jueves, 15 de febrero de 2024

Manongo Mujica: Ritual Sonoro Para Ruinas Circulares // The Spiracles: Between The Devil And The Deep Blue Sea EP // Chino Burga: Geografías Geométricas Vol. 3 // El Otro Infinito: Siempre Hay Aves EP

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de febrero de 2024.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (II)

Reseñando Territorio Del Eco: Experimentalismos Y Visiones De Lo Ancestral En El Perú (1975​-​1989) (‘21), señalé la contribución de Manongo Mujica -“Invocación”- como de lo más rescatable en el marco de una compilación floja y reiterativa. El asunto no quedó allí: del veterano percusionista, dije que era “...un músico excesivamente inflado para mi gusto”. No habiéndole apreciado en facetas más o menos ajenas a las del pop contemporáneo, desde que leí una entrevista suya en Somos el tipo me cayó re-quáker.

No me ha urgido la menor necesidad por desdecir esas palabras hasta ahora. Si bien Buh Records recuperó su Paisajes Sonoros (‘84) junto a Douglas Tarnawiecki, el LP se me hizo insufrible (acaso por una magra restauración del registro). Mucha mejor impresión me dejó Paracas Ritual (‘20), aunque ahí Mujica tampoco estaba solo (el noruego Terje Evensen fue invitado para la ocasión). Ritual Sonoro Para Ruinas Circulares, sin embargo, es otra cosa.

Publicado por Buh en noviembre, según la sumilla de presentación Ritual Sonoro... tiene su génesis en 1974, en una visita a las ruinas de Sechín. Posteriores inspecciones no sólo al complejo de Casma, sino también a otros similares, fueron moldeando la fascinación del hoy septuagenario por los desiertos de la costa norte peruana y los centros ceremoniales que allí resisten todavía el paso del Tiempo. El proyecto recién cobraría impulso tras la lectura de “Las Ruinas Circulares”, extraordinario cuento del inmortal Jorge Luis Borges integrado en Ficciones (1944).

Difícil comentar separadamente los asaltos de que se constituye el acetato. Casi todos entrelazados unos con otros, es más pertinente optar por la evaluación general. Una que pondere las grecas étnicas y tribales con que Mujica orla Ritual Sonoro... de principio a fin: tambores ceremoniales, vientos rituales, dramáticas cuerdas sublimadas (“Descubriendo El Sonido Del Paisaje Del Norte”), sonidos de la naturaleza asimilados y reposicionados (el canto de la cuculí de “Ritual De Escucha Circular”, el océano muriendo en la playa de “Obertura Para Las Aldas”)...

El opus no alcanza los cuarenta minutos y ése es otro acierto que se agradece. Casi concebido como tour de force y circunscrito a un detallismo de monocromático talante, no requiere el hipnótico influjo de RSPRC extenderse más allá de lo justo. Mantener ese logrado clima mezcla de misterio, desolación, majestuosidad y asombro; no es tarea fácil cuando se tienen por herramientas un jembe y cellos, congas y un cajón, un hang drum y sonajeros, así como ocasionales sonoridades electrónicas de austera decoración ambient (cortesía otra vez de Evensen).

Me sigue cayendo pesado Manongo Mujica, si bien ya no como antes. Al menos he dejado de pensar que es un músico excesivamente inflado. Bueno, un poquito quizá.

Retorna The Spiracles a la palestra a través de un breve muestrario que repesca material en formato simple eyectado a lo largo del ‘23, así como “Suburbios” -su celebrado sencillo del ‘22- y dos nuevas tomas de canciones no tan nuevas. Colgado el primero de diciembre, Between The Devil And The Deep Blue Sea EP remata de esta guisa esa suerte de espiral que ha llevado al grupo por las rutas del shoegazing, del indie y del pop a secas; recalando (¿finalmente?) en remanso equidistante desde el cual alimentarse por igual de esas fuentes.

Dada su índole recopilatoria, no es menester subrayar ningún concepto detrás, aunque sí cierta homogeneidad -e incluso guiños varios quién sabe cuán intencionales. Abre el extended “The Runaway”, 45 rpm virtual lanzado el último 28 de abril, en sociedad con Phoebe Condos (Mar De Copas). Sin ñisca de distorsión, la ascendencia de “The Runaway” es esencialmente pop, con evidentes vasos comunicantes hacia su igual de los 80s -y hasta remanentes de éste que ganaron la madurez en el curso de los primeros años de la década subsiguiente (léase The Ocean Blue). De relegada presencia en “The Runaway”, los delays y reverbs son más frecuentes en “Rainfoxes”, al alimón con la estonia Possimiste, residente en Islandia y cultora de eminente pedigrí etéreo: la melancolía pop del baggy inunda el single, lo mismo que la delicadeza del indie más diáfano facturado en este siglo.

De ”Suburbios Raros” y el concurso de la italo-chilena Sabina Odone (ex Supernova), ya he hablado anteriormente, por lo que te remito a la reseña correspondiente -sólo añadir que va muy en la línea de “Rainfoxes”. Sin mediar indicación alguna, “If I Let Go” se abre paso en el extended como la lectura definitiva del demo liberado en abril del ‘17: basta comparar ambas versiones para darse cuenta de ello. “If I...” muestra mucha más elasticidad que sus pares en cuanto al tempo, y una mayor decisión de aprovechar el pantone del dream pop, como lo compruebas al saborear su agridulce sabor (algo así como el lado “sad” de Swallow enyuntado a la reciedumbre de  Chapterhouse).  Rubrican el surco  las  magníficas  vocales  de Romina Roggero -quien siempre me ha parecido una tremendísima cantante, desde los días en que la manyé en Dispositivo Sueños.

Finaliza el EP una remezcla de “Almost Everything” a cargo de Juan Esquivel a.k.a. Nolag, quien ya ha hecho lo propio con varias creaciones del ahora dúo fundado por Luis Alberto Rodríguez y Enrique Medina. En realidad nunca presentada su toma final, ya habíamos escuchado un ‘Alternate Mix’ del track interpretado por Aracelli Fernández. Nolag le da cierto realce a este despliegue shoegazing de énfasis pop y dotado de una ágil percusión digital. Todo muy bien. Sólo que aguardamos hace rato un largo verdaderamente nuevo -como se suele decir, “con todas las de la ley”- de The Spiracles. La espera ya se está tornando plomífera.

Originalmente planificado para marzo del ‘24, Miguel Ángel Burga adelantó el tercer tomo de su saga ‘Geografías Geométricas’ para el penúltimo día del ‘23. Aunque las razones de este apremio no han sido explicitadas, éstas saltan a la vista: bajar el telón de aquello que desde un inicio se concibió como trilogía, y hacerlo en el curso de un año. Honra así el experimentado músico la palabra empeñada a la alemana Midira Records, que dispone todas las partes del tríptico en modo free download.

Con el apu Huarán (2925 m.s.n.m.) dominando la portada, Geografías Geométricas Vol. 3 comporta una pequeña pero importante mutación respecto de sus dos predecesores. Como antes, la guitarra conserva la hegemonía en el taller de artesanías ambient desde el que Burga ha labrado y montado estos subterfugios aurales de bifrontismo plutónico-sideral. En tal sentido, las leguas de travesía adornadas de ingrávidos motivos geogónicos no sugieren ninguna metamorfosis que encumbre a ”Transmutación Del Sol”, “Eterno” o “Transmutación Al Sol” por encima de sus ascendientes.

No obstante, las tres paradas del CD han sido socavadas por imperturbables programaciones de variopinto tempo, al punto de hacer surgir en todo el vastísimo repertorio de Miguel Ángel las primeras composiciones con las que se podría uno/a arriesgar a mover un poco el cuerpo -opinión que el propio limeño aventura. Dicha modificación practicada, se verá más adelante, complota para redefinir más o menos drásticamente el imaginario invocado por ...Vol. 3.

En “Transmutación Del Sol”, por ejemplo, las secuenciaciones irrumpen en estado embrionario antes de los dos minutos. Para los cuatro, ya han germinado y desarrollado, nimbando al round de sabor a vieja electrónica bruscamente actualizada. Ello, a pesar de cada tanto contener dichas síncopas estructuradas la respiración algunos segundos. En “Transmutación Al Sol”, por contraste, un ritmo más sosegado y constante puede reclamarle a la memoria los días inmediatamente posteriores al nacimiento de la IDM; cuando ésta apenas si daba sus titubeantes primeros pasos.

“Eterno”, en tanto, reconduce los tempos de su percusión sintética hacia las revoluciones de “Transmutación Del Sol”. Conforme el latido se afianza, se siente un cierto acercamiento al techno. Acaso por su “brevedad” -siete minutos, contra los 17 y 21 de sus antecesores-, aquí se constata cuán decisivo es el empleo de programaciones maquinales para trastocar por completo el semblante de pistas que no difieren mucho de las propuestas en los anteriores volúmenes, cómo alcanza éste a modificar la percepción e incluso alterar las imágenes que la mente hace comparecer a su estímulo. Conceptos de astrofísica como “filamento cuántico” y el teórico de “cuerda planetaria” reemplazan a las impresiones sísmicas y orográficas de ...Vol 2 y ...Vol 1; renovando aires, vapores y humores en la entrega final de la tríada geográfico-geométrica de Burga.

Costumbre instaurada hace algunos años, Alfonso Noriega edita nuevo EP nada más trasponer la veintena de diciembre, a 72 horas de la Nochebuena. No es, por ende, una sorpresa que El Otro Infinito diga presente a poco de cerrarse el almanaque; pero sí que lo haya hecho con un trabajo que le mereció ser admitido en más de un recuento anual, a pesar de saltar al gramado en los que vendrían a considerarse “los minutos de descuento”. Máxime si ha rankeado en listas generales, por encima de su condición de extended.

Los cuatro canales de Siempre Hay Aves EP renuevan el rostro de un unipersonal que trashuma los caminos de la electrónica cosecha 90s más próximos a la pura expresión estética. Suelen ser éstos muy abstractos y tender hacia fisionomías impertérritas, por lo que cortes como “Cuando No Estás”, “Abril” y “13D10” pueden saludarse como inyección de vitalidad que dota a EOI de unas emotividad y calidez prácticamente inéditas en su background.

Empieza el viaje “Abril”, cuya aguja imantada apunta como siempre hacia territorios post IDM. A despecho de un primer minuto sin mayores variantes, en adelante esa electrónica un tanto parca se enciende hasta iluminar el firmamento merced a su ultrasensitiva melodía llena de sentimiento y emoción. Esto, sin abordar discursos digitales igual de conmovedores como la indietrónica. Pistoletazo de salida semejante posee “Cuando No Estás” en lo que atañe a coloración, aunque el insólito ingreso de una guitarra acústica y la pulcra voz de Andrea Halley -quien ya ha colaborado antes con el surcano en su EP del ‘22, No Nos Rendimos- rompe el hechizo y catapulta a Noriega ahora sí por derroteros afines al género de Lali Puna y de Dntel, sobre una controlada secuencia de potentes beats.

Inicia la declinación del extended “13D10” y su minimal despegue de visos intencionalmente rudimentarios. Esa disparidad produce un agradable efecto vintage, sin abandonar el filo cálido y apacible que Alfonso ha impreso sobre el EP. Después de un rato, “13D10” se ve engullido por lo que parecen cientos de overdubs practicados desde los teclados y la consola de programaciones. En lindes paralelos discurre “Volver A Cero” en cuanto a la rusticidad, esta vez de la secuencia rítmica. Su ornamentación brilla, así y todo, al pasar el ritmo a segundos planos ante la preeminencia de la guitarra de palo, con esa flama de encendidos efluvios violáceos que expele todo el esférico.

Excelente extended que sumar a la discografía asaz fecunda de El Otro Infinito, que recién en este ‘24 cumplirá su primera década de existencia artístico-resiliente. Un corto que ha contado con colaboradores de lujo -empezando por Nolag en masterización, pasando por Rolando Apolo en el arte de portada y la ya mencionada Andrea Halley, y terminando por el gran Mario Silvania, artífice de la prodigiosa realidad virtual que erige en torno Siempre Hay Aves EP (el productor, en cristiano). Difunde Chip Musik.

Hákim de Merv

jueves, 8 de febrero de 2024

Paradigmas Frecuenciales (I) // Pay: Apariencias EP // Fiorella16: Thanatology For Young Ladies // Novalima: La Danza (Pt. 1) / La Danza (Pt. 2)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 31 de enero de 2024.)

LOS DISCOS PERUANOS DE 2023 QUE NO ALCANCÉ A RESEÑAR (I)

En cortísimo lapso de tiempo (básicamente el último trimestre), Chip Musik estrenó el año pasado nueva línea de lanzamientos que aditar a la de ‘Transmisores’ y a la ya clásica de ‘Legos’. ‘Paradigmas Frecuenciales’ es la denominación que recibe la bisoña ristra, armada un poco sobre la marcha, o al menos así luce dadas las inusuales características formales que a día de hoy la definen.

Etiquetada como single, la primera entrega irrumpe el 12 de octubre. Leyendo la nota interna de BandCamp, la independiente le presenta como split, lo que es confirmado por las participaciones de Ionaxs, Trampaluz y Miyagi Pitcher. Pongo en entredicho hablar de un split single o un three-way single, empero, ya que Paradigmas Frecuenciales (I) sobrepuja la cota de los 20 minutos.

¿Cómo categorizar, pues, este título colgado por Chip para libre descarga? Hago a un lado esa discusión, enfocándome de lleno en el contenido. Éste empieza a revelarse vía “Cortando El Lazo En Paz” de Trampaluz, acto santiaguino que previamente ha brindado muchas demostraciones de un solvente post rock expansivo hacia comarcas colindantes como la electrónica de avanzada, el bliss pop/out y la drone music. La melodía de “Cortando...” florece entre bullentes secuencias aleatorias de nervioso movimiento, prontamente opacada por el pulso seco e intransigente de una percusión artificial. Acaba ésta por mimetizarse, redituando la sensación general de estar observando el avance de flujos de lava a través de lentes microscópicos (si tal cosa es posible).

Sin el peso/anclaje que suponen las texturas envolventes asociadas al campo de la experimentación sonora, “Meissa” de Miyagi Pitcher prescinde igualmente de cualquier patrón rítmico evidente. Su utópica arquitectura ambient se despliega indesmayable, lo mismo que la campaneante reverberación de su sinuosamente circular leit-motiv, evocando (¿mejores?) mundos post humanos de ciencia-ficción y erigiéndose como el exacto reverso de “Cortando El Lazo En Paz”. Tan es así, que por momentos me hizo recordar las fábulas futuristas soñadas por The Future Sound Of London en los pasajes más atmosféricos de su monumental doble Lifeforms (1994).

Finaliza “Cianotipia” esta primera muestra de ‘Paradigmas Frecuenciales’, a modo de práctica síntesis. Para ello, Ionaxs se encumbra hacia las armonías volátiles del shoegazing y del bliss pop, como ha hecho en sus trabajos personales liberados durante el ’23 (Antotipia EP y Portrait In The Postcard), atravesando densos bancos de neblinoso éter gracias a la delicada orfebrería electrónica que enhebra intermitentes esquirlas de nutrido miniaturismo noise y silencios que no pasan por tales. Curioso diseño para una composición que alude a la vieja técnica artística de obtener negativos fotográficos en gama azul prusiano.

La segunda entrega de ‘Paradigmas Frecuenciales’, publicada el 14 de diciembre, en otra oportunidad.

Existe un punto común entre las circunstancias bajo las que conocí a Panoptia y a Pay, a partir del cual ocurre cierto paralelismo en sendas historias. A la obra del primero llegué a fines del ‘22 (no recuerdo por medio de qué cortocircuito), y a la del segundo a fines del ‘23. Esta última ocasión se da gracias a Julio Guillén Serrano, responsable de Panoptia y miembro de Pay. Tras revisar grosso modo las hojas de vida de ambos alias, tomo consciencia de sus respectivas longevidades: Pay chunta el epónimo debut en septiembre del ‘04, mientras que lo propio hace Panoptia en junio del ‘16. Es decir, no son neófitos. Hasta aquí nomás, por desgracia, las correspondencias.

Si bien no me hallo tan familiarizado con la discografía de Pay como con la del unipersonal de Guillén Serrano, sí le he dado varias vueltas a Apariencias EP, y debo decir que no me ha resultado atractivo en lo más mínimo -a diferencia de la ejemplar andadura de Panoptia. Sin el apremio de aludir a evolución alguna, cosa que como acabo de dejar sentado no me consta, la música de Pay es de lo más básica y superficial. El pop rock que elige cultivar sólo tiene de ello la piel. Cero riesgo, cero actitud, cero crudeza. Al menos aquí, la dupla integrada por Daniel Casave -voz y coros, guitarra, teclado- y Julio -teba, teclado, guitarra, voz y coros-, secundada por Rolando Del Carpio en bajo y eléctrica (el “Rula” de Los Resortes); no muestra ni el instinto ni mucho el alma que cabría esperar de una agrupación devota a esas coordenadas.

Y no es que no sepan tocar. Sucede que las canciones de Apariencias EP son de una construcción demasiado elemental. No encuentro en todo el extended el menor intento por arriesgar más allá del estereotipo extractado al sonido escogido. Esto habla de un dúo/trío que no sabe qué hacer con las habilidades que tiene, y opta por ir siempre a lo seguro. Quizá se plantean salir (apenas) del molde en “Sueños Cuervos” y en “Para James”, pero aún cuando se puede ser indulgente con el primero, el segundo no pasa de amago punk empeñado en quemar amplificadores (otra cosa es que lo logren), hasta que sueltan la pachotada “Dispuestos A Morir/Pero De Risa”. Si vas a ser así de primario/a, lo menos que se te puede exigir es que ardas en cuerpo y espíritu con cada martillazo que descerrajes.

En cuanto a letras, releo la nota de prensa y no sé si soy yo el que no ha podido sintonizar (por viejo), o si es que esta gente vive en una realidad alterna. De líneas muy discretas como las de “Estoy Jodido” y “Ninguna Por Ti”, Pay pasa a estrellarse contra el piso garrapateando textos que me retrotraen a los disfuerzos noventeros de los sobrevivientes mainstream del decenio anterior (“Apariencias”). Un nivel francamente pobre.

No soy muy partidario de demoler una banda hasta los cimientos, pero aquí no veo/escucho por dónde salvar lo mostrado. Zancada en recontrafalso, la de Pay, en el mejor de los casos -ahora mismo me allano a devorar sus referencias precedentes, para confirmar o desechar mis dudas.

Cuando se extinguía noviembre último, arribaron noticias de un nuevo álbum acreditado a Fiorella16. No figuraba éste en el BandCamp del individualista arequipeño José María Málaga, sino en el de la escudería canadiense We, Here And Now! -que se define como especializada en sonidos de rizoma doom, psych y audioexperimental. No es esto, sin embargo, lo que más llamaba la atención. La info provista por la rodaja indicaba que el material de que ésta se componía fechaba entre el ‘14 y el ‘21, razón por la que terminaba algo mermada su condición de “brand new”.

Corroboro la veracidad de lo anotado por Málaga en cuanto a la vetustez de algunas partes de este mosaico. “Gloomy Sunday”, uno de los dos temas no firmados por el mistiano (el otro es “Canción De Cuna Para Abortos”, de los mexicanos La Función De Repulsa), me fue enviado por el músico hará cosa de una década atrás. Lo he conservado en mi PC hasta que verifiqué que era el mismo número incluido en Thanatology For Young Ladies, tras de lo cual acabó en la papelera de reciclaje. Rubrico aquí constancia, por ende, de la exactitud del intervalo señalado en lo tocante a su límite más lejano.

Me remito a Tales In Deep Noise Saturation (‘20, editado también en Norteamérica), último Fiorella16 que escuché (no sabía del Inertrice EP sino hasta el preciso minuto en que tipeo estas palabras), para confrontar Thanatology For Young Ladies. Un plástico bastante más corto que el de hace cuatro años (apenas 40 minutos vs. los más de 80 de Tales...). Es, asimismo, más copioso (16 canales contra los 6 del ...Noise Saturation). De ello se infiere que muchos de los cortes de Thanatology... son, si cabe, algo más que fracciones/pedazos/cachos: tres de ellos no superan el minuto de extensión, y sólo dos se arriesgan más allá de los cuatro.

Ergo, ¿qué decir del CD? Sus colores son los que, de un tiempo a esta parte, conserva siempre a la mano José María en la paleta: noise analógico-binario, ambient en su acepción más arisca/indócil/insociable, drone zombificado, lo que de terrorífico surrealismo puede ofrecer aún la psicodelia... Aunque ello es una (re)afirmación de intenciones respecto de Tales In Deep Noise Saturation, también puede interpretarse como negación definitiva de aquello que asumo no volverá a entrar en el horizonte del seudónimo. Qué lectura es la correcta, o si lo son las dos, sólo el futuro lo dirá.

En cuanto a su metafísica, el acento se ha recargado en las cualidades ungidas por las últimas vanguardias del siglo XX. A despecho de un Ruido que tiende a transfigurarse/exhibirse poliédrico (“Calle Panteón”), éste es esencialmente monocorde, duro, sólido. Pese a que algunos ecos resultantes de los espacios cerrados dibujados por la música de TFYL hablan de oscuridad no fúnebre (“Bardo”), ejemplos de lo contrario pululan a todo lo ancho del volumen, llegando a ratos a estratos macabros y bastante creepies (“El Boohoo”). No necesariamente un defecto, la tosquedad en el acabado acústico de las viñetas refuerza la percepción y la sensación de iteración (“I Shall Be Late”), de un primitivismo aplastantemente dionisíaco (“Las Willis”), si acaso dos o tres veces apolíneo (“...Y Todo Para No Encontrarte”, “Última Letanía”). En resumen, experiencia poco recomendable si nunca te has atrevido a merodear los auténticos extramuros de la música pop contemporánea.

Cuánto tiempo se tomó Novalima para dar lugar a su séptima placa, que ha tenido a bien presentar en insólito formato bipartito. La Danza (Pt. 1) se hizo pública en junio, en tanto La Danza (Pt. 2) se colgó a fines de octubre. A santo de qué se produjo esta segmentación, la alineación no ha dicho ni pío. A mí me recordó, por analogía, los dos tramos en que se ‘estrenaban’ hace años las nuevas temporadas de The Walking Dead, mediando entre ellos la famosa pausa de “mid-season”. Tampoco a esa jugada le encontraba justificación, déjame decirte.

A propósito de Ch’usay (2018), cerraba un corto comentario mío indicando que quizá Novalima se encontraba en una encrucijada: “...enrielarse definitivamente hacia el afro, acometiendo para ello un importante salto evolutivo que le(s) transforme, o hacerlo mutar a través del componente electrónico”. Luego de un lustro, se verifica lo segundo. Si en ambas secciones de La Danza se han encartado sampleos de música afroperuana tradicional, éstos son infinitesimales, y por ende accesorios del todo. El repertorio de once piezas asoma completamente nuevo, aupado por colaboraciones como las de La Dame Blanche, Pablo Watusi o Hit La Rosa.

Es notorio que el sexteto ha realizado un esfuerzo constante por permanecer permeable a diversas influencias convergentes al gen afroperuano, manteniendo a éste como la fuerza preponderante alrededor de la que se vertebran los procesos creativos. Preponderante, no omnipresente: no siempre son el golpe de cajón o el rechinar de la quijada de burro los que acaparan primeros planos, sino que cumplen más la misión de cohesionar las distintas fusiones maniobradas por Novalima en cada canción.

La primera escucha de “El Tiempo”, verbigracia, casi me produce un soponcio. La segunda, en cambio, reveló que se trataba de un brioso y grácil dancehall antes que de un funesto reggaetón. La sección conformada por “Palenque”, “Canto Del Agua”, “Amanecer” y “Aquí Y Ahora” es todavía más reveladora; con exquisitos indicios de un mestizaje abierto: “Palenque” y su notable ejercicio de percusión afrocaribeña, “Canto Del Agua” y su roots reggae estilizado, “Amanecer” y su tenue coqueteo con el sandunguero candombe, “Aquí Y Ahora” y su potente crisol lleno de color.

Otros paradigmas igual de remarcables son el sutil afrobeat de “Pura” -muy en la onda de “Coba Guarango”- o la intersección entre estoque jamaiquino y sublimados bronces centroandinos de “Nación”. Ninguno de ellos, o de los anteriormente aludidos, oblitera las muestras de ¿”purismo”? que válidamente se permiten todavía insertar Pérez Prieto/Del Solar/Morales/Montesinos/Guerrero/Álvarez, como “Hatajo” y “La Danza”. Todos, eso sí, ponen de relieve el tino con que el sendero a transitar fue escogido. El otro, el de centrarse en la afroperuanidad, queda para exponentes como los Ballumbrosio o los tremendos Perkutao.

Hákim de Merv

jueves, 28 de diciembre de 2023

Mongo No Stars: Lowlitio // Alunaki: Alunaki // Ionaxs: Antotipia EP / Portrait In The Postcard

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de diciembre de 2023.)

Tras la impresionante entrada que le significó Neofhyte Miscellanea, coronándose en mi opinión como mejor largo nacional de 2021, le ha tomado un par de años a Mongo No Stars reintegrarse a la carrera en que participan las agrupaciones independientes de nuestro siempre vilipendiado Perú. No a esa carrera por competir entre sí para ver quién llega primero a diciembre, ciertamente, sino a una de mucho más largo aliento y complejidad -aquella en pos de la constancia y de la sostenibilidad estéticas. No se trata ahora, pues, de cortar nuevamente rabo y orejas.

Así las cosas, ¿qué ha pretendido hacer el anónimo músico parapetado tras las siglas MNS con Lowlitio? Lo primero que podría argüir es que ha pugnado por implementar una deconstrucción del propio debut. ¿Con qué propósito? Ni idea. Tal cual sucediese en ...Miscellanea, el prologal “Endless Fray” falla como antesala de aquello de lo que se ocupa este segundo capítulo: techno beat, ambient, avant garde en clave de new glitch, piano de inspiración clásica... No todos esos sonidos lograrán continuación en el resto del trip, y los que sí, verán constantemente trastocadas sus proporciones.

En consecuencia, Mongo No Stars vuelve a entonarse con una segunda pista. El acid house de “The Brain Of Our Species”, próximo a convertirse en IDM cristalino gracias a hardware de barroquismo Hi-NRG, recupera el output primigenio del proyecto (al cual todos/as éramos afectos/as). Este ímpetu, empero, se da de narices con el de “Untitled A”; construido sobre bases synth próximas a mutar en proto new beat o EBM, e inoculadas de house y de techno. No son extrañas al alias estas sonoridades, pero aquí lucen excesivamente esquematizadas, sin el protagonismo de las variables presentes durante Neofhyte... -y que hacían de éste un exquisito cóctel báquico.

A partir de “Shark”, Lowlitio encuentra un poco más de orden. Bifronte, qué remedio. En una esquina, canales que se apegan más a la EBM que a la IDM, sin adaptarse del todo a la consabida tímbrica distópica de la primera: el notorio acento tribal de “Shark”, el reverso que le supone el cerebral “La Mente Es Un Cubo”, el ulterior “Sad Ocean Song”, el ominoso maquinalismo de “Untitled 23”. En otra esquina, creaciones que se sienten más cómodas a la vera de la IDM que a la de la EBM, sin renunciar a la permisividad respecto de la segunda: la dionisíaca “Pill Time For Locos II Remix” (que emula los “riffs sintéticos” del soundtrack de The Terminator), la heterodoxia Warp de “Let Rat Eat Each Other” (con extra de sutil ¿techno trax?), la ya mencionada “The Brain...”.

Los dos vértices restantes del cuadrilátero se reservan para sendos surcos que no se ajustan a ninguno de los perfiles antes explicitados. El más atípico resulta siendo el de programaciones y tesitura claramente rocktrónicas, big beat en regla que ya podría haber firmado Theremyn_4: “Tigh Rope”. No menos sorprendente es el otro, el único de toda la travesía que obtiene plausible equilibrio oponiendo su herencia new beat a su contraparte intelligent techno: “Essen”, el híbrido soñado.

Artefacto extraño este Lowlitio. Aunque se robustece de los mismos nutrientes que NM, se le siente... No, ES más disperso y desordenado que su antecesor, del que se echa de menos la primorosa cohesión exhibida y el sentido del timing. Si le alcanza, débese principalmente a dos peculiaridades: la colección de sampleos que acredita Mongo No Stars (Reservoir Dogs en “Untitled 23” y Scarface en “Pill Time...” los más reconocibles, ambos curiosamente gansteriles referencias cinéfilas) y el hecho de tener todos los tracks un desenlace apresuradamente brumoso.

Era un reto tomado de manera muy personal por Raúl Begazo publicar, antes de que acabe el ‘23, un tercer episodio de su unipersonal Alunaki. Contra viento y marea, éste aparece disponible online el 11 de noviembre, exponiendo algunos puntos flacos en cuanto a forma y a contenido. De lo último puede dar fe la performance del arequipeño como cantante: siendo “Flores De Cáctus” (sic) el prototipo más acabado de la modulación vocal a que debe aspirar, en el resto de sus pares no-instrumentales la voz trasgrede el canon que a ella reserva el shoegazing.

Y en lo que atañe a la forma, la fotografía del álbum luce un tanto opaca. No es éste, impecable, el que presenta problemas, sino su aspecto: por mucho que los números hayan sido esmeradamente construidos, e insuflados de un brillo augusto, no puedo evitar sentir un tamiz entre ellos y yo -como si se hubiese añadido interpuesta una capa de jaspe, que impide a la epónima rodaja refulgir como debiera.

Finalicé el penúltimo párrafo aludiendo al género de Slowdive y de Medicine. Formulados ya mis reparos para con Alunaki, debo añadir que éste se zurra en todas las predicciones habidas y por haber. A inicios del año, en comentario algo tardío dedicado a Sueño Ameba, descartaba cualquier posible vuelta en U para esta faceta de Raúl. Nueve meses después, el mistiano me cierra la boca regresando a las cuencas que recorriese en su primerísimo Telescopio. O mejor dicho, a la principal de ellas. Queda de lado, entonces, el tripgaze que momentáneamente rozó SA.

Plus: es en el dream pop donde al pundonoroso guitarrista se le siente como pez en el agua. Abre la carrera “Misantropía”, con una eléctrica incandescente y ululante que inequívocamente remite al baggy clásico -y en muchísima menor medida al post punk. Aunque otros rounds del CD van en la misma senda, en ninguno de ellos reeditan las seis cuerdas la brutal intensidad del arranque, si bien consiguen éstos emulsionar apropiadamente la fórmula ruido + melodía. Uno de ellos es “WiGa”, de tesitura bastante más reposada debido a la implementación de dosis precisas de templanza y de melancolía: sus facciones cogitabundas me hacen pensar en Half String y el arte que éstos cultivaron gracias a la cualidad espectral que emanaba de sus puentes. Otro arquetipo de aplicado apego al ruido angélico de arte y ensayo es “Tu Luz”, viñeta de resplandecientes crepúsculos ensangrentados. Y una tercera muestra es “Flores De Cáctus”, apacible euritmia de calculados vendavales distorsivos.

Bajo estos patrones “modélicos”, se encuadran los demás temas de Alunaki. A veces, forzando los límites hacia capas atmosféricas dominadas por el bliss (el seráfico “1978”), a veces priorizando las artificiales secuencias sintetizadas (“Puertas Cerradas”), a veces burilando faenas perfectas en ejecución y método (“Recuerdos Olvidados”). Pese a poder equipararse el recorrido en-constante-cambio de este trabajo al de los quiebres de ángulo que ofrece una montaña rusa, lo concreto es que no abandona ni un minuto el formato ethereal noise -apelando en tal sentido a las vertientes de sus diferentes avatares: Seely, Pale Saints, Kitchens Of Distinction, Mellonta Tauta, Chimera, Guitar...

Como no podía ser de otro modo, el colofón lo rubrica un corte plácido, nostálgico, de percusiones mínimas. En “Calma”, la eléctrica se desliza elegante, sobria, taciturna. Ello no impide que su epílogo suba decibeles hasta convertirle en iterativo arrebato noise de intempestivo KO. Instrumental, para más señas.

A título de adelanto a lo que sería su nuevo plástico, sexto en una andadura que ya ha cumplido las dos décadas, el 28 de septiembre pasado Ionaxs edita el Antotipia EP. Empacados para descarga gratuita, sus cuatro asaltos pueden tomarse ahora como zona ecuatorial entre la obra solista anterior de Jorge Rivas O’Connor y la más reciente placa. ¿Acercándose o alejándose de ésta? Muy buena pregunta, ya que existen argumentos tanto para afirmar una cosa como la otra.

El propio extended describe una suerte de loop, ya que el telón arriba que supone “Estamos Jugando En El Jardín” y la postrera luz de “Antotipia” despliegan sendas manifestaciones de una ars electronica suspendida entre el ambient encrespado de ruido y el drone digital desgajado a partes iguales por la abstracción y la eufonía. Uno y otro por igual me dejan pensando cuánto pesa todavía sobre las huestes de avanzada la influencia del que fuera considerado el mejor disco electrónico de los 90s gestado en España: Naves Sin Puertos (‘98), de nuestros amados Silvania.

No hay loop, por supuesto, sin movimiento orbicular; y éste corre por cuenta de “Con Los Restos De La Lumbrera” y “Mientras Florece En El Invierno”. Sin evitar participar de la génesis descrita en líneas anteriores, toman cierta distancia para acercarse al multicolor electrogaze de estos tiempos: mucho ludismo, reflejado en el aliento entrecortado de sus patrones texturales, abriendo las puertas de la distorsión sin renunciar a los bpms. El agraciado efecto conjura rizadas/onduladas imágenes teñidas de tonos burdeos, como desenfocadas a través de algún filtro líquido.

¿Sería otra mi perspectiva si hubiera escuchado antes el EP y semanas después el novísimo Portrait In The Postcard? Imposible adivinarlo ya. De ahí la necesidad de recurrir a la figura de un “territorio neutral” para esbozar la anatomía de este Antotipia. Funciona, eso sí, como apropiado entremés de cara al siguiente paso en la carrera de Ionaxs; con el literario guiño extra del breve cuarteto poético que proponen los nombres del menú si se les lee juntos: “Estamos Jugando En El Jardín”, “Con Los Restos De La Lumbrera”, “Mientras Florece En El Invierno", “Antotipia” -o la técnica fotográfica fundamentada en la capacidad fotosensible de algunos pigmentos vegetales, responsables de la coloración de las plantas.

Y hete aquí que un día volvió Rivas a tamaño 33 rpm. La última movida similar había sido Amuki (‘20), inasible y compleja dado su leitmoiv fúnebre y conmemorativo. Tras pausa de tres años y muchas colaboraciones estelares, Ionaxs da un paso adelante en su devenir como acto individualista, lo que no necesariamente le posiciona en nivel inédito. Al menos no en un 100%.

Me explico. Con el antecedente inmediato de Antotipia aún fresco, estaba listo para que Portrait In The Postcard sacara lote en cualquiera de tres escenarios posibles: el similar al del extended, el que ahondase en lo que éste prometía, el que virase en redondo de vuelta al clásico Ionaxs. Pero mentiría si dijera que no estaba predispuesto a esperar que aconteciera lo segundo -una consolidación/profundización en la ruta sindicada por el EP. Eso fue lo que finalmente encontré (¿o quise encontrar?).

Con denominación tan indiciaria como la suya, desde el primer minuto “Arrebol” me hizo recordar la acuosa serenidad de Sukha, el mejor disco del colectivo Puna -que Rivas integra- y uno de los hitos independientes de 2019. En el mismo sino que el segundo esfuerzo conceptual de la mancha “puneña”, su enyunte de sintetizadores, efectos y software anuncia mezclas más volátiles y copiosas de paradigmas como los representados por Main y My Bloody Valentine. Subraya asimismo “Arrebol” las obvias diferencias con Sukha: la falta del pulso percusivo inconfundible que confiere un baterista real (Leko López) y su pigmentación de otro orden. Ambas características se ven confirmadas por “Nublar”, de espaciosas/oceánicas atmósferas que optan por tintes granates y cuya distendida programación soslaya medianamente esa ausencia. También “Aquí Quedan Tus Postales” confirma dicha apuesta, con su calmosa aura 50/50 electrogaze y ethereal glitch, y su invocación de matices enraizados en el rojo.

Sin obviar el talante general del volumen, entre “Bromo” y “Líquido Digital” se ensimisma Jorge en viajes más arduos, desprovistos de la deliciosa miel bermeja/bermellón que colmaba la primera parte. Aquí ganan el pulseo la electrónica contemplativa, el ambient aguzado, los beats menguantes (o la falta de ellos). Una terna en que las calologías se dispersan/disocian, dando paso a resonantes pasajes senescentes que así y todo cuentan historias de arroyos y de escarlatas, de puquios y de carmesíes. Posteriormente, llegamos a “Donde Nace Brillo”, que podría catalogarse como el lunar pero también como el “área de descanso” del acetato; por cuanto implica un regreso del Ionaxs netamente digital, IDM, post rave, rep(l)icante -con todo, conectado a la nueva aventura.

Para “Cueva De Ánimas”, retornan renovados a escena esos beats del primer segmento que se esforzaban en reemplazar a las baquetas “orgánicas”, por lo que se trata de la parada más jazzy de Portrait In The Postcard. Finaliza éste regresando a sus primeros estadios, donde el shoegazing “binario” y el glitcheo de celestial bienaventuranza convivían en líquida y sosegada comunión. Primero, con la perenne declinación del fugaz “Perfecto Error”. Luego, con la imponente “Infusa”, de épicos ribetes: secuencias invencibles de rossos tiznes, salpicadas de guitarras etereoespaciales, invadidas de ruido hecho glitch y de distorsión domeñada a propósitos afiligranados. El corolario idóneo para un opus que reinterpreta los descubrimientos del Puna más interesante a través de cárdenas lumbres, el último candidato a mejor larga duración del ‘23.

Hákim de Merv

jueves, 21 de diciembre de 2023

Les Replicants: Buy, Get Sick & Buy, Then Die // Chino Burga: Geografías Geométricas Vol. 2 / Down In The Valley EP // Wilder Gonzales Agreda: Anti Argolla Peruana

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de diciembre de 2023.)

Con el reloj a galope tendido rumbo a 2024, van quedando en limpio algunas certezas relativas a determinados grupos y álbums de los circuitos peruanos independientes. Una de ellas va asida al presente de Les Replicants, que ha decidido abandonar quién-sabe-si-definitivamente el psicodelismo eterdrónico de su primera fase, en favor del trayecto iniciado a tropezones por el excesivamente plano s l e e p / p a r a l y s i s / d ae m o n 金縛り鬼 (‘21).

Conforme dictamina la info disponible en BandCamp, Buy, Get Sick & Buy, Then Die es un LP grabado el año pasado. Su osamenta se nutre de un corpus de grabaciones de campo que el individualista Walter Arellano realizara desde el ‘21, durante los largos viajes que implican atravesar de un extremo al otro la megalópolis monstruosa que hoy es Lima. Perpetuados en cinta, estos registros se han deformado/sublimado para convertirles en arcilla a modelar/mezclar con un input expelido desde Korgs, sintes ARP y guitarras tratadas. Respecto de estas últimas fuentes, todas cosidas al esteticismo drone y al onirismo que favorecen el post rock y el bliss pop.

Salvo por el empleo de la materia prima que comportan los cassettes, hasta aquí no existen mayores diferencias entre este Buy, Get Sick... y su antecesor. Es decir, si bien ha habido una conmutación de procedimientos, ésta no se traduce en sonoridades total o parcialmente distintas. De hecho, si no tienes un oído lo bastante fino/entrenado, no consigues distinguir del resto los sonidos proporcionados por las “field recordings”. En cristiano, si estás desinformado/a, ni te enteras de los alegados “cambios en los procesos” -y es éste el talón de Aquiles que más difícil se les hace fortalecer a proyectos y artistas empecinados en enarbolar la bandera de la “vanguardia del Sonido” (tanto más complicado si pertenecen éstos al Tercer Mundo).

Éste, no obstante, es un esférico más logrado que s l e e p / p a r a l y s i s / d ae m o n 金縛り鬼. Esencialmente, Buy, Get Sick & Buy, Then Die es un único tema dividido en cuatro secciones no equitativas. Cuando la apertura “I - Buy” comienza a rasgar el aire que te circunda, el ambiente es inundado por una correntada de ruido magmático, esparcido alrededor de un rango determinado de notas con variaciones infinitesimales. Consecuentemente, mientras que en “III - & Buy” el caudal se torna asaz tumultuoso, en “II - Get Sick” la riada es bañada por matices más vívidos e incluso celestiales, aunque también ocasionalmente melancólicos; y sólo rompe los armónicos cuando intenta hacer vibrar la propia atmósfera.

Súmese a ello lo redondo del canal de cierre, “IV - Then Die”, cuya decena de minutos obra como síntesis intensificada de lo expuesto en los tres anteriores: bliss, post, harsh... Sobre todo éter, mucho éter. Esto último se evidencia en lo llevadera que se hace la jornada, de sólo cuatro pistas y perduración equivalente a la del precedente capítulo -lo que comporta una extensión promedio mucho más alta por track, y a despecho de ello una narrativa sonora más atinada y ágil. De este modo, el aislacionismo asistólico de Buy, Get Sick... concede nuevo crédito a Les Replicants en su actual discurrir. Por ahora.

Desde los idus de octubre, se halla disponible para su escucha en Internet el segundo volumen de las Geografías Geométricas que el incansable Miguel Ángel Burga viene cocinando asociado a la germánica Midira Records. Segunda parada de una trinidad a culminar pronto, la placa sucede al gaseoso/fluido post rock formulado en Landing, revelando de paso una templada alternancia entre dos de las facetas cultivadas por el ex Ácidos Acme -adviértase que antes de Geografías Geométricas Vol. 1 aparecía Lass Dich Leiten, 7’’ que homenajeaba en plan space drone a la desaparecida cantautora alemana Nico.

Geografías Geométricas Vol. 2 trepa la misma cuesta que su mayor, esto es, la de drónicos omniacordes cuya pertinaz repetición genera resultados opuestos a los que cabe esperar en circunstancias idénticas. No en vano, la drone music es la heredera más representativa del histórico kraut rock, afirmación con carácter de tautología hace lustros. Premunido de la misma tenacidad que le amparaba en ...Vol. 1, Burga esculpe incorpóreas panorámicas de una vastedad más allá de cualquier cualificación posible: lo bastante uniformes para permanecer dentro de los linderos trazados por el credo drone, y con los suficientes accidentes orográficos para rehuir la planitud o chatura en que resbalan similares empresas mal dirigidas.

Si antes la inspiración provino del apu Arín (2916 m.s.n.m.), ahora la provee el apu Charán (2950 m.s.n.m.). Si en el principio fueron cuatro piezas, ahora son tres -aunque su naturaleza unitaria nunca queda en entredicho, diferenciándose éstas sólo por la numeración otorgada. Sin embarcarse en progresiones específicas, las vibraciones y resonancias de “Templos Y Portales I” plasman sobre el dronismo sobresaturado brochazos de musicalidad, que no es lo mismo que melodiosidad. Con todo, se muestran intactas la fascinación cósmica y la línea orbital dura de la experiencia preliminar. Quizá debido a su “corta” extensión (siete minutos y monedas), “Templos Y Portales II” siembra sospechas sobre si efectivamente no está Miguel Ángel apostándolo todo a una musicalidad iterativa. Esas dudas quedan planteadas a pesar de los retumbantes trece minutos y pico de “Templos Y Portales III”, que no sólo subrayan los rasgos supremos de “...I”, sino que asimismo les magnifican al punto de ofrecer una furibunda y escarpada tempestad de noise drone -suspendida muy arriba de nuestras cabezas, felizmente.

Marzo del ‘24 es el mes previsto para la salida de Geografías Geométricas Vol. 3, a la par de un 8’’ en plan tributo a la artista estadounidense Maryanne Amacher. Hasta entonces, quienes no se sacien con los sísmicos zumbidos de ...Vol. 2 pueden hincarle el diente al aperitivo que supone Down In The Valley EP, breve artefacto con el que el también ex Espira da rienda suelta a su melómana pasión por interrogar otros horizontes estilísticos -concretamente, los que florecen a la sombra del dub.

El mencionado extended consta de dos surcos. El primero es una ácida versión -‘(CC Remix)’- del clásico de Ike & Tina “Proud Mary”, enterrada bajo innumerables telarañas de reverb ecodélico y dotada de una vaporizada eléctrica de ascendencia neopsicotrópica (me imagino que los ex esposos habrán sonreído cómplices al escucharla, donde quiera que estén). El segundo se asume ‘Alternative Dub’ de “N Dub”, originalmente empacado para Landing en toma mucho menos acelerada y tridimensional. Gracias a ambos, Down In The Valley EP se posiciona en un curso mucho más próximo al de Lass Dich Leiten 7’’, pese a que no se asimila completamente a éste.

Hacía buen rato que no audicionaba trabajos recientes de Wilder Gonzales Agreda. El último que degusté, Contracultura (No Al Arte Falso) (11/21), alcanzó a coronar una trilogía que también integraron Rojo (8/21) y Patrocinado Por El Gobierno (4/21). Dicha tríada desvirtuó mi hipótesis inicial -expuesta en la reseña de Patrocinado...- sobre una tetralogía editada durante el primer año y medio de la Pandemia. A la par, la mencionada terna consolidó su formato como la media que viene sosteniendo el experimentado músico/no-músico de Los Olivos por espacio de al menos 36 meses.

El problema no reside en la dificultad para seguir tan vigoroso paso editorial, sin embargo, sino en las ganas para hacerlo. ¿Por qué? Porque desde Terrorista! (‘19) y Real Music For Real People (‘20), comenzaba a ser notorio que Gonzales Agreda necesitaba mesurarse en cuanto a sus lanzamientos de hálito extendido. Descontando la excepción de Patrocinado Por El Gobierno, los últimos títulos del norconeño incluyen dos/tres composiciones logradas y mucho material que 1) necesita más tiempo para fermentar, o 2) se merece hacer efectiva la opción “vaciar la papelera de reciclaje”. Nueve discos en un trienio califica como desaforado despliegue de creatividad, algo que nada tendría de malo si al menos tres cuartas partes de cada uno de ellos fuesen aventajadas exploraciones sónicas más allá de las fronteras habituales -la conditio sine qua non a observar siempre por la música que se asume de avanzada.

Durante el ‘22, Wilder subió a Internet un trío de nuevas entregas: No Me Importa Lo Que Diga La Gente (abril), Volador (mayo) y Perdido (agosto). Ya que Contracultura... me había dejado completamente exánime (en el mal sentido del término), no las escuché, y por eso les concedo el beneficio de la duda. Entonces, a inicios de este ‘23 que ya se muere, oí en calidad de adelanto exclusivo lo nuevo del olivense. “Sirenas” me sonó insólitamente kraftwerkiano, como deslizándose entre el Computer World (1981) y el Electric Cafe (1986), sólo que abstrayendo las secuencias hasta hacerlas resonar en el Vacío. Un soplo de frescura que así y todo no me bastó para adentrarme en los vericuetos del CD estrenado hace ocho meses. Hasta ahora.

Anti Argolla Peruana podría catalogarse como un intento serio de reinvención. El puzzle de “Post Huayno”, que se adhiere al sonido vernacular de la zona central altoandina, acaba sugiriendo por-no-sé-qué-cortocircuitos-mentales conexiones con aquello susceptible de describirse como mutante “post free jazz digital”. Ciertamente una creación insular, si bien el resto del repertorio contiende por sortear todos los lugares comunes en que ha incurrido el otrora Fractal en años posteriores a Paraísos, Revoluciones Y Tú (‘17). Ahí figura “Rave En Mi Alma” y su paulatino engrosamiento IDM, tras un despegue estilizado y mistérico. También “Tenjira”, en la línea del intelligent techno clásico de inicios de los 90s, sesudo sin cruzar el puente hacia intrincamientos gratuitos y contenido a fin de evitar dar el salto a las músicas de aspiraciones pélvicas. Otro tanto podría asegurarse de “Quiero Ser Una Haba”, sólido ambient noise aislacionista que estimula los desarrollos sinápticos consagrados al ocio -los más delectables.

Como es claro, Gonzales Agreda no abandona la liza. Se mantiene en las mismas coordenadas estilísticas que fatiga desde hace decenios. Lo interesante es que se ha afanado en mover su flama a través de éstas, utilizando vectores que dibujan todo un proceso de convección. Hubiera logrado completarlo, dando paso así a una nueva reinvención, sino fuera porque el epílogo de Anti Argolla Peruana le lastra. Y sí, es verdad que “1994” y “En Este País Todo Es Mafia” no empañan la buena performance antes descrita, mas sí le impiden quedar redonda. Y una reinvención, como la de Lima Norte Metamúsica por ejemplo (‘14), no puede ser menos que perfecta.

Se suele confiar en que a cada gran luchador siempre le queda una última pelea dentro. AAP, probablemente el mejor disco del buen Wilder desde el ‘19, me cura del susto y hace que renazcan mis expectativas en que el man todavía tenga música/no-música valiosa que ofrecer como artista avant garde. Que ello suceda después de muchos años de vacas flacas, acaso en el balance sea puramente anecdótico. Pero de todas formas, alguien se lo tenía que decir.

Hákim de Merv

jueves, 14 de diciembre de 2023

Thanatoloop: Bioanarquía // Irreales Del Monte: Los Refugios Insulares

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 6 de diciembre de 2023.)

¿Has experimentado esa sensación a medio andar entre la angustia y el vacío, que nace cuando llegas tarde a una de las citas cumbres de tu vida -con libros, con películas, con discos, con personas, con momentos irrepetibles, etc? Consciente de la oportunidad perdida, dejé pasar los años, pero en algún momento tenía que dárseme mi primera vez con Thanatoloop.

Uno de los proyectos más veteranos e hiperprolíficos que agitan constantemente los circuitos underground allende Tacna, Thanatoloop es obra de Michel Leroy-Valdés. El gallo permanece en activo desde los 90s, cuando integró Las Tentaciones, y posee un conocimiento casi enciclopédico de galaxias sónicas no siempre colindantes -como pueden serlas el free jazz y el indie noventero. O el art rock y el sórdido no wave cancerígeno de los primeros Swans. Para más inri, esa sabiduría melómana también encarna en Fiesta De Holobiontes y en Un Festín Sagital, identidad que asocia a Michel con Horacio Ferro y que acaso sea la más antigua de la que puede jactarse el hoy serenense -como que en el fanzine rancagüino Faxxion ya podían leerse algunos comentarios de trabajos acreditados a este último alias circa ‘05.

Evitando prudentemente considerarle muestra representativa de toda su fecunda discografía, mis primeras impresiones sobre Bioanarquía se anudan al concepto de metamorfosis irrestrictas/caóticas. O, más propiamente, mutaciones. Estilísticas, se entiende: improvisaciones liberadas que casan noise psicodélico, vitalidad post rock, shoegazing experimental, ambient post industrial, urgencia no waver, R.I.O. (rock in opposition), demencia post punk... Aunque podría seguir todavía buen rato detallando una posología que parece infinita, basten estos marbetes para redondear la noción de un sonido cuya hélice genética le adscribe al crossover, y cuyas diversas manifestaciones le tornan como mínimo atípico.

“Pasión Feliz (Baila El Corazón)”, vg, pasa por una suerte de drone litúrgico in crescendo. No se me ocurre al tiro algo tan contrastante como el enérgico latigazo entre enteógeno y post rock, al que abruman borrosos trazos lo fi, de “Metanoia (Nuevos Caminos)” -pese a que el dilatado epílogo aminora la intensidad del track. De otro lado, “Nada Es De Nadie (No Acallarán La Rabia)” propone una marcha hacia el corazón del post punk más ruidoso, conjurando la imagen de los The Fall de una línea de tiempo descartada. ¿Qué podría ser más chocante que antecederle de una densa suite que fluctúa entre el spoken word y la balada (“Anarquía Primaveral (Desmantelar La Historia)”)? ¿O de una acústica reconversión de “La Vie En Rose”, extraída de una desvencijada realidad alternativa, bañada por la Baja Fidelidad (“Si Lo Ves Quemarse, Déjalo Arder (Post-Amor)”)?

Empuña Bioanarquía dos constantes. Una es el flirteo con la opacidad inherente a grabaciones correspondientes a la primera época del combo de Michael Gira. Pensaba que era cosa mía, hasta que comprobé no ser el único en haberlo notado. Si bien no he vuelto a escuchar a Swans tras el regreso del ‘10, toda su obra anterior merece una justísima reivindicación como background a invocar. En cuanto a la otra constante, se relaciona con la voz de Leroy-Valdés. Yo creo que es admirable la disciplinada seriedad con que Michel elude tomarse en serio al coger el micrófono. Ello, por supuesto, es una percepción. El disco está allí y basta darle un par de escuchas para concurrir o disentir. En cualquier caso, la placa finaliza con “Mutaciones (Bioanarquía)”, mastodóntico instro de dieciocho minutos en clave ambient que con el correr de los segundos es atravesado por percusiones industriales y efectos colindantes -como el enorme moscardón que zumba al trasponer el minuto 4.

La descarga incluye el correcto video de “Nada Es De Nadie (No Acallarán La Rabia)”.

A poco más de doce meses de su señero debut, Historia Natural, el binomio Irreales Del Monte regresa al ruedo con Los Refugios Insulares. El material de que se compone la nueva entrega empieza a concebirse a renglón seguido de la salida de Historia..., culminándose el desarrollo de su gestación a distancia en agosto pasado. Esa cercanía temporal complota para casi mimetizar ambos esfuerzos -ciertamente, son muchos más los indicios de una continuidad que de una ruptura en la retórica grupal.

Pruebas al canto. Por principio de cuentas, Irreales Del Monte incide otra vez en un registro lo más limpio y fidedigno respecto de la ejecución en las tomas definitivas. En lo tocante a las guitarras, sean de palo o electroacústicas, las cuerdas literalmente chispean una energía entre voraz y beatífica, oscilando entre la parsimoniosa sobriedad y la inquieta armonía. En lo concerniente a sampleos, sintetizadores y grabaciones de campo; se abroquelan alrededor de notas y/o estructuras pedales para su omnipresente discurrir. No es de esperarse, pues, saltos imprevistos o bruscos virajes a lo largo de la jornada.

En segunda instancia, Antonio Aldunate y Cristian Sánchez persisten en fusionar las fuentes digital y acústica (o electroacústica). Tal cual sucediese en el estreno en largo, la tecnología proporciona los telones de fondo en cada surco de Los Refugios Insulares. Iterativos y (muy) ocasionalmente cacofónicos, la continuidad de estos colchones sonoros ofrece el soporte indispensable sobre el que deambulan una o más guitarras, las más de las veces pletóricas en imágenes de evocación urbana y campestre. Los resultados justifican con creces el uso de las etiquetas a que se suele recurrir en experiencias similares: alt folk, ambient drone, laidback, post rock, y sobre todo la de psicodelia rural.

En tercer lugar, es notable la devoción -ya no monolítica, eso sí- hacia una rusticidad apolínea. Como pasaba con Historia Natural, el nuevo esférico está consagrado a la luz, pese a algunos tramos no tan luminosos (“Los Cantos Rodados”). Emotivamente cerebrales o áridamente abstractos, la mayor parte de segmentos instrumentales de Los Refugios Insulares opta por atardeceres errabundos y por paisajes prístinos, apelando a un lirismo pedestre y a un concepto hermoso de anticlímax -orgánico, bucólico, laxo, metafísico. En estas condiciones, se distinguen temas como el solemne “Brisas Del Norte Austral”, “Primera Revelación” (de una lúdica inextinguible), el maravilloso filo roadie de “La Despedida” o “Canción A Las Ocho Llaves” (cuya espiritualidad me hizo recordar a la del valpeño Imbaru).

Encargando por segunda vez consecutiva mezcla y masterización al penquista Pedro Antivil, a quien ya debería considerársele tercer miembro estable del acto, Irreales Del Monte consolida su todavía corta existencia con un opus de nivel equivalente al de su excepcional estreno. No sólo por sus valiosos réditos artísticos, sino también por una portada que comunica sutil a la vez que poderosamente la idea de movimiento, a despecho de representar una carretera sin transitar. El (vibrante) gol es de Cristóbal Correa.

Hákim de Merv

jueves, 30 de noviembre de 2023

Sexores: Mar Del Sur

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 22 de noviembre de 2023.)

Cuando en julio del ‘21 comenté X, rodaja de remixes con que el acto ecuatoriano Sexores conmemoró su primera década de existencia, ya había pasado más de medio año de su liberación para descarga gratuita (diciembre del ‘20). Han transcurrido, pues, casi tres almanaques de su hasta hace poco última referencia -pero sólo 26 meses del anuncio de su separación temporal, efectiva a poco de publicarse la antedicha reseña y para desaliento de este escriba. Por eso la sorpresa, cuando al promediar octubre se concreta el retorno de la dupla compuesta por David Yepes (a) 606 y Emilia Bahamonde (a) 2046, gracias al mini-álbum Mar Del Sur.

Un reentré que, aunque de primera impresión puede presentársenos bastante extraño, en el fondo no hace sino confirmar la sutil parabólica que venía trazando ¿cuán conscientemente? el dúo norteño afincado tiempo ha en México. Recuérdese que Salamanca (6/20) repescaba cierta fascinación por la electrónica de matices lóbregos y por el dark de los 80s -y sobre todo de los 90s-, fascinación que tomaba cuerpo en la historia temprana del binomio a través del downtempo. Luego de una brillante fase shoegazing iniciada con su clásico Historias De Frío (‘13) y empezada a jaspear con el doble East / West (‘18), esa curva apunta a un regreso a los orígenes. ¿Temporal o permanente? En realidad, es difícil aseverar lo uno o lo otro.

La portada de Mar Del Sur muestra a dos bioluminiscentes celentéreos vagando en aguas profundas, a donde no llega la luz solar, como si estuviera adelantándose así su contenido. Lo confirma “Magallanes”, tema gravosamente acompasado que cobija influencias dark, encendidas por el lustre tecnológico de Garbage -otra impronta restituida. El apagado clamor de un solitario trombón (Rómulo Gallegos) y los tintes de trip hop abstracto subrayan el ¿giro? ¿regreso a la semilla? que implementa el dueto. Dotado de un mayor impulso rítmico, “Aequorea” y su dream pop binario como armado por Shirley Manson y compañía proporciona suficiente fundamento para considerar en serio esa insinuación dance de que provee la sumilla de BandCamp.

En los siguientes tracks y hasta el colofón (el lascivamente cadencioso “Albatros”), las vocales de Bahamonde ya no abandonarán el registro de ambrosía pop. En cuanto al género que acabo de aludir, puede ser inequívocamente cálido, pese a estar sujeto a programaciones glaciales y a percusiones electrónicas (“Las Aguas En Los Bordes De Fuego” y su murriosa trompeta, cortesía de Brenda Monge). O terciar, sin consumirse, en el pleito estilístico que libran en una misma pista las flamígeras capas baggy de la guitarra y la redoblante secuenciación bristoliana (“Lagos De Lirios”). O amancebarse a la enfática, potente síncopa que identifica al plástico sonido del mainstream noventero, mientras el fraseo quechua de DRK sucede al cantar de Emilia y viceversa (“Biolumínica”).

Pienso que Mar Del Sur y el dream pop de orientación dance electro que postula le funcionan a Sexores como correcto reingreso. Sin superar la media hora, sin obtener el mismo grado “summa cum laude” de anteriores y más perfectas jornadas, la cinta tiene los kilates justos/necesarios como para reconocer la vigencia del talento antaño desplegado por el tándem Yepes-Bahamonde. Se concreta así, entonces, la vuelta al ruedo de una de las agrupaciones más queridas en la escena independiente de la región. Ahora se supone que debe venir lo verdaderamente bueno.

Hákim de Merv