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jueves, 22 de octubre de 2026

Umma: Kosmovisionen

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de octubre de 2026.)

Ratazo hacía que no llegaban novedades sobre el quehacer sonoro de Miguel Ángel Burga. Lo último que lanzase a título personal, subido a BandCamp en enero del año pasado (Tecnología En La Religión Futura), fue descolgado antes de ingresar al ‘26. Ahora ha vuelto a publicarse (8/10), con otra identidad (Onh), reducido de largo a EP de cuatro piezas (Dub - 03), y cambiados/modificados casi todos los nombres de éstas. Si bien diecisiete meses no comportan una cifra exorbitante, en el caso concreto del ex Espira, que en estos últimos tiempos ha mantenido un asombroso cociente de dos discos y medio por año; se trata de un período de silencio editorial inusualmente dilatado.

“¿Cómo que diecisiete? Si hasta octubre son veintiún meses”. Cierto. Estas líneas, sin embargo, no se refieren al aludido relanzamiento (cuya primera versión mereció en su día un texto al que puedes acceder haciendo click aquí). Estos renglones han sido motivados por la aparición en junio de Kosmovisionen, debut absoluto de Umma, el nuevo proyecto en que se halla involucrado Burga. Su origen es virtual, ya que ninguno de los integrantes ha coincidido con el resto en espacio o tiempo. Miguel Ángel reside en el Valle Sagrado (Calca, zona severamente afectada hoy por incendios forestales), Pepe Abad -La Ira De Dios, El Cuy- en Estados Unidos, y Scott Heller a.k.a. Dr. Space -Øresund Space Collective- en Portugal.

Por otro lado, las grabaciones abarcan un lapso de dos almanaques coordinando vía WhatsApp. Más que moverse a ciegas, los peruanos avanzaron conscientes de aquello en lo que no querían incurrir -a saber, la síncopa milimétrica y el riff fulminante. Sólo tras efectuarse la primera mezcla de ambos aportes intervienen los osciladores y la floritura electrónica del norteamericano Heller. Aquí cabe aplaudir la chamba del canadiense Arlen Thompson, baterista de Wolf Parade y 50% del binomio de psicodélico doom experimental Anunnaki, posicionado en la mesa de controles echándose sobre los hombros la ardua tarea de moldear como arcilla hasta en dos oportunidades todo lo previamente registrado.

Existen múltiples significados para “umma”, ya que la palabra pertenece a varios idiomas a la vez. El trío no ha validado ninguna adhesión específica, aunque se hace eco de los correspondientes al árabe -“madre” y “comunidad”. Por ahí puede explorarse cierta afinidad con el espíritu materno-comunal del kraut rock, en fase kosmische. De hecho, Kosmovisionen es casi un tour de force a usanza de ese venerable género. Sus cuatro pistas podrían reconfigurarse en las caras de un vinilo, ya que “Aeparatio” se entrelaza con “Ogon” (lado B) y “Monts” con “Processio” (lado A). Su vibra, para más inri, es abiertamente sidérea. Ya desde los acordes iniciales de “Monts”, el esférico remite sin dilación a los abismos interestelares, a la idea de un sonido que rebota a tres bandas entre el kraut, el space rock y el ambient anegado de drone.

Umma jamás abandona su teleología. Ni al escoger sonar más contundente, como en los minutos iniciales de “Processio”, ni al abrazar un formato más rockero, como en la primera sección de “Aeparatio”. La esencia de su pathos es siempre la misma: celeste, volátil, cósmica, trascendental. Las guitarras construyen cascadas de estrellas simultáneamente relucientes y lejanas. La percusión elige ser tosca, primordial, evoluciona dando saltos enormes e involuciona de manera idéntica. Cuando el viento solar que anida en las composiciones ruge, la radiación espacial que Heller teje se torna imperceptible, pero cuando esa explosión se sosiega las lecturas radioactivas te recuerdan que están allí a cada minuto -insinuadas, inamovibles, implacables.

Si el azar te deparase dar con algo parecido a una estructura de canción en los poco más de 35 minutos que dura Kosmovisionen, ello es una ilusión. Mera coincidencia no planificada. Producto del cruce fortuito entre eléctricas sólo atisbadas alrededor de guarderías estelares, arreglos de una electrónica que no tiene prisa en roer/raer el continuum en el que habitamos, percusiones/secuencias que erran de un extremo a otro sin importarles encajar de veras allí donde temporalmente aterrizan. Es la mirada de Heller/Burga/Abad(¿/Thompson?), al menos por ahora: visiones de una insania astral para cualquier clase de weirdo, de aquí al cuadrante Delta. Difunde Echodelick Records desde Atlanta.

Hákim de Merv

jueves, 15 de octubre de 2026

Tlön: Cronología

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de octubre de 2026.)

A principios de mayo de este año, llegó desde Argentina el músico Christian Van Lacke. Entre los varios compromisos que tenía agendados para su estadía en esta triste ciudad, se encontraba la presentación en vivo de Cronología, la recopilación en 33 rpm de Tlön. Por desgracia la fecha coincidió con el concierto que el ex Galaxie 500 y ex Luna Dean Wareham iba a ofrecer en Barranco, acompañado de su no menos célebre cónyuge Britta Phillips. Era uno u otro, y ya disponía de la entrada para ver al estadounidense. ¿Probablemente fuera esta reunión la última ocasión de disfrutar en directo al combo peruano-argentino -desbandado hace unos tres lustros más o menos, y fallecido su baterista, el legendario Walo Carrillo (Los Holy’s, Tarkus, Telegraph Avenue), días antes de la tocada?

¿Y qué onda con Tlön? El grupo se forma en el ‘07, unos 35 años después de la aparición de los históricos Tarkus. El dato no es baladí, pues se considera al cuarteto precursor del hard rock en estas latitudes y antecedente directo de lo que décadas después grabaran Van Lacke y compañía. No podía esto último ser de otro modo: el padre de Christian -Guillermo- se hizo cargo del bajo en Tarkus, y tanto Carrillo como el cantante Alex Nathanson participan en Tlön Vol. I (‘08). Finalmente, Carrillo es miembro fundador de la terna y permaneció a bordo hasta su entrada en los cuarteles de invierno -así lo certifican acreditaciones en sus tres entregas en estudio. La última de éstas se publica en el ‘11 (Tlön Vol. III), si bien existe un registro live lanzado online póstumamente (Tlön Vivo, ‘17).

El terceto formado por Van Lacke (guitarra, voz), Carrillo y el experimentado bajista Marcos Coifman (Reino Ermitaño, El Cuy), quien luego de Tlön Vol. II (‘09) es reemplazado por César Bustamante; ha visto engrandecido su alias de una manera más significativa tras su separación que cuando se hallaba en activo. Sería materia de investigación averiguar las razones, ya que sus virtudes siempre han estado allí, a vista/oído y paciencia de quien les diera una oportunidad. Tlön era/¿es? una entidad fluctuante entre la psicodelia embebida de reverb y fuzz, un heavy lo bastante flexible para abrazar las improvisaciones, el prog con chance de distorsión, el doom de gravedad exponencialmente aumentada, y el stoner de agresividad sucia y caótica. La suma de estas características puede sonar contradictoria. No ocurre tal precisamente porque la principal habilidad del trío es enhebrar las variables en aras de la consecución de una fórmula equilibrada. Y, sobre todo, efectiva.

Un sonido homogéneo pese a la diversidad de sus aristas. El aura es lo bastante metálica para conjurar el headbanging, y a la vez mesurada para no desacomodarse de su cariz épico (“Mar De Manzanas”). Transfigurando sus influencias, la lobreguez puede comportarse oscilante (“Rey Lagarto”, “El Banquete De Los Niños”), la velocidad verse sabiamente amainada (“Hija De Nubes” marca un límite que jamás se traspasa, el de los 3/4), los wah-wah lucir armoniosos (“Tribus, Clanes”) y las largas secciones instrumentales crisparse sin aviso (“El Principio”). Una niebla de stonura arropa sus composiciones, llenas de síncopas cambiantes, de melodías hipnóticas, de letras tributarias de una fantasía oscura en mal viaje. Sin antecedentes como el de Tlön, resulta mucho más complicado rastrear y comprender la génesis y el devenir de la escena meta-stoner peruana del decenio anterior, que todavía hoy rinde frutos.

No hay surcos de estreno en Cronología. El filtro se ha ceñido a los álbums que son de dominio público, incluido el directo, del que se extrae una pista que hasta el ‘17 no había sido liberada -“Tribus, Clanes”, justamente el epílogo de esta antología disponible sólo en poliacetato de vinilo. Del primer episodio se han repescado “La Ciudad Despierta”, “Mar De Manzanas” y “Ukbar” (segundo guiño borgiano, el primero es el nombre de la banda, ambos pertenecientes al alucinante relato “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”). Del segundo, “El Banquete De Los Niños”, “Oda Al Sonido Delirante”, “Astronave” y “El Principio”. Por último, del tercero se recuperan “Hija De Nubes”, “Rey Lagarto”, “Gran Mamut” y “Descascarada”.

Una selección que se ajusta a las dimensiones del formato, en lisérgico lila transparente, y que invita exitosamente al neófito a adentrarse en el universo sonoro de Tlön. Quienes estamos ya familiarizados/as con su propuesta hemos echado de menos ver concretado el desbloqueo de algún corte inédito, pero coincidimos en el tino y la justicia del repaso que comporta Cronología al legado de la sociedad Van Lacke-Carrillo-Coifman/Bustamante, que igualmente nos invita a la revisión de su obra al completo. El disco, acaso no lo último que firmará la agrupación, figura en el catálogo de la nacional Imperio Records.

Hákim de Merv

jueves, 17 de septiembre de 2026

Theremyn_4: CODEX 4N-11

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 9 de septiembre de 2026.)

Le saca lustre Theremyn_4 a sus ya más de 25 años de andadura con CODEX 4N-11, registro de enigmático nombre y del cual en muchas plataformas independientes  se  ha enfatizado y hasta   ponderado  su  filo “experimental” -que viene ya de tiempo atrás, señalan esas mismas fuentes. No le mezquino talento, creatividad, perspicacia e incluso chispazos de genialidad al proyecto alternativamente solista y grupal de José Gallo. No obstante, de ahí a utilizar el grueso calificativo de “experimental”, creo que hay un trecho enorme. Dejémoslo en ingeniosa proteicidad.

Me llama -muchísimo- la atención que esos medios hablen igualmente de una obra de sesgo conceptual. La verdad, lo es: sus ocho temas se inspiran en las figuras de un grupo de individuos bautizados como “Tetranautas”, misteriosos viajantes provenientes de una suerte de realidad paralela fabulada por Gallo. El detalle es que el músico capitalino siempre se había mostrado reacio a incursionar en el territorio de los “discos conceptuales”. Al menos en dos ocasiones, correspondientes a sendas entrevistas, fue categórico al respecto. Quizá a este cambio de parecer se deba el adjetivo de “experimental” que veleidosamente se le ha dispendiado. De cualquier modo, celebro esa apertura y la aguda inventiva que conlleva -lo de “Tetranauta” me suena bastante a “navegante de una cuarta dimensión”.

En cuanto al contenido de CODEX 4N-11, se me hace necesario remarcar que sobrevive muy poco de lo que alcanzara a paladear su predecesor, Art, Noise + Speed (‘23). Las influencias del output rocktrónico de Theremyn_4 son aquí las que de continuo le han signado a lo largo de su existencia: el big beat en primerísimo lugar, algo de jazz, dosis de drum’n’bass, fugaces guiños al synth pop... Ésos son los principales elementos constitutivos del esférico. Hay un acercamiento digresivo a la sonoridad aparatosa del industrial, suficientemente accesorio como para calificarle de leve, y otro más frontal a la rítmica del trip hop que sí llega a ser sustantivo -“El Vagabundo”, “El Coleccionista”. Es decir, no más art rock, post punk o prog rock.

Rompe fuegos “El Escapista”, que con su seguidilla de ecos jungle y su lustrosa apariencia hi fi cimenta el permafrost sobre el que escuchamos derrapar al T_4 de siempre, de toda la vida. El ex Huelga De Hambre subraya las cadencias dominándolas antes que padeciéndolas. En esa misma sintonía están “El Dragón”, cierre de jornada, esta vez con programación que remite a un artcore desmontado en fase two step; y ese festival de graves que responde al nombre de “El Alquimista”. Existe otro ejemplo de rocktrónica, si bien más matizado -“El Archivista” flirtea con el Tangerine Dream de los 80s, lo que me permite tildarle de ejercicio abstracto de big beat. Aristas varias desde las que podemos abordar la clásica musicalidad del hoy unipersonal, por espacio de exiguos 33 minutos.

Descontando sus modestas atipicidades y excepciones, CODEX 4N-11 tiende entonces a la uniformidad, a la correlación con el background histórico de Theremyn_4. Entre los 100 y los 140 bpms, su imperturbable pulso late envuelto por las resonancias del bombo, mientras que su enérgica iteración luce mullida por bajos potentes con extra de funk. Es un plástico en el que, a fuerza de fatigarle, puedes darte de narices con pequeñas curiosidades -salvo en dos casos concretos, uno al lado del otro, en que éstas abundan al punto de convertirse en norma. Adelantado como single en abril, “El Artista” se arriesga abandonando varios de sus segmentos a una batalla en la que las secuencias percusivas casi quiebran la hegemonía del género magnificado por The Chemical Brothers, en tanto las efímeras notas de piano al inicio y el saxo que ulula desde el fondo ad portas del minuto 2 revalidan la vertiente jazzy que de tanto en tanto explora el limeño.

Por su lado, “El Chamán” se mueve pesadamente en comparación, circunstancia consecuencia tanto del tempo como de una secuenciación de estructura algo más intrincada. El track abriga un mitigado cariz IDM, perceptible sobre todo al aproximarse su tercer minuto, cuando la rítmica cambia por completo, acunada por la llovizna. Es como entrar en el alma de otro surco, incluso en la de otro disco, durante poco más de medio minuto -luego, “El Chamán” regresa a su cuerpo, y nosotros con él a los bytes de CODEX 4N-11 (portada y repertorio me hacen pensar más en una baraja arcana, como la del tarot). La edición vinílica ya está en proceso de fabricación. No se ha anunciado, al menos de momento, edición en CD.

Hákim de Merv 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ancestro: En Ruinas

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 2 de septiembre de 2026.)

Recién cuando llega (tarde) a mis oídos la noticia de la aparición de un nuevo opus de Ancestro, hace su buen par de meses, caigo en la cuenta del lapso transcurrido entre esta entrega y su precedente inmediato -siete luengos años, nada menos. Se dice pronto, pero la verdad es que trátase de un período de tiempo bastante extenso, máxime si concierne a uno de los mejores grupos de nuestra historia reciente -aclamado por la crítica especializada de la región, apenas conocido y/o escuchado por sus coterráneos más allá de la feligresía headbanger a la que se adscriben sus integrantes.

Éstos no son los mismos que iniciaron el camino. Ya no lo eran un septenio atrás. Para Ancestro (‘19), al haberse experimentado una metamorfosis que por default afecta al menos un tercio de su formación, consecuencia además de rotaciones producidas en otro puesto; el célebre power trio liberteño decidió jugársela. Aquella vez el movimiento de piezas resultó favorable, porque el lugar del baterista Víctor García fue cubierto por el guitarrista Diego Cartulín, y éste (asumo) instruyó al entrante Jorge Quevedo en aquello que la banda ha precisado siempre del desempeño de la eléctrica. Ancestro, por último, concretó un nuevo paso hacia la cumbre en la impresionante escalada stoner que protagoniza la terna.

De cara a En Ruinas, el mástil de seis cuerdas vuelve a cambiar de responsable. Quevedo no es más de la partida, ocupando actualmente Rafael Paul esa plaza. Trujillano como sus compinches, participó por entero en los procesos de composición y grabación del nuevo trabajo, entre diciembre del ‘24 y marzo del ‘25. Mezclado y masterizado posteriormente en Heavy Haze Audio Lab, el plástico ha sido orlado con idénticas virtudes a las que Ancestro ha mostrado en sus tres primeras rodajas. Dosificadas, ciertamente: así como durante sus casi cuarenta minutos el sístole rítmico no sobrepasa nunca la barrera del medio tiempo, por mucho que alternen crescendos y diminuendos, jamás desmayan el bramido omnipresente del bajo de Boris Baltodano ni la compacta aplanadora en que convierte Cartulín el set de platillos, tarolas y bombo.

“13001” cumple la función de intro como encendiendo y calentando los motores de una buena caña tras largas semanas de para. Tras de sí, Ancestro no concede descanso, ya que incluso los fade-outs de “Andante” y “Horizontes Salvajes” no son realmente tales. En ningún momento el láser deja de reproducir sonido, por minúsculo que sea éste. “Status Quo” recibe la posta insuflado de mucho del desert rock más majestuoso, ése que bebe tanto del hard rock de los 70s como del post grunge (¿acaso debido al background de Paul?). Si bien “Andante” mantiene el mismo redoble de baquetas, el fuzz de la segunda guitarra -que Diego empuña- literalmente replica sus vibraciones, allanando el camino para el ascenso de Rafael hacia estratos stoner. Lanzado como single, “Wachuma” se desplaza cual bestia cachazuda, reafirmando el imaginario del que la banda parece hacer uso indiscriminado aquí -el de una dimensión alternativa donde se enseñorea la fantasía oscura, llena de mastodontes, estepas interminables y guerreros kurgan.

Habitan En Ruinas elementos propios del doom, de la psicodelia más dura, del heavy psych. Ejemplo de lo último es el blast de apertura con que “Horizontes Lejanos” modula los subidones de estamina que cada tanto padece la teba. De lo primero, la carga final que “Mar Desierto” acomete luego de sus primeros 120 segundos, disipada sólo en el epílogo y tras el riffeo de la primera guitarra al trasponer su ecuador. Del bagaje psicodélico, las notas llameantes bombardeadas de propano que performa Paul. Sin embargo, es el espíritu colectivo de Ancestro el que siempre tira de las riendas, manteniéndose constantemente a prudente distancia del enjambre de maelströms en el que circunnavega, evitándoles. Hay sabiduría en esa decisión. Rato ha que no se hacían a la mar, mejor es volver de a pocos.

Pese a su naturaleza contenida, no me ha hecho el tour de force de En Ruinas extrañar ninguno de los episodios anteriores del trinomio norteño. Cada uno es valioso por sí mismo, habiendo logrado desenvolverse tanto en el contexto bajo el que fue concebido como en el que se dio a conocer. Esta circunstancia no varía con el nuevo estreno -sobrio, moderado, tras sortear días turbulentos e inestables para la Humanidad (el COVID-19 y sus secuelas) y sobre todo para nuestro castigado país (dos elecciones presidenciales que nos han dejado cinco presidentes y contando, en medio de un clima generalizado de inseguridad galopante). Imposible oponer algún cuestionamiento: crédito intacto, nuevamente.

Hákim de Merv

jueves, 20 de agosto de 2026

Kurandera: Todas Las Brujas Del Mañana EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 12 de agosto de 2026.)

No sé si correspondiendo a una segunda resurrección -la primera se dio al publicarse el estreno en largo El Pacto (‘20), tras haberse lanzado póstumamente en Internet el epónimo extended de debut y despedida (‘19)-, la gente de Kurandera anuncia la salida de su segundo trabajo in extenso liberando nuevo EP a inicios de junio último. Colgado por partida doble -en el nuevo BandCamp de la banda y en el del sello Forbidden Place Records (Minneapolis)-, Todas Las Brujas Del Mañana es anunciado como adelanto del “nuevo sonido psicodélico” que los limeños desplegarán en su próxima entrega de largo aliento.

Más propiamente un álbum completo de 36 minutos y monedas, Todas Las Brujas Del Mañana EP abre sus (oscuras) alas con un “Intro” de 37 segundos que recupera parte del diálogo que escuchamos en la versión doblada al castellano de la mítica Alucarda (‘77), transcurrida ya una media hora. Sin ruido ni música, sólo las voces de Justine y Alucarda recitando el fulminante credo de Luzbel, para espanto de la monjita Germana. Con semejante declaración de intenciones, lo más probable es que tanto el extended como el nuevo álbum se adentren en las tenebrosas espesuras ontológicas del Lado Salvaje -provistos ambos de un concepto que denota fascinación, cuando no devoción, por las dimensiones dionisíacas de aquello que Occidente conceptúa como “el Mal”.

La música y el verdadero viaje arrancan, pues, con “Burning A Light”. También mis reparos. Anteriormente, critiqué las magras producción y mezcla que padeció El Pacto, tan pobres que por contraste Kurandera EP y su innegable aroma a maqueta resultaban mejor librados. Es de ponderar que no se repita aquí dicha situación. No obstante, el resultado aún se haya lejos de ser óptimo. Empiezan a golpearte los primeros acordes de “Burning...” dibujándose en tus tímpanos la imponente potencia de un soporte rítmico sustentado por César Gálvez (acreditado como bajista en vivo) y por Julio César Araujo (batería). Una impresión que no llega al minuto, pues cuando ingresa la voz filtrada hasta la saciedad/suciedad de Fernando Soto lo hace por igual una sensación de amateurismo que flaco favor le reporta a la agrupación. Casi sesenta segundos después, la eléctrica sigue ese mismo sino.

En términos de género, lo que se percibe hasta el final es una exhibición de psicodélico blues garagero que por regla general se sube a la síncopa del medio tiempo, sin permitirse ser encorsetado del todo por ésta -a veces le supera, como en la acometida final de “Atrapado En La Psicodelia”, o lo ralentiza aún más, como al trasponer “Speed Killer On The Road” su ecuador. Los licenciosos y clásicos devaneos de las guitarras blueseras están presentes sobre todo en los surcos de minutaje extendido (cf. los dos últimos mencionados), mientras aquí y allá surgen ocasionalmente secciones instrumentales en los que las seis cuerdas se alejan de los punteos flamígeros/se acercan al desert rock, sonando entonces más sobriamente protagónicas que nunca.

Si cabe hablar de “problema”, éste continua siendo esencialmente técnico. Podría argüirse que sonar así es una decisión voluntaria, consciente. En la sumilla de BandCamp se habla de masterización, además de mezcla, a cargo esta última de un capo como Osmar Cubillas (Decadencia Records). También podría apelarse al ejemplo de Brujo Mayor, cuyos mástiles y vocales se hallan prácticamente enterrados en el costroso barro del cenagoso 4-track lo fi de fines de los 60s y principios de los 70s. Brujo Mayor, sin embargo, no es Kurandera; aunque compartan integrantes. Ascendiente (in)directo del stoner, el heavy blues aputamadrado de BM guarda distancias respecto de la psicodelia garagera de Kurandera, a la que siento guiada por/más en sintonía con el fantasma de Roky Erickson (The 13th Floor Elevators).

Todavía no me inclino a darle el aprobado a Kurandera. Reconozco, sí, que ha habido una gran mejora en relación a su más inmediato precedente. Desde mi punto de vista, empero, aún falta trecho para una performance redonda. En cualquier caso, un poco menos de bulla ambiental y/o de efectos premeditadamente borrosos ayudaría a ubicar su propuesta en una posición desde la cual sorprender para bien a tirios y a troyanos.

Hákim de Merv

jueves, 13 de agosto de 2026

Váyanse A La Mierda (1er Empilado)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 5 de agosto de 2026.)

A inicios de este ‘26 me saltó en la pestaña de notificaciones de Facebook un posteo del guitarrista Elvis López Aroni (Post Galazer), que daba cuenta del lanzamiento virtual de una compilación con grupos y proyectos adscritos en su mayoría al underground de Huancayo (Junín). O al menos así lo proclamaba el posteo. Éste, sin embargo, databa del 31 de diciembre del año pasado. Contrastando fuentes al respecto, éstas confirman la fecha de aparición del artefacto, disponible desde ese día en YouTube y para descarga gratuita vía MediaFire (opción ya caduca).

Si bien digresivamente, en textos anteriores he aventurado conjeturas en torno a los caldos de cultivo en que fermentan los/as artistas independientes del nuevo siglo, llamados/as a tomar el relevo de sus predecesores. No es improbable que aún se invoque al punk, el movimiento “do it yourself” por excelencia, para saltar al ruedo/tomar las armas; pero sí bastante infrecuente ya. Ídem con otros discursos, como el dark-gothic, el metal o el industrial. Estadísticamente, ahora las nuevas hornadas suelen partir del noise rock, del indie pop o del segundo post rock, o en su defecto de tendencias más extremas y por ende también más minoritarias.

Con un título y un arte de portada como los que maneja, era bastante predecible que Váyanse A La Mierda (1er Empilado) se constituyera en excepción a esa hipótesis aún no del todo corroborada. Sus 30 minutos y sencillo inclinan la balanza hacia dicha dirección: cuando no es el metal o el punk, es el rock alternativo noventero proclive al grunge. Poco, muy poco espacio para el pop. Tan es así, que hay más parcela para sendas performances poéticas, situadas al inicio de las dos partes en que se compartimenta la placa: “Tristeza” al empezar la primera y “Lima Me Mata” al arrancar la segunda, respectivamente de los huancavelicanos Emerson Sinche y Roger Rodríguez.

El hándicap con que lidia la compilación es el de tener todas las trazas de haber estado encerrada en una cápsula del tiempo. No sólo es que los/as participantes recrean sonidos a día de hoy harto añejados, sino que el grueso de ellos/as lo hace sin atreverse a arriesgar lo suficiente a fin de ganar cuando menos un ápice de identidad propia. Por defecto implícito, hasta se podría decir que las posibilidades técnicas de registro y grabación son idénticas a las de esas épocas (el punto más bajo en ese sentido es “Buscando Alternativas Para Destruir Este Lugar” de Qhapac Ñam), suposición verosímil si no mediase la información que los responsables han proporcionado añadida a la publicación.

La ausencia de riesgo y de sangre que subleve/salpique determina que la norma sea el rock asaz genérico, entonces. Aunque se enhebren -temporalmente- punche, simplicidad e inmediatismo, el punk asoma como perennizado en ámbar (Blake Limbuzz Griss e “Instinto”, Autopsia Rock y “No Me Importa Tu Opinión”), el metal se mueve anegado (salvo en “Glorificación Al Odio” de Korruptor, con trasvases grind), y el grunge/alternativo 90s es retratado en bodegones que miles de bandas de todo el orbe podrían haber firmado (“Día Infeliz” de Jonnav Svinoide, a “Muerto” de WDR no le alcanzan ni su actitud achorada ni su pródigo bajo). Es cierto, podría ser mala suerte al momento de seleccionar las canciones, pero tratándose del primero de una serie de muestrarios tienes que pensártelo cientos de veces antes de elegir a quienes te van a representar.

Rescato el sobrio pop intimista y la voz contenida de “Amuleto”, de Llakta Le Chien, y en menor medida -con las justas, a decir verdad- “A.M.O.R.I.R.T.E.” de Elvis López (a) Elvisnoide. Al resto le daría el beneficio de la duda de cara a una segunda chance -medio siglo de vida puede estarme pasando factura, aunque honestamente no lo creo-, sobre todo a Blake Limbuzz Griss, cuyo debut El Exorcismo (‘20) no deja de ser llamativo. Una tercera oportunidad, ni a balas.

Hákim de Merv

jueves, 9 de julio de 2026

Miyagi Pitcher: Geosmina EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 1ero de julio de 2026.)

Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai (生​き​が​い) (‘22). Lo más prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.

A propósito del género fundado por Macintosh Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles subatómicos, imperceptibles.

Por lo demás, ello responde a la voluntad expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas. Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher. Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.

El proceso de ralentización finaliza con “Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”. Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.

Sí, todo lo paja que quieras. No obstante, sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.

Hákim de Merv

jueves, 2 de julio de 2026

Kamanchakka: Kamanchakka

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 24 de junio de 2026.)

No es que Mauricio Miranda nunca se haya aventurado en las estepas agrestes de la música de avanzada. De hecho, al también bloguero le debemos tanto las exquisitas compilaciones para descarga gratuita Grito Al Vacío: Shoegaze En El Perú 1991-2013 y Gritos Y Secuencias: Shoegaze En El Perú Parte II como el unigénito largo de Paisaje 3 Sesión Invernal junto al prolífico Raúl Begazo (Fobya, Orquídea, Alunaki), con que se inicia sobre suelo patrio la tradición del tripgaze. Sin embargo, no es menos cierto que en su currículum referencias convencionales como Albatröss (alternativo, grunge) o Los Perros Del Sotánico (surf garage punk) cosechan algo más de atención.

Sobre el resbaladizo terreno de la experimentación sonora, empero, jamás antes llegó tan lejos como lo hace ahora de la mano de Kamanchakka. Esta nueva apuesta personal le saca varios cuerpos de ventaja a Paisaje 3, utilizando variables y metodologías de composición más próximas al Ruido de lo que alguna vez llegara a estar la sociedad con el arequipeño Begazo. Aunque sólo conste de tres pistas, el epónimo pistoletazo de salida rebasa por escasos segundos el hito de la media hora, indicio de un dispendio generoso y muy característico del avant garde al menos en relación a dos de ellas.

Lo primero que conviene subrayar es la existencia de un murallón de ruido que ocupa todo el horizonte sin atosigar la audición. Es decir, una barrera omnipresente dispuesta a modo de palio o telón de fondo, de manera que encima suyo se hagan viables otras evoluciones estéticas. El matiz sonoro que adopta esa pared depende del estado de ánimo, así como del cariz improvisacional de cada uno de los registros -acuático y ribereño en “La Teoría De Por Qué La Nada Es Todo Y El Todo Es Nada”, ventolero y sibilante en “El Encuentro Entre Dos Personas Que Se Conocieron En Una Vida Pasada”.

Una guitarra, loops drónicos, sampleos y muchos sound effects emergen y se eclipsan intuitivamente; alternando con apenas audibles guiños melódicos, con estallidos casi geológicos de noise, con un dark ambient frontalmente post humano. Este último resuena sobre todo en “Al Atardecer En Un Inhóspito Planeta De Una Galaxia Muy Lejana”, el track más conciso si se lo compara con los once minutos y 41 segundos de “El Encuentro Entre...” o los trece minutos y medio de “La Teoría De Por Qué...”. En cualquiera de los tres casos, las ambientaciones de Kamanchakka remiten a una penumbra permeable, que aún en sus momentos de mayor hesitación encierra la promesa de una oscuridad ineluctable, definitiva.

¿Y no hay lugar para nada más? En realidad, sí. Cuando Miranda desarrolla sus improvisaciones más extensas -todas han sido grabadas con un celular y posteriormente procesadas/mezcladas/masterizadas por el propio mollendino-, encuentra espacios para apartar el velo durante breves instantes, de forma aleatoria. En “La Teoría De Por Qué...”, lo logra valiéndose de un ruido cuyo color describiré como chillón en contraste con la opacidad imperante. Ese ruido acomete navajazos que dejan pasar algunas hebras de luz, al inicio y al final del round. En “El Encuentro Entre...” ocurre otro tanto, solo que los navajazos son reemplazados por trallazos de armas láser (sospecho que rescatados) de viejas películas de ciencia ficción de los 50s y lustros anteriores. Los únicos momentos en que podemos ver el cielo azul, aunque sea desde una mezcla de desesperanza y melancolía que no se marchita.

“Kamanchakka” es una palabra de origen aymara, usada en el sur del país y en el norte de Chile para describir la gélida neblina baja que torna opiáceas y brumosas esas localidades costeras/portuarias donde germina, se agazapa y se ceba. Con seguridad, Mollendo es una de ellas. No hay mucha ciencia, pues, en deducir que es el Puerto Bravo la principal fuente de inspiración a la que Mauricio recurre al momento de dotar de color y forma al contenido de la placa y a su difusa y vaporosa carátula.

Hákim de Merv

jueves, 4 de junio de 2026

Macross Remix: El Big Bang Del Universo EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de mayo de 2026.)

Vuelvo a hablar en particular de Ives Ancieta Rojas después de muchísimo tiempo -ocho años, nada menos. (¿)Clausurada(?) su etapa como Invisible Ambiente, el buen Ives reorientó baterías hacia la electrónica post rave con incidencia en el ambient sinuosamente “étnico” de Sandoz y sobre todo de The Future Sound Of London, en EP acreditado como Ivo aún disponible para libre descarga desde los bytes de la azteca Bifronte Records (Formas Hipnóticas). De allí en más, sólo ha tenido apariciones esporádicas; como en los dos volúmenes (‘20 y ‘22) de Underground Junín, curados por el colectivo Arte Sonoro, en los que ya se presentaba usando el a.k.a. de Ivo Macross.

Ahora bajo el marbete de Macross Remix debuta por tercera vez con otro EP, El Big Bang Del Universo. Más cerca del mini-álbum, este título refrenda las coordenadas que trashuma Ancieta Rojas tras su alejamiento de Chip Musik (hoy culminado), además de traer algunas novedades respecto de la anterior entrega; aunque bien vistas no lo son tanto. Me explico: ese futurismo orgánico que impulsaba el vuelo de Formas Hipnóticas EP era menos una aproximación al rollo techno tribal de los hermanos Cobain que una reelaboración del output sci-fi del que hace gala el bleep techno de los 90s, y en menor medida la IDM. Sobre esa senda avanza Macross Remix, postulando una cosmicidad abarrotada de alerones místicos no siempre convincentes.

Desde la apertura epónima, el individualista oroíno factura composiciones bleep de heterodoxo pelaje IDM/post IDM, próximas tanto a la dialéctica del beat de un Speedy J como a la marcial abstracción algorítmica de unos B12. En “En Tu Presencia” y en “Evay”, las secuenciaciones han sido diluidas hasta descomponerse o casi, cediendo el testigo a espacios abiertos surcados por sintetizadas tonalidades breves y chillonas, a líneas de bajo tetradimensionales, a un pathos binario más permisivo en lo tocante a la quietud contemplativa. Recién traspuestos los cuatro minutos de “Evay”, resurge tímidamente una programación de tiempos moderados, que calza con esas voces gregorianas que se dejan oír nada más iniciado el corte, aparentemente (re)sampleadas del primer disco de Enigma (¿”Mea Culpa”?).

Aprovecho la alusión al olvidado proyecto rumano-alemán para introducir la espinosa cuestión en torno al pensamiento religioso que desprende el EP. En “El Big Bang Del Universo” escucho un fragmento sampleado que dice “El hecho de que no comprenda todo de Dios, no hace que Dios no exista”. La lógica más elemental me permite derribar sin esfuerzo esta falacia, que presupone adrede el hecho mismo de la existencia de una inteligencia divina. Ocurre otro tanto con “En Tu Presencia”, que repesca la performance de quien parece ser un cantante “carismático”. Cuando menos desde hace tres siglos, en el Arte la racionalidad teísta no suele llevarse bien con la científica o la filosófica, salvo que la obra se asuma exactamente como lo que es (Dune), en lugar de pretender transformarse en panfleto. El extended se ajusta más a las características del segundo caso que a las del primero -de ahí mi incomodidad.

“Genesis Remix” y “Viaje Interestelar” completan el menú del extended. Padeciendo ambos el mismo laxo sideralismo antes descrito, la recurrente pista vocal femenina del primero -versión remozada del track cedido a Underground Junín Vol. 2- tiene un efecto desencorsetador similar al que produce su par en “Halcyon + On + On” (Orbital), rayos láser incluidos. El segundo flirtea fugazmente antes del minuto con el drum’n’bass, sin que trascienda a mayores, inclinándose por una exhibición de ese post IDM del que Ives ha echado mano continuamente. Iteración hipnótica y minimalismo futurista con que redondear un tercer estreno artísticamente llamativo, pero de convicciones espirituales que me han sabido insolventes.

Hákim de Merv

jueves, 28 de mayo de 2026

Maribel Tafur: The Art Of Gastronomy

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de mayo de 2026.)

Que la hija de Maryna Pastor y de Jorge Tafur anda en llamas desde hace algún tiempo, es afirmación demostrada no sólo por la generosa frecuencia con que vienen apareciendo nuevos trabajos suyos (uno en el ‘24, dos en el ‘25), sino también por la encomiable calidad de la música liberada bajo esos recientes títulos. Para que no se pierda esta saludable costumbre, a los pergaminos antes aludidos se les suma uno correspondiente al disco estrenado por la joven compositora el pasado 10 de abril -y cuyos arte y concepto han resultado ser más o menos desconcertantes.

Esto es, claro, teniendo en consideración antecedentes como Willay Plancton (‘25) o Ultranatura (‘24). En estos y otros registros, Maribel Tafur daba rienda suelta a una fascinación por el ambient de humores hídricos, plasmada en una mirada más que próxima al medio ambiente y/o la naturaleza. The Art Of Gastronomy señala desde su nombre un interés por el arte culinario que nunca hubiera sospechado ha germinado en el background vital de la limeña. He de admitir que esa inclinación me sorprende mucho: siendo la gastronomía una disciplina consagrada en el campo de las carreras profesionales, su importancia en el Perú ha sido magnificada de modo tan ampuloso que ha acabado por convertirse en hype. ¿O me vas a negar que es un poco/bastante jodido que nuestro país saque pecho asumiendo imagen de tragaldabas ante la comunidad internacional?

Sin embargo, fuera de la denominación y del arte de portada (primer plano de lo que parece ser una fogata rural), la directora de Intune no ha cambiado las herramientas que modelan su vocabulario y su retórica. Es decir, aunque el concepto puede haberse reemplazado, las maneras en que se le aborda no -salvo por un elemento de dosificada presencia, que contrasta a la primera de bastos con la devoción hacia el Agua: el crepitar del Fuego. Sus manifestaciones, empero, son contadas: apenas adornan aquellos temas de The Art... en los que el conductor universal deja sentir su ausencia (“Textural Alchemy”), y tienden espontáneamente al perfil bajo.

Este estado de la cuestión me hace reflexionar sobre si la autora ha decidido prescindir de los efectos acuosos otrora omnipresentes, atendiendo más a la pregonada experiencia gastronómica que a esa mitigadamente circunstancial recurrencia al Fuego. Dichos efectos no escasean, por supuesto, si bien se concretan en menores número y grado que antaño. En “Arrival” y en “Origin And Transformation”, respectivamente apertura y clausura del volumen, el Agua se halla tan presente como los incontables trinos de aves canoras. Por lo demás, la música de Tafur Pastor sigue cobijándose bajo interminables trazos ambientales salpicados de sonidos cooptados de la cotidianeidad, elongaciones timbrales extrapoladas de géneros afines al ambient como el bliss pop, brochazos texturales imbuidos de coloraciones invernales (“Líquidos”).

Hay algo que se me ha hecho inasible en The Art Of Gastronomy. No sé si sea correcto ponerlo en las siguientes palabras, pero corro el riesgo. El output de Maribel ha sobrepujado los discretos niveles de glucosa que contemplaba anteriormente (las pistas gemelas “Seasonal” y “The Art Of Gastronomy”). Ello ha agudizado las paradojas arquitectónicas que sostienen construcciones como “Moment I” o “Botánica”. Su melancolía ha adquirido connotaciones geórgicas, y su persistente bucolismo ahora se hace dulce de sobrellevar, de modo que en el balance parece haber arribado la artista a un limbo en fase zen. The Art... se ha convertido en un punto focal que es a la vez único y múltiple, al que puedes echar una sola mirada o todas las que quieras hasta cansarte. Probablemente sea ésa la matriz del granulado sortilegio hipnótico de sus 34 etéreos minutos.

Hákim de Merv

jueves, 30 de abril de 2026

Ⓤ Rock Del Centenario 1924 · 2024

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 22 de abril de 2026.)

(De continuo, la crítica en cualquier campo opera desde una objetividad que es más una intersubjetividad. Y cuando ésta se halla frente a dos irrefrenables pasiones entrelazadas, tiene más de subjetividad que de cualquier otra cosa. Sirva esta minúscula declaración para advertir que el siguiente texto, si bien no dejará de ser consistente con su habitual línea severa en lo que concierne a la música pop contemporánea, en todo momento será una confesión de parte al referirse al deporte rey. Tienes la obligación moral, pues, de desconfiar una vez más de aquello que escribiré a continuación.)

Desacostumbradamente tarde (un año y meses), Trilce Discos me hace llegar esta edición de lujo que ha producido en sociedad con Estación Odriozola para sacar lustre al primer siglo de vida de la que es la más gloriosa institución del fútbol peruano: Universitario De Deportes. Cierto que el club arribó a esa efemérides hace casi dos almanaques. No obstante, el CD se puso a la venta recién a principios del ‘25 por motivos contractuales. En tanto aún resuenan fuerte los ecos de dicha conmemoración, vale la pena pasar revista al artefacto en cuestión.

Tuvo la oportunidad el desaparecido escritor Vargas Llosa, célebre hincha merengue, de describir a la U como “mucho más que un equipo, es un mito, una leyenda, una tradición”. Justísimas palabras. Si nos remitimos a los números, la Crema los tiene casi todos de su lado: la mayor cantidad de campeonatos (contando o sin contar los obtenidos en la era amateur), la más consistente presencia en Copa Libertadores, el estadio más grande del Perú, una Libertadores sub-20, cero descensos a segunda división, varias gestas que ningún otro de sus pares ha conseguido igualar (como ganarle a domicilio a River Plate y a Racing Club en apenas 48 horas, durante la Libertadores del ‘67) y récords acordes (dos tricampeonatos, un periodo histórico de invencibilidad absoluta como local, etc).

Pero la U nunca se ha medido ateniéndose a aquella frialdad numérica. Todas esas cifras se lograron respaldadas siempre por esa garra que el club ha convertido en su indesligable marca de juego, que ha impreso indeleble en la mayoría de sus jugadores, que se constituye en la columna vertebral de su mística. No en vano, ha sido catalogada por la FIFA como el mejor club peruano históricamente hablando, el más ganador y el más representativo del país -títulos que enorgullecen a la que debe ser la más grande hinchada futbolera bajo estos cielos, tradicionalmente representada en la frase “la mitad más uno”.

No es un secreto que los dos responsables de Trilce Discos -Fernando Gonzáles y Antonio Gutiérrez- son irredentos fanáticos de Universitario De Deportes, lo mismo que este servidor. De ahí su entusiasmo por sumarse a los festejos del centenario del vigente tricampeón del fútbol peruano. A ello les ha aupado, también, la natural conexión entre la esencia de la música rock y el aura flamígera que rodea a la Crema. Ya en los 90s, la emisora radial Studio 92 empezaba a difundir a través de su señal canciones de reggae con el epígrafe “Comando Reggae”, mientras que al resto de su programación habitual le añadió el alias de “Trinchera Rock”, en clara alusión a la más famosa de las barras de la U, la Trinchera Norte. Esa conexión ha quedado magistralmente inmortalizada gracias al veterano guitarrista de Voz Propia, Raúl Montañez: “La U es la mejor banda de rock”.

Ⓤ Rock Del Centenario 1924 · 2024 replica en casi todos sus componentes la coloración de gala a que es afecta la institución: negro y dorado en la caja de cartulina, en el pin, en el booklet con excelentes fotos del Monumental y de los/as artistas participantes, en el sobre dentro del cual viene la placa. Sólo ésta es decorada con los clásicos colores crema y granate de la camiseta oficial de juego, y su contenido homenajea los cien años del Más Campeón incluyendo a 14 grupos y solistas escogidos/as por Trilce Discos y Estación Odriozola, algunos/as constituidos/as ex profeso para dar rienda suelta a su pasión por el club de sus/mis/nuestros amores. Entre estos/as últimos/as figuran Bombo De La Barra, Caudillo, Klausurada, Voces De Odriozola, Sentir Popular o Actitud Crema. Otros nombres pertenecen a los circuitos del pop peruano independiente, cuyos pasadizos vienen fatigando aún desde hace décadas. Aquí se inscriben Piero Bustos (Del Pueblo Del Barrio), Pedro Solano (Cementerio Club), Charlie Diazepunk (Diazepunk), Raúl “Montaña” Montañez, Fútbol En La Escuela o Procrastinación 1 Yo 0.

El esférico arranca con el ska a medio tiempo de Bombo De La Barra (“Me Creo Lolo Fernández”), en plan bien ligero. Bustos, que es de los contados hinchas cremas que ha vivido lustros en el barrio de Matute, reinterpreta desde coordenadas rockeras desaceleradas la conocida “Polka Crema”. Junto a él podemos situar el ágil pop de Solano (“En El Monumental”), la canción que dedica Atados A Un Sentimiento a la Mujer Crema (“Ellas”) y el sorprendente pop brioso de Klausurada (“La Chica De Oriente”). Hay espacio para las variantes menos virulentas pero empeñosas del punk, como “Agosto Siete” de Sentir Popular, “U Mi Mejor Historia” de Actitud Crema, “Canciones Cremas” de Charlie Diazepunk y el impetuoso mazazo pop punk de “Centenario” (Caudillo). Cómo no, el indie también se hace presente gracias a sus dos exponentes más visibles en el menú: Procrastinación 1 Yo 0 (“Tú”) y Fútbol En La Escuela (“Es Divertido”).

La calidad de muchos temas puede discutirse o no, es verdad. Yo antepongo el siguiente facto: en todas estas canciones, la vibra del estadio se convierte en aliento constante, y éste a su vez en grito de guerra. No faltan los puyazos reconducidos en arengas, dedicados al rival de toda la vida (especialmente divertidos en los canales de Fútbol En La Escuela y de Tito Manrique & Cosa Nuestra). Con todo, por encima se impone el amor entregado a unas sedas que tienen la virtud de transformar al que se enfunde en ellas cuando pisa una cancha de fútbol, rodeado de 80 mil almas fundiéndose en una sola e indivisible voluntad.

Remataba su alocución nuestro fallecido Nobel de Literatura diciendo de Universitario De Deportes que es “una de las más hermosas historias que ha escrito el deporte peruano”. Poco más queda por añadir, y ello le corresponde al inmenso pueblo crema, que me precio de integrar. En las buenas, en las malas y en las que sea, porque cuando menos mereces nuestro fervor es cuando más lo necesitas...

¡Y Dale U Toda La Vida! ¡Y Dale U Por Siempre Escucharán!

Hákim de Merv

jueves, 23 de abril de 2026

Polvos Azules: Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP // Rodrigo Cano Y Los Canes: Ya No Quiero Ser Así EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de abril de 2026.)

Tras una semana de haber finalizado enero, Polvos Azules edita nuevo EP, en sociedad con Víctor Chang a.k.a. Vrianch y la cantante Liliana Acosta. La relación entre Chang y Giancarlo Samamé es de larga data, mientras que en lo tocante a Acosta es reciente. Parece de hecho ser el estreno absoluto de la vocalista, lo que no es óbice para que se plante frente al micrófono, además de firmar todas las líricas. Vrianch se adjudica la composición de dos de los tres temas y los arreglos del restante, en tanto las cifras se hacen inversamente proporcionales en lo que corresponde a PA.

Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP despega de la mano de “Cada Vez Que Te Caes”. Acreditado a Chang, lo que me encandila de este canal no es su filiación ambient pop, sino su límpida emotividad naif: el medio tiempo enfermo de reverberaciones digitales, los teclados minimales y a la vez luminosos, como innumerables fuegos de San Elmo contra el palio crepuscular... Es una sensación muy agradable la que reportan estos poco más de 4 minutos, similar a la que proporcionaban los EPs de los hoy olvidados Aural Noise, y lo sería más de no mediar un inesperado elemento disruptor.

Por contraste, “Bruma De Mar” tiene una tesitura más afín al downtempo, género apenas hollado con anterioridad por Polvos Azules (que reclama la autoría de “Bruma...”). La línea de bajo es indiciaria en ese sentido: compases que se arrastran en cámara lenta, acompañados de un invariable hi-hat ralentizado, para dar forma al mood reinante en cualquier bar con excedentes de público A.O.R. Pese a las rimas de lo más previsibles, el ambiente calentón que impera no desciende ni cuando en las postrimerías del minuto 2 irrumpen extraños sonidos aleatorios más propios de jornadas ruidistas, aunque sí le afecta la mediación de un ya no tan inesperado elemento disruptor.

...Se Convierte En Marea EP finaliza gracias a “Promesas”. El delicioso tono agridulce que reina desde el primer segundo hace que te tomes este track con rigurosa seriedad. A despecho de la algo indescifrable programación, “Promesas” destaca por su uso de teclados en plan moderadamente Hi-NRG. Es de agradecer esa mesura, ya que la atmósfera nocturnal se habría resentido de haber mayor intensidad lumínica. Como ya me ha pasado anteriormente con Polvos Azules, percibo la ascendencia de un Jarre en clave pop, percepción que habría alcanzado mayores brillos si no se hubiera repetido por tercera vez la aparición de un elemento disruptor.

Esa circunstancia adversa es la performance de Liliana Acosta. No su voz. Ésta es grave, y se acomoda a un rango spoken word del que su recitación hace gala aquí. El problema es que esta tríada de canciones, así como el grueso de la obra del unipersonal de Samamé, no logra llevarse bien con ese registro. Como poner a cantar a Nick Cave asociándole a The Blue Nile.

Como ocurre con los muchachos de China María Soundsystem, otro debut en corto aparejado al presente año es el de Rodrigo Cano Y Los Canes. En formato de power trio, la banda lleva rodando por los circuitos independientes un bienio, presentándose en directo aquí y allá. El 13 de febrero es el día escogido para el lanzamiento de Ya No Quiero Ser Así, EP de cuatro surcos, uno de los cuales ya había visto la luz en modalidad single -y es repescado aquí tal cual. Su ejecución en directo se realizó el 25 del mismo mes en La Noche de Barranco, junto al solista Franco De Lorenzi y a los hard rockers de Volcano.

Rodrigo Cano Y Los Canes son Álvaro Salinas, Renzo Ramírez y el Rodrigo especificado en la denominación. Desconozco sus edades, así que les doy el beneficio de la duda. El extended play de estreno es bastante uniforme, por no decir plano o discreto. Arranca el número epónimo, al que se añade el epígrafe “(Edición 2025)”, y lo que escucho es un pop/rock matizado suavemente de jazz, si bien en principio cada cual va por su lado. Sólo en “Respuestas”, dos paraderos más adelante, ambos estilos se fusionan, luego de haber condescendido la eléctrica a añadir algo de blues en “Fuego”.

El sonido del trío, sin embargo, tiende a ser inane. Demasiado correcto para mi gusto. A esos aires blueseros, por ejemplo, les falta esquina. La estructura de los episodios luce convencional hasta volverlos grises, medio aplatanados. Se echa de menos la energía inherente a la síncopa, el arrebato insurgente y desbocado del pop, la locura congénita del rock (incluso clásico). Al menos yo esperaba tanto más, si las letras perfectibles en cuanto a la forma cumplen con el objetivo de hacerles sentar posición respecto de una realidad en la que no se hallan a sí mismos, emocionalmente tediosa e incómodamente desesperante.

Recién en el ocaso, Ya No Quiero Ser Así EP se pone interesante. La terna pregonaba cultivar un discurso cercano al rock alternativo de los 90s, declaración que sólo “Mundo Raro Y Cruel” atestigua. Harto dinamismo y ganas de despercudirse en esta pieza insular, alevemente funkeada desde la guitarra y el bajo. Tan es así, que es la primera vez en todo el extended en que a la voz se la siente fuera de su elemento. Ojalá sigan ese derrotero en producciones futuras, sumando ingente protagonismo de la batería -el único instrumento que se desempeña con mención honorífica durante los cuatro rounds.

Hákim de Merv