(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 16 de septiembre de 2026.)
Hacía mucho rato que no volvía a The Durutti Column. Ha sido uno de mis grupos favoritos de toda la vida, y por ende sus
placas y canciones más señeras permanecen almacenadas en mis neuronas. Esa
suerte de ayuno respecto de la banda integrada por los históricos Bruce
Mitchell y Vini Reilly acabó de golpe cuando pude prestar atención a su nueva
entrega, primera desde Short Stories For Pauline (‘12). Nueva entrega
conceptual, se entiende: no entran en juego, por ende, ni Deux Triangles
Deluxe -‘21, versión extendida del EP del ‘82, que adiciona rodaja en directo
(Bruselas, 13/8/81)- ni el artefacto de rarezas Lost Songs & Sketches
1980-81 -‘25-.
Por pura casualidad, antes de sentarme a degustar
el reentré de TDC le eché un repaso a Cobalt Blue (‘92) del esteta
Michael Brook. La comparación no es descabellada: su ambient cinético de
texturas ingrávidas y de una infinite guitar levitante atesora vasos
comunicantes con ese post punk mayoritariamente instrumental de que se
sirvieran Reilly y Mitchell para proponer una vaporosa reflexión sobre el
sonido mismo. Debo al azar y a Brook, pues, haberme predispuesto a la escucha
de Renascent.
Confieso que la primera vez no pude aguantar
mucho tiempo antes de ponerme a moquear. Despega el álbum con “Echoes In The
Memories”, y no tarda en aparecer esa peculiar digitación que el viejo y
querido Vini ha patentado a través de su delicada y grácil guitarra en muchas
jornadas de su gloriosa, gigantesca discografía -que abarca ya casi media
centuria de vida. El modo en que el veterano músico pinta medias tardes
próximas al crepúsculo conserva aún su técnica de filigrana y sombra,
apercibida desde esta introducción que no llega al minuto y medio.
Pero es con “Your Shadow At Morning” que el
dique se resquebraja y derrumba. Composición digna de ser incluida en obras
memorables como LC (‘81), The Guitar And Other Machines (‘87) o Time
Was Gigantic... When We Were Kids (‘98), exponerse a ella es como recibir
una bala a la altura del miocardio, y asimismo la prueba fehaciente de la atemporalidad
de la magia de The Durutti Column. Lo cual no es moco de pavo, considerando el
retiro a que se vio forzado el eximio mancuniano tras sufrir un derrame
cerebral moderado que afectó el desempeño de su mano izquierda. Poco antes del
suceso se había publicado el doble A Paean To Wilson (‘10), en memoria
del legendario Tony Wilson (fallecido el 7/8/07). A consecuencia del
desafortunado incidente, Reilly se vio en la imposibilidad de cumplir con
obligaciones contractuales, que felizmente pudo honrar con creces gracias a una
campaña por Internet a la que su hinchada se plegó de inmediato.
Renascent es, entonces,
doblemente trascendente. Empuja al dilecto dúo de Manchester fuera de sus
cuarteles de invierno, y lo hace rubricando la vigencia de sus principales virtudes.
“Your Shadow At Morning” se sumerge en un hermoso mar de saudade, alimentado
por seis cuerdas que articulan atmósferas y espacios en acordes parciales que
jamás han necesitado del concurso de media púa. Ese mismo conjunto de cuerdas que
tampoco se ha avenido nunca a trabajar siguiendo secuencias de cuatro u ocho
compases, sino su propia e inherente lógica intuitiva. Faltaba más.
Que recuerde, el tándem inglés nunca ha
editado esféricos enteramente instrumentales. Éste no es la excepción, si bien la
voz de Vini sólo es audible en “Liars” y en “Scammer”, tema este último de
melancolía contemplativa e intimista -el Tiempo pasa factura a sus vocales, de
todos modos. Para Renascent, el ex The Nosebleeds se acompaña de la
cantautora Caoilfhionn Rose en “Sargasso Sea” y en “Agonistes” (chequear lo que consigna la RAE acerca del polisémico vocablo “agonista”), y de Lucas Elliot en
la terminal “All They See Is Fire”. Ergo, son seis los surcos que carecen de
voz. Descontando los dos primeros (sobre los que ya he escrito varias líneas),
cualquiera de los restantes merece ser destacado por testimoniar el exquisito
arte de TDC. “Time Present And Time Past”, por ejemplo, es de un júbilo tan
angélico que me hace preguntarme cuán terapéutico habrá sido para el autor
septuagenario este retorno. La dupla “Vapour In A Matchbox”-“Your Shadow At
Evening” recupera al Durutti más post punk (léase en el sentido original del
término, no en el sentido darkie que se le da actualmente), sorprendiendo “Your
Shadow At Evening” por el impetuoso despliegue de Bruce Mitchell en el drum set
y por su incursión final en percusiones que asoman africanas.
Poco antes de acabar Renascent, se
deja oír “For Friends Everywhere”. Su piano, su trompeta asordinada, sus
marimbas postreras, no esconden un ADN que desciende sin escalas de “For
Belgian Friends”; aparecido inicialmente en Domo Arigato (‘85) y después
añadido como bonus track a LC. No tendrían por qué, tampoco. Es la
manera del viejo guerrero en que guiña a su período más efervescente, en que agradece
a su inmensa legión de fans en todo el mundo, en que declara sin ambages que seguirá
ofreciéndonos su incomparable hechizo etéreo hasta que el cuerpo aguante. Tantas
veces paladeado, el cromatismo de sus escalas menores melódica y armónica luce
como si no hubieran transcurrido catorce años desde Short Stories..., lo
mismo que su insular combinación de rock en fase post punk, flamenco (cf. el
mediometraje documental Una Guitarra Para Durutti, ‘08), jazz y
melodiosos contrapuntos clásicos. Bienvenidos de vuelta, maestros. La lucha continúa.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 26 de agosto de 2026.)
El de Nosferatu puede considerarse, a
día de hoy, un mito contemporáneo en evolución. Desde el centenario film
original de Friedrich Wilhelm Murnau (1922) hasta el “rebuild” de Robert Eggers
(2024), pasando por la relectura de Werner Herzog (‘79) o la cumplidora The Last Voyage Of The Demeter (2023), la figura del Conde Orlok ocupa en el
imaginario de varias generaciones un lugar tan o más destacado que el propio
Drácula; de quien Orlok es una versión “no-autorizada” construida sobre las
convenciones del expresionismo alemán de inicios del siglo XX.
Más de cien años, pues, han pasado ya desde
el estreno del largometraje de Murnau; y aún conserva éste mucho tanto de su
epatante terror como de su fascinante apuesta artística. De hecho, no es
difícil imaginar la angustiante noche de pánico que deben haber sufrido
nuestros/as abuelos/as y bisabuelos/as tras salir del cine, si más de una
centuria después la película todavía incordia y asusta. A nosotros/as, que
hemos sido alimentados/as por obras maestras como The Omen, Insidious,
The Exorcist, Sinister, The Howling, Race With The
Devil, Rosemary’s Baby, Hereditary o Suspiria.
En el ‘22, no sólo menudearon homenajes y
estudios académicos a propósito de los veinte lustros de Nosferatu. Pese
a los estragos del COVID-19, también se programaron múltiples proyecciones a lo
largo del planeta, tanto públicas como privadas (la de la familia debe haber
sido la única vez a la fecha que mi sobrino Marcelo se ha sentado a ver
completo un film silente). En Lima, recuerdo una función gratuita en la huaca
Mateo Salado, musicalizada por artistas de la escena independiente. En Santiago
De Chile, una de esas funciones similares -16 de junio- contó con la
participación del colectivo A Full Cosmic Sound, musicalización que recién se
ha visto editada el último 3 de diciembre a través de la disquera Aula Records.
Nosferatu: Una Sinfonía De Horror se divide en dos
canales de dilatado aliento. En el primero se abroquelan tres actos, que
responden a los nombres de “El Viaje”, “El Castillo De Orlok” y “La Peste”. El
segundo es el cuarto acto, “El Sacrificio”. Es pertinente apuntar que estos
actos no se corresponden necesariamente con los cinco de que consta la película
de Murnau, sino que han sido nombrados conforme al episodio de la trama que
sonorizaran en vivo. También es preciso acotar que, durante los casi dos
tercios de hora de la ejecución, las influencias que constituyen el nervio de
la performance son las del kraut rock y del avant garde francés contemporáneo a
éste. Los vastos telares que decora A Full Cosmic Sound son impregnados por la
mística voluptuosa de Popol Vuh y de Amon Düül, lo mismo que por la hosca
psicodelia jazzy y el desnudo proto-prog de Art Zoyd, Univers Zero, Weidorje o
los tardíos Shub Niggurath.
La improvisación con que se descosieran esa
noche Gonzalo Muñoz, Jorge Boher, Ignacio Rodríguez, Nicolás Godas y los
hermanos Álvaro e Iván Daguer abunda en sombrías atmósferas psicotrópicas que
pueblan el éter adoptando formas fabulosas e inverosímiles de acuerdo al mood.
Es éste el que cambia, el que moldea aquí el sonido medular de AFCS -tenso y
amenazante en “El Castillo De Orlok”, bucólico en “El Viaje”, distendido al
inicio de “El Sacrificio” y tumultuoso después de sus siete primeros minutos.
Todo, en medio de copiosos guiños ambient y lo fi, cuya principal virtud es la
de erosionar clasificaciones tentativas bajo las que podría quedar encasillado
el plástico.
Dedicado a la memoria del historiador y
crítico de cine usamericano David J. Skal, la única observación que opongo a Nosferatu: Una Sinfonía De Horror es que le siento mucho más colindante con la patafísica
versión protagonizada por Klaus Kinski (‘79). Es cierto que Herzog recrea la
macabra historia del pérfido monstruo rumano. No menos vero es que el director muniqués
nunca pretendió contar un relato de terror. El hálito de su Nosferatu indica
que otros eran sus horizontes (mismos que sigo sin dilucidar). Por algo se
subtitula ...Phantom Der Nacht, a diferencia del estreno de 1922, que
subtitulaba ...Eine Symphonie Des Grauens.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 1ero de julio de 2026.)
Se ha extinguido casi un trienio desde Isolde
EP, y Miyagi Pitcher aún no cumple con la promesa del nuevo álbum, cuyo nombre
ya entonces había sido anticipado debido a la supuesta inminencia de su
aparición (Petricor). En lugar suyo, Alexander Fabián ha subido nuevo
extended play, que ahora sí parece ser la antesala definitiva del sucesor de Ikigai
(生きがい) (‘22). Lo más
prudente tal vez sea no asegurarlo del todo, vista la paciencia con que se toma
las cosas el proyecto unipersonal otrora consagrado al vaporwave.
A propósito del género fundado por Macintosh
Plus y Laserdisc Visions, conviene recordar que los dos últimos EPs de MP -Gala
e Isolde- manifestaban una orientación voluble, coincidente con el
vaporwave sólo de manera momentánea. De hecho, Isolde EP proponía como
nuevo norte el dreampunk. Tal dirección ha sido parcialmente obviada en Geosmina
EP, donde convive con otras tantas, todas relacionadas por angas o por mangas
con las vanguardias de entresiglo. El extended empieza con “Pleroma”, surco de
electrónica sin codificar, saturada de ambient y perlada de dosis minúsculas de
IDM e indietrónica. Si sobreviven restos de vaporwave, lo hacen a niveles
subatómicos, imperceptibles.
Por lo demás, ello responde a la voluntad
expresa de Fabián, quien desde hace tiempo decidiera que el alias abandonase
esos predios. Empieza “Geosmina”, que alude al natural compuesto químico
producido por bacterias streptomyces, más o menos en las mismas coordenadas.
Pronto evidencia el canal formas embrionarias de síncopa digital. A despecho de
esa levísima espina dorsal rítmica, el tempo se dilata a placer, vagando sin
ruta estilística alguna. Se sostienen así hilos de continuidad respecto del
track anterior, plasmados en una mezcla de guiños y referencias agradable y
sosegada, pero ya visitada por otros nombres y aún por el propio marbete Pitcher.
Aunque algunos segmentos lucen un tanto más opacos que otros, el tema titular
es lo suficientemente diáfano como para no sobrecargarse nunca.
El proceso de ralentización finaliza con
“Modeh Aná”. Se prescinde de todo atisbo de beat, amplificándose de modo
inversamente proporcional los abiertos climas líquidos y aéreos de “Geosmina”.
Texturas ilimitadas que de tan vítreas se acercan muchísimo al catálogo de ambientaciones
de la new age más etérea. Así termina este EP, ofreciendo un otro soundtrack
con que escarbar en las zonas de la memoria en que imágenes y sonidos son
filtrados por pantallas de cristal esmerilado, difuminando rasgos y contornos
hasta semejar las lindes cambiantes de nuestros sueños más neblinosos.
Sí, todo lo paja que quieras. No obstante,
sigo pensando que esto mismo podría haberlo concretado cualquier otra de las
identidades que maneja el cofundador de Chip Musik, salvo Alcaloidë. Salvo
también, por supuesto, Miyagi Pitcher. Que aquí en el Perú exponentes de mall
soft o de future funk (o de dreampunk) no precisamente sobran, sino todo lo contrario.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 27 de mayo de 2026.)
Vuelvo a hablar en particular de Ives Ancieta Rojas después de muchísimo tiempo -ocho años, nada menos. (¿)Clausurada(?) su
etapa como Invisible Ambiente, el buen Ives reorientó baterías hacia la
electrónica post rave con incidencia en el ambient sinuosamente “étnico” de
Sandoz y sobre todo de The Future Sound Of London, en EP acreditado como Ivo aún
disponible para libre descarga desde los bytes de la azteca Bifronte Records (Formas
Hipnóticas). De allí en más, sólo ha tenido apariciones esporádicas; como en
los dos volúmenes (‘20 y ‘22) de Underground Junín, curados por el
colectivo Arte Sonoro, en los que ya se presentaba usando el a.k.a. de
Ivo Macross.
Ahora bajo el marbete de Macross Remix debuta
por tercera vez con otro EP, El Big Bang Del Universo. Más cerca del
mini-álbum, este título refrenda las coordenadas que trashuma Ancieta Rojas
tras su alejamiento de Chip Musik (hoy culminado), además de traer algunas
novedades respecto de la anterior entrega; aunque bien vistas no lo son tanto.
Me explico: ese futurismo orgánico que impulsaba el vuelo de Formas
Hipnóticas EP era menos una aproximación al rollo techno tribal de los
hermanos Cobain que una reelaboración del output sci-fi del que hace gala el bleep
techno de los 90s, y en menor medida la IDM. Sobre esa senda avanza Macross
Remix, postulando una cosmicidad abarrotada de alerones místicos no
siempre convincentes.
Desde la apertura epónima, el individualista
oroíno factura composiciones bleep de heterodoxo pelaje IDM/post IDM, próximas tanto
a la dialéctica del beat de un Speedy J como a la marcial abstracción
algorítmica de unos B12. En “En Tu Presencia” y en “Evay”, las secuenciaciones
han sido diluidas hasta descomponerse o casi, cediendo el testigo a espacios
abiertos surcados por sintetizadas tonalidades breves y chillonas, a líneas de bajo
tetradimensionales, a un pathos binario más permisivo en lo tocante a la
quietud contemplativa. Recién traspuestos los cuatro minutos de “Evay”, resurge
tímidamente una programación de tiempos moderados, que calza con esas voces
gregorianas que se dejan oír nada más iniciado el corte, aparentemente (re)sampleadas
del primer disco de Enigma (¿”Mea Culpa”?).
Aprovecho la alusión al olvidado proyecto
rumano-alemán para introducir la espinosa cuestión en torno al pensamiento religioso
que desprende el EP. En “El Big Bang Del Universo” escucho un fragmento
sampleado que dice “El hecho de que no comprenda todo de Dios, no hace que Dios
no exista”. La lógica más elemental me permite derribar sin esfuerzo esta
falacia, que presupone adrede el hecho mismo de la existencia de una inteligencia
divina. Ocurre otro tanto con “En Tu Presencia”, que repesca la performance de
quien parece ser un cantante “carismático”. Cuando menos desde hace tres siglos,
en el Arte la racionalidad teísta no suele llevarse bien con la científica o la
filosófica, salvo que la obra se asuma exactamente como lo que es (Dune),
en lugar de pretender transformarse en panfleto. El extended se ajusta más a
las características del segundo caso que a las del primero -de ahí mi
incomodidad.
“Genesis Remix” y “Viaje Interestelar”
completan el menú del extended. Padeciendo ambos el mismo laxo sideralismo
antes descrito, la recurrente pista vocal femenina del primero -versión
remozada del track cedido a Underground Junín Vol. 2- tiene un efecto
desencorsetador similar al que produce su par en “Halcyon + On + On” (Orbital),
rayos láser incluidos. El segundo flirtea fugazmente antes del minuto con el
drum’n’bass, sin que trascienda a mayores, inclinándose por una exhibición de
ese post IDM del que Ives ha echado mano continuamente. Iteración hipnótica y
minimalismo futurista con que redondear un tercer estreno artísticamente
llamativo, pero de convicciones espirituales que me han sabido insolventes.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 20 de mayo de 2026.)
Que la hija de Maryna Pastor y de Jorge Tafur
anda en llamas desde hace algún tiempo, es afirmación demostrada no sólo por la
generosa frecuencia con que vienen apareciendo nuevos trabajos suyos (uno en el
‘24, dos en el ‘25), sino también por la encomiable calidad de la música
liberada bajo esos recientes títulos. Para que no se pierda esta saludable
costumbre, a los pergaminos antes aludidos se les suma uno correspondiente al disco
estrenado por la joven compositora el pasado 10 de abril -y cuyos arte y concepto
han resultado ser más o menos desconcertantes.
Esto es, claro, teniendo en consideración
antecedentes como Willay Plancton (‘25) o Ultranatura (‘24). En
estos y otros registros, Maribel Tafur daba rienda suelta a una fascinación por
el ambient de humores hídricos, plasmada en una mirada más que próxima al medio
ambiente y/o la naturaleza. The Art Of Gastronomy señala desde su nombre
un interés por el arte culinario que nunca hubiera sospechado ha germinado en
el background vital de la limeña. He de admitir que esa inclinación me
sorprende mucho: siendo la gastronomía una disciplina consagrada en el campo de
las carreras profesionales, su importancia en el Perú ha sido magnificada de modo
tan ampuloso que ha acabado por convertirse en hype. ¿O me vas a negar que es
un poco/bastante jodido que nuestro país saque pecho asumiendo imagen de
tragaldabas ante la comunidad internacional?
Sin embargo, fuera de la denominación y del
arte de portada (primer plano de lo que parece ser una fogata rural), la directora de Intune no ha cambiado las herramientas que modelan su vocabulario y su
retórica. Es decir, aunque el concepto puede haberse reemplazado, las maneras
en que se le aborda no -salvo por un elemento de dosificada presencia, que
contrasta a la primera de bastos con la devoción hacia el Agua: el crepitar del
Fuego. Sus manifestaciones, empero, son contadas: apenas adornan aquellos temas
de The Art... en los que el conductor universal deja sentir su ausencia
(“Textural Alchemy”), y tienden espontáneamente al perfil bajo.
Este estado de la cuestión me hace reflexionar
sobre si la autora ha decidido prescindir de los efectos acuosos otrora
omnipresentes, atendiendo más a la pregonada experiencia gastronómica que a esa
mitigadamente circunstancial recurrencia al Fuego. Dichos efectos no escasean,
por supuesto, si bien se concretan en menores número y grado que antaño. En
“Arrival” y en “Origin And Transformation”, respectivamente apertura y clausura
del volumen, el Agua se halla tan presente como los incontables trinos de aves
canoras. Por lo demás, la música de Tafur Pastor sigue cobijándose bajo
interminables trazos ambientales salpicados de sonidos cooptados de la
cotidianeidad, elongaciones timbrales extrapoladas de géneros afines al ambient
como el bliss pop, brochazos texturales imbuidos de coloraciones invernales
(“Líquidos”).
Hay algo que se me ha hecho inasible en The Art Of Gastronomy. No sé si sea correcto ponerlo en las siguientes
palabras, pero corro el riesgo. El output de Maribel ha sobrepujado los
discretos niveles de glucosa que contemplaba anteriormente (las pistas gemelas
“Seasonal” y “The Art Of Gastronomy”). Ello ha agudizado las paradojas
arquitectónicas que sostienen construcciones como “Moment I” o “Botánica”. Su
melancolía ha adquirido connotaciones geórgicas, y su persistente bucolismo
ahora se hace dulce de sobrellevar, de modo que en el balance parece haber
arribado la artista a un limbo en fase zen. The Art... se ha convertido
en un punto focal que es a la vez único y múltiple, al que puedes echar una
sola mirada o todas las que quieras hasta cansarte. Probablemente sea ésa la
matriz del granulado sortilegio hipnótico de sus 34 etéreos minutos.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 4 de marzo de 2026.)
Ha transcurrido ya un tiempo considerable
desde que Asunción difundiese su tercer esfuerzo largo, Materiales Y Símbolos (‘22). En ese lapso de tres almanaques y un poco más, no recibí
mayores noticias del unipersonal de Cristian Sánchez, aunque sí de su
insurgencia como Irreales Del Monte junto a Antonio Aldunate. Y aunque razones
de índole personal ha de haber, pienso que la principal causa de ese silencio algo
prolongado se halla directamente relacionada a una etapa de cambios cuyo
objetivo ha sido renovar el rostro del seudónimo con miras a su cuarta entrega.
Ésta se ha revelado en diciembre pasado.
Desde el estreno en corto El Reino Mineral (Demo EP) (‘17), la obra de Asunción se ha nutrido de drone music, de ambient,
de psicodelia y sobre todo de kraut rock. La incidencia de este último
ingrediente, remarco, nunca se ha traducido en una aplastante presencia
hegemónica. En Levitaciones, que persiste abordando las mismas
variables, no sólo no se da esa eventualidad; sino que además al viejo kraut
teutón se le asignan roles secundarios todavía encomiables. Ello es
responsabilidad de un color recientemente añadido con firmeza a la paleta del santiaguino:
el bliss pop.
En retrospectiva, es curioso que no se le
hayan abierto las puertas antes, ya que por pathos y modus operandi ese
pariente del shoegazing calza a la perfección con el resto de variables. Los
resultados acompañan esta certidumbre. De inicio a fin, Levitaciones
reincide en la estética de sonoridades dilatadas que obedecen a compases
ignotos, en estilísticos leitmotivs mejor apreciados cuando experimentas
estados de placidez o de laxitud, en borrosas viñetas que atravesar
deleitosamente en posición horizontal. Asunción se la vuelve a jugar -y gana-
por la permanente ciclicidad del Sonido como torrente cuya faz es siempre la
misma y siempre otra. Un estuario en perpetuo avance hacia arriba y adelante,
contraviniendo principios elementales de física para elevarse hasta picos de ignífugas
atmósferas etéreas.
El bliss pop toma las riendas nada más
empezar “Anunciación De La Aurora”. Celestial, iterativo, de pocas variaciones
armónicas; marca el camino para “El Signo De Los Cisnes”, que debe ser el
primer track de Asunción en recurrir al uso de una (algo indescifrable)
programación velada. “Congregación Amapola” prefiere seguir los pasos de la
apertura, concentrando buena parte de las virtudes descritas hace unos
momentos. “El Vuelo Y La Vertiente” se acomoda a la inserción de un teclado percutado
que recuerda levemente al kraut, mientras es asaltado por gorjeos de aves
canoras. Y el cierre “Adiós A La Tierra Fría” enfatiza de nuevo los cósmicos
fulgores bliss que actualmente parecen atraer la mirada del capitalino.
Existen otras diferencias, más fáciles de
distinguir para quienes hemos escudriñado con detenimiento las rodajas del ex
El Diablo Es Un Magnífico. Si bien menores, de todas maneras significativas. La
consistencia incesante y ritual del drone ha menguado, circunstancia que se
invierte en el caso del ambient, por ejemplo. No obstante, el acabado final de Levitaciones
no se desentiende de lo mostrado por el músico en anteriores oportunidades. Excursión
pulcra y de posología contemplativa con que devorar nubes, cielos, estrellas, constelaciones.
Faltando menos de cinco días para la última nochebuena,
vio la luz Convergencia, artefacto de versiones con que diversos/as
artistas chilenos/as -magallánicos/as la mayoría de ellos/as- conmemoran los 30
años que en este ‘26 cumple Lluvia Ácida como dúo. Recuérdese a este respecto
que el alias comenzó a operar en 1991 en modalidad individual, en coordenadas
muy distintas a las que adoptaría bajo el formato de binomio, y que son
asimismo diferentes a aquellas en las que éste circula por lo menos desde hace cuatro
quinquenios.
Habida cuenta de la vasta andadura que la
dupla formada por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf ha concretado a la fecha,
sorprende que los catorce actos participantes de la jornada se enfoquen en sólo
cinco episodios discográficos. En orden cronológico, éstos son Simulación
(‘96), Hotel Kosmos (‘04), Kuluana (‘09), Zonas De Silencio
(‘15) y Puntarenazo (‘23). También sorprende que composiciones como
“Yagán”, “Los Títeres”, “Hotel Kosmos” y “Sol Verde” cuenten cada una con dos relecturas;
cuando el repertorio conjunto de los discos mencionados ofrece más de una
cincuentena de temas. En todo caso, la elección de cada involucrado ha sido
libre, según entiendo.
Conviven en Convergencia diversidad de
estilos. Para corroborar esta afirmación, basta comparar lo dispar que suenan
“Sol Verde” de Retrovoltaje y “Sol Verde” de Nave/Raw: mientras que el último
se sirve de una voz rasposa hasta la deformidad para remitirte a la
densidad/pesadez del primer industrial (fines de los 70s), su predecesor suena
a techno industrial de guitarras (principios de los 90s). O también “Hotel
Kosmos” de La Tensa Calma versus “Hotel Kosmos” de Interestellar: LTC horadando
neuronas con una punzada tridimensional que luego se transforma en trip hop,
Interestellar saltando del downtempo al breakbeat. O “Los Títeres” de Polaroid
Sound System y “Los Títeres” de Avenave: PSS en clave EBM de ligero tonelaje y
Avenave empuñando un robusto ambient synth orlado de dub.
Las posibilidades no se agotan allí. Los
Klasky! postulan una reinterpretación pop en onda lo fi de “Canto Muerto”, a
trasmano del pop apolíneo de Gabi Gómez y “Transpatagonia”. Preñado por electroacústicas
de genealogía andina, el groove del hip hop está representado por “Corta El
Viento” de Adrieta, en manifiesto contraste con la tosca ascendencia neoclásica
de “Universo Plano” de Nicolás Varas (que a partir de la mitad se enfunda en la
piel de un Jarre). Y cómo olvidarse del electrodub a centímetros del illbient
que ejecuta Frank Sinanthrax en “El Cabildo”, del instrumental trippy de
“Yagán” a cargo de DJ’ Hain, del ambient con accesos de soundscaping de Gio Foschino para su versión de “Río Seco”...
Los defectos ya han quedado acotados. Tres décadas
difícilmente pueden condensarse en un díptico, con mucha menos razón en un solo
volumen. Bajo el mismo criterio, se me hace equívoco repetir surcos, habiendo
tanto de dónde escoger. Todo esto pasa a segundo plano si se aquilatan los
motivos de fondo de este Convergencia, homenaje a una dilatada trayectoria y testimonio de la influencia que ejerce ésta no sólo sobre
creadores más próximos, sino también sobre el resto de sus connacionales. Que
sean muchos años más.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 28 de enero de 2026.)
LOS DISCOS PERUANOS DE 2025 QUE NO ALCANCÉ A
RESEÑAR (I)
Incluyendo esta bitácora, poquísimo es lo que
se ha escrito en medios peruchos sobre las andanzas de Christian Van Lacke.
Verdad que el músico es argentino y no vive/viene aquí sino ocasionalmente. A pesar de ello, sus conexiones con el país son muy fuertes -empezando por su
padre, Guillermo, bajista en el mítico estreno homónimo de Tarkus (‘72); y
terminando por el propio Christian, fundador de dos excelentes power trios en
el Perú, los tremebundos Tlön (‘08-‘12) y el efímero alias Tortuga. Créditos de
sobra para que la prensa especializada nacional le tenga de continuo en el
radar.
Mas éstos ocupan apenas un sector en el universo creativo del guitarrista. Junto a La Fauna, Van Lacke ha editado media
docena de títulos. En paralelo, se ha asociado con Carlos Vidal (La Ira De
Dios) y el histórico Walo Carrillo (Los Holy’s, Telegraph Avenue, Tarkus), con
Daniel Lugones (El Tinkazo, La Murga Guacha), con Kubero Díaz (La Cofradía De
La Flor Solar). Ha integrado además otros dos power trios con que revisita rutas
de pioneros de la talla de Color Humano e Invisible (Comeflor y Rompenubes). Todo
esto, mientras sostiene una trayectoria en solitario de ya cuatro episodios a
cuestas. Mogul, último lanzamiento por esa vía, es el que motiva estas palabras.
Al tener en cuenta los backgrounds de algunas
de sus experiencias anteriores, te formas naturalmente una imagen audiomental
de lo que cabe esperar cuando se trata de Van Lacke: folk en ácidos, blues
pesado, accesos esporádicos de prog y de kraut... Y sí, Mogul obtiene
sustento de esas especias, sólo que sin abusar. No vas a encontrar dentro suyo
quintillones de notas encapsuladas en medio minuto, ni despliegues obscenos de
virtuosismo estéril. La eléctrica de Christian se ve favorecida por una
digitación austera, lo bastante sobria como para que marche en diversidad de
registros sin metamorfosearse a niveles dramáticos.
En la spinettiana “Inútil Cementerio”, por
ejemplo, las cuerdas se engrosan como en ningún otro surco del esférico; sin desdibujarse
su aura de blues minimal. La ingrávida lisergia de pistas como “Crosby”, “Un
Color” o “Canción De Mene” luce aquietada merced a acordes folkies en el primer
caso -eclipsados ante el arribo de una inesperada percusión santanera- o a visos
de outlaw country en el tercero. Cuando más cerca anda de salirse del molde, la
guitarra prefiere asentarse y crecer con paciencia antes que desbocarse y
cubrir el horizonte. Así sucede en “LP” y en “Cosmovisión”: primos hermanos,
cada número toma distinto camino, siendo “LP” un desértico psych blues de intro
ragga que se le insinúa al stoner, y “Cosmovisión” un heavy folk que no se resuelve
a flirtear con el prog rock.
Dueño del sitial reclamado por el epílogo,
“Centro” es el único rato de Mogul en que Van Lacke te deja en offside. Cuestión
de contención no es: el track conjura blues, psicodelia y folk apertrechado de
la calma habitual en la rodaja. Pasa que, cerca de los tres minutos, el soporte
rítmico de “Centro” se catapulta insólitamente hacia dominios de un drum’n’bass
a media máquina. Como mínimo exótica, la mixtura es indicio de una laudable
apertura del bonaerense a géneros que ninguna relación tienen con su liga de
origen. Una razón más para empezar a devorar, sin prisas y consecutivamente, la
totalidad de su copiosa obra.
No he tenido conocimiento de la discográfica
catalana Zona Watusa hasta que recibí noticias de la eyección de un cassette atribuido
a la sociedad Uza.Zetangas, a través de dicha plataforma barcelonesa. La luz
verde fue concedida hacia la veintena de octubre último, y el aviso llegó a mi
inbox recién en la quincena de diciembre, por lo que se me hizo imposible
pautear algún comentario para lo que entonces restaba del ‘25. No hay plazo que
no se cumpla, ¿felizmente?, y ahora que estamos metidos/as de lleno en el ‘26
es tiempo de destinar a la referida cinta unos cuantos renglones.
Como habrás intuido, esta identidad nace de
la unión, o más bien reunión, entre los guitarristas Miguel Uza y Carlos García
a.k.a.Zetangas. Es lícito hablar de reunión toda vez que los músicos se
conocen hace más de un cuarto de siglo, y han tocado juntos en los recordados
Rayobac. Amén de tótems e influencias, los dos comparten una misma inquietud
por el Sonido. Esa coincidencia -especulo- probablemente diera lugar a ensayos
y quizá a algunas grabaciones conjuntas, que quién sabe si habrán sido objeto
de recuperación para el k-set, ya que las notas en BandCamp mencionan “...un
diálogo iniciado a inicios de los 2000 en Lima-Perú” (sic).
Ese diálogo es, por ende, el punto de partida
para lo expuesto en el tape epónimo de Uza.Zetangas. Un diálogo que tiene como
telón de fondo el after punk que brotase entre fines de los 70s y principios de
los 80s a ambos lados del Atlántico. Por el lado británico, tal vez me
equivoque al evocar a This Heat, Matt Johnson, algo de Television Personalities,
Swell Maps. Por el lado estadounidense, visiblemente se apunta hacia la
tradición guitarrorista que inaugurase la no wave en manos de gente como Glenn
Branca y afines, que heredasen los primeros Swans y sobre todo Sonic Youth.
Sin embargo, Uza.Zetangas no malgasta el tiempo
en recreaciones exactas, ni desperdicia la oportunidad en revivalismos facsimilares.
El dúo interpela este período de la música pop contemporánea valiéndose de una
estética ambiental que recurre mesuradamente a la iteración, cuando no al
drone. El resultado es un puñado de composiciones en el que las eléctricas se
desenvuelven interpretando el rol de elemento conductor sin codificación fija,
a la usanza del método que ha ejercitado Miguel en su evolución solista.
Secundan en modesto segundo plano los osciladores, la especialidad de Carlos, proporcionando
consistencia y brillo -lo que le lleva, a veces, a adelantarse a primeras filas
(“Crossroads Parte I”, “Finis Terrae”).
Al trasponer el punto medio y apresurarse
hacia su colofón, Uza.Zetangas abandona algunos pasajes al hechizo de
referentes surgidos en la orilla americana del charco. En concreto a partir de
“Intro #3”, empiezan a hacerse más frecuentes/audibles los trallazos
guitarrísticos, los ribetes cacofónicos, los accesos leves de ruido poluto (“La
Procesión De Las Velas”). Ecos de la vieja escuela neoyorkina que no habían
menudeado en la apolínea primera mitad del artefacto (“Preludios”, “Intro #1”,
“Kernel_Mode_Exception_Not_Handled”), pero que de todas maneras podías entrever
(la densa “Promesas Recursivas”, la ya mencionada “Finis Terrae”). Licencias de
una jornada ponderable, hecha a cuatro manos y entre dos urbes cosmopolitas -la
Ciudad Condal (Uza) y Estocolmo (García).
Me acostumbré tanto a la crudeza de Ruri
(Demo) EP, que tras el estreno formal de la agrupación en mayo del ‘25 no
me queda claro si debo considerar al extended en demodé o no. Razones evidentes
para una respuesta afirmativa no faltan: todo el contenido de Ruri (Demo)
EP ha sido recuperado para su puesta de largo, reinterpretado/regrabado y
adicionado a otras cuatro canciones de manufactura más reciente. La jugada se
caía de madura: no habiendo sido registrado el extended en condiciones técnicas
idóneas, la oportunidad pintaba para hacerle sujeto de un segundo debut.
Abren Chinchey dos cortes correspondientes
al nuevo repertorio, “Lastoner” y “No De Rutina Amor”, partícipes de ese airado
modern rock noventero del cual el cuarteto ya había dado pruebas rotundas.
También de la proteicidad con que Ruri puede hacer el quite y abalanzarse sobre
otras corrientes sonoras. De hecho “Lastoner” habrá recibido ese nombre gracias
a la proximidad con el género que ayudasen a forjar Queens Of The Stone Age o
Monster Magnet, sin olvidar la consabida dosis de ruido, ahora en una clave más
“ordenada”.
Tal es el problema con el que deberán lidiar
los/as antiguos/as fans de Ruri. El ruido insumiso que encarnase el noise rock
de los 80s, ése que hacía de Ruri (Demo) EP un breviario delicioso de
consumir, aflora en Chinchey reconducido e incluso domesticado.
Decantado. Musicalmente, no hay nada que reprochar: el álbum tiene punche,
actitud, potencia y frescura. Ganas de armar revuelta y de patear traseros,
también. Suena mucho mejor que su antecesor, y con todo algo se le ha quedado
en el camino. Ello plantea un escenario que no puedo verificar ya, pero que
el/la nuevo/a fan de la banda sí: ¿cambiaría la percepción de aquello que se ha
perdido, si se escucha antes esta placa?
Centrémonos en los tracks nuevos acerca de
los cuales no me he extendido. “No De Rutina Amor” le prende velas al rock
alternativo de los 90s y al grunge, regurgitando su angustia y su hastío a
punta de riffs límbicos y unas letras de sutil cariz cáustico. “No Hay Control”
accede a esa senda de cuando en cuando, reservando espacio asimismo para una
batería más en plan post punk. Y el telón abajo de “Seguir Eligiendo” rompe del
todo con el modern rock, sumergiéndose en una zona franca donde coinciden las
riot grrrls y las precursoras del after punk -heroínas unas y otras del
supermercado en llamas.
No hay mucho más que alegar a propósito de
las nuevas versiones de “Héroes Muertos”, “Fucking Teenagers”, “And I Try” y
“La Bomba”. Imponentemente remozadas, ahora corren acicateadas por esa
vitalidad que suministra una segunda primera vez, pero también por un progreso
sustancial de Yamile Olivas de cara al micrófono. No en pocos lances, su rango
vocal se sincroniza con el de Marianne Joan Elliott-Said (a) Poly Styrene, lo
que inevitablemente trae a la memoria a X-Ray Spex y a esa cualidad del viejo punk
rock que le permitía sobrecargar pilas. A los cuatro canales antedichos y a
todos los demás. Estupendo plástico de debut en regla, que me habría gustado
mucho más de no haber paladeado antes su puesta en corto.
Reaparece Café De Las Almas con un segundo
esfuerzo liberado para descarga gratuita desde SoundCloud el 28 de diciembre,
fecha en que la región celebra el Día de los Inocentes. Extraño curso de acción.
Por qué no esperar unos pocos días más para soltarlo en 2026, o en todo caso anticiparle
para no coincidir con esa “celebración”, es interrogante que le corresponde al
trío absolver. Muy pocas circunstancias, empero, se me antojan lo
suficientemente válidas como para justificar tamaña elección.
En relación al primerísimo Café De Las
Almas, Antihéroes opta por desentenderse casi totalmente de las
posiciones que tenía tomadas la terna en el pop mainstream local de los 90s y
de principios de la nueva centuria. Determinación plausible: si hay una veta
pop de la que todavía se pueden extractar valiosas lecciones, no es ésa. Es
más, el capítulo habría quedado mejor aún si el terceto se hubiera olvidado por
completo de minar en aquel intervalo temporal, encarpetándole definitivamente.
No ocurre ello, por lo que todavía hay que tolerar segmentos remilgosos como
los de “Antiparaíso”, “Vuelvo A Estar” o en mucha menor medida “Planetas
(B-612)”. Contados, menos mal.
Es notoria la intención de CDLA de jugársela
entera por el synth pop que dos de sus integrantes pusieran en práctica en los
días del proyecto anterior, Xplora. Los medios tiempos prístinos, las
ambientaciones de romanticismo sci-fi, las tonadillas pegajosas, los armazones
de ascendencia pop... Es como repasar tu colección de discos y recrear un viejo
manual de estilo: gotas de Yazoo, brochazos de Anything Box, cucharadas de
Heaven 17, préstamos de The Blue Nile. Una impronta no-tan-evidente asoma sublimada
por encima de las demás: la del New Order de Power, Corruption & Lies
(“Eterno Resplandor”) y de Low-Life (“Transparente”, “Tu Nombre Escrito
En El Agua”).
Entonces, si el pop mainstream de entresiglo
no ha sido extirpado del todo, ¿en qué maneras el menú de Antihéroes
supera al del predecesor? Muchas de sus piezas funcionan gracias a las
efectivas pulsaciones del secuenciador, a la discreta ejecución de una guitarra,
a los laboriosos arreglos de teclados. Ya presentes en Café De Las Almas,
estas características vienen ahora nimbadas de kilometraje. Acontece con “Aún”,
con “Maldad” (aunque el spoken word que le chantan es innecesario), con “Bala
Certera”, con “Catedral”. Podrían no haber destacado, como le sucede a “So”,
lastrada por el excesivo colorismo que le impone ese pop al que ya le dirigí
puyas hace dos párrafos. Felizmente, sólo se ve afectada esta última, además de
las ya aludidas “Vuelvo A Estar” y “Antiparaíso” (muy influenciadas por
“Somebody” de Depeche Mode, de los pocos canales del repertorio clásico de los
ingleses que no me agradan).
Había quedado en debe Café De Las Almas
en lo concerniente a las letras de sus canciones. Aquí se exhibe un nivel
similar. En algunas, sus formas son aceptables. En algunas otras, no resisten
el menor intento por desbrozarlas. Como asumo que Jacko-Iván-Melannie se hallan
en un proceso de depuración cuyo norte es el paradigma synth, proceso que se ve
reflejado en un mayor dominio de su input/output, las líricas deben saldar esa
deuda a la tercera -que sí o sí será la vencida.
UPDATE: Me indica Jacko que la fecha real de
lanzamiento de Antihéroes es el 27 de diciembre del ‘25. Consigno el
dato sin efectuar la corrección en el texto, porque hubiera implicado rehacer
el primer párrafo, cuyas arquitectura y fundamentación quedarían arruinada.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 24 de diciembre de 2025.)
Disponible para descarga gratuita el mismo
día que su melliza (...Panalytical), a la decimoséptima entrega de la
saga Lego la distinguen cierta paradoja en el plano estrictamente teorético,
la disposición a incluir más actos foráneos que los acogidos por su par, y la
constante inclinación de sus participantes hacia encuadres de nebulosa opacidad
o paisajes en los que todo vestigio de luz tiende a ser eclipsado -bien de
manera casual, bien de forma voluntaria. En efecto, la compilación es pródiga
en viñetas de sofocados destellos, circunstancia sobre la que volveré más
adelante.
El muestrario titula Lego 17: Diapasones.
Mi viejo Atilano Rancés, que se portó como bueno durante décadas, dice del
vocablo que es el “intervalo de una nota a la octava en la escala”, además de
“instrumento que sirve de regulador de voces o instrumentos”. Su uso coloquial
se refiere a la intensificación del tono vocal, complementa Google. Pocas, muy
pocas son las voces que se dejan escuchar en Lego 17..., de ahí que no
comprenda a fondo por qué se le ha bautizado de esa guisa. Por otro lado, la
carátula refleja sólo parcialmente esa estética borrosa y parda descrita en el
párrafo anterior: donde uno/a esperaría encontrar imágenes de tupida noche
cerrada, destaca una luna llena de tamaño proporcionalmente considerable.
Más de un tercio del esférico lo ocupan artistas
del exterior (sobre todo chilenos), evitando el saldo del track list reiteraciones
respecto de Lego 16: Panalytical, observancia no extendida a “la legión
extranjera”. De hecho, dos son las reincidencias: Pande-Dios y Trampaluz. La
intervención del primero se condice con ese folk semiacústico asociado al post
estadounidense que normalmente Mauro Rojas desgrana (“No Le Diga”), mientras
que al seudónimo de Fernando Arce debemos la pista más radiante de ...Diapasones
entre el segundo y el onceavo canal (el estratosférico post de “Presión
Parcial”). Añádase a éstos el susurrante hermetismo instrumental de “New Music
From Prairie Land” del dúo drone(neo)psicodélico Blackvegaluz y el dark pop
sintético de la joven romana Mylla Issues.
No ha de ser casual que la Issues se ubique
tan cerca de Rawa, en el colofón de la rodaja. El cuarteto de Gino Medrano, Michelle
Rodríguez, Emperatriz Choque y Johans Ángeles corre su acostumbrado darkwave en
“Eterna” metiendo harto punche pop. En la práctica, es el segmento más
accesible de un registro en el que imperan estampas en negativo de bliss pop
(“All Nite Awake” de Les Replicants), colisiones de ambient y trip hop (“Ormus”
de Polvos Azules), noise pop nocturnal (“Fui A Buscar” de El Cosmos), o post
punk que sueña con transformarse en dream pop (“En Soledad” de Domingo).
Imperan, sí. A pesar de su diversidad, en conjunto dan forma a esa aura
noctívaga y nictálope que preña Lego 17...
Pensar que es el cerúleo sonido de Puna, quienes
estrenan tema en versión embrionaria (“Garúa”), el encargado del
pistoletazo de salida. Siempre caminando entre el post rock y el shoegazing, al
final les puede la Distorsión, convirtiéndose Puna en una antorcha viviente. El
despegue resplandeciente que anunciaba una jornada llena de luz, prontamente ensombrecida
por la colectiva vibra casi preternatural de sus compañeros de viaje.
A principios de año, comentaba la reedición
que de un álbum de los centroandinos Monster -Lejos De Mi Ciudad-
acometiera en septiembre del ‘24 la escudería Dark Grave. Se trata de una
factoría especializada en el abanico de posibilidades existentes entre el viejo
dark ochentoso de ultratumba y el synth más glacial y cavernoso, con acceso
frecuente a crossovers y revivalismos muy posteriores en el Tiempo. Desde
entonces DG no ha cesado de publicar, por regla general en modalidad free
download, consagrándose recientemente a la recuperación de parte de la obra de
Zolar.
De entre los contados números-de-catálogo lanzados
hace poco y que trascienden el formato single, rescato Synthesis EP, de
DxTxM. Presumiblemente, es un unipersonal de alguien que firma como Delirium T,
en sintonía total con las constantes y variables que suele equilibrar el sello
en cuestión. El alias consigna algunos sencillos y remixes colgados en Internet
con anterioridad, en los que ya puede degustarse lo que su extended ¿debut?
ofrece con generosidad apenas mayor. Es decir, electro-gothic de base 8 susceptible
de metamorfosearse en darkwave, synth Hi-NRG y/o new wave de ciencia ficción.
Por supuesto, ésos no son los únicos marbetes
en que incurre el EP. Desde su “Intro”, Delirium T descerraja un output recio y
corpulento, con inflexiones que cabe calificar cuando menos de proto EBM. Se
percibe la tenaz ominosidad de una tormenta que se acerca pero nunca llega,
mientras secuencias y melodías se extreman en “Synthesis”, de arrestos a lo Leæther
Strip. El surco no muta en techno industrial debido al aligeramiento de la
ornamentación dantesca y apocalíptica que sí es norma en los daneses, aunque bien
poco le falta.
Synthesis EP se completa
gracias a “Parte Del Deseo” y “El Adiós”. En “Parte Del Deseo” convergen todas
las etiquetas, a medida que crece y se intensifica el imaginario sci-fi
evocado, al punto que las programaciones y la energía hipnótica de los
sintetizadores avanzan como custodiadas por futuristas rifles de plasma que
disparan sin descanso (cf. U.F.O. 1982). En “El Adiós” bajan considerablemente
las revoluciones, permitiendo la emergencia de sonoridades más en plan synth
90s, que venía percibiendo hacía rato -y que me recordaron bastante alBass State Coma (‘94) de Seven Red Seven: beats mecatrónicos y bajos muy
definidos para culminar un breviario de rítmica pro-industrial y pre-digital.
Desde Concepción, Junín, para el mundo.
Finalizaba septiembre cuando se publicó vía
Internet Ruy’ismo, documento sonoro panorámico que repesca material de
algunos de los proyectos más avezados inscritos en el rubro de la música
electrónica hecha en Arequipa y adláteres, salpimentado con algunas colaboraciones
de ascendencia francesa. Débese esto último, conjeturo, a que el disco fue
orquestado por el colectivo franco-peruano Ruido Marrón. Integrado por la
artista plástica mistiana Andrea Hurtado y los DJs galos Thomas Pereira y
Marine Huaman, RM organizó además una tocada en El Templo -Sáenz Peña 115,
ciudad de Arequipa- para la consabida presentación en directo.
La placa tiene por toda razón de ser
testimoniar la hora actual de la escena independiente electrónica rojinegra y afines. No existe otra intencionalidad que ésa, y las que se derivan de ella:
dar visibilidad a creadores que se mueven fuera de los medios masivos de
difusión sin tener en consideración la historia que cuentan éstos, sin prestar
atención más que a las dimensiones artísticas de los registros. Ésta es, por
ende, una empresa condenada al fracaso comercial. Siendo así, ¿qué otra razón
se necesita para prestarle atención sin demora?
Empecemos por los defectos, que no son muchos.
Ruy’ismo es larguísimo. Una edición física implicaría un díptico, al
exceder el contenido los 80 minutos. En principio, esta vastedad no sería
inconveniente, si no fuera porque hay gente aquí que no sé por qué está. El
caso más sangrante es el de Dionírico, mancuerna de corte pop noventero cuyo
“Abono Presidencial” ha sido grabado en vivo. Menos discutibles son los ingresos
de Molina.rar (“Cristal De Noche”) y de La Vie (“Drone I”), sobre todo el de
Diego Romero -ya que su repertorio suele aproximarse a los parámetros a que
obedece esta recopilación. Pero es obvio que lo de Dionírico sale sobrando por
donde se le sopese.
Muchos más son los aciertos. Entre los que no
he conocido con anterioridad, “Fukami”, el intenso ejercicio de IDM oscuro de
Samoht (acto de Pereira). También el tech house sospechosamente prog de
“Trópico De Cáncer” a cargo de Technopoetryk, el synth looperactivo de “Espina”
de Eclosión Sonora, el electro-house tribal de “ElOrigenDeLaVidaElOrigenDeLaMuerte”
por cuenta de R1ffm4n, y el cinemático ambient pop profético de “Nada Está
Inmóvil” de Dune (nom de guerre de Hurtado). Entre los que han sido
ampliamente difundidos en estos bytes, el omnívoro noise digital de NRA Ruido y
“Žarkoplavutarice”, el corrosivo glitch pop de Yume Station y “Mirage”, el
ruido sísmico e iterativo de Salome V.V y “Un Submarino”, y el clippeo
antinatural de L-Ror y “Unconditional Devices On Your Two Sides” (propio de
místicos virtuales y de médiums de la Quinta Dimensión).
En mi opinión, dos son los surcos que no
funcionan. Uno es “Yellow Heat” de Cholitx (identidad de Marine), resultón y
efectista a más no poder. El otro es “Noisillotrack01AGO” de Melibit. Su
síntesis de 8bit en clave naif no camina del todo durante la primera parte del
corte, pero para la segunda -de un total de 8 minutos y 47 segundos- ya se hace
insoportable.