados reflejos drónicos que caracterizan al dark ambient comienzan a menudear desde este episodio. Otras muestras evidentes son “Revelatory Signs From The Underworld” de Philippe Blache y “Demons To Some, Angels To Others” de Grey Frequency, repletas ambas de sombras omnívoras y repiques reluctantes al punto de desesperar -salvo por un segmento de musicalidad “convencional” hacia el minuto 3 en “Revelatory...”.

“A Score To Settle (For Stephen Thrower)” de 400 Lonely Things abre la porción más sustanciosa del esférico, misma que cierra la invencible protervia psicótica de “Sweet Flesh”, por cuenta de Nerthus. En todo este dilatado tramo, la voluntad admirativa de la placa adquiere especial relevancia: voces de horra deformidad que alientan el pánico, capas de organicidad industrial, pianos siniestros que irrumpen con el pulso insistente de una solitaria tecla, analógica expresividad oscura, macabros theremines fantasmales, malevolente minimalismo digital... Hasta un puntual flujo de percusión no programada e in crescendo -rasgo asaz inusual en los dominios del dark ambient- palpita espaciadamente en “A Score...”, abriendo portales hacia géneros convergentes (sin atreverse a cruzarlos).

A Codex Of Pleasure And Pain - A Sonic Tribute To Clive Barker’s Hellraiser le baja el telón Vääristymä y “Lord Of Labyrinths”, epílogo que no pasa de ser anecdótico. Para entonces, ya entraste y volviste a salir de ese averno de dolor y placer cuyo dios supremo es Leviathan, a quien observamos en la segunda película de una saga que se ha extendido por lo que sé 35 almanaques (y que haría las delicias del Divino Marqués). El trip ha sido completo. Sólo queda aferrarte a la débil esperanza de poder borrar de la memoria ese mundo adictivamente laberíntico -habitado por seres extradimensionales, por condenados/as eternos/as que pueden eventualmente escapar, por criaturas demoníacas más allá de la imaginación.

La edición física de tres cuerpos, que viene acompañada por un libro coral de relatos inspirados en la mitología de Hellraiser, ilustra en la portada la famosa Caja de Lemarchand; también llamada la Configuración del Lamento y más coloquialmente la Caja Negra. Resolver el enigma que encierra garantiza acceder a la dimensión paralela de los Cenobitas. Que sirva de advertencia por si llegas a toparte con ella.

En septiembre del ‘16, cuando contaba poco más de año y medio de actividades, Unexplained Sounds lanzó otra compilación que adicionar a las muchas ya eyectadas tempranamente. Bautizado como Analog 2020, si el muestrario contó con producción física, ésta ha debido ser doble. Si sólo estuvo disponible para descarga, debió ser en sí mismo una jornada agotadora, dada su copiosa selección de 20 canales y la magnitud -cuantitativa, cualitativa- de varios de éstos.

Hace muy pocos días la independiente azzurri relanzó este panorámico, rediseñándole para efectos de su fabricación en modo trigipack, y actualizando su nombre. Así, Analog 2020 ha pasado a ser Analog 2025, descartando diez de los cortes originalmente escogidos y agregando tres fechados con posterioridad a la primera toma. Movida bastante extraña, si se considera que las reediciones usualmente suman material inédito antes que restar del existente. Felizmente, la consabida remasterización sí ha tenido lugar.

Empiezo por los tres surcos aditados. Éstos son “Convergence Of Clouds” de Anasisana, “Allostasis” de Oubys y “XD” de Mario Lino Stancati. ¿Qué comparten? Poco o nada, más allá de las habituales coordenadas estilísticas de drone music, arte sonoro, landscaping y concrete ambient que suele repasar Unexplained Sounds. Eso sí, valiéndose de un estricto enfoque analógico improvisacional (concepto subyacente a la rodaja). Stancati, verbigracia, ensaya acercamientos ululantes y agudos a un dark ambient tenso y torvo. Oubys, de quien(es) el sello ha editado recientemente Holosphere, se sumerge trepidante en granuladas atmósferas de mórbida lobreguez como disparado(s) por el Gran Colisionador de Hadrones. Y Anasisana, que apertura Analog 2025, es el proyecto que más luz emite de todos los presentes (me animaría a decir que es el más radiante de todo el catálogo US).

Por separado, sin embargo, matiza cada uno el resto del volumen. Éste acopla segmentos de ruidismo aleatorio a la ejecución del theremin (“Contemplation” de Lars Bröndum), dispone pausadamente misteriosas cacofonías randomizadas yuxtaponiéndolas a latidos seteados con moderada distorsión (“Valvoo” de Vääristymä), imbrica frecuencias mientras experimenta con la forma misma del dark ambient (“Telescope” de Sonologyst), cuela vocalizaciones alienígenas en medio de ambiguos climas tímbricos (“Nekrospur” de Pharmakustik), o simplemente prefiere el misticismo antes que la calígine (“Annihilation” de Thierry Gauthier). ¿El denominador común? Un arsenal de herramientas analógicas, como sintetizadores o sistemas de modulación armónica.

Me quedo con “Rothko”, de Faustus, como el tema más aventajado de A2025. Desasosegado pero tranquilo, lúdico pero solemne, híbrido pero inmaculado, psicológicamente inquietante. Poco más se puede argumentar sin redundar en muchos de los aciertos ya detallados y atribuidos a sus compañeros de viaje.

Me ha sido sumamente difícil escribir sobre Nubes Selva de la ecuatoriana Grecia Albán. No era consciente de cuánto extrañaba y/o necesitaba un álbum así, sino hasta haberle escuchado y degustado. Siglos ha desde que la fusión noventera de Los Fabulosos Cadillacs, Del Pueblo Del Barrio o Maldita Vecindad Y Los Hijos Del Quinto Patio vio pasar sus días de esplendor; y otro tanto puede decirse de esa electrónica mestiza que le sucediese de la mano de alineaciones como Mákina Kandela, Bomba Estéreo o los primeros Novalima, en el nuevo milenio. Cierto, la cantante y activista norteña no tiene puesta la mira en mixturas equivalentes. No obstante, su crisol también se alimenta de las músicas originarias que manan de las venas (todavía) abiertas de América Latina.

Albán es natural de Latacunga (Cotopaxi), ciudad que se extiende al pie de los Andes e igualmente cercada por la jungla amazónica. Alcanza a día de hoy 39 abriles y acredita un previo LP, Mamahuaco (‘18), al que me falta pelarle oreja. No se trata, por ende, de una principiante. Las peculiaridades geográficas de su localidad, además, le han permitido estar en contacto con diversas manifestaciones folclóricas desde sus primeros años. Esta absorción se halla representada en la multiplicidad de sonidos de la que se sirve Nubes Selva, estableciendo paralelismos relativos con sus antecesores de los 90s y los 00s.

¿Qué impide reemplazar, entonces, el calificativo de “relativo” por el de “absoluto”? Comienza “Virgen Y Volcán”, y asoma claro el deseo no de reinterpretar clásicos del repertorio tradicional latinoamericano asociándolos a géneros del pop contemporáneo, sino de reposicionar resonancias vernaculares utilizando instrumentación moderna, en composiciones enteramente nuevas. Firmadas por Miguel Sevilla y Grecia, estas composiciones dejan en evidencia sus raíces andinas y selváticas bullendo entre Rhodes y sintetizadores, clarinetes y congas, órganos Wurlitzer y el ruido de la lluvia cayendo sobre la foresta. Conforme avanza la reproducción, surgirán otras improntas de músicas de similar procedencia.

Cantante y músicos de apoyo -una lista preliminar enumera quince, nada menos- acometen la faena logrando transmitirte esa sensación de regocijo popular que entendemos propia de comunidades rurales fuertes y muy cohesionadas. Por supuesto, hay lugar para la mirada serena -estoica, quizá me permitiría decir el Tayta Arguedas-, porque la experiencia humana en todos lados sabe de horas felices y de días grises. Curiosamente, las canciones que más se aproximan a esa contemplación crepuscular tienen nombres de mujer: “Anita” y “Manuela”.

Con todo, en la inmensa mayoría de asaltos de Nubes Selva ¿se siente? ¿se respira? ese “violento y magnífico impulso de la tierra” que según Ciro Alegría marca a fuego caseríos y poblados que intentan vivir en armonía con la Naturaleza. Naturaleza que comprendemos intuitiva y esencialmente de la misma manera de México a la Patagonia, incluso nosotros/as, obturados/as urbanitas. Antes de convertirse en el Che, Ernesto Guevara ya adivinaba que el de “nuestra mayúscula América” es un solo pueblo mestizo, dividido por nacionalidades inciertas y límites arbitrarios. Encontrarme en este redondo disco con sabrosas chacareras, imponentes candombes, pesarosos sanjuanitos, alegrones huaynos e inclusos calentones acercamientos a la música afroperuana -“Todo Pasa”, recordar que Ecuador y Bolivia integraron el antiguo Perú-; abona tanto como las letras en quechua a favor de esa tesis. Hermoso obsequio de Albán.

Hákim de Merv