(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 20 de mayo de 2026.)
Que la hija de Maryna Pastor y de Jorge Tafur
anda en llamas desde hace algún tiempo, es afirmación demostrada no sólo por la
generosa frecuencia con que vienen apareciendo nuevos trabajos suyos (uno en el
‘24, dos en el ‘25), sino también por la encomiable calidad de la música
liberada bajo esos recientes títulos. Para que no se pierda esta saludable
costumbre, a los pergaminos antes aludidos se les suma uno correspondiente al disco
estrenado por la joven compositora el pasado 10 de abril -y cuyos arte y concepto
han resultado ser más o menos desconcertantes.
Esto es, claro, teniendo en consideración
antecedentes como Willay Plancton (‘25) o Ultranatura (‘24). En
estos y otros registros, Maribel Tafur daba rienda suelta a una fascinación por
el ambient de humores hídricos, plasmada en una mirada más que próxima al medio
ambiente y/o la naturaleza. The Art Of Gastronomy señala desde su nombre
un interés por el arte culinario que nunca hubiera sospechado ha germinado en
el background vital de la limeña. He de admitir que esa inclinación me
sorprende mucho: siendo la gastronomía una disciplina consagrada en el campo de
las carreras profesionales, su importancia en el Perú ha sido magnificada de modo
tan ampuloso que ha acabado por convertirse en hype. ¿O me vas a negar que es
un poco/bastante jodido que nuestro país saque pecho asumiendo imagen de
tragaldabas ante la comunidad internacional?
Sin embargo, fuera de la denominación y del
arte de portada (primer plano de lo que parece ser una fogata rural), la directora de Intune no ha cambiado las herramientas que modelan su vocabulario y su
retórica. Es decir, aunque el concepto puede haberse reemplazado, las maneras
en que se le aborda no -salvo por un elemento de dosificada presencia, que
contrasta a la primera de bastos con la devoción hacia el Agua: el crepitar del
Fuego. Sus manifestaciones, empero, son contadas: apenas adornan aquellos temas
de The Art... en los que el conductor universal deja sentir su ausencia
(“Textural Alchemy”), y tienden espontáneamente al perfil bajo.
Este estado de la cuestión me hace reflexionar
sobre si la autora ha decidido prescindir de los efectos acuosos otrora
omnipresentes, atendiendo más a la pregonada experiencia gastronómica que a esa
mitigadamente circunstancial recurrencia al Fuego. Dichos efectos no escasean,
por supuesto, si bien se concretan en menores número y grado que antaño. En
“Arrival” y en “Origin And Transformation”, respectivamente apertura y clausura
del volumen, el Agua se halla tan presente como los incontables trinos de aves
canoras. Por lo demás, la música de Tafur Pastor sigue cobijándose bajo
interminables trazos ambientales salpicados de sonidos cooptados de la
cotidianeidad, elongaciones timbrales extrapoladas de géneros afines al ambient
como el bliss pop, brochazos texturales imbuidos de coloraciones invernales
(“Líquidos”).
Hay algo que se me ha hecho inasible en The Art Of Gastronomy. No sé si sea correcto ponerlo en las siguientes
palabras, pero corro el riesgo. El output de Maribel ha sobrepujado los
discretos niveles de glucosa que contemplaba anteriormente (las pistas gemelas
“Seasonal” y “The Art Of Gastronomy”). Ello ha agudizado las paradojas
arquitectónicas que sostienen construcciones como “Moment I” o “Botánica”. Su
melancolía ha adquirido connotaciones geórgicas, y su persistente bucolismo
ahora se hace dulce de sobrellevar, de modo que en el balance parece haber
arribado la artista a un limbo en fase zen. The Art... se ha convertido
en un punto focal que es a la vez único y múltiple, al que puedes echar una
sola mirada o todas las que quieras hasta cansarte. Probablemente sea ésa la
matriz del granulado sortilegio hipnótico de sus 34 etéreos minutos.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 10 de septiembre de 2025.)
Maribel Tafur ha lanzado dos títulos
remarcables en este 2025 que ya empieza a decir adiós, tal vez su año de mayor
valía hasta ahora. Uno de ellos va en formato corto, mientras que el otro lo
hace en largo. Eguzkia-Inti EP y Willay Plancton son eyectados
respectivamente el 25 de marzo y el 8 de junio: el primero se co-acredita a la
asociación bilbaína Slow Food Bilbao-Bizkaia, y el segundo también lleva la
firma de Sound Earth Legacy, organización sin fines de lucro. No podría afirmar
cuál es el papel que estas entidades han jugado, aunque me queda la sensación
de haber desempeñado ambas el rol de facilitación antes que el de coautoría.
Eguzkia-Inti -“sol” tanto en
euskera como en quechua- es un extended cuyos dos únicos capítulos sobrepujan juntos
los 17 minutos. A su modo, cada uno invoca landscapes lo más alejados que se
pueda de las cada vez menos apacibles áreas urbanas. Como su nombre
parcialmente indica, “Historias De Fuego Y Agua” se posiciona bajo el signo del
conductor universal por antonomasia. Ambient bucólico, de una melancolía
sublimada, adornado por olas rompiendo en las riberas de playas silentes/por
zambullidas de habitantes de las honduras marinas. Un preciosismo digno de Blood
(‘91) de This Mortal Coil, o de Sleeps With The Fishes (‘87) de la dupla
Nooten-Brook, sólo que en clave moderada/atenuada/minimal. “Historias...” acaba
completamente desnudo, al desaparecer las líneas melódicas del teclado, sin
resentirse sus efectos psicagógicos.
En la otra esquina, tal cual señala su
bautizo, “La Memoria Del Campo” incita a perderse en vírgenes regiones verdes.
Preñado del canto de las aves, de un adorable cencerro que niégase a
desaparecer, el track germina en bosques no lo suficientemente tupidos para
mostrarse amenazadores -en aglomeraciones naturales de colinas, en las faldas
de un valle, al pie de agrestes acantilados. Forestas que sosiegan las
tempestades del alma, cuya casual exploración reporta un agradable cansancio. A
medida que “La Memoria...” se aproxima a su desenlace, cualquier atisbo de
música se extingue, dejándonos librados/as a toda clase de ecos de filiación
rural.
Además de mantener altas las cotas con
respecto a Ultranatura (‘24), este EP se convierte en la invitación
perfecta para degustar el siguiente álbum, que aparecería sólo dos meses y
monedas después, y en el que puede apreciarse una prolongación de las ideas
plant(e)adas por su par predecesor.
La denominación otorgada a Willay Plancton
es un ejercicio de exégesis lingüística mucho más laborioso que el del extended
previo. “Plancton” es el conjunto de organismos que vegetan inermes en el agua
común y corriente de ríos, lagunas y mares. El vocablo quechua “willay” es
traducible bien como “señal”, bien como “mensaje”. Bajo estas etimologías, y
habida cuenta de la importancia decisiva del plancton en ecosistemas y cadenas
alimenticias, interpretaciones como “mensajes de la naturaleza” o “señales de la
naturaleza” pueden tenerse por aceptables. Máxime al prestar atención al
contenido del disco.
Ya desde el hermoso 2106 EP (‘21), Tafur
dejaba entrever una fascinación por el Agua. En aquel artefacto, de carácter
bastante autobiográfico, podían escucharse el rugido de las olas, el céfiro oceánico,
la lluvia descendiendo del firmamento... Todo ello, ubicado dentro del radio
urbano, sin embargo. En tal sentido, la limeña dio un paso de gigante con Ultranatura,
donde casaba ambient de sonoridades pedales y cristalinos espejos naturales.
Otro paso igual de enorme lo da Willay Plancton -basta con que comience
a reproducirse “The Ocean Memory” para darse cuenta de aquella peculiaridad.
Si la música ambiental de Maribel Tafur es de
por sí serena y tranquilizante, en ciertos pasajes de esta rodaja llega a ser igual
de sedante que algunas de las composiciones de un Brian Eno en la cúspide de sus
posibilidades (“Mosaic Of Liquid”). Descontando el uso del ruido producido por maretazos
menos exuberantes, que mueren sin chistar en las orillas (“Unheard”), el Agua
que nos permite escuchar su voz tiende al movimiento plácido. No a uno remilgoso,
sino a uno manante, calmo, reposado. Es agua que prefiere fluir descansadamente,
guiándose por una curiosa/singular austeridad (“Raíces Del Mar”). Su vaivén es
hipnótico, pacífico, relajante (“Hyperliquid”). Si tiene que agitarse un poco
más, a lo sumo condesciende a burbujear como disparada desde las simas
insondable de los océanos (“Marina”).
La sobriedad es cualidad cotizada en los
predios del ambient. El de Maribel es un sonido que le tiene por principio
elemental e indispensable. Sus fondos sonoros, cuyas imbricadas líneas y
borrosas texturas recuerdan al bliss pop más vibrante (“Willay Plancton”,
“Protect, Preserve”), van aparejados a los efectos acuáticos antes descritos de
tal manera que sólo pueden desembocar en performances lindantes con la beatitud
(“Herencia Del Agua”). No importa si se trata de la cantarina voz del H₂O, o si
éste se manifiesta en las incontables gotas de una precipitación pluvial, el
resultado siempre es el mismo.
Con ambos trabajos, la responsable de Intune
no sólo echa por tierra algunas hipótesis desatinadas que la tildaban de novedad
pasajera. Sus réditos hablan de un talento al que no puede eclipsar ninguna
mácula -porque sencillamente no las tiene. Mejor aún, tanto Eguzkia-Inti
EP como Willay Plancton confirman que, por ahora y durante un buen
tiempo; para Maribel Tafur el cielo es el límite. Y si éste se viene abajo con
aguacerales mayúsculos, enhorabuena.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 3 de julio de 2024.)
Sin mucho aspaviento ni revuelo, Maribel
Tafur ha colgado el 18 de abril lo que debe considerarse su primer largo
solista en sentido estricto, una treintena de meses después del magnífico 2106
EP -hasta hace poco, última referencia publicada por la hija de los recordados
Maryna Pastor y Jorge Tafur.
Con una ejemplar carrera a cuestas, que
incluye experiencias como las de Valium, el emprendimiento propio Intune, Budapest y
la reconversión ambient de algunas canciones del recordado programa infantil
Nubeluz; la joven multi-instrumentista se adentra en las comarcas del sound art
y del landscaping electrónicos durante los más de 48 minutos que se prolonga el
recién estrenado Ultranatura. No por vez primera: si bien el extended
enrutaba parcialmente las composiciones de Tafur hacia esos exactos vericuetos,
el nuevo título se derrama por completo en esas direcciones.
Diez tracks de tenor ambiental, muy
ocasionalmente lo fi, materializados en lo que parecen ser paisajes naturales
costeros o al menos próximos a manantiales y espejos acuíferos, fecundos en
sonoridades pedales y decorados con motivos como extraídos de grabaciones de
campo -he ahí las diferencias respecto de 2106 EP. Diez surcos de
hídricas texturas minimales, partícipes de una contemplativa naturaleza
fluida/circular, abordadas sin descanso por el pálpito sedante y armonioso de
un ambient ¿líquido? ¿irreal? ¿límpido? ¿utópico?, que invitan al dulce sosiego
y a la meditación más primordial -he ahí las similitudes.
Aludía unas pocas líneas atrás al recurso de
ornamentaciones fundamentadas en lo que bien cabría catalogarse como
grabaciones de campo. Trinos y gorjeos de aves canoras varias se dejan escuchar
en cortes como “Alacant” y “La Albufera Y La Isla De Taquile”. El golpeteo de
la lluvia precipitándose sobre lo que acaso es un bosque tropical (“Mineral
Manifest”) o los tumbos de plácidos caudales que corren sin prisa hacia
insospechados destinos (“Outscape”), son también de la partida. Aunque
complementarios, ni siquiera éstos son tan protagónicos como la incesante voz
del “conductor universal”, que copa explícita o sutilmente una grandísima parte
de la extensión del álbum.
Pulso firme y decidido el que pone en juego
Maribel para este Ultranatura, que a algunos/as les puede sonar un tanto
excesivo. Quizás sí: dos pistas menos hubieran reportado un mayor coeficiente
de cohesión, dada la dispersa y elongada personalidad del volumen
cualitativamente hablando, a diferencia de la concisión y de la emotividad
despachadas a través de 2106 EP. Detalle menor: con temas de menos o con
todos ellos, la estupenda manufactura de este acetato enfatiza a toda hora el
flexible/terso carácter emocional de obra y autora.
(Publicado originalmente en mi cuenta
Facebook el 14 de junio del 2023.)
A propósito de Los 5000, empecé a indagar acerca
de la vida y obra de Juan Pablo Cacciuttolo, empresa en la que todavía ando
metido. No existe, desafortunadamente, un site en Internet donde puedas
encontrar sus principales señas; de modo que empaparse de su música ha sido una
elusiva búsqueda del tesoro. Lo poco que existe disponible corona al chileno
como uno de los principales referentes de la escena independiente mapocha posterior
al cambio de siglo, con un puñado de producciones y colaboraciones de lo más
dispersas. Allí está su participación electro-analógica teñida de dub para Los Retoños (‘19), segundo largo de Las Mairinas, grupo paralelo de Walter Roblero
(Congelador). También, la alianza con su tocayo de apellido Abalo, concretada
en una hermosa jornada ambient de nombre Quietud (‘21). Y una placa que
roza la categoría de capital para las subescenas sureñas que miran
constantemente hacia el horizonte -La Yesera (‘18).
El año pasado, Cacciuttolo se portó con un esférico
armado de temas compuestos entre el ‘20 y el ‘22. Desde el título escogido, Puestos Varios es muy revelador de las distintas facetas que cultiva el santiaguino
como músico experimental, bien a través de sus colaboraciones, bien en plan
solista. En esa dirección, no es descabellado asignarle sitial de descendiente en
la estirpe de un Jim O’Rourke o de un Mark Clifford. En efecto, tan pronto Juan
Pablo se deja arrullar por el ensueño electrónico de los primeros 90s, como se
arroja a los brazos del intelligent techno de rostro más arisco. En medio de
estos dominio y rango, el individualista no cesa de explorar las gradaciones y
cortocircuitos que la alquimia de su talento le permite.
Austeridad timbral y riqueza percusiva no
tienen por qué moverse utilizando senderos divergentes. Ello es algo que demuestran
las seis pistas de Puestos Varios, cuatro de ellas registradas de una
sola toma. Modificando artefactos y gadgets varios, sometiendo las sonoridades
resultantes a tratamientos escherianos y manipulaciones hipnóticas, el autor se
adentra -iluminado por espíritu asaz libertario- en las espesuras de un
ambient a punto de mutar hacia el IDM sincopado y lacónico de Locust o de ese
híbrido maravilloso que fue alguna vez Seefeel, cumplimentando el trasvase
respectivo a medida que va afianzándose/intensificándose. “Infracrítica” y
sobre todo “Tiempos Modernos” son evidencia palmaria de esa sostenida
metamorfosis.
Por otro lado, piezas como “Tralkán” y “Mam”
son ejemplos de música hosca, a un paso de transfigurarse en ruido digital -pura
texturología con opción al sampleo, caso el gorjear de aves en “Mam”. Ya sea en
corto (“Tralkán”) o en largo (“Mam”), Cacciuttolo genera motivos sencillos que
loopea con el fin de ganar volumen y masa para sus instrumentales. Curiosamente
dos de ellos, los finales “Desnudar La Espera” y “Enfilaciones”, devienen en
pruebas irrefutables de sus exploraciones intuitivas -o cómo el tech-house se
transforma naturalmente en ambient-techno, pródigo y más suelto/desencorsetado
que el de sus pares, supeditando las guitarras a procesos de filtración empleando
el software, sugiriendo viñetas de dream pop e induciendo a través suyo
imágenes oníricas de mundos más allá de todo lo conjeturable.
Un seco, Juan Pablo.
Ha transcurrido algún tiempo desde la última oportunidad
en que me senté a escribir sobre Vago Sagrado, ese combo de gallos debutantes
que teloneó a Yajaira la noche en que el buque insignia del stoner chileno
festejó dos décadas de vida (’16), en El Bar De René. Cuatro años, en los que
han pasado algunas cosas relevantes para el devenir de la banda -como que la
medida bienal entre álbum y álbum de sus tres primeras entregas quedó en offside
sin afectar el promedio editorial (cinco en dos lustros), o que VS resignó su
condición de power trio para convertirse en cuarteto, sin renunciar a aquello
de power.
El cambio más notorio, sin embargo, se da en
las esferas por las que ahora su música deambula. Podría afirmarse que esta
conversión cobra impulso con Made Out Of Sound, su referencia del año
pasado, si no fuera porque el propio grupo señala que los temas del nuevo disco
provienen de una vespertina sesión de improvisación abierta registrada en el ‘20,
durante los meses más duros de la pandemia. Detalle harto relevante es el circunscrito
a los participantes de la sesión, que ya entonces eran cuatro, considerando que
Made Out Of Sound todavía se acredita al trío de siempre -Nick Vayolence
(batería), Alberto Parra y Carlos González Lihn (ambos dupleteando en guitarra
y voz). Made Out... queda, así, como un trabajo concebido todavía más
atrás; pero que necesitó mayor cantidad de tiempo para alcanzar su forma
definitiva antes de hacerse público.
La constante tersura enteogénica, el indeclinable
vigor, el aura de una experiencia religiosa; son rasgos que siempre han identificado
a Vago Sagrado. También están presentes en Mundo Tal, ahora con Ricardo
Guzmán sombreando el terciopelo desde un bajo de sutil distorsión gravitatoria,
pero la evolución que iniciase Vol. III (‘19) y que continuase con Made
Out... ha transformado el talante de los capitalinos. De momento, al menos.
No existen ya los niveles de tóxica densidad
que en un principio hicieron pasto del grupo, como tampoco los rangos de lúcida
iteración que le acercaban a géneros como el stoner o el post punk de ribetes
lisérgicos. Sí sobrevive, en cambio, cierto matiz dionisíaco; como en “Entre
Sombras” (relectura de “Deep Into The Shadows, inserto en el CD anterior) o en
algunos pasajes de los diecinueve minutazos de “Ahora, Siempre”. La regla, no
obstante, es la que ya prefiguraba Vol. III: un sonido volátil,
apolíneo, de tempos atemperados y una guitarra que sobrevuela incesante sin
acometer, encabritarse o echarse clavados -cómo ocurría de continuo antaño.
Cuando se inició esta transustanciación, auguré
que los cambios tenían toda la pinta de ser para mejor. Cuatro años después, los
efluvios siderales que acoge en cantidades masivas Mundo Tal confirman
que estaba en lo correcto. Con todo, he sentido un poquito de nostalgia respecto
del antiguo output de Vago Sagrado. Pese a haber disfrutado, y mucho, de esta
fantástica demostración de música rock de riffs neblinosos; me ha sido
imposible dejar de extrañar la catártica borrachera de desprolijo heavy psych
que ponía de cabeza el cariz psicotrópico de sus temas. En la senda del
desarrollo se quedan cosas que los/as fans extrañamos, pero que para el artista
o grupo forman parte ya del pasado. De todas maneras un LP muy recomendable, próximo
a ser editado en físico por Volante Discos y la serenense Templo Sagital.