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jueves, 17 de septiembre de 2026

Theremyn_4: CODEX 4N-11

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de septiembre de 2026.)

Le saca lustre Theremyn_4 a sus ya más de 25 años de andadura con CODEX 4N-11, registro de enigmático nombre y del cual en muchas plataformas independientes  se  ha enfatizado y hasta   ponderado  su  filo “experimental” -que viene ya de tiempo atrás, señalan esas mismas fuentes. No le mezquino talento, creatividad, perspicacia e incluso chispazos de genialidad al proyecto alternativamente solista y grupal de José Gallo. No obstante, de ahí a utilizar el grueso calificativo de “experimental”, creo que hay un trecho enorme. Dejémoslo en ingeniosa proteicidad.

Me llama -muchísimo- la atención que esos medios hablen igualmente de una obra de sesgo conceptual. La verdad, lo es: sus ocho temas se inspiran en las figuras de un grupo de individuos bautizados como “Tetranautas”, misteriosos viajantes provenientes de una suerte de realidad paralela fabulada por Gallo. El detalle es que el músico capitalino siempre se había mostrado reacio a incursionar en el territorio de los “discos conceptuales”. Al menos en dos ocasiones, correspondientes a sendas entrevistas, fue categórico al respecto. Quizá a este cambio de parecer se deba el adjetivo de “experimental” que veleidosamente se le ha dispendiado. De cualquier modo, celebro esa apertura y la aguda inventiva que conlleva -lo de “Tetranauta” me suena bastante a “navegante de una cuarta dimensión”.

En cuanto al contenido de CODEX 4N-11, se me hace necesario remarcar que sobrevive muy poco de lo que alcanzara a paladear su predecesor, Art, Noise + Speed (‘23). Las influencias del output rocktrónico de Theremyn_4 son aquí las que de continuo le han signado a lo largo de su existencia: el big beat en primerísimo lugar, algo de jazz, dosis de drum’n’bass, fugaces guiños al synth pop... Ésos son los principales elementos constitutivos del esférico. Hay un acercamiento digresivo a la sonoridad aparatosa del industrial, suficientemente accesorio como para calificarle de leve, y otro más frontal a la rítmica del trip hop que sí llega a ser sustantivo -“El Vagabundo”, “El Coleccionista”. Es decir, no más art rock, post punk o prog rock.

Rompe fuegos “El Escapista”, que con su seguidilla de ecos jungle y su lustrosa apariencia hi fi cimenta el permafrost sobre el que escuchamos derrapar al T_4 de siempre, de toda la vida. El ex Huelga De Hambre subraya las cadencias dominándolas antes que padeciéndolas. En esa misma sintonía están “El Dragón”, cierre de jornada, esta vez con programación que remite a un artcore desmontado en fase two step; y ese festival de graves que responde al nombre de “El Alquimista”. Existe otro ejemplo de rocktrónica, si bien más matizado -“El Archivista” flirtea con el Tangerine Dream de los 80s, lo que me permite tildarle de ejercicio abstracto de big beat. Aristas varias desde las que podemos abordar la clásica musicalidad del hoy unipersonal, por espacio de exiguos 33 minutos.

Descontando sus modestas atipicidades y excepciones, CODEX 4N-11 tiende entonces a la uniformidad, a la correlación con el background histórico de Theremyn_4. Entre los 100 y los 140 bpms, su imperturbable pulso late envuelto por las resonancias del bombo, mientras que su enérgica iteración luce mullida por bajos potentes con extra de funk. Es un plástico en el que, a fuerza de fatigarle, puedes darte de narices con pequeñas curiosidades -salvo en dos casos concretos, uno al lado del otro, en que éstas abundan al punto de convertirse en norma. Adelantado como single en abril, “El Artista” se arriesga abandonando varios de sus segmentos a una batalla en la que las secuencias percusivas casi quiebran la hegemonía del género magnificado por The Chemical Brothers, en tanto las efímeras notas de piano al inicio y el saxo que ulula desde el fondo ad portas del minuto 2 revalidan la vertiente jazzy que de tanto en tanto explora el limeño.

Por su lado, “El Chamán” se mueve pesadamente en comparación, circunstancia consecuencia tanto del tempo como de una secuenciación de estructura algo más intrincada. El track abriga un mitigado cariz IDM, perceptible sobre todo al aproximarse su tercer minuto, cuando la rítmica cambia por completo, acunada por la llovizna. Es como entrar en el alma de otro surco, incluso en la de otro disco, durante poco más de medio minuto -luego, “El Chamán” regresa a su cuerpo, y nosotros con él a los bytes de CODEX 4N-11 (portada y repertorio me hacen pensar más en una baraja arcana, como la del tarot). La edición vinílica ya está en proceso de fabricación. No se ha anunciado, al menos de momento, edición en CD.

Hákim de Merv 

jueves, 6 de agosto de 2026

Rafael Cheuquelaf: Ecocidios

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 29 de julio de 2026.)

Arduo trabajo apostillar el nuevo largo de Rafael Cheuquelaf sin citar casi por entero la glosa que el propio puntarenense consigna en el BandCamp de Eolo Producciones. Desde la denominación, que apunta sin escalas a la crisis generalizada de sistemas bioambientales, hasta los numerosos sampleos de ponencias o declaraciones públicas que verbalizan esa preocupación; Ecocidios es mucho más que un documento sonoro. Testimonia la enorme diversidad biológica y medioambiental de la Patagonia, a la par de la zozobra y del desasosiego que derivan de la impronta de la mano del Hombre en la Naturaleza de la región más austral del continente americano.

Efectivamente, más de la mitad del repertorio subraya la intervención de intereses económicos nacionales y extranjeros que atentan -con intención, menos frecuentemente sin ella- contra lagos, estepas, abras, bahías o archipiélagos que deberían permanecer sin hollar por el hombre civilizado. Y lo hace sin guardarse nada. Esto pone al álbum por encima de esfuerzos precedentes que el músico magallánico viene realizando desde el ‘19 (Choike EP). Las composiciones suenan de hecho más enfáticas, intensas, dramáticas y agoreras que nunca antes en el background de Cheuquelaf (Mantiza, Lluvia Ácida, Nébula).

No tienes sino que pulsar play para darte cuenta de ello. “Zonas De Sacrificio” es un reluctante llamado de atención sobre la poca consciencia de las corporaciones de diversa índole, pero sobre todo de la ciudadanía promedio, cuando se trata de oponer la inviolabilidad de santuarios naturales a la explotación de sus (finitos) recursos. El track se ha armado introduciendo en el viejo synth setentero decenas de cuñas sci fi nativas del nuevo siglo -algo así como enyuntar a Isao Tomita y a Cliff Martinez, a Clint Mansell y a Jarre. “Ballenera” resuena aún más oscuramente ambiental, palpitando con urgencia y vitalidad a despecho del tranquilo cloqueo con que el agua te recibe al inicio.

Otro rasgo a remarcar en Ecocidios es el golpe de timón estilístico. No ha abandonado Rafael la senda del ambient synth de arte y ensayo, sino que la ha enriquecido amparándose en las relevantes cantidades de downtempo, de EBM y de IDM aditadas.  Si en el caso del primero puedo citar el trote calmo de “El Valle De Los Castores” y el extraño cripticismo invertebrado de “Dydimo”, surcos en los que también casa ambient y auroral noise digital, en el caso del segundo apelo al angustiante pulso filo-industrial de “Flota Pesquera China”. En cuanto al IDM, su imponente huella es rastreable en los agitados latidos de “Metula” y de “Hidrógeno Estepárico”, en la díscola tonalidad cíclica de “Escape De Salmones”, en las artificiales ambrosías de nerviosa pulsión que cobija el cierre “El Fuego Avanza”.

Justamente es “El Fuego Avanza” el tema que expone con mayores bríos los actos realizados en detrimento del ecosistema patagónico a uno y a otro lado de la frontera chileno-argentina -quema de áreas en parques nacionales protegidos, con el único propósito de adjudicarlas a empresas (de cariz sionista). La imputación más sangrante, en medio de denuncias sobre malas prácticas de la industria ballenera, sobre continuas incursiones ilegales de flotillas de pesca industrial en el mar magallánico, sobre la angurria corporativa por el “hidrógeno verde”. Y de relatos sobre accidentes a consecuencia de fallo humano, como la fuga de salmones de criaderos especializados o la catástrofe ecológica que supuso el encallamiento parcial del petrolero neerlandés Metula el 9 de agosto de 1974.

Vívido testimonio (disponible además en Pueblo Nuevo), sí, pero también severísimo jalón de orejas de cara al futuro inmediato de nuestro planeta y al rol que jugará la Humanidad en ese devenir para bien o para mal. Muy en consonancia con aquella frase que se coló en la predecible versión ‘08 de The Day The Earth Stood Still: “Si la Tierra muere, tú mueres. Si tú mueres, la Tierra sobrevive”. Considerémonos amonestados/as.

Hákim de Merv

miércoles, 15 de julio de 2026

Boards Of Canada: Inferno

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 8 de julio de 2026.)

En relación a trayectorias discográficas consolidadas entre cuyos estrenos median lustros e incluso décadas, suele ocurrir que simultáneamente uno/a se entusiasma y frikea al anunciarse nueva entrega. Ha pasado antes, cuando algunos de nuestros héroes deciden salir del (semi)retiro: Slowdive, Dead Can Dance, My Bloody Valentine, The Cure, Stereolab... Iba a adicionar también a Seefeel y a Swans, pero desde sus respectivos regresos se han mantenido razonablemente activos. Como asimismo aquella sensación, esta tendencia seguirá verificándose en el futuro -sin ir muy lejos, The Durutti Column ha proclamado su inesperado retorno para fines de este mes.

Esa exacta emoción llamémosle “bipolar” es la que hemos sentido muchos/as al darse a conocer la noticia del reentré de Boards Of Canada. Transcurrió un ochenio entre The Campfire Headphase (‘05) y Tomorrow’s Harvest (‘13), y ¡¡¡trece años!!! entre este último y el novísimo Inferno. No se desconocía que el insular dúo escocés seguía respirando, pero eso no se traducía en expectativas de nuevas rodajas, tal cual sucede con otro peso completo de la escena IDM/post rave, Richard D. James a.k.a. Aphex Twin. Mucho menos se esperaban grandes novedades en cuanto a la evolución de su sonido, metamorfosis que la banda resolvió en dos pasos para luego recrear -con bastante éxito- su peculiar estética idilitrónica.

Desde los albores de su carrera con Twoism (‘95) y el Hi Scores EP (‘96), la música de BOC ha estado marcada por una nostalgia inducida que sabe a néctar de los dioses, en danza constante de causa y efecto con el correlato visual de sus videos, forjado al amparo del documentalismo experimental que identifica la institución del país del norte que su nombre homenajea (National Film Board Of Canada). Ello, gracias a una habilidad poco menos que épica para cincelar palimpsestos electrónicos sostenidos por beats descendientes del hip hop y bordados por sampleos que predisponen a la contemplación y al ensueño. De ahí que placas como Geoggadi (‘02), Music Has The Right To Children (‘98) o el hermoso In A Beautiful Place Out In The Country EP (‘00) les hayan consagrado como auténticos alquimistas de la duermevela.

Por eso es que Inferno ha sorprendido tanto. Si bien se corresponde con su background la pasteleada visual que supone el video promocional auspiciado por Warp Records, que enyunta “Introit” y “Prophecy At 1420 MHz”, Boards Of Canada esta vez ha ido por otros senderos. Si en el pasado la dupla bosquejaba lienzos de colores inciertos y formas imprecisas, que irradiaban calidez y una melancolía por aquello que ya fue pero que nunca vivimos, ahora esas cualidades están orientadas hacia el futuro. ¿Eso quiere decir que el tándem se aproxima al retrofuturismo de los Stereolab ‘95-‘99? No. Acaso lo suyo pueda tolerar el calificativo de retrofuturista. Con lo que no puede compatibilizar es con la acepción en-el-mejor-de-los-sentidos entre naif y cool de la mancha de Lætitia Sadier y Tim Gane.

Porque sí, BOC ha decidido proyectar sus filias hacia un posible futuro no tan distante para nuestra especie. Y ése es el bemol. Al ubicarse cercano en el Tiempo, ese mañana se asemeja más a una distopía que a los apolíneos augurios stereolábicos. Inferno es un testimonio lleno de oscuro pesimismo, atiborrado de ambient estilizado que constantemente muta en una suerte de IDM grisáceo, acorchado. Abundan corifeos de digitales strings que presagian tecnocracias orwellianas (“Hydrogen Helium Lithium Leviathan”), capas de guitarra tratadas al punto de moldear fantasmales exordios más o menos breves (“Somewhere Right Now In The Future”), beats apagados que trotan entre amarillos cancerígenos y blancos que van del celeste al verde (“Blood In The Labyrinth”). Al escuchar el plástico, no pocas veces me he encontrado recorriendo mentalmente los parajes del mito contemporáneo de Blade Runner -de la original, por supuesto, pero muchísimo más de la secuela dirigida por el canadiense Denis Villeneuve (mira tú qué coincidencia de nacionalidades). Esos ¿crepúsculos? de rojo sangrante (“Deep Time”), propios de un mundo que va camino a ahogarse en su extinción sin darse cuenta, esos sampleos vocales más que ominosos (“All Reason Departs”), montados en programaciones urgidas de subtramas rítmicas con que aminorar la tensión, esa incertidumbre de no saber si el monitor de una UCI anticipa los últimos instantes de una vida o los primeros de otra (“Memory Death”); jirones de output que me sitúan en la decadente civilización humana de un 2049 del que ya no nos hayamos tan lejos.

No me queda claro si Boards Of Canada apuesta por introducir en Inferno un contexto religioso subyacente. “I’m A Sinner”, se escucha decir a alguien en “Age Of Capricorn”. Sólo después de ocasionales fogonazos de luz, las voces orientalizantes de “Naraka” dejan de ser vocoderizaciones inertes de un nuevo orden que ya ha caducado, y que sin embargo nosotros/as aún no atravesamos. Los sacros modales livianos de “You Retreat In Time And Space” son otros indicadores de que tal vez la mancuerna oriunda de Edimburgo ofrece una tabla de salvación frente al despelote que se nos viene encima. Un despelote que muy fácilmente puede estar comenzando ahora mismo con el develamiento impúdico de las élites de poder fáctico/monetario y el auge de las ultraderechas satelitales en todo el mundo, aupadas desde una delirante Casa Blanca trumpista que insiste en negar el calentamiento global y en inmiscuirse donde no le llaman.

Obviamente, existen circunstancias de sobra con que identificar el perfil clásico de Michael Sandison y Marcus Eoin: la apremiante pulsión tecno-ornamental de “Acts Of Magic”, el sedante tribalismo coral de “Father And Son”, el evocador ambient tecnificado en “Arena Americanada” y documentalista en “Into The Magic Land”. Son excepciones, con todo, en medio de un álbum que se hace eco del desaliento que reina en el mundo contemporáneo; que se mira en el pathos de un dark ambient a lo ProtoU, y nunca en su cavernoso sonido. Una jornada que por principio de cuentas ha sido bautizada con la decidora denominación de “inferno”, en la que Boards Of Canada atisba la posibilidad de un lúgubre porvenir aún irreal -pero cuya semilla ya está plantada.

A pesar de todo lo antes escrito, he disfrutado de Inferno y sus visiones derrotistas, del mismo modo en que en otros tiempos he disfrutado del Sonic Youth más maligno, de Lovecraft, de Shinya Tsukamoto o del polaco Beksiński. El Arte no tiene ninguna obligación de ser luminoso, etéreo, “bonito” o moral (ético sí, moral no). La única conditio sine qua non excluyente del Arte es la de exorcizar aquello que la mente y el corazón del ser humano pueden concebir, y este discazo de 70 minutos lo consigue con creces. Una sola objeción: Inferno termina abruptamente con la esperanzadora “I Saw Through Platonia”. Un final más acorde hubiera sido “Vol.4 - P. Primers - 177 Giraud's Mirror”, composición que sólo se halla disponible en la versión doble vinílica, pues ni siquiera en las agiotistas ediciones japonesas del CD viene añadida. Lo que es dejar al/la castigado/a fan salivando sin pausa. Puedes escuchar el tema haciendo click aquí.

Hákim de Merv

jueves, 9 de julio de 2026

Miyagi Pitcher: Geosmina EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio de 2026.)

Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai (生​き​が​い) (‘22). Lo más prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.

A propósito del género fundado por Macintosh Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles subatómicos, imperceptibles.

Por lo demás, ello responde a la voluntad expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas. Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher. Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.

El proceso de ralentización finaliza con “Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”. Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.

Sí, todo lo paja que quieras. No obstante, sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.

Hákim de Merv

jueves, 4 de junio de 2026

Macross Remix: El Big Bang Del Universo EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de mayo de 2026.)

Vuelvo a hablar en particular de Ives Ancieta Rojas después de muchísimo tiempo -ocho años, nada menos. (¿)Clausurada(?) su etapa como Invisible Ambiente, el buen Ives reorientó baterías hacia la electrónica post rave con incidencia en el ambient sinuosamente “étnico” de Sandoz y sobre todo de The Future Sound Of London, en EP acreditado como Ivo aún disponible para libre descarga desde los bytes de la azteca Bifronte Records (Formas Hipnóticas). De allí en más, sólo ha tenido apariciones esporádicas; como en los dos volúmenes (‘20 y ‘22) de Underground Junín, curados por el colectivo Arte Sonoro, en los que ya se presentaba usando el a.k.a. de Ivo Macross.

Ahora bajo el marbete de Macross Remix debuta por tercera vez con otro EP, El Big Bang Del Universo. Más cerca del mini-álbum, este título refrenda las coordenadas que trashuma Ancieta Rojas tras su alejamiento de Chip Musik (hoy culminado), además de traer algunas novedades respecto de la anterior entrega; aunque bien vistas no lo son tanto. Me explico: ese futurismo orgánico que impulsaba el vuelo de Formas Hipnóticas EP era menos una aproximación al rollo techno tribal de los hermanos Cobain que una reelaboración del output sci-fi del que hace gala el bleep techno de los 90s, y en menor medida la IDM. Sobre esa senda avanza Macross Remix, postulando una cosmicidad abarrotada de alerones místicos no siempre convincentes.

Desde la apertura epónima, el individualista oroíno factura composiciones bleep de heterodoxo pelaje IDM/post IDM, próximas tanto a la dialéctica del beat de un Speedy J como a la marcial abstracción algorítmica de unos B12. En “En Tu Presencia” y en “Evay”, las secuenciaciones han sido diluidas hasta descomponerse o casi, cediendo el testigo a espacios abiertos surcados por sintetizadas tonalidades breves y chillonas, a líneas de bajo tetradimensionales, a un pathos binario más permisivo en lo tocante a la quietud contemplativa. Recién traspuestos los cuatro minutos de “Evay”, resurge tímidamente una programación de tiempos moderados, que calza con esas voces gregorianas que se dejan oír nada más iniciado el corte, aparentemente (re)sampleadas del primer disco de Enigma (¿”Mea Culpa”?).

Aprovecho la alusión al olvidado proyecto rumano-alemán para introducir la espinosa cuestión en torno al pensamiento religioso que desprende el EP. En “El Big Bang Del Universo” escucho un fragmento sampleado que dice “El hecho de que no comprenda todo de Dios, no hace que Dios no exista”. La lógica más elemental me permite derribar sin esfuerzo esta falacia, que presupone adrede el hecho mismo de la existencia de una inteligencia divina. Ocurre otro tanto con “En Tu Presencia”, que repesca la performance de quien parece ser un cantante “carismático”. Cuando menos desde hace tres siglos, en el Arte la racionalidad teísta no suele llevarse bien con la científica o la filosófica, salvo que la obra se asuma exactamente como lo que es (Dune), en lugar de pretender transformarse en panfleto. El extended se ajusta más a las características del segundo caso que a las del primero -de ahí mi incomodidad.

“Genesis Remix” y “Viaje Interestelar” completan el menú del extended. Padeciendo ambos el mismo laxo sideralismo antes descrito, la recurrente pista vocal femenina del primero -versión remozada del track cedido a Underground Junín Vol. 2- tiene un efecto desencorsetador similar al que produce su par en “Halcyon + On + On” (Orbital), rayos láser incluidos. El segundo flirtea fugazmente antes del minuto con el drum’n’bass, sin que trascienda a mayores, inclinándose por una exhibición de ese post IDM del que Ives ha echado mano continuamente. Iteración hipnótica y minimalismo futurista con que redondear un tercer estreno artísticamente llamativo, pero de convicciones espirituales que me han sabido insolventes.

Hákim de Merv

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lego 17: Diapasones // DxTxM: Synthesis EP // Ruy'ismo

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de diciembre de 2025.)

Disponible para descarga gratuita el mismo día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético, la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más adelante.

El muestrario titula Lego 17: Diapasones. Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de “instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.

Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop sintético de la joven romana Mylla Issues.

No ha de ser casual que la Issues se ubique tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en “Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop (“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus” de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo). Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura noctívaga y nictálope que preña Lego 17...

Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.

A principios de año, comentaba la reedición que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad- acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de Zolar.

De entre los contados números-de-catálogo lanzados hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T, en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut? ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.

Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega, mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien poco le falta.

Synthesis EP se completa gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth 90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante al Bass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital. Desde Concepción, Junín, para el mundo.

Finalizaba septiembre cuando se publicó vía Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115, ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.

La placa tiene por toda razón de ser testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella: dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón se necesita para prestarle atención sin demora?

Empecemos por los defectos, que no son muchos. Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo “Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por donde se le sopese.

Muchos más son los aciertos. Entre los que no he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de “Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina” de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte” por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y “Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).

En mi opinión, dos son los surcos que no funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace insoportable.

Hákim de Merv

jueves, 27 de noviembre de 2025

Lego 16: Panalytical // Cataratas En Siberia: Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 19 de noviembre de 2025.)

Buen rato hacía -más de tres años- que Chip Musik no sometía a consideración de los públicos independientes un capítulo más de su saga por antonomasia. Los últimos episodios ‘Lego’ habían tenido por objetivo conmemorar el primer quindenio de actividad discográfica. Ahora que su vigésimo aniversario comienza a destacarse en el horizonte, la label oroíno-limeña repite plato  liberando para descarga  gratuita  las  entregas  decimosexta y decimoséptima, dotadas ambas de una colección polícroma -siempre puertas adentro de la observancia estilística que oferta Chip.

Precedido de un ingenioso reel que confiere movimiento a la portada (podría haber sido tranquilamente parte de la alucinante propaganda conceptual del viejo canal Locomotion), Lego 16: Panalytical es colgado en BandCamp hace poco más de un mes. Su menú es principalmente electrónico, enfatizándose los subgéneros derivados de las últimas avanzadas que viera el pop contemporáneo. También hay lugar para etiquetas como el post rock o -en mucha menor medida- el bliss pop. Débese ello a un concepto de fondo que lidia con la praxis liminal del ambient.

Rural, Pande-Dios y Trampaluz junto a Óxido postulan esos enfoques digresivos. Despliega el primero en “Pulso Lento” una suite laxa y sidérea, de modulaciones que se estiran indefinidamente sin renunciar a barnices en combustión perenne, hesitando entre el post y el bliss. Por su parte, “Fragilidad” del unipersonal Pande-Dios se desmarca de sus coordenadas habituales de folk semiacústico y de baja fidelidad para adentrarse en los feudos minimalistas de una electrónica atmosférica -aún así, la huella C14 de Mauro Rojas es la misma. Finalmente, la alianza entre Óxido y Trampaluz apela en “Primera Captura” al sortilegio de las reverberaciones, mientras se produce el devenir constante de su camaleónica evolución.

Los demás involucrados se hallan de lleno inmersos en una ascesis dominada por digitalismos diversos. Todos son nombres familiares, salvo el de C1nt1y4net, cuyo “""" "¨´""” abre la compilación. Curioso que su lúdico ejercicio de webcore fracturado haya resultado escogido para tal fin.

A C1nt1y4net le sigue la mistiana Yume Station. A partir de aquí, y salvo los alias enumerados hace dos párrafos, cada ejecutante le busca la vuelta a su identidad. La suerte es diversa en este punto. La propia YS, por ejemplo, trastoca la línea glitch de su background virando hacia aguas de melódica indietrónica emotiva/sensitiva; conservando aires de arrullo y de music box (“The Blue Moon”). Tras una intro ruidista de 3/4 de minuto, “Eu & Ino” de Alcaloidë acomete programaciones cercanas a un braindance neurodivergente, esforzándose por convertirse/no convertirse en una travesía breakbeat. Los diáfanos tonos de “Zyael” de Galactic Seed colorean la desencorsetada aritmética IDM de sus secuencias a lo Boards Of Canada. La tenue secuenciación que iza “Underground 3750” de Xtredan le ayuda a soltarle la mano a un ambient riguroso, para divagar sin mayores sujeciones. Y en “Petricor”, Miyagi Pitcher reduce accesos vaporwave a poco más que 0, trasvasándose a través de voces femeninas y sonidos relucientes hacia un bliss out capaz de eclipsar conciencias.

En cuanto a Rapapay y a Ionaxs, entiendo que el primero regresa tras un increíblemente largo hiato en su travesía. Aunque “Winikunka” lo trae de vuelta en forma, como ya lo habíamos visto en su performance teloneando a Silver Apples (‘15), no encuentro mayor diferencia con lo que se le escuchó bajo estos cielos hace más de cuatro lustros. A diferencia de Juan Barreto, Ionaxs sí sorprende imprimiendo sobre “Float” una carga de noise anárquico lo suficientemente fuerte como para que pongas cara de asombro. El hechizo, por desgracia, apenas dura algo más de 60 segundos; reconfigurando Jorge Rivas las señas post IDM que le caracterizan. Ni Ionaxs ni Rapapay merecen pulgares abajo, pero suman discretamente a esa perspectiva holística/global con que trascender más allá de los propios límites, que subraya el neologismo adjetival “panalítico”.

Lego 17: Diapasones, para más adelante.

Cuando a inicios de los 90s arribé a mi primera juventud, era moneda común que las bisoñas huestes contraculturales rompieran fuegos haciendo punk y hardcore, o en su defecto dark-gothic. Rarísimos -pero los había- eran los casos de quienes en vez de fuegos rompían moldes. A estos/as últimos/as debemos que, pasado un tiempo, dejaras de ver a los primeros con interés para señalarles con el índice acusador. Es una cuestión cíclico-generacional: los consumidores de contracultura que dejaron atrás la adolescencia a inicios de los 80s ya estarían hartos, al promediar esa década, de la psicodelia, el glam y el prog; abrazando las causas punk, hardcore, dark o new wave. Idénticamente, en años venideros serías testigo del auge y caída del indie rock y del ruidismo experimental, reemplazados por el indie en clave pop y por la electrónica de mil rostros.

El floro viene a cuento porque me imagino que una rotación similar sucede desde hace sus cuantos años con ese híbrido de indie, post y math nacido del árbol plantado por Mogwai y afines. Ahora los/as jóvenes parecen empezar asiéndose de ese punto, olvidando aquello que antaño encandilase a sus mayores. Nada que reclamar, por cierto: el punk está próximo a cumplir sus bodas de oro, así que mejor es dejarle sacudirse en su cripta, sin incomodarse ya por una que otra efímera resurrección en regla.

Cataratas En Siberia tuvieron la luminosa idea de editar estreno en corto desvanecida la quincena de enero, mes tan jodidamente muerto como febrero, y no han protagonizado muchos directos desde entonces. Considerando que, además, ya no estoy tan atento a tales eventos; ese relego me hizo tardar en ubicarles. Supe de ellos recién a fines de agosto, y pude acceder online a su carta de presentación. Una que, como ya adivinarás, anida en las entrañas de esa cruza entre el indie achorado de los 90s, el math de Shellac o Because Of Ghosts, el post de segunda generación.

Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego EP se me antoja cortísimo. Es una comedida exhibición de destreza, punche y vehemencia; en las cantidades apropiadas. El raid despega con “Memento Mori” y una acústica harto pedestre, que se encrespa en pocos segundos para poner al instrumental a la par del resto del EP. Esa jugada, empero, no te prepara para el grito de guerra con que te recibe “Soñé Que Era Inmortal”: su fortaleza y agresividad sólo templan cuando la eléctrica empieza a prodigarse escalando y descendiendo con la prestancia de unos Tubelord o Minus The Bear. Mientras las baquetas hacen otro tanto martilleando sin cesar, dictando síncopas impares a mazazos, piensas que esta gente debe haber crecido paporreteándose asimismo los discos de Plug-Plug.

Explosión igual de contundente se produce cuando arranca “Salto Del Fraile”, a la vez que la irregularidad de sus compases ensancha el caudal percusivo, y que la complejidad de sus disonancias conjura dédalos imaginarios. “Salto...” va pegado a “Soñé Que Era Mortal”, distinguiéndose apenas el final del uno y el inicio del otro gracias a una leve moderación en el tempo. La furia de los gritantes no decrece, si bien es menos notoria, en tanto las cuerdas se hacen eco de la mañosa pericia de los rojinegros Tony Danza (aunque seguro CES no les han escuchado nunca). Hace caer las cortinas el surco epónimo, que trastoca drásticamente los tiempos en que se suele mover el terceto. En la práctica, “Todas Las Tardes Que Nos Robó El Fuego” es una power ballad que pone de relieve cierta versatilidad grupal, la capacidad de embarcarse en aquello susceptible de describirse como “ejercicios de respiración rítmica”, y unas vocales femeninas que se adueñan de la palestra por primera vez en los 16 minutos y pico que demora el extended play en concluir.

En efecto, estas vocales han acompañado tanto a los bramidos de Diego Santos (también baterista) como a los de Álvaro Muro (también bajista). Lo han hecho desde un segundo plano, que así y todo se hace notar siempre, más aún en el epílogo. Estas vocales pertenecen a Rafaela Riboty y a Valeria Wendorff, quienes junto al cellista Abner Robles completan la terna de apoyo en que se ha sostenido el trío titular (completado por el guitarrista Leonardo Torres). Debiera considerarse integrarles a la alineación fija de la banda.

En teoría, Cataratas En Siberia ha debutado con un EP conceptual, moldeado alrededor de la leyenda del Salto del Fraile. Así lo muestran la portada y algunas líneas concretas de tal o cual canción, pero en general esa intención se esfuma desapercibida. Las voces lucen llenas de efectos ambientales que aportan textura y grosor, haciéndose ininteligibles casi siempre. No es un demérito, pero la edición física de TLTQNREF -que no existe- tendría que incluir las letras para enterarnos.

Hákim de Merv

jueves, 9 de octubre de 2025

LEM: Instrumentales Post Depresión

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de octubre de 2025.)

Hubieron de extinguirse cuatro años antes de que los históricos LEM volviesen a hacerse presentes en los circuitos independientes latinoamericanos mediante nueva entrega. Curiosamente, es probable que el contenido de ésta sea cualquier cosa menos nuevo. A la par de su anterior opus -Portonazos EP, ‘20-, entonces el dúo anunciaba en breve artefacto de material inédito fechado entre el ‘96 y el ‘05, cinta de otros tantos outtakes vía ETCS Records, y placa grabada en formato trío, cuando Roberto Rowe todavía era de la partida.

En la medida en que ha sido acreditado a Berbakow/Burotto/Rowe, y que este último no ha vuelto a las filas de LEM, Instrumentales Post Depresión (diciembre del ‘24) parece calzar el perfil del tercero de los lanzamientos voceados en aquella oportunidad. Por supuesto, carezco de plena certeza, aunque a creerlo me inclina una continuidad relativa entre el extended del ‘20 y la rodaja liberada en las postrimerías del año pasado. Continuidad estilística y de registro, felizmente no concretada en calco o prolongación genérica de lo ya mostrado por los chilenos.

En éste su segundo largo (el estreno Música Para Películas De Ciencia-Ficción De Bajo Presupuesto data del ‘99), los australes enfilan baterías hacia un ambient electrónico de sesgo rítmico. Mutante por definición, esta cepa prospera sobre todo en melodías circulares, acechada por rugosidades varias e hipnotizada por la esencia aromatizada de la Baja Fidelidad. Estoy tentado a asegurar que LEM la ha obtenido crackeando el código genético de la IDM en su afán por subvertirla/servirse de ésta (“Piques Cortos En Ocean Drive”), pero me abstengo por dos razones. La primera es que no dispongo de la confirmación de los autores, con lo que la intencionalidad queda en suspenso. Y la segunda, en parte derivada de la primera, que no todo el álbum transita esa vereda.

Instrumentales... dispone de un segmento más o menos considerable en el que secuencias y programaciones quedan reducidas al mínimo -por no decir que se ausentan del todo. Esa metamorfosis se hace visible desde “Amantes En Estática” y se extingue al culminar “Cementerio De Elefantes”. En medio, “Pequeños Logros Que No Importan”. Una terna de dilatadas composiciones en cuyo interior el ambient se llena de pliegues, presa de contracciones medianamente bruscas, lejos de las nerviosas mitosis en que se despeñaba la síncopa (“Amantes...”). Capas fosforescentes de texturas que se suceden y/o sobreponen unas a otras, forjando la ilusión de un bliss pop corrugado (“Cementerio...”), acompañadas a veces de una eléctrica diáfana (“Pequeños Logros...”). El sedante efecto debe ser similar al de someterse a una sesión de sunbathing en el espacio exterior.

En las cuentas, esa sección corresponde a un tercio del CD. En los otros dos, el ambient ejecutado por LEM renueva constante sus facciones. Puede ser líquido y devoto de los loops (“Transhumanismo Caribeño”), rendirse al bisbiseo sublunar del bajo (“El Champion”, de una simpleza elogiable), sacudirse el óxido para abrazar el noise (“One Shot Hit Wonder”) o arrastrarse bajo una opresiva atmósfera de erosivo lo fi (“Andean Motorik”). Pero siempre estará ese mismo ambient asistido por/aupado sobre pertinaces construcciones de (ni tan) subliminal rítmica -que atenúan la pesadez o capitalizan la herencia noventera del intelligent techno, según colores y climas que presidan cada track. Exquisito y alentador segundo debut.

Hákim de Merv

jueves, 4 de septiembre de 2025

The Mugris: Acid Lord (Crust Tapel Vol. 1)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de agosto de 2025.)

A prima facie, debo reconocer que he escuchado poquísimo a The Mugris con anterioridad. El proyecto solista del talcahuino Mauricio Romero, en activo desde   el   ‘13,   ha   sido   bastante generoso   en   cuanto   a   producción sónica -mucha de la cual se halla disponible en Internet. Bien por desconocimiento, bien por falta de tiempo, apenas si la he degustado. Y es que las escenas independientes chilenas destacan tanto por su inclinación a la autarquía como por su copiosidad. Antes de seguir paseando los ojos sobre estas líneas, pues, recomiendo prestar oídos a Gaviota On Acid EP (’18), a Denavi Experience (‘15) y a Permanent Disconnection (‘20): no sólo para tener noción de los territorios en que se ha estado moviendo el autor, sino también para contar con elementos de juicio frente al contraste que implica su placa del ‘25.

Editada como muchas de sus referencias por ETCS Records, Acid Lord (Crust Tape Vol. 1) es un extraño y algo confuso cambio de curso en el derrotero del alias. Confuso para el/la escucha, claro, que le tenía sito en altitudes donde colisionan el ambient experimental y el downtempo de dominio/rango libre. Irrupciones ocasionales de uno/otro/ambos en simultáneo pueden detectarse en el cassette fabricado por la label, pero es notorio que la columna vertebral de éste es -por insólito que parezca- el techno industrial.

No cualquiera, eso sí. Cuando coge viada “A Lo Loco Live” (los 12 segundos de “Intro 1988” son poco para cualquier comentario aparte), quedamos expuestos/as a vendavales de filiación industriosa, aupados a una base programada de nítida tesitura techno. Las resonancias apocalípticas asociadas a experiencias similares, sin embargo, se encuentran muy dosificadas. Se trate de combazos metálicos de alto calado (“Acid Lord”), se trate de imponentes cargas de tonelaje pesado (“Primitive Sounds Of Talcahuano Trashers Club”), las pistas están lejos de inspirar comparaciones con Hartbrand o KMFDM. Pese al uso de vocales filtradas/procesadas (“Laser Gun Melody”, arranca muestreando una sinfonía clásica) o a la invencible contundencia de la caja de ritmos/del secuenciador (“Kasparov VS Blue Deep”, “The Real Amigues Gang”, “Deep Dream”), The Mugris no transmite esos climas de ominosidad irrespirable tan abundantes cuando las máquinas entran en fase tribal urbana post Armagedón.

Cuesta un poco superar el velo alrededor de Acid Lord... No estoy seguro de haberlo logrado, por mucho que ayudasen los digitales gorgojeos estomacales (“Tardígrados Jams”), los ¿albatros? sampleados (“Acid Lord”), los inusuales momentos de paradójico relax (20 segundos de guitarreo ambient como cuña al promediar “La Columna De Durruti”). Ofrezco mi versión de todas maneras: el techno industrial que practica Romero viene matizado por decoraciones propias de la IDM, lo que le confiere una peculiar aura de abstracción. Allí está “Drone Sisters” y su despliegue de electrónica tan líquida como angular. Lo mismo se aplica a “No Te Gusta La Música, Te Gusta Figurar (Anti DJ Musculin)” o a la antedicha “La Columna De Durruti” (que guiña al inolvidable revolucionario anarquista español). Con todo, en realidad estas ornamentaciones pululan a todo lo ancho del álbum. Cuestión de poner atención con detenimiento.

Jornada de vivaces encontronazos entre la venerable asonada industrial, el ritmo de estirpe Detroit y el ambient a dos pelos de trocar en intelligent techno. ¿Posible? Obviamente. Que se manifieste si no desde el más allá el visionario Richard Kirk, que de estas cosas sabía mucho -consultar su irrepetible Digital Lifeforms (‘93), dado a conocer bajo el nom de guerre de Sandoz.

Hákim de Merv

jueves, 17 de julio de 2025

Alcaloidë: ∞ EP // Contusión Cerebral: Pensamiento Programado

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de julio de 2025.)

Cuando hace casi dos meses tomé conocimiento de ∞ EP, nueva entrega de Alcaloidë, acababa de retornar de unas breves vacaciones en las alturas de Huaraz. Lo primero que se me ocurrió es que había ingresado inadvertidamente en una realidad alternativa. Supuse después que me había equivocado al momento de seleccionar la descarga, facilitada gentilmente por el músico y co-fundador de Chip Musik. En última instancia, pensé que al descomprimir el .rar inadvertidamente debía haber abierto otro archivo.

Vanas conjeturas. El extended, valgan verdades, dista mucho de las composiciones más recientes que publicase el autor oroíno. El golpe de timón que propina es más bien un martillazo, en modo alguno ubicable próximo a su último largo Wichq’ana Ch’askancha (‘21) o a su tumultuosamente ruidosa colaboración en Paradigmas Frecuenciales II (‘23). Tampoco “Tesla”, cedida para el lado B de Philodina (‘25) y donde Alcaloidë se acerca tangencialmente al shoegazing, guarda mucho en común con el EP subido a inicios de mayo pasado.

Se desgajan los primeros sonidos de “Frecuencias De Kénosis” y la metamorfosis se evidencia. Aunque la música de Alexander Fabián bajo esta faceta proporciona con el paso de los minutos las dosis de peculiar rugosidad y de esos glitcheos que dan consistencia a sus fondos sonoros, ahora su preeminencia es menor ante la adopción de una línea melódica de conducción ambient que no necesita descollar para modificar sustancialmente el cariz del alias. Mantener el perfil discreto le basta.

Mientras empieza a declinar “Frecuencias...”, fantaseo con un Brian Eno que hubiese empezado carrera solista en este siglo en vez del anterior. La quimera se evapora al arrancar “XTO” acentuando ritmo y melodía, transformándose de a pocos en una jungla simétrica de pulsos. Aunque proliferan los autechrismos, sus reverberaciones y un sublimado exotismo étnico me hacen sentirle más a gusto en los predios de The Future Sound Of London que en los de la dupla formada por Sean Booth y Rob Brown. No acontece otro tanto con “Godwave V_1.1”, que subraya la multiplicación de secuencias pero no la tonalidad eurítmica. Pese a que “Godwave...” se ceba en los límites del drum’n’bass, su impronta digital está lo suficientemente borroneada para impedirle cruzar esas lindes.

Sorprendente giro el de ∞ EP, entonces, con sólo tres canales y menos de un cuarto de hora. Como se usa decir en estos bytes, queda la incógnita sobre si es una transformación pasajera o si será algo más permanente, que modificará por completo la naturaleza misma de Alcaloidë.

Descubrí hace poco las bondades -por así decirlo- de Contusión Cerebral. Se trata de un seudónimo aparentemente individual tras el que se acomoda el huancaíno Harold Heinz. Su labor artística despega en el Año de la Pandemia a través del álbum La Doble Singularidad, y continúa en el siguiente con Variación Cuántica. Pistas en este último como “Navegando Por Una Galaxia Holográfica” o “Reiniciando El Simulador De Sonidos Monogravitacionales” me inclinaban a especular sobre una electrónica deudora de la tradición sci-fi.

Nada más lejos de la realidad. Luego de una buena cantidad de singles y algunos EPs, el tercer volumen de Contusión Cerebral aparece a fines de febrero. Con Pensamiento Programado, Heinz finalmente se decide por géneros más delineados que el nebuloso esteticismo post punk del debut. El darkwave, la coldwave, el synth punk e incluso la electronic body music trashuman este disco de melodías inmutables y oscuras, de ritmos cortantes y angulares, de febriles arrebatos y vocales tan escasas como lúgubres -que esconden de este modo sus limitaciones, todo sea dicho.

El genoma mitocondrial de CC guarda una enorme herencia materna de dark rock. Ello es más que notorio al escuchar canciones como “La Muerte Me Espera”, “El Planeta De Los Genocidas” (acreditado como cover de unos tales Rüe Morgue 131) o “Las Flores Del Mal” (bien Lima 13). Ocasionalmente, es el darkwave inclinado hacia el synth punk el que se pasea en “Madre, He Probado La Muerte” o en “Nativos Digitales”. Algunas esquirlas de esta aleación expanden el output hacia desarrollos cobijados por la proverbial frialdad de la coldwave, caso “Frío Destino ♡”, la ágil “Presagio Fúnebre” (aquí la voz emula la de Javier Benavente, de los legendarios Parálisis Permanente) o la aún más virulenta “Baila Como Ian Curtis” (original de unos aún más ignotos Octubre).

Angustia nihilista envasada en alienantes programaciones de hierática gelidez. Sí. El problema es que, salvo “Suicidio Moral”, que arriesga un poco más empujando a Harold hacia maquinaciones filo-EBM; no encuentro muchos intentos por trascender o superar el manual de estilo, y sí bastante complacencia genérica. Aún cuando no tengo ningún reparo en torno a las etiquetas utilizadas, no me he sentido especialmente movido por Contusión Cerebral. Su agitación synth, su quejumbrosa calígine a lo Seventeen Seconds circa “At Night” o “In Your House”, su paso correlón y rabioso; todo ello me gusta y entretiene, sin lograr calarme de veras.

Todavía se le siente crudo, pues, al acto altoandino. Paciencia, me digo, que el muchacho no ha hecho sino empezar. Mi espíritu se serena ante esa perspectiva.

Hákim de Merv