jueves, 22 de febrero de 2018

Olaya Sound System: Música Del Mar // Vieja Skina: El Regreso De La Luna Verde

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 14 de febrero del 2018.)

Si bien a prima facie puede parecer un tanto arbitrario elegir para esta reseña doble a grupos que lucen relativamente disímiles, ambos guardan más en común de lo que ese somero primer vistazo revela.

Vieja Skina y Olaya Sound System provienen de las nuevas hornadas con que la escena independiente peruana ha afrontado su renovación en el siglo XXI. En consecuencia, su genealogía no está lastrada por los vicios de forma, contenido y función que determinaron el camino de sus más discretos pares en los 80s y los primeros 90s -vicios cuya supervivencia ha quedado felizmente relegada a guetos que todavía hoy persisten con géneros fosilizados in extremis. Los dos combos, además, tienen ya trayectorias que cuentan con al menos tres capítulos: cada uno, en lo suyo, ha alcanzado cierta proyección entre el público dentro y fuera de las fronteras nacionales -los Olaya vienen de una seguidilla de exitosos conciertos por el norte del país, y los skineros se presentaron hace unos cuantos días en un festival de ska en Colombia, al lado de los legendarios Bad Manners y su showman, el alocado Douglas Trendle/Buster Bloodvessel. Finalmente, tanto unos como otros se formaron allá por el 2008, partiendo de raíces cuyas conexiones telúricas los guían/conducen hacia un único punto geográfico: Jamaica.

Lo que pocos saben es que las primeras colaboraciones de ambos nombres fueron también, digamos, conjuntas. Al lado de Pilotocopiloto, Barrio Calavera, Plug-Plug, Las Amigas De Nadie, The Emergency Blanket, Stereo Karma, Deskartables y Mi Jardín Secreto; Olaya Sound System y Vieja Skina saltaron al verde a través de Elecciones Munisicales 2010: El Rock Limeño En Campaña (2010), publicado para libre descarga por Dorog Records. Estas primeras colaboraciones son indiciarias sólo parcialmente: mientras que VS acometía su performance en clave de ska, OSS visitaba las llanuras roots reggae (“La Mentalidad Del Hombre”) y dirigía no pocos guiños a la fusión (“Los Olaya”). A partir de este punto, separo las historias para su mejor exposición.

Nadar En El Cemento (2010) conserva esa vena roots que Olaya Sound System exhibía en “La Mentalidad...”, ciertamente un poco más salpicada que antes de raggamuffin. La fusión con las sonoridades de índole tropical-andina que anunciaba “Los Olaya” no sería explorada a consciencia sino a partir del segundo largo, Nuestra Casa (2012). Con Quién Es Quién (2015) y el reciente Música Del Mar (2017), queda en evidencia que el norte de los Olaya siempre fue el mestizaje entre la cumbia de sabor nacional (¿pero cuál de ellas?) y algunos de los más prominentes ritmos peruanos tradicionales, mestizaje sostenido/amalgamado por el reggae -de hecho, el alias de la banda es un indicio bastante evidente de la influencia que la ínsula antillana ha ejercido sobre ella, a pesar de no ser ésta precisamente la personificación del concepto mismo de “sound system” (al principio una furgoneta itinerante que posee potentes equipos de sonido a través de los que un pinchadiscos ambienta fiestas, luego un grupo de DJs e ingenieros de sonido que trabajan juntos como uno solo tocando y produciendo música).

En la interna, OSS ha atravesado muchos cambios. Los miembros fundadores Lorenzo Zolezzi (guitarra, voz) y Matteo Bonora (guitarra, voz) son los únicos que permanecen hasta la fecha. En otros tiempos, por sus filas pasaron Andrés Abugattás, Sebastián Legaspi y David Von Der Heyde, entre otros. El line up actual, que completan Alonso Rodríguez (bajo), Jim Marlow (percusión menor), Rodrigo Castillo (batería) y Óscar Mauricio (congas, voz); es el responsable de haber firmado Música Del Mar, un disco que puede tomarse como el “point of no return” para los Olaya.

Célebres por sus tremendos directos nocturnos, estos limeños ya manejan un perfil que les identifica nítidamente. Pese a la disparidad de las músicas que cubiletea (tropical-andina, afroperuana, jamaiquina), Música Del Mar se revela muy cohesionado. Festivo como siempre, sí, pero también plenamente consciente de sus habilidades expresivas; que se materializan a través de líricas que explotan en los momentos precisos -lo mismo que se materializa al oírlos el recuerdo de la ‘Internacional Latina’ de los 90s: Los Fabulosos Cadillacs, Maldita Vecindad Y Los Hijos Del Quinto Patio, Todos Tus Muertos, Mano Negra...

A algunas personas, esta extraña mescolanza les puede saber a sopaipilla en ácidos. Concedido. De hecho, a mí tampoco consigue atraparme del todo. Reconozco, eso sí, la capacidad de OSS para enyuntar fluidamente ritmos que en sus orígenes no comparten ni el aire que respiramos. No será la primera vez, sin embargo. Ya a fines del 2015, reseñando justamente el tema “Desaparecer Contigo” para el recuento anual de la página face Rock Achorao’, alegaba cierta imposibilidad de empatar con esta música en mi condición de urbanita domesticado -pero no podía negar que me hablaba desde algún rincón de mis genes, aupándome a despercudirme. Música Del Mar no hace otra cosa que rubricar, nos guste o no, la excéntrica identidad del zangolotino sexteto perteneciente a las filas de Descabellado Records.


Vieja Skina es un ensamble mucho más ortodoxo que el de los Olaya. Cuando debutan en Elecciones Munisicales..., era obvio -con ese nombre, para más inri- que lo suyo apuntaba de todas maneras al ska. Lo que no quedaba claro era a qué clase de ska. “Armagedón”, por ejemplo, es un instrumental MAGNÍFICO de ska en la onda de la ola británica 2-Tone (Madness, The Selector, Specials, The Beat) y de la etapa ochentera de Los Fabulosos Cadillacs; pero “El Alquimista” hablaba de intenciones serias de habérselas con el ska original, el de la ola jamaiquina, conocido como “ska tradicional”. Su primer disco, Ayahuaska (2012), era una declaración de principios en favor de esta segunda opción, cruzándola con música afroperuana y jazz, pero manteniendo una férrea preeminencia del ska que cultivasen The Skatalites y Desmond Dekker.

No es un detalle menor el que Ayahuaska fuese mezclado en segundas instancias nada menos que por Mad Professor, un nombre fuertemente asociado a gigantes como Public Enemy y Massive Attack. Tal fue el revuelo que causó este debut en medios internacionales, que la banda fue invitada a festivales latinoamericanos (Brasil incluido) especializados en ska, y se hizo de un nombre y de seguidores del género en países como Ecuador y México. Más aún, despertóse un inusitado interés por material de VS, lo que redundó en el rescate de La Esquina De Siempre, recopilación orquestada por el prestigioso blog RG&RBE en el 2010 y a la sazón primera referencia discográfica de los capitalinos.

Cinco años después de Ayahuaska, Vieja Skina lanza su segundo esfuerzo en estudio, El Regreso De La Luna Verde. Teniendo en cuenta el estado de cosas descritas líneas arriba, no sorprende que para la producción de este álbum el grupo haya contado con participaciones de lujo, una por tema salvo el par de Victor Rice, para un total de siete. A tal efecto, en ERDLLV colaboran Hugo Lobo (track epónimo), Victor Rice (“La Huaca” Y “Joan”), Lord Panamo (“Beautiful Day”), Mario Siperman (“Trane Steady”), Mr. T-Bone (“Skandinavia”) y Matteo Bonora. Sí, el vocalista de Olaya Sound System vuelve a acercar las historias de ambas formaciones poniendo su voz en “My Honey Girl” -cerrando de este modo el tema de las colaboraciones para el disco llamado a reportar la consagración definitiva del octeto integrado por Giacomo Novella (trombón), Daniel Ciudad (batería), Luis Monzón (saxo tenor), Edinho León (bajo), Sarid Challco (saxo alto), Camilo Gonzales (teclados), Bruno Rosazza (trompeta) y Julio Mejía (guitarra).

El Regreso... fue registrado en Lima, mezclado en São Paulo y masterizado en Buenos Aires. Cada una de estas etapas contó con un nombre de polendas tras la consola: Jorge Cavero, Sergio Soffiatti (Orquesta Brasilera de Música Jamaicana) y Mario Siperman (Los Fabulosos Cadillacs), respectivamente. En el plano instrumental, el estilo de Vieja Skina ha crecido de un modo admirable. Sin espacio para las fusiones a excepción de las ya enumeradas, su ska tradicional permanece inmaculado, a años-luz de distancia del referente punk más cercano. Es cierto que la nutrida lista de invitados aporta matices que hasta la fecha estos cumpas no habían explorado, pero siempre dentro de las coordenadas ya definidas. No hay espacio para el virtuosismo hueco, error frecuente en músicos entrenados que confunden la creatividad con la técnica, sino que todo en el esférico trasluce esa expresividad propia de quienes se abocan a lo suyo sin que la pericia instrumental les ahogue/relegue el entusiasmo y la devoción por lo que hacen.

ERDLLV ya ha llevado a VS a Colombia, a cosechar la admiración de nuestros vecinos del norte. Queda pendiente una presentación en Valparaíso (Chile), para fines de abril.


Hákim de Merv

jueves, 15 de febrero de 2018

Rock Lima Sur: Compilatorio Vol. 5

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 7 de febrero del 2018.)

Y un buen día, después de casi tres años en mutis, apareció la quinta entrega de las compilaciones/recopilaciones Rock Lima Sur. Valga la aclaración, esta saga de lanzamientos encaja tanto dentro de uno como dentro de otro casillero: son compilaciones porque se trata de cuadros colectivos cuyos participantes tienen algo en común (vivir/haber vivido en la zona austral de la capital peruana), y también son recopilaciones porque no pocos de los temas antologados pertenecen a bandas/artistas que permanecen en sus cuarteles de invierno o ya fenecieron.

Tomando distancia de cómo luce en el plano artístico, toda compilación -y/o recopilación- guarda una innegable cuantía arqueológica, más en un medio como el de la música pop independiente peruana, que desde la precariedad ha luchado durante décadas hasta lograr una (in)cierta estabilidad. Esto es algo que he afirmado antes y seguiré afirmando las veces que sea necesario. También es verdad, sin embargo, que hay antecedentes artísticamente lamentables más allá de tal valor, como puede ser La Generación Perdida: Archivos Secretos Del Rock Independiente Peruano (1997). Las cuatro primeras rodajas de Rock Lima Sur, publicadas en el curso de los años 2014 y 2015, cojeaban justamente de ese pie: con altas y bajas según el episodio, una cuarta parte del global de los concurrentes era valiosa por su diversidad de propuestas, que se desmarcaba de las coordenadas habituales. El resto, por desgracia, redundaba derivativamente en estas últimas: hardcore, metal y sobre todo punk. No me olvido de la importancia del testimonio para nada, pero la repetición incesante en el abanico sonoro le jugaba en contra a la plausible iniciativa del camarada Renzo Lobato, principal encargado de orquestar estas panorámicas.

Se caían de maduras, entonces, preguntas como éstas: “¿es realmente todo lo que hay en el Cono Sur?”, “¿se prioriza el rescate de material de entidades extintas, so pena se desvanezca todo vestigio de su legado?”, “¿se reflejan sólo los gustos de los responsables de armar los discos?”, “¿falta establecer contacto con un espectro más amplio de lo que verdaderamente palpita en el sur de Lima Metropolitana?”.

Para mí, la tercera de estas preguntas seguirá siendo una incógnita en tanto los aludidos se abstengan de absolverla. A las demás parece responder categóricamente este Rock Lima Sur: Compilatorio Vol. 5. No, no era realmente todo lo que hay. Sí, parece haberse priorizado el rescate de material de nombres que ya fueron. Y sí, parece haber faltado antes una mayor comunicación con muchas de las propuestas que pululan de Chorrillos a Lurín, de Villa El Salvador a San Juan De Miraflores -distrito que ha aportado ¡¡¡8!!! de los 21 grupos convocados a esta quinta convocatoria.


Precisamente, consignar los distritos de procedencia es una de las innovaciones que veo en Rock Lima Sur: Compilatorio Vol. 5. Otra es añadir el status de “activo” o “inactivo”, lo que echa ciertas luces sobre el criterio que ha primado en la confección del disco. Únicamente dos alineaciones son acreditadas como inactivas: Amazua (rapcore) y Salón Dadá (after punk). Es esta última un clásico de la generación subte ochentera limeña cuya inclusión puede discutirse (no todos los integrantes vivían/viven en el Cono Sur), pero cuya participación (“Lista L”) corona, con sus guiños a lo Cocteau Twins del Garlands y del Head Over Heals; un esfuerzo discográfico que ahora sí trasciende por completo el mero interés arqueológico/testimonial y se convierte en una gran muestra de lo que, a las personas de inquieta curiosidad, el pop independiente limeño puede ofrecer entre el área capitalina y el Sur Chico. Aunque algunos ya lo supiéramos por Brain, Pez Linterna, Cabezas Descalzas o los desaparecidos Cono Surf.

Está, por ejemplo, el caso de 3Saravia, definido como “hacker music” y que prueba que la electrónica en esos rumbos no está limitada a Cristhdance. Están también los casos de La Musa, quinteto hard rock femenino de Villa El Salvador que emociona gratamente con “Patines Verdes”; de Dublin’s, que flirtea tímidamente con el shoegazing (“Winter”); de 1 Lío, cuyo vigoroso “Ella” me hace pensar en algunos combos de la Shelflife Records y/o en una versión pop de Velocity Girl... Por supuesto, también están los sospechosos comunes (Desastre Social, Darkanus, Necrocracia), pero éstos ahora ocupan sólo la cuarta parte del menú -invirtiendo la proporción de capítulos precedentes, otro acierto más del ...Vol. 5.


Quisiera, no, necesito subrayar dos intervenciones más en este quinto título, una que le disminuye puntos y otra que se los aumenta.

Voy primero con la mala noticia. El disco incluye un tema de Pounda & NoMódico, célebre tándem hip hop que en “Kintsugi” le entra al trap (puajjjjjjj). No sé por qué, francamente. Siendo P&NM un binomio que ha sabido de buenas, tremendas jornadas en el género de Prefuse 73 y RJD2, tiene algo de suicida arriesgarse con el trap -la cara “estilizada” de algo tan zafio, bárbaro y bruto como el reggaetón (estoy refiriéndome a lo estrictamente “sónico”, porque si entro en las letras, ya la cosa se pone escatológicamente aberrante)-. Otra manera de decirlo: un ¿género? prefabricado más, pensado para seguir engatusando a miles de impúberes/púberes/post-púberes que han caído redonditos desde hace años con las babosadas que ofrece nuestra mass media quintomundista. Aunque entiendo que la intención de la dupla chorrillana pueda ser no agarrarse del “fenómeno”, sino hacerlo evolucionar en algo más elaborado, en síntesis el trap es una puta mierda. ¿Para qué, pues, perder tiempo probando con él?

Ahora la buena noticia. El disco también incluye un tema de Pipi Of Monky, formación de Villa María Del Triunfo. No les he escuchado antes, ni en otros discos colectivos ni en vivo. El nombre me repelía lo bastante como para darles esa oportunidad. Hasta ahora. “Fin”, dispuesto casi cerrando el ...Vol. 5, es un sorprendente ejercicio de math rock instrumental; lleno de vitalidad, color, lucidez y energías. Como no les he audicionado previamente, dudo sobre si éste sea su sonido característico -de serlo, no deberían soltarlo nunca.


Felicitaciones a todos los implicados en y detrás del Rock Lima Sur: Compilatorio Vol. 5: un paso bien hacia adelante, dado con entereza, vale por dos.

Hákim de Merv

jueves, 8 de febrero de 2018

Distant Vol. 2 // Polar & Amokian: Signautica

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 31 de enero del 2018.)

Dos desde el remoto Sur -pa’ volver a coger ritmo al tiro, po’...

Vio la luz en octubre pasado el segundo volumen de Distant, serie de compilaciones que factura Meitrik Record Label. Se trata de una esquiva discográfica chilena especializada en música electrónica, fundada por Christian Ziehlmann y que está cumpliendo dos décadas de vida en junio de este 2018. Pocas referencias para tener ya casi cuatro lustros, pero debe tomarse en cuenta un hiato de 11 años entre el 2005 y el 2016, así como lo selecto de cada una de ellas. Revisando nombres en la Red -Metamann (el alias de Ziehlmann), Der Meister Geist, 100ML-, se evidencia la proclividad de la escudería hacia el house, el techno; y sobre todo el híbrido de ambos géneros que, evolucionando desde su simpleza y monotonía originales, lograse que pubs y discotecas electro se moviesen al son del tempo oscilante entre 120 y 128 bpms de mediados de los 90s en adelante. Una proclividad que la propia casa no oculta, ciertamente.

Para ser una compilación, Distant Vol. 1 (2016) cobijaba un track list más bien corto en minutaje y nómina. Su sucesor no sólo supera la barrera de los 70 minutos, sino que además conjura fuerzas confluyentes allende las fronteras de Chile. Dicen presente en el disco proyectos de México, Argentina y Perú; amén de los que juegan de local. Lo interesante es que Meitrik también ofrece espacio, si bien comparativamente reducido, a encarnaciones sonoro-electrónicas que no se ubican precisamente en sus coordenadas habituales. Difícilmente un número como “Pangea”, del crédito nacional Wilder Gonzales Agreda, puede describirse como cercano al dancefloor.

La batuta la llevan, previsiblemente, los participantes más afines al espíritu de la independiente. Tal es el caso de Quantum (“Mar”), Ergon (un post-tribal “Nisei”), Android (“Algorythm”), F600 de Miguel Conejeros (“Huincadead”), Le Championnat (“Can’t Love”), el acto IDM perucho Invisible Ambiente de Ives Ancieta (en el que debe haber sido su último estertor, “Volátil” se mueve preñado de esas texturas hi fi que eran moneda común en los 70s) o Polar (“Cometa”, bastante más abigarrado que sus pares).

No faltará quien prefiera contar a Polar entre los disidentes de turno, dada la complexión rítmica que luce su aporte. En todo caso, sí se le percibe muy diferente de TremoloAudio (la columna vertebral rítmica de “Monza” no pocas veces se asemeja al célebre y hoy vetusto motorik, provisto al vocabulario de la música pop contemporánea por el venerable kraut rock alemán setentero), del ya mencionado Gonzales Agreda (minimal “Pangea”, extraído del fantástico Lima Norte Metamúsica, 2014) y de Metamann (“Coisa Maloca” se relaja hasta convertirse en el equivalente a una pieza de jazz para viajes sub-espaciales).

En el balance, Distant Vol. 2 no sólo le sirve a MRL para recuperar la continuidad luego de un oncenio de inactividad. También revisa/revisita tanto lo que se dijese alguna vez sobre el house (“el house es la música del infinito, porque incluye pasado, presente y futuro”) como lo que se dijese alguna vez sobre el techno (“el techno es el ritmo que jamás será vencido”). Ambas cosas es el tech-house.


Exactamente un año antes del Distant Vol. 2, Polar y Amokian unían energías en el cassette split Signautica, perteneciente a Barbatruco Producciones (netlabel mapocha creada en el 2008). La cinta lleva el sello de Alpha Experimental Breaks, con que BP distingue sus lanzamientos asociados al colectivo homónimo, en el que milita Polar. Éste es un viejo conocido, y no porque aparezca en el Distant Vol. 2: es la identidad paralela de Héctor Aguilar, 50% del dúo magallánico Lluvia Ácida. El alias cuenta con una nutrida discografía, de la que apenas he escuchado unos cuantos episodios. Así y todo, títulos como Alpha State (2010), Sueño Blanco (En 8 Bits) (2003) o Sesión 2 EP (2012); confirman el interés de Aguilar por cultivar sonoridades muy distintas a las exploradas con su partner en LlA, Rafael Cheuquelaf. A saber: breakbeat, hip hop abstracto, sampladelia, downtempo...

En cuanto al usamericano Igor Amokian, no había tenido el gusto de escucharle anteriormente. Lo que he leído en Internet es que, a lo largo de su carrera, el angelino ha desarrollado conexiones telepáticas con todos los géneros electrónicos basados en la técnica del circuit bending; participando asimismo en instalaciones sonoras, exhibiciones y performances en directo. Un obrero de lo que hace-más-de-veinte-años-y-aún-ahora se conoce como “electrónica experimental”.

Conforme manda el libro de estilo, cada lado del split se ha asignado a uno de los involucrados. El lado A es el de Polar, quien con este registro ha hecho pleno honor a su pseudónimo: incluso si me he perdido demasiados movimientos, encuentro poco o nulo parecido con todo lo que antes le había oído a Aguilar bajo esta etiqueta. Polar se ha convertido en sinónimo de una electrónica abstracta, fragmentaria, futurista y muchas veces también interestelar. Prácticamente nada he podido hallar de sus escaramuzas con el hip hop y el breakbeat. Sus 9 temas, que son los que mejor calzan con la portada del cassette, suenan muy bien -aunque igual me dejan frío, por la sorpresa (o mi ignorancia) del cambio que ha experimentado Polar. Ahora, ¿qué es mayor? ¿La novedad o los nuevos réditos artísticos? Difícil decirlo. Prefiero manifestarme más adelante, esperando acostumbrarme al cambio con prontitud.



Si cabe, es hasta más extrema la cara asignada a Amokian. Durando algo más que la cara A, tiene ¡¡¡21 temas!!!, muchos de los cuales no superan los dos minutos de extensión. También Amokian hace honor, pero al lado de la cinta que le ha tocado ocupar: su output hace las veces de auténtico lado B de la gama de sonidos que debe haber soltado el Gran Colisionador de Hadrones en las pruebas preliminares a su encendido. En sus momentos más hip hop, que los tiene (“Beat Slices Live”), la percepción constante es la de estar audicionando el borrador/bosquejo de un experimento de harsh noise. Y si bien decir que Amokian es una suerte de Blixa Bargeld nacido en la era digital resulta exagerado por donde se lo mire, semejante aseveración guarda un resquicio de verdad, avalado por la suciedad/el talante entrecortado y desvencijado/la disonancia de la propuesta del músico. Habrá a quienes les guste y a quienes no. Lo imposible de soslayar es esa sensación residual, borrosa, imperfecta; de haber presenciado algo inquietante sin ser plenamente conscientes de ello.


Hákim de Merv

viernes, 5 de enero de 2018

Quan Desapareix La Penombra (Per Tornar Sublimada): Ayer Y Hoy De La Escena En Barcelona (II)

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 27 de diciembre del 2017.)

Por alcance de rango y dominio, el sello ibérico Distrolux SL ha devenido en una suerte de “multinacional”. En el mejor de los sentidos: no es que realmente lo sea, sino que sus dos divisiones han generado ramificaciones tan numerosas y especializadas; que el mapa final recuerda bastante al de los seis grandes monopolios de la industria usamericana del entretenimiento -General Electric, BMG, Disney, ViaCom, Time Warner y NewsCorp. Para nuestro sosiego, el parecido sólo se queda a ese nivel, lejos de las abyectas intenciones de esos mercachifles de la Cultura enquistados en el continental país del norte.

Tanto VampiSoul como Munster Records, los subsellos de Distrolux SL, llevan codificada en el ADN la vocación arqueológica. El primero, a través de labels como Cumbia Beat, R&B Hipshakers, Czech Up! Y Sensacional Soul; ha recuperado extraviadas jornadas de sabor latinoamericano -con no poca incidencia en los tesoros “inca beat” de la primera escena peruana: los Back To Perú... 1 (2002) y 2 (2011), Cumbia Beat Vol. 1 (Experimental Guitar-Driven Tropical Sounds From Perú 1966/1976) (2010), la serie Bogaloo!... Por otra parte, Munster Records se ha valido de subsidiarias como Rekkids, Electro Harmonix, Teenager From Outer Space Records, Ay Carramba! y Beat Generation; para lanzar discos tan solicitados como el Buy (1979) de The Contortions, el Onisciente Coletivo (2002) de Ratos De Porão (aparecido en simultáneo a la edición hecha por Alternative Tentacles), El Acto (1982) de Parálisis Permanente -además de singles rebuscados de Derribos Arias, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados, Siniestro Total o Nico (y recopilaciones de Burning o Swell Maps).

Pues bien, en el 2013 Munster Records puso a la venta un riguroso trabajo de investigación titulado La Ciudad Secreta: Sonidos Experimentales En La Barcelona Pre-Olímpica 1971-1991. Escrito por el prolífico y erudito periodista Jaime Gonzalo, el texto redescubre un circuito sónico independiente opacado/ninguneado por la mass media de su propio país -el de Barcelona. Tengo entendido, porque aún no he logrado acceder al libro, que La Ciudad Secreta... no sólo vindica, sino que además celebra: sus páginas recorren el enorme legado sonoro que ha permanecido olvidado en el corazón de Cataluña durante décadas, no sólo admirándose de tal circunstancia, sino también de la categoría mostrada por los estetas catalanes -quienes dieron forma y color a una dilatada etapa de fecunda y radical creatividad, a la par del avant garde francés que arranca a mediados de los 60s (Magma, Pierre Schaffer, Olivier Messiaen, Arsene Souffriau, Heldon), del Canterbury británico (Henry Cow, Gong, The Soft Machine, Camel), del movimiento alemán en Colonia (que daría pie al surgimiento de la música electroacústica)...

Felizmente, La Ciudad Secreta... incluye tres CDs con abundante material del período 71-91 que sí pueden rastrearse en Internet y que hacen las veces de contraparte sonora equivalente al libro. Muchas de estas piezas, en efecto, confirman lo que dicen las reseñas que de la obra pueden leerse en la Red. Ahí está, por ejemplo, “Me Voy A Tomar El Orient Express” de Eduardo Polonio; luminoso ejercicio de synth recogido en la primera rodaja, ilustrativa del periodo 1971-1976. Es decir, antes de O.M.D., de The Human League, de Depeche Mode; posiblemente antes del primer industrial, y en paralelo a Kraftwerk. Es decir, y como enfatiza Gonzalo, “Lo que está claro es que en España la música electrónica, y muchas otras músicas, nace en Barcelona”.

Convengo en la necesidad de advertir que gran número de estas composiciones aurorales no suena todo lo bien que uno/a quisiera. Comprensible: dada la dependencia del grado de conservación material de los registros, algunos de ellos pertenecientes a tomas en vivo, era complicado asegurar una adecuada restauración para cada caso. Pero bueno, haciendo a un lado ese detalle, el triple es un festín orgiástico de músicas para las más de las cuales apenas se puede aventurar una descripción medianamente inteligible. Por supuesto que algunos números remiten al rock progresivo y al jazz rock de vanguardia, pero la mayoría se agrupa en el epígrafe genérico de “música experimental”: “avant garde after punk”, “free-form freak-out sound”, “outsider music makers”, “lisergic industrial”... El Grito Acusador, Camino Al Desván, Melodinámika Sensor, Neuronium, Tropopausa, Tendre Tembles, La Propiedad Es Un Robo, Bueyes Madereros, Macromassa; son apenas algunos de los nombres que figuran en este tríptico de ribetes épicos, testimonio y memorial de aquella escena barcelonesa que se asumió subterránea/anticomercial/alternativa una vez la aparición del cassette y el abaratamiento de los procesos de grabación/copia/distribución pusieron las bases para la autarquía bajo la dermis de la urbe.

Dejo aquí el link de YouTube donde puede escucharse el triple completo. Un enlace de descarga gratuita, aquí mismo, for your ears only.


En ocasión anterior, hablé de Màgia Roja, asociación cultural fundada en el 2009 que publica discos de la actual escena catalana ligada al noise industrial/post-industrial y a sonidos que provienen de/se dirigen a la Oscuridad y a la Sordidez. Afortunadamente, la filiación industrial/post-industrial no es excluyente.

Siempre en el 2013, MR despachó dos placas estupendas, bastante similares entre sí. La primera de ellas es La Roda De La Justícia, de Coàgul. Entre singles, splits y EPs, La Roda... es la onceava referencia discográfica del unipersonal de Marc O’Callaghan, y asimismo su segundo disco largo (después de Coàgul Eclíptic, también colgado en BandCamp en el 2013).

Ocho temas repescados de sencillos, que le deben mucho a sus coterráneos de Esplendor Geométrico, al P.I.L. de los primeros 80s, a los fundacionales Suicide, a la seminal pandilla de Blixa Bargeld. Pero Coàgul, si bien su filiación electrónico-industrial es evidente, también acredita debilidad por la psicodelia y algo de kraut rock. De allí que la resultante huela a magia negra, a aquelarre, a conventículo de Aleister Crowley. Histrionismo corrosivo, de percusiva industrial -pero que, extrañamente, no remite a las consabidas imágenes cyberpunk que el techno industrial y la EBM convirtieron en poco menos que caricaturas gracias a su uso y abuso; sino a bosques solemnes e imponentes, a reuniones clandestinas de confesiones arcanas, a cultos tenebrosos y a bacanales interminables. A este respecto, es necesario destacar la espectral voz de O’Callaghan, en plan de hipnótico pitoniso vomitando visiones de mundos negros anteriores a la especie humana.

Más dantesco aún es Qa’a, del multi-instrumentista Víctor Hurtado/Viktor L. Crux. Nombre del último faraón de la quinta dinastía egipcia, Qa’a es la encarnación previa de Hurtado, quien desde el 2015 agita las oscuras aguas de la música industrial como Futuro De Hierro.

Qa’a debuta en el 2009 con Vesprada, y pudo articular dos discos más antes de pasar a mejor vida. Justamente es Sang, doble de casi 100 minutos, el que motiva estas líneas. Sang encarna el mismo maëlstrom desatado en La Roda De La Justicía, pero potenciado a la n, si tal cosa es posible. Una capa ectoplásmica de distorsión maldita alterna sin cesar con una rítmica desnuda e instintiva, a contrapunto de luces y sombras sucediéndose como en un trance psicorrágico. Tal y como ocurre en el caso de Coàgul, la música de Qa’a adopta formas que ni calcadas para oficios sacrílegos. Literalmente, huele a soledad, a entropía, a ocaso -probablemente tenga que ver en ello el hecho de que el díptico se grabase en una decimonónica mansión abandonada de Cataluña. El ritualismo de Sang refleja la decadencia generalizada que en Occidente ha afectado a los principios apolíneos -todo lo que queda a lo cual poder asirte es el orden dionisíaco, antes de que la Tierra se convierta en ese “holocausto de libertad y éxtasis” del que una vez habló el amado H.P. Lovecraft. Ben Mahoney, Yarei Molina y Carles Esteban acompañaron a Hurtado en esta experiencia, que sólo hacia su culminación se torna más “convencional”.


Hákim de Merv

jueves, 28 de diciembre de 2017

Culto Al Qondor: Templos

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 20 de diciembre del 2017.)

Otra historia del pasado que llega a su feliz concreción en el presente.

Al promediar la primera mitad de los 00s, el circuito independiente limeño comenzó lentamente a bullir con nuevos protagonistas -pero también con propuestas que, no siendo ya nuevas, pocas veces o nunca habían encontrado cabida en el mapa sonoro de la escena. Entre éstas, figura la de Qondor, combo constituido en el 2003 por José Antonio Flores (a) Dolmo, Aldo Castillejos y Miguel Ángel Burga. Al público promedio actual de la movida, estos tres nombres le deberían resultar familiares al primer golpe de vista. Miguel Ángel Burga empezó en Ácidos Acme, tres/cuatro años antes de integrar Espira, banda perteneciente al colectivo Crisálida Sónica y en la que coincidiría con Aldo. Posteriormente, dio origen a La Ira De Dios, 3AM, Necromongo La Garúa y Ande. Antes de Espira, Aldo Castillejos militó en Abraxas y DiosMeHaViolado. Para el 2004, cosecharía notoriedad junto a Carlos Mariño (Girálea), Dolmo (quien reemplazaría a Mariño), Renato Gómez y Félix Dextre; como Serpentina Satélite. Hoy conforma con Sandra Villareal el brillante dúo Registros Akásicos. Dolmo arrancó este calendario asociado a Gómez, a Dextre y a Arturo Quispe (Cholo Visceral, Rapa Nui), en el ensamble de rock desértico No Mightier Creatures.


La primera vida de Burga/Castillejos/Dolmo estuvo marcada por el albur. Existen testimonios de esa época, cedidos a la fundacional compilación Vamos A Ser Felices (2004, orquestada por Buh Records) y al triple Mixtape! (2004, gestionado por la desaparecida Internerds Recors). Hay que citar además el documento visual Mixtape! (también 2004), distribuido en formato VCD, que capta una performance del trío en el distrito de Breña -con el concurso del guitarrista Christian Abugatás. Estos “incunables”, amén de otros (Master Cobra Y Los Turbodélicos Pt IMístiko), repescados de las excéntricas sesiones de improvisación de entonces; apuntaban en su tosquedad a rescatar una mezcla intratable de space rock, psicodelia y kraut rock -sobre todo esto último: “Dorado” (del Vamos...) tiene partes que suenan a lo lejos a Ash Ra Temple, pero más aún al primer Popol Vuh, mientras que “Sesión 1/2” (del Mixtape!) invierte el peso de dichas influencias. Qondor pasaría a mejor vida a renglón seguido (2005), pero en este 2017 que ya se desvanece, los astros volvieron a ocupar su justa posición en los cielos -lo que ha permitido la resurrección del terceto, con la formación original y rebautizado como Culto Al Qondor. La edición virtual de este Templos se llevó a cabo el pasado 8 de diciembre, en tanto que la edición física aparecerá durante las próximas semanas.

Ateniéndonos a los pergaminos de cada músico, detallados en el primer párrafo, la docena de años transcurrida desde la desactivación de Qondor les ha reportado a los triates experiencias sumamente enriquecedoras. Muchísimo más curtidos que en los días de Qondor, ello ha posibilitado que Culto Al Qondor descerraje un trabajo cuyas formas fluyen sin sobresaltos o radicales golpes de timón. En su integridad, Templos es una sesión tripperaza de lisérgico jammeo. Pero, aunque grabado en directo en Hensley, EL búnker de la movida stoner local; el disco no llega a pertenecer del todo al género de Wolfmother y Mondo Generator. Es más, suena muy poco stoner. CAQ es fiel a su concepción space/psicodelia/kraut. Su metodología alcanza un fino balance entre la improvisación embravecida y el drone. Como ningún otro título peruano del año, las humeantes resonancias cósmicas de Templos destacan nítidas, a pesar de que la calidad del registro no es de las mejores -único punto en contra.

Hay persistentes remezones proporcionados por la batería y el bajo, sacudones que no agobian, que más bien alientan la levitación en horizontal -creo que “terremotos astrales” resume mejor las impresiones que estoy tratando de comunicar. El sinuoso delay de la eléctrica, los minimales riffs, los beats mesmerizantes; inducen alucinaciones allí donde podrían plasmarse pesadillas. Es que a Culto Al Qondor lo gobierna una mística muy distinta de la de sus impares stoner coterráneos. El sonido majestuoso/espiritual de Templos, suerte de primordial space drone, retrocede en el Tiempo hasta momentos después del Big Bang, crea a partir de él, se asombra de la propia obra; en un caso de expansión de la conciencia que ya hubiese querido padecer Eddie Jessup (larga vida a Altered States).

Podría decirse, pues, que lo de CAQ es principista. No porque música e imaginario se rijan por determinados principios, sino porque ambas instancias parecen enfocarse en El Principio -“Aquí recogeremos la declaración, la manifestación, la aclaración de lo que estaba escondido, de lo que fue iluminado por los Constructores, los Formadores, los Procreadores, los Engendradores; sus nombres: Maestro Mago del Alba, Maestro Mago del Día, Gran Tapir del Alba, Dominadores, Poderosos del Cielo, Espíritus de los Lagos, Espíritus del Mar, Los de la Verde Jadeita, Los de la Verde Copa; así decíase” (Popol Vuh, el libro), “Con treinta y dos senderos místicos de Sabiduría grabó Yah, el Señor de los Ejércitos, el Dios de Israel, Elhoim vivo, Rey del universo, El Shaddai Misericordioso y Clemente, Elevado y Exaltado, que mora en la Eternidad cuyo nombre es Santo- El es su sublime y santo-. Y creó Su universo con tres libros (Sepharim), con texto (Sepher), con número (Sephar) y con comunicación (Sippur)” (Sepher Yetzirah), “Nuestras máquinas tienen alma/Y nuestras almas tienen músculos/Nuestras ideas tienen dientes/Y alas... muchas alas en nuestras mentes” (“Antiguos Dioses Sobre Chilca”).

(Ya, ya, no te rasgues las vestiduras, que todo lo que lograrás es darme gusto de sólo imaginarlo.)


Hákim de Merv

jueves, 21 de diciembre de 2017

Cuarzo: Cuarzo // Ancestro: El Gran Altar

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 13 de diciembre del 2017.)

No falta ya mucho para que el maledetto verano llegue a estropearlo todo -así que, con este par, es ahora o nunca...

En Latinoamérica, la hora del meta-stoner lleva sonando al menos unos tres años. Suena tan bien hasta ahora, que resulta imposible determinar cuándo llegará a su fin. Lo que corresponde es, entonces, seguir disfrutando de los muchos frutos que la cosecha viene sometiendo a nuestro paladar -una cosecha en la que participamos todos los países de la región, dicho sea de paso.

Abril de este muriente año fue testigo del epónimo debut de Cuarzo. Este tripartito ensamble limeño -Renato Salmón (batería), Koko Cavani (guitarra y voz), Ademir Agurto (bajo y voz)-, que bucea las hoy sobrepobladas aguas del stoner rock; tiene, como ocurre con los chilenos Vago Sagrado, una constante a flote sobre las muchas aguas que surca su música: la psicodelia, otra vez. Lejos de calcarle, el grupo no hace de ésta un elemento que avasalle a los demás, sino uno que les adhiera y centrifugue.

Son ocho episodios de negra sinestesia, dispuestos/trackeados de tal forma que produzcan la sensación de un conceptual tour de force sin hallarse formalmente entrelazados. Cuarzo es instrumental casi al 100% -sólo “Humo Rojo” y “Valhalla” tienen vocalizaciones, que por lo demás prescinden de la palabra-. Sus pesados riffs, abrumados de reverb y distorsión, son los verdaderos fundamentos del debut; prestos a matizar con oscuridades diversas el monocorde output sonoro consustancial a propuestas de similar talante, y a lidiar con todo resabio de phaser y flanger que su filiación psicodélica invoque.

El esférico deviene así en un sismo de grado 11 según la escala de Mercalli. Verdad que ecos del Pink Floyd de Waters y del Black Sabbath de mediados de los 70s alternan, en dosis precisas (“Duna Inhóspita”, “Sintiendo El Éter”), con generosos ramalazos propios del subgénero “sludge” (“Energúmeno”, la genialmente bautizada “Absenta Negra”). Con todo, es este último, entre atmosférico y hardcore; el vencedor en Cuarzo. Un primer jab que hace pensar entusiasta en muchas peleas por delante para el bisoño pero brioso terceto.


En cuanto a Ancestro, el otro acto protagonista de esta reseña doble, baste recordar que su debut El Regreso De Los Brujos le mereció ser considerado revelación y puntal del ejercicio 2016. De ahí cierta sorpresa en que no haya tardado mucho en publicar nuevo trabajo, máxime si ha habido cambios en la alineación del trío -Víctor García ocupa ahora el puesto de baterista, al lado de Boris Baltodano (bajo) y Diego Cartulin (guitarra, percusión y teclados).

El Gran Altar es, comparativamente, un disco más tranquilo que el anterior. Basta con darle play para corroborarlo. “Ícaro”, el volátil número de apertura, a duras penas se escucha -decisión tomada por la banda para que el contraste con “Mareación” se atice. Single de adelanto publicado semanas antes de la aparición de EGA, “Mareación” marca la pauta para lo nuevo de Ancestro. Hay no pocos momentos de quietud física en este opus, segmentos que predisponen a la escucha estática del mismo. Lo interesante es que los trujillanos lo logran recurriendo a la densidad, utilizándola para atravesar el metamórfico continuum de psicodelia/stoner/doom (que luce bastante domesticado)/space/metal abrazado por la terna desde el inicio de operaciones.

El riff de Ancestro ahora es más desértico que convulso, pero sigue siendo el principio básico de su arquitectura sónica. Esto no quita que, cuando lo desean, los norteños suenen a muerte y destrucción. En varios pasajes de temas como “Agua Muerta”, “Gallinazos” y la fenomenal “Aguijón”; se conjura tal cantidad de energía tanática, que poco te falta para ver al Ai Apaec cuchillo en mano, cobrándose en persona el sangriento tributo de sus víctimas.

Y si “Mareación” es la pieza en la que se refleja la dirección que por ahora ha tenido a bien tomar Ancestro, es “Purga/El Gran Altar” la que mejor resume todas las virtudes del disco. El track es un summum de instrumentación implosiva, ritualismo heavy, sapidez altamente intoxicante, carga surreal-ácida y feeling jammero. A propósito de esto último, algunos comentarios especializados han criticado que El Gran Altar carezca de la agitada inmediatez de su antecesor, así como que haya salido “demasiado pronto” (septiembre del año en curso). Esto, que a primera vista parece un contrasentido, no es en realidad tal cosa: las composiciones pueden soportar un largo proceso de maduración, y al momento de ser registradas estar embebidas de urgencia expresiva. Yo, por supuesto, no concuerdo con ese dictamen.

En lo que sí concuerdo con el consenso es que el método de improvisación seleccionado para este EGA remite a Samsara Blues Experiment, y sobre todo a Earthless -la impronta del power trio californiano se entrevé prácticamente en cada minuto del disco.


Hákim de Merv

Vago Sagrado: Vol. II

(Publicado originalmente en mi cuenta Facebook el 10 de diciembre del 2017.)

Más de año y medio atrás, el Destino quiso que disfrutase de un directo de Vago Sagrado sin haber caído previamente en la cuenta de ello. ¿El motivo? La tocata en El Bar De René que conmemoraba los 20 años de existencia de Yajaira, legendaria agrupación sureña precursora del stoner latinoamericano, ocasión para la que VS haría las veces de acto telonero. Pocas semanas después del evento escribí una memorabilia al respecto subrayando lo emocionante que me pareció la performance del novel terceto y el hecho de que se pusieran a la venta discos de los agasajados y de Hielo Negro, otro buque-insignia de la escena mapocha, pero no de quienes abrieron esa inolvidable velada en Santiago De Chile.

Una vez de vuelta en Lima, busqué información sobre Vago Sagrado. Averigüé así que la terna era capitalina, que tenía ya un disco epónimo en su haber (2015) -y que, audicionado y asimilado éste, la actuación brindada aquella noche era reflejo fiel de lo que hasta entonces se había plasmado en estudio. Sorprendente desde cualquier punto de vista.

Transcurridos casi dos años desde la publicación de Vago Sagrado, el grupo ha editado Vol. II a través de ETC Records (cassette) y de Ceguera Records (CD). En el interín, se lanzó el Alea Iacta Est EP (2016), íntegramente repescado en el nuevo título. Ahora que los circuitos latinoamericanos independientes viven el auge del meta-stoner, esta reciente entrega es la augusta confirmación de todas las cualidades que viene acreditando la banda desde su fundación (2013).

La de Vago Sagrado parece una formación a la vieja usanza del power trío. Carlos González Lihn se ocupa del bajo y apoya en las vocales, Nick Vayolence está a cargo de la batería, y Alberto Parra se cuelga la guitarra y el cartel de voz principal. Precisamente es este último, fundador del grupo junto a Carlos, quien ha resumido el proceso creativo de Vol. II en una inmejorable frase: “dejar los instrumentos sangrar”.

En algunos aspectos, Vol. II definitivamente es un paso adelante en relación a su predecesor. La característica desprolijidad intencional del sonido VS no se ha abandonado, pero sí se ha optimizado su adecuado registro. Además, la sensación de internarse en siniestras espesuras psíquicas, azotadas por rabiosos vendavales, ha ganado peso y consistencia debido a la maduración de la propuesta sonora.

En otros aspectos, en cambio, y para bien; el estado de la cuestión, aunque magnificado, sigue siendo el mismo. Tal cual ocurre en el debut, en Vol. II nos fondea una vorágine de space rock, hipnótica acidez química, kraut rock, ruido bienencarado, proto-heavy, percusión minimalista (la única excepción en este apartado es el bateo sofisticado de “Normandie”), stoner desatado, delay iterativo. Y si hay una constante en el sonido/en el imaginario/en el espíritu convulsamente enteogénico que posee a los tres de SDCh, ésa es la psicodelia. Este color “heavy psych” está presente desde el arranque mismo con “Ciudad Fantasma” y sus melódicos riffs, hasta el apoteósico final de “On Your Knees”: toda la placa luce plagada de dislocadas viñetas de delirio cósmico, de lustrosas capas de arreglos opiáceos, de agresiva distorsión orbicular, de atmósferas alucinógenas que invocan una y otra vez la presencia del Caos (reveladora “Alea Iacta Est”), de bajos robustos y voluptuosos que pueblan de sombras varias los 38 minutos del disco...

Sin embargo, aún después de estas metafóricas descripciones es posible percibir en Vol. II un equilibrio entre apolínea armonía y dionisíaco maremágnum, entre Eros y Thanatos, entre deslumbrante luz solar y corpórea oscuridad, entre melodiosidad y furia orgiástica. Después de todo, las experiencias psicodélicas suelen dispensar parejamente tinieblas y luces, y ésta no es la excepción -igual nomás he imaginado microinfinitos subatómicos tallados quirúrgicamente en marfil o algún material similar. Curioso, ya no sorprendente, viniendo de una banda cuya prehistoria ha estado marcada por referentes tan dispares como Sonic Youth, Nazz, Dinosaur Jr. y Spiritualized. En el balance, también debe haber sumado Pablo Giadach, productor de prestigio que ha trabajado con The Ganjas y Casino.

Detalle conceptual a tener en cuenta: la portada del primer disco incluía una frase en checo a modo de improvisado subtítulo, “Mel kouzla se hnevem a zoufalství posvátné pobuda”, que en buen castellano quiere decir “Él tenía hechizos de ira y desesperación debido a la incursión sagrada”. Vol. II hace otro tanto con la frase en latín “Negans enim quod est mortuus”, esto es, “Renegando (de) esta existencia muerta”. ¿Cuál será el mensaje y en qué idioma para su siguiente paso?

Jornada demoledora. Estos triates están a punto de convertirse en una superbandaza.



Hákim de Merv