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jueves, 23 de abril de 2026

Polvos Azules: Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP // Rodrigo Cano Y Los Canes: Ya No Quiero Ser Así EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 15 de abril de 2026.)

Tras una semana de haber finalizado enero, Polvos Azules edita nuevo EP, en sociedad con Víctor Chang a.k.a. Vrianch y la cantante Liliana Acosta. La relación entre Chang y Giancarlo Samamé es de larga data, mientras que en lo tocante a Acosta es reciente. Parece de hecho ser el estreno absoluto de la vocalista, lo que no es óbice para que se plante frente al micrófono, además de firmar todas las líricas. Vrianch se adjudica la composición de dos de los tres temas y los arreglos del restante, en tanto las cifras se hacen inversamente proporcionales en lo que corresponde a PA.

Cuando El Viento Se Convierte En Marea EP despega de la mano de “Cada Vez Que Te Caes”. Acreditado a Chang, lo que me encandila de este canal no es su filiación ambient pop, sino su límpida emotividad naif: el medio tiempo enfermo de reverberaciones digitales, los teclados minimales y a la vez luminosos, como innumerables fuegos de San Elmo contra el palio crepuscular... Es una sensación muy agradable la que reportan estos poco más de 4 minutos, similar a la que proporcionaban los EPs de los hoy olvidados Aural Noise, y lo sería más de no mediar un inesperado elemento disruptor.

Por contraste, “Bruma De Mar” tiene una tesitura más afín al downtempo, género apenas hollado con anterioridad por Polvos Azules (que reclama la autoría de “Bruma...”). La línea de bajo es indiciaria en ese sentido: compases que se arrastran en cámara lenta, acompañados de un invariable hi-hat ralentizado, para dar forma al mood reinante en cualquier bar con excedentes de público A.O.R. Pese a las rimas de lo más previsibles, el ambiente calentón que impera no desciende ni cuando en las postrimerías del minuto 2 irrumpen extraños sonidos aleatorios más propios de jornadas ruidistas, aunque sí le afecta la mediación de un ya no tan inesperado elemento disruptor.

...Se Convierte En Marea EP finaliza gracias a “Promesas”. El delicioso tono agridulce que reina desde el primer segundo hace que te tomes este track con rigurosa seriedad. A despecho de la algo indescifrable programación, “Promesas” destaca por su uso de teclados en plan moderadamente Hi-NRG. Es de agradecer esa mesura, ya que la atmósfera nocturnal se habría resentido de haber mayor intensidad lumínica. Como ya me ha pasado anteriormente con Polvos Azules, percibo la ascendencia de un Jarre en clave pop, percepción que habría alcanzado mayores brillos si no se hubiera repetido por tercera vez la aparición de un elemento disruptor.

Esa circunstancia adversa es la performance de Liliana Acosta. No su voz. Ésta es grave, y se acomoda a un rango spoken word del que su recitación hace gala aquí. El problema es que esta tríada de canciones, así como el grueso de la obra del unipersonal de Samamé, no logra llevarse bien con ese registro. Como poner a cantar a Nick Cave asociándole a The Blue Nile.

Como ocurre con los muchachos de China María Soundsystem, otro debut en corto aparejado al presente año es el de Rodrigo Cano Y Los Canes. En formato de power trio, la banda lleva rodando por los circuitos independientes un bienio, presentándose en directo aquí y allá. El 13 de febrero es el día escogido para el lanzamiento de Ya No Quiero Ser Así, EP de cuatro surcos, uno de los cuales ya había visto la luz en modalidad single -y es repescado aquí tal cual. Su ejecución en directo se realizó el 25 del mismo mes en La Noche de Barranco, junto al solista Franco De Lorenzi y a los hard rockers de Volcano.

Rodrigo Cano Y Los Canes son Álvaro Salinas, Renzo Ramírez y el Rodrigo especificado en la denominación. Desconozco sus edades, así que les doy el beneficio de la duda. El extended play de estreno es bastante uniforme, por no decir plano o discreto. Arranca el número epónimo, al que se añade el epígrafe “(Edición 2025)”, y lo que escucho es un pop/rock matizado suavemente de jazz, si bien en principio cada cual va por su lado. Sólo en “Respuestas”, dos paraderos más adelante, ambos estilos se fusionan, luego de haber condescendido la eléctrica a añadir algo de blues en “Fuego”.

El sonido del trío, sin embargo, tiende a ser inane. Demasiado correcto para mi gusto. A esos aires blueseros, por ejemplo, les falta esquina. La estructura de los episodios luce convencional hasta volverlos grises, medio aplatanados. Se echa de menos la energía inherente a la síncopa, el arrebato insurgente y desbocado del pop, la locura congénita del rock (incluso clásico). Al menos yo esperaba tanto más, si las letras perfectibles en cuanto a la forma cumplen con el objetivo de hacerles sentar posición respecto de una realidad en la que no se hallan a sí mismos, emocionalmente tediosa e incómodamente desesperante.

Recién en el ocaso, Ya No Quiero Ser Así EP se pone interesante. La terna pregonaba cultivar un discurso cercano al rock alternativo de los 90s, declaración que sólo “Mundo Raro Y Cruel” atestigua. Harto dinamismo y ganas de despercudirse en esta pieza insular, alevemente funkeada desde la guitarra y el bajo. Tan es así, que es la primera vez en todo el extended en que a la voz se la siente fuera de su elemento. Ojalá sigan ese derrotero en producciones futuras, sumando ingente protagonismo de la batería -el único instrumento que se desempeña con mención honorífica durante los cuatro rounds.

Hákim de Merv

sábado, 19 de diciembre de 2020

Vrianch

 (Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 4 de noviembre del 2020.)

Hace tres lustros que dejé de seguir las correrías de Moby. Aunque 18 (2002) tenía la pinta de una re-elaboración menos favorecida del multipremiado Play (1999), todavía hoy funciona cumplidoramente. Ello no sucede con Hotel (2005), donde el sobrino-bisnieto de Herman Melville resigna su estancia en las grandes ligas para descender a segunda división. Como ocurre con la política, en el panorama de la música pop parecer un cadáver no implica necesariamente serlo. Quizá un día Richard Melville ocupe de nuevo sitial destacado en los recuentos de la prensa especializada, si bien encuentro altamente improbable que logre reverdecer los laureles de su época más feliz, inaugurada por Everything Is Wrong (1995) y que clausurase Play.

A prima facie, la música de Vrianch no guarda ninguna semejanza con la de Moby, más allá haber germinado ambas sobre suelo electrónico. Vaya que hay similitudes entre sus rutas, sin embargo. Si el artista usamericano se inicia como integrante de la formación hardcore punk Vatican Commandos, el peruano Víctor Chang comenzó debutando guarecido tras el alias hip hop de Dr. Crack, y ha ejercido de productor para artistas del rubro en la calurosa Piura (ciudad norteña en la que fijase residencia hace 15 calendarios). No olvidar que la bilis, que alimenta por igual tanto al punk y su vástago hardcore como al primigenio hip hop, tiende un puente entre estos géneros facilitando esa definición que perfila a este último como “punk para las caderas".

Pero la coincidencia esencial está ligada a la inusual versatilidad que testimonian ciertos títulos del estadounidense (Animal Rights, Everything Is Wrong) y del connacional (Solución Atómica, Aliens | Humanos, Teoría EP: A Conspiracy Music). Y mientras Play fue el canto de cisne con que Melville decidió prescindir de esa admirable cualidad, decantándola hacia el folk y el gospel; el potencial de Vrianch aún está presto a seguir rindiendo frutos por tiempo indefinido. Vale la pena aquí subrayar que el uso del vocablo “versatilidad” no se vislumbra tan evidente en la propuesta del limeño devenido piurano. No al principio, al menos: existe una leve uniformidad en la materia prima que el músico emplea para sus creaciones, más que en los moldes de los que éstas son extraídas. No obstante, esa materia prima se halla imposibilitada de calzar en cualquiera de los cajones que las etiquetas predeterminadas sugieren/idealizan.

Porque el pingüe caudal sónico que libera Chang con este alias -tiene otro de descorazonado(r) electropop agridulce, Miquela, junto a Mónika Ruiz- ha sido previamente martilleado a través de varias instancias decisivas. La primera de ellas: el amancebamiento de influencias tales como el spoken word, el trip hop en fase downtempo, un IDM austero, la estética de la Baja Fidelidad, el ambient con ínfulas de neoclásico, el synth baladesco y la electrónica más llana/sencilla; entre otras menos cruciales. Notoriamente y a pesar de coincidir en el recurso del acrisolamiento, Víctor anda lejos del maridaje entre industrial, eurobeat, ambient trance, new age, house y techno tan caro al Moby más iluminado.

La dialéctica de Vrianch es, asimismo, fruto de sucesivas intervenciones que el unipersonal ha acometido contra las diversas herramientas de las que se vale durante los periodos compositivos. Esto se pone de manifiesto desde In @Vrianch 2003-2008, debut discográfico recopilatorio de temas primerizos: el linceño sospecha de los sonidos que un sintetizador trae pre-seteados, prefiriendo por lejos los patches que la interacción entre el aparato y el propio talento puedan originar. Me lo imagino mitad científico loco, mitad investigador cachinero -randomizando enchufes y cables, discriminando módulos después de testearlos al azar, explorando la capacidad de las perillas enunciada en el manual... Esta canibalización ha transitado progresivamente del hardware al software, movimiento que empieza a percibirse en el single “Reverberación De Cielos Sobre El Agua” (septiembre) y en partes del Teoría EP: A Conspiracy Music (julio, guarda con la triptofobia). A diferencia de sus colegas del avant garde lorcho, Vrianch va virando hacia el circuit-bending trazándose como meta la procreación de nuevos sonidos antes que la búsqueda deliberada del Error.

Una tercera instancia, quizá la que aporta la pieza clave para la identidad constitutiva del acto, preside la manera en que se aborda la técnica compositiva. En placas como Erik’s Songs (2019), Aliens | Humanos (2018) o Solución Atómica (2019); se advierte un Chang que chambea estados de ánimo más que estilos. Mejor aún, en él, los estados de ánimo son estilos. Las líneas melódicas sobre las que erige sus tracks tienden a ser minimales. Los sonidos de sintes, quedó dicho, son cribados/tamizados; en tanto sus envoltorios son moldeados por texturas rudimentarias o futuristas, armoniosas o disonantes. El secuenciado de los beats es más complejo, siendo éstos premunidos de sonoridades que se mimetizan como percusivas. Obviando el precepto de aquello que es accesible y aquello que no -“Niños Salvajes”, su 7’’ de agosto, es más Miquela que Vrianch-, lo que llega a plasmarse en los discos es una electrónica melódica, sensitiva, vagamente conceptual. Algunas veces se deja oír una voz femenina, y algunas otras, la voz del músico en plan spoken word; pero sus arrebatos más vibrantes son instrumentales, aquellos en los que la narrativa es asumida por los sonidos mismos.

Es la de Vrianch, pues, una música emocional. Trasciende al plano visual evocando animes, videojuegos, paisajes extrapolados de la filmografía sci-fi... Una música que puede catalogarse como experimental por su régimen de trabajo más que por la configuración que abraza al ser burilada. El mejor ejemplo de lo que representa el a.k.a. es Solución Atómica (qué risa la broma-sampleo de “América”), álbum que lidió con más de un imponderable -el músico debió recomenzar desde cero. Los diez temas originales que lo conformaban se extraviaron, obligando al autor a regresar al partidor. Acabados los ocho nuevos canales para la segunda versión de SA, completamente distintos de los que contenía la primera versión del esférico, ésta reapareció. Sin despeinarse, Víctor publicó el Solución... enhebrando los 18 temas de que ahora disponía.

Como mencioné de pasada en un texto anterior, 2020 ha sido el almanaque más activo que ha tenido Vrianch. No sólo ha lanzado las obras antes citadas y dos EPs -Memories Of The Known World y su continuación- en los que el protagonismo se lo roba el peculiar timbre del piano. Igualmente, ha editado su colaboración con el artista audiovisual Alfredo Chinguel, bajo el rótulo de Normality & Morality (junio). En la práctica, se trata de cuatro temas enraizados en una cepa orgánica del deep house, inspirados por el DJ y productor búlgaro Stoyan Stoyanov (a) Stoto. El detalle es que el “disco” -que excede los parámetros del CD y aún el de los viejos cassettes de 90 minutos- desmonta cada número en cuatro pistas, ofreciéndonos la posibilidad de escuchar por separado la batería, el bajo, la melodía o los pads. La jugada me hace recordar, en sentido inverso, lo que hizo The Flaming Lips con su cuádruple Zaireeka (1997). Anunciada ya una serie de nuevos esfuerzos que verán la luz muy posiblemente en lo que queda del año -La Mangachería, Super-Star, un CD a medias con DJ Locopro y otro 50/50 con Gelatina Magma-, el momento actual de Víctor Chang asoma imparable.

PD: Ediciones físicas de algunos de los volúmenes de Vrianch han sido financiadas en Lima por Dorog Records, sello de Giancarlo Samamé. Si lo tuyo es el formato virtual, puedes acceder a los discos de largo aliento del individualista desde la cuenta BandCamp de Dorog, y a su catálogo completo entrando directamente al BandCamp oficial del proyecto.

UPDATE

A día de hoy, tanto los títulos La Mangachería como Super-Star ya han sido colgados en Internet.

Hákim de Merv

viernes, 11 de diciembre de 2020

Descargo Y Maleficio: Descargo Y Maleficio EP // Música Casual: Ensamblar / Vitalismos

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 16 de septiembre del 2020.)

#AguanteChile.

Muchos meses antes del levantamiento social ocurrido en el hermano país del sur (octubre del 2019), la cantautora Paula Barouh hacía debutar a su proyecto unipersonal Descargo Y Maleficio a través de un homónimo EP que todavía revienta en los tímpanos cual bomba molotov. Natural de Concepción, Barouh contaba ya con una carrera solista a cuestas que acreditaba colaboraciones para Reflejo, Mal De Chagas, Usted No! y Santo Barrio; amén de singles varios reunidos en Barouh (2015). Nada en ese background, o el que corresponde a Ícaros De Clep, banda penquista que fue de las primeras en que estuvo; hacía presagiar experiencia tan revulsiva como la que nace en el 2017 y da su primer tacle en enero del 2018 (vía Irregular Ediciones).

Más que un acto individual de música pop, DYM es una propuesta multidisciplinaria que entrevera poesía, electrónica, soporte visual y performance interpretativa. La antigüedad del extended le da la razón a quienes opinan que, desde hace varios años, la producción sonora de la escena independiente mapocha exteriorizaba abundantes signos anunciando ese estallido popular que cumplió ya su primer aniversario. Descargo Y Maleficio EP, por ende, conserva la suficiente vigencia como para comentarle más allá de no haber sido publicado en el presente año.

Algo de hip hop y mucho de spoken word rezonga en el breviario. La pluma de Barouh es limpia al plasmar las acres proclamas de la autora, pero su encendida recitación asoma emputada. Apenas empieza “Soldados Desconocidos”, la artista dispara construcciones gramaticales lapidarias tipo “Chile, Nación Del Olvido Congénito” o “Chile, Nación Del Artista Muerto”. Aunque temas como “Siglos De Los Siglos” e “Invisibilízame” destruyen respectivamente con virulenta ironía el rol tradicional de la mujer en la familia y el tratamiento entre-indulgente-y-sexista que se dispensa a las congéneres en predios del mainstream artístico, la chilena ha preferido ser frontal en esta entrega. Sus flamígeras, airadas denuncias en clave spoken dan lo mejor de sí cuando vienen envueltas en tensas líneas electrónicas, caso “Sonrisas Permanentes”, “Paredes Humanas” (...Cuerpos Sin Alma/Sin Esplendor/Brillando En Un Mar De Entes Estériles...) o la ya citada “Soldados...”. Sin embargo, excepciones como el zamacón proto-techno de “Azul Violento” o el mazazo tribal de “Rebeldía” (único número del extended en que Paula canta) no puntúan muy lejos de sus pares de jornada.

Desgarradora y lúcida crítica al falso progreso que se ha cebado durante décadas en Chile -y, añadiría yo, demás países de nuestra región-, así como a la deshumanización/indiferencia/desigualdad que de su imperio ha nacido, el incendiario manifiesto de Descargo Y Maleficio sigue estando de rabiosa actualidad. Más aún con el advenimiento de Chile Detonado (2020), poemario de Barouh acicateado por los conflictos diarios que se viven en Santiago y sobre todo alrededor de la Plaza de la Dignidad. Fotografías de Ángeles Sánchez, Sebastián Cerpa, Martín Palma y la propia Paula acompañan este testimonio de la insurrección popular que llevan adelante nuestros vecinos...

...hasta que Chile se convierta en la tumba del neoliberalismo, ‘chemimare.

Sorpresivo y muy fecundo el giro que ha dado Rodrigo Mardones a Música Casual en lo que va de este funesto 2020. Año y medio después del estreno discográfico Untitled (Chip Musik), rodaja de arisco aislacionismo arrasada por embravecidos oleajes glitch y esquirlas mil arrancadas a un profuso corpus de grabaciones de campo, el santiaguino lanza en agosto pasado Ensamblar (día 2) y Vitalismos (día 23). En conformidad con el concepto detrás del alias -que alude al hecho de improvisar haciendo sonido con lo que tengas a la mano, suspendiendo aún tu racionalidad consciente-, ambos títulos se acogen al uso de software y hardware bastante menos que rebuscado. Empero, con ellos MC abandona las agrestes alturas de la ópera prima, maniobrando ahora entre escarpas algo más clementes.

Comienzo con Ensamblar. Aunque tanto las fundaciones de éste como las de su “hermano” pudieran ser todavía grabaciones de campo a lo Scanner circa 90s, no más son éstas astilladas e implantadas en crudo. De hecho, ya puede hablarse de un flujo de sonido encajando en bocetos que insinúan cierta preocupación por la rítmica. Copa el disco una dinámica que sugiere interés hacia el enajenado escozor abstracto del primer industrial, como si se le hubiera desmontado en sus principales componentes -y se le birlasen los que a posteriori confluirían en el ambient noventero.

Este filón se mina sin salirse nunca de una calvinista “economía de medios”, lo cual da lugar a un IDM tornadizo (“Ensamblaje 4”), inestable (“Ensamblaje 2”), cambiante (“Ensamblaje 3”); que rebalsa durante la primera parte del viaje. Por esos cortocircuitos que a veces regala el subconsciente, me he acordado del compatriota Lunik mientras reproducía estos temas, ninguno de los cuales sin embargo iguala la dramática austeridad de lo hecho por Roger Terrones. Sólo en “Ensamblaje 5” y en “Ensamblaje 6”, ese ornato extremista del primer industrial deja de estar agazapado, y germina en terracotas sonoras emparentadas también con el ruidismo y con la psicodelia.

Para Vitalismos, el panorama continúa transmutando. A la par de una mayor, digamos, “musicalidad”; el duelo entre ambient e industrial que no alcanza a plantear Ensamblar se convierte aquí en abierto pulseo. Tras las escaramuzas que suponen “Open” y “Descender”, el género procreado por Throbbing Gristle se adjudica su primer asalto con “Un Valle Eléctrico”, cuyos decibelios exceden las gráficas que acostumbra observar Mardones. La respuesta del ambient no se hace esperar, obteniendo para sí la dilatada “Vital”, “Amaneceres” y la breve “Día A Día”; todas ellas dueñas de una turbadora tímbrica altisonante.

“Uno En Un Valle” y “Anocheceres En Un Valle” equilibran ambas estéticas con bastante más tino del que tuvieron los números de apertura, siendo “Anocheceres...” una excelente lección sobre cómo encarar con mucha lúdica composiciones de hálito aleatorio-experimental -jugando con el volumen y/o cancelando uno o los dos canales de audio, según se quiera realzar tal o cual sección del track en cuestión.

El 6 de septiembre apareció lo nuevo de Música Casual. No acostumbro reseñar singles, pues es poco material el que proporcionan para comentar. Pero aunque no fuera ésa mi posición, tampoco lo haría: tres obras en poco más de un mes es una media altísima para cualquier músico. Con mucha mayor razón para quienes le escuchan.

Hákim de Merv